Parejas: Kai/ Samantha (OC)

Takao/ Salima

Max/ Mariam

Rei/ Mao

Advertencia: AU y Lemon

"Pensamientos"

–Diálogos.

ENTRE LA ESPADA Y LA PARED

–Kaily Hiwatari–

Continuación...

KAI&SAMANTHA

Tres semanas después…

Samantha se encontraba en el sofá, cambiándole los pañales a Kelly, mientras Erika distraía a su hermana para que no llorara.

–Mira mi mano, Kelly –decía, mientras la movía de un lado a otro, atrayendo la atención de su hermana.

Samantha terminó de abrochar el pañal en los lados–. Ya estás lista– anunció, mientras le bajaba el vestido y la sentaba en el sofá–. Vigila a tu hermana Erika, yo voy a tirar el pañal sucio a la basura. –le advirtió, recogiendo el pañal sucio del suelo.

–Vale. –respondió. Se puso frente a su hermana, para evitar que ésta pudiera caer hacia delante–. Mira, Kelly –agarró con cuidado las dos manos de la pequeña y las juntó para hacer palmas–. Palmitas, palmitas –cantuseaba, viendo el efecto que causaba eso en la más pequeña. El bebé no tardó en dar algunos gritos de emoción, mientras balbuceaba unas palabras que sólo ella podía entender.

Samantha entró de nuevo al comedor y se sentó en el sofá con el bebé, a su lado derecho–. Hazlo tú sola, Kelly –le animó la madre con una sonrisa. Vio que Erika le soltó las manitas y ella no tardó en hacer el proceso sola– ¡Muy bien! –celebró, para ahora mirar a Erika– ¿Le has enseñado tu sola?

–Sí –contestó con orgullo.

La joven le acarició la mejilla–. Bien hecho –le felicitó– ¿Has hecho los deberes? –preguntó, ya que no recordaba que hoy los hubiese hecho.

–Ups, no –contestó, cayendo en la cuenta de ello. Después de todo, había venido del colegio, había comido y se había puesto a jugar con su hermana.

–Pues tienes que hacerlos –le recordó–. Venga, tráetelos aquí –le animó.

–Voy –anunció. Salió corriendo hacia su habitación para sacar de su mochila que se encontraba encima del escritorio, su libro y estuche.

–¡No corras! ¡Te puedes caer! –anunció, aunque ya era un poco tarde. Vio a la pequeña entrar de nuevo en el comedor, con el libro y un estuche en la mano, para dejarlos sobre la mesa. Erika retiró un poco la silla para poder sentarse. Samantha no tardó en coger a Kelly en brazos y al oso de peluche que tanto le gustaba y se encontraba en el sofá. Se puso de pie para caminar hacia la mesa y sentarse al lado de la otra niña–. A ver, ¿qué tienes que hacer? –preguntó, al tiempo que la niña giraba las páginas del libro para encontrar la página por donde iba.

Erika se detuvo en la página que le tocaba hacer. Miró el ejercicio y procedió a leerlo en voz alta–. Colorea los círculos de color rojo. –abrió el estuche y sacó una cera de color rojo. Con su mano derecha, procedió a empezar a colorear.

Se escuchó un ruido de llaves fuera de la casa, y a continuación cómo se abrían la cerradura de la puerta.

–apá –nombró la pequeña, mirando hacia la puerta del comedor, esperando a que su padre apareciese por ella. En cuanto lo vio, estiró sus bracitos, para que la cogiera.

–Hola princesas –las saludó. Se agachó un poco para besarlas en la mejilla– ¿Habéis sido buenas?

Erika decidió responder a eso, dejando lo que hacía para mirar a su padre–. Sí y Kelly también –respondió por la menor de las dos.

Tras escuchar esa contestación, Kai decidió continuar con lo que tenía planeado–. Entonces –alargó la palabra y se metió las manos en el interior de los bolsillos de su chaqueta, mostrándoles dos bolsas de gusanitos. Uno para cada una–. Esto es para vosotras.

–¡Gracias, papá! –anunció emocionada por la sorpresa.

