Notas de una autora emocionada:

¡Pero cómo puede ser posible esto!. ¿Más de 15 reviews en el primer cap de mi PRIMER Draco-Ginny?

Ohhh, estoy tan emocionada... era más de lo que esperaba. Sobre todo por que cada review ha sido positivo y todos son alentadores, pidiendome que continúe la historia...

Y pues cómo no necesitaba en realidad que me lo pidieran, jeje... aquí está el cap 2. El cual espero que les agrade igual o más que el anterior... bueno, al decir verdad me conformo conque les guste un poquito y me sigan dejando sus críticas de todo tipo, las cuales serán siempre bienvenidas.

Advertencia: este cap, como muchos por venir... contiene escenas llamadas "lemon" o con alto contenido de alusiones sexuales... así que si no tienes la edad o el gusto para ello, pues estás a tiempo de dejar de leer!

Gracias a todos en general y espero de corazón que este cap les guste mucho... besos a todos!


Capítulo 2

Sabor a prohibido

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"¡Oh, prodigio del amor

que acaba de nacer en mí,

que me vea obligada a amar

a un enemigo detestado!"

Ginny terminó de subir las torcidas y deformes escaleras de su casa y abrió con la mayor suavidad posible la puerta del cuarto de su hermano Ron. Hizo esto mientras trataba de que la bandeja repleta de comida que traía desde la cocina no perdiera equilibrio en sus manos… su mamá la mataría si derramaba algo de ésta, y no la entregaba limpia y caliente a su destino final: el estómago del "desnutrido y flacucho" Harry.

Esbozando una sonrisa, la chica entró a la recámara y vio a su amigo sentado junto a la ventana con el rostro pegado al frío cristal, mirando deprimido la lenta caída de los copos de nieve en la tormenta invernal. Le causaba gracia el estado de ánimo del chico, pues ella sabía lo que el ojiverde pensaba… o mejor dicho, en quien pensaba.

Se quedó parada tras él con su desayuno en sus manos, intentando borrar su sonrisa burlona antes de que su amigo volteara y la viera… Pero no era que Ginny se estuviera riendo así descaradamente de Harry y del supuesto amor que sentía por Hermione, sino que…

Lo gracioso del asunto era que Harry estaba hechizado… había caído en las garras de una rara y curiosa maldición, que lo tenía obsesionado con su amiga de melena castaña y enmarañada, al grado de volverlo peligroso para ella… Por lo poco que Ginny había escuchado al respecto, sabía que no era propiamente amor lo que Harry profesaba a Hermione, sino una simple y llana pasión, lo cual lo hacía más patético todo… y como si eso fuera poco, la misma maldición ponía a Harry de un genio de todos los diablos, situación que era paródicamente aprovechada por sus hermanos para molestar al chico.

Pero a Ginny, Harry le daba un poco de lástima… se habían enterado por boca de Ron (quien supo por una carta que le mandó Hermione), que en Hogwarts harían una poción para curarlo, y todo volvería a la normalidad muy pronto… Así su hermano tendría el camino libre para con su amiga, pues aunque el pelirrojo nunca lo había confesado a nadie, Ginny creía firmemente que a su hermano le gustaba Hermione. Harry tendría que buscarse otra chica, por supuesto…

Suspiró tristemente al pensar en su novio… Dean, y lo aburrido que sería volver a Hogwarts después de las vacaciones de Navidad y enfrentar la posibilidad de seguir hastiándose de él o terminar ese noviazgo de una vez… se sintió culpable y un escalofrío la recorrió por completo al recordar la manera en que ella lo había traicionado la noche de aquella fiesta cuando el estúpido la había dejado sola y ella se había encontrado con…

-¡Ah, eres tú!... ¿Qué hay? –la saludó Harry desganado, percatándose de su presencia, e interrumpiendo la línea de su pensamiento.

Ginny caminó hacia él ofreciéndole la charola del humeante y aún caliente desayuno… le sonrió compasiva y Harry le devolvió una mueca curvada que ni siquiera intentó disfrazar de sonrisa… el chico otra vez estaba enojado. Como casi todos los días de la semana que había pasado con ellos.

