Capítulo 7

Svādist khānā

1ª Parte

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"¡Espera! Iré junto a ti.

Me ofendes, si me dejas así."

El fuego era magia, no cabía duda. Elemento, sustancia o lo que fuera, era singular y ejercía fascinación en magos y muggles por igual. A Ginny siempre le había gustado pasar tiempo frente a él, tan cerca que más de una vez estuvo a punto de quemarse las pestañas.

Recordó el año en que Ron entró a Hogwarts y ella se había quedado sola en La Madriguera, sin nadie con quien jugar o pelear. Sus horas de ocio después de la tutoría que le daba su mamá las había pasado mayormente perdida frente al gran fuego de la chimenea de la cocina, con la esperanza de que su papá llegara temprano de trabajar.

Le provocaba un poco de temor la manera en que las lenguas de fuego parecían formar figuras, humanas y diabólicas la mayoría. Pero era reconfortante, y el modo que hipnotizaba le ayudaba a mitigar la tristeza y la soledad que sentía.

Justo como ahora.

El fuego de la sala común de Gryffindor era mucho más pequeño que el de su casa, pero igual le servía para entretenerse en él. Sólo que ahora, no parecía ayudarle demasiado a olvidar sus penas como lo hizo en su niñez, pues al mirarlo le recordaba de inmediato a aquella hoguera que ella misma convocó por pedido de Draco hacía varias noches en la prohibida sala de maestros.

Un escalofrío de vergüenza y rencor la recorrió, y su boca se curvó en un puchero de dolor. Suspiró con un poco de trabajo, pues tenía apoyada su barbilla en el descansabrazos del sillón más grande de la sala, a un lado de la chimenea.

Bastardo, pensó.

Cobarde.

Aunque quizá el temor de Draco no fuera para menos. Tal vez tuviera fundamento. Aquella noche estaba tan herida que tal vez sí le hubiese lanzado un hechizo de buena gana, pero con el paso de los días se percataba que le había dolido aún más que él hubiese dudado de la complicidad de Ginny, que el mismo hecho de haberla abandonado en la sala de maestros… desnuda y con todas sus ganas a punto de turrón.

Después de todo, lo más seguro es que ella tampoco hubiese podido continuar con "la acción", pues el interés de saber el motivo por el cual Draco portaba la marca hubiese echado por la borda cualquier pasión.

Y al haber huido de manera abrupta y tan poco caballerosa, había hecho que Ginny luchara contra una débil vocecilla en su conciencia que le decía que tenía que informar a alguien que, dentro del plantel escolar, había un estudiante que portaba la marca.

Pero no había tenido que pelear mucho contra ella misma, pues el inusitado cariño que le había tomado a Draco se había impuesto… Y jamás le hubiera permitido acusarlo ante absolutamente nadie. El solo pensamiento de Draco expulsado y camino a Azkaban le erizaba todos los vellos del cuerpo de puro terror… y era en ese momento que se preguntaba una y otra vez porqué el destino la había llevado a involucrarse con alguien que parecía estar consignado a tener un mal final.

Suspiró hondamente, suprimiendo las ganas de llorar. Era tarde pero aún la sala común estaba densamente poblada por sus compañeros de casa. Un par de chicas entraron por el agujero de la Dama Gorda, y de inmediato escuchó un gemido de terror emitido por Ron. Y entonces no le cupo duda que las recién llegadas eran Lavender y Parvati.

Levantó la cara sólo para no perderse de observar los gestos de fastidio que Ron hacía mientras Lavender se le lanzaba encima y lo estrujaba en un apretado abrazo; y sonriendo, Ginny movió la cabeza y se preguntó porqué su hermano no daba por terminada su relación con ella si tanto le molestaba. Regresó sus ojos a la chimenea, dispuesta a seguir rumiando su depresión.

Alguien se sentó a su lado y mirando de reojo, vio a Parvati sonreírle y hacer un gesto de displicencia hacia Lavender y Ron. Ginny asintió, y ambas rieron un poco. Parvati traía algo que parecía ser una revista enrollada, y por pura cortesía, Ginny le preguntó que era.

-Ah, esto… -Parvati la desenrolló y se la mostró. Efectivamente era una revista, con una bruja joven muy guapa, de evidentes rasgos hindúes, en la portada. Pestañeaba y sonreía presumida hacia ellas. –Es la última edición de "Brujitas In"… Mi madre me la manda porque a Lavender y a mí nos encanta. ¿Quieres darle una hojeada?

-Ah, bueno… -Ginny empezó, con el claro afán de negarse. Regularmente ese tipo de revistas sí le agradaban, pues a veces eran útiles y entretenidas, pero en ese momento no se sentía con ánimos para frivolidades.

Pero Parvati le colocó la revista en su regazo y se levantó, como si creyera que nadie se negaría a leer su amada revista.

-Devuélvemela cuando gustes, yo ya la revisé toda. Quizá encuentres algún artículo que te sirva…

Diciendo esto se marchó hacia el dormitorio sin esperar a Lavender, pues ésta estaba muy entretenida en un apasionado beso con Ron. Ginny la miró irse y murmuró bajito para que nadie la oyera:

-Seguro… si trae un artículo llamado "Qué hacer si tu chico es un potencial Mortífago"… entonces sí que me servirá.

Arrojó la revista a un lado, y se perdió de nuevo en el fuego. Un Mortífago…

¿Por qué, Draco?

Había creído que él sería diferente a su padre. Diferente a todos esos adultos malvados que estaban en las filas del que-no-debe-ser-nombrado. Pero se había equivocado, Draco estaba con ellos a pesar de su juventud y de que aún estudiaba en el colegio. Ella no tenía idea que alguien de su edad pudiera ser ya un Mortífago; quiso suponer que eran las circunstancias actuales y el hecho de que su padre estuviera preso en Azkaban.

Como en muchas otras ocasiones en las que pensaba en Draco después de aquella noche, intentó imaginar cómo fue que el chico rubio había decidido, admitido o pedido que le pusieran aquella macabra marca. Se estremeció de repugnancia y miedo, pues ella tenía la seguridad que ésta sólo era grabada a fuego por el mismísimo quién-tú-sabes.

