Fiu... He tardado un poco en subir un nuevo capitulo, pero la época de exámenes es realmente nefasta.. Espero que os guste este nuevo capitulo de la Saga de Erin Perdonar los ocasionales errores ortográficos que no vi con el corrector del Word UU
Sus ojos se acostumbraron a la falta de luz y sintió bajo las yemas de sus dedos la fría pared de piedra. La torre, que desde el exterior, parecía que solo fuera capaz de albergar una única habitación y unas escaleras que permitieran al llegar al resto de pisos, poseía un pasillo interminable.
- Es imposible... - murmuro asustada antes de comenzar a caminar hacia la única salida, ya que las puertas se habían cerrado a sus espaldas. Trato de orientarse lo que mejor que pudo entre las tinieblas, y Shunrei pronto perdió el sentido del tiempo. Camino en el silencio solo roto por sus propios pasos, hasta que el pasillo se bifurcó. Ambas rutas le parecían oscuras, e igual de validas. Sin saber cual de las dos seria la correcta para llegar al corazón de la torre, escogió el camino de la derecha. Tras unos minutos que le parecían eternos, y cuando comenzaba a pensar que vagaría por la atalaya sin encontrar jamas el centro de la misma o una salida, descubrió unos escalones que bajaban hacia un lugar iluminado. Reconfortada por la visión, Shunrei acelero el paso, hasta que llego a una cueva. Las altas paredes de piedra, rodeaban un lago de aguas tranquilas y claras. Bordeándolo, había un tramo de tierra, suficiente para que una persona pudiera pasar, caminando de lado. En un hueco entre las rocas, alguien había olvidado una lampara de aceite encendía. De ahí procedía la luz que había guiado a Shunrei hasta allí.
"La maestra dijo que nadie había entrado en la torre desde hacia años... ¿Cómo es posible, entonces, que la lampara siga encendida?" Se pregunto indecisa.
La necesitaba para poder guiar sus pasos a través de la torre, pero no entendía como era posible que hubiera llegado hasta allí. Tomando una decisión, Shunrei se acerco al borde del río. Puso un pie en el tramo, comprobando si resistiría. Satisfecha con el resultado, puso el otro. Comenzó a caminar dando la espalda al agua. Con un siseo, la mano surgió del lago. Sus largos dedos se aferraron entorno al tobillo de Shunrei. Esta grito, y sus manos se aferraron a la roca. La garra apretó el tobillo de la joven. Dio un tirón fuerte, y la mano izquierda de Shunrei resbaló. Intento zafarse de los dedos sin éxito. El dolor y la desesperación hicieron mella en ella. La mano derecha comenzaba a desprenderse de la roca. Entonces, con la izquierda, cogió la mascara de plata de su rostro. Se soltó de la pared, y la hundió, con ambas manos en el brazo de la criatura. El ser emitió un grito, y sangre oscura surgió de la herida. Pero no dejo escapar a su presa. De nuevo, Shunrei volvió a clavar la mascara, con todas sus fuerzas, en la mano, que se vio obligada soltar el tobillo, hundiéndose en las aguas. Shunrei se apoyo contra la piedra, mirando el lago. No se tranquilizo hasta que las aguas volvieron a estar quietas.
- No creo que a mi maestra le guste saber para que use la mascara... - susurro, mientras tomaba la lampara de aceite. Cojeando, se acerco al borde del lago. Se limpio las heridas de las manos, y de los brazos, además de comprobar que el tobillo presentaba un feo aspecto, pero podría seguir caminando. También limpio la mascara, y tras colocarse, deshizo sus pasos hasta la encrucijada. Tomo el único camino que no había recorrido. A lo largo del enorme pasillo que recorría, se sucedían las habitaciones, todas ellas con las puertas cerradas y de aspecto ruinoso. Shunrei se pregunto que habría en su interior, pero temía que la lampara que tanto esfuerzo le había costado obtener se consumiera, volviendo a dejarla en la más absoluta oscuridad. El camino que seguía, poseía muchos giros, y parecía que se internaba hacia el centro de la torre, cosa que aligero un poco la pesadumbre del corazón de la muchacha, pensando que pronto podría salir de aquel espantoso lugar. Fue por esa razón por la que Shunrei acelero el paso, y piso de forma imprudente una baldosa. El chirrido seco la alerto. Alzo los ojos hacia el techo. Ahogo un grito de terror cuando vio la enorme piedra que caía hacia ella. Dio un ágil salto, y escucho un crujido. Shunrei cayo de bruces golpeada por el dolor. La lampara se resbalo de su dedos rompiéndose. El aceite baño la piedra, y la vela que instantes antes la había iluminado, lo hizo arder.
