Notas:

nota 1: Los quiero por leerme...

nota 2: Todos los caps tendrán al principio una cita de "Romeo y Julieta", de la fantástica autoría de sir William Shakespeare... ese libro me inspira, jaja!

nota 3: Sólo esperemos que Draco y Ginny no terminen como Romeo y Julieta..

nota 4: Gracias por sus reviews! Me hacen muy feliz, de verdad... Besos a todos!


Capítulo 5

El amor según Shakespeare

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"Considerado como enemigo, no podrá acercarse a ella…

pero la ocasión les dará los medios de encontrarse

y calmará su desesperación

con extremada dulzura."

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Desde las semanas anteriores a las vacaciones; en aquellos aparentemente lejanos días cuando ellos sólo jugaban a devorarse con la mirada, antes de empezar con desafíos más crueles entre los dos… Ya desde entonces no había sido nada fácil para Ginny guardar el secreto.

El secreto del sentimiento innombrable que sentía por Draco Malfoy. Ese que la hacía desear estar siempre cerca de él; que hacía que su día no estuviera completo hasta el momento en que notaba sus ojos grises clavados en ella, mirándola con fría pasión y desespero. Cuando dejó de ser un juego y se convirtió en su alimento, entonces dio inicio su sufrimiento.

Pero parecía que su corazón no deseaba en realidad esconder esos sentimientos, cuales fuera que fuesen, pues su subconsciente se rebelaba casi imperceptiblemente, de un modo tal que las miradas que le dirigía a él la delataban. Ginny a veces pensaba que las emociones que Draco despertaba en ella estaban guardadas en sus ojos, ya que estos parecían tener vida propia al momento en que el chico rubio estaba al alcance de su vista, en el mismo lugar. Su mirada marrón, anhelando liberar el secreto de su pasión, simplemente acosaba y seguía al muchacho sin disimulo ni vergüenza.

Pero por las noches, ya estando de vacaciones en La Madriguera; Ginny creía haber estado equivocada, y juraba que el secreto estaba escondido en su mente, pues ésta se empecinaba en recordar la noche del pasillo y, lo peor, en imaginar nuevas noches imposibles al lado de Draco. Sueños inoportunos la visitaban de madrugada, fantasías apasionadas que la llenaban de dolor impotente, pues por más que trataba de explicarle a su cerebro que nada de eso podría ser nunca, parecía ser sordo pues la ignoraba completamente.

Pero en los momentos del día en que no lo veía ni lo soñaba, Ginny juraba que el secreto estaba anidado, duro y profundo, en el fondo de su corazón. ¿Y por qué lo sabía? Pues porque éste le dolía, y estaba segura que el deseo que ella sentía por él se le enterraba cual estaca, produciéndole un malestar constante e insoportable, en especial en esos momentos de las vacaciones en que Draco no estaba cerca para constatar que seguía vivo… que aunque no fuera suyo nunca, saber que él aún existía… aún seguía cerca, ahí… casi a su lado.

Y a pesar de todo: de las miradas ardientes, de la noche insondable del corredor del castillo, de todos sus sueños prohibidos… Aún con la firme decisión de olvidarlo y enterrar todo lo que el muchacho despertaba en su ánimo, ella se sentía como un caldero a punto de ser rebasado por la poción hirviente que cocinaba, pues su secreto pesaba… y mucho. Y cual tumba clandestina, apenas superficialmente oculta, los secretos son susceptibles de ser descubiertos por aquellos que conocen bien el terreno.

Aunque nadie de su familia o amigos le hizo nunca mención de notar algo extraño en ella, no era que todos estuviesen ciegos. Había alguien en la vida de Ginny que pudo leer en sus ojos que su alma vivía algo… Algo agitándose por salirdel secretismo, por ver la luz de la comprensión de una mirada amistosa; escuchar unas palabras reconfortantes que brinden alguna esperanza aunque en realidad no haya ninguna… Eso era lo que Ginny necesitaba. Y fue justo lo que obtuvo precisamente después de haber dejado a Draco tirado y petrificado en la enfermería.

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Durante la comida, Ginny no pudo evitar escuchar el relato pormenorizado que Neville le brindó a cuanto Gryffindor lo quiso escuchar, acerca de las peripecias de Malfoy como globo aerostático en la enfermería… De de lo furioso que estaba por sus burlas y la manera en que Ginny se había compadecido al final y lo había bajado del techo al revertir el encantamiento de Harry (esto le valió un coro de pullas a la pelirroja de parte de sus compañeros de Casa: "¿Cómo desperdiciaron la oportunidad de soltarlo por una ventana?", preguntaba Ron incrédulamente), culminando con la narración del descubrimiento de un Malfoy misteriosamente petrificado, con la nariz rota y el labio partido.

Ginny sudaba frío al escuchar a su amigo contar lo sucedido, temiendo que él mismo o alguno de los oyentes atara cabos y se percatara que la pelirroja era la más perfecta sospechosa de haber dejado a Malfoy en ese estado. Neville les chismeó que cuando madame Pomfrey lo despetrificó, el Slytherin se había negado a acusar a nadie de la nueva agresión, por lo que la enfermera le restó importancia, igual que todos los Gryffindors presentes… En ese momento, lo vital para los divertidos comensales era que el pedante rubio había recibido un poco de su merecido y lo mejor vendría al día siguiente, cuando éste saliera de la enfermería y todos pudieran recordarle su hazaña como piñata viviente.