Un escalofrío la recorrió. Debió haberle dolido tanto… y además, haber estado ante…

-Harry… -llamó Ginny a su amigo, que en ese momento estaba haciendo un ensayo junto a Hermione en la mesa que estaba a su espalda.

-¿Mmmh? –respondió Harry, sin despegar sus ojos del pergamino.

-¿Qué tan horrible…? Quiero decir. ¿qué se siente ver a tú-ya-sabes-quién?. ¿Qué se siente estar en su presencia?. ¿Es tan terrorífico cómo me lo imagino?

Harry levantó su cabeza y dejó de escribir, al igual que Hermione, quien seguía la conversación con interés. –No sé que tan terrorífico te lo imagines, Ginny, pero te puedo asegurar que es mil veces peor. Es como mirar a la mismísima muerte; cada célula de tu cuerpo se estremece de miedo, de angustia… Es tan fuerte su aura de maldad que sientes que te asfixia… que te come –hubo una pausa, en la que los tres se miraron sabiendo que algún día seguramente tendrían que verlo frente a frente. Y entonces, Harry le preguntó: -¿Por qué querías saber?

Ginny se encogió de hombros y negó con la cabeza: -Ideas mías, nada importante –se giró de nuevo hacia el fuego, y sólo pudo pensar una cosa más:

Pobre Draco.

De verdad, no se quiso ni imaginar la escena que habría tenido lugar. Y como si un golpe de sentido común la azotara contra el suelo, tuvo la certeza de que eso no había sido voluntario. Que Malfoy no lo había pedido ni deseado. No. Tenía que haber sido forzado. Orillado, quizá, a cubrir el espacio vacío dejado por su padre.

Sí, tuvo que ser obligado.

De nuevo suspiró, pero ahora con un poco de alivio. ¿Cómo no lo pensó antes? Por eso el chico estaba tan delgado y pálido, seguramente el peso de traer la marca en su cuerpo era algo tan insoportable que lo estaba enfermando. Y esa noche, al verse descubierto por Ginny, había huido, temeroso quizá de su rechazo o de que lo acusara con Dumbledore.

Y los días siguientes, la había estado evitando. Ginny no lo buscaba tampoco, pero las veces que coincidían en el Comedor o dónde fuera, Draco nunca la miraba. Ginny lo observaba de pasada, y en vez de sentir odio o rencor por el plantón, se sentía curiosamente enternecida, como si el chico le diera cierta lástima. Draco parecía tan preocupado y nervioso, que seguramente estaba temiendo que Ginny lo inculpara en cualquier momento.

Y eso era lo que a Ginny le dolía, precisamente. Su falta de confianza. Qué Draco pudiera creer que, a pesar de haber estado a punto de entregarse a él, ella no sintiera nada ya por el muchacho. Y por supuesto que no le deseaba ningún daño.

Ginny cerró los ojos y pensó en esos sentimientos… Sentimientos que, lentos pero seguros, se estaban forjando en su alma con respecto a Draco. No podía o no quería admitir que estuviese enamorada, pero era cierto que lo que Malfoy inspiraba en ella era algo más que el simple deseo de ser poseída por él. El chico le preocupaba enormemente, temía por él. Deseaba estar más cerca de él.

Hubiera dado lo que fuera por regresar el tiempo y haberle pedido al Sombrero Seleccionador que la hubiera colocado en Slytherin en vez de Gryffindor… así, podrían estar cerca el uno del otro y nadie sospecharía de su relación…

Se rió bajito de ella misma, sintiéndose ridícula por estar anhelando hasta con un cambio de Casa, sólo por estar próxima a Draco.

Se levantó, dispuesta a irse a la cama, y se percató que casi olvida la revista que Parvati le prestó. La tomó y subió con ella las escaleras del dormitorio, y a casa paso que daba, una afanosa lucha interna se gestaba en ella.

Draco había huido aquella noche y ahora la evitaba… ¿por qué?

Por que cree que lo voy a rechazar, por tener la marca, se contestó ella misma.

¿Y de verdad lo rechazaría?

Por supuesto que no… él es lo mejor que me ha pasado en mi vida.

¿Lo mejor?. ¿Más que Dean? Entonces. ¿lo quería?... ¿Ella estaba enamorada?

Se detuvo, incierta ante su propia pregunta… sacudió la cabeza, pensando que si bien no creía que fuera amor, por lo menos si tenía la seguridad de que se moriría sino se sabía sólo suya y de nadie más. Reanudó su marcha escaleras arriba, y se respondió:

Lo quiero. Quiero que sea mío y yo quiero ser suya.

¡Bien! Pues entonces… ¿qué esperaba para hacer algo?

Al momento de llegar a su habitación, sentía cómo si se hubiese quitado un enorme peso de encima… le pareció que por fin, después de días de pensar en Draco, había logrado deducir, casi sin temor a equivocarse, qué él era sólo una víctima más del malvado mago oscuro.

Se dejó caer en su cama, no se podía decir que se sintiera especialmente feliz, pues aún obligado o no, el hecho era que Draco tenía la marca tenebrosa en su antebrazo y eso era bastante preocupante por sí solo. Pero por lo menos, quedaba la esperanza que Harry, Dumbledore o quien fuera venciera al mago oscuro y entonces, Draco quedaría libre… y podría demostrar que fue obligado, que lo reclutaron contra su voluntad y sería absuelto y todo lo demás. Y entonces…

La sola idea la ilusionó, y tuvo ganas de brincar y reír. No le tomó más de un segundo decidir.

Mañana hablaría con Draco.

Y le diría que eso no le importaba, que ella confiaba que él no había sido voluntario, que a pesar de tener todo en su contra, aún quedaba algo de esperanza… y sobre todo, que Ginny aún deseaba estar con él, entregarse a él. Continuar con lo que habían interrumpido en la sala de maestros.

Se estremeció de deseo tan sólo de pensar en aquello que Draco la hacía sentir con sólo tocar su cuerpo. No podía imaginarse, por más que lo intentaba, cómo sería hacer el acto completo. Había escuchado decir que era sublime, que era lo mejor… pero por Merlín que no podía visualizarlo ni un poco. Sonrió, y se prometió a ella misma que pronto lo averiguaría. Y solamente, de la mano de Draco.

