Parejas: Kai/ Samantha (OC)

Takao/ Salima

Max/ Mariam

Rei/ Mao

Advertencia: AU y Lemon

"Pensamientos"

–Diálogos.

Dedicado a Lady Mary Hiwatari

ENTRE LA ESPADA Y LA PARED

–Kaily Hiwatari–

Continuación…

Pasaron tres días desde la boda. Tras la mejoría de Erika, Kai decidió que lo mejor sería que asistiera a la escuela, ya que no había ningún impedimento para que no pudiese hacerlo. Cuando Kai se iba a trabajar, vio que Samantha arreglaba a la niña, pero que estaba muy pálida. Así que decidió que lo mejor sería que hoy llevaría él a la niña a la escuela y dejaría a la mayor descansar.

Ella no tuvo más remedio que hacerle caso e irse a la cama, ya que no se encontraba nada bien. Intentó descansar, aunque tenía un poco de fiebre y le dolía la cabeza.

Se había quedado dormida al estar todo en silencio, hasta que alguien tocó el timbre de la casa. Abrió los ojos desorientada y miró a su alrededor. De nuevo escuchó el timbre. Sabía que no se trataría de Kai, ya que éste tenía llave. A lo mejor era el cartero para traer algún paquete, como hacía unos días.

Se destapó y se incorporó como pudo. Se puso las zapatillas en los pies, ya que estaba vestida–. Voy –anunció a aquella persona que seguía tocando el timbre con insistencia. Caminó hasta el pasillo y se apoyó en la pared al sentirse un poco débil. Abrió la puerta y para su sorpresa, no había nadie. ¿Sería algún chiquillo que intentaba jugar? No podía ser. A esas horas los niños estaban en la escuela.

Cerró la puerta y caminó con lentitud otra vez hasta su cama, en la cual se sentó. Otra vez volvió a escuchar que tocaban el timbre. Se incorporó con pesadez y volvió a caminar hasta la puerta. La abrió y se encontró con el mismo resultado. Cerró la puerta confundida. ¿Serían imaginaciones suyas?

Recargó su espalda en la pared del pasillo–. Menos mal que Erika no está conmigo. Hoy no la hubiese podido cuidar –se dijo a sí misma preocupada– ¡Maldita fiebre! –se quejó.

El sonido del timbre volvió a sonar. Miró hacia la puerta con intriga– ¿Quién será el gracioso? –masculló, pensando que se trataba de alguna broma. Al ver cómo tocaban con más insistencia se quejó– ¿Qué le pasa a ese imbécil? –abrió la puerta y dio un par de pasos fuera de ésta. Miró hacia ambos lados y no vio nada. Se dio la vuelta enfadada y dio un respingo al escuchar una voz familiar a su espalda.

–Samy –le llamaron en tono cantarín, agarrándola de la cintura.

Como si la chica se hubiese quedado petrificada, no pudo ni darse la vuelta para mirar a esa persona. Sintió cómo el vello se le erizaba y cuando reaccionó, pasó a la casa e intentó cerrar la puerta para que ese individuo no pudiera pasar. Pero de un empujón, el intruso entró en la casa, cerrando la puerta tras de sí.

Mark sonrió confiado–. Nt, nt, nt. Has sido una niña traviesa. Me has hecho buscarte por muchos sitios –aclaró, dando unos pasos hacía ella, para acortar las distancias. Notaba que la chica le observaba en silencio con una mezcla de miedo, confusión y odio en su mirada. Se atrevió con una mano a agarrarla de la espalda para que no se escapara y otra la llevó a la barriga–. ¿Todavía sigue aquí?

–¡No me toques! –Le apartó la mano de un manotazo y llevó sus manos a la mano que le sujetaba la espalda para intentar escaparse– ¡Suéltame!

–La última vez te di dinero suficiente para que te deshicieras de él. –le recordó.

–No pienso hacerlo, es mi bebé. –sentenció. Consiguió apartarle la mano de atrás y retrocedió unos pasos–. Haznos un favor a los dos y olvídanos. –siseó.

Los ojos verdes se clavaron en los de la chica–. No puedo olvidar a alguien como tú, y más si vas a ser mi esposa en unos meses. –dio un paso para acercarse a ella, pero vio que retrocedió.

Pensó en qué tipo de persona se iba a convertir en su esposo. No quería pasar el resto de su vida con alguien tan ruin– ¡Muérete!

Mark se pasó ambas manos por su corto cabello negro, peinándolo hacia atrás–. Te pedí que no volvieras hasta que te deshicieras de él, no que te fueras de casa. –habló con evidencia. En un rápido movimiento, se acercó a la joven y la cogió con fuerza de una mano.

–¡Suéltame! –le pidió, intentado hacerlo ella misma, pero él era muy fuerte y ella se sentía débil en esos momentos–. ¡Déjanos en paz! ¡Sólo soy un capricho para ti! –intentó hacer fuerza con su cuerpo, para evitar ser llevada de ahí, ya que el otro, había dado un paso hacia la dirección contraria para intentar llevársela.

–Recuerdo aquella noche, ¿tú no?

–Sabes que no me acuerdo de nada.

El más alto giró de nuevo su cuerpo, ésta vez hacia la joven. Llevó su mano libre hasta la barbilla de ella y se la inclinó un poco para que lo mirase bien a los ojos–. Yo te diré que pasó. Esa noche me hiciste el amor como ninguna otra mujer me lo ha hecho jamás, y me gritaste; quiero más, házmelo más rápido, te quiero Mark.

Se sintió afligida al escuchar las palabras de Mark y más al ver la sonrisa de triunfo que tenía en esos momentos en su cara– ¡No! ¡Eso es imposible! ¡Yo te odio! –le recordó esto último.

