Capítulo 6
Ni Weasley, ni Malfoy
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"Sólo es enemigo mío tu nombre;
pues tú eres siempre el mismo…
Llámame tu amante
y recibiré otro bautismo."
La chica retiró sus manos tibias del rostro de él, de una manera tan brusca que lo sobresaltó. Una ráfaga helada le cubrió las mejillas, devolviéndolo de golpe a la realidad de que las palabras que acababa de pronunciar habían sido un ruego, casi una súplica de algo que ahora le parecía imposible de obtener. No habían pasado ni tres segundos, cuando Draco sintió que ya extrañaba el contacto de Ginny sobre su tez.
La miró alejarse de él, caminando dos pasos hacia atrás y negando con su cabeza, casi frenéticamente. Un dolor lacerante lo aporreó casi sofocándolo, cuando ella murmuró:
-No. Yo no puedo hacer eso, Malfoy. Por favor, no lo vuelvas a pedir –su voz dejó de ser desesperada y se tornó helada al agregar: -O qué. ¿ya no soy más para ti sólo una maldita resbalosa como en Navidad?
Draco no respondió nada, sólo le sostuvo duramente la mirada; aunque se creía incapaz de hacerlo por mucho tiempo más sin quebrarse delante de la muchacha que ahora lo estaba rechazando. Una furia helada le recorrió el cuerpo, y así como unos momentos antes la pasión y el deseo lo habían invadido por completo y de repente; del mismo modo esos sentimientos ardientes lo habían abandonado justo en ese instante.
Jamás una chica se había resistido a él. Nunca, nunca… ¿Y la Weasley se negaba a quedarse a su lado por algo que él le había dicho tantos días atrás? Él sabía que las mujeres eran rencorosas, pero eso le parecía el colmo.
Y por cierto que no pensaba pedir perdón. Después de todo, ella se había desquitado. ¿qué no? Había exhibido en las narices de Draco su "gran amor" por Thomas pregonando a los cuatro vientos que correría a acostarse con él sabiendo que eso lo llenaría de celos.
-Tendría que ser idiota para pensar que no lo eres, Weasley… –le dijo en el tono más impávido que pudo hacerlo, el cual, debido a su irritación, no le costó mucho trabajo. –Después de todo, se supone que eres la novia de Thomas… Y mírate dónde estás parada en estos momentos. ¿No crees que él pensaría que eres una resbalosa si te encontrara aquí conmigo?
Ginny abrió la boca anonadada… y Draco se regocijó de su asombro y dolor. Porque la turbación que cubrió sus ojos marrones, definitivamente era un punto ganado para él.
-Le haces honor a tu Casa, Malfoy –masculló ella arrastrando las palabras, demasiado furiosa hasta para gritar. –Eres una víbora hecha y derecha, y cínico además.
-Gracias, Weasley… toda una distinción –dijo él con voz hueca. –Y si no tienes más que agregar…
Lo último que vio antes de azotar la puerta, fue su mirada llena de clara y enorme confusión.
¡Maldita pelirroja, eres una niña estúpida!
Se recargó de espaldas a la madera, respirando entrecortadamente y cerrando los ojos furibundo con él mismo; el estúpido era él y lo sabía muy bien. De nuevo se le había ido la lengua… Le había lastimado tanto su rechazo que lo único que atinó a hacer fue agredirla otra vez.
Después de todo, dañar a los demás era lo que mejor se le daba.
Por unos momentos se sintió terriblemente mareado, y el frío de la noche invernal lo dominó haciéndolo temblar sin control… No supo si su malestar se debía al remordimiento que ahora sentía o a la amarga renuencia de Ginny a quedarse con él.
Se dio cuenta espantado que lo malo no era el rechazo de la Weasley en sí, aunque eso ya era bastante humillante por cierto… Lo infinitamente peor era todo lo desagradable que Draco había estado sintiendo en ese período de tiempo… tristeza, soledad. Vacío.
Y eso, no le gustaba para nada, en lo absoluto.
No recordaba haberse sentido así nunca en toda su vida. Esa necesidad que estaba anidada en su alma y que lucía el nombre de Ginny Weasley lo asustaba, porque era algo que, al no poderla satisfacer, lo estaba lastimando.
Lo que él creía era sólo deseo por poseer a Ginny, ahora se había transformado en un extraño sentimiento que lo hacía sentirse vulnerable ante ella, dependiente de ella; cuando antes jamás Draco se había subordinado al cariño del nadie, ni siquiera al de sus padres.
Y por Merlín que eso lo aterrorizaba.
Y no sólo eso, sino que lo peor era que Ginny se había dado cuenta de todo lo que significaba para él... ¡porque él mismo se lo había dicho!
Se golpeó la cabeza contra la dura madera de la puerta, avergonzado y arrepentido de su anterior comportamiento romántico… ¿Por qué maldito Hades le había revelado a la mocosa que él le pertenecía a ella, y solamente a ella?. ¿Por qué demonios le confesó que la deseaba cuando lo más probable era que ella no? Después de todo, pudiera ser que la noche anterior la hubiera pasado con su novio… aunque Draco no había querido aceptarlo.
Los celos le estrujaron el alma… Pero aún así la deseaba.