La chica Weasley picaba y removía mustiamente su carne y sus papas fritas con el tenedor, al darse cuenta que el hambre se había desvanecido y un sentimiento amargo de reproche la invadía al imaginar al vanidoso muchacho con semejante golpe en el rostro por la entera culpa de ella. Tragó saliva y un escalofrío la recorrió, al recordar la manera en que él la veía…

Cuando con inmensos trabajos, él se puso de pie y caminó vacilante hacia dónde ella estaba, explicándole inesperadamente que la chica que había besado por la mañana no era nadie para él… Como si fuera importante para Draco que Ginny lo entendiera.

Fuego brillando en sus ojos plata… La iba a besar; la hubiera besado… si la pelirroja no hubiese entrado en pánico.

Ginny hizo una mueca que nadie vio. En ese momento, su corazón se debatía entre el abatimiento y el remordimiento, pero el sentimiento de rencor que la había impulsado a petrificarlo antes que la hubiera tocado se había esfumado casi en cuanto lo miró caer al suelo completamente indefenso.

Atacó con furia una papa con su tenedor, haciendo que ésta saliera disparada y golpeara a Ron en la cara. Pero su hermano ni se inmutó, estaba muy ocupado en escuchar regodeado por décima vez a Harry contar el modo en que había inflado a Malfoy en los campos del castillo. Ginny no entendía su propio sentir; se suponía que debería estar gozando al saber que ella aún era deseada por él y que el beso que había compartido con aquella tipa había sido intrascendente.

Pero justo en el momento en que vio a Draco dispuesto a depositar su boca sobre la suya, todo el dolor acumulado durante la mañana sumado a la desesperante certeza que nunca podrían estar juntos, la obligaron a reaccionar de manera defensiva… y con varita en mano, lo primero que se le había ocurrido había sido detenerlo, petrificarlo…

Nunca se imaginó que caería con tanta violencia contra el suelo, y menos que se lastimaría tanto. Y siendo Draco tan vanidoso y cuidadoso de su persona, de seguro estaría furioso con ella por haberle hecho eso, por haberle arruinado su perfecto rostro… El pensamiento de saberlo enojado la atormentó sin piedad.

Sin terminar de comer, la chica se levantó y se marchó del comedor en completo silencio. Nadie le inquirió; después de todo, ninguno de sus compañeros de Casa la extrañaba demasiado en esa mesa; ni siquiera Dean, que también participaba entusiasmado de la noticia del día. Nadie de los ahí sentados era su amigo en realidad; aunque a veces solía conversar con Hermione o con Neville, el hecho que ellos fueran un grado más avanzados les impedía reafirmar lazos de amistad con la pelirroja.

Completamente deprimida, se encaminó al aula de Pociones, que era clase que tenía a continuación.

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Su única verdadera amiga era Luna Lovegood de Ravenclaw, pues con ella sí compartía el mismo grado y coincidían en muchas de las clases que tomaban. El modo de ser de la despistada rubia le gustaba, ya que era franca y no le importaba mucho lo que la gente opinara de ella… Ginny deseaba tanto ser un poco descarada y fresca, así como era Luna. Y más ese día en particular.

Esa tarde estaban elaborando el Filtro de la Paz en clase, y mientras agregaban polvo de ópalo a sus calderos en completo silencio, Ginny sentía el corazón tan inundado de sentimientos opuestos unos con otros, que creía que, a la menor provocación, estallaría en llanto… La necesidad de hablar con alguien de aquello la estaba sobrepasando.

-Oye Luna… -le dijo despacio, sin quitar los ojos de sus ingredientes en un intento de no parecer muy ansiosa. -¿Sabes? Yo tengo una prima… mmmh, ella vive muy lejos. Italia, creo. Pero mantenemos correspondencia… Y me ha contado que… bueno, pues tiene unas dudas; ya que ella cree estar enamorada…

Se interrumpió. ¿Enamorada?… ¿En qué demonios estaba pensando?

-¡No, espera! –exclamó la pelirroja ante la mirada divertida de Luna. –Ya recordé que no me dijo "enamorada"… más bien, era…

¿Qué era?, se preguntaba Ginny. ¿Obsesionada?. ¿Encaprichada?... ¿Lujuriosa?. ¿Qué demonios era lo que estaba?

-Enamorada… -reafirmó Luna, mientras añadía con cuidado dos gotas de jarabe de eléboro en su humeante caldero. - Y entonces. ¿qué problema hay? Enamorarse es bonito…

-Bueno, la palabra exacta no era "enamorada"… pero no importa –Ginny había perdido todo interés en trabajar en la poción del día, pero para su buena suerte el profesor Slughorn no parecía darse cuenta. De hecho, ni ella tampoco. Continuó: –El problema es que el chico en cuestión, con el que ella quisiera estar. ¿tú entiendes, verdad? Del que ella está… ¡lo que sea que esté! Bueno, pues él es… él es un…

-¿Un espía del Ministerio?. ¿Un hombre lobo?. ¿Un come-duendes?