Se sentó en la cama para acompañarlo mientras desayunaba, pero Harry empezó a comer en total silencio después de darle las gracias. No parecía tener ganas de conversar. Y Ginny justamente se moría por hablar… trataba de desviar sus pensamientos de la inquietante situación en la que se vio envuelta la víspera de las vacaciones… algo muy difícil de conseguir, pues su mente volaba terca hacia esos intensos momentos vividos con Malfoy…

-¡Merlín! –exclamó ella asustada, frenando su monólogo interno. Harry la miró extrañado, seguro creería que le faltaba un tornillo. Ginny le sonrió abochornada y le preguntó para disimular: -¿A ti te gusta el fútbol, Harry?... Porque. ¿sabes? a Dean lo tiene loco, y yo sinceramente no entiendo por qué… quizá tú que has vivido con muggles me sepas expli…

Y de ese modo, como lo venía haciendo durante todas las vacaciones, aprovechó la presencia de su casi-mudo amigo, para hablar como loca de tonterías (especialmente sobre Dean) con el propósito de distraerse y acallar a su mente que, necia, la hacía recordar y revivir esos momentos… unos minutos que la habían dejado marcada de por vida.

Pues esa noche, ella había hecho algo que nunca se había permitido hacer con ninguno de sus novios… y lo más aterrador del asunto era con quien lo había hecho… ¿Cómo, por todas las benditas mártires de Salem, había ella permitido aquello?

Notó a Harry de nuevo con la mirada perdida en la suave nevisca de afuera, ignorándola completamente… pero a Ginny no le molestaba en realidad. Resignada guardó silencio, pues sabía que su amigo no la estaba escuchando ya.

Con su latosa perorata era lógico que Harry se aburriera y no le hiciera caso, pero realmente lo que Ginny buscaba no charlar con él en particular, sólo deseaba distraerse ella misma… para no pensar… no recordar.

Suspiró otra vez y anheló ser de nuevo la pequeña enamorada de Harry Potter, el amable y valiente niño-que-vivó… Aunque él nunca le correspondió, ciertamente eso dolía menos que lo que sentía ahora.

Pero esos tiempos le parecían muy lejanos ya… habían pasado tantas cosas; se había dado cuenta que Harry nunca la vería como algo más que la hermana menor de Ron, por lo tanto, tuvo que dimitir y buscar romance con otros chicos… pero hasta ese entonces, nadie la había hecho sentir lo que su cuerpo y corazón experimentaron la noche que se encontró a su enemigo en un pasillo del castillo…

Asegurándose que Harry no la miraba, levantó su mano y deslizó con lentitud un par de dedos sobre sus labios, intentando reproducir la sensación ardiente que le habían provocado los besos de Draco… cerró sus ojos y se dejó perder en el recuerdo de aquella noche, sintiendo la felicidad hincharse en su pecho como un gran globo de helio.

Era tan fácil engañar a la mente y casi creer que él volvía a estar frente a ella y, que eliminando la distancia, dejaba caer suavemente su beso sobre su boca…

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… la cual se entreabrió apasionada en su espera. Ginny no cerró sus ojos al bajar Draco su rostro, ni tampoco lo hizo cuando miró que él levantaba un poco las cejas como requiriendo autorización, gesto que no duró ni una fracción de segundo, seguramente porque en la mirada de ella, él leyó una aceptación total.

Todo pasó tan rápido que Ginny lo lamentó… estaba perdida en los ojos grises de él… sin poder creer que tuviera por fin la oportunidad de verlos tan de cerca. Pero ese gusto le duró muy poco, ya que Draco cerró sus párpados y, sin soltarla del hombro desnudo donde la había sujetado con su mano helada, posó sus labios con completa y total delicadeza sobre los de ella.

Ginny no era una inexperta en el tema de los besos… pero esa manera de Draco la tomó totalmente desprevenida. Él tenía sus labios secos y glaciales, como cuando haces una carrera y jadeas tanto que el aire inhalado por tu boca los deja inertes y sedientos a su paso… ¿Es que acaso, todo en él… es frío?

Ella también cerró sus ojos para saborear con todos sus otros sentidos aquello que, extrañamente, se le antojaba a una fantasía… Tuvo la loca idea que si no veía lo que estaba pasando, ese momento en realidad no existiría, que sería como si estuviera soñando… Y eso estaba bien, pues en un sueño uno no es conciente ni responsable de lo que pasa. ¿verdad? Así que podría suceder cualquier cosa y Ginny no tendría la culpa.