Qué débil fui al confesarle mi necesidad de ella…
Y ni siquiera había servido de nada. Draco le había entregado su alma en bandeja de plata, y ella sólo supo decir "no".
¿Por qué eso lo había herido tanto?
Duele. Y mucho… y eso estaba mal.
Temblando de rabia, frío e insatisfacción, se dejó resbalar por la puerta de madera, hasta quedar en cuclillas en el suelo y, entonces, sumergió su rostro entre sus palmas, atormentado por entender que demonios era lo que le estaba pasando.
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Ginny se quedó estupefacta mirando el vacío de la puerta cerrada frente a ella. ¿Qué demonios había sido todo eso? Habían sucedido tantas cosas en tan poco tiempo que su cerebro no alcanzaba a procesar la información completa.
Hacía apenas unos minutos su única intención era evitar que Malfoy cayera en las garras de Pansy… La razón de por qué le importaba tanto que eso no pasara, era algo que no quería averiguar. Sólo sabía que los celos y el miedo habían sido tales y tan reales, que tuvo que salir corriendo de la Torre Gryffindor aún a costa y riesgo de ser descubierta y castigada por Filch.
Pero ahora resultaba que todo había sido una broma pesada de parte de Malfoy, quizá con el propósito de tener a Ginny a su merced en un lugar solitario, oscuro y perfecto para poder llevar a cabo su seducción.
Sin embargo, se dio por vencido a la primera. Sólo bastó que Ginny hiciera mención de su anterior insulto, para que la afrentara de nuevo y le azotara la puerta en la cara.
Eso ha sido lo mejor, deja las cosas así y lárgate a dormir, le dijo la parte sensata de su interior que todavía no se dejaba dominar por la pasión.
Se agachó a recoger su varita que había dejado caer momentos antes y, sintiéndose terriblemente enrarecida, se dispuso a caminar hacia su sala común. Pero antes de irse, echó un último vistazo a la puerta cerrada y entonces, lo dudó.
Las palabras de Malfoy la habían traspasado reciamente; le estaban calando el alma con vigor y violencia.
Pero no las palabras de su recién proferido escarnio, sino las que había dicho antes del rechazo de Ginny… Cuando habló, al parecer, con el corazón en un puño. Había sonado tan sincero que ella creía que pudiera ser que lo que el muchacho sintiera fuera más que simple deseo por poseer su cuerpo.
"Respóndeme Ginny…", le había susurrado anhelante, llamándola sólo por su primer nombre… "¿Por qué te importo?"
Nunca antes le había dicho solamente "Ginny", y menos con tanta vehemencia impresa en la palabra. Anteriormente, ella para él sólo era "La Weasley", y pronunciado de modo despectivo… ¿En qué momento eso había cambiado?. ¿Y qué significaba? … Acaso…
"¿Qué te pertenezco?"
Oh, Dios.
"¿No lo habías adivinado ya?"
Ginny se estremeció de nuevo, dándose cuenta del peso de las palabras del joven rubio. Teniendo tantas chicas, sólo me desea a mí…
Sólo a mí.
Una oleada de cálida felicidad le sacudió el alma, y a pesar que sabía que su relación era más imposible de lograr que ver algún día una cercana amistad entre Harry y Snape, no pudo dejar de sentirse halagada y enormemente emocionada. Pero la sombra de la verdad la sacudió tan rápido que no pudo ni gozar de su felicidad.
Somos tan diferentes. Somos enemigos. Yo tengo novio y mi familia odia a la suya… Pero él me quiere. Lo sé.
Merlín... ¿por qué él tenía que ser Malfoy y yo Weasley?
Inconscientemente, apretó la varita con tanta fuerza que los dedos se le entumieron; y entonces se encaminó resuelta hacia la oscuridad del pasillo. Pero se volvió a detener, irresoluta. Respiró con rapidez, tomando decisiones… sopesando alternativas.
Cordura contra locura.
Soledad y resignación contra felicidad y pasión.
Perdonar y pedir perdón.
Dándose media vuelta, levantó la varita y sabiendo que si lo pensaba más tiempo se arrepentiría, susurró:
-Alohomora.
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Draco sintió el leve golpe de la puerta en su espalda, al abrirse ésta con fuerza atrás de él. ¿Quién diablos…? Se levantó de un salto completamente incrédulo por lo que vería tras la hoja de madera, pues. ¿quién más que Ginny pudiera estar aún en ese pasillo del castillo?
La encaró con el semblante más adusto que pudo colocarse de máscara, pues en realidad no sabía que esperar de su regreso a la enfermería. Ella se veía bastante consternada, como si estuviera asustada… Como si supiera que el hecho de estar ahí con él no era correcto, pero no pudiera hacer nada para evitarlo.
Las rosas tienen espinas. Son hermosas pero te pinchan cuando las tomas.
-Has vuelto –le dijo él inexpresivo, sosteniendo el picaporte y estorbándole el paso al recinto. Pero a pesar de demostrarse sereno ante ella, la verdad era que sentía que por dentro se derretiría de la emoción.
Ha vuelto.
Esta vez no desperdiciaría la oportunidad con ella al dejarse llevar por sus celos o por su orgullo. Esta vez no le permitiría marcharse, por lo tanto se imaginó que tendría que pedirle perdón a la chica por su estúpido comentario de antes. Y para su alegría, aparentemente ella creía lo mismo.
