Capítulo 8
Svādist khānā
2ª Parte
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"¿Ha amado acaso mi corazón antes que ahora?
Afirmad lo contrario, ojos míos,
que hasta esta noche nunca vi la verdadera belleza."
Ginny levantó su mano y tocando con el dedo índice la barbilla de Draco, le cerró la boca que hasta ese momento, había tenido completamente abierta. Se rió traviesa y se sorprendió de no sentirse ella misma más avergonzada por la forma en que Draco admiraba su semidesnudez. Debajo del suéter no había llevado sostén. Había decidido no ponerse tal prenda para que no estorbara a la vista de aquello que se había colocado sobre el cuerpo, y que ahora el Slytherin observaba embobado.
Una mano del chico se dirigió directo hacia su busto... y, ante la evidente caricia, los músculos de Ginny se tensaron en desesperada expectación. Pero Draco detuvo el avance de su mano a unos centímetros de uno de sus senos, arrugando el entrecejo.
-Ginny... Eso... qué cosa tan extraña te has pintado -la miró un segundo a los ojos arqueando una ceja, desconcertado, y agregó con rapidez: -pero... no puedo negar que es bonito. ¿Qué es?. ¿Es permanente?
La chica rodó los ojos y negó con la cabeza, aún sin responder. Estaba disfrutando del modo en que la mirada de Draco la devoraba, mientras el chico contemplaba cada diseño y dibujo impreso mágicamente en la pecosa piel de su torso. Sonrió pensando que la inversión había valido la pena. Justamente estaban causando el efecto deseado, ya que estaba segura que aunque el chico hubiera dicho que era "extraño", en el fondo estaba gratamente sorprendido.
-Son tatuajes mágicos. Es henna, una tintura que se borra a cabo de unas cuantas semanas -le explicó Ginny, quien muy orgullosa de su idea, se deleitó con la muda y lasciva admiración de esos ojos plata.
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Draco levantó otra vez los ojos de esos tatuajes para encontrarse con los de Ginny, que lo estaban mirando con franco regocijo. Entonces se percató de su arrobamiento y se enfureció con él mismo, distinguiendo el calor que inundaba sus mejillas y no era precisamente de excitación. Era más bien una mezcla de rabia y vergüenza, especialmente cuando se dio cuenta que había estado a punto de pedir permiso para poder tocar esas pinturas de color marrón oscuro. De súbito recordó que Ginny estaba ahí para hacer el amor con él y por lo tanto... podía tocarla donde fuera... y las veces que quisiera. Además, un Malfoy nunca pedía autorización. En sus relaciones anteriores, él siempre había tenido el control... ¿por qué demonios esa chica se lo estaba quitando?
Bajó de nuevo la mirada al torso de la chica, entrecerrando los ojos para poder apreciar bajo la poca luz de la cueva todos los diseños y patrones dibujados en el cuerpo de ella, permitiendo que su mano llegara a su piel. Disimulando perfectamente la emoción que lo embargaba, enmascaró su rostro con un rictus de desdén, pues le aterrorizaba estar tan al descubierto. Sentimentalmente hablando, por supuesto. Moviéndose lentamente para no parecer ansioso, sus dedos rozaron apenas unas pequeñas flores, que, unidas en una fina y compleja enredadera, estaban trazadas alrededor de ambos senos de Ginny, como si fueran su prenda íntima. La enredadera caía por su estómago, culminando en un espectacular diseño que semejaba al sol alrededor de su lindo ombligo. Y seguía su camino más abajo, pero la falda que Ginny aún tenía puesta le impedía ver hasta dónde llegaba... pero por Merlín que lo podía intuir. Y ese simple pensamiento lo hizo estremecer.
Escuchó a Ginny gemir y eso lo hizo volver a la realidad. No se había dado cuenta que mientras sus ojos estaban perdidos en los diseños en forma de madreselvas floreadas tatuados en su estómago, sus dedos habían seguido acariciando más arriba, trazando un círculo alrededor de uno de los senos de la chica, cuyo pezón estaba completamente erguido a pesar de que Draco ni siquiera lo había tocado. Un golpe de calor y excitación lo sacudió... Tuvo que inhalar profundo, pues estaba seguro que si no se controlaba, la desnudaría de un tirón y le haría el amor de una maldita vez. ¿Pero, cómo diablos le haría para dominarse si tenía al estímulo más ardiente frente a él, justamente?. ¿Cómo pedirle a su cuerpo que tuviera paciencia cuando por meses había deseado con el alma estar justo así, con ella y a punto de...?
Su dedo pulgar alcanzó ese pezón rosado y firme, provocándole que la boca se le hiciera agua. Tragó saliva y cerró los ojos al escuchar a Ginny gemir entrecortadamente, como si se quisiera contener. Ella arqueó la espalda hacía él, pidiéndole en silencio que le diera más, mucho más. Y la resistencia de Draco hasta ahí soportó.
Estrujó cada seno con sus manos, regodeándose con la suave y blanda piel que oprimió entre sus dedos. Ginny emitió una serie de quejidos ahogados, mientras Draco la empujaba hacia atrás y la obligaba a recostarse de espaldas sobre la pequeña cama. Se inclinó sobre ella un momento... un sólo momento, lo suficiente como para dar un breve lengüetazo en cada uno de sus senos. Ginny arqueó la espalda hacia arriba, cambio de posición que el chico aprovechó para introducir sus manos tras su cintura y desabrochar el botón de su abrigadora falda. Al sentirla holgada, la empezó a jalar hacia abajo, arrastrando junto a ella las medias de pierna completa que la chica llevaba puestas, al igual que su prenda interior.
Sus movimientos eran rápidos, casi desesperados... Tuvo que quitarle las botas primero y luego maldijo por lo bajito la manera en que esas medias estrechas se ajustaban a las piernas de Ginny y le impedían bajarlas a mayor velocidad. Pero cuando por fin pudo deshacerse de ellas y arrojándolas a un lado devolvió la vista hacia el pubis de la chica, un suspiro tembloroso escapó de él antes de que lo pudiera evitar. Se deleitó con esa imagen... Ginny permaneció recostada en la cama, cubriéndose los senos con ambas manos en un notorio gesto de pudor; con su cabello brillante y desordenado contrastando con los cobertores de color ocre y gris. Rojo fuego y pálida piel contra oscuridad y lobreguez.
Draco llevó sus ojos más abajo, tragando fuerte... Ginny también era pelirroja en esa parte. Una sonrisa torcida se dibujo en sus labios, él nunca había visto vello de ese color.
-¿Te gustó tu regalo? –preguntó Ginny quedamente, mirándolo con expectación.
Draco buscó sus ojos, y a pesar de las penumbras de la cueva, el rubor que cubría la cara de la chica no le pasó desapercibido. -¿Qué si me gustó? –preguntó, extrañamente nervioso y alterado, sensación que no estaba acostumbrado a experimentar. -¿Te refieres a... a...? -Deslizó sus grises ojos por el pecoso cuerpo de Ginny, no muy seguro si se refería a los tatuajes o a su propia voluptuosidad. Incapaz de responder algo que no sonara demasiado sentimental, optó por deslizar sus dedos sobre los intrincados diseños, percibiendo en sus yemas el calor emanado por ese cuerpo. -¿Qué significan, Ginny?
La chica se estremeció ante la casi imperceptible caricia, y tuvo que respirar profundamente antes de responder. –Se le llama arte Mehandi... –suspiró cuando Draco empezó a acariciar de nuevo sus pezones. -Es una tradición hindú pintar a las novias así el día de su boda... –Draco detuvo su roce y de golpe miró a Ginny a los ojos, y ella concluyó: -es una representación la complejidad de los lazos que unen a la pareja. De la dificultad para encontrar el principio y el fin de su vínculo
Vínculo. Unión... ¿Pareja? Draco se paralizó. Era la primera vez que la palabra "pareja" se dejaba oír entre ellos, y la verdad es que el hecho lo aterrorizó. Y como buen y orgulloso Malfoy que era, el estar asustado no le agradó. Frunció el ceño y retiró las manos de dónde las tenía, percibiendo cómo su excitación empezaba a esfumarse. ¿Qué demonios estaba implicando la Weasley? De ningún modo eso que estaban a punto de hacer representaba nada entre ellos, y mucho menos... que fueran una pareja. Él jamás le había sugerido lo contrario.
La chica pareció darse cuenta de que su explicación había perturbado a Draco, porque le pareció oportuno aclarar: -Pero tú y yo no somos hindúes ni nos estamos casando. ¿Verdad? Por lo que no tiene que simbolizar lo mismo para nosotros... Yo... sólo creí que sería divertido. Una manera de demostrarte que no me importa tu marca y... Estar más bonita para ti –se interrumpió, como sino supiera qué más decir. En vez de seguir hablando, le sonrió. De un modo coqueto, casi perverso.
-Weasley, esto... entre tú y yo, será sin compromiso. ¿Lo entiendes así, verdad? –preguntó Draco con frialdad y mirándola duramente a los ojos. Por una fracción de segundo creyó ver que la mirada de la chica se entrecerraba en un gesto de dolorosa sorpresa, pero fue tan breve que no estuvo seguro.
-Sin compromiso –reafirmó Ginny, con una voz seductora que no concordaba para nada con la hostilidad de su mirada. –Ése era el acuerdo. Después de todo... yo ya tengo novio.
Draco crispó los puños y desvió su mirada a otra dirección. ¡Qué imbécil, por un momento, había olvidado ese detalle! La rabia de saberla con dueño inundó su cuerpo sin que lo pudiera evitar, pero se negó a creer que fueran celos... no quiso ni pensar a qué demonios se debían esos sentimientos. Se maldijo por idiota, pues a partir de ahí hasta podría haberle pedido –exigido- a Ginny que fuera sólo para él, que finalizara la relación con el memo de su novio… Hubiera podido requerirle más encuentros clandestinos como ése. Pero después de su ácido comentario no tendría cara para hacerlo.
Un leve movimiento de la cama le indicó, aún sin verlo, que Ginny se estaba incorporando hasta quedar sentada. No quiso voltear a verla, temía que ella pudiera leer en sus ojos el dolor y el enojo que sentía por saberla compartida... Y por la incertidumbre de la probabilidad de que ella no quisiera volver a verlo, y en vez de eso, decidiera entablar una relación más íntima con Thomas, quien de seguro estaría encantado por ello. Y si eso ocurría, Draco tendría que tragarse su despecho sin derecho a reclamar, pues él mismo le había dicho: "sin compromiso"...
La chica lo abrazó por la espalda, y la sensación hizo que el muchacho se sacudiera. Cerró los ojos y un escalofrío lo recorrió... Las pequeñas manos de Ginny se deslizaron por su pecho y se detuvieron una sobre la otra, mientras sentía sus senos tibios pegarse a su espalda.
Y para finalizar ese abrazo tan inesperado como perturbador, ella posó su cabeza sobre un hombro de Draco, mientras empezaba a acariciar indolente sus pectorales con las manos. El muchacho juraba que la boca se le secó de la impresión. Nadie, nunca jamás lo había abrazado de ese modo: en desnudez total y con tanto cariño, haciéndolo sentir cómo si él y su compañera estuvieran completamente indefensos y vulnerables... Agachó la cabeza, y meneándola en un gesto negativo, se dio por vencido y se rindió. Levantó las manos para atrapar las de Ginny y las besó.
Y el incendio de la pasión regresó, derritiendo de nuevo su coraza de hielo.
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Detrás de él, Ginny suspiró apenas perceptiblemente al darse cuenta que la piel de Draco se estremecía por sus caricias. Había estado apunto de arruinarlo todo, estaba casi segura que su comentario había molestado tanto al Slytherin que poco faltó para que hubiera salido huyendo del lugar. Tenía que ser objetiva y poner los pies en la tierra. Tenía que.
Entender, que por más que le agradara la compañía de Malfoy por sobre la de Dean, éste era su novio y no aquel. Que eso que estaba pasando entre ellos dos, no significaba absolutamente nada. Tenía que meterse en la cabeza que ese acto era sólo un mutuo acuerdo de la necesidad de sus cuerpos, del llamado de la pasión que sin proponérselo, se había desatado sin control entre los dos.
Y nada más.
Arrugó el entrecejo embargada del dolor que sintió al creer que esa sería la primera y última vez que estaría con él, y se congratuló que Draco no pudiera ver su gesto de pesar. Volvió a suspirar, más hondamente esta vez, y decidió que si esa era su única vez con Draco Malfoy, tendría que disfrutar. Volver la ocasión memorable, para recordarla en la eternidad.
Mientras pensaba eso, Draco tomó sus manos y empezó a besarlas suavemente, casi con deferencia... y ella sonrió. Enterró en el rincón más alejado de su mente sus funestos presentimientos y se entregó al momento. Lo cual, en realidad, no fue tan difícil.
Con amabilidad, Draco deshizo el abrazo y giró su cuerpo hacia ella, quien nerviosamente, le regaló una sonrisa que intentó fuera de ánimo. Draco no le regresó el gesto, lo cual la desconcertó... él sólo la miraba con tremenda seriedad, como si aún continuara debatiendo en su fuero interno si debía o no seguir con aquello. Ginny tembló. Tenía frío, se sentía avergonzada de su desnudez ante un hombre por primera vez, y además no sabía si eso le dolería demasiado... y en definitiva, el titubeo de Draco no ayudaba en lo más mínimo para hacerla sentir mejor.
Abrió la boca para preguntar si pensaba seguir o mejor ella se vestía y se regresaba al castillo, cuando notó la mirada lujuriosa con la que el chico recorría su cuerpo, al tiempo que percibía la manera en que apretaba sus quijadas en un claro gesto de disgusto. Era obvio que no se decidía, que estaba librando una batalla entre el sentido común y la pasión que el cuerpo de la pelirroja despertaba en él.
Quizá, si ella lo ayudaba un poco...
Se colocó en cuclillas sobre la cama, ante la atónita mirada del muchacho. Posó las manos sobre sus hombros, empujándolo rápidamente pero con gentileza hacia atrás, hasta que el chico rubio quedó recostado, completamente congelado ante la iniciativa de la pelirroja. -¿Por qué dudar, Draco? Si sabemos que ambos lo estamos deseando... –le susurró sobre su rostro, al inclinarse sobre él y haciendo que sus cuerpos se rozaran.
Draco no respondió, sólo entreabrió su boca en espera del beso que no llegó... Vio como los labios de Ginny pasaban de largo por su rostro y se enterraban a un costado de su cuello. La mordida que la chica le dio lo hizo gemir.
Ginny recordaba como si fuera ayer la manera en que se había sentido cuando Draco la había mordisqueado y besado en la garganta la noche de la fiesta de Navidad, cuando se habían encontrado por primera vez en el pasillo. Se acordaba tangiblemente que se había estremecido, que su cuerpo completo había sucumbido así como su voluntad... Y esperaba con todas sus fuerzas que en Draco tuviera el mismo efecto.
Pero lo que la chica no se podía imaginar que a Draco nunca nadie lo había mordido de ese modo, que él jamás había permitido que ninguna de las chicas con quien había estado lo mordisquearan, que ellas casi apenas ni lo habían tocado. En parte porque sus encuentros habían sido bastante escuetos y rápidos y porque el chico no había deseado que le dejaran marcas en su cuerpo... y Ginny nunca supo que eso que le estaba haciendo a Draco, le hacía sentir sensaciones experimentadas por vez primera.
Ginny lo mordía serenamente para no lastimar, saboreando extasiada el gustillo de otra parte del cuerpo de Draco que no fuera la de sus labios... arrastrando provocativamente sus senos sobre el delgado torso del muchacho, provocándole que la piel se le erizara sin poderlo controlar.
Ansiando probar más, ella se deslizó un poco hacia abajo, serpenteando su lengua tibia y húmeda por ambas tetillas de Draco. Éste siseó y cerró los ojos con fuerza, mientras que sus manos aferraban a la chica por los hombros, como si dudara entre detenerla o permitirle continuar. Decididamente, Ginny continuó lamiendo, tratando de imaginar que esa caricia podría resultar tan placentera para Draco como lo era para ella. Cautivada, no se cansaba de observar el recién descubierto cuerpo deseado, devorando tanto con la mirada como con la boca la forma y el color de los pequeños pezones del muchacho, los cuales estaban más duros y erguidos que un poco antes. Esa señal la alentó a continuar explorando.
Hasta ese momento, había dejado sus manos colocadas sobre los hombros de Draco, pero ahora decidió bajarlas hasta tomar con sus dedos las tetillas que su boca acababa de abandonar, para acariciarlas con audaz atrevimiento mientras deslizaba su lengua hambrienta del salado sabor del estómago del rubio.
Pudo percibir su delgadez al notar cómo se le marcaban las costillas a los lados de su cuerpo, pero no le importó. Draco era en definitiva bastante sexy y guapo, y su esbeltez no le restaba en absoluto ningún atractivo. Todo lo contrario, a Ginny le parecía que le otorgaba cierto aspecto de inocencia, casi de invalidez... podía adivinar su necesidad de amor y cariño, y eso le revolvía sus propios instintos al surgir en ella una urgencia de tomarlo y protegerlo... de lo que fuera y de quien fuera.
Descubrió que Draco era casi lampiño. Que no tenía más vello que en la parte inferior del ombligo, en una delgada franja que empezaba ahí y se perdía bajo el bóxer... en un secreto lugar que Ginny añoraba conocer, pero al mismo tiempo temía encontrar. Ginny resbaló sus manos desde los pectorales de Draco hasta su bajo vientre, tocando con curiosidad aquel pelo hirsuto y rizado, del mismo tono rubio platinado que su cabello pero tan diferente en tacto y suavidad. Sonrió divertida cuando percibió por el rabillo del ojo que Draco se incorporaba un poco de la parte superior de su cuerpo al apoyar los codos sobre la cama, y abría los ojos observando incrédulo lo que Ginny le estaba haciendo.
Respiraba tan rápido y tan agitadamente, que el sonido que producía era perfectamente audible... Ginny lo vio morderse el labio inferior en muda expectación cuando ella deslizó lentamente sus dedos por sus caderas, llegando finalmente al inicio de su prenda... Draco levantó las cejas en un extraño gesto de vulnerabilidad, y Ginny casi escuchó la manera en que él tragaba saliva. Y entonces, ella comenzó el descenso de la última barrera que separaba al chico de la total desnudez.
Ginny también se mordió el labio, espantada de su propia audacia. No sabía ni lo que estaba haciendo, pero habiendo llegado a ese punto, no se detendría ahora. Arrugó el entrecejo, horrorizada cuando la prenda de Draco parecía atorarse en algo... Miró rápidamente hacia arriba, buscando los ojos del chico y se dio cuenta de que los tenía cerrados. ¡Ay, por Merlín!, pensó, demasiado avergonzada como para pedir auxilio. Se le ocurrió levantar un poco el borde de los bóxer, y así poder pasarlo por encima de...
Aspiró una enorme bocanada de aire, la cual retuvo por bastantes segundos. Súbitamente acalorada y sonrojada, desvió la mirada, concentrando sus ojos y su energía en terminar de bajar la prenda y sacarla por entre las piernas de Draco, quien por cierto había abierto los ojos otra vez. Ella se distrajo unos momentos observando las piernas del muchacho, las cuales eran delgadas pero musculosas, completamente pálidas y descoloridas, como si nunca hubiesen recibido un rayo de sol en su vida. Cubiertas por un fino vello rubio, se estremecieron cuando Ginny pasó sus manos sobre ellas, retomando el camino hacia arriba.
Draco jadeó y miró asombrado a la chica cuando ésta deslizó los dedos entre sus muslos. Ginny soltó una risita nerviosa al ver que él intentaba ahogar sus gemidos y lo único que conseguía era resoplar entre sus dientes apretados. Y como si de pronto tomara valor en un arranque de orgullo lastimado, Draco levantó las manos hasta atrapar los brazos de Ginny y la empujó hacia un lado.
Ella tuvo que abandonar su caricia y permitir que él la tumbara junto a su cuerpo, mientras se colocaba por encima de ella, sentándose a horcajadas sobre sus piernas y reteniéndole las manos fuertemente contra la cama. Ginny se quedó quieta y jadeante bajo el peso del rubio, percibiendo sobre su vientre la parte íntima de Draco, ahora al descubierto y la cual ella aún no tenía el valor de conocer. Expectante por lo que pasaría a continuación, pero satisfecha porque su provocación resultó, la chica le sonrió.
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Draco la miró a los ojos por un momento, sin decir palabra. También él jadeaba, incapaz de dominar su corazón desbocado. La comadreja era valiente y audaz, como la buena leona que ostentaba ser. Pero él no se dejaría arrebatar el control, y mucho menos le dejaría saber que estar con ella era la mejor y más pura experiencia que hubiese intentado jamás.
Y lo primero que haría sería quitarle ese gesto de sorpresa de la cara... y colocarle uno de insufrible placer en la misma. Sonrió malignamente, y sin soltar las manos de Ginny, comenzó su descenso sobre el esbelto cuerpo femenino. Y tal como lo vaticinó, la sonrisa de Ginny desapareció. Emitió un gemido que sonó dentro de la boca de Draco, pues éste se había inclinado sobre ella hasta quedar por encima y ahora devoraba su boca con pasión. El muchacho se felicitó internamente por ello, sin querer reconocer que también a él las ganas lo estaban consumiendo. Tenerla así, desnuda y debajo de su cuerpo, dispuesta y amante, lo estaba sobrepasando. Intentó no pensar en eso, y en cambio se concentró en el beso, el cual fue el más largo de su historia, el más alocado, el más efusivo. El más desesperado.
Dominando la urgencia de entrar en su cuerpo de una vez, poco a poco fue aflojando el apretón de sus puños sobre las manos de Ginny, y al percibir que ésta ya estaba completamente dominada, la dejó libre por fin. Y por fin podría usar sus manos en cosas más interesantes que aferrarla de las muñecas. Las llevó hacia arriba, cubriendo con ellas el bello rostro de la chica que aquella mañana de enero se le entregaba con pasión, mientras que deslizaba su cuerpo sobre ella hacia un lado, hasta quedar tumbado a su costado pero cuidándose de no despegar su boca de la suya ni un segundo.
Quedaron ambos acostados de lado, uno frente al otro. Con sus bocas unidas en un impúdico beso, que momento a momento amenazaba con dejarlos sin respiración. Draco pasó uno de sus brazos por abajo de la nuca de Ginny, sujetando su hombro y de ese modo, acercando más el cuerpo de la pelirroja hacia él. Pudo sentir uno de los muslos de ella rozarle su pulsante erección, lo que le urgió a buscar pronto una más cercana aproximación... creía que moriría de desesperación si no se posesionaba de ese cuerpo tibio y virginal de inmediato... Algo lo urgía a hacerlo, y cuanto antes mejor.
Pero al mismo tiempo, sabía que no podía hacer eso. Equivaldría a lastimarla y volverle traumática su primera vez... y Draco no tenía la certeza de porqué, pero no deseaba hacerle daño. Casi se amonestó a él mismo, obligándose a ir más lento y prepararla antes de la penetración. No tenía una maldita idea del motivo, pero deseaba que ella disfrutara. Que gozara, que anhelara repetir la experiencia con él alguna otra vez y no con el patético de su novio oficial.
Usó los dedos de la mano que la sostenía del hombro para acariciarla con languidez, abriendo los ojos por encima de su beso y mirando divertido las enormes pecas que la chica tenía justo ahí mismo en su hombro y su brazo, pensando que nunca algo tan horrible había sido al mismo tiempo algo tan bello.
Su otra mano aún estaba posada sobre una mejilla de la chica, y pausadamente la resbaló por su cuello, decidida y encaminada hacia la región sur. Ginny se removió inquieta cuando Draco le acarició delicadamente sus senos, casi con un tipo de ternura impresa en el roce... un gesto tan impropio de él. Nunca se comportaba de ese modo. Sólo besaba un poco, estrujaba un mucho, y tomaba con rapidez.
Pero esa vez, con Ginny, todo lo estaba haciendo íntegramente al revés. Y de verdad, que no ansiaba inquirirse la razón de ese proceder. Ni en ese momento ni nunca. Prefería no saber.
Decidido a no apresurar nada y a que fuera ella la que le pidiera continuar adelante, llevó su mano desde el busto de Ginny hasta sus caderas, rodando sus dedos lujuriosamente por sobre su vientre, peinando el erizado y pelirrojo vello de su entrepierna y luego regresando a su cadera. De ahí partió a acariciar de modo lascivo la rasa piel de su muslo, en movimientos circulares que sabía muy bien, derretirían a la chica tarde o temprano.
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Ginny no sabía que pensar. O mejor dicho, no era absolutamente capaz de pensar en nada ya. Estaba sufriendo una rara condición de disolución de cerebro, algo que nunca había pensado que le podría pasar. Ella siempre había sido muy jactada de la capacidad que tenía para conservar la sangre fría y el pensamiento claro en casi cualquier circunstancia, pero eso... Eso que Draco le estaba haciendo... No tenía nombre ni apellido en el mundo que Ginny conocía.
El joven rubio resbalaba negligente sus dedos ardientes sobre sus piernas, pasando por su cadera y rozando cerca de su intimidad... le estaba pidiendo permiso para tocar, y Ginny era consciente de ello. Pero estaba aterrada de lo que eso pudiera significar. Sabía que permitir que Draco la tocara ahí, simbolizaba que no habría marcha atrás... y lo peor, no sabía si de verdad eso le agradaría o al contrario, le resultaría molesto y quizá, hasta acompañado de dolor. Gimió contra la boca del chico, más de incertidumbre que de excitación. Draco le respondió dulcificando su beso, acariciando con su lengua los labios y la propia lengua de Ginny... casi con cariño. Con fervor.
Ginny percibía su propia humedad hacerse vigente en su entrepierna, y eso también la hacía sentir vergüenza. Quizá Draco pensaría mal, quizá creyera que ella era una cualquiera... En el fondo de su alma deseaba tanto que el muchacho estuviera certero que él era el primero en despertar tal ardor en ella, y que antes, nadie, ni siquiera su novio de tantos meses, había logrado hacerla llegar a ese nivel de pasión.
Pero al mismo tiempo, otra parte de su ser se rebelaba a ello, queriendo demostrar frialdad ante ese encuentro que, estaba casi segura, sería el primero y el último... y de ningún modo quería que él advirtiera que flaqueaba por eso.
Gradualmente esos pensamientos fueron disolviéndose de su mente, pues la magia del beso lento y concienzudo que Draco le estaba dando la hizo olvidar que era un ser con raciocinio. Pronto pareció acostumbrarse a la sensación de esa lengua hirviente introduciéndose delicada y mansamente en su boca, así como al efecto tan placentero que le provocaba estar piel a piel contra el cuerpo de Draco. Hubiera creído que podría estar así por siempre, y que jamás se cansaría ni se aburriría.
Llegó el momento en que le pareció que toda su vida, su propósito y su destino, estaban concluyentemente encaminados a ese justo instante. A ese pedazo de tiempo, compartido en desnudez con un enemigo. En una cueva fría y sucia, muy lejos de todo lo que le era conocido y familiar, pero que por ahora parecía ser su único lugar.
Algo se derritió en su pecho, como un cono de helado olvidado bajo el sol. Sintió una necesidad física de algo que no pudo explicarse, pero que la hacía desear que ese abrazo y ese beso llegaran a más. Apretó las piernas una contra la otra mientras gemía quedamente, y un cosquilleo ya conocido inundaba su bajo vientre. Draco suspiró y desplazó hacia abajo los dedos que se habían quedado acariciando su muslo, introduciéndolos temerariamente entre sus dos piernas.
Sin saber porqué, Ginny accedió y obedeció su muda petición. Levantó el muslo que tenía por encima, apoyando la planta del pie sobre la cama para darle a Draco espacio y lugar... entonces, el chico deslizó pesadamente su mano hacia su entrepierna, causándole un hormigueo de caliente placer.
Cuando los dedos de Draco la tocaron por fin en su oculto rincón, Ginny se asombró tanto por lo que ella sintió, como por la reacción de él. El Slytherin gimió tan alto y tan fuerte que casi hizo brincar a la pelirroja, además de que apretó aún más su abrazo alrededor de la espalda de la chica. Ginny abrió los ojos por un momento, sobrecogida, pero