Parejas: Kai/ Samantha (OC)
Takao/ Salima
Max/ Mariam
Rei/ Mao
Advertencia: AU y Lemon
"Pensamientos"
–Diálogos.
ENTRE LA ESPADA Y LA PARED
–Kaily Hiwatari–
Continuación...
Con el tiempo, Erika empezaba a hablar más. Ya no le costaba decir tanto las palabras como la primera vez. Hoy era el día de la boda. Samantha la había dejado arreglada.
Llevaba una felpa con un lado de color rojo, un vestido de terciopelo de manga larga del mismo color y unos zapatos negros. Se había quedado sentada en su cama con una muñeca en la mano. Esperaba que su padre terminase de vestirse, al igual que Samantha.
Le pareció escuchar unos pasos en el pasillo. Así que se puso de pie, y caminó hasta el comedor. No tardó en saber que aquellos pasos habían sido de su padre, quien ahora estaba sentado en el sofá, intentando anudarse la corbata.
–Qué guapo –anunció, al verlo con un traje marrón, una corbata roja que intentaba anudar y unos zapatos negros.
Al escuchar eso, miró hacia la puerta del comedor, viendo a la niña acercarse–. Vaya, deja que te vea –le pidió, cogiéndola de una mano cuando la tuvo a su alcance. Con lentitud le dio una vuelta–. Ahora si eres una princesa. Estás guapísima.
–Gracias –sonrió con algo de vergüenza. Se sentó emocionada al lado de su padre, quien ahora ponía su atención en la corbata.
–¿Samantha todavía se está arreglando?
–Sí –contestó, cuando le surgió una duda–. Papá, ¿por qué se van a casar el tío Takao y la tía Salima?
–Porque se quieren mucho –contestó, deshaciendo el nudo que había hecho, ya que no le había salido bien.
–Ah. ¿Igual que tío Rei y tía Mao?
–Sí –afirmó, comenzando de nuevo desde el principio en su quehacer–. El tío Max y la tía Mariam también se casaron, pero tú no estabas nacida –le hizo saber, por si se le ocurría preguntar también por esos "tíos" suyos.
–Ah –añadió. Escuchó una puerta abrirse, así que miró hacia esa dirección. Vio que Samantha por fin salía de su cuarto. Sonrió al verla– ¡Hala, qué guapa!
Samantha le sonrió al tiempo que caminaba hacia ellos. Llevaba el cabello suelto, rímel en las pestañas, una rayita encima de los ojos de color negro y un color rosa claro en los párpados. Base en la cara y un poco de colorete en las mejillas. Sus labios estaban perfilados y estaban pintados de un color fucsia bajo. Llevaba una blusa atada al cuello de color rojo, una falda negra que le llegaba más arriba de las rodillas y unos zapatos de tacón del mismo color.
–Gracias –le contestó a la pequeña–. Vosotros también estáis muy guapos –reconoció, aunque se dio cuenta de que Kai ni la había mirado. Seguramente estaba muy concentrado con la corbata en esos momentos– ¿Te ayudo con la corbata?
–Sí. No soy bueno en esto –confesó, al tiempo que subió la mirada y la vio frente a él. Prácticamente se quedó en shock al verla. La chica realmente era hermosa.
–Déjame a mí –estiró las manos y cogió la corbata. Haciendo unos cuantos giros, obtuvo un buen resultado–. Ya está –avisó, volviendo a tomar distancia con él– ¿Nos vamos? –Preguntó, pero vio que el bicolor la observaba sin decir una sola palabra– ¿Qué pasa? –preguntó confundida.
–Estás…–ni siquiera podía atinar a decir una palabra. Lo que le dijera, iba a ser poco.
Ella se miró por encima, sintiéndose insegura– ¿Crees que voy demasiado arreglada? Si quieres me cambio –comentó, al tiempo que dio un paso atrás, preparada para irse.
–No –se apresuró a decir–. Nada de eso. Estás perfecta –le hizo saber. Carraspeó y se puso en pie–. Vámonos, o Takao me matará sino llego a tiempo a su boda.
KAI&SAMANTHA
En la iglesia, se encontraron con sus amigos. Kai los saludó y les presentó Samantha. Después les dio la sorpresa de que la niña volvía a hablar y todos se alegraron ante esa gran noticia. Cuando la ceremonia terminó, felicitaron a los novios y pasaron al restaurante.
Había bastantes invitados, ya que Takao tenía muchas amistades al ser tres veces campeón mundial del beyblade. El lugar era bastante espacioso, la música era relajante y la comida tenía muy buena pinta. Las mesas eran grandes y redondas. Estaban muy bien adornadas y tenían encima un mantel morado, con servilletas a juego. Había una gran puerta de cristal que daba a un patio donde había bastantes columpios. Los camareros eran muy atentos. Y los novios, presidían las demás mesas, junto a sus padres en una mesa larga. Los novios habían decidido sentar a los antiguos beyblakers juntos.