- Oh, dioses... - gimió Shunrei, aferrándose el tobillo roto. El incendio se extendía cortándole la única salida. Apoyándose en la pared, y con las escasas fuerzas que le quedaban, se puso en pie. Tenia que cruzar el fuego, de lo contrario, todo habría sido en vano. Cogió el pañuelo de su cintura, y uso sus rudimentarios conocimientos de primeros auxilios para realizar una primera cura en la rotura. Avanzo hacia las llamas, y cuando estuvo enfrente de estas, impulsó todo su cuerpo hacia delante. Shunrei, por tercera vez, cayo al suelo. Sintió la sangre en su boca, y las quemaduras en su piel, además del intenso dolor en su pierna y se quito la mascara de plata.
Permaneció tendida en el suelo contemplando el techo sin fuerzas, casi esperando una nueva piedra que pusiera punto final al sufrimiento. Tanto tiempo, tantos esfuerzos. Moriría en mitad de la torre de Glendalough, estaba segura. Las lagrimas nublaron su visión, y se mezclaron con el sabor a sangre. Les había fallado a todos: al viejo maestro, a Shiryu, a Ryoko. Y ese pensamiento era peor que todo lo demás
- No moriré así... - Shunrei se movió, y tomo la mascara antes de volver a ponerse en pie- Ellos confiaron en mi... - tambaleante se obligo a continuar caminando hasta alcanzar una nueva sala sumida también en la oscuridad. Se paro junto a la pared y cerro los ojos recuperando fuerzas
- Sorprendente
El aire fresco acarició su rostro, y seco su lagrimas igual que la caricia de un ser querido. Shunrei abrió los ojos. El pasillo había desaparecido. La nueva habitación era de dimensiones considerables, y estaba bañada por una tenue luz azulada. La tranquilizadora voz que había hablado procedía de una mujer que la miraba sentada cómodamente sobre una caja de pandora. Era incapaz de precisar su edad, pero debía de encontrarse entre los catorce y los veinticinco años. Poseía una belleza serena, al igual que la sonrisa que le dedicaba. El cabello oscuro caía sobre una túnica blanca. Shunrei se sorprendió al comprobar lo mucho que se parecían, aunque los ojos de la mujer eran de color grisáceo.
- Así que tú eres la aspirante a mi armadura... - volvió a hablar mientras sus pies descalzos tocaban el suelo, y se dirigían hacia ella. La joven se puso tensa al sentir la mano la mujer tomándola por la barbilla- No te pareces a las demás... - comento mientras la soltaba y regresaba a su posición inicial- Tal vez mi aprendiz haya aprendido a escoger mejor
Los ojos azules de Shunrei se abrieron sorprendidos al escuchar sus palabras.
"¿Aprendiz? ¿Se trata, entonces, de su maestra?"
- ¡Pronto lo comprobaremos!- grito la amazona mientras su mano se alzaba. Una luz blanca surgió de sus dedos, moviéndose con la velocidad de la luz. Demasiado dolorida, y pensando que moriría, Shunrei extendió las palmas en un ultimo esfuerzo hacia el rayo luminoso, y susurro dos palabras en voz inaudible. Cerro los ojos presintiendo el golpe que destrozaría su cuerpo en un instante. Sin embargo, este jamas llego. Abrió los ojos y vio que un escudo traslucido nacía de sus manos, y la protegía frenando el ataque de la mujer. La amazona abrió los ojos y aumento la intensidad de su ofensiva. Pero cada una de las plumas, que juntas formaban el intenso haz de luz blanca, se estrellaban contra el muro que la separaba de la muchacha. Finalmente, los brazos de la mujer, cayeron a sus costados.
- No hay duda.- Shunrei también bajo las manos, sintiéndose inexplicablemente segura. La amazona volvió a acercarse a ella, y tomo su rostro entre sus manos, acercándose a ella. La aprendiz se sonrojo violentamente cuando su nariz rozo la de ella- Tu serás la nueva guardiana de la armadura. Puedo descansar ahora tranquila sabiendo que la grulla alza de nuevo su triunfal vuelo.