-Sí… -musitó Ginny, un poco incierta. –He vuelto… bueno, de hecho no me había ido. La situación es que… Bueno, quiero pedirte una disculpa por el Petrificus Totalus de la mañana. No debí... Fui impulsiva y desconsiderada. Lo siento.
Vaya… vamos progresando, pensó Draco entusiasmado pero cuidándose de demostrarlo.
-Disculpas aceptadas, Weasley –le dijo en un tonillo menos duro. –Pero te advierto que si mi popularidad entre las chicas se va a pique por tener la nariz torcida, te demandaré a ti por daños y perjuicios.
Ambos esbozaron una sonrisa, respirando profundamente al notar que la tensión disminuía resueltamente entre los dos.
-Claro Malfoy, lo que digas…
Draco rió ligeramente, apoyando su frente el la puerta y desplegando todo su encanto Malfoy, cual pavo real su cola multicolor.
-Espera… que ahora es mi turno –se irguió en toda su estatura y le dijo muy compuesto: -Yo también siento lo que dije. No debí llamarte así como lo hice… la verdad, yo no pienso que tú seas ninguna resbalosa. Quizá seas un poquito cobarde y terca, pero nada más…
-¿Qué quieres decir? –preguntó ella, fingiendo molestia y poniendo los brazos en jarras.
Draco sonrió… Le gustaba el curso que las cosas empezaban a tomar, pues sentía que se apoderaba de nuevo del control. El canal del cinismo era su mejor estación.
-Bueno, me parece que a los Gryffindors se les distinguía por su valentía, y creo que es una verdadera pena que tú los dejes tan mal parados –susurró frío y suave, con el claro afán de retarla.
Ginny enrojeció de pronto, apretando los labios antes de soltar innecesariamente alto:
-¡Yo no soy cobarde! Soy… Después de todo¿no me arriesgue a deambular por el castillo en medio de la noche sólo para ayudarte a ti a no cometer una estupidez. ¿Y todo para que al final resultara que sólo era una bromita de su majestad?
-Cobarde –canturreó él, sintiéndose fortalecer.
-¡Malfoy! Te lo advierto, me vuelves a llamar así y yo…
-¿Y tú qué? –se burló. -Estoy temblando ante el simple pensamiento que me hagas algo, Weasley… Quiero que me digas entonces... ¿cómo le llamas a alguien que huye en cuanto cree que va a suceder algo a lo que le tiene miedo?
Ginny no respondió, sobre todo porque Draco continuó casi inmediatamente:
-Miedo. Me tienes miedo. Terror de lo que puedo hacerte sentir.
-No es cierto –renegó Ginny, sin dejar de poner atención a la manera en que Draco había pronunciado la última palabra. Había sonado tan voluptuoso que un golpe de excitación le dio de lleno sólo de imaginar que sería lo que él podía hacerla sentir a ella.
-Claro que sí –insistió él, poniendo un tono más serio en sus palabras. -Hace un momento saliste corriendo de aquí… de mí. Me tienes miedo y de lo que sientes por mí… porque, desafortunadamente para ti, no soy ni un Corner ni un Thomas cualquiera, sino… Un Malfoy.
El último par de vocablos fueron casi un susurro, pero estuvo seguro que la chica lo escuchó perfectamente. Ella tomó una gran bocanada de aire y como si se armara de valor, le espetó:
-Pero que terco con el mismo tema. Yo no he salido corriendo… ¿Qué acaso no me ves aquí, parada justo frente a ti? –hizo una breve pausa y continuó, tratando de sonar despreocupada: -De hecho, el que me cerró la puerta en las narices, fuiste tú. ¿Recuerdas?... O qué. ¿los hurones no tienen memoria?
Draco soltó una risita insolente… Estaba tan feliz de que ella hubiese vuelto que no podía disimularlo, así que disfrazaba su júbilo de ironía. Ella frunció el entrecejo ante su burla, pero no dejó de sonreír.
-Weasley, Weasley… ¿todos los pelirrojos son así de necios? Veamos si puedes responderme esto: Si yo fuera un tipo cualquiera, y no el grandioso Malfoy que soy... ¿Aceptarías lo que sientes por mí y dejarías de huir?
-¡Ah, la arrogancia ha vuelto al ataque! Veo que el programa de rehabilitación "Sea globo por un día" no te sirvió de mucho… Quizá quieras repetir la experiencia; se lo tendré que mencionar a Harry.
El chico dejó salir una franca y fresca risotada, como hacía tanto que no lo hacía. Le encantaba el humor sarcástico de Ginny, era definitivo que le daba dura pelea al de él mismo. Y eso le fascinaba, que no fuera débil y no se dejara intimidar por él… Era una de tantas cosas que adoraba de esa pelirroja. Cuando paró de reír, le dijo sonriente:
-Y tú tienes el "síndrome del disco-volador-colmilludo" Weasley, sólo dando vueltas en el mismo lugar sin avanzar… ¿Vas a dejar por fin, de cambiar de tema y responderme lo que te pregunté?