Samantha cogió la bolsa por la niña–. Kelly, ¿qué se le dice a papá?

–Asias –contestó, poniendo una de sus manos sobre la bolsa.

Kai la miró sonriente. La niña estaba en una edad en la que causaba mucha gracia. Desvió ahora su mirada hacia su mujer– ¿Y tu cómo te has portado?

Samantha le miró con una sonrisa–. Supongo que he sido una niña buena –refirió, al tiempo que Kai se agachaba para darle finalmente un beso en los labios– ¿Cómo has llevado el día?

–Estoy algo cansado de tanta factura y papeleo –confesó, metiendo sus manos bajo las axilas de Kelly para cogerla en brazos– pero, ¿sabes qué?

–¿Qué?

–Todo se me quita cuando llego a casa y veo a mis tres soles esperándome. –refirió.

–Cuatro –contestó ella poniéndose en pie para mirar a Kelly.

–Tres –repitió el bicolor, sonriéndole a su pequeña.

–Somos cuatro.

Kai la miró confundido–. Cariño, sé contar y sois tres. Yo no me incluyo en la cuenta –le hizo saber. Se dio la vuelta y vio el carrito tras él. Metió a la pequeña ahí y le abrochó el cinturón. Le abrió la bolsa de gusanitos para que pudiera empezar a comer.

–Te equivocas –continuó la joven.

Kai se incorporó y la miró para empezar a contar con su mano, frente a los ojos de Samantha–. Está Erika –levantó el dedo pulgar–. Kelly –levantó el dedo índice–. Y estás tú –finalizó, levantando el dedo corazón.

Ella sonrió ante aquella evidencia y agarró esa mano para llevársela hasta su vientre–. Cuatro –le aclaró.

Kai se quedó sorprendido con esa noticia. No era que se hubiese confundido al contar, era que le intentaba decir que estaba embarazada– ¿Cuatro? –preguntó, viendo que ésta le asentía con la cabeza– ¿Segura?

–Segurísima.

Kai no pudo evitar dejar escapar una sonrisa rápida, típica de una primera reacción. Después sonrió ampliamente, sintiéndose muy feliz. Agarró a su mujer de la mano y la guió hasta el hueco más anchuroso del comedor.

Al ver que su marido no le decía nada y la guiaba hasta Dios sabía dónde, se quedó un poco confusa–. Kai, dime algo –le pidió–. Lo que sea.

Kai se detuvo en sus pasos y la miró– ¿Quieres saber lo que pienso? Esto es lo que pienso. –se agachó para coger a su mujer del trasero y levantarla en peso. Comenzó a dar vueltas mientras la cargaba y gritaba emocionado– ¡Sí! ¡Vamos a ser padres otra vez! ¡Vamos a tener un hijo! –aunque ninguno se hubiese dado cuenta, tenían la atención de ambas niñas, que al escuchar gritar a su padre, dieron un respingo por el susto y no pudieron evitar observarlos.

–Jajaja. ¡Kai me estás mareando! –contestó, abrazándose más a su cuello para evitar caerse.

Al escuchar eso, el bicolor se detuvo y la dejó en el suelo. Le dio un beso sonoro en los labios a la chica– ¡Sí, un bebé! –anunció sonriente.

–Las niñas –le recordó con una sonrisa, ya que no solían besarse delante de ellas para evitar que Erika les hiciera preguntas.

–No nos miran –abrazó a su mujer, sintiéndose eufórico–. Te quiero.

Correspondió el abrazo más que gustosa–. Yo a ti también –contestó, sintiéndose realmente feliz.

El joven de ojos carmesí rompió el abrazo y se agachó para abrazarla de la cintura y poner su cabeza sobre la barriga de la chica–. Hola pequeño. Soy papá. Cuando nazcas te voy a querer muchísimo. –sintió que ante sus palabras, su mujer le acarició la cabeza con lentitud.

Ella miró hacia las niñas y vio cómo estaban contemplando aquella escena–. Kai, las niñas nos miran –refirió.

Erika decidió preguntar por qué su padre actuaba tan extraño–. Papá, ¿por qué abrazas así a mamá?