–Pues esa noche no lo parecía, gatita. –le echó una mirada de arriba abajo para finalmente mostrar una sonrisa pícara. Llevaba puesta unas zapatillas, unos pantalones de pitillo vaqueros azules y una camiseta sencilla de color rojo de manga larga. Su cabello estaba suelto y estaba algo más pálida que de costumbre, pero eso no le restaba belleza– ¿Sabes? Estás más hermosa que la última vez que te vi. Un poco más gordita –concretó–. Pero me sigues volviendo loco. –acortó la distancia con ella, y comenzó a besarle el cuello con desesperación.

–¡No me toques! –decía intentado escapar de él, pero la tenía bien sujeta. Como pudo, con su otra mano, arañó la mano que le sujetaba el brazo con tanta firmeza.

Mark no tuvo más remedio que apartarse de su lado al sentir un dolor fuerte en su mano– ¡Ah! –se quejó, viendo cómo la joven se había escapado de su agarre.

Sam intentó echar a correr hacia la puerta de salida, pero cuando dio dos pasos, comenzó a tambalearse, ya que veía cómo las cosas a su alrededor se movían. No tuvo más remedio que apoyarse en la pared mientras pudo.

Mark se miró la mano y pronto vio que la chica se apoyó en la pared– ¿¡A dónde crees qué vas!? –Le preguntó, la agarró del brazo y le dio la vuelta con brusquedad–. Sigues teniendo las uñas muy afiladas –le hizo saber, viendo cómo la otra parecía estar desorientada– ¿También las usas con él? –se atrevió a preguntarle, sintiéndose celoso.

–No sé de qué me hablas –respondió como pudo, ya que se sentía mareada y necesitaba respirar algo de aire fresco, pero ahí no lo encontraba.

–Hablo de tu amiguito. –Apoyó la espalda de la joven en la pared y le levantó ambos brazos a la altura de la cara–. Te hace el amor cada noche, ¿verdad? –preguntó, pero sólo veía a la joven aturdida–. Vi cómo te revolcabas en el césped con él. Dime, ¿sabe tu pequeño secretito? –le preguntó impaciente.

–¿De qué estás hablando? –Le preguntó a un Mark que para ella, no dejaba de moverse hacia los lados–. Estás loco. –añadió como pudo.

–Sí. Estoy loco –siseó mirándola con deseo–. Loco por ti. –Aclaró, antes de darle un beso rápido en los labios–. Tu sólo vas a ser mía Samantha, y de nadie más –le dejó claro, dándole un beso en la mejilla con cierta desesperación–. Sólo me perteneces a mi –le susurró al oído y bajó hasta el cuello para besarle con la misma desesperación.

La joven intentaba ladear la cabeza, pero no servía de nada. No podría salir de esa situación. Sintió que un nudo en su garganta se le formó y que las lágrimas que había intentado acumular, le estaban empezando a acumular– ¡Suéltame! –Pidió– Suéltame –repitió en un hilo de voz, sintiéndose miserable.

Mark disfrutaría de ese momento un poco más, ya que la había echado realmente de menos. Pensaba en continuar, esta vez pasando a los labios, pero una voz que no era de ninguno de los dos, le sorprendió.

–¡Suéltala!

El joven de ojos verdes, miró hacia la puerta, encontrándose con un chico alto, de ojos carmesí, cabellos bicolores y piel blanquecina, vestido con traje de oficina. ¿Cuándo se había abierto la puerta, que no se había dado cuenta?

La joven al escuchar esa voz, miró hacia la puerta con los ojos acuosos, comprobando que efectivamente, se trataba de quien pensaba–. Kai.

Mark miró a ese joven con desprecio, sin soltar a la chica– ¿Este es tu amiguito? –Miró a Samantha–. Despídete de él, porque te vienes conmigo ahora mismo –le informó.

Kai decidió intervenir al ver la situación que tenía frente a sus ojos–. Ella no se va a ir a ninguna parte. ¿Quién te crees que eres para llevártela a la fuerza?

–Su novio y futuro marido dentro de unos meses –respondió en su defensa.

–Déjala en paz –le advirtió el bicolor.

–¡Je! Mira, no sé quién demonios eres. Y no me importa. –le dejó claro el otro–. No te metas donde no te llaman y puede que no te dé una paliza.

Kai se desabotonó la chaqueta que llevaba puesta– ¡Ja! ¿Eso crees? –le preguntó, quitándose la chaqueta, para dejarla caer en el suelo–. Demuéstrame lo fuerte que eres –le animó.

Samantha escuchaba a ambos y podía ver en qué acabaría todo eso. No quería meter en líos a Kai por su culpa–. Kai, por favor. No lo hagas –le pidió.

Mark miró a la chica–. Tu amiguito me lo ha pedido, gatita. No hay que hacerle esperar –comentó.

La chica miró al moreno–. Mark, no le hagas daño. Haré lo que me pidas –le dijo con desesperación.

–Claro que lo harás, bombón. –Soltó uno de sus agarres, para acariciarle la mejilla–. Pero después de que acabe con él. –anunció. Soltó a la chica y caminó unos pasos hacia Kai, guardando un poco la distancia–. Luego no digas que no te lo advertí –decía orgulloso de su fuerza, subiéndose las mangas hasta los codos.

–Mira cómo tiemblo –decía con sarcasmo, quitándose la corbata, para dejarla caer en el suelo, junto a la chaqueta.

–Te arrepentirás –siseó con enfado. Acortó la distancia entre ellos para darle un puñetazo en la cara, pero el otro lo esquivó y recibió un rodillazo en el estómago. Cayó al suelo debido al intenso dolor, y no tardó en recibir puñetazos en la cara al ponerse el bicolor sobre él a horcajadas.