-No recuerdo ninguna pregunta –mintió ella descaradamente, con una leve sonrisa empezándose a dibujar en sus lindos y carnosos labios.
-Bien, olvida la pregunta. Mejor vayamos del campo teórico al práctico. ¿Qué te parece?. ¿Quieres demostrar que eres valiente?...
-Por supuesto que lo soy –dijo ella muy orgullosa, irguiéndose en toda su estatura, sin dejarlo a él terminar su frase.
-Entonces… Permíteme darte un beso.
-¿Qué dijiste? –murmuró ella, mirándolo con una mezcla de aprehensión y ansiedad.
Draco había dejado de sonreír. Aún antes de poder besarla ya estaba devorándola con la mirada. Resuelto a no dejarla escapar de nuevo, se mordió el labio inferior y le respondió con la voz enronquecida de la pasión:
-Yo sé que me oíste… Un solo beso y me demostrarás la sustancia Gryffindor de que estás hecha. Sólo uno. Lo prometo.
Miró a Ginny temblar… Él podía apostar que ella había regresado a la enfermería por algo más que un "buenas noches" de su parte, pero era de esperarse que tuviera temor. Tendría que ayudarla, darle valor. Y quizá…
-¿Sólo uno? –preguntó Ginny dubitativa, con el deseo brillando en sus ojos cafés.
-Solo uno. Y jamás te pediré nada que tú no quieras dar. Ni hoy ni nunca. Sólo olvida por un momento que yo soy Malfoy y que tú eres Weasley… y callarás mi enorme bocota –sonrió con picardía al final.
Ginny no dijo nada más, ni siquiera se movió de su lugar. Se quedó plantada ahí bajo el marco de la vieja puerta, esperando a que Draco hiciera su parte en la "prueba de valentía" a la que se sometería. El muchacho empezó a respirar con agitación, no podía creer que por fin tendría modo y oportunidad de probar a la chica otra vez. Y lo mejor, ahora con su permiso expreso.
Vio a Ginny humedecerse los labios y pestañear nerviosa, y Draco sintió que no lo resistiría más. Dio dos pasos adelante, saliendo al frío pasillo y tomó a la chica con suavidad de sus brazos… La pesada túnica del uniforme no le permitía sentir su piel, pero por el momento no importaba. Podía percibir su calor a través de la tela y la forma delgada de sus brazos y con eso bastaba.
Por el momento.
Conteniendo la respiración y sin dejar de verla a los ojos, bajó un poco su rostro… El corazón amenazaba desbocado con salirse de su pecho si no hacía algo rápido; miró a Ginny cerrar sus parpados lentamente y entreabrir sus labios y ahora sí no le quedo ninguna cruel duda que lograría por fin el tan largamente anhelado beso.
Le parecía increíble la manera en que había soñado con probar su deliciosa boca una vez más después de la noche del pasillo, habían sido casi veinte días de doloroso tormento por no saber si tendría de nuevo a la chica rendida a sus brazos como en ese momento.
Era como viajar en el tiempo y trasportarse a aquella ocasión… volvían a ser la chica del vestido negro y el muchacho trastornado de deseo que se besaron por vez primera y estuvieron a punto de hacer el amor.
Merlín... ¿será posible que hoy pueda… podamos, por fin…?
Intentó no pensar eso demasiado, no quería adelantar desilusiones. Primero lo primero, y eso era sólo un beso.
Así que, creyendo que se estaba volviendo loco o de plano, viviendo un sueño, terminó de inclinar su cabeza para terminar de alcanzar el codiciado premio.
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Con los ojos cerrados en suave arrobamiento, ella no pudo ver su rostro cuando la boca de él por fin sus labios tocó… Ginny sintió que se estaba ahogando, que le faltaba aire, y se percató que era porque estaba conteniendo la respiración.
El beso empezó ligero, casi imperceptible… apenas un roce. Los labios de Draco estaban secos, y sólo tocaban la húmeda boca de ella como tanteando el terreno. Sólo era una leve caricia. Ella pensó que eso era felicidad envuelta para llevar y recordando todos los días que había sufrido por volver a sentirlo, emitió un sonido que sonó como un sollozo desesperado justo sobre la boca del muchacho.
Las manos de Draco la apretaron con más fuerza al escuchar su gimoteo, y la jaló hacia su propio cuerpo. Ella pudo percibir de nuevo, después de tanto tiempo, la firmeza de su pecho al oprimirla él con fuerza. Sus senos se aplastaron contra él y la sensación la hizo gemir.
Pero lo que Ginny deseaba exasperada era que el beso se hiciera más profundo. Quería sentir la lengua de Draco explorando en su interior, quería que la lastimara, que le hiciera daño… que la besara con rudeza para dejar de sentir el vacío en sus labios.
Sus manos se levantaron y se aferraron a la cintura de Draco, quien la soltó de los brazos y la envolvió en un abrazo completo, pasando sus manos por su espalda y atrayéndola hacia él aún más.
Y casi al unísono, abrazo y beso se intensificaron juntos. Draco devoró literalmente los labios de Ginny, primero el inferior y casi de inmediato el superior… Los absorbió entre los suyos, los mordisqueó… los lamió. Marcó en ellos el sello de su propiedad, al besar con tanta rudeza que Ginny sentía que le cosquilleaban de ansiedad.