–Erika, ¿te gustaría tener otro hermanito? –le preguntó, conservando su postura, colocando su mano derecha sobre la barriga, en la que se encontraba el bebé.

–Sí –sonrió enérgica.

–Mamá va a tener otro bebé –le informó.

–¡¿De verdad?! –preguntó, entusiasmada. Se levantó de la silla y caminó hacia ellos, mirando el alrededor de sus padres– ¿Dónde está? –ya quería conocerlo y verlo.

Kai separó la cabeza de la barriga para mirar hacia su izquierda, donde se encontraba la niña–. Aquí –contestó, haciendo unas suaves palmadas con la mano, en la barriga, bajo la atenta mirada de Samantha.

La pequeña centró su atención en ese punto, pero no veía nada–. No lo veo.

Samantha no pudo evitar echarse a reír ante aquel comentario. Después de todo, era una niña y seguramente se estaría haciendo sus ideas en su cabeza–. Bueno, es porque ahora es muy pequeño. Pero está aquí –le contestó, poniendo su mano también en su barriga.

Erika enarcó una ceja– ¿Cómo de pequeño?

Con su mano derecha, la joven le indicó el tamaño del feto entre su dedo índice y pulgar–. Creo que algo así.

El bicolor se puso en pie para mirar bien a su esposa– ¿De cuánto tiempo estás?

–El médico me ha dicho que de tres semanas.

–Mami –interrumpió la menor– ¿Podré dormir abrazada a ti como antes? –refirió, recordando que cuando tenía su barriga grande, ella dormía con su cabeza apoyada en ella.

–Claro, y tu hermana también.

La menor decidió hacerle otra pregunta– ¿Cómo se va a llamar mi hermanito?

–Bueno, es muy pronto para saber si va a ser niño o niña. –respondió ella.

–Será niño –contestó Kai, mirando a su mujer.

¿Cómo estás tan seguro? –preguntó ella, ya que era imposible saberlo.

–Porque soy su padre –argumentó con pobreza.

Samantha caminó hacia Erika y la cogió de la mano, para guiarla hasta la mesa– ¿Y si es niña? –le preguntó, dándole la espalda.

–Seguro que es niño –continuó diciendo, viendo cómo las dos se sentaban a la mesa en sus lugares anteriores.

–Creo que es lo que te gustaría a ti –comentó con gracia, viendo al joven sentarse frente a ellas.

–La verdad es que sí –sonrió al ver cómo había sido pillado infraganti.

Samantha sonrió y miró a Erika, la cual estaba pendiente de sus conversaciones–. Erika, sigue con los deberes, cielo –le dijo en tono cariñoso.

–Vale –respondió, haciéndole caso a su madre. Agarró la cera de color rojo y continuó coloreando el círculo que dejó a medias.

Samantha miró hacia Kelly y la vio comer gusanitos tan tranquila, aunque tenía la boca un poco sucia.

KAI&SAMANTHA

Llegó la noche...

Samantha se encontraba arropando a Erika en su cama–. Buenas noches, Erika –se agachó para darle un beso que fue correspondido.

–Buenas noches –cerró los ojos y la mayor caminó hacia la puerta–. Mamá.

Ella se dio la vuelta, colocando su mano en el interruptor de la luz–. ¿Qué?

–Dale las buenas noches al bebé –anunció. Samantha sonrió ante el comentario, aunque no fue visto por Erika desde su posición y menos teniendo los ojos cerrados–. Lo haré –contestó. Apagó la luz y salió de la habitación, cerrando la puerta tras de sí.

Caminó hacia su habitación, encontrándose con que Kai arropaba a su otra hija y le susurraba el buenas noches de todos los días. Cerró la puerta de la habitación y caminó hacia su lado de la cama– ¿Ya se ha dormido? –susurró, retirando las sábanas hacia atrás para sentarse en ella.

–Sí –confirmó dándose la vuelta, para caminar también hacia su lado de la cama y hacer la misma operación que Samantha. Los dos se tumbaron en la cama y Kai la abrazó, dándole un beso en los labios– ¿Dormimos? –preguntó, por si a ella le apetecía hablar de algo.

