Parejas: Kai/ Samantha (OC)
Takao/ Salima
Max/ Mariam
Rei/ Mao
Advertencia: AU y Lemon
"Pensamientos"
–Diálogos.
ENTRE LA ESPADA Y LA PARED
–Kaily Hiwatari–
Continuación...
KAI&SAMANTHA
Al poco tiempo de aquello, Kai y Samantha se casaron por el juzgado. Celebraron una pequeña fiesta con la familia y amigos en su apartamento.
Un año después…
Samantha y Kelly se encontraban solas en el apartamento. Erika estaba en la escuela y Kai trabajando. Las dos estaban en el comedor. Kelly estaba sentada en su sillita con un babero, mientras su madre le daba de comer papilla. La mayor llenaba la cucharilla de papilla y se la daba a la pequeña, viendo cómo ésta la aceptaba y después le sonreía.
–¿Está buena? –preguntó, al ver la cara de felicidad de ella–. Una cucharada más y terminamos –decía, intentando juntar los restos que habían en el plato con la cuchara. Cuando lo tuvo, la llenó y la llevó hasta la boca de su hija, viendo cómo ésta miraba hacia su izquierda, ladeando un poco su cuerpecito.
–¡Mamá, ya estamos aquí! –anunció Erika, corriendo hacia la mayor.
Samantha dejó la cuchara en el plato y se agachó para recibir a la pequeña, que sabía que le daría un abrazo. Correspondió el abrazo con su mano libre–. Hola, cariño. ¿Te has portado bien en la escuela? –le preguntó, viendo cómo la menor se separaba de ella para mirarle, así que se puso de pie.
–Sí –afirmó, acercándose ahora a su hermana, para cogerle la mano y darle un beso en ella. Esa silla para bebés en la que estaba sentada la más pequeña de los dos, era bastante alta y no iba a llegar a darle un beso en la mejilla.
Kelly balbuceó a su hermana cosas que ella era la única que podía entender, mientras mostraba su sonrisa.
–¿Dónde está papá? –preguntó la joven, cuando sintió que la abrazaron por la cintura. La otra mejilla, chocó con la suya en forma cariñosa.
–¿Me buscabas? –le preguntó, para acto seguido, darle un beso en la mejilla.
Samantha sonrió y subió su mano izquierda hasta la mejilla de Kai, para acariciársela– ¿Cómo te ha ido el día?
El bebé estiró sus bracitos al ver a su padre–. Pa, pa, pa –decía.
El bicolor sonrió al ver que Kelly quería que la cogiese–. Bien –le respondió a Samantha. Soltó a la joven de su agarre y dio unos pasos, para coger a la pequeña y sacarla de la silla–. Hola –saludó a la niña, cargándola en sus brazos. La besó en la frente– ¿Te has portado bien? –preguntó, aunque sabía de sobre que no recibiría respuesta. La pequeña le sonrió y su madre le limpió la boca con una toallita, para limpiarle los restos de papilla que pudiera tener en los labios.
–Ahora mismo os pongo de comer –anunció Sam, para caminar hacia el pasillo con el plato y la cuchara en la mano.
Erika decidió seguirla en su recorrido, saliendo tras ella–. Mamá, ¿qué hay de comer? –preguntó curiosa.
La mayor entró en la cocina y dejó lo que llevaba en el fregadero–. Es algo que te va a encantar –afirmó–. Lávate las manos y siéntate a la mesa. –Destapó una olla, para mover el contenido–. Ahora te lo llevo –avisó.
–Vale –contestó. Caminó hasta el servicio y se lavó las manos, para después ir al comedor y sentarse a la mesa. Vio a Kai frente a ella, sentado también y con la pequeña en brazos. Llevaba tiempo observando a su hermana y se dio cuenta de que tenía cierta costumbre, y se preguntaba por qué lo hacía–. Papi, ¿por qué Kelly se mete el puño en la boca?
–Porque le están saliendo los dientes y le duele.
–Ah –añadió, aunque no entendía que tenía que ver una cosa con la otra. Samantha entró al comedor con dos platos en la mano y le dejó el primero a la niña.