Draco gimió largamente… como si probara y saboreara el más delicioso manjar del universo. Ginny le obsequió camino libre, dejó que fuera él el que manejara el beso, se dejó hacer. Sólo abrió un poco más su boca por si acaso a él le apetecía entrar con su tibia lengua a explorar en su ansioso interior.
Arrancando una exclamación que salió gutural desde su garganta misma, la chica sintió por fin lo que estaba esperando… la lengua de Draco se sumergió en las profundidades de su húmeda y ávida boca, frenética… impaciente. Obligándola a ella a defenderse con la suya propia, otorgándole pelea a muerte.
Ambas lenguas en una batalla campal por obtener más jugoso terreno que explorar, cada una dentro de la casi ardiente boca del otro.
El beso era tan enardecido, tan furioso, que Ginny podía jurar que en él y con él Draco le estaba reclamando el tiempo perdido… podía sentir su impotencia y su dolor al no poder dar rienda suelta a su pasión. Saboreó en su boca el gusto metálico de la sangre de su labio herido, al mismo tiempo de su agridulce sabor ya conocido.
Para su gran decepción, el chico dio por finalizada la mágica unión de sus bocas… Alejó su cara unos centímetros de la suya y Ginny lo escuchó respirar con agitación. Ella se negó a abrir los ojos, no podía ni quería dejarlo así… Pudo distinguir su embriagante aliento sobre su rostro, y entonces Draco gimió:
-Valiente Ginny… has pasado la prueba.
A ella no le gustó finalizar el examen… fue como si le hubieran arrebatado el cono de helado cuando apenas está empezando a degustar el dulce sabor… Era embriagante y adictivo, y ella quería seguir, quería saber qué otra magia se podía lograr.
-Quiero más –atinó a suplicar en un susurro.
-¿Qué tanto más? –preguntó él esperanzado, tan bajo que casi pareció un pensamiento.
-Todo, Draco… Quiero saber hasta dónde se puede llegar. Quiero averiguar todo lo que me puedes hacer sentir… Quiero ser tuya, por fin.
En respuesta, las manos de Draco viajaron con rapidez pasmosa desde su espalda hasta sus mejillas, oprimiéndola con fuerza y recargando su frente contra la de ella. Lo oyó suspirar tan alto que se sorprendió; fue entonces cuando ella abrió sus ojos y lo que vio la impactó.
Draco tenía los ojos igual como ella misma un segundo antes: cerrados. Y una lágrima pequeña y casi invisible se deslizaba lentamente por una de sus mejillas.
Oh, por Merlín… ¿Y eso qué significa?
-Ayer… -comenzó Draco, bastante inseguro, lo cual sonaba tan raro en él. –Anoche… ¿tú y tu novio…? No es que me importe, pero… -abrió sus grises ojos que ante la oscuridad lucían opacos y la enfrentó: -¿Por qué me dices que eres mía cuando tú y él, anoche, se largaron a…?
Se detuvo y Ginny lo vio torcer la boca en una mueca de desdén, claramente incapaz de terminar la pregunta. La chica se sobresaltó por la amargura impresa en sus palabras… Ella ya ni recordaba su venganza, el teatro que hizo la noche anterior para hacerle creer a Draco que se entregaría a Dean… Sintió perturbación y lástima por los celos y el miedo que el rubio le demostraba, y queriendo dar fin a la mentira, le contestó:
-No, Draco. No pasó nada… Lo juro.
Él la miró con esperanza y de nuevo la plata de sus ojos brilló. Quedamente, ella continuó diciéndole:
–Sólo fue… Lo siento, pero es que estaba furiosa. Quería desquitarme, hacerte daño…
-Y por Morgana que lo lograste, niña –respondió él con rapidez, impregnando mayor seguridad en su voz. –Pero me da gusto saber, que a pesar de todo, a pesar de estar con él, eres… eres sólo mía.
Al pronunciar las tres últimas palabras y como para que no quedara ninguna duda, Draco, quien aún tenía a Ginny abrazada por la espalda, deslizó un poco sus manos hacia abajo, justo por encima de sus caderas… y entonces la apretó más, logrando que sus pubis quedaran unidos y haciendo estremecer a la chica al chocar con ella su impaciente erección.
La besó de nuevo, y de nuevo con frenesí. Pero lo que sorprendió más a Ginny fue lo que con sus manos el muchacho realizó…
Aún sobre la pesadísima tela de su túnica, pudo percibir con claridad la manera en que Draco llevaba cada mano hacia sus glúteos, dirigiendo desde ahí a su cuerpo haciéndola danzar un vaivén circular para frotar su entrepierna contra el frágil vientre de ella.
Si el beso anterior y éste le habían parecido excitantes, nada la había preparado para aquello… Ginny pudo constatar que la dureza desconocida e indómita de Draco la hacía experimentar sensaciones que ni siquiera se imaginó que podían existir… El muchacho la pegaba a él y de inmediato rodaba su cadera hacia un lado, y de nuevo… removiendo de ella gemidos de inquietante exaltación.
El mundo completo quedó a oscuras, Ginny entró de lleno en la dimensión dónde lo único que importa son las emociones, tanto del alma como del cuerpo… De la mano de Draco llegó al paraíso de la sensualidad, dónde centímetro a centímetro, lo que la piel siente y toca es todo lo que cuenta.