–¡Esto es por hacerla sufrir! –decía, al tiempo que le daba un puñetazo desde su posición, haciéndole sangrar la nariz al joven pelinegro. Vio que Mark se cubrió la cara con los brazos, para no recibir más puñetazos en ella– ¿Qué te pasa? ¿No me ibas a dar una paliza? –le preguntó enfadado, viendo que el otro ni se defendía. Se levantó y caminó hasta donde estaba Samantha. Ésta se había arrodillado en el suelo, con su hombro derecho apontocado a la pared. A bocanadas, intentaba coger aire, que sentía que le faltaba cada vez más– ¿Te encuentras bien?

–Estoy mareada –contestó como pudo–. Me cuesta respirar.

Kai le puso una mano sobre el otro hombro–. Vamos a tu habitación para que descanses. –decía preocupado.

Ella asintió y miró tras él, viendo que Mark se había levantado del suelo y ahora se acercaba con cierta velocidad hacia él– ¡Kai, cuidado! –le advirtió. Pero cuando éste se puso en pie, recibió un puñetazo en la cara, de parte del joven de ojos verdes. Ella se llevó las manos a la boca, asustada, viendo al bicolor caer al suelo. Vio a un decidió Mark agacharse con el puño alzado, seguramente para darle otro golpe. Con decisión, se incorporó un poco y se echó sobre la espalda de Mark, para intentar apartarlo de Kai– ¡Déjale en paz!

–¡Suéltame! –gritó Mark, al sentir que Samantha sobre su espalda, intentaba apartarlo hacia atrás. Sin miramientos, se la quitó de encima con brusquedad, haciendo que ésta cayera al suelo.

Fue el momento en el que Kai se había incorporado con el ceño fruncido y la comisura del labio manchada de sangre, para darle repetidos puñetazos en el estómago a Mark y así dejarlo casi inmóvil en el suelo. Se puso en pie colérico y se agachó para agarrarle de la camisa. Lo levantó, y le dio un puñetazo en la cara, que lo mandó a bastante distancia– ¡No vuelvas a acercarte a ella, ¿entendido?! –le advirtió, viendo cómo el otro intentaba incorporarse en el suelo y comenzaba a toser sangre por la boca.

La chica sintió que las fuerzas la abandonaban desde el suelo–. Kai –atinó a decir, antes de desmayarse.

Kai al escuchar su nombre, se dio la vuelta, ya que ésta había caído al suelo en dirección contraria. La vio tendida en el suelo y con los ojos cerrados– ¡Samantha! –la llamó, antes de acercarse hasta ella. La veía muy pálida y eso no le gustaba. Le puso una mano en la nuca y otra tras la espalda, para incorporarla–. Sam ¿qué te pasa? –preguntó preocupado, al tiempo que escuchó la risa de Mark tras su espalda. Giró la cabeza para mirar al otro con furia– ¡¿De qué demonios te ríes, imbécil?! –le preguntó sin miramientos, viendo que éste se sentaba en el suelo con cierta dificultad.

–No te lo ha dicho, ¿verdad? –aseguró, pasándose el brazo por la boca, para limpiarse la sangre.

–¿Decirme qué?

–Ella y yo, tenemos un vínculo muy fuerte que nos une –aclaró, con cierta despreocupación. Puede que ese Kai le hubiese dado una paliza, pero él seguía ganando en todo aquello.

Aunque no entendía sus palabras completamente, no deseaba tenerlo más tiempo allí. Quería meter a la chica en su cama para que descansase–. Vete de aquí, sino quieres que te rompa los huesos que te quedan –siseó en una advertencia.

–Claro que me voy. –Decía al tiempo que se ponía en pie, tambaleándose un poco–. Pero volveré a por lo que es mío. –siseó. Abrió la puerta y salió de allí, dando un portazo.

El bicolor cogió con firmeza a la chica y se puso de pie. La cargó hasta la habitación de éste, donde la dejó sobre la cama y la tapó con las sábanas. Recordó que Sam había reconocido no sentirse muy bien esa mañana y debido al susto que ese imbécil le había podido causar, seguramente había colapsado.

Se sentó a un lado de la cama y pasó su mano por la mejilla blanquecina de la joven. Parecía que estaba durmiendo. Con sus largas pestañas y ese color de piel, parecía una muñeca de porcelana. Su piel era suave y su belleza pese a tener un tono de piel más claro que de costumbre, no se opacaba. Por intuición, le llevó la mano ahora hasta la frente, comprobando que estaba ardiendo. ¡Tenía fiebre!

Se puso de pie y caminó con rapidez hacia el cuarto de baño, cogiendo un bote de alcohol y algodón. En la cocina, cogió un recipiente y lo llenó de agua fría y metió un paño en su interior. Dejó todo esto en la mesita de la habitación. Impregnó un poco de algodón en el alcohol y lo pasó un par de veces por debajo de la nariz femenina. Esto no tardó en hacer efecto y permitir que la chica abriese lentamente los ojos.

–¿Dónde estoy? –le preguntó confundida, ya que esa no era su habitación. Era mucho más grande.

Nada más entrar, enfrente de la puerta se encontraba una gran ventana con una enorme cortina. La cama de matrimonio estaba a la izquierda, pegada a la pared junto dos mesitas a ambos lados de ésta. Empotrado a la pared, a la izquierda de la puerta, también había un largo armario, que prácticamente llenaba toda la extensión de la pared. Frente a la cama, se encontraba una estantería y debajo el tocador con un espejo y una silla.

–En mi habitación –respondió el bicolor, pasándole el dedo pulgar por la mejilla–. Tienes mucha fiebre. ¿Te estás tomando algún medicamente para ello?