–¡Woh! ¡Arroz con curry! ¡Mi preferido! –Anunció entusiasmada– ¡Gracias mamá! –añadió, mirando a la más alta con una sonrisa, viendo que dejaba el otro plato frente a su padre.
Kai la miró unos segundos, viendo que le quitaba a la niña de los brazos– ¿No vas a comer? –preguntó confundido.
–Sí –afirmó–, pero quiero meter en el parque a la niña primero –le hizo saber caminando hacia el sofá, donde justo al lado habían puesto el parque. La dejó dentro y le dio el osito que Mark le había regalado cuando nació–. Aquí tienes a Tommy, pórtate bien. –le advirtió, aunque hay dentro no podría hacer gran cosa y menos a su edad. Sonrió al ver a la niña con una sonrisa, mientras movía el osito.
KAI&SAMANTHA
Por la tarde, Kai se había ido de compras. Kelly dormía en su cuna en la habitación de sus padres y Erika hacía los deberes en la mesa del comedor, bajo la vigilancia de su madre.
–¿Qué tienes que hacer ahora? –preguntó la mayor, esperando que la menor leyera el siguiente ejercicio que estaba escrito en el libro.
–Colorea este dibujo –leyó con pausa–. Bien, me gusta colorear –refirió. Cogió una cera de color violeta con su mano derecha y se puso a colorear el dibujo.
Samantha sonreía orgullosa, al ver con qué empeño hacía la pequeña las cosas, teniendo cuidado de no salirse de los bordes del dibujo– Erika, ¿sientes a Kelly llorar por las noches?
–No –contestó, soltando ese color, para coger una cera de color verde– ¿Llora? –preguntó, sin desviar su atención de lo que hacía.
–Sí.
–¿Por qué? –se le ocurrió preguntar.
–Porque le duelen mucho los dientes y no puede dormir –escuchó a Kelly llorar. –suspiró un poco cansada de aquella situación, ya que la niña apenas podía dormir por culpa de los dichosos dientes. Se puso de pie–. Voy a ver a tu hermana. Ahora vengo, tú sigue con eso, ¿vale?
–Vale –respondió sin dejar de colorear.
Samantha fue a la habitación que antes era de Kai y ahora se había convertido en la suya también desde que se casaron. Habían colocado la cuna junto a la ventana. Entró en la habitación y caminó directamente hacia la cuna, encontrándose con que la niña se metía de nuevo el puño en la boca.
–Pobrecita –se agachó y la cogió en brazos, escuchando cómo se quejaba mientras se agarraba a su cuello–. Shhh. Tranquila cariño. Ya sé que duele –decía preocupada por no poder hacer nada. Caminó con ella hasta el comedor, sentándose de nuevo junto a Erika.
Erika dejó de colorear, al ver su hermana con lágrimas en los ojos– ¿Qué te pasa Kelly? –le preguntó, dándole un beso en la mejilla–. ¿La puedo coger? –le preguntó a la mayor.
–Claro. –dejó a el bebé sentado en las piernas de su hermana mayor y vio a ésta cogerla–. Ten cuidado con ella –advirtió.
Kelly se restregó los ojitos y rió al ver la cara que le ponía su hermana.
No tardaron en escuchar unas llaves y la puerta de la calle abrirse– ¡Ya estoy aquí! –anunció el recién llegado, cerrando la puerta tras de sí. Caminó hasta el comedor y le mostró desde la distancia a su mujer una bolsita.
–¿Tenían la medicina? –preguntó, aunque al ver la bolsita de la farmacia casi su pregunta fue contestada sola.
–Sí –confirmó, acercándose a las niñas por detrás–. Oye, ¿no se suponía que la princesa tenía que estar haciendo los deberes y mi princesita durmiendo? –preguntó, para después agacharse y darles un beso a cada una. Miró a su mujer y le dio la bolsa–. Toma.