Y nada más.
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Lo siguiente que Ginny supo fue que Draco la llevaba de la mano por el oscuro corredor; recordaba que había mencionado algo sobre la sala de profesores, lugar que le dijo conocer con anterioridad y saber la clave para entrar (cortesía de Snape), y que era completamente seguro pues ningún profesor lo visitaba a media noche…
Caminaron poco, pues para su fortuna se encontraba en el mismo piso de la enfermería, sólo que en otra ala del castillo. Draco se detuvo frente a una maltratada puerta de madera oscura y murmuró la clave que les permitió adentrarse en la prohibida sala que era de uso exclusivo del profesorado de Hogwarts durante las horas diurnas de descanso entre clases.
-Magister amabilis –dijo y miró a Ginny levantando una ceja de modo displicente, y le explicó: -Idea de Dumbledore, ya sabes…
Traspasaron la puerta y se encontraron con una pequeña y acogedora salita de estar, en penumbras hasta el instante que una antorcha se encendió por arte de magia al entrar ellos. Disponía de varios muebles a todas luces dispuestos a brindarles a los profesores algún tiempo de conveniente descanso, pues se veían mullidos y blandos. Una chimenea sin fuego y un librero repleto de tomos era por demás, lo que completaba el austero mobiliario.
Draco abandonó su mano y le comentó señalando el apagado hogar:
-Bueno, yo prendería un fuego para no helarnos, pero me han dejado sin varita… así que si la magnífica futura sanadora me concede el honor… Supongo que conoces el hechizo. ¿No?
Ginny no le respondió nada, sólo le regaló una amplia sonrisa… y acercándose a él, temblando cual palmera en medio de un huracán, y sin dejar de verlo a los ojos, apuntó y susurró: "Incendio".
Y así como en la pequeña chimenea un nutrido fuego ardió, entre los dos muchachos también una llama invisible pero tangible empezó a inflamarse sin control.
Draco la tomó de un brazo y sin decir palabra, la acercó a él. Ginny sentía una mezcla extraña de pasión, deseo y miedo… era raro de definir. Pero curiosamente tenía absoluta confianza en Draco, su instinto le decía que si con sólo un par de besos la había hecho volar, eso que estaban por consumar sería total y grandioso… y por lo tanto, se dejó llevar.
El chico la besó de nuevo, gimiendo de un modo tal que Ginny se sorprendió. La maravillaba la percepción de cierto agradecimiento que Draco le manifestaba por estar con ella, como si el muchacho no se diera cuenta que eso que iban a hacer era tan deseado por la chica como por él. Sin poderlo evitar, Ginny se enterneció… y por primera vez, bendijo la suerte del destino que había jugado a unirlos, cuando antes ella sólo lo había maldecido una y otra vez.
Draco soltó su brazo y de inmediato Ginny percibió que empezaba a desabotonarle la túnica… No tardó mucho, y entonces se la quitó. La chica sintió como caía la prenda justo a sus pies y el aire fresco del lugar la hizo temblar por un momento, pero al segundo el chico la había envuelto protector en sus brazos.
La estrujó tan fuerte que creyó que le quebraría una costilla, o dos. Apretujada contra su firme pecho, Draco la hizo que doblara un poco el cuello hacia atrás, introduciendo casi con violencia su lengua en la dulce boca de la chica, gimiendo con fogosidad.
De pronto, aflojó su abrazo, y ansioso en extremo, llevó sus expertas manos desde su espalda hacia los pequeños hombros de Ginny, y después de pensarlo unos segundos, los bajó para atrapar cada seno de la chica con ellas. Draco separó por una milésima de tiempo su boca de la de la pelirroja para murmurar con áspera voz:
-¡Oh, Ginny Weasley, cómo te he deseado!... Cómo te deseo.
-No… -gimoteó ella sin abrir los ojos. –No me recuerdes quien soy… sólo Ginny, Draco. Ni Weasley ni Malfoy, sólo tú y yo… ¿De acuerdo?
Draco le respondió tomando su boca de nuevo… apretándola contra la suya como si su vida dependiera de ello. Masajeó gentil por unos momentos sus blandos senos, y cuando sus pezones reaccionaron al estímulo, Draco los sintió aún sobre la blusa y se los oprimió suavemente con sus pulgares y dedos índices, provocando que Ginny se jalara involuntariamente hacia atrás, al creer que la sensación era muy fuerte como para soportar sin inmutarse.
El chico abandonó la caricia, y con celeridad dirigió sus dedos a los pequeños botones de la blusa de ella. Los desabrochó con pasmosa rapidez y agilidad, y entonces volvió a dejar de besarla para poder admirar el tesoro que recién acababa de destapar. Y mientras pasaba su blanca prenda por los hombros y brazos de Ginny, sus grises ojos se perdieron en la vista de sus senos envueltos en una delicada prenda de encaje y algodón…
La blusa cayó al suelo, y las manos de Draco sobre sus senos… Inclinó la cabeza y su boca se apoderó de uno de ellos, causando una sensación indefinible en Ginny, una rara mezcla de placer y agitación. Aún sobre la suave tela de su sostén, él mordisqueó su pezón, mojando de saliva hasta llegar a su piel y Ginny sintió el calor y la humedad de su boca a través de su prenda recibiendo en consecuencia un inclemente golpe de excitación, el cual la hizo gemir y arquear su espalda hacia atrás. Tuvo que sostenerse de los hombros de Draco para no caer.