La luz de la estancia se hizo mas intensa, impidiendo que Shunrei pudiera ver algo mas.
Mientras su aprendiz luchaba contra el ser del lago, Ryoko cruzaba las altas puertas de la morada del Gran Druida. Toda la gente del castillo se afanaba en curar a los heridos. Los muertos se amontonaban en el patio, y los lamentos de sus familiares eran una cantinela estremecedora. Sin embargo, no se detuvo a atenderles, y continuo caminando hasta llegar a la sala del trono. Seria la segunda vez que entraba en aquella habitación, siempre en penumbras. Después de su presentación como Dama de Erin, y bajo la tutela de su maestra, jamas había regresado a la fortaleza del Druida. Ryoko ahogo un gemido cuando abrió las pesadas puertas, y se encontró con el hombre, tan parecido a como ella recordaba. Como si ni un solo día se hubiera atrevido a arrugar su rostro, o quitar la fuerza de sus ojos. A pesar de las terribles circunstancias en las que se sumía ahora Erin, el Gran Druida era una firme roca a la cual aferrarse.
- Mi señor...- Ryoko hizo una reverencia ante su dirigente
- Ryoko de Mordighan. Sabes que no hubiera llamado ante mi presencia si las circunstancias no fueran tan desfavorables para todos nosotros, pero eres la única Dama que sirve a nuestro bando en estos momentos
- No se a que te refieres mi señor- pregunto mientras se ponía firme- Todos los Caballeros y Damas desaparecieron o fueron destruidos
- En eso te equivocas- replico con voz grave el anciano- Muchos de ellos han regreso a nuestro hogar
- Entonces... ¿no serian esas buenas noticias para Erin? ¿El que haya recuperado a sus antiguos guerreros?
- Por segunda vez te confundes. Ya no me sirven, ni tampoco a Erin. Se han aliado con el Enemigo.
- ¿Como dices?- la voz de Ryoko tembló- El Enemigo fue encerrado...
- Las Puertas se están rompiendo, Dama de Erin. No resistirán durante mucho tiempo.
Ryoko se sintió débil, y que su cuerpo amenazaba con hacerla caer al suelo.
- ¿Como es posible... ?- pregunto con un susurro de voz.
- Lo desconozco. Parecía que en solo una noche han sido capaces de perder toda su fuerza- la voz del viejo druida se entristeció- Los caballeros Fomori han regresado, para reunirse bajo el estandarte de Balor
- El caballero legendario... ¿Acudirás al Santuario, mi señor? ¿Solicitaras su ayuda para acabar con esta amenaza que también puede destruirlos?
- Nos consideran sus enemigos Dama
- ¿Que?- los ojos pálidos de la joven, brillaron llenos de furia- ¿Lo han olvidado todo?
- Eso creo...- el Druida movió la cabeza con pesar- Aunque...
Las puertas, que se habían cerrado tras la entrada de Ryoko, volvieron a abrirse. Ryoko se puso en guardia frente al trono del Druida dispuesta a proteger, con su vida si era preciso, a su señor. Una figura penetro en la habitación. La escasa luz que se atrevía a llegar, saco reflejos de plata, en cada una de las piezas de la armadura del recién llegado. Apretado contra su pecho, con fuerza, llevaba un voluminoso y pesado libro. La Dama de Erin se quedo sin aliento.
- ¿Ma... Maestra?- tartamudeo al reconocer la armadura que había vestido su ya difunta tutora.
Pero su portadora era mucho mas baja de estatura, y su constitución era más delgada. Además, el pelo trenzado que se movía con cada nuevo paso que daba.
- Maestra... Yo no deseaba llevarme el libro, de verdad...- se disculpo Shunrei- Pero cuando me desperté, lo tenia yo. Recuerdo que una voz me dijo que tenia que llevarlo ante el Druida...
Ryoko tenia preparada una respuesta hiriente para su alumna, cuando el Druida la interrumpió. De pie, junto al trono miro a ambas antes de hablar
- Llevad el libro ante Atenea. Es la única esperanza que le queda a Erin y a este mundo.