Soñó despierta por un rato, recordando la manera en que la besaba y que la hacía sentir que algo se derretía en su interior. Sus labios eran tan suaves, y su lengua atrevida y apasionada… el modo en que invadía su boca la excitaba. Añoró su sabor y su aroma, el tacto de su cabello entre sus dedos… la suave piel de su torso y la forma en que gimió y se estremeció cuando ella lo acarició.

Ginny sintió justo en ese momento un golpe de calor en su vientre y una desesperación en todo su cuerpo, como si el simple pensamiento de lo que Draco le hizo alguna vez, le provocara reacciones como si realmente eso pasara de nuevo. Abrazó una de sus almohadas y se giró hasta quedar acostada de lado, intentando no pensar más, pues sabía que la insatisfacción que seguiría a su fantasía era dolorosa y cruel.

Suspiró muchas veces, intentando tranquilizar su cuerpo ansioso. Tratando de pensar en otras cosas que no provocaran que su ánimo respondiera de ese modo… Pero era difícil, estaba casi desesperada por saber, por probar… por averiguar qué era, por fin, hacer el amor.

Apretujó más la almohada contra su pecho, mientras contraía sus piernas al sentir un agradable cosquilleo en su sexo… Gimió de complacencia, intentando no pensar, pero pensando de todos modos.

Draco desnudándola… sus ojos brillando en tonos plata. Ginny se retorció con la almohada, sumergiendo su rostro en ella. Las manos del chico acariciando sus senos, poniendo duros sus pezones en respuesta… y más tarde, su boca, caliente y loca… mordisqueando y lamiendo. Mojando de saliva su prenda íntima…

¡Por el amor de Merlín, qué diablos me estoy haciendo!

Gritó Ginny en su mente, y de golpe se incorporó. Respiraba con agitación, asombrada de lo que los simples recuerdos le provocaban. Y eso que no había llegado aún a la parte dónde Draco había oprimido contra su vientre cierta parte de la anatomía del chico que Ginny no podía… ni quería imaginarse cómo era.

Respiró profundo, logrando calmarse un poco. Miró a su alrededor y encontró a su lado la revista de Parvati… No le apetecía leer, pero quizá así pudiera olvidarse un rato de esos turbadores pensamientos… Sonrió pensando que, si al día siguiente hablaba con Draco, quizá… Si él aún quería, y lo convencía que a ella no le importaba… Quizá, eso que estaba imaginando, se podía hacer realidad de nuevo muy pronto.

Satisfecha con su resolución de buscar a Draco al día siguiente, cruzó las piernas y abrió la revista, sin querer ni siquiera pensar en las consecuencias que tendría en su ánimo si descubría que Draco ya no quería nada con ella.

¡Qué revista tan cursi! Pensó mientras daba vuelta a las hojas. "Filtro hecho en casa para uñas largas y bonitas, cuyo color cambia por sí solo cada día"… "Mi mejor amiga es una muggle racista: caso de la vida real"… "Fotos Mágicas exclusivas de la quinta boda de Celestina Warbeck"… Uff.

Estaba a punto de cerrar la revista y aventarla lejos, cuando algo llamó su atención. Sus ojos se abrieron como platos y su sonrisa se iluminó. Estaba mirando unos anuncios de artículos mágicos que se vendían por correspondencia, y uno de ellos le atrajo poderosamente… parecía ser una buena idea. Buscó el precio del artilugio y suspiró aliviada al comprobar que no era costoso y que podía pagar por él.

De inmediato, arrancó el cupón de pedido y salió a exigirle a Ron que le prestara a su lechuza Pig.

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Al otro día, era sábado por fin. Draco se despertó tarde, pues su recurrente insomnio lo tenía agotado hasta la muerte… Harto y cansado, pensó que le esperaba trabajo en la Sala de los Menesteres, y entonces bufó fastidiado. Maldita misión, ya me tiene hasta la mierda… pensaba, renegando una vez más de su condición obligada de Mortífago.

Se mordió los labios al pensar en Ginny, y la familiar angustia de no saber si la chica lo acusaría con Dumbledore, o con alguien de su familia o hasta con el inútil de Potter… lo sacudió como diario, provocándole que le doliera la cabeza…

Pero habían pasado varios días, y la chica pelirroja no daba señales de haber difundido su secreto. Draco no sabía que pensar de ella, pudo haber imaginado que estaría furiosa por lo acontecido, por haberla dejado sola y desnuda al haber entrado en pánico, al haber huido al no tener una explicación a lo que la chica había descubierto dibujado en su cuerpo.

Sabía que no debía haber sido tan cobarde, que ella no se merecía eso en lo absoluto. Ginny había confiado en él, al grado de estar dispuesta a entregarse en cuerpo y alma sin casi conocerlo, sin exigirle ningún compromiso ni nada a cambio.

Pero lo hecho, hecho estaba y no había nada que pudiera hacer para retroceder. Recordó cómo al día siguiente de aquella noche, casi le habían dado ganas de hacer su baúl y escapar de Hogwarts, seguro cómo estaba que ella lo delataría. Pero el temor a enfrentar a su Señor Oscuro sin haber cumplido su misión fue aún mayor que el miedo a ir a Azkaban, por lo que al final se quedó. Sin embargo, pasó la mañana… y el día completo y nadie lo enfrentó, ni profesores ni el Ministerio.

Al mediodía había visto a Ginny en el Comedor, y aunque la chica ni siquiera le dirigió una sola mirada, había algo en ella que le dijo que su secreto se salvó. Draco alcanzaba a percibir en Ginny un aura de furiosa resignación, como si ella tratara de aparentar que lo de la noche nunca pasó. Y que Draco sería borrado de su memoria para siempre.

Eso lo lastimaba, obviamente. Pero no tenía opción. Ahora estaba convencido que el sexo ocasional también le estaba prohibido, al no poder andar exponiendo su marca oscura por ahí a cualquier chica… Quizá sólo si fuera alguna hija de Mortífago.