Sus posiciones en la mesa eran; Samantha, Rei, Mao y su bebé en un carrito, Mariam, Maxie, su padre Max, Erika y Kai. Todos se divertían y se lo pasaban bien mientras hablaban.
El pequeño Maxie dando su comida por finalizada, se levantó de la silla y caminó hacia Erika que todavía seguía sentada–. Erika, ¿vienes a jugar?
La pequeña miró a su padre, pidiéndole permiso– ¿Puedo? –preguntó.
–Claro, pero tened cuidado –le advirtió–. No os alejéis mucho.
Mariam se dirigió a su hijo–. Maxie, cuida de ella y no hagáis travesuras, ¿entendido?
–Sí, mamá –contestó. Vio a Erika ponerse en pie y la cogió de la mano, llevándosela a los columpios.
Pasó una media hora, cuando Mariam se puso en pie, riéndose por lo que le habían comentado–. Voy a ver cómo están los niños, ahora vuelvo –le avisó a su esposo.
Mao escuchó casi al mismo tiempo a su hija llorar en el carrito. Miró su reloj de pulsera y se puso de pie–. Ya le toca comer –sacó a la pequeña del carro–. Tranquila Alison, ahora mismo vas a comer –miró a Samantha–. Samantha, ¿puedes acompañarme? –le pidió.
–Claro –contestó, poniéndose en pie.
Mao miró a su esposo–. Rei, ahora volvemos.
–De acuerdo –contestó, viendo cómo ambas mujeres se dirigían hacia el aseo.
El servicio era bastante amplio. Contaba con un largo espejo y cuatro lavabos colocados en línea horizontal y que estaban unidos por una pieza de mármol. Tras estos, se encontraban seis puertas en las que se encontraban seis inodoros. Había dos seca manos de aire caliente y una tabla recogida en la pared, en la cual las mujeres podían cambiarles los pañales a los bebés. Al lado de cada lavabo, había un artefacto para echar jabón.
Mao empezó allí a darle el pecho a la niña, mientras la otra joven no dejaba de ver a la niña.
Samantha sonrió–. Tiene unos ojos color miel preciosos.
–Sí –sonrió– Y es morenita, como su padre. –Dejó de mirar a la pequeña, para mirar a Samantha– ¿Desde cuándo conoces a Rei?
–Pues desde hace años –contestó, ahora mirándola–. Se llevaba muy bien con mi padre –no pudo disimular el hecho que sus ojos se tornaran tristes.
–¿Cuánto hace que no le ves? –se atrevió a preguntar con delicadeza.
–Hace más de un año. Lo echo mucho de menos –confesó.
KAI&SAMANTHA
En la mesa, Kai miraba a los recién casados, desde su asiento– ¿Quién lo iba a decir? Nuestro pequeño campeón se ha casado. Con una sonrisa, miró ahora a Rei, quien estaba algo serio y bastante pensativo desde hacía rato–. Rei, ¿qué te pasa?
Éste le miró en cuanto escuchó su nombre. Sabía que no podía ocultarle la verdad de su preocupación ni a Kai ni a Max. Que estuvieran separados, no significaba que fuesen estúpidos y no se dieran cuenta de las cosas–. No es nada. Mao ha estado enferma estos últimos días, pero ya se encuentra mejor.
Max le miró con preocupación– ¿Y qué le dijo el médico?
–No quiere decírmelo y eso me preocupa –confesó.
Max le miró ahora con compresión–. Seguro que no es nada. –le animó, para que su amigo no se preocupase. Miró ahora al callado bicolor y continuó hablando–. Por cierto, Kai.
–¿Uhm?
–Corrígeme si Rei y yo nos equivocamos, pero ¿estás enamorado de Samantha?
El bicolor miró a ambos chicos y parecían bastantes interesados en la respuesta– ¿Por qué lo pensáis?
Rei sonrió–. No has dejado de comértela con la mirada –le dijo con obviedad.
Silenció unos segundos, antes de dar su contestación–. Puede ser –no tuvo más remedio que decir.
–Eso es un sí –confirmó Rei– ¿Ella lo sabe?
–Todavía no –respondió.
–¿Cuándo se lo vas a decir? –preguntó el rubio con interés.
–Hoy quería hacerlo. Pero no sé si hacerlo aquí o en mi casa. También está el hecho de que no se cómo va a reaccionar con la noticia. Además, ella está enamorada de alguien y también influye otro grave problema.