Mientras cambiaba de objeto de degustación, sus manos volaron hacia su espalda directo al broche de la íntima prenda. La soltó con destreza, y despegando su boca de ella, el sostén pasó a ser un compañero olvidado más. Draco se incorporó de nuevo en su totalidad, besando otra vez a Ginny en la boca con enervada efusión; y aferrándola de los brazos, la empujó con suavidad hasta que las piernas de la chica chocaron con un enorme, viejo y azul sillón.
Siguió empujándola hasta que ella se sentó. Draco dejó su boca por un momento, la tocó con ligereza en los hombros y, perdiéndose en la hermosa y angelical vista de la chica semidesnuda con su rojo cabello cayendo sobre sus senos, la recostó sobre el tibio lecho.
-Yo juro que… -dijo él con voz profunda. –que no te arrepentirás de esto, Ginny. Haré que disfrutes de cada momento.
Ella ya lo intuía, y de verdad que no esperaba menos de Draco, pues el apasionamiento que grababa en cada beso se lo constataba.
-Lo sé. Y también sé, que pase lo que pase no me arrepentiré.
Ginny tenía vergüenza de su desnudez y desasosiego de que la decisión fuera incorrecta. Trató de no demostrarlo, pues no podía ni quería echarse para atrás… Deseaba de corazón experimentar todo lo que la enorme atracción por ese muchacho le prometía ofrecer. Además, había algo en la mirada de Draco que le brindaba confianza; sus ojos emitían destellos plateados al reflejar el fuego de la chimenea, y eran cálidos y brillantes, llenos de esperanza y cariño.
Procurando que su largo cabello cubriera un poco de su desnudez para no sentirse tan expuesta, esperó a que Draco le quitase sus zapatos y calcetas, y mientras lo hacía el chico no dejaba de mirarla a los ojos, como cerciorándose que en verdad era ella y eso que estaba pasando era completamente real. Acarició sus pies y delgadas pantorrillas, haciendo que la chica creyera que jamás nada más suave que las palmas de Draco le había tocado alguna vez el cuerpo.
Las manos de Draco viajaron hasta sus muslos, y ahí se quedaron, describiendo movimientos circulares sobre su tersa piel. Ginny suspiró con profundidad, esas caricias eran tan agradables que le parecía imposible que pudiera haber todavía más. El chico la miró con los ojos velados de deseo y le preguntó, al tiempo que tocaba la tela de su falda:
-¿Puedo?
Ella accedió apenas susceptiblemente, y se mordió el labio inferior nerviosa. La hora de la verdad había llegado, y el miedo a no gustarle la hizo entrar en pánico. Draco escurrió sus manos por su cintura, llevándolas por debajo de la chica. Ginny arqueó un poco su cuerpo, levantando la espalda con el propósito de darle espacio para lograr su cometido: despojarla de su falda.
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La pasó por sus piernas una vez desabotonada, incapaz de quitar los ojos del hermoso cuadro que la chica le presentaba. Sus rubias cejas se inclinaron en un movimiento de dolorosa sorpresa, incrédulo hasta la médula que eso estuviera realmente ocurriendo. Se preguntó mil veces que era lo bueno que él había alguna vez hecho en su vida para merecer tal recompensa, y la única conclusión a la que llegaba era: absolutamente nada.
Entonces. ¿Por qué él podía tener a su merced a una chica tan especial y bella como Ginny? Ella no era como las otras, era diferente… Era sincera y luchadora, valiente y honesta. Y además, se le entregaba confiada y era… virgen.
Se estremeció al recordarlo. Tuvo verdadero terror de lastimar; él podía suponer que tenía que ser gentil y caballeroso, pero no tenía una maldita idea de cómo. Una voz de su interior le susurró: Sólo hazlo despacio y con paciencia, y a ella no le pesará jamás haberse entregado a ti… Y quizá, si lo hacía demasiado bien, ella quisiera repetir, alguna otra noche más.
Dejó caer la falda gris del uniforme de ella al tapete roído que estaba al pie del sillón, sin analizar el cariz que sus esperanzas estaban tomando: todavía no había pasado aún nada entre ellos y él ya estaba añorando un próximo encuentro. Probablemente, si hubiera recordado que su objetivo primario había sido tomar lo que Ginny le ofreciera y después decir "adiós, hasta nunca", se habría aterrorizado al grado de salir corriendo de lo mucho que sus sentimientos hacia la pelirroja habían cambiado.
Ardiendo en pasión, con miedo de tocar (le daba la impresión que Ginny era delicada como el cristal), aún sentado a su lado, se inclinó sobre ella y le retiró con delicadeza el suave cabello de su pecho… Las manos le temblaban al sentir entre sus dedos el soñado tacto de la reluciente y roja melena, pero pretendió que ella no lo notase pues no quería que creyera que era un cobarde.