Pero esos labios helados y suaves sobre ella no podían ser su imaginación… aún sin ver, el golpe de la cercanía de Draco la azotó como si alguien la hubiera arrojado con furia contra la pared.

Él empezó a succionar con suavidad el labio inferior de ella, y Ginny fue conciente de la tibieza de su boca… Draco apretó con fuerza el hombro de la chica mientras la tomaba del otro con su mano libre y Ginny aspiró un aroma a hombre que algunas veces percibió a la lejanía, pero que ahora se le metía por las fosas nasales de una forma casi violenta… Ese olor, su olor… era tan agradable, fuerte, seductor… era tan Malfoy.

Suspiró hondamente… se sintió feliz.

Apretó más los ojos, frunciendo el entrecejo… Esto es un sueño. Un sueño… no puede estar pasando. Draco no me está besando. ¿Por qué lo haría? Y lo peor. ¿por qué yo se lo permitiría?... Oh, Merlín, que bien besa, que bien lo hace… es delicioso.

Sintió la húmeda lengua de él introducirse con delicadeza entre sus labios, lo cual fue realmente perturbador… Abrió los ojos de golpe y, a pesar de la oscuridad y la cercanía, notó que el muchacho tenía sus propios ojos aún fuertemente cerrados, y el ceño totalmente arrugado… como si estuviera en medio de un gran sufrimiento.

Ella también se sentía así… eso que estaban experimentando era tan bueno que dolía. Sufres y gozas al mismo tiempo… así es tomar lo prohibido.

Aunque el beso que él le daba era tan intenso que casi la obligaba a cerrar sus párpados, ella se obligó a mantenerlos abiertos para poder admirar a Draco… Su cabello platinado caía en una fina y desordenada cortina sobre su frente, y Ginny tuvo el incontrolable antojo de acariciarlo, de conocerlo. Dejó caer su mantilla al suelo y al tiempo que Draco seguía indagando el interior de su boca con la lengua, ella llevó sus manos temblorosas hacia su cabeza…

Por vez primera sintió el tacto suave de su rubia melena y, maravillada por tener la oportunidad, introdujo sus dedos entre ella… peinándola con suavidad y delicadeza.

Con cariño… con ternura.

Aparentemente, a Draco este gesto lo conmovió de algún modo que a Ginny no le quedó claro, pues lo sintió exhalar fuertemente por la nariz como si suspirara…

Y entonces, audazmente, el chico deslizó sus frías manos por la espalda de la Gryffindor, hasta llegar a su cintura y apretarla con fortaleza… Ginny se estremeció de puro y salvaje placer al sentir las grandes y fuertes manos de él aferrarla de ese modo, y de nuevo cerró sus ojos para entregarse al disfrute de su beso.

El cual, Draco volvía más pasional y violento a cada segundo, confiando y sintiendo que ella le estaba correspondiendo… usando sus manos y su propio cuerpo, empujó con lentitud a Ginny hasta el muro más cercano a ellos… Ella tembló de frío al hacer su espalda contacto contra la dura y helada piedra de la pared.

Pero más se estremeció cuando una mano de Draco volvió a viajar desde su cintura hasta su nuca, haciéndola doblar un poco la cabeza hacia arriba… entendió que Draco lo hacía para poder besarla con mayor profundidad, pues su lengua se introdujo con ímpetu a explorar cada rincón de su boca y sus labios parecían querer devorarla.

Por primera vez, Ginny gimió… lenta y largamente.

No se percató de ello, pues estaba muy ocupada degustando la saliva de Draco; y asombrada, comprobaba que realmente sabía muy bien. Tenía un gusto a madurez y a experiencia que ella nunca había probado; era un sabor alucinante por ser el sabor a lo equivocado.

La mano de Draco que la oprimía por la cintura la abandonó momentáneamente para posarse sobre su cabello y acariciarlo con devoción… sintió su mano moverse de arriba abajo y hacerle la melena a un lado, al tiempo que el muchacho separaba sus labios de los de ella.

Por unos segundos se miraron a los ojos en silencio… Y, con dolor, ella supo que ése era el momento. El momento de aventarlo lejos, de gritarle algún improperio… de hechizarle por su atrevimiento.

Porque eso que ambos estaban haciendo, en el mundo que les tocaba vivir y en las vidas que el destino les regaló… estaba prohibido y errado. Equivocado… imposible de tolerar.