–¿Cuál? –preguntaron los otros dos al unísono. Kai decidió contarles lo que sabía hasta ahora.
KAI&SAMANTHA
En el servicio, Samantha tenía cogida a Alison, la cual después de comer se había quedado dormida– ¿Es llorona?
–Qué va, es buenísima –contestó Mao.
–¿Cuándo se lo vas a decir a Rei? –le preguntó, refiriéndose a lo que le había contado.
–Creo que ahora. –Sonrió– ¿Nos vamos?
–Claro.
KAI&SAMANTHA
Kai les había explicado todo lo que sabía–. Por favor, no le digáis nada. Haced como si no os lo hubiese contado. No me gusta verla triste.
El chino se adelantó a contestar–. Cuenta con ello.
Max notó que había movimiento detrás del bicolor. Así que enfocó la vista y comprobó que las chicas ya venían por ahí–. Ya vienen –les avisó a ambos.
Tan pronto llegaron a la mesa, Samantha se detuvo, poniéndose al lado del carrito–. ¿La meto en el carro? –le preguntó a la otra joven.
–Sí –añadió con una sonrisa.
–Vale –dejó a la niña con mucho cuidado dentro del carro, viendo cómo su madre la arropaba con una mantita.
En ese momento, Mariam se acercó a la mesa y se sentó junto a su esposo, bajo la atenta mirada de éste– ¿Cómo está nuestro torbellino? –le preguntó él.
–Están jugando a atraparse uno al otro. Es tan hiperactivo como su padre –comentó con evidencia.
Max le cogió la mano–. Jajaja. Creo que eso fue lo que más te gustó de mí.
–Lo que me conquistó fue tu ternura –respondió ella con una sonrisa, al tiempo que Samantha y Mao se sentaban en sus sillas.
Kai no pudo evitar mirar a la chica. Parecía estar cómoda entre ese grupo de amigos y eso le gustaba. Fue egoísta el pedirle ir a una boda, cuando no conocía a nadie. Pero eso lo pensó después de hacerle la invitación y de que ella por fin aceptase. No sería razonable echarse atrás después de aquello, así que por eso no lo hizo. Quizá había sido la presencia de Rei quien la había tranquilizado, en cierta forma. Ya que después de todo, habían sido conocidos en el pasado y esa fue la razón por la que se había integrado tan rápido y tan bien con todos.
Samantha miraba a los novios, viendo cómo estos caminaban hacia ellos, agarrados de la mano, con una cesta llena de recordatorios. El vestido de la novia era sencillo, pero era precioso y el novio también iba muy favorecido. Hacían buena pareja. No pudo evitar pensar por unos momentos, como algo tan bonito como era casarse con la persona que amas, se iba a convertir en una pesadilla para ella.
Sintió unos toques en el brazo y rápidamente miró hacia esa dirección para ver qué pasaba. Se encontró con que Erika le había llamado la atención de esa forma y que no llevaba la felpa en la cabeza, sino en la mano. El pequeño Maxie estaba detrás de ella, al parecer habían regresado de los columpios.
–Samantha. ¿Me puedes poner la felpa? Se me ha caído –le hizo saber, dándole la felpa en la mano.
–Claro –anunció, colocándosela de nuevo en la cabeza–. Ya está –avisó.
Cuando la pequeña se dio la vuelta, preparada para echar a correr y seguir jugando, vio que los novios llegaban a una mesa de invitados–. Tío Takao –corrió hacia él, al tiempo que veía que éste se agachaba y se daban un abrazo mutuo.
–Hola, Erika –la volvió a saludar, ya que en la iglesia lo habían hecho–. Vaya, has crecido muchísimo –reconoció.
Salima dejó la cesta de recordatorios en la mesa– ¿Y a mí no me das un abrazo? –le preguntó a la pequeña.
–Claro que sí, tía Salima –soltó a Takao, al tiempo que la novia se agachó cómo pudo con el vestido y le abrazó–. Pareces una princesa.
Sonrió ante la ocurrencia–. Gracias –la separó un poco para verla–. Tú también tienes un vestido de princesa muy bonito.
Takao cogió la cesta y le enseñó el interior a la niña–. Coge el que más te guste.
–¿De verdad? –preguntó ilusionada–. Mmmm… –miró con detenimiento los recordatorios, hasta que vio el que más le llamó la atención–. Este –lo cogió–. Gracias.
–De nada –continuó Salima, con una sonrisa–. Dile a tu padre que en cuanto repartamos esto, vendremos a reunirnos con ellos.
–Vale –contestó. Salió corriendo hacía la mesa en la que se encontraba Kai y parte de su viejo equipo y le enseñó su regalo–. Mira papá.