Aceptó la bolsa y sacó un frasquito de su interior–. Gracias. –le contestó, para dirigirse a Erika–. Erika, dame a Kelly. –dijo al tiempo que estiraba los brazos para cogerla y levantarla en peso. La colocó sobre sus piernas, y rodeándola con sus brazos para evitar que se pudiera caer, abrió con sus manos el frasquito, bajo la atenta mirada del bebé. Tenía un cuentagotas, así que cogió una pequeña cantidad y se la echó en las encías. De inmediato la pequeña hizo una cara extraña.
–¿Le gusta eso? –preguntó Erika, refiriéndose al líquido.
–Creo que no –contestó ella al ver la cara de la niña.
–Pero se la tiene que tomar para curarse –le hizo saber Kai a su hija mayor.
KAI&SAMANTHA
La noche llegó y ambas niñas estaban siendo acostadas en sus habitaciones por sus padres. Erika por Kai y Kelly por Samantha.
Samantha arropó bien a la pequeña y se dio la vuelta, viendo cómo el bicolor entraba por la puerta, cerrándola tras él– ¿Se ha dormido? –preguntó éste en un susurro para no despertar a la pequeña.
–Sí, ¿y Erika?
–También. –Se acercó a su mujer y le dio un beso en los labios–. Anoche tampoco dormiste, ¿verdad? –refirió, seguro de sus palabras.
–Pude hacerlo un poco –contestó. Rodeó con sus manos el cuello del bicolor– ¿Y tú?
–Yo sí –pasó sus manos por la cintura de ella, para besarla de nuevo–. Estás cansada, será mejor que descanses.
Se cogieron de la mano y caminaron juntos hacia la cama. Como ya tenían puestos los pijamas, no hacía falta nada más, salvo meterse en la cama y taparse con las sábanas.
Se colocaron de lado, mirando hacia el lado izquierdo, donde se encontraba la cuna. Kai se había puesto detrás de Samantha y pasó su brazo por encima de la cadera femenina para acariciarle la barriga.
Samantha sonrió–. Kai, Kelly ya no está ahí –le recordó.
–Es la costumbre –confesó–. Me encantaba acariciártela cuando estabas embarazada. ¿Recuerdas esas noches que pasamos juntos durante tu embarazado?
–Sí, me la acariciabas hasta que me quedaba dormida. Como Erika nació de madrugada, tenías miedo de que fuera a tener el bebé de madrugada y me pediste que durmiera contigo esas últimas noches para estar alerta por si algo sucedía.
–Sí. Y como me acostumbré a abrazarte por las noches, aquí estás –sonrió de nuevo aunque ella no pudiera verle, y la aferró más a él.
–Kai –sonrió con picardía. Se dio la vuelta como pudo entre sus brazos y le pasó el brazo por encima de su cintura, para abrazarle.
–¿Qué? –contestó.
–¿Por qué no lo intentamos esta noche? –Le preguntó mirándole a los ojos, mientras le acariciaba la espalda–. Llevamos un año intentando… ya sabes. Pero nunca lo hemos podido hacer por las niñas, o porque estas viajando o porque siempre te llaman y tienes que irte –enumeró de forma rápida, cuales habían sido sus impedimentos para tener relaciones sexuales.
–Está bien. Lo intentaremos –se animó, dándole un beso sonoro en los labios. Cambió su postura y se puso sobre ella a horcajadas, para hacer un camino de besos en su cuello.
Samantha cerró los ojos para dejarse llevar por esa sensación tan placentera. Abrazó la espalda de su marido, para darle suaves caricias.
El bicolor subió de nuevo hasta los labios carnosos de la joven para besarla más intensamente con lengua, mientras con su mano izquierda, deslizaba el tirante derecho del pijama de ella con suavidad por el hombro.
Abandonó los labios de la chica para mirarla con una sonrisa cómplice y proceder a besarle ese hombro, sintiendo cómo ella jugueteaba con los dedos de una de sus manos, en su cabello, para lo otra continuar donde estaba en un principio.
La joven disfrutaba de esas sensaciones hasta que le pareció escuchar un ruido. Puso algo de oído, ya que no estaba segura de si había sido realidad o cosa de su imaginación– ¿Has oído eso?