–No –contestó, viendo cómo Kai mojaba ahora un paño en un recipiente, lleno de agua fría seguramente y lo escurría–. Kai, lo siento –se disculpó, sintiéndose mal por haber involucrado a Kai finalmente en todo eso–. Ha sido por mi culpa –reconoció, viendo cómo éste le ponía el paño en la frente.

–No es verdad. Él empezó –le restó importancia.

Afligida, extendió su mano hasta tocar el labio de Kai, sin tocarle la herida–. Estás sangrando por mi culpa –le hizo ver. Daba gracias a que la niña finalmente no había estado en casa cuando Mark se presentó ahí. Aunque de haber sido así, se habría marchado con Mark sin ningún tipo de resistencia. Cayó en la cuenta de que ella no recordaba lo último que había pasado y se asustó– ¿¡Dónde está él!?

–Se ha ido –respondió.

–Tengo que irme de aquí –decía al tiempo que intentaba sentarse, pero le era casi imposible poder incorporarse.

–No –puso ambas manos sobre los hombros de ella para recostarla e impedir que se marchara–. Tienes que descansar. –al notar cierto nerviosismo reflejado en la cara de la chica, decidió continuar para dejarla más tranquila–. Con la paliza que le he dado, no creo que vuelva a venir en un buen tiempo.

–Pero, ya sabe donde estoy. No quiero que te vuelva a hacer daño otra vez y tampoco quiero que le vaya a hacer daño a la niña. –decía temerosa de que algo así pudiera llegar a suceder–. Tú no le conoces. Mark es capaz de todo. Por favor –le rogó–, deja que me vaya.

–¿Cómo voy a dejar que te vayas en el estado en el que te encuentras? Ni hablar. Si estuvieran bien, puede que fuese diferente. Pero no así. Había venido a por unos papeles que había olvidado, pero necesitas que alguien te cuide. Así que me quedo contigo, hasta que te mejores.

–Kai, es no es justo –replicó–. Ya te he causado muchas molestias y no tienes a nadie que te sustituya.

–Claro que sí. –comentó–. Haré que Yuriy venga a recogerlos y le diré que supervise la empresa por mí. Otras veces lo ha hecho –le informó–. Ahora quiero que cierres los ojos y que descanses. –al ver que la chica intentaba otra vez hablar, la silenció, poniendo su dedo índice en sus labios–. No te voy a dejar sola, así que puedes dormir tranquila. Nadie va a hacerte daño estando yo aquí –intentó tranquilizarla. Le retiró el dedo, llevando su mano hasta la mejilla sonrojada de la joven–. Te lo prometo –le dio una suave caricia con el dedo pulgar.

Sonrió al recibir esa atención y ese cariño. La verdad es que estaba realmente cansada, aunque no estaba segura de si podría conciliar el sueño tras todas esas cosas que la atormentaban. Lo único que sabía, es que Kai no se alejaría de ella–. Gracias –cerró los ojos con lentitud, hasta que en algún punto, se quedó dormida.

KAI&SAMANTHA

Tras haberle pedido el favor a Yuriy, Kai recogió a su hija del colegio cuando llegó la hora, cerrando con llave. Aunque dudaba que ese chico volviese hoy. Cuando entró de nuevo a la casa, ya con la pequeña, entró a su habitación, comprobando que todavía la joven dormía.

Se puso a preparar la comida y le indicó a la niña que estuviera en la habitación con Samantha. Así se enteraría de cuando despertaría la mayor. Cuando lo tuvo todo preparado, entró a la habitación y se sentó a un lado de la cama.

Erika decidió hacer un dibujo para dárselo cuando la mayor despertase. Así que se sentó en el tocador y allí empezó a hacer su obra de arte con unos cuantos colores. Kai observó a la que dormía, durante horas, y cuanto más la observaba, más hermosa la veía. La fiebre le había bajado y eso era una buena señal.

–Papi, tengo hambre –le anunció la pequeña sin dejar de colorear.

–Enseguida pongo la mesa. Si Samantha se despierta, no dejes que se levante, ¿entendido? –le preguntó, poniéndose en pie.

–Vale –respondió.

Kai le dio una caricia en la cabeza, cuando pasó por su lado y se dirigió hacia la cocina. Puso la mesa y se asomó a la habitación, para ver cómo iba todo– ¿Todavía no se ha despertado? –le preguntó a la niña.

–No papi –respondió, dejando de dibujar, para mirarle– Papi.

–¿Qué?

–¿Puedo cenar aquí? –soltó el color que tenía en la mano y juntó las dos para rogarle–. Por favor.

Había puesto la mesa en el comedor, pero bien mirado, cenar ahí sería lo mejor. Así podría estar pendiente de Samantha–. Los dos cenaremos aquí –añadió.

Samantha cambió de postura y abrió los ojos. La pequeña se puso de pie y caminó hasta la mayor, para verla con los ojos abiertos–. Hola, Samantha –la saludó con una sonrisa.

–Hola cielo –le sonrió– ¿Te has divertido hoy en el colegio?

–Sí –respondió, echando a correr hacia el tocador para coger el dibujo y a su regreso, enseñárselo–. Mira, lo he hecho para ti –aclaró, al tiempo que Kai se acercaba a las dos con pasos tranquilos.

La mayor sacó uno de sus brazos de las sábanas y cogió el dibujo para verlo de más cerca–. Es precioso –añadió con una sonrisa–. Gracias –decía al tiempo que recibió un besito en la mejilla por parte de la menor.

–Espero que te mejores.

–Gracias –repitió.

Kai decidió intervenir, con una sonrisa– ¿Cómo te encuentras?

–Mejor –confesó.

–¿Tienes hambre?

–No mucha.

–Pues si quieres mejorarte, tienes que comer. –Miró a su hija–. Vamos a por los platos, Erika.