–Qué bonito –añadió.
–Tía Salima me ha dicho que te diga que cuando repartan esto, vienen.
–Vale. –contestó, viendo cómo ahora la niña, caminaba hasta el asiento correspondiente de Maxie, donde éste estaba sentando esperándola.
Rei seguía pensativo. No hacía más que mirar a su esposa y verla cada vez más pálida. O quizás eran ideas suyas. Se acercó un poco a su oído y le susurró–. Mao, ¿estás bien?
Ésta le miró unos momentos–. Sí, ¿por qué lo preguntas?
–Estás un poco pálida –reconoció–. Me tienes preocupado.
–Ya veo. –Le cogió de la mano y se puso de pie–. Tenemos que hablar –al decir esas palabras, Rei se puso también de pie. La joven de cabello rosa, puso su mano libre en el hombro de Samantha–. Samantha, cuida un momento de mi hija. Ahora volvemos –le informó, viendo cómo ésta asentía.
Caminaron hasta otro salón que tenían enfrente y era exactamente como en el que se encontraban comiendo, pero éste estaba vacío. Allí nadie les molestaría y podrían hablar en privado. Rei estaba impaciente por saber que le pasaba. La notaba rara, algo enfermiza en ocasiones y eso no le daba buena espina.
Mao, ¿por qué no me dices lo que te pasa? –Preguntó preocupado– ¿Qué te dijo el médico?
–Pensaba decírtelo en casa, esta noche. Pero de todas formas te vas a enterar.
Cogió a la chica de ambas manos– ¿Qué tienes?
–Rei –sonrió con algo de timidez–. Estoy embarazada.
Sin darse cuenta, su expresión de preocupación, iba cambiando a una de felicidad, a medida que su cerebro iba procesando la noticia–¿ De verdad? –La abrazó con una sonrisa, siendo correspondido– ¡Vamos a ser padres otra vez! –anunció feliz. Se separó un poco de ella para poder mirarla– ¿De cuánto estás?
–De cuatro semanas.
–¿Desde cuándo lo sabes?
–Lo sospechaba desde hacía una semana, pero el médico me lo confirmó ayer. Por eso no me atrevía a contártelo todavía. Si era una farsa alarma, no quería que te desilusionaras después. –le explicó.
–Dios mío –anunció sonriente–. No sabes lo feliz que me haces –llevó sus manos hasta las mejillas de la chica y le dio un beso, para después juntar sus frentes–. Te quiero, te quiero, te quiero…– repetía una y otra vez emocionado.
No tuvo más remedio que echarse a reír–. Yo también a ti –le dio un beso que fue correspondido.
–Estoy deseando contárselo a los demás. Vamos a decírselo. –dijo, soltándole las mejillas para cogerla de la mano.
–Está bien –anunció sonriente.
Los dos vieron que los novios estaban sentados en sus asientos, hablando animadamente con los demás, aunque todavía no podían escucharles. Tan pronto como se acercaron a la mesa, felicitaron a los novios.
Rei carraspeó para llamar la atención de todos–. Chicos, tengo una buena noticia que daros.
–¿Qué pasa? –preguntó Takao.
–Mao está embarazada. ¡Vamos a ser padres otra vez! –les informó con emoción. Todos se levantaron y les felicitaron.
Max miró a Mariam y se acercó a ella–. ¡Jo! No es justo, yo quiero otro. ¿Por qué no hemos tenido más?
–Porque tenemos un torbellino de hijo y si tengo otro niño tan hiperactivo como éste, me volvería loca en casa –añadió con evidencia, viendo la sonrisa traviesa de su marido.
–¡Qué envidia! –comentó Salima a Mao.
Takao la abrazó por la cintura, llamándole así su atención–. Sinceramente, no creo que tardemos mucho en ser padres. Pondré mucho empeño en eso –se sonrojó al escuchar sus propias palabras, dándole a entender a su mujer lo que pretendía.
Jazzman que también había sido invitado a la boda, se levantó de su mesa y cogió un micrófono–. Por favor, requerimos de la presencia de los novios para que comiencen el baile. –les recordó, ya que era tradición que los novios comenzasen con el baile y la gente se les fuese uniendo a lo largo de la velada.
Salima le sonrió a Takao, recordando lo que había dicho minutos antes– Anda, vamos. –le invitó.
Se cogieron de la mano y caminaron hasta la pista de baile que estaba apartado de las mesas. Se pusieron en posición y comenzaron a bailar un vals. Se decían cosas al oído mutuamente y dejaban ver en ellos unas sonrisas cómplices.