-¡No, Luna! Él es su enemigo… bueno, no exactamente de ella, sino de su familia. Sus familias son como… rivales. Y ella no sabe… ella pensaba que lo odiaba, pero cuando se vengó de una afrenta, de un insulto que él le había hecho… en vez de sentirse satisfecha, se sintió muy miserable.

-Pues claro. –dijo Luna mirando de un modo curioso a Ginny. –Si estás enamorada de él, como esperabas disfrutar haciéndole daño…

-¡Un momento! –la interrumpió Ginny muy nerviosa. –No estamos hablando de mí. ¿recuerdas? Es sobre mi prima, de Irlanda… ¡Quiero decir, de Italia!

-Aja… bueno, el punto es que el amor así es¿no? Un poco contradictorio… O un mucho… "El amor es un sentimiento preñado del juicio y de locura. Es un amargo veneno que mata y a la vez un dulce bálsamo que cura" –recitó la chica Ravenclaw muy seria.

Ginny miró risueña a su rubia amiga, olvidando un poco su tristeza, y le preguntó:

-¿De dónde sacas eso?

-Shakespeare lo escribió… ¿nunca lo has leído?

-La verdad que no… los escritores muggles no me atraen. Y las novelas de amor me parecen… aburridas –concluyó Ginny suspirante.

La pelirroja batía su Filtro de la Paz a medio hacer con gran desgana, creyendo vislumbrar en la líquida pócima el pálido rostro de Draco e imaginando sus heridas causadas por ella misma… Luna la seguía observando sin borrar una sonrisita enigmática de su cara. Le dijo:

-Sigo sin entender cuál es tu problema… Digo, el de tu prima.

Ginny la miró aprensiva y suspiró fuertemente antes de decir: -¿Cómo que cuál es el problema?. ¿Cómo puede ella tener algo con alguien que jamás será aceptado por su familia y ella tampoco en la de él? Para empezar, ni siquiera debería haberse fijado en él. Se supone que lo odia… ¿cómo le puede atraer alguien que le ha hecho daño antes?

-¿Y quién le dijo a tu prima que en el corazón se manda? El amor llega sin avisar y ya –dijo Luna con voz de gran experiencia. –No le importa nada: que sean enemigos o no, o que esté ya con otra persona, o… nada.

-¿Y qué me sugieres, Luna? Quiero decir. ¿qué sugieres para mi prima? –preguntó Ginny inquieta.

-¿Yo? Bueno… no lo sé. Quizá que simplemente deje que las cosas fluyan… podrían empezar con una amistad, no importa que sea a escondidas. Después de todo, el sombrero nos sugirió una mayor unión entre las Casas de Hogwarts.

Ginny empalideció. -¿Casas?. ¿De qué hablas, Luna?. ¡Si mi prima no estudia en Hogwarts!

-Honestamente, Ginny… ¿quién habla de tu prima?

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El hecho que Luna supiera el secreto de Ginny y no le hubiera reprochado nada ni le soltara un discurso sobre la traición que estaba cometiendo al sentirse atraída por Draco Malfoy, calmó por mucho el ánimo de la chica Gryffindor. Quizá, al final, no fuera tan terrible como había imaginado… o tal vez (y más seguramente) su amiga estaba tan loca que nada la sorprendía ya.

No mencionaron nombre, pero Ginny estaba convencida que Luna sabía que hablaban de Malfoy. ¿De quién más si no? Durante toda la tarde estuvo debatiéndose en el conflicto de ir a verlo a la enfermería a pedirle perdón o dejar las cosas como estaban ya… Después de todo, si Draco estaba molesto con ella y no tenía intenciones de besarla nunca más… ¿No era más sensato aprovechar eso y alejarse de él?

Accediendo a un frío golpe de sentido común, tomó la decisión. No hablaría con Draco. Ni esa tarde ni nunca más. Punto final.

Pero como si el universo se regocijara con el dolor de ambos, algo parecía mover las piezas del destino empeñándose en verlos juntos de nuevo, pues más tarde pasó algo que hizo a Ginny cambiar de opinión.

Bajó tarde a cenar, casi obligada por su conciencia pues mucha hambre no sentía en realidad. Y justo al atravesar las puertas del Gran Comedor, se cruzó con las insoportables Pansy Parkinson y Millicent Bulstrode, quienes venían saliendo ya. Distraída como iba, chocó de frente con Pansy, provocando que dejara caer al suelo un objeto que traía en las manos.

-¡Fíjate, estúpida cabeza roja! –le gritó indignada mientras se agachaba a recoger una cajita lindamente adornada, que ostentaba el nombre de una prestigiosa casa de chocolates del callejón Diagon.

Ginny la hubiera ignorado y seguido su camino si no hubiese escuchado lo que Pansy le dijo a Millicent después de recoger los chocolates:

-¡Maldita Weasley! Qué suerte que no se han desparramado… sino. ¿cómo se los hubiera regalado a Draquito todos llenos de polvo?. ¿Tú crees que no note que están hechizados?