Kai se detuvo en lo que hizo–. Yo no oigo nada –contestó, intentando restarle importancia, cuando escuchó cómo daban toquecitos en la puerta–. Ahora sí –se quitó de encima de su mujer, para quedar tumbado boca arriba en el colchón con cierto enfado en su interior, al no poder continuar.
La chica se sentó en la cama y se puso bien el tirante del pijama. Haciendo las sábanas a un lado, salió de la cama, para caminar hasta la puerta. Con sigilo, la abrió, encontrándose a Erika con lágrimas en los ojos y sorbiendo el moquillo. De inmediato se agachó para estar a su altura–. Cariño, ¿qué te pasa? –le preguntó, extendiendo los brazos para abrazarla– ¿Has tenido una pesadilla? –preguntó, acariciándole la espalda de forma protectora.
Negó con la cabeza irritada–. Me duele mucho la garganta y la cabeza –sorbió el moquillo–. No se me quita y no me deja dormir –le explicaba entre llanto.
Samantha rompió el abrazo y pasó a besarle la frente para comprobar su temperatura–. Parece que tienes fiebre.
–Mamá, ¿puedo dormir con vosotros? –preguntó, manteniendo esa esperanza mientras se limpiaba las lágrimas, que no dejaban de salir de sus ojos.
–Claro que sí –se puso de pie y le cogió una mano–. Ven –la animó y caminaron hasta la cama. La pequeña tomó el lugar que momentos antes había ocupado Samantha–. Ahora vuelvo. –les hizo saber, desapareciendo de la vista de ambos.
–¿Dónde te duele? –le preguntó su padre.
–Aquí y aquí –respondió tocándose con la mano, el sitio exacto del dolor en ambas partes.
–Tranquila, ya verás como mamá te dará algo que te curará. Pero no tienes que llorar por algo así, eres una niña valiente, ¿recuerdas? Además, despertarás a la hermanita. –refirió. Levantó su mano derecha y acarició la cabeza rubia de la pequeña.
Samantha entró a la habitación con un vaso que tenía una pastilla efervescente en su interior–. Ya estoy aquí –avisó, caminando hacia la niña–. Toma –anunció ofreciéndole el vaso. La menor se sentó en la cama y aceptó el vaso–. Ya verás cómo te quita el dolor. –le decía, viendo que se tomaba el contenido del vaso sin rechistar. Pronto le dio el vaso vacío. La mayor lo cogió y lo dejó sobre la mesita– Hacedme un hueco –pidió, viendo a los otros dos, correrse hacia el lado contrario. Se metió en la cama y se tapó con las sábanas–. Ahora a dormir –le indicó a la pequeña, recostándola junto a ella.
–Mami, papi. –Se puso boca arriba y cogió de una mano a los dos–. Buenas noches –dijo al tiempo que cerró los ojos.
Los dos les respondieron de la misma forma. Miraron a la pequeña, para después mirarse ellos como pudieron.
–Otra noche más –comentó Kai, en un movimiento de labios que apenas se lograba escuchar.
–Que se le va a hacer –respondió de la misma forma–. Te quiero. Buenas noches.
–Lo mismo digo. –Kai apagó como pudo la luz para poder dormir.
KAI&SAMANTHA
Eran las cinco de la mañana cuando Kai abrió los ojos al escuchar un llanto bastante familiar. Encendió la luz y se sentó en la cama. Miró hacia ambas chicas, viendo que tanto Erika como Samantha dormían abrazadas. Se apresuró a salir de la cama, para caminar hasta la cuna y coger al bebé en sus brazos.