Y cuando pensaba en eso, aún más se asombraba que Ginny guardara su secreto. Siendo ella hija de traidores a la sangre pura, que se regocijarían de la desgracia de los Malfoy… siendo amiga de Potter, su eterno enemigo… siendo casi parte de esa ridícula asociación hecha por Dumbledore, "la orden como se llame"… Y aún así, no parecía decirle a nadie que había descubierto que Draco era Mortífago.

¿Por qué, Ginny Weasley? Pensó mientras metía su mano bajo su almohada y acariciaba la negra mantilla. No quería pensar en la respuesta, pues temía hacerse falsas esperanzas cuya realidad lo lastimaría más.

Sobre todo, esperanzas. Esa era una palabra que no tenía cabida en su vida ya más. Tenía que olvidarse de la pelirroja y continuar con su misión… No le quedaba de otra, pues jamás pensó tener otra oportunidad con Ginny después de su cobarde proceder.

Media hora más tarde, estaba subiendo hacia el Comedor para desayunar, acompañado de Crabbe y Goyle. Pansy no le hablaba, por suerte… la trigueña estaba hecha un basilisco desde la noche de los chocolates con poción.

Draco sonrió con suficiencia al recordar que, después de la visita de Ginny a la enfermería, cuando le fue a avisar que no los comiera, Crabbe y Goyle habían llegado a darle las buenas noches. Entonces, Draco les invitó chocolates y, regocijado, observó a los dos glotones devorarse la caja completa antes de que un brillo peculiar resaltara en los ojos de ambos y abandonaran la enfermería a toda prisa en busca de Pansy Parkinson.

El recuerdo de una Pansy furiosa enfrentándolo al otro día, todavía hoy lo hacía reír. La chica le había dicho que los dos gorilones la habían acorralado, abrazado e intentado besar en su sala común, y por suerte para ella que empezaron a pelear por ver quien se quedaba con su amor, y así tuvo modo de escapar a su habitación.

Draco le había dicho que lo tenía bien merecido por tramposa, y que se olvidara de él, pues ni con pociones de amor conseguiría atraparlo en sus garras. Que se alegrara de tener para escoger de entre la inteligencia de Crabbe o la gallardía de Goyle, y entonces Pansy se había dado media vuelta y marchado, bufando de rabia y dejando a Draco bastante divertido.

En eso estaba pensando, cuando por inercia y costumbre buscó a Ginny al entrar al Gran Salón. Estaba dónde siempre, sentada junto al gordo de Longbottom. Draco agachó la mirada, pensando que nunca se imaginó que sentiría envidia de ese patético panzón algún día. Le envidiaba la suerte de poder estar tan cerca de ella y ser su amigo sin levantar sospechas.

Un jalón en su túnica lo sorprendió y lo sacó de sus pensamientos. Se detuvo de improviso a ver qué lo había atorado.

-¡Hey! –gritó Goyle. -¿Qué crees que haces, estúpida loca?

Draco volteó hacia su izquierda, a la mesa de Ravenclaw, y descubrió que Goyle se dirigía a Lunática Lovegood, quien, al parecer, era la que lo había tomado de la túnica al pasar. La chica rubia no miraba a su gordo amigo, sino a él. Parecía muy tranquila, y entonces le sonrió y levantó una ceja, señalando con sus ojos hacia su túnica y luego hacia la mesa de Gryffindor…

Draco sintió que temblaba… Él sabía que esa chica era amiga de Ginny, pues las había visto juntas muchas veces. ¿Estaría tratando de decirle algo sobre la pelirroja?

-Cierra la bocaza, Goyle –le susurró a su amigote. –Estoy seguro que Lovegood tiene su buena razón para hacer lo que hizo. ¿O no, Lunática?

La chica levantó su barbilla, aparentemente sin inmutarse ante su tono cortante y frío. Sin dejar de sonreír amable, le explicó:

-Tenías un bicho rojo justo aquí –le señaló el bolsillo de su túnica. –Te lo he quitado antes que te picara.

Crabbe y Goyle se rieron como idiotas, mientras que Draco sentía que el alma se le caía a los pies. ¿Un bicho "rojo"? Por Merlín que esta niña estaba tratando de decirle algo. Tragó saliva y miró hacia atrás, y por un segundo, su mirada se cruzó con la de Ginny. Pero casi de inmediato, la chica miró otra vez su plato de avena.

-¡Cállense ya, estúpidos! –les espetó a sus amigos. –Ella dice la verdad. Yo… traía un bicho… Gracias, Lovegood. Debió haber sido un honor para ti poderme tocar aunque sea de mis ropas.

La miró con intensidad, pero los ojos celestes de la chica no le daban ningún mensaje… Sólo parecían sonreírle junto con sus labios.

-De nada, Malfoy… el bicho está en tu bolsillo –y dicho esto, se giró para seguir comiendo.

Draco se dio la media vuelta rumbo a su mesa, sintiéndose más y más débil a cada paso que daba. Incapaz de resistir más sin averiguar de qué hablaba la chica, se llevó su mano al bolsillo y buscó… casi se muerde el labio cuando sus dedos palparon un pergamino doblado en el interior.

Se paró en seco otra vez. Les dijo a Crabbe y Goyle que tenía que ir al baño y, despavorido, corrió hacia la salida del Comedor.

Una vez fuera y sin nadie a la vista, se sacó el pergamino y lo desdobló… el corazón le palpitaba con dolor de la emoción… Le rogaba a todo lo que fuera sagrado que eso significara algo bueno.

Malfoy:

Necesito mostrarte algo. Dame lugar y hora. Te aseguro que puedes confiar en mí; no te defraudaré.

G.W.

Draco casi estruja el papel de lo feliz que se sintió… una sonrisa idiota le iluminó el rostro, y arrebatándole un lápiz a un chico de primero que pasaba por ahí, escribió justo debajo del mensaje:

Límite del Bosque Prohibido, del lado del Lago. Justo ahora al terminar desayuno.

Lo pensó por un momento, y después de titubear un poco, agregó:

Gracias… Te espero.

D.M.