Millicent le respondió algo que Ginny no alcanzó a escuchar, pues ambas Slytherins se estaban alejando ya por el pasillo, con rumbo a la enfermería dónde Draco aún estaba internado. ¿Chocolates hechizados para Draco?. ¿Con qué tipo de encantamiento sería? Acaso. ¿una… poción de amor? Después de todo, no era un secreto que Pansy arrastraba una pasión por el rubio que él no le correspondía para nada.

Embargada por la curiosidad, en vez de entrar al Comedor Ginny siguió a las desagradables chicas por los pasillos, manteniendo una distancia considerable y escondiéndose detrás de las armaduras para no ser vista por ellas.

Las observó entrar a la enfermería y esperó. Al cabo de unos minutos que no fueron muchos, salieron muy contentas. Ginny se apretujó detrás de una estatua polvorienta al ver que se acercaban a ella, y al pasar oyó decir a Pansy muy satisfecha:

-Está hecho, Milly… en cuanto coma uno sólo de esos chocolates, se volverá loquito por mí. Y le he dejado una nota dentro de la misma caja dónde le digo que lo estaré esperando en la sala común… y te puedo apostar cien galeones a que se escapará de la enfermería durante la noche para acudir a nuestra cita… -se rió malévola y agregó: -Una sola noche bastará… con eso no podrá negarse a ser mi novio por la mañana.

Ginny se estremeció de la rabia al escucharlas a ambas reír presuntuosas, horrorizada de que Pansy fuera capaz de recurrir a pócimas de amor para lograr un acostón con Draco. Repentinamente, se enfureció y decidió evitar eso… No era justo para Draco que lo obligaran a hacer aquello, pues era un acto que tenía que ser recíproco…

Convenciéndose a ella misma que era sólo un sentimiento de justicia lo que la movía y no otra cosa, se encaminó muy resuelta al interior de la enfermería. Pero en cuanto puso un pie dentro su seguridad se desvaneció… Vio a Draco recostado en la misma cama de la mañana, pero ahora estaba cubierto por un cobertor y la infame caja de chocolates, aún cerrada, estaba en su mesita de noche, aparentemente ignorada. Tenía los ojos clavados en la ventana de enfrente, mirando la oscuridad de la noche a través del cristal opaco. Lucía sumamente triste y Ginny se conmovió.

Y aún más cuando notó una herida en el labio inferior del muchacho… una oleada de arrepentimiento le atravesó el cuerpo como si la sangre se le hubiera congelado. No debí haberlo petrificado; debí hacer otra cosa, como simplemente salir huyendo… Se dijo a ella misma que era tarde para pensar eso, que lo hecho, hecho estaba… pero no pensaba pedir una disculpa, después de todo, Malfoy la había llamado "maldita resbalosa" y nunca mostró señales de querer pedirle perdón.

Ella se aclaró la garganta sonoramente para llamar la atención del chico. Draco volteó hacia ella y su semblante se arrugó. Frunció el cejo en una clara mueca de disgusto, y su boca se convirtió en una línea recta. La chica pudo percibir un golpe en su pecho: el corazón le dio un doloroso vuelco.

Envalentonándose, Ginny caminó hacia él. Estaba determinada a decirle la verdad sobre el regalo de Pansy porque era su deber. Y después, que Malfoy hiciera lo que quisiera.

Llegó a su lecho y se detuvo… Ninguno de los dos decía nada, y el rubio parecía dispuesto a no volverle a dirigir la palabra. Sólo la miraba con desdeñosa frialdad, situación que a Ginny lastimaba en verdad, pero por el momento intentó hacer ese dolor a un lado… ya tendría tiempo de deprimirse después.

Pretendiendo ignorar la ternura que le causaba ver al chico magullado y postrado en una cama; y evitando con todas sus fuerzas las ganas de tocar su platino cabello, el cual caía en mechones despeinados cubriéndole la frente hasta los ojos; abrió la boca y suspiró.

-Malfoy… -susurró insegura. –Tengo que decirte algo.

-¿Vienes a suplicar mi perdón? –dijo él por fin sonriendo un poco, en su habitual forma arrogante y torcida que a Ginny le gustaba tanto.

-¡Por supuesto que no! –exclamó ella queriendo parecer indiferente a su mirada y sonrisa. –Te tienes bien merecido lo que pasó –afirmó orgullosa.

-Entonces… ¿qué demonios quieres? –le preguntó el muchacho dejando de sonreír e incorporándose un poco. Se acomodó dolorosamente hasta quedar sentado.

-Esos chocolates… -empezó Ginny, tratando de no flaquear ante el hecho que él ya no le sonreía más. –tienen pócima de amor y una nota. Pansy se las puso, planea que los comas y entonces te esperará en la sala común y…

-¿Y? –la interrumpió él con su dureza acostumbrada. -¿Eso a ti que te importa?

Ginny abrió la boca sorprendida de su reacción molesta. Se había imaginado que le gustaría estar al tanto, que quizá hasta le diera las gracias por el dato, pero jamás pensó que le contestaría algo así.