–Como si pudieras dormir –añadió la chica, ya que lo veía demasiado eufórico por la noticia.

–Tienes razón –contestó con una sonrisa evidente–. No podré dormir hasta dentro de unas horas. Ahora podré acariciarte la barriga sin equivocarme, porque estás embarazada –refirió, ya que siempre terminaba tocándose antes de dormir, por costumbre–. No te imaginas lo feliz que me has hecho. Ser padre por tercera vez… será algo increíble.

Samantha fingió estar un poco enfadada–. Espero que estés contento.

Kai la miró con compresión–. Ya sé que querías esperar un poco más, pero –no le dio tiempo a terminar la frase, cuando ella le interrumpió.

–Ya da igual –bajó la mirada.

–¿Estás enfadada? –preguntó al ver ese cambio repentino en ella.

Miró a su marido–. Claro que no –contestó, con una sonrisa, poniéndose una mano sobre la mejilla de Kai–. Kai.

–¿Qué?

–¿Qué pasará si también resulta ser una niña?

–Pues si es niña, la voy a adorar igual que a mis hijas y a su madre. Que sea niño o niña no es lo más importante, aunque yo me decante por uno de los dos. Lo que realmente me importa es que esté sano, que sea tan cabezota como su padre y tan atractivo o atractiva como su madre –le explicó, agarrando la mano de su mujer, para cambiarla de su mejilla a su boca y poder depositar un beso en ella–. Además, no me rendiré hasta que tengamos un niño. Aunque tengamos quince hijas –comentó de forma graciosa.

–Jajaja –no pudo evitar reír ante ese comentario–. Kai, no soy un conejo para tener tantos hijos.

Sonrió al verla reír–. Tienes razón. No tienes los dientes largos como ellos, ni das saltitos por la casa –refirió riéndose.

Volvió a reírse ante aquella ocurrencia–. Eres un payaso, ¿lo sabías?

–Sí. Mi mujer ya me lo ha dicho un montón de veces –comentó–. ¿Sabes qué? Si es niña, tendremos más y si es niño no te pediré que tengamos más. Yo me conformo con la parejita, pero eso no significa que no tengamos nuestras noches de juerga –le advirtió, y la chica lo entendió de inmediato–. Bebé, si me escuchas, me da igual lo que seas –le decía haciendo referencia a su sexo–. Te voy a querer con todo mi corazón, igual que a tu madre y a tus hermanas. –Vio la sonrisa radiante en la cara de su esposa–. Te quiero. –juntó su frente con la frente femenina y cerró los ojos.

KAI&SAMANTHA

Seis meses después, Kai acompañó a su mujer a la ginecóloga, ya que le tocaba revisión y Samantha últimamente estaba con mareos. No se fiaba de dejarla mucho tiempo sola por si se desmayaba. Supuestamente hoy, si todo salía bien, le dirían el sexo del bebé.

La sala no era muy grande. Nada más entrar por la puerta, a la izquierda, pero en frente, había una camilla en la habitación, junto a una tele y unos aparatos extraños para hacer ecografías, además de una silla giratoria sin respaldo y con ruedas. A la derecha de la puerta y también enfrente, había una mesa puesta de forma vertical y dos sillas, una frente a la otra. En la mesa había una pantalla de ordenador y un teclado. También un lapicero y una impresora.

La médica y Kai ayudaron a Samantha a tumbarse en la camilla.

La médica se puso unos guantes transparentes en las manos y se sentó en la silla giratoria, al lado de la camilla–. Bien, vamos a ver lo que es –cogió un bote lleno de gel incoloro que estaba junto al aparato que servía para hacer las ecografías. Levantó la camisa de la chica hacia arriba y moviendo el bote un poco, procedió a echar el gel en la abultada barriga. Dejó el bote de nuevo en su sitio y cogió de justo al lado un objeto que pasó sobre la barriga. Miró hacia la pantalla, al igual que lo hacían los padres del bebé, para ver que les mostraba. No tardaron en ver al feto–. Ahí está –les indicó, en esa pantalla en blanco y negro.