No tardaron en encontrarse rodeados por sus invitados. Pronto se les unieron Max y su esposa, junto con el pequeño Maxie.
Kai veía a su compañero rubio bailar con su mujer. Realmente su hijo no les dejaría disfrutar de ese baile, ya que tenía a sus dos padres cogidos de una mano y bailaban los tres juntos.
El bicolor miró a su hija–Erika, ¿por qué no bailas con tu amigo Maxie? –le animó.
–Vale –respondió. Salió corriendo hacia su amigo y se puso a hablar con él. Pronto los pequeños se cogieron de las manos y descompasados, empezaron a moverse hacia los lados.
Rei se puso de pie y le extendió la mano a su mujer– ¿Te animas a bailar? –preguntó. Sabía que a ella le encantaba bailar, pero en su estado no sabía si aceptaría.
No sabía si aceptar o no. No quería dejar a la niña sola. Se puso de pie, aceptando la mano de su marido y miró a Samantha– Samantha, ¿puedes vigilarme a la niña? Sólo será un baile –le dijo.
–Tranquila. Baila lo que quieras, ya la vigilo yo –cogió el carrito y se lo acercó para tenerlo más a la vista.
–Si se despierta, cógela.
–Vale –respondió con una sonrisa.
–Bien –añadió quedándose algo más tranquila. Caminó hasta la pista con Rei y una vez tomaron posiciones, se pusieron a bailar.
Alison despertó al escuchar un gran estruendo de la música cuando pasó una media hora después de que sus padres se fueran. Miraba a su alrededor y fruncía las cejas de vez en cuando. Comenzó a hacer pucheros, hasta que empezó a gimotear.
Samantha la observaba en silencio y la cogió en brazos, tan pronto la vio empezar a llorar– ¿Ya te has despertado? –la acomodó en sus brazos y veía que ésta no dejaba de hacer pucheros. Miró hacia Kai que estaba a su lado. Después de todo eran los únicos que se habían quedado ahí sentados–. Kai, ¿me puedes dar su chupete? Tiene que estar en el carro –decía al tiempo que la abrigaba con su mantita.
–Claro –respondió. Se puso de pie y caminó hacia el carro, sacando el chupete y ofreciéndoselo a la chica–. Toma.
Ella se lo puso, viendo cómo ahora la pequeña la miraba con atención en silencio, mientras movía el chupete– ¿Sabes Alison? Eres una niña muy buena.
Kai se sentó frente a Samantha y miró también a la niña–. Sí que lo es –reconoció. Cogió su manita y le dio un beso, momento que la pequeña aprovechó y agarró con fuerza el dedo de Kai–. Tienes mucha fuerza –apreció, al tiempo que la pequeña miraba confundida a Sam.
–Me mira confundida –le dijo al bicolor con una sonrisa tierna. Alison dejó caer su chupete con lentitud, lo que le dio a Samantha a cogérselo, antes de que pudiera caer al suelo– ¿No quieres chupete? –le preguntó, como si la más pequeña le pudiese contestar. La sentó en la mesa que ya estaba limpia de cubiertos y sólo tenía el mantel. Cogió sus bracitos e hizo que con sus manitas se tapara la cara– ¿Dónde está Alison? –preguntó como si no lo supiera. Le retiró las manos, dejándose ver– ¡Está aquí! –anunció, fingiendo sorpresa al verla. La menor sonrió, dando una pequeña carcajada.
Kai la sujetó de la cintura, para evitar que pudiera echar su cuerpecito hacia atrás. Los tres sonreían por ver sus expresiones.
Sam empezó a sacar un poco la lengua, para llamarle la atención y la pequeña extendió su mano, para intentar tocársela. Cuando estaba por tocarle la lengua, la mayor la escondió, dándole un beso en la mano. Eso provocó en la pequeña una sonora carcajada y un lenguaje que sólo ella podría entender.
Kai seguía mirando a la niña, con una sonrisa imborrable en su rostro–. Jajaja. Creo que le gustas. Y no sólo a ella. –añadió.
–¿A quién más? –preguntó, sin desviar su atención de la pequeña.
–Pues a Erika y a…–no pudo terminar la frase, cuando fue interrumpido por Rei.
–Ya estamos aquí –anunció, acercándose a su niña–. Hola precioso, ven con papá –la cogió en brazos. Miró a ambos adultos– ¿Por qué no bailáis? –les preguntó, notando el leve sonrojo en las mejillas de ambos.
Kai se rascó la cabeza con nerviosismo, aunque intentó disimularlo–. Pues porque… –miró a la chica. ¿Sino bailaba con la chica que le gustaba, con quién iba a hacerlo?– ¿Quieres bailar? –se atrevió a preguntarle.