-Yo… pensé –balbuceó ella nerviosa. Se arrepintió con toda su alma de estar ahí, hablando con él. –Pensé que como ella no te interesaba, no era justo que te obligara de esa forma… a hacer algo que… que…

Se silenció dudosa… miraba los ojos de Draco, intentando encontrar calidez en el hielo de su gris mirar. Pero no había tal. Sintió mucha nostalgia y añoró los días en que entre ellos sólo había miradas de ardiente pasión. Pero esos tiempos no volverían jamás, el juego había terminado ya.

Se exasperó de repente. ¿Qué hacía ahí ella con él? Sólo se estaba haciendo daño… tenía que salir. Justo cuando daba un paso hacia atrás para encaminarse hacia la salida, Draco le habló de un modo imprevisiblemente seductor:

-Me parece, Weasley… que tú estás celosa.

Ginny rió burlesca, pero en el fondo sabía que así justamente era. Se había encelado a tal grado que no pudo quedarse de brazos cruzados para permitir que Pansy obtuviera a la mala manera algo que no le correspondía… Algo que Ginny deseaba desesperanzada sólo para ella.

-Piensa lo que quieras, globito. Yo sólo creí que era mi deber moral ponerte sobre aviso. Pero allá tú… si eso es lo que quieres, Pansy está esperándote deseosa en tu sala común.

-En ese caso… -dijo Draco suavemente y cogió la caja que estaba a su lado. Ginny abrió desmesuradamente los ojos y un escalofrío de terror la recorrió… ¿de verdad iba a comerlos?

Draco abrió la caja con lentitud, como saboreando la angustia que le causaba a la chica pelirroja con su proceder… La miraba de reojo, disfrutando su malamente fingida apuración. Se rió entre dientes, y pensó que la venganza era muy dulce en verdad. Los hermosos chocolates quedaron al descubierto, y una pequeña nota de pergamino descansaba sobre ellos.

Para espanto de Ginny, el chico tomó el mensaje de papel con algo que parecía cariño, lo desdobló y leyó. Una enorme sonrisa le iluminó en rostro, desolando a la chica. Pues. ¿no que no quería nada con Pansy?. ¿Qué diablos pasaba?

-Mira –le dijo Draco pasándole la nota.

Sin saber exactamente porqué lo hacía, quizá por inercia, Ginny la tomó y la leyó. Las tripas se le retorcieron de celos y náuseas… la carta estaba llena de palabras empalagosas y era una clara invitación a pasar toda la noche juntos y no precisamente estudiando. Pansy esperaba a Draco en su sala común a medianoche, para que él pudiera escapar de la enfermería sin que madame Pomfrey lo descubriera.

Se preguntó porqué Draco se la había mostrado, y levantando la vista hacia él, le arrojó la carta a la cama con un movimiento despectivo.

Entonces, descubrió con horror que faltaban ya un par de chocolates en la caja y que Draco estaba masticando algo… ¡se los había comido a pesar de su advertencia!

-¡Qué terco eres, Malfoy!. ¡Ahora estarás hechizado por Parkinson! Y… -tragó saliva mortificada, no quería ni pensar lo que pasaría. -Terminarás comprometiéndote con esa zorra…

Draco abrió mucho sus ojos, levantando sus cejas y brindándole una gran sonrisa burlona a Ginny… y le dijo triunfante:

-Sí, ahora que lo mencionas… justo no deseo otra cosa en mi vida más que estar con ella… Y no la vuelvas a llamar así en mi presencia –cerró los ojos extasiado y suspiró jadeante para después murmurar: -¡Merlín! Creo que Pansy es el amor de mi vida…

Ginny se peleó contra las ganas de dejarse ganar por la pesadumbre y llorar; o por la furia porque el rubio no había tomado en serio la magnitud de tomar la pócima vertida en los chocolates por Pansy. ¡Maldito estúpido! Ahora… ahora… ¡Merlín, se acostará con ella! Tuvo la pronta resolución de salir de ahí porque no estaba segura de poder evitar el llanto por mucho tiempo más.

Y exactamente eso hizo. Sin decir una sola palabra más y con el rostro ardiendo en indignación, se dio la media vuelta y caminó veloz hacia la salida. Justo al atravesar la puerta escuchó a Draco gimotear con una voz extrañamente enronquecida:

-Pansy, Pansy… ¿Cómo poder esperar hasta medianoche para verte?

Sin poder resistir más la certera premonición de lo que Draco y Pansy harían esa noche en su sala común, Ginny empezó a correr desbocada, como si al alejarse de la enfermería pudiera también dejar atrás los sentimientos de celos, rabia y frustración que la estaban poseyendo.

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Las horas que siguieron fueron para Ginny, sino las peores de su vida, por lo menos sí unas de las más angustiosas que recordaba. Porque concluyentemente era aflicción y dolor lo que sentía. La carcomían los nervios tal cual una babosa a una mandrágora… no cesaba de observar el reloj de la sala común sintiendo el corazón palpitar punzantemente cada vez que notaba que faltaba menos para la medianoche… Se pasó todo el tiempo fingiendo que hacía una tarea de Historia de la Magia, lo que le sirvió de excelente pretexto para no pasar ese tiempo con Dean y quedarse rezagada cuando todos sus compañeros empezaron a retirarse a sus habitaciones a dormir.