Kai agarró la mano de Samantha con emoción– ¿Qué es? –le preguntó a la médica, ya que ellos no entendían de aquello, sólo podían ver cómo él bebé tenía adoptada una postura.

–Se está moviendo –avisó Samantha, al tiempo que lo sentía en su interior y lo veía a través de la pantalla.

La médica sacó con su mano izquierda, un bolígrafo de un bolsillo que se encontraba a la altura de su pecho izquierdo en su bata–. Mirad –llevó el bolígrafo hasta la cabeza del bebé para señalárselas, formando un círculo en el aire–. Esta es su cabeza. –Saltó a otra zona–. Estas son sus manos y sus pies –les explicó.

–Qué pequeño –comentó Samantha.

La médica sonrió, metiéndose el bolígrafo de nuevo en su lugar y continuó moviendo el aparato con su mano derecha– ¿Dices que se está moviendo casi todo el tiempo? –le preguntó a la madre.

–Sí –contestó.

–Eso es porque los niños son más revoltosos que las niñas. Creo que este niño va a ser muy nervioso.

Los padres sonrieron al escuchar el sexo del bebé, sin dejar de mirar hacia la pantalla–. Entonces, ¿es seguro? –preguntó Kai.

–No hay duda, se ve muy claro –apartó el aparato de la barriga y cogió unos papeles absorbentes para limpiar el aparato antes de colocarlo. Después lo colocó en su sitio y cogió más papeles, para limpiar la barriga de ese gel. Cuando la dejó bien limpia, ayudó a la embarazada a sentarse en la camilla–. Tendrás que venir dentro de dos meses para ver cómo sigues.

–De acuerdo –contestó, viendo cómo Kai la ayudaba a bajar de la camilla.

La médica se sentó en su sitio y tecleó en el teclado. Cogió el ratón e hizo unos cuantos clics.

La pareja se cogió de la mano y caminó hasta ponerse frente al escritorio. Cuando la mujer les dio las ecografías hechas en un sobre, salieron de la consulta. Caminaron por el pasillo sin soltarse de las manos con bastante ilusión.

–Te dije que sería niño –comentó Kai.

–Así ya tenemos la parejita.

–Sí, y cumpliré con lo que te dije.

–¿Te refieres a no tener más hijos si resultaba ser niño?

–Sí. No es porque no quiera que tengas más, pero tampoco quiero llenar la casa de niños. Te volverías loca –confesó riéndose al saber lo duro que sería criar a los niños.

Rio también al pensar en ello–. Erika se pondrá muy contenta cuando sepa que va a tener un hermanito. Kelly todavía es muy pequeña para comprender la situación. –Refirió al tiempo que se abrían unas puertas automáticas que daban a los aparcamientos del hospital–. Hay que avisarles a todos y a Maggie.

Kai dejó de caminar y la besó con ternura. Cuando se separó de ella no pudo evitar dejarse llevar por su felicidad– ¿Sabes una cosa? Te amo y te adoro. –confesó.

–Yo también –respondió, dándole otro beso.

KAI&SAMANTHA

Tres meses después en el hospital...

El bebé había nacido y su madre descansaba en una habitación que le habían asignado. Maggie estaba con las dos niñas mientras esperaba sentada en una silla junto a Kai, a que Samantha despertase. Kelly dormía en su carrito y Erika hablaba con su abuela en voz baja para no despertar a su hermana.

Kai sujetaba la mano izquierda de Samantha con suavidad, sentado en una silla, esperando a que despertara. Erika dejó de hablar con su abuela, para ponerse de pie y caminar hasta donde estaba su padre.

–Papi, ¿todavía no se ha despertado?

–No, cariño. –respondió y la pequeña se fue de nuevo con su abuela.

En ese momento, Samantha se quejó y abrió los ojos con pesadez, encontrándose con Kai–. Kai –le llamó, intentando sonreír, pero se sentía muy cansada.

–¿Cómo estás preciosa? –le preguntó con una gran sonrisa, mientras le daba un beso en la mano que sujetaba.