–Vale –respondió. Enseguida trajeron los platos con los cubiertos y la niña se puso a cenar en el tocador.

Kai se había sentado en la orilla de la cama, viendo a la mayor sentada en la cama–. Samantha, tienes que comer –le hizo ver–. Aunque sea la sopa.

La chica miró hacia la mesita que estaba a su izquierda, al igual que el bicolor. Había un plato de sopa, una ensalada y algo de carne con guarnición. Todo tenía una pinta fantástica, pero tenía el estómago cerrado–. Lo siento, pero no tengo hambre. –reconoció, mirando al joven.

–Esta mañana no has desayunado. Tampoco has comido –le recordó, ya que antes de llevar a Erika al colegio, la vio meterse en su habitación. Y había dormido desde el mediodía, hasta ahora que ya era de noche–. Y ahora no quieres cenar. Creo que voy a tener que dártelo yo mismo. –cogió la cuchara con su mano derecha y la llenó con un poco de sopa. Colocó la otra mano debajo por si caía alguna gota y la llevó hasta la boca cerrada de ella–. Venga, abre la boca –le pidió.

–Pero… –iba a replicar, cuando el bicolor la interrumpió.

–Sin peros. ¿Cómo se dice la primera letra del abecedario si la alargas?

Ella contestó a eso, como si fuese una pregunta importante, cayendo en la trampa de Kai– A –alargó la frase, y fue en ese momento en el que el bicolor le metió la cuchara en la boca y se la sacó vacía.

Ella no tuvo más remedio que tragar–. Eso ha sido trampa –replicó.

–Venga, cincuenta cucharadas más y ya está –le animó, llenando de nuevo la cuchara. Al poner la cuchara frente a la joven, la notó que no estaba muy convencida– ¿No me digas que voy a tener que jugar a los avioncitos contigo?

No tuvo más remedio que echarse a reír tras esas palabras–. Jajaja. No. Anda, empieza tú a comer, o se te va a enfriar la cena. –Se fijó en cómo Kai la miraba a los ojos– ¿Qué pasa? ¿No te fías de mí? –Preguntó confundida, y al ver la sonrisa de Kai, no tuvo más remedio que sonreír también con timidez–. No me digas que me vas a dar la cena.

–Sí –afirmó–. Venga, esta por Erika –le acercó un poco más la cuchara.

–Kai, no soy un bebé –añadió con timidez, aceptando finalmente esa cuchara con la boca.

Tras un rato, Erika se acercó a su padre– Papá, ya he terminado –le anunció, poniéndose a su lado–. Me lo he comido todo.

Kai miró unos segundos a su niña con una sonrisa, mientras llenaba la cuchara–. Bien hecho, cariño. –celebró.

La pequeña observó lo que hacía su padre. Le daba de comer a una Samantha resignada, al no poder convencer a Kai– ¿A mí me dabas de comer así cuando era más pequeña? –preguntó curiosa.

–Sí –contestó, al tiempo que le daba a Sam otra cucharada de sopa– ¿Y sabes qué? Me encantaba darte de comer.

KAI&SAMANTHA

La niña finalmente se había quedado dormida al subirse a la cama para estar al lado de Samantha. Kai la había cargado en brazos y le había puesto el pijama, para meterla al final en su cama.

Cuando regresó a su habitación, encontró a Samantha poniéndose de pie– ¿A dónde crees que vas? –le preguntó, sorprendiéndola.

–A mi habitación –contestó con evidencia, viendo que el bicolor se ponía frente a ella, cortándole el paso.

–Nada de eso. Esta noche te quedas en mi habitación a dormir. –ella pensó en esas palabras. ¿Significaba que iban a dormir juntos? No pudo evitar sonrojarse–. Yo me iré a la tuya –añadió, sentándola en la cama–. Así que quiero que descanses. –le pidió.

–Pero es que ya me encuentro mejor y… –intentó explicarse, sintiéndose avergonzada por haber tenido aquel pensamiento.

Kai se acercó hasta ella y le dio un beso en la frente, manteniendo un poco los labios ahí. Samantha se sintió nerviosa en ese momento, hasta que Kai se separó.

–Ya no tienes fiebre, eso es bueno –comentó Kai, cogiéndola de las piernas para girarlas hacia el interior de la cama, y así ayudarla a recostarse– ¿Necesitas algo?

Ella estaba abochornada. Aunque eso sólo había sido un simple beso para medir la temperatura de su cuerpo, para ella fue algo más grande–. Un vaso de agua, por favor –pidió.

–Claro. Ahora vuelvo. –advirtió, saliendo de la habitación. Caminó hacia la cocina y del grifo, lleno un vaso de agua. No pudo evitar sonreír pensando en lo atrevido que había sido por su parte, darle un beso en la frente. Menos mal que pensó antes en la excusa de la temperatura. La verdad es que había tenido cierto deseo de besarla en los labios. Pero sabía que eso no sería posible. Estaba preparado para volver a repetirlo si era necesario. Con el vaso en la mano, caminó de nuevo hacia la cama de su habitación, dejando el vaso sobre la mesita– ¿Algo más?

Samantha le sonrió–. Así está bien. Gracias –se acomodó en la cama, bajo la atenta mirada de Kai–. Buenas noches.

–Buenas noches –se acercó de nuevo a ella armándose de valor y le volvió a besar la frente. Tras esto, le sonrió y salió de la habitación.

Samantha dejó escapar un suspiro de nerviosismo. "Seguro que ha sido para volver a tomarme la temperatura. No puedes hacerte ilusiones de otro tipo Samantha", pensaba, cerrando los ojos para intentar dormir.