Pero en el pergamino que tenía sostenido sobre el libro, no había escrito nada relacionado con ningún deber de la historia de la Legislación Mágica… aún así, garabateaba de modo inconsciente sobre él para aparentar que hacía su trabajo. Por fin, Harry y Hermione que, como siempre, eran los últimos en subir, se despidieron de ella. Su hermano Ron se escabullía mucho más temprano que todos, y Ginny tenía la sospecha que lo hacía para escapar de los tentáculos de su fastidiosa novia Lavender.

Suspiró fuertemente cuando por fin estuvo libre de cualquier mirada curiosa y se sintió a sus anchas para que su creciente preocupación saliera a flote. Miró el pergamino pintarrajeado que tenía en la mano, y casi se muere del susto al descubrir lo que estuvo escribiendo en él sin darse cuenta… Si alguien lo hubiese leído... ¿qué diablos me quedaba por decir?

Draco… D. M.… G. y D. Todo eso garrapateado una y otra vez, sobreponiéndose unos sobre otros… pero perfectamente legible y claro como el agua. Draco Malfoy. Ginny se estremeció de congoja. ¿Por qué pasaba esto?. ¿Qué maldito hechizo la tenía así por él?

Para ser sólo deseo y obsesión, ya se estaba sobrepasando. Esto ya se había convertido en algo más íntimo… Era extraño, pero completamente real. Ginny se levantó de repente, haciendo que su libro cayera al suelo. Pero alcanzó a tomar el pergamino que se onduló en el aire por un momento. Lo estrujó con enojo, y caminando hacia la chimenea, lo arrojó al moribundo fuego. Se desplomó sobre la alfombra para quedar sentada frente al hogar, y mirar como su papel era poco a poco devorado por los leños incandescentes que aún en él ardían.

Tuvo la tentación de voltear a ver el reloj de nuevo, pero se resistió. No necesitaba hacerlo, sabía que faltaba poco para la hora maldita… la hora que Draco se escaparía para reunirse con esa bruja tramposa, mala perdedora… La pelirroja tembló del rencor y la envidia… se imaginó a la odiosa Slytherin deslizar sus manos ilícitas por la blanca piel de Draco. En su mente vislumbró la odiada escena, dónde ella probaría el fresco sabor de su boca, dónde conocería de modo completamente moroso e ilegal el bien formado cuerpo del chico… y él, sintiendo un deseo que en realidad no existía, haría suya a esa estúpida… implicándose con ella sin quererlo en verdad.

¡Pero él lo sabía, yo se lo dije y aún así…! Los comió… ¿Por qué? Y como si una Ginny más fría que viviera dentro de ella le hubiese respondido, su propia voz dijo:

-Por molestarme.

¿Sólo por eso? No me la creo… Aunque Ginny tuvo que reconocer que cualquier hombre se sentiría ofendido si al acercarse a una chica, en vez de recibir un beso fuese petrificado y abandonado en el suelo, y sobre todo, alguien tan engreído como Malfoy, pero aún así… Todo era tan extraño con él, pareciera que la odiara y la deseara a la vez. Y lo peor era que ella sentía lo mismo…

Cuando lo veía, sentía una atracción casi irrefrenable que la hacía desear tocarlo y dejarse tocar por él; y exactamente al mismo tiempo, ganas de abofetearlo por el daño que le hizo con sus palabras y por el mismo aborrecimiento a sus destinos que les impedían cualquier unión entre ellos.

-¿Por qué?... ¿Por qué tenía que ser él?

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Draco no podía dormir; la emoción y la impaciencia dominaban su cansancio y su dolor. Miraba expectante el reloj colocado alto en un muro de la enfermería… Por fin: las doce menos diez. Madame Pomfrey hace mucho que se había retirado a descansar a su despacho, después de administrarle al muchacho una pócima para sanar su cuerpo maltratado de tanto golpe recibido… Afortunadamente, la nariz rota se la había aliviado con tan sólo un movimiento de varita. Draco bufó de indignación al recordar el infernal día que por fin terminaba, en su vida se había sentido tan humillado...

Pero la recompensa ahora vendría… sonrió de un modo que no hacía muy a menudo: no con presunción, sino con dulzura. La verdad era que se sentía ilusionado; y ese era un sentimiento raro en él, bastante escaso en su oscura vida. Mientras se levantaba intentó recordar algo de su pasado que lo hubiera hecho sentir tan ansioso como ahora… y no pudo acordarse de nada. Sólo la chica Weasley lo hacía sentirse así: vivo. Con ganas de seguir… porque con ella abrigaba algo, no sabía qué. Podían ser esperanzas, falsas y vanas tal vez. Pero al fin y al cabo, esperanzas.