–Cansada, ¿y las niñas? –preguntó al tiempo que vio a Erika y a Maggie ponerse en su foco de visión.

–Estoy aquí, mamá –respondió la menor. Cogió una silla que estaba cerca y se subió en ella quedándose de pie. Apoyó sus manos en el colchón y se agachó para darle un beso en la mejilla.

Cuando la pequeña se hizo a un lado, Maggie se agachó hacia Samantha para darle un beso en la mejilla–. Felicidades. –la felicitó con una sonrisa sincera.

–Gracias Maggie. –Le contestó y miró a su marido– ¿Y Kelly?

–Dormida en su carrito. –contestó éste.

–¿Y Dániel? –le continuó preguntando.

–La enfermera dijo que lo traería en un rato.

Samantha mostró una sonrisa radiante que le iluminó la cara– ¿Sabes? Nada más tenerlo, he podido cogerlo en brazos.

–¿Ah sí?

–Sí, se parece más a ti.

–¿De verdad? –preguntó ilusionado.

–Sí.

–A mi no me han dejado verlo todavía. –Le hizo saber–. Ah, sí –dijo al recordar algo que casi se le había olvidado–. Los chicos han llamado para saber cómo estabas y ya vienen de camino. Salima tiene que esperar a que Takao salga de trabajar para que le ayude con los trillizos, así que ellos tardaran un poco más en llegar. –le explicó.

–Son una réplica de Takao –comentó Samantha, refiriéndose a los trillizos.

–La verdad es que sí. En lo único en lo que se parecen a Salima es en el color de piel. No son tan morenitos como su padre.

Una enfermera entró con el bebé en brazos, captando la atención de todos–. Perdonen, les traigo al bebé, para que la madre le dé de comer –comentó, acercándose hasta Samantha para ponerle el bebé en sus brazos–. Después vendré a por él. –Les hizo saber–. Hasta luego –cuando los presentes le contestaron con la misma frase, se dio la vuelta para salir de la habitación.

Samantha destapó un poco al pequeño, ya que venía muy tapadito y apenas podía verle la cara. Sonrió llena de felicidad al verle. Era de cabello morenito y su piel estaba sonrosada. Movía sus bracitos con algo de rapidez–. Hola, hijo.

En ese momento, escucharon a Kelly llamar a su madre. Maggie la vio despierta y le desabrochó el cinturón del carro para cogerla en brazos. Cuando se puso de nuevo al lado de la cama, la pequeña miró a su madre con una sonrisa–. Mamá –decía con algo de dificultad.

Maggie se fijó en la forma en la que miraba al bebé, parecía confundida de alguna forma por ver que su madre sujetaba a un bebé en sus brazos que no era ella–. Mira Kelly, este es el hermano.

–Tato –dijo a su manera.

–Jajaja –rió la abuela al escucharla hablar–. Sí, cariño.

Kai estaba impaciente por coger a ese chiquitín–. Deja que lo coja –le pidió a su mujer, extendiendo los brazos.

–Toma –le avisó, pasándoselo con cuidado.

Kai no pudo evitar sonreír con más emoción que antes y Erika que se encontraba todavía de pie sobre la silla, sonrió al verlo más de cerca, al igual que Maggie–. Dániel Hiwatari –pronunció el bicolor con orgullo. El pequeño abrió un momento los ojos, mostrándoles un color rojo carmesí.

–Tiene los ojos de su padre –comentó Samantha.

Erika se sintió muy contenta y quería besar al bebé–. Papi, yo quiero darle un beso. –pidió, viendo cómo su padre agachaba un poco los brazos, permitiéndole a la pequeña besar la frente del pequeño.

–Yo quello –habló Kelly, estirando su brazo para abrir y cerrar la mano enérgicamente.

–Vale –contestó Maggie. Se agachó un poco y cogió una de las manos del niño, permitiendo que la niña besara ahí a su hermanito. Cuando lo hizo, se levantó de nuevo para subírsela un poco en sus brazos.