KAI&SAMANTHA

Llegaron las tres de la madrugada y Samantha no había conseguido dormir. Su mente no paraba de pensar en lo que le había sucedido durante el día. Se levantó, harta de estar dando vueltas en la cama y encendió la luz de la habitación. Bebió un poco de agua y dejó el vaso sobre la mesita de nuevo. Se puso las zapatillas y caminó hacia el comedor. Encendió la luz y se sentó en el sofá.

Cuanto más lo pensaba, menos salidas encontraba a su situación. Tendría que alejarse de Kai y de Erika cuanto antes, aunque le doliera el corazón al hacerlo. Tenía que abandonar todo aquello que era importante para ella, sino quería que los hirieran. Tendría que vivir una vida solitaria y lejos de allí.

Sintiéndose angustiada, se llevó ambas manos a la boca para tapársela. Necesitaba gritar, necesitaba desahogarse de alguna forma y no podía hacerlo ahí y mucho menos a esa hora de la madrugada. Comenzó a sentirse abatida al no poder controlar su tristeza y rabia por más tiempo.

No tardó en sollozar y en notar cómo las lágrimas que le resbalaban por las mejillas, le quemaban. "¿Por qué me pasan a mi estás cosas?", pensó. Ella nunca se había metido con nadie y siempre estaba rodeada de amigos. Pero aquello acabó una vez que conoció a Mark. Por culpa de ese trato, dejó de disfrutar la vida cómo había hecho siempre. Mark la mantuvo a su lado como una prisionera. No la dejaba salir con sus amigos y sólo podía salir si era a su lado. No sabía si era por celos o por puro egoísmo, pero no la dejaba acercarse a nadie, y mucho menos a un chico.

Lo que más le molestaba, es que mientras estaba con ella, él flirteaba con otras en sus narices. No se enfadaba porque lo hiciera, ya que no sentía amor por él. Pero si que le enfadaba el hecho de que la retuviera a su lado, cuando él seguía saliendo con otras chicas y quien sabía que cosas más y encima se lo confesaba tan tranquilo.

La hacía sentirse un títere. Sabía que para él, ella era un simple capricho o eso creía. Ya ni sabía qué pensar de toda aquella locura. Alejarla de su padre con la amenaza de que si no se casaban, éste terminaría en la cárcel. Alejarla de sus amigos y marcharse a distintos países sin poder conocer a nadie. Era como estar muerta en vida.

No quería vivir así el resto de su vida. Por eso huyó cuando tuvo oportunidad, aunque por otra causa distinta que no pudo soportar. Dudaba de que Mark alguna vez sintiese empatía por los demás o comprensión. De lo contrario no le haría pasar por todo ese calvario.

KAI&SAMANTHA

Por otra parte, Kai salió de la habitación de Samantha. No podía dormir ya que se sentía preocupado por la chica. Así que pensó en ir a verla, para asegurarse de que dormía. Pero al abrir la puerta, vio la luz del comedor encendida y se preguntaba por qué estaba así. Con pasos sigilosos, caminó hacia la puerta del comedor y vio a la joven llorar desconsoladamente, con las manos puestas en la boca. Probablemente no quería hacer ruido para no despertar a nadie.

–¿Qué haces aquí? –le preguntó en voz baja.

Dio un pequeño respingo, saliendo de sus pensamientos. Miró hacia su izquierda y vio a Kai en pijama, mirándola–. No puedo dormir –confesó, limpiándose las lágrimas, con el mayor disimulo que pudo. Quería regularizar su respiración antes de continuar hablando, para serenarse un poco. Miró hacia otro lado para no llamarle mucho la atención.

Kai caminó hasta ella y se sentó a su lado–. Yo tampoco puedo –le hizo saber, antes de que la otra le preguntase.

Ahora que se sintió más tranquila, decidió mirarle con una sonrisa forzada. Sin darse cuenta, sus ojos fueron a parar a la herida del bicolor– ¿Te duele? –le preguntó, aunque era obvio que así debía de ser.

–Un poco –le restó importancia.

Subió la mirada hacia los ojos–. Kai. Me voy mañana. –le anunció–. Lo he decidido.

¿Se iría tan pronto? Quería estar más tiempo a su lado–. Quédate, por favor –le pidió.

–No puedo. –contestó–. Si me quedo, tendré que casarme con él y no quiero arruinar mi vida –confesó–. Tampoco la tuya si sigo en esta casa.

Kai entendía su postura, pero no quería alejarse de ella–. Samantha, no nos dejes –le insistió–. Te necesitamos. Quédate con nosotros.

Ella suspiró, sintiendo que las lágrimas que intentaba aguantar en sus ojos amenazaban con salir. Ese momento le resultaba realmente duro–. No me lo pongas más difícil, por favor. –le pidió. Las lágrimas cayeron en sus mejillas.

Tan pronto como lo hicieron, Kai se las limpió con el dedo pulgar de ambas manos, dejándolas descansar en las mejillas sonrosadas de la chica. Ambos se miraron a los ojos con detenimiento, como si pudieran con ello ver lo que el otro estaba pensando.

Samantha sentía que si lo seguía mirando, lo terminaría besando al querer ceder a sus sentimientos. Apartó la mirada con esfuerzo para no dejarse llevar en ese momento. Negó con la cabeza–. Lo siento mucho, Kai.

–¿Y a dónde vas a ir?

–Volveré a California. Desde allí intentaré localizar a mi padre y después me iré a otro país para intentar hacer mi vida. –le explicó, para volverle a mirar–. Espero que la niña me recuerde y no me guarde rencor por marcharme de aquí. –dibujó una diminuta sonrisa en sus labios. Subió sus manos hasta sus mejillas, dónde Kai tenía todavía las suyas. Con suavidad se las retiró–. También espero que algún día puedas decirle a esa chica lo que sientes y puedas ser feliz de nuevo. –anunció con voz quebradiza.

