Si, capitulo un poco corto, pero no quería interrumpir las escenas UU. Lo de siempre, los personajes pertenecen a su autor. Espero que os este gustando la Saga tanto como a mi.

Shunrei agradeció mas que nunca la invisibilidad que le proporcionaba la mascara, pues su rostro se había adquirido una palidez casi mortal.

- Pero maestra... Pense que aun faltaba mucho para mi prueba...

Si no le fallaban sus cuentas, había transcurrido tan solo un año escaso desde su llegada a Glendalough. Un tiempo, en su opinión, demasiado corto para intentar conseguir una armadura. Shiryu había tardado cinco años en conseguir que las aguas de la cascada de Rozan ascendieran de nuevo, demostrando así ser digno de portar la armadura del Dragón.

- ¡No cuestiones mis decisiones!- replico molesta Ryoko. Aun le enfada el haber tenido que ceder ante el viejo maestro y aceptar su ridículo plazo de doce meses.

"Y si muere, encima tendré que cargar yo con la responsabilidad..." penso, apartando de su cabeza, el breve pensamiento de tristeza y preocupación hacia su alumna, que había atravesado su mente.

- Como tu digas, maestra.

Le dio la espalda a Shunrei, mientras comenzaba a caminar. El tono humilde y de resignación solo conseguía aumentar mas su preocupación, y con ello su enojo.

"¿Es que no entiende que puede morir antes de que comience el siguiente día? ¿O es que realmente no le preocupa la muerte? ¿Por qué has venido realmente a Glendalough, Shunrei? ¿Cuál fue el origen de ese cosmos?"

Lanzo un bufido al recordar las palabras de Dokho sobre toda esa tontería del amor, mientras lanzaba una mirada de soslayo una mirada a su aprendiz, que la seguía, unos metros por detrás de ella, y se pregunta cual serian los pensamientos que recorrerían su mente.

- Muy bien. ¿Recuerdas la torre mas alejada de Glendalough? ¿Dónde los visitantes nunca se adentran?- Shunrei asintió en silencio, incapaz de pronunciar una palabra. Sentía la garganta demasiado reseca por el terror y la sorpresa- Entra en la torre. La armadura se encuentra en el corazón de esta.

Una mueca cruzó el rostro de Ryoko, antes de regresar a su fría normalidad. Sentada, orgullosa, entre las ruinosas ventanas de la fortaleza había visto por primera vez a la que seria su maestra, durante su primera visita a Glendalough del brazo de April.

- La armadura decidirá si eres o no digna de ella- continuo- No será tan sencillo como te imaginas. Hace años que nadie entra la torre.

Desde el día en que su maestra falleció, y la armadura había escogido el lugar para su eterno regreso, nadie cruzó las puertas. Ni siquiera ella lo intentó, aunque muchas veces se lo había planteado.

- Estaré aquí esperando, si es que regresas

Shunrei aparto la mirada de la expresión indescifrable y seria de Ryoko, dirigiéndola en la silueta de la torre. A pesar de los años, de los innumerables destrozos, la mayoría de ellos provocados por la misma naturaleza, que habían minado la esbelta figura de la atalaya, seguía manteniendo la arrogancia y el orgullo iniciales. Respiro profundamente. Había llegado el momento de demostrar que su decisión no había sido tomada en base de un capricho infantil. Regresaría con la armadura o moriría en el intento. No existían mas opciones.

- ¿Cómo entrare en la torre si las puertas se encuentran cerradas?- pregunto cuando recupero el habla, tratando que su voz sonara segura, aunque sin demasiado éxito, puesta esta sonó algo mas aguda de lo que era normal, consiguiendo que flanqueara su anterior determinación.

- Se abrirán cuando estés frente a ellas- respondió Ryoko cruzándose de brazos, con la mirada en un punto mas allá de su aprendiz o de la torre.

Temió que sus piernas se negaran a moverse, pero cuando aparto la mirada de su mentora, estas comenzaron a andar dirección al edificio. Aunque a los lejos tenia unas dimensiones considerables, de cerca, parecía mucho mas alta y mas estrecha de base, con espacio suficiente para una única habitación por planta. Como había predicho Ryoko, las puertas de madera crujieron y comenzaron a girar en sus goznes para permitir que Shunrei las franqueara. Todo lo que abarcaba su vista pertenecía a la mas insondable oscuridad, y cuando puso un pie en su interior, las puertas volvieron a cerrarse con una rapidez impensable, tragándosela la negrura interminable

El cuerpo de Ryoko pareció relajarse un poco mas, aunque permaneció en el mismo lugar, con la mirada fija en la torre. No tendría mas de nueve años, cuando se planto delante de la atalaya, mirando de frente a una mujer con el pelo largo, negro, que caía suelto por su espalda, y que portaba una mascara idéntica a la que ahora cubría el rostro de Shunrei. La niña que era Ryoko le pregunto el por que de esa mascara, de su armadura, de su presencia en Glengalough. Siete años después, todavía era capaz de recordar la forma en que ella la había mirado, sintiendo como los ojos, ocultos tras la mascara, eran capaces de atravesarla, de cruzar su piel sin el menor esfuerzo, y de clavarse en su corazón. Un estremecimiento la recorrió, y las cuatro palabras que había pronunciado en el pasado, resonaron en su mente: "Vete a casa, pequeña". Día tras día, a lo largo de un año, Ryoko había acudido a Glendalough, y repitiendo las mismas preguntas, obteniendo una y otra vez igual respuesta. A la tarde siguiente, indiferente a la contestación, regresaba al lugar. Hasta que un día, la que se convertiría en su maestra, le dijo lo que deseaba escuchar después de tanto tiempo

- ¡Ryoko de Morrigan !

La aludida movió ligeramente la cabeza, mirando de arriba abajo a un hombre, que era el mismo que visitó al Druida con las noticias sobre la fragmentación de las Puertas. Sin embargo, lejos de cualquier tempestad, mostraba un porte seguro, y tranquilo.

- ¿Y bien? ¿Qué deseas?- pregunto mientras volvía su atención hacia la torre

- El Gran Druida me ha ordenado buscarte, y llevarte ante el

- Dile que es imposible. Mi aprendiz trata de superar su puesta, y he de permanecer en Glendalough hasta el fin de esta.

- Lo comprendo, Ryoko de Morrigan . Pero se trata de un asunto de vital importancia, o sino nuestro señor no habría interrumpido tu eterna vigilancia. La casa de Druida ha sido atacada

- ¿Cómo dices?- toda su atención se volcó sobre el mensajero, que sostuvo sin titubear el brillo enfurecido que encendió el verde espectral de sus ojos- ¿Estas completamente seguro de lo que dices? ¿El palacio ha sido atacado?

- Hace unas horas aprovechando la ausencia de nuestro señor, los traidores de Erin entraron el a fortaleza, matando a todos aquellos que se interpusieron en su camino

La determinación que siempre había marcado el carácter de Ryoko pareció flaquear al escuchar la noticia, y durante unos instantes permaneció callada, pensando si tendría alguna relación con el extraño sueño que había tenido

- ¿Ausencia? ¿Por qué el Gran Druida no se encontraba en los muros del castillo?- inquirió con creciente ansiedad.

- Eso es algo que no puedo responderte, Ryoko de Morrigan Solo sé que el druida regresó herido de su viaje.

Todas las piezas de la pesadilla encajaban ahora perfectamente. De nuevo sus ojos se volvieron hacia la torre, y la duda brilló en ellos

- Sea. Iré al encuentro del Gran Druida...