Con algo de timidez, le respondió–. Está bien –contestó.
Se pusieron de pie y caminaron por separado hasta la pista, hasta que Kai se detuvo en sus pasos cuando llegaron. Se acercó a la joven y le cogió una mano, para poner la otra en su cintura. Sam puso su mano libre sobre el hombro de Kai. Se movieron al compás de la música, pero estaban abochornados. Aunque no era la intención de ninguno de los dos, desviaban la mirada nerviosos. Pronto vieron a Erika y a Maxie bailar con cierto descompás.
–Jajaja –la chica no pudo evitar reírse–. Qué graciosos.
Kai sonrió al ver esa escena– Sí. –reconoció. Volvió a poner sus ojos en Samantha– ¿Te lo estás pasando bien?
Ella le miró a los ojos– Sí, muy bien –reconoció–. Tus amigos son muy graciosos y simpáticos conmigo. Me alegro de haber venido –comentó. Miró a su alrededor, viendo a las personas que bailaban–. Oye, Kai.
–¿Qué?
–¿Ha venido?
–¿Quién? –preguntó confundido, ya que no sabía a quién se refería.
–La chica que te gusta. –aclaró, sin dejar de mirar a las demás chicas.
–Sí.
–¿De verdad? ¿Dónde está?
–Bailando.
–¿Está cerca de nosotros? –decía fijándose con más ahínco en las demás.
–Sí, muy cerca –le informó, sintiendo cierta sensación de cosquilleo en el estómago. Incluso despistada, Samantha tenía cierto encanto que la hacía verse más atractiva.
–Dame datos. ¿Cómo va vestida?
–Hoy está especialmente atractiva, tiene unos ojos preciosos y un gran corazón –decía, fijándose en la reacción de la chica.
–Jajaja –rió al escuchar eso–. Eso no son datos, Kai –le hizo ver, al tiempo que le miraba con evidencia– ¿Cuándo me la vas a presentar? –Preguntó, algo impaciente– ¿Cuándo le confesarás tus sentimientos?
–Puede que dentro de un rato o quizás esta noche. No lo tengo muy claro todavía. No sé cómo vaya a reaccionar con la noticia. No quiero que deje de ser mi amiga por eso y se aleje de mí. No creo poder soportar el rechazo.
–Creo que te entiendo –habló comprensiva, después de todo, ella se encontraba en la misma situación–, a excepción de mi problema, a mi me pasa igual –confesó.
–¿Cómo es él? –le preguntó, ya que sentía curiosidad.
–Pues es un poco más alto que yo, sincero, cariñoso, atractivo y fuerte. –le hizo saber, sin entrar en detalles. Después de todo, estaba frente a sus ojos.
–¿Le dirás lo que sientes por él?
–Sí –aseguró–, pero lo haré un día antes de marcharme de aquí. La verdad, no quisiera arruinarle la vida con mi problema. –sonrió–. Sólo le confesaré mis sentimientos y ya está.
Kai pensó en que ese Mark la tenía bien atada y si rompía ese trato, mandaría a la cárcel a su padre. Pero ese desgraciado la había echado de su lado, ¿no? Seguramente sería un capricho momentáneo para ese hombre y sólo la quería para divertirse. Ella se merecía algo mejor que aquella situación– ¿Y si él te corresponde? –se le ocurrió preguntar.
La chica se sorprendió al escuchar eso–. La verdad, no he pensado en esa posibilidad.
–¿Has decidido cuándo te vas?
–Todavía no. La verdad es que aquí me he encontrado como en casa y me he encariñado mucho con vosotros. Pero debo irme si no quiero que me encuentre y me destroce la vida. –miró hacia la mesa en la que habían comido. Rei estaba sentado en una silla y Mao encima de éste. El pelinegro le acariciaba la barriga a su mujer, mientras los dos miraban a la niña, que estaba dentro del carro. Movían la boca continuamente y por turnos. Seguramente estaban teniendo alguna conversación–. Se les ve tan felices –suspiró– Ojalá mi vida fuese así.
Kai miró hacia esa dirección, para después volver a mirarla–. Puede que ahora no tengas un familiar cerca, pero nos tienes a nosotros. –volvió a mirarla–. Siempre nos tendrás, por muy lejos que estés. Nunca nos olvidaremos de ti –le hizo saber.
Samantha dibujo una media sonrisa en sus labios–. Vas a hacerme llorar –confesó, recordando que ellos se habían convertido en su familia, después de que no volviera a ver a su padre.
–No quiero que llores. Sólo quiero que disfrutes con nosotros el tiempo que te quedes. No me gusta verte triste.
–Eso es difícil cuando pienso en mi gran problema.