Pero no pudo hacerlo.

Miró tanta ternura y deseo en los ojos grises salpicados de vetas negras, que no pudo hacerlo… Sonrió conmovida. Sonrió ilusionada. Con la mirada le pidió que se atreviera a más, pues ella también lo deseaba.

Draco le gustaba tanto, tanto, que tenía el loco pensamiento de que, si pudiera, se metería en él… se fundiría en él. Ambos convertirse en uno… Él era tan fuerte, tan alto, tan bien parecido… besaba tan bien. ¿Cómo no desearlo?

Draco agachó su rostro de nuevo y Ginny supo que estaba perdida, que había dejado escapar su oportunidad. El muchacho se prendió de su cuello, besándola y mordiendo con frenesí… ella gimió complacida, pues cada mordida que él le daba la hacía estremecerse en placenteros escalofríos que la hacían desear más…

Sólo un poco más… dejaré que me bese un poco más y entonces lo detendré. ¡Oh mi Dios, es que esto se siente tan bien!… Por Merlín, creo que… sólo un poco más… y entonces lo quitaré y me iré, y nunca nadie lo sabrá…

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Draco podía sentir la piel de ella erizarse y estremecerse con sus besos, y él sabía que la estaba excitando… estaba seguro que ella accedería… Sólo un poco más y podré hacerla mía.

Sabía que su familia y su gente le repudiarían semejante aventura, pero no podía evitarlo… al fin y al cabo, nadie tenía porqué enterarse. Sólo sería una vez, sólo esa vez y la olvidaría.

Estaba seguro que una vez saciada su curiosidad y su deseo por esa chica, podría encontrar de nuevo la paz… La tranquilidad que había perdido aquella tarde en el tren al verla pasar. Con una vez… sólo una vez. Con eso bastará.

Intentó creer en eso y se aferró a ello, pues igual… ya no había vuelta atrás.

En ese punto, con Ginny contra el muro y besándola con pasión, era conciente sólo de una maldita cosa: que ya no podía parar. Al diablo todo, todo, todo… sólo quiero terminar con esta maldita obsesión.

Se sintió audaz y atrevido al escucharla gemir con pasión… abandonó su cuello para regresar a su dulce boca, y dejó de acariciar su suave cabello para posar ambas manos de nuevo sobre sus hombros.

Entonces, deslizó los tirantes de su vestido hacia abajo…

Casi dejó de respirar un momento, esperando su reacción. Estaba seguro que ahora sí ella lo embrujaría… pero pasaron los segundos, y para su total asombro, Ginny hizo algo que casi lo noquea de la impresión…

En vez de golpearlo o hechizarlo, ella retiró sus manos de la rubia cabeza de Draco y con ellas, tomó las manos de él. Con suavidad las quitó de sus hombros y en vez de aventarlas lejos como Draco pensó que lo haría, se las colocó encima de sus senos…

El muchacho jadeó fuertemente sobre su boca, a la vez que Ginny gemía satisfecha… Draco jamás esperó… nunca se imaginó, que ella fuera tan ardiente, tan arrojada. Pero bueno, después de todo. ¿quién se resistiría al encanto Malfoy?

Ciertamente todo pensamiento abandonó su mente… ésta se le nubló en medio del aplastante deseo que se despertó en su cuerpo al sentir bajo sus palmas los suaves y firmes senos de ella… pues a pesar de la tela de su vestido, claramente los apreciaba… los oprimió con suavidad arrancando gemidos en Ginny y provocando que sus pezones reaccionaran, irguiéndose bajo su caricia.

Concentró todo su ser en ese masaje, al grado que dejó de besarla… pero a la chica pareció no importarle tampoco, pues él la veía estremecerse bajo sus caricias. Draco separó su boca unos centímetros de la de Ginny, y conforme le oprimía y masajeaba su busto… emitía quejidos que aumentaban de intensidad a cada segundo, al igual que los de ella.

A pesar de todo lo que Draco había imaginado; a pesar de lo que había soñado que pudiera ser tener algo con la pelirroja… nada, absolutamente nada lo había preparado para lo que el chico soportaba en ese momento… realmente sentir su cuerpo era en mucho, más alucinante que la mejor fantasía y que cualquier experiencia que Draco hubiese tenido antes.