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No fue difícil deshacerse de sus amigos al terminar de desayunar, sólo les dijo que necesitaba estar a solas un rato. Había caminado a paso veloz sobre la nieve, después de haber corrido a su habitación por un indispensable abrigo. Ya afuera en los terrenos, se escondió detrás de un árbol junto al Lago, de modo que nadie que no estuviera justo a su lado lo alcanzaría a descubrir.

Pero el tiempo pasó y ella no llegaba, haciendo que Draco empezara a temer que el mensaje no le hubiese sido entregado a tiempo. Tiritando de frío, metió las manos a los bolsillos de su elegante abrigo negro de lana, arrepintiéndose de haberle regresado la nota a Lovegood cuando regresó al Comedor. Había fingido que la empujaba haciendo gestos de asco, y había aprovechado para colocarle el pergamino de nuevo en su mano, suplicándole con la mirada que fuera discreta y rápida.

Pero por lo visto no lo había entendido así.

-Maldición, de veras que esa chica anda en la luna –se dijo, creyendo que estaba loco por estar en el exterior nevado, esperanzado de que Ginny acudiría ahí a verlo. O quizá ella pensaría que Malfoy estaba demente al haberla citado ahí afuera con semejante clima.

En eso estaba, cuando pasos en la nieve lo pusieron alerta. Eran suaves y rápidos, y salió de detrás del árbol para descubrir a quien fuera.

Ginny venía tan presurosa y mirando el suelo que pisaba, que no se fijó en Draco que salió prácticamente de la nada y se atravesó en su camino. Chocó de frente a él, y levantó el rostro sorprendida. De inmediato, Draco la aferró de los brazos con sus manos, sin permitir que la chica diera un solo paso atrás.

-Siento si te lastimé –le susurró él.

Ella negó con la cabeza, abriendo los labios pero sin decir palabra. Draco tragó fuerte, incapaz de soportar la visión de la boca de Ginny y no…

En un rápido movimiento la jaló hacia él, llevándola atrás del árbol. Recargó su espalda contra el frío tronco y la acercó a su cuerpo… Sin darle tiempo a nada, agachó su rostro y ahogando un gemido de placer contenido, la besó.

Labios y aliento, ambos helados al principio. No fue suave, ni siquiera al empezar. La besó duro, ávido, rebelde. Absorbiendo los secos labios de la chica entre los suyos casi con violencia, mordisqueando, logrando arrancar un gemido largo de la garganta de Ginny. Suspiró por la nariz e inclinó su cabeza a un lado para poder profundizar, para lograr introducir su lengua adentro, muy adentro… Oprimió los dientes de ella con su lengua, y la sintió abrir la boca, dándole paso. Se metió, mientras la tomaba con una mano por la nuca y con la otra la rodeaba por la espalda.

No sabía porqué estaba haciendo eso, no tuvo ni tiempo de razonar. Sólo sabía que al haberla visto venir hacia él, y sabiendo a lo que había venido… lo habían desquiciado. Y ahora sí, por Merlín, que no iba a desperdiciar la oportunidad. Sólo de pensar eso, el frío que había sentido pasó al olvido y todos sus sentidos se agudizaron… Casi juraba que podía escuchar las pequeñísimas olas que se formaban en la orilla del lago, justo a unos metros de distancia. La pasión lo envolvió, y el beso atrevido y fuerte que le estaba dando a Ginny lo desató… su erección empezó a crecer sin que lo pudiera evitar.

Separó por fin su boca de la de ella, y sin alejar más de unos centímetros sus labios de los de Ginny, esperó su reacción. Sabía que se había comportado como un estúpido y un cobarde, y muy en el fondo de su alma sentía que no la merecía… Pero no pensaba decírselo. Por lo menos, no pronto.

Entonces ella sonrió, y sí él lo supo no fue porque la hubiera visto, sino porque sintió su sonrisa junto a su boca. No dijo nada, y entonces Draco tuvo la certeza que había sido perdonado, aún sin pedirlo. Suspiró bastante aliviado.

-Quiero que sepas que lo que tienes en tu brazo… -empezó Ginny, y Draco se tensó, nervioso, esperando que ella exigiera una explicación -para mí no significa nada. Me imagino que tuviste una poderosa razón para permitir que él te pusiera eso, y yo… Yo no soy nadie para juzgarte, Draco.

El muchacho abrió sus ojos, sorprendido de las palabras de la pelirroja. Frunció el ceño, extrañado ante su indiferencia a semejante evidencia que él estaba de parte de los Mortífagos.

-¿No… no te importa? –tartamudeó sin convencerse por completo. -¿No me temes?

Vio que Ginny se mordía el labio inferior y volteaba su mirada hacia el Lago, como meditando su pregunta. Por un momento, Draco temió que ella lo hubiera citado sólo para hablar y no para lo que había pensado. Avergonzado, empezó a respirar con profundidad para lograr disminuir su excitación. Pero la visión de Ginny, frente a él y en la soledad del Bosque, enfundada en una gruesa falda de pana y un viejo abrigo descolorido, con su cabello suelto alrededor de su rostro y hermosamente sonrosada por el frío, le dificultaban enormemente la tarea de tranquilizarse.

Ella preguntó de repente, sin dejar de mirar al Lago:

-¿Me harás daño?

-No –dijo con completa sinceridad.

-Entonces, no tengo nada que temer contigo. ¿O sí? –regresó sus ojos color miel hacia los suyos y le sonrió con dulzura. –Confío en ti. Y tú. ¿confías en mí?

Draco le devolvió la sonrisa, y dando un paso para estar más cerca de ella, levantó sus manos hasta la cara de la chica y tomó sus mejillas, acariciando delicadamente sus cejas con los pulgares. Ginny lo miró anhelante.

-¿Cómo no confiar en la chica más valiente de Hogwarts?... Ginny, cada día me sorprendes más, eres fantástica y yo…

Te quiero, pensó decir, pero se mordió la lengua. Arrugó el entrecejo, impresionándose por lo que estuvo a punto de soltar… Intentó pensar en algo más inocente que comentar, y completó:

-…estoy gratamente sorprendido por tu reacción.

Ginny levantó una ceja, escéptica, pero al final sólo sonrió. Draco se aclaró la garganta nervioso, y bajó sus manos de su cara. Avergonzado, decidió cambiar de tema.