–Pues, intenta divertirte, ¿vale?
–Vale.
KAI&SAMANTHA
Después de bailar, ambos se sentaron junto a Mao y Rei. Hablaron un poco, notando cómo la gente se iba marchando a sus casas, dejando solamente al antiguo equipo de los beyblakers.
Samantha les contaba un cuento a Erika y a Maxie. Los dos pequeños estaban muy pendientes de la historia y Max no tardó en unirse a ellos.
Mariam miró la escena por unos segundos y comenzó a negar con la cabeza–. Míralo, igual que un crío –hizo referencia a su marido. Se suponía que el padre iba a avisarle al hijo de que se iban a marchar y sin embargo se había sentado en otra silla y se había puesto a escuchar la historia junto a ellos.
Salima sonrió al verle–. Sí, sé a lo que te refieres –comentó, siendo escuchada por Takao.
–No lo dirás por mí, ¿verdad? –preguntó, esperando una respuesta negativa, pero él mismo sabía lo infantil que podía llegar a ser.
Salima le miró–. Puede ser –respondió. Takao se acercó a ella para susurrarle unas cosas al oído que la hicieron sonrojar–. Lo estoy deseando –susurró, dándose finalmente un beso, junto a una mirada cómplice.
–Y vivieron felices para siempre –finalizó Samantha, viendo cómo los tres le aplaudían. Sonrió al ver el entusiasmo del padre al contar la historia, aunque no era la gran cosa.
–¿Nos cuentas otro? –preguntó el pequeño Maxie, emocionado.
Mariam se puso de pie y se quedó al lado de su marido, mirándolo con una ceja alzada y Max recordó la razón por la que había ido hasta allí–. Ya es tarde y nos tenemos que ir –le advirtió su padre, poniéndose en pie.
–Es verdad. Venga, vamos –indicó la madre del niño.
–¡Jo! ¿Ya os vais? –preguntó Takao, algo desilusionado.
–Sí –contestó Max–. Nos lo hemos pasado muy bien. Gracias por la invitación.
Salima sonrió–. Gracias a vosotros por haber podido venir. –se puso en pie junto a su esposo y los despidieron. Los niños también se despidieron al saber que no se verían en una buena temporada.
Aprovechando que una pareja se estaba despidiendo, tanto Mao como Rei se pusieron también de pie, para hacer lo mismo.
Rei fue quién habló–. Creo que nosotros también nos vamos ya –les avisó a los novios–. Mao está cansada.
–Está bien –contestó Salima– Cuídate mucho, Mao.
–Claro –respondió ella con una sonrisa.
Rei se acercó a ella–. Tranquila, si ella no lo hace, yo la cuidaré.
Takao aprovechó que Kai acababa de venir del servicio y se acercó hasta él en mitad del camino–. Kai.
–Dime –respondió, deteniéndose en su caminar.
–Ya sabes lo importante que es para nosotros que hayas venido. De verdad. Gracias –le sonrió–. Eso no hubiese sido lo mismo si cualquiera de vosotros no hubiese podido venir.
–No hay de qué –respondió, viendo que Salima y Samantha estaban hablando entre ellas, sentadas a la mesa, mientras los otros se marchaban.
Takao miró unos segundos hacia la misma dirección–. Es muy atractiva –hizo referencia a Samantha, volviendo a mirar a Kai.
–Sí que lo es –suspiró.
–No se lo has dicho, ¿verdad? –se atrevió a preguntarle, viendo cómo éste le miraba confundido–. Sé que te gusta por tu manera de mirarla y también noto que algo te impide decírselo. Hemos sido amigos durante muchos años, así que no intentes engañarme. –se previno.
–No pensaba hacerlo. Max y Rei también se han dado cuenta de ello.
–¿Qué te lo impide? –preguntó.
Kai le contó lo mismo que le había dicho a sus ex compañeros de equipo–. Pero creo que hay algo más y que no se atreve a contarme. Takao, tengo miedo de decirle lo que siento y no volverla a ver nunca más. De que esta felicidad que siento cuando la veo al mirarla a los ojos, se desvanezca.
–Kai –sonrió–. Tú siempre has sido luchador en la vida. Sabes que si no te arriesgas, nunca sabrás lo que va a pasar. ¿Y si ella está enamorada de ti? –se le ocurrió preguntarle.
Negó con la cabeza con seguridad–. No es posible.
–¿Por qué? ¿No te has fijado en cómo te mira?
Miró a la chica, para regresar la vista a Takao–. No –confesó– ¿Cómo me mira?
–Igual que tú la miras a ella. –concretó–. Yo creo que le gustas, pero debe de pensar igual que tú.