Tuvo miedo de estar equivocado y que ella no fuera a impedir su cita con Pansy… Si Ginny venía, sería la prueba de fuego… de lo que ella pudiera sentir hacia Draco. Temblando de frío y ansiedad, se desprendió de su cobertor y bajó de su cama despacio. En ese momento vestía solamente unas pijamas que la enfermera le había proporcionado, y el frío de la noche invernal se le colaba por la delgada tela. Maldijo la suerte de no tener nada a la mano con que abrigarse por el momento; todas sus ropas habían sido rotas con el ataque de Potter, y los elfos del castillo las estaban reparando.

Pero aún así, abandonó su tibio lecho y se encaminó a la puerta. Esperó confiado que madame Pomfrey no hubiese cerrado con magia por que no llevaba consigo su varita; también la tenía la mujer en su despacho, le había dicho que se la entregaría en la mañana, cuando estuviese dado de alta. Cuestiones de seguridad, le dijo. Ni que me fuera a hacer el Avada Kedravra yo mismo, pensó sarcástico… aunque a veces ganas no le faltaban.

Giró el picaporte y sintió alivio, ya que éste le respondió y la puerta se abrió. Pero Ginny no estaba afuera… Miró a lo largo del oscuro pasillo y no la vio; la decepción le recorrió el cuerpo como hiel en las venas… con amargura. Entonces. ¿de verdad a ella no le importaba?

Draco no estaba hechizado, pues no había comido los chocolates en realidad. Se había aprovechado de la distracción de Ginny cuando estaba leyendo la nota para tomar un par y esconderlos bajo las sábanas, y así fingir que estaba bajo los influjos de la poción de amor y así, tener los medios para averiguar que tanto era capaz de hacer la pelirroja al respecto…

Pero por lo visto, no haría nada. El muchacho se apoyó en el marco de la puerta, bastante deprimido y cansado como para sostener el peso de su propio cuerpo. Bajó su rostro al darse cuenta que, aunque doliera, eso era lo mejor. Mi mente sabe que es lo mejor, pero mi cuerpo me grita que necesita estar a su lado… ¿Por qué diablos…?

Pensó en regresar a la cama y hacer el esfuerzo por dormir un poco, ya que nunca planeó en verdad ir a hacer nada con Pansy… ni que estuviera loco. Si no era con Ginny, no le apetecía nadie más… se rió de él mismo, pensando que antes, jamás había creído en la fidelidad.

Recordó la noche anterior, cuando él vio a Ginny besarse con el moreno… Ahora tuvo el funesto presentimiento que ella en verdad se entregó a su novio y el simple pensamiento lo doblegó. Jadeó sin poder admitirse a él mismo el porqué eso le dolía tanto, después de todo ellos eran novios y Ginny no era para Draco… ¿Por qué no lo podía entender de una maldita vez?

-No dejaré que lo hagas, Malfoy.

Draco levantó tan rápido su cabeza que se lastimó el cuello, sobresaltado al escuchar la voz de ella. Y no era su imaginación… Ginny estaba ahí, plantada delante de él con su uniforme aún puesto y su varita al ristre, lista para detenerlo. Una onda de choque recorrió su cuerpo entero, pero era tan cálida y reconfortante que el abrupto cambio de temperatura lo hizo estremecer por completo. Pero siendo un Malfoy de casta y abolengo, ni una sonrisa surcó su rostro… se mantuvo impasible, ocultando sus sentimientos y la enorme alegría que la presencia de la Weasley le producía.

-¿En serio? –le preguntó chocante, manteniendo su papel de hechizado. -¿Y qué harás al respecto?

Ella no respondió de inmediato, sólo se mordió los labios como analizando las posibilidades.

-Bueno, yo tengo una varita y me parece que tú no, así que… Vuelve a tu cama si no quieres romperte de nuevo la nariz contra el suelo.

Ginny le dijo esto con tanta seriedad y determinación, que a Draco no le cupo ninguna duda que ella no estuviese bromeando.

Pero a él, la decisión tomada por ella de atreverse a hechizarlo con tal de que no cayera en las redes de Pansy le hacía de verdad mucha gracia, estando a punto de perder la compostura y soltar la risa en su cara. Se tuvo que cubrir su rostro con ambas manos para que Ginny no descubriera la sonrisa que se obligaba en sus labios… Meneó la cabeza en un gesto negativo mientras actuaba lloriqueando:

-No, no… ¡Por favor, Weasley!. ¡Déjame ir!... ¡Pansy me espera!

Pensó ufano que de verdad tenía madera de actor… a través de sus dedos pudo ver la expresión de Ginny, y regocijado se percató que era de auténtico pavor.

-¡No, Malfoy! Entiende, por favor… -empezó a susurrar ella, con el tono que emplearía con un niño pequeño que se empeña en tomar un dulce prohibido. –Recuerda que estás bajo un encantamiento, en realidad tú no quieres… -arrugó el cejo antes de decir: -Tú no quieres hacer eso con ella… ¡Lo sé y sé que tú también lo sabes!

Eso fue más que suficiente… Draco retiró las manos de su cara y la enfrentó. Dejó a un lado su actuación de niñito hechizado y la miró con grandes esperanzas. Lo que había pensado imposible, ahora se revelaba ante él… Y le estaba produciendo un éxtasis que no pudo disimular más:

A Ginny le importaba Draco. ¡Yo le importo!, se repetía en la mente, casi sin poder creerlo.