–Shhh. Ya estoy aquí –le dijo meciéndola con ayuda de su cuerpo. Le dio un beso en la frente y la pequeña sólo hizo pucheros, metiéndose la mano en la boca, mientras con su otra manecita agarraba la ropa de su padre con fuerza y dejaba caer su cabecita cómodamente sobre el hombro del mayor– Eso, intenta dormirte –le susurró. Se acercó hacia la ventana–. Mira, ahí fuera hay muchas cosas, ¿lo ves? –como si hubiera comprendido las palabras de su padre, levantó la cabeza y miró hacia la dirección que su padre había indicado. Volvió a apoyar la cabeza en el hombro, sin dejar de mirar hacia el exterior de la casa–. Mira, hay estrellas, coches, luna… –le decía por si se le escapaba algún detalle. Le puso su mano libre sobre la cabecita, de forma protectora y la cambió de postura, cuando vio que ya no se movía. La dejó en el interior de la cuna con cuidado de no despertarla y la arropó con su mantita para evitar que cogiera frío. Después regresó a su cama y apagó la luz.
No le extrañaba que su mujer no hubiera escuchado llorar a la menor. Habían sido muchas noches en las que se había desvelado por la niña, para intentar tranquilizarla e imaginó que ya no podía más.
No pretendía culpar a sus hijas de ciertas cosas, pero la verdad es que no tenían mucho tiempo para estar a solas íntimamente desde que nació el bebé. Es más, cuando intentaban cualquier tipo de acercamiento como el de esa noche, siempre había cualquier impedimento.
Otras veces veía a su mujer tan cansada o él mismo lo estaba del trabajo, que no tenían ánimos, así que terminaban por enfriarse antes de comenzar nada.
Imaginó que tendría que resignarse a que el bebé creciese un poco más y durmiera en una habitación a parte, para que así estuvieran realmente solos en la noche.
Pensaron que cuando se casaran y compartieran la misma cama, en cierta forma las cosas serían diferentes. Pero eso y dormir en camas separadas, era lo mismo. A lo mucho se abrazaban mientras dormían o hablaban en la cama antes de quedarse dormidos, pero la cosa no pasaba de ahí.
En cierta forma se sentía frustrado de que amaba de esa forma tan intensa a la joven y no podía consumar su amor por ella del todo. Esperaba que aquella situación no durase demasiado porque ya se estaba empezando a desesperar de que todo estuviera en contra de ellos.
KAI&SAMANTHA
Al día siguiente, Samantha cambió de postura en la cama y notó como había claridad en la habitación. Abrió los ojos despacio y somnolienta y efectivamente, ya era de día. Cambió su postura para ver a Erika o Kai, pero abrió los ojos sorprendida al ver que no estaban en la cama. Con pesadez se sentó en la cama y miró hacia la cuna. Bostezó y salió de la cama para ponerse en pie. Caminó hasta la cuna, para ver a Kelly, pero tampoco estaba allí. ¿Qué estaba pasando?
Caminó hacia la puerta cerrada de la habitación y la abrió, escuchando de inmediato la risa de los tres. Confundida, caminó hacia el comedor. Ahí estaban los tres, sentados sobre una manta en la que Kai había colocado algunos juguetes. Kelly estaba intentando mantenerse en pie, bajo la mirada atenta de su padre. La pequeña dio unos cuantos pasos rápidos, para dejarse caer en los brazos de su padre.
–Muy bien –celebró el mayor, poniéndola otra vez frente a él, a cierta distancia–. Vamos –la animó a que caminase de nuevo hacia él. La pequeña emitió una risa bastante aguda al ver a su padre, con cierta emoción. Con pasos despistados pero rápidos, se acercó de nuevo a su padre y éste la levantó hacia arriba, haciendo que diera grandes carcajadas.
Kai la bajó un poco para con su boca, hacerle ruiditos sobre la barriga, que hicieron que riese todavía más alto.
Erika reía de ver a su hermana reír–. Jajaja. Le gusta.
Kai no podía evitar reírse también, al ver lo bien que se lo pasaba la pequeña con tan poco. Juntó su frente con la de su hija y notó cómo le puso las manitas sobre sus mejillas– Ahora vamos a jugar con la tata. –le hizo saber, dejándola sentada en el suelo.
Erika cogió una pelota roja para llamarle la atención–. Mira Kelly, tengo una pelota.