-En la nota escribiste que tenías algo que mostrarme… ¿qué es?

Ginny se rió. -¡Pero qué curiosos son los hurones!. ¿Así que la duda te está carcomiendo?

Draco sonrió presuntuoso y la abrazó, mientras le susurraba: -Odio que me llamen hurón. ¿Lo sabías, comadreja?

Ginny soltó unas sonoras carcajadas cuando Draco le pico por las costillas, haciéndole cosquillas. -¡Está bien! No te volveré a llamar hurón, huroncito. ¡Para ya, o no te mostraré mi regalo!

Draco la soltó y le preguntó sarcástico: -¿Un regalo?. ¿Para mí? Gárgolas, que me muero de impaciencia por verlo…

-¡Ja! No finjas, sé que en realidad sí te mueres por verlo… Mira.

Se separó medio metro de él, y entonces se levantó la manga izquierda de su abrigo. Por un momento, Draco se aterrorizó, temió que la chica tuviera, de algún modo que no quería ni pensarlo… eso mismo que él tenía en el antebrazo. Con la voz temblorosa, murmuró: -¿Ginny, qué has hecho…?

Asombrado y sin saber qué pensar, observó que efectivamente Ginny tenía algo grabado en su piel. Pero no era lo que había creído, y el alivio lo golpeó con tanta fuerza que casi se le doblan las rodillas. Ginny le tendió su brazo y esperó su reacción. Draco la miró a los ojos por un momento y los encontró brillando de traviesos, así que tuvo la certeza que eso no tenía nada que ver con Mortífagos. Bajó la mirada y estudió unos curiosos signos que la chica tenía pintados en su antebrazo con tinta color marrón.

स्वादिष्ट खाना

Levantó una ceja, sin saber a ciencia cierta que decir o creer. Aparentemente, la chica se había tatuado algo, pero no alcanzaba a averiguar el porqué. –Y eso… ¿qué es? –le preguntó.

Ginny sonrió anchamente y contestó: - Svādist khānā.

-¿Es cana qué?

- Svādist khānā.

-Ginny… ¿en qué idioma me estás hablando?

-Es hindi, tontito –contestó ella risueña. –La legua de la India.

Draco rodó los ojos. –Ya sé que el hindi es de la India, pero no por saberlo quiere decir que tengo que conocerlo… ¿Tú lo hablas?

-No, pero… tengo una amiga que me ayudó a traducir esta frase. Ella sí es de la India.

Draco la miró por un largo momento, intentando adivinar qué querían decir esos signos… -¿Qué significan?

Ginny sólo se rió y para asombro de Draco, se ruborizó más. –Tendrás que averiguarlo tú mismo si tanta es tu curiosidad. Yo sólo te diré eso: svādist khānā.

-¿Así que tengo que adivinar? –preguntó divertido. –Bien... ¿qué tal… "confío en ti"? –la chica negó con la cabeza, sonriendo. -¿No? Bueno, veamos… ¿"Me gusta usted mucho"?. ¿Tampoco?. ¿O, "Draco es el chico más elegante y atractivo de Hogwarts"?. ¡Ya sé, ya sé!. ¿Qué tal: "No tocar. Esta pelirroja pertenece sólo a Malfoy"?

Ginny soltó una risa tan franca y alegre que hizo sonreír a Draco sólo de escucharla.

-Completamente helado, señor Malfoy –le dijo cuando dejó de reír. –Pero quiero que sepas que eso no es todo tu regalo… hay mucho más.

Draco levantó una ceja y sonrió voluptuoso. -¿Más?

Ginny asintió y le murmuró: -Pero necesito mostrártelos en privado.

Draco respingó y sintió que su excitación reclamaba acto de presencia de nuevo.

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Al llevarla de la mano hacia la pequeña cueva que conocía, no dejaba de maravillarse por su buena suerte. Recordó que apenas hacía unos días, había recorrido ese mismo camino con una tipa que no le importaba en lo absoluto y entonces, había pensado que daría lo que fuera por que en su lugar, hubiera sido Ginny. Una enorme sonrisa cruzó su pálido rostro al pensar que su deseo, estaba por hacerse realidad.

Ginny lo miraba curiosa, y al verlo sonreír tan ampliamente, le preguntó:

-¿Qué te causa tanta diversión?

Draco la miró, y como no quería confesarle su secreto anhelo, le platicó el destino de los chocolates de Pansy, lo que provocó grandes risas en la chica. Llegó un momento en que los dos habían charlado y reído tanto, que Draco tuvo que admitir que antes de Ginny, con ninguna chica se había sentido así… La piel se le enchinaba sólo de saber lo que a continuación les esperaba.

Conforme se internaron en la espesura, la temperatura parecía descender al igual que las grandes sombras de los árboles sin hojas. Draco la miraba de reojo, asombrado y dándole las gracias a los dioses del Olimpo de que ella lo hubiera aceptado, aún mortífago y todo. No le quedaba muy claro el significado del tatuaje en su brazo, pero intentaba suponer que era una muestra de solidaridad o algo así.

Llegaron al pie de una colina de piedra, y Draco dirigió a la chica hasta una abertura tan pequeña que tendrían que agacharse para poder entrar. Estaba oscura como boca de lobo, y Draco notó a Ginny titubear, no muy decidida a entrar a ese lugar escabroso. Sonrió y sacó su varita guardada bajo su abrigo.

Convocó desde afuera un fuego, apuntando hacia dentro de la cueva en dirección dónde él sabía estaban colocados unos leños. Ginny lo miró interrogante, y entonces Draco tuvo que admitir que conocía el lugar… claro que no le dijo que lo había usado para venir en ocasiones anteriores con otras chicas, sólo le explicó que lo usaba para sus ratos de soledad. Ginny levantó una de sus delgadas cejas no muy convencida, pero conforme con la explicación. Draco suspiró, y con un brazo extendido, la invitó a entrar.

La chica se agachó un poco y se introdujo en el lugar, provocando que Draco parpadeara ante el espectáculo que la parte posterior del cuerpo de Ginny le obsequió a su vista. El muchacho tragó saliva excitado, mientras miraba a todos lados antes de entrar. No se veía absolutamente nadie por las cercanías, sólo había nieve, árboles y quietud.