Y aunque la tela del vestido fuera delgada, y aunque se pudiera apreciar casi como desnudez… era obvio que no era tal, por lo que Draco deseó con toda su alma sentir la ardiente piel de ella. Tocar y besar, probar y saborear…

La excitación lo hizo presa fácil y fue víctima de la más terrible y dolorosa erección de la que tuviera memoria… sintió furia por ello; y deseó venganza… Con todas sus fuerzas juró que ella no escaparía sin ser suya.

Y entonces, un sonido como de rasgadura profanó la sinfonía de los gemidos que ambos emitían…

Los dos abrieron desmesurados los ojos, y Draco observó susto en la mirada de ella; las manos de él abandonaron sus senos mientras buscaba el origen de aquel ruido…

-¿Qué demonios fue…?

Bajando un poco la vista, comprobó que el vestido de la chica estaba más suelto, más holgado… y entonces, eufórico, supo que de algún modo, de algún maldito y mágico modo, el cierre de la prenda había cedido, facilitándole la tarea por venir…

Ginny pareció sorprenderse de aquello al igual que él, pero tal vez ella también lo hubiera estado deseando; pues se serenó rápidamente al caer en cuenta que había sido la intensidad del deseo en ambos lo que ocasionó tal acción en su vestido.

Adoro ser mago, pensó Draco mientras sonreía con picardía hacia Ginny… ella le devolvió, otra vez, la sonrisa. Pero ella lo hacía de un modo más sensual, más provocativo. Parecía invitarlo a buscar más.

Por supuesto, él no desperdició la invitación. Bajó su rostro hacia ella para besarla con renovada pasión… probó de nuevo sus tiernos y carnosos labios, con los que había soñado tantas noches; se maravilló otra vez de lo bien que sabía esa chica, parecía hecha de todas las frutas… Nunca creyó que alguien le pudiera gustar así.

Tomó su rostro entre sus manos… el bello rostro lleno de pecas con el que había soñado tanto y el cual se le antojaba tan suave y liso como la más fina seda.

Y mientras profundizaba lentamente su beso, deslizó sus manos desde sus mejillas hasta su espalda, con extrema lentitud. Claro, no había prisa… la noche era larga.

Encontró la abertura dejada por el cierre mágicamente desabrochado, y con delicadeza como si tratara con cristal, rozó apenas con las yemas de sus dedos la piel expuesta de su espalda. Ella tembló y la piel se le enchinó…

Draco introdujo sus manos bajo la tela del vestido y con locura, pues ya no podía controlar su deseo, las llevó de arriba abajo por la tersa piel de la espalda de ella… Ginny gimió en su boca y su cálido aliento lo hizo estremecer.

Se acercó más. Y la oprimió entre sus manos y la pared de un lado, y su propio cuerpo del otro… Draco gimió complacido al percibir sus turgentes senos bajo su pecho y el plano vientre de ella apretar su evidente erección.

Ginny pareció sorprenderse pues se sobresaltó y emitió un pequeño quejido de asombro. Era la primera vez que sentía una erección masculina, y Draco lo adivinó así… ¿Así que soy tu primera vez, pequeña?

No pudo evitar sentir una punzada de orgullo y felicidad por ello… encima tendría eso. Pero muy en el fondo, una oleada de miedo le sacudió el corazón. Sinceramente, no esperaba ser el primero en la vida de la Weasley, ya que eso complicaba un poco las cosas… Pero. ¿Qué había estado pensando? Por su edad debería haber supuesto que sería virgen aún.

Él no sabía lo que se sentía ser la primera vez de nadie… hasta ahora no lo había sido. Sus pocas experiencias habían sido con chicas ya aventajadas, así que saber eso lo hizo titubear… ¡Demonios, yo no quiero ese compromiso!

Inesperadamente dejó de besarla y, haciendo gala de su mejor fuerza de voluntad, se alejó de ella un paso… Y luego otro más.

Por un momento pareció recuperar la cordura y seguramente hubiera huido de ahí sino hubiera sido por lo que ella hizo a continuación…

Ya que cuando Ginny observó a Draco vacilar y alejarse de ella, presintió que todo terminaría tan abruptamente como había empezado. Y quizá fuera lo mejor, pero no era lo que ella estaba anhelando.