Dániel se puso a buscarle el pecho a su padre y Kai vio sus intenciones–. No, hijo. No soy mamá –añadió, devolviéndole el niño a su madre. Cuando Samantha lo cogió, Kai se puso de pie y miró a Maggie–. Maggie, ¿podrías…? –no le dio tiempo a terminar la frase, ya que Maggie le interrumpió al saber lo que pretendía decirle.

–Claro que sí, no hay problema –respondió. Miró hacia la rubia–. Vamos Erika, ven conmigo al parque del hospital –le pidió, ya que el hospital tenía una zona verde donde los enfermos podían pasear a sus anchas–. Hay muchas mariposas blancas.

–¿De verdad? –preguntó, bajándose de la silla.

–Sí –contestó y metió a Kelly en el carrito. Cuando le abrochó el cinturón, procedió a cogerle de las asas para empujar.

Erika se cogió a un lado del carro como era su costumbre, pero antes miró a sus padres–. Mami, papi, ¿puedo? –preguntó para ver si recibía sus permisos.

Samantha sonrió–. Claro que sí. Ve con la abuela y portaros bien.

–Lo haremos –garantizó la niña–. Después vengo –les dijo. Tan pronto el carro comenzó a andar, así lo hizo ella también, saliendo de la habitación, cerrando la puerta.

La joven se levantó la camisa y se apresuró a darle de comer al niño. Se dio cuenta con qué desesperación se agarró el pequeño a su pezón–. Tranquilo, hijo. –Esbozó una sonrisa–. Kai.

–Dime –respondió, viendo comer al niño.

–Gracias –dejó de mirar al niño para mirarle a él, viendo cómo Kai hacía lo mismo.

–¿Por qué?

–Por haberme ayudado cuando lo necesite. Por haberte casado conmigo. Por ser el padre de mi hija. Por decirme que me quieres y que me amas, todos los días. Por haberme hecho experimentar lo que es ser madre otra vez –enumeró con calma.

Kai sonrió ante esa enumeración–. Gracias a ti.

–¿A mí? –preguntó confundida.

–Sí. Por ser la madre de mi hija. Por quererme tanto. Por casarte conmigo y por darme el hijo que te tanto he deseado. –sonrió–. No me imaginaría la vida si tú no estuvieses a mi lado. Y no sería tan feliz, sino te hubiera conocido. –le explicaba con calma–. Me alegro de que nuestros destinos se cruzaran. Gracias a ti volví a conocer lo que es el amor y lo que es estar enamorado de alguien. Creo que no hubiera sido capaz de criar a Erika yo solo –confesó, mientras llevaba su mano hasta la mejilla del niño para retirarle un poco la mantita de la cara.

–Yo tampoco hubiera podido criar a Kelly sin tu ayuda. Y no sé lo que hubiera podido llegar a pasar si no te hubiese encontrado –comentó, refiriéndose a su antigua situación con Mark y su destino incierto.

–¿Sabes? Si a alguien se lo tenemos que agradecer es a Dios, por haber hecho que nuestros caminos se cruzasen ese día y formásemos una familia.

–Tienes razón –continuó Samantha–. Te amo. –le sonrió.

–Y yo a ti –contestó. Se acercó a ella y le dio un tierno beso en los labios, para luego separarse. Se miraron con complicidad y después miraron a su hijo. El fruto de su amor.

&FIN&

KAI&SAMANTHA

Espero que os haya gustado el final de esta historia. Gracias por sus reviews a todos aquellos que me siguieron desde el principio hasta el final.

Marian Tao de Hiwatari, Takaita Hiwatari, Edi, Lady Mary Hiwatari, Yana de Hiwatari y Kumiko. Espero no haberme dejado a nadie. Si fuera así, mis más sinceras disculpas.

Espero que si leéis este último capítulo no olvidéis dejarme un review. Y si alguien se mete en mi profile y descubre este fic al cabo de un tiempo, igualmente que me diga lo que piensa de la historia. Yo lo leeré encantada y me encantará recibirlo. ¿Ok?

Sólo me queda deciros, hasta pronto y cuidaos mucho.