Entró y dio un vistazo por el lugar. Estaba sucio y frío, como una buena cueva debe ser, pero nada grave que un poco de magia no pudiera arreglar. Ginny miraba alrededor un poco decepcionada, así que Draco le pidió que cerrara sus ojos por un momento. La chica dudó de nuevo.

-Vamos, confía en mí.

La pelirroja suspiró, y sonriendo los cerró. Draco se aplicó a hacer algunos hechizos de limpieza, lo más rápido que pudo hacerlo. Y para cerrar con broche de oro, hizo gala de su mejor encantamiento de trasformaciones que tenía bajo la manga y que siempre aplicaba cuando estaba en esa cueva: convertir una enorme roca que descansaba justo a un lado de la pared de la cueva en una pequeña pero cómoda cama. Sonrió con autosuficiencia, mientras revisaba que el fuego mágico ardiera con suficiente intensidad para calentar pronto el lugar.

Volteó su cuerpo hacia Ginny, y eliminó la pequeña distancia que los separaba. Ella aún estaba con los ojos cerrados y con los brazos cruzados por encima de su estómago, esperando. Draco se detuvo frente a ella, pero sin decirle nada… No quiso romper el pequeño encanto que era poderla observar con fijeza y nitidez, sin que tuviera que cuidarse de que alguien lo descubriera haciéndolo… Sus ojos se perdieron en las finas líneas de su rostro, intentando memorizar para después poder recordar, cada pestaña larga y rizada, cada pequeña peca y su lugar exacto en la nariz, cada curva de su boca que en ese momento se torcía en un gesto de desespero y fastidio. Él sonrió, y levantó sus manos hacia su cabello cuando ella preguntó, impaciente:

-¿Y bien?. ¿Falta mucho?

Draco no le respondió, sólo posó sus manos sobre su cabeza, sintiendo como la chica temblaba al contacto después de suspirar asombrada. Abrió sus ojos justo a tiempo para ver a Draco bajando su cara dispuesto a besarla. Draco deslizó sus manos por su cabello, pasando despacio por sus orejas y llegando hasta sus mejillas… acunó el bello rostro con ellas y sin decir palabra, y sin cerrar sus ojos, abrió un poco su boca deteniéndose a unos centímetros de la de ella.

Estaba tan cerca, que su rostro sólo era un manchón rosado y pecoso ante su vista, pero no deseaba cerrarlos, no deseaba perderse el detalle de ese beso que sería el preludio para algo mejor. Miraba la boca de Ginny, que entreabierta también, esperaba por la él, gimiendo de desasosiego.

-Oh, Draco –dijo ella sin voz, sólo en un suspiro que pareció salir de su corazón mismo.

Draco aspiró por su boca el aire embriagado del aliento de ella, saboreándolo… reconociéndolo, y no queriendo llevar prisa, sabiendo que tenían toda la tarde por delante, decidió hacer las cosas despacio, viviendo con una intensidad que nunca había pensado manejar, en un acto que jamás creyó desear con tanta impaciencia.

Posó apenas levemente sus labios sobre los de ella, sin moverlos… sólo tocando. Sintiendo descargas eléctricas en ellos, al percibir la humedad de la boca de Ginny, que deseosa, se abrió esperando ser tomada por la de él. Draco lamió con su lengua el contorno de sus labios, deleitándose con su sabor, fascinado por su suavidad, pasmado por la manera en que ella también lo estaba anhelando.

Introdujo su lengua por fin, en la pequeña cavidad de los labios entreabiertos. Cerró los ojos, incapaz de no sucumbir, intentando convencerse que eso no era sólo uno de sus tantos sueños. Al mismo tiempo que su lengua probaba los rincones de la ardiente boca de Ginny, sus labios se movieron prestos sobre los de ella, devorando con pasión avasallante cada milímetro de suave y tersa piel. Empezó a caminar hacia atrás, jalando a la chica consigo, dirigiéndola hacia la cama, que vestida con suaves y tibios cobertores esperaba para cobijar a los amantes.

Al sentir sus piernas chocar contra ella, Draco se detuvo y soltó las mejillas de Ginny, y sin dejar de besarla ansioso, llevó sus manos a los botones del abrigo de la chica, y deslizándolo por sus brazos una vez desabrochado hasta que cayó al suelo. Separando sus bocas del beso, él se deshizo también de su abrigo, sin molestarse en fijarse a dónde había caído cuando lo aventó lejos.

Ginny vestía un suéter delgado de punto y una falda de pana, y cubría sus piernas con unas gruesas medias de pierna completa. Draco adivinó con mirada lujuriosa las formas del cuerpo de la chica a través de sus prendas, ansiando verla de nuevo en deslumbrante desnudez. Pero la última vez le había quedado a deber algo, por lo que le pareció justo que esta vez, él fuera el primero. Se sacó de encima su suéter negro junto con su camisa, provocando un rubor en las mejillas de la chica, que levantó una ceja ante la inesperada semidesnudez de Draco.

-Es lo justo. ¿No? –le preguntó él con una sonrisa divertida. –Así te daré la oportunidad de poder abandonarme desnudo y acelerado… -levantó una ceja en un gesto seductor, y completó: -Claro, en el hipotético caso de que pudieras hacerlo.

Ginny rió y sacudió la cabeza. –No me provoques, Malfoy, porque te lo cumplo. Bien merecido te lo tendrías.

-Dudo que puedas hacerlo… -dijo él mientras se desabrochaba su pantalón ante la mirada atónita de la chica. –Después de ver semejante espécimen, no querrás dejarme sin haberme probado primero.

Ginny ya no pudo contestar ninguna ironía, miraba extasiada al chico bajarse la oscura prenda inferior, después que arrojó botas y calcetines a un lado. Ginny enrojeció ante el espectáculo, y desvió sus ojos de la entrepierna de Draco aún cubierta sólo por su bóxer para mirarlo a los ojos. Ella no decía nada, parecía haberse quedado muda de la sorpresa por su atrevimiento, y entonces, él sólo le sonrió y le dijo en un suave susurro:

-Estoy listo… ¿y tú?