El fuego del hogar iluminaba con irregulares tonos de rojos y naranjas, y el sonido de su crepitar era lo único que interrumpía los pensamientos de la pareja… Draco miró fuego también en la mirada vidriosa de la chica, y no pudiendo aguantar más, y aún sin desvestirse de sus pijamas, golpeó su boca con la suya de nuevo…
Fuerte.
Paseando sus manos por su cuerpo, percibiendo como el hielo de su soledad y angustia se disolvía en el alma, con el calor que la férvida piel de ella le estaba proporcionando.
Caliente.
Se colocó por encima de ella, abandonando con melancolía su boca y lengua, para adentrarse en otros recovecos de su piel: probando su sabor en el cuello, en la cavidad tan marcada de sus clavículas, sus hombros delgados… sus senos.
Vehemente.
Aplastándola con su peso, cortándole el aire… Haciéndola gemir con impaciencia y desespero… Enterándose que ella también lo acariciaba, que sus pequeñas y tibias manos se deslizaban por su cabello platino y despeinado, con ansiedad y cariño…
Cruel.
Oprimiendo su pubis contra el de ella, sintiendo su vientre plano y virginal contra su pulsante erección. Ella exhaló un suspiro de dolor, pero a él no le importó… algo parecido a la locura se había apoderado de su mente, haciéndolo que la delicadeza pasara a un plano irrelevante.
Mordisqueó y lamió sus erguidos pezones hasta cansarse, y anhelando sentirse piel a piel con esa hermosa mujer, tuvo que abandonar su bucal exploración para incorporarse un poco y de un enérgico jalón, desabotonarse de un solo golpe su pijama superior.
De inmediato las manos de Ginny invadieron su piel hasta ese momento escondida… Sintió las palmas en sus pectorales y los pulgares de la chica juguetearon con sus tetillas, haciéndolo gemir algo que sonó como: "Oh, Dios".
Las sensaciones que Ginny le estaba regando como pólvora encendida sobre su pecho, eran tantas y tan grandes que por un momento se olvidó de todo, hasta de la chica misma… cerró los ojos concentrando toda su alma en el disfrute que era que unas manos deseadas y sinceras recorrieran su piel… Jamás nadie lo había hecho sentir así, y si no hubiera estado tan ofuscado se hubiera preguntado el porqué.
Percibió que Ginny dejaba la caricia y bajaba sus manos, y con dolor Draco abrió los ojos. Jadeó al ver que la muchacha se estaba lamiendo sus propios dedos, y presintiendo el motivo, Draco se relamió esperando…
Cuando la muchacha lo tocó otra vez en los pezones pero ahora con sus dedos mojados de tibia saliva, fue como explotar en mil pedazos.
-¡OH, MIERDA!... ¡Ginny, por Dios! –gritó pasmado.
Pero, por Merlín¿Qué esta chica lo quería volver loco? Sin dejar de gemir complacido, percibió la manera en que la muchacha deslizaba sus manos por todo su torso, llegando a sus hombros e intentando bajar por ellos la camisa de sus pijamas que aún traía colocadas.
Con lentitud lo logró… y bajó con suavidad su caricia sobre cada uno de los brazos del muchacho, quien sintió un dolor quemante en su antebrazo izquierdo cuando la mano de Ginny lo rozó.
-Draco… -la escuchó mascullar en una voz que era un suspiro aterrado. –Eso que tienes ahí… ¡Merlín!. ¿Qué no es la…?
¡La marca! ¡Malditos demonios, cómo lo había podido olvidar!
Como un resorte diabólico, Draco se levantó de sobre la chica, quien lo miraba con expresión incrédula, como esperando que él le dijera que no había problema, que sólo era pintura o una broma estúpida. Pero no era nada de eso, y Draco sabía, por Merlín que sabía, que esa niña nunca debió haberse enterado…
Se alejó del sillón dejándola a ella yaciendo ahí, aún con sus asustados ojos abiertos como platos y pidiéndole una explicación. Se acomodó como pudo su pijama superior, y sin abrochar los botones y aún con una dolorosa y notable erección; se dio media vuelta, abriendo la puerta y largándose como endemoniado de ahí.
Notas de la autora:
Bueno, he decido poner mis comentarios y agradecimientos acá al final, para que se vea más bonito y porque sé que hay quien no los lee y pues, así será mejor para ellos, jaja!
Espero que les haya "medio-gustado", pues sé que ha sido un capítulo agridulce, pero así era esto... Ahora, veremos como reacciona nuestra valerosa pelirroja. Ustedes. ¿cómo creen?
Quiero agradecer a todas las hermosas personitas que me dejaron review el cap pasado, pues es por ellas que sigo escribiendo este fic... Sus nombres son:
Motita Witch, Nyissa, Hikari Katsuragi, Mary, Chibi Haru-Sama, Sakura Shidou, S. Lily Potter, Arashi04, Leodyn, Pily, Miechen-Chan, Karen, Karina (gracias por lo que me cuentas, qué linda... qué bueno que todas mis historias te gustan, espero que así siga! besos, bonita y gracias por escribir!), Honey y Arcueid27Granger.
Todo mi agradecimiento eterno a ustedes, y si creen que lo merezco... escríbanme de nuevo! jajaja! Besos a todos y gracias por leer!