Kai se puso de pie con una sonrisa–. Princesa, cuida de tu hermana, ahora vengo.
–Vale –contestó, siguiéndole con la mirada, viendo a su madre apoyada en el marco de la puerta, con una sonrisa– Hola, mami –la saludó.
Kelly miró hacia la misma dirección que su hermana al ver que la pelota no se movía en las manos de su hermana. Se encontró con la sorpresa de que estaba ahí su madre y no tardó en estirar los brazos–. Ma, ma, ma –abrió y cerró sus manos, como si con ello pudiera cogerla en la distancia.
–Hola, hijas –saludó a las dos.
Kai se paró al lado de la chica y le dio un sonoro beso en la mejilla–. Sólo por curiosidad, ¿cuánto tiempo llevabas ahí?
Miró al bicolor y esbozó una sonrisa–. El suficiente para saber que eres un buen padre –le contestó.
–¿Has dormido bien?
–Como un bebé. Por cierto, ¿qué hora es? –preguntó al estar totalmente desorientada en ese aspecto.
Kai miró su reloj de pulsera antes de contestar–. Son las dos del medio día.
Ella se llevó una mano a la cabeza y cerró los ojos con pesar– ¿Por qué no me has despertado a las ocho? Sobre esa hora se despiertan ellas.
–Porque necesitabas descansar –le dijo con obviedad–. Ahora vuelvo, voy a la cocina –le hizo saber.
Samantha caminó hasta Erika y se sentó junto a ella, depositando un beso en la cabeza de ella y en la de Kelly– ¿Cómo te encuentras hoy? –le preguntó a la mayor de las dos.
–Ya estoy curada mami –anunció con alegría–. Ya no me duele nada, la pastilla me ha curado.
Sonrió–. Me alegra escuchar eso.
Kai entró al comedor con el plato de papilla en una mano y un plato lleno de sopa de miso en la otra–. Ya está lista la comida –avisó, dejando el plato sobre la sillita del bebé y el otro plato sobre la mesa–. Vamos a comer, niñas –anunció y miró hacia Erika–. Ve a lavarte las manos. –le recordó.
–Voy –se puso de pie y echó a correr hacia el cuarto de baño.
El mayor se agachó y cogió al bebé en brazos para meterlo en la sillita.
Sam se puso de pie y se acercó hasta ellos–. Si quieres, puedo dárselo yo y tú empiezas a comer tranquilo.
Kai cogió el babero de la niña y procedió a ponérselo– ¿Y perderme el privilegio de que una de mis hijas me manche la ropa de papilla? Suena tentador –comentó en tono gracioso–, pero no. –Giró su cabeza hacia la derecha y le dio un sonoro beso en los labios a su mujer–. Mejor come tú.
–Primero voy a darme una ducha –le hizo saber, viendo a Kai llenar la cuchara para comenzar a soplarla.
Kai sonrió de forma pícara–. Eso suena más tentador todavía –refirió, metiéndole la cuchara en la boca a la pequeña.
Samantha no pudo evitar sonreír debido a la vergüenza que le hizo sentir y saber por dónde iban encaminadas esas palabras–. Ahora vuelvo –le avisó, para empezar a caminar con el fin de dirigirse a su habitación, coger ropa y poder darse una ducha.
Continuará...
KAI&SAMANTHA
Si lo sé, ha estado muy cortito comparado con el anterior, pero aun así, espero que os haya gustado.
Marian tao de Hiwatari: Gracias por tu review, espero que te haya gustado este capítulo.
Takaita Hiwatari: Gracias por tu review, espero que te haya gustado este capi. Por cierto, si son tres chibi–Takao, jajaja. Te lo aclaro, aunque no lo he puesto todavía. Jejeje.
Edi: Gracias por tu review, a la historia no le falta mucho para finalizarse y espero que te guste su finalización.
Kumiko: Gracias por tu review, me alegra saber que te gusta mi historia y que te hacía sentir bien. Como ves, aquí está la continuación. Espero que te haya gustado.
Eso es todo por ahora, cuidaos mucho, xao.