Ginny tragó saliva sin bajar su mirada para nada, pero a pesar de su miedo y nerviosismo palpable, tenía en sus ojos un brillo peculiar, el cual Draco intuía era deseo y pasión por lo que les esperaba. Pero parecía estupefacta por la desnudez y el arranque de Draco, y se había quedado peor que estaca clavada en el suelo de tierra.

Draco caminó hacia ella, soportando estoicamente el frío y duro piso bajo sus pies, y provocando que ella abriera mucho los ojos por el estupor, la tomó por la cintura y la jaló junto con él, hasta sentarla en la cama a su lado. Se inclinó de nuevo para besarla y le murmuró roncamente, justo sobre sus labios:

-¿Me deseas tanto como yo a ti?

Ginny tembló bajo su beso y sus palabras, y tímidamente, asintió con un leve movimiento de cabeza. Levantó sus manos hasta posarlas en los hombros del muchacho, tan despacio, como si su piel le quemara al contacto. Draco sonrió presuntuoso, sabedor que dentro de poco las tibias manos de Ginny lo recorrían por completo. Rodeó su espalda con sus brazos y la acercó a él, profundizando su beso. Sintió bajos sus labios el calor de su gemido, seguro de que hubo existido aunque sus oídos no lo escucharon.

Los dedos de Ginny tamborileaban impacientes en los hombros de Draco, y como si tomara repentinamente la decisión, deslizó sus pequeñas manos por sus brazos y después, de regreso. Draco notó que la mano derecha de la chica evitaba tocar su marca maldita, y no la culpó por ello.

Draco volvió su beso más pasional y desesperado, inundado de pronto por un salvaje deseo de ser uno con esa chica, como si supiera que había ingerido algún mortal veneno y hacer el amor con ella fuera el único antídoto para evitar la muerte. Cómo la deseaba, cómo la estaba empezando a querer… Cómo

Acarició su espalda, llevando sus manos por la curva de su cintura hasta el borde de su suave prenda, e introduciendo un par de dedos por debajo de ella, sintió su cuerpo sacudirse al rozar la piel de su estómago. Estaba al borde del deseo y la locura, su erección era más que evidente y lista, era tanta su urgencia que le dolía… pero se obligó a suspirar con profundidad, para tener el valor de aguantar y hacerlo despacio… Después de todo, ni siquiera la había desnudado. Una voz en el fondo de su mente le sugería que fuera amable y delicado, para que ella, posteriormente, deseara repetir la experiencia de nuevo.

Se separó de Ginny sintiéndose un poco ambiguo, atrapado entre el enorme deseo de poseerla de inmediato y la certeza de que, debido a su virginidad, tendría que ser cuidadoso. Ella abrió los ojos al sentir que el chico se retiraba, y entonces, le sonrió.

Fue una sonrisa tan sincera, tan radiante y libre de hipocresía, que Draco se desarmó. Un escalofrío le recorrió el cuerpo entero, provocando que la piel se le erizara por culpa de un raro sentimiento, que el chico ignoraba, llevaba por nombre ternura.

Ginny pareció notar su estremecimiento, y creyendo seguramente que era frío lo que el chico tenía, le dijo:

-Sería bueno que te dieras prisa a desenvolver tu regalo, y así podremos cubrirnos bajo el cobertor.

-¿Mi regalo? –preguntó él, con la cabeza dándole vueltas por un extraño mareo. Levantó una ceja curioso, cuando Ginny continuó.

-Tu regalo, tontito… soy yo, por supuesto… y lo que hay debajo de mi ropa. Quise demostrarte que sobre la piel se pueden tener marcas de otro tipo… por ejemplo, de pasión y entrega. Pero al final, son sólo eso, marcas del exterior. No son nuestro verdadero "yo".

Draco frunció el ceño al no entender de qué hablaba Ginny, y entonces ella le tomó ambas manos y se las colocó de nuevo al final de su suéter. –Sácalo –le pidió en un susurro.

Draco no se hizo del rogar. Levantó la prenda, pasándola por los brazos y la cabeza de la chica, y entonces, jadeó de la sorpresa mientras el cabello rojo de Ginny caía son suavidad sobre sus desnudos hombros.

Ella sonrió ante su estupefacción y le repitió, con la voz cargada de cariñoso deseo:

-Svādist khānā, Draco Malfoy.


Notas de la autora:

¿Qué les puedo decir que me haga sentir menos culpable por haberme tardado tanto? Creo que nada, sólo: Gracias por sus reviews, por sus lecturas, por su paciencia, por su comprensión.

Estoy justo pasando un momento muy absorbente en tópicos de índole familar... --uff-- Y no tengo más remedio que disponer sólo de pequeños lapsos de tiempo para escribir. Y si a eso le sumamos cansancio, sueño y falta de inspiración, se provoca una combinación desastrosa.

Deseo de corazón que ustedes no se cansen de esperar las actualizaciones y abandonen la historia, porque quiero que tengan la certeza que yo no la abandonaré... En serio.

Bueno, quiero agradecer a Dark Tsubasa, Hikari Katsuragi, Honey Black, Chibi Haru-Sama, Sakura Shidou, Arcueid27 Granger, Roxy'Pamevellsz, Aiosami, Pily, Ruby Malfoy, Alehp, Mary, Karina (Gracias por todo lo que me dices, eres muy amable... espero que la historia te siga gustando... besitos...), Cecy, Karen, Meichen-chan, Leodyn, S. Lily Potter, Arashi, alguien anónimo que se puso el pseudónimo "Yo" y que me escribió comentarios muy amables y sinceros (gracias! todo un honor), Ninia (que me dejó algo que no entendí, pero supongo que es muestra de su desespero porque no actualizo rápido, jeje... lo siento!), y para finalizar, Elen Grantter.

Un agradecimiento especial a mi paisana Lucero, que me está ayudando a "betear" mis historias, de un modo desinteresado, súper eficiente y rapidísimo... ¡Muchas gracias, amiga!

Un beso a todos y nos vemos en el 8... "Svādist khānā, 2ª Parte"...