–¿De verdad crees eso? –¿Y si era posible y él no se había dado cuenta de ello? Después de todo, era muy despistado para estas cosas.
–Si creyese lo contrario, no te lo hubiese dicho. Yo pienso que cuando antes le digas lo que sientes, será mejor.
KAI&SAMANTHA
Ya que era tarde, la niña se había quedado dormida en los brazos de su niñera. Tanto ella, como Salima, hablaban en un tono susurrante para no despertarla y evitar que tanto Kai como Takao, se pudieran enterar de alguna forma de la conversación.
–¿Por qué no se lo dices ahora? –preguntó Salima, ya que al igual que Takao, se había dado cuenta de que a Samantha parecía gustarle Kai por la forma en la que se miraban.
–Porque me da miedo –reconoció–. Lo haré la noche antes de marcharme. O al menos es lo que he decidido. –Negó con la cabeza un par de veces–. Estoy segura de que no volveré a verle.
–Estoy segura de que Kai encontraría la solución a tus problemas.
–Aunque le diga lo que siento, él está enamorado de otra chica.
–¿Quién? –preguntó confundida.
–No lo sé. Me dijo que estaba aquí en la boda y que me la presentaría hoy. Pero al final, se han ido todos, y no me la ha presentado. –decía preocupada–. Cuando habla de ella, puedo notar que es muy importante para él.
–Entonces habrá bailado con ella, ¿no?
–Creo que no. Ella no sabe de los sentimientos de Kai y creo que Kai no se ha acercado a ella por vergüenza. –comentaba.
Carraspeó, al ver que los chicos se acercaban a la mesa, al dar por finalizada la conversación entre ellos–. Cuidado, ahí vienen –le advirtió.
Kai se dio cuenta nada más llegar, de que la pequeña estaba dormida en brazos de Samantha– ¿Ya se ha dormido?
–Hace un rato –contestó la niñera.
–Entonces nos vamos –miró a Salima–. Gracias por todo. –le refirió ella también.
–Takao sonrió–. Ya sabes donde vivo. Si te apetece aliviar tus penas, cuenta conmigo.
–Lo haré –cogió a la niña en sus brazos.
Samantha se puso de pie y abrazó a Salima–. Gracias, necesitaba desahogarme –le susurró.
–Para eso están las amigas. Cuenta conmigo para lo que necesites –le hizo saber, separándose después.
Los recién casados, le dieron un beso a Erika, y cuando se despidieron de los adultos, vieron cómo salían de allí.
Kai y Samantha se subieron al coche, cuando pusieron a la niña en el asiento trasero del coche. No tardaron mucho en llegar al apartamento. Una vez allí, Kai metió a la niña en la cama, después de que la niñera, le pusiera el pijama.
Ambos recordaban las conversaciones que habían tenido con Salima y Takao por separado. Salieron al pasillo, cerrando la puerta de la habitación de la niña con sigilo.
–Al final no me has dicho quien era –comentó Samantha, refiriéndose a la chica que le gustaba.
–Dímelo tu primero –respondió. Dependiendo del resultado, cambiaría su respuesta.
Titubeó unos segundos en si decirlo o no–. Mejor me voy a dormir. Ya es muy tarde y mañana tienes que trabajar –le cambió el tema.
Estaba claro, que Sam no le diría quien era ese chico que le gustaba–. Dime una cosa, ¿le conozco?
–Sí –se atrevió a responder.
Entonces cabía la posibilidad de que fuese él, ya que los amigos que ahora tenían en común, estaban casados, aunque eso no impedía que pudiera estar enamorada de un hombre casado. Pero lo hubiese referido en algún momento, ¿no?– ¿Y le amas?
–Sí –volvió a responder.
–Si él te pidiese que te quedaras a su lado, ¿lo harías?
Se fijó en la mirada intensa del bicolor. Pensó en las circunstancias que la rodeaban en esos momentos también. No quería amarrarle de esa forma–. Buenas noches, Kai –añadió finalmente, dándole un beso en la mejilla.
–Buenas noches –sólo pudo decir, al ver cómo ésta se marchaba hacia su habitación y cerraba la puerta al entrar.
Continuará...
KAI&SAMANTHA
Gracias por su review a:
Marian Tao d Hiwatari: Espero que te haya gustado este capi. Este capi lo iba a subir ayer, pero he tenido problemas para poder subirlo y al final no pude hacerlo. Espero que lo sigas hasta el final y no pares de decirme lo que piensas sobre este fic. Ahora sabemos algo más acerca de Samantha. Pero queda un gran problema por resolver todavía. No quiero adelantarte nada. Así que ya sabes, sólo tienes que esperar a que suba otro capi. Sayonara.