-¿Por qué te importo, Ginny Weasley?

La pregunta fue hecha con un tono tan ronco y pasional, que la chica parpadeó sorprendida. Quizá esperaba que Draco se rebelara, protestara y hasta peleara por conseguir irse con Pansy, pero seguramente jamás imaginó que le cuestionaría eso.

-¿Po-por qué, qué? –tartamudeó nerviosa.

Draco sonrió; no tenía caso disimular más. El telón estaba cerrado ya, la actuación había finalizado. Ahora que sabía la verdad, podía morir esa misma noche y lo haría tranquilo. Feliz.

Quizá Ginny, justo en ese momento, se dio cuenta que él la había engañado, porque le afirmó, asustada:

-Tú no estás hechizado, Malfoy. ¡Me engañaste!... Pero. ¿cómo? Si yo te ví comer los chocola… ¡Ah!

La sonrisa de Draco se hizo más amplia cuando Ginny cayó en cuenta de todo… Aún en la penumbra del corredor, él observó cómo sus mejillas se encendían y empezaba a respirar entrecortado.

-¡Qué golpe bajo, Malfoy! –dijo ella, alejándose un paso. –Bonita broma. ¿eh? Deberías dedicarte a ser payaso.

Antes que se alejara más de él, Draco estiró su brazo con agilidad y la atrapó de la muñeca con rudeza… no pensaba dejarla escapar ahora que sabía la verdad. Ginny retorció su brazo para liberarse, pero fue en vano.

-No te voy a dejar ir hasta que me respondas, Weasley… ¿Por qué te importo?

Miró a Ginny tragar saliva y podía jurar que la chica estaba sudando… Draco aflojó un poco su puño, se sentía incapaz de lastimar la piel que él añoraba llenar de besos y caricias desde hacía tanto. ¡Merlín, cómo la deseaba!. ¿Por qué la quería con esa fuerza?. ¿Por qué sentía que el corazón se le detendría en ese preciso instante si no la abrazaba y la sabía sólo suya, sin que novio, Casas, familias, apellidos ni nada se interpusiera entre ellos?

-Respóndeme Ginny… -le murmuró vehemente.

Ella levantó las cejas sorprendida y dejó de pelear contra su mano. Draco no se dio cuenta el porqué de su cambio; no fue consciente que la había llamado sólo por su primer nombre, algo que jamás había pasado entre ellos.

-No me importas –masculló Ginny, pero su voz sonó tan falsa que ni ella se convenció. –No me importas en lo absoluto –repitió igual de insegura.

-No te creo –replicó él con voz y mirada triste. –Si no te importara no me hubieras ayudado; pero lo hiciste. Me auxiliaste en la mañana, revirtiendo el hechizo de Potter. Y más tarde, viniste a ponerme sobre aviso de los chocolates de Pansy, que de cualquier forma no hubiera comido porque maliciaba que haría algo así. Y ahora… -la miró apasionado, perforando con sus ojos la coraza de negación que ella se había colocado. –Estás aquí por eso, porque te importo. Querías evitar que cometiera un error con la cara de perro…

-Sí, pero… no es por… -empezó a explicar ella, pero se interrumpió cuando él le asió la otra muñeca con la mano que le quedaba libre. La varita de Ginny cayó al suelo, cuando ella se sintió demasiado débil como para seguirla sosteniendo.

-Una de dos: o te importo tanto como para arriesgarte a estar aquí cuando no debes; o es que estás celosa y estás cuidando lo que te pertenece. … O ambas. ¿Verdad, Ginny Weasley?

La chica abrió la boca dispuesta a negar todo, pero se enmudeció… pareció analizar las palabras dichas por Draco y el significado encerrado en ellas se le develó causándole impresión.

-Dijiste… -susurró ella un momento después. -¿Lo que me pertenece? –Draco asintió con una sonrisa leve y Ginny continuó casi sin voz: -Quieres decir… que tú…

-¿Qué yo sólo te deseo a ti?... ¿Qué te pertenezco?... ¿No lo habías adivinado ya? Creí que era muy obvio.

Los dos se miraron sin decir más… Comprendieron que no tenía caso luchar, que la pasión y el anhelo que sentía cada uno era bien correspondido por el otro y ahí y en ese momento era lo único que les importó saber. Ginny reprimió un suspiro de sorpresa y placer cuando Draco deslizó las manos de sus muñecas, dónde la había asido fuertemente… la aferró con suavidad de sus propias manos y se las llevó a su pálido y golpeado rostro, haciendo que las de Ginny le cubrieran las mejillas.

El muchacho cerró los ojos y jadeó al sentir la suavidad de las palmas de ella en su cara, y el deseo lo sacudió con una magnitud jamás imaginada. Dirigió una de sus manos a su boca y rozó con sus labios la piel sabor canela; provocando que Ginny temblara.

Entonces, sin que Draco lo pudiera evitar, el ruego escapó de él aún antes que lo procesara en su mente, completamente obnubilado de pasión:

-Ginny… Esta noche… quédate a mi lado. Por favor…