Kai rompió la poca distancia que tenía con ella y la abrazó al verla así. Con unas de sus manos, le acarició la cabeza, para intentar darle consuelo–. Shhh… no llores. –le pidió, al sentirla sorber el moquillo en su pecho.

–Os voy a echar mucho de menos –le hizo saber, al tiempo que ponía una de sus manos en el pecho de Kai.

–Y nosotros a ti –cerró los ojos unos instantes, para disfrutar de ese abrazo, ya que sería el primero y el último que le daría. No le gustaba verla sufrir así. Y la amaba demasiado como para perderla de esa forma– ¿No puedo hacer nada para que te quedes?

–No lo creo –contestó a duras penas por el llanto.

Si Samantha no podía quedarse debido a las circunstancias, podía haber otra solución– ¿Y si nos fuésemos contigo?

Al escuchar eso, la joven se separó de él para mirarle a la cara– ¿Qué? –preguntó confundida, intentando regularizar su respiración. Debía de tener una pinta horrible, y llorar así frente al chico que le gustaba tanto, no la hacía sentirse bien consigo misma. Pensó en las palabras de Kai y se apresuró a contestar–. Pero tú tienes aquí tu trabajo, tus amigos, lo tienes todo. Tienes una vida aquí y no puedes dejarla como si nada.

Kai le limpió las lágrimas de nuevo, al ver que caían sin control por esas mejillas–. Nos iríamos contigo sin pensárnoslo dos veces.

Sorbió el moquillo antes de contestar, mirándole un poco sorprendida– ¿Lo dices de verdad? –Preguntó, viendo al otro asentir con la cabeza–. Pero no es justo que hagas ese sacrificio por mí. Además, no quiero alejarte de la chica de la que estás enamorado.

–Tienes razón. –Silenció unos segundos antes de continuar–. Me alejaría de esta vida, pero no de la chica que amo. –no tardó en ver la cara de confusión de la chica, pero aunque fue así, se acercó lentamente hacia sus labios, dejándolos a escasos centímetros de los contrarios. Con sus ojos, estudiaba los contrarios.

–Kai. –atinó a decir.

–Te amo –le confesó en un susurro, viendo que la chica cerró los ojos. Así lo hizo él también cuando juntaron sus labios en un lento y placentero beso. Sintió cómo las manos de la chica se pusieron en su mejilla izquierda y en la nuca, acariciándole ésta última. Él llevó sus manos hasta la cintura de ella para sentirla todavía más cerca.

Los dos no podían ser más felices. A pesar de sus temores, eran correspondidos. Pero fue la chica quien rompió el beso al recordar algo importante.

–¿Qué pasa? –le preguntó confundido. Le pareció que ella había disfrutado tanto de ese beso como él. ¿Por qué ese cambio tan repentino?

–Kai, esto no está bien. Yo… hay cosas que no sabes de mí y…–era incapaz de terminar la frase.

El bicolor quitó las manos de sus caderas y cogió las manos de la chica–. Pues dímelas. –le pidió, pero vio que ella parecía estar insegura o no se atrevía a decírselo–. ¿Quieres a mi hija? –le preguntó, aunque estaba seguro de la respuesta.

–Claro que sí –se apresuró a decir.

–¿Me amas?

Avergonzada, miró hacia abajo para evitar que el chico pudiera verla en ese momento–. Yo... –sintió que Kai le soltó una mano y la llevó hasta su barbilla, para hacer que lo mirase de nuevo–. Sí, te amo. –confesó.

–Entonces, si los dos nos amamos y queremos a mi hija. ¿Por qué esto no está bien? –preguntó confundido, sin entender del todo la situación.

–Porque cuando sepas la verdad te alejarás de mi –le hizo saber.

Sonrió al escuchar esas palabras–. Nada hará que me aleje de ti. Te lo prometo –quitó la mano de su barbilla y le agarró de nuevo la mano libre, para subirla hasta sus labios y besarla.

–Yo… no sé cómo empezar –decía con desesperación–. Mira, no recuerdo cómo fue… pero…–dejó escapar un suspiro para intentar desahogarse, pero no sabía cómo hacerlo. Realmente era una noticia dura y no sabía cómo la encajaría el bicolor–. Dios, ¿por qué tiene que ser tan difícil? –se decía a sí misma soliviantada.

–Tranquila, tómate el tiempo que necesites –le anunció para tranquilizarla. Estaba dispuesto a escucharlo todo, pero sólo si ella estaba preparada para contárselo.

Samantha tomó aire, armándose un poco de valor– ¿Recuerdas que te conté que Mark acordó no tocarme hasta que estuviéramos casados? –preguntó, viendo al otro asentir–. Pues, faltó a su promesa y…–sentía que el nudo en su garganta se estaba formando de nuevo. Cerró los ojos un momento con pesar, al sentirse tan afligida. Los abrió y las lágrimas se acumularon en sus ojos–…No recuerdo que pasó esa maldita noche –decía con la voz quebrada, dejando las lágrimas salir de sus ojos–, pero, estoy embarazada. –Sorbió el moquillo, observando el rostro sorprendido de Kai–. Él quiere que pierda al bebé. Si no lo haga ahora, dice que me lo quitará cuando nazca. Kai, tengo miedo. –reconoció asustada y fue el momento en el que Kai le soltó las manos y la abrazó para confortarla–. Estoy entre la espada y la pared –sorbió el moquillo de nuevo, abrazando a Kai–. No quiero perder a mi bebé. No quiero, no quiero...–repitió dolida.

–Shhh –decía para tranquilarla. Ahora comprendía a que se refería Mark con lo de que él y Sam tenían un vínculo que los unía–. No vas a perder al bebé y tampoco te lo van a quitar –aseguró con voz sedosa–. No dejaré que nada malo os pase a los dos. Lo juro –podía escuchar el llanto de ella y eso le destrozaba a él–. Anda, no llores más. Eso no es bueno para él –se refirió al bebé. La separó un poco para darle un beso en la frente–. A ver, dime, ¿de cuánto tiempo estás?

Se limpió las lágrimas con el dorso de su mano– De casi tres meses –contestó, intentando tranquilizarse.

–¿En serio? No se te nota –confesó, mirándole la barriga.

–Es que –se miró la barriga. Cogió la camiseta por la espalda con ambas manos y la estiró hacia atrás. Fue entonces cuando un pequeño bulto se le notó al pegarse la camiseta por delante–, uso ropa un poco ancha. –confesó, sorbiendo el moquillo. Se puso ambas manos en la barriga–. Supongo que ahora que lo sabes todo, tus sentimientos hacia mi habrán cambiado –decía con cierta comprensión.

Kai la miró a la cara, viendo que ésta permanecía cabizbaja– ¿Por qué piensas eso?

–Porque los hombres normalmente huyen de las mujeres embarazadas –sonrió con tristeza–. Se espantan con la noticia y…–no pudo continuar.

–Samantha mírame a los ojos –le pidió, viendo cómo ésta le hacía caso–. Que estés embarazada no va a cambiar mis sentimientos hacia ti. Es más, te amo más que antes al saber la mujer tan maravillosa que eres al querer tener este bebé. Y aunque todavía no ha nacido, siento que lo quiero y lo voy a querer como si fuera mío, por el simple hecho de que tú eres su madre. –sonrió–. No soy de los hombres que se asustan por algo así, de lo contrario, no hubiese criado a mi hija tras la muerte de mi mujer. –le explicó, haciéndole ver que no se acobardaría por algo así–. Mi hija y tú sois lo más importante para mí y también lo será este bebé. Si tu aceptases ser mi novia, con el tiempo me gustaría que formásemos una familia, porque…–no le dio tiempo a terminar lo que tenía pensado decir, ya que la joven se abalanzó hacia él y lo besó de forma fugaz.

Mostró su sonrisa cuando se separó–. Sí, quiero –contestó.

Kai cambió su expresión de sorpresa y fue formando una sonrisa– ¿Sí quieres? –preguntó, sintiéndose feliz– ¡Sí quieres! –afirmó sonriente, acortando la distancia de nuevo, para darle rápidos y cortos besos en los labios. La abrazó sin poder evitar sentir esa sensación de felicidad inmensa–. Te quiero.

–Yo también –respondió sintiéndose realmente feliz, correspondiéndole el abrazo. Dejó escapar una risita–. Creo que deberíamos de ir a dormir, o sino mañana estaremos muy cansados y tú tienes que trabajar –le recordó.

Kai la separó de sus brazos para mirarle. Negó con la cabeza sin borrar su sonrisa de la cara–. Mañana me quedo aquí a cuidarte –aseguró–. Lo haré hasta que te baje la fiebre y te recuperes. Así mientras tú descansas en mi cama, yo cuido de Erika y paso más tiempo con las dos.

La chica le miró confundida– ¿Por qué en tu cama, si yo tengo la mía?

Kai la agarró de la mano–. Porque la mía es más grande y más cómoda. Así la niña y yo podemos jugar en esa habitación y puedes distraerte mientras nos ves jugar. ¿Qué me dices?

–Está bien –contestó–. Iré a por mi pijama a mi habitación –le avisó, poniéndose en pie. Por algún motivo, Kai no le había soltado la mano y eso la hizo sonreír–. Kai, no puedo irme si no me sueltas –le avisó.

Éste se sonrojó al ver la evidencia–. Lo siento –le soltó la mano.

–No importa –caminó hacia su habitación y abrió la puerta con cuidado de no hacer mucho ruido y despertar a la niña. Encendió la luz y sacó su pijama de debajo de la almohada. Cogió del suelo las zapatillas de andar por casa y se dio vuelta, dispuesta a caminar hacia la puerta, pero se encontró con que Kai estaba apoyado en el marco de la puerta y la miraba hechizado–. Jajaja. ¿Qué miras? –preguntó bajito, ya que no había mucha distancia de esa habitación, a la de Erika. Prácticamente las separaba un pasillo que no era muy ancho.

–Te miro a ti –añadió. Adoptó una postura normal y se acercó hasta ella, despacio–. Eres preciosa. –sonrió–. Me encanta tu cabello, tus ojos, tu nariz, –decía al tiempo que acortaba más la distancia entre ambos y se ponía a escasos centímetros de ella, para ver cómo la joven le observaba con una sonrisa–, tu sonrisa –continuó.

–¿Y mis labios? –preguntó, al tiempo que eran prácticamente rozados.

–Eso es lo que más me gusta –confesó, rompiendo la cercanía entre ellos para juntar sus labios en un beso dulce que poco a poco cobró vida para ser uno más apasionado. Aunque no era deseo de ninguno de los dos, rompieron el beso por falta de aire.

–Buenas noches, Kai –le despidió.

–Buenas noches a los dos –le dio un último beso rápido y vio cómo la joven salía de la habitación. Definitivamente, ahora dormiría como un angelito.

Continuará...

KAI&SAMANTHA

¿Cómo va eso? Necesito vuestra opinión. ¿Queréis que haya más adelante lemon en esta historia? Sí o no. De vosotros depende, si no recibo ninguna respuesta haré lo que crea conveniente.

Gracias por su review a:

Lady Mary Hiwatari: Espero que te haya gustado el capítulo si lo has leído, al igual que al resto de los lectores.

Please, no olvidéis dejar vuestra opinión si leéis esto. Me hace mucha ilusión saber qué pensáis. Hasta pronto.