Se arrojó sobre el muchacho, y mientras con una mano lo aferraba de la nuca para bajar su rostro y besarlo… llevó la otra mano hacia esa parte de Draco que un segundo antes había sentido dura y firme contra su cuerpo. Y así, sobre la tela del pantalón de él, envolvió casi sin delicadeza un bulto que se le antojaba extremadamente rígido y caliente… y sin saber realmente lo que hacía, lo oprimió obteniendo un largo y ronco gemido de la garganta del chico.

Draco se dejó seducir por la inesperada caricia, ya que, independientemente de todo lo que ambos creyeran de lo equivocado que era lo que estaban haciendo en ese momento; era claro que el deseo y la pasión estaban tomando el control…

La lujuria llevaba a cabo un avasallante golpe de estado contra sus mentes y su razón.

La maniobra de Ginny dio resultado… el chico cayó de nuevo en las redes del juego, completamente trastornado por su roce y su beso. Sus dudas y miedos se fueron muy lejos, en un viaje sin retorno. Aunque mejor dicho, fue su cerebro completo lo que se bloqueó…

Sintiendo la necesidad de expresarle a la chica lo mucho que disfrutaba con su caricia, por primera vez, él se atrevió a romper el silencio que tácitamente habían guardado:

-¡Weasley!... –murmuró ásperamente sobre su boca, mientras la sujetaba de los brazos. –¡Por Merlín!… Eso… se siente… muy bien…

Draco emitía roncos quejidos con cada apretón que la chica le daba, y Ginny sonrió al descubrir lo mucho que estaba logrando con aquellos toques, en apariencia tan simples. El muchacho la besaba como desesperado al grado que ella sentía marearse por los besos que el rubio le prodigaba enardecido.

Ginny ni sabía si lo que estaba haciendo estaba bien o no, porque nunca antes lo había hecho… Pero por instinto, supo acariciar a Draco con la intensidad y firmeza que necesitaba para volverlo loco.

Él dejó de sujetarla por los brazos y llevó una mano a su espalda para atraerla de nuevo a él, y así ahondar sus besos… la otra mano se deslizó candente por su cadera y su muslo, llegando al borde de la tela de su prenda. Con las puntas de sus fríos dedos rozó la piel de su pierna y Ginny gimió… era hielo que quemaba como fuego. Descargas de electricidad, ganas de más…

Draco depositó la mano completa sobre su pierna y sintió que perdía la razón: la suavidad y tibieza de la piel de la chica era asombrosa y deslumbrante… desquiciado, llevó la mano hacia arriba por debajo de su tela, tratando que fuera con lentitud… y fracasando estrepitosamente en el intento.

Sintió llegar al final de su pierna… sus dedos tocaron otra tela, suave y con encaje. Gimió enardecido sólo de imaginar qué tipo de ropa interior usaría ella. Deslizó su pulgar sobre ésta y percibió calor y humedad. Supo lo que era y casi se desmaya de placer, sumado a las caricias que solícitamente Ginny seguía otorgándole sobre su parte íntima, y que lo estaban matando lento, aún sobre su pantalón.

Sabía que lo había logrado… que lo había conseguido. Ginny Weasley sería suya de un momento a otro, por fin… después de meses de desearlo. Y después, ya podría estar tranquilo, pues saciado su apetito la locura terminaría, estoy seguro de ello. Tendrá que ser así.

-Por un momento creí que me hechizarías, Weasley –masculló Draco, pensando en voz alta. –No creí que tú… como yo, desearas realmente esto

Ginny rió bajito y, separando su rostro del de él, le respondió divertida:

-Supongo que te mueres de ganas de experimentar de nuevo mi "mocomurciélagos", como en el despacho de Umbrigde el año pasado, cuando…

Repentinamente, ella se calló y su sonrisa se desvaneció. Dejó de acariciar a Draco y retiró su mano con celeridad, como si le quemara…

De inmediato, él supo porqué pasaba aquello.

Draco también recordaba esa ocasión, en el despacho de la entonces Directora de Hogwarts…. Él, miembro de la Brigada Inquisitorial… ella, ayudando a Potter a escapar del castillo rumbo al Ministerio dónde se enfrentarían con su padre y varios mortífagos más.

Draco percibió algo helado recorrer su cuerpo desde la cabeza hasta los pies, y supo que había empalidecido… aquella memoria le había vuelto de golpe y porrazo a la realidad de quien era él y quien era ella, y que NADA, absolutamente NADA… justificaba su relación. Sacó la mano de debajo de su vestido casi con brusquedad, asqueado de su propia debilidad.

Aún respirando superficialmente debido a la pasión, ambos se alejaron el uno del otro con lentitud… se miraban asombrados, como si por vez primera se dieran cuenta quién era en verdad la persona con quien habían estado a punto de hacer intimidad.

Draco la miró llevar sus temblorosas manos hacia atrás de ella y escuchó que abrochaba el cierre del vestido… Tragó saliva, sabiendo que había fracasado, que había perdido la oportunidad con ella, que todo estaba arruinado…

Su miedo se convirtió en furia y sin saber muy bien porqué lo hacía, sacó su varita y le apuntó a Ginny justo en la cara. Ella parpadeó una vez asombrada, pero no pareció asustarse ante su amenaza pues de inmediato lo miró desafiante, entornando sus castaños ojos.

-Una sola palabra de esto a alguien, Weasley… -murmuró Draco en un tono que él quería sonara a rabia, pero que en realidad era pánico. –Y te juro que te arrepentirás, maldita bruja resbalosa.

Ginny enrojeció casi hasta emular el color de su cabello, al tiempo que lo miraba con infinito asco e incredulidad. No le dijo nada, sólo se dio la media vuelta completamente digna y dueña de ella y, olvidándose hasta de su mantilla, se alejó a paso veloz por el corredor.

Él la miró irse, todavía jadeando sin control… continuó apuntándole con la varita hasta que ella desapareció de su vista.

Se asqueó de él mismo por su cobardía… y con espanto, sintió una frustración apoderarse de su cuerpo y de su alma, de una forma tan insoportable como angustiosa… al mismo tiempo que un dolor parecido al vacío se estacionaba en su corazón.

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Draco abrió sus ojos con enorme pesadez, al llegar al término del recuerdo de su acercamiento con la pelirroja Weasley… aún en ese momento, casi dos semanas después, no sabía si su metida de pata había sido lo mejor. Yo y mi bocota

Había dejado escapar la oportunidad de conseguir algo con ella gracias a su estúpido comentario… pero ahora trataba de convencerse a él mismo que eso lo había salvado de hacer algo de lo que pudiera arrepentirse después.

Se incorporó de la caja dónde había estado sentado, levantando una nube de polvo junto con él. Se sacudió su túnica y su pantalón, con la increíble certeza de que más se arrepentía ahora de haber dejado ir a la Weasley sin hacer nada con ella.

El simple y llano recuerdo de sus senos bajo sus manos lo volvía loco… revivir en sueños la experiencia de acariciar su aterciopelada espalda lo trastornaba… y ni se diga de sus labios, suaves y voluptuosos como un durazno. Se mordió los propios en un desesperado intento por negar el placer que los besos de la chica le causaron.

Extenuado por el trabajo el día, decidió dar por terminada la jornada. Se hacía tarde, y no le apetecía encontrarse al celador en el camino. Así que guardó su varita en su túnica y se dirigió a la puerta del Salón, recargando su oreja en la misma para asegurarse que nadie estuviera al otro lado al salir él.

Creyendo que el pasillo estaba despejado, abrió y salió del ya odiado lugar, encaminándose con lentitud hacia su sala común. Esa noche era sábado, y sabía que durante el día siguiente regresarían los alumnos que habían viajado a sus casas a pasar las fiestas… entre ellos, la Weasley, por supuesto.

Un sentimiento cálido y envolvente surgió desde su pecho al simple pensamiento de volverla a ver. Ni siquiera se preocupó por negarse a sí mismo la alegría que aquello le causaba, pues ahora más que nunca sabía que ya no tendría ninguna posibilidad con la pelirroja.

Tendría que conformarse con mirarla… y rogar por olvidarla.

Si hubiera sabido, por un solo momento, que a kilómetros de distancia de ahí, en una humilde casa de magos llamada "La madriguera"… la muchacha dueña de sus pensamientos estaba también añorando verlo de nuevo… seguramente su tristeza se hubiera convertido en esperanzadora melancolía cargada de miedo, pues inconcientemente sabía que lo que empezaba a sentir por Ginny era más que simple deseo.

Se había subido a un tren que no tenía regreso… y cuando se diera cuenta de ello, sería muy tarde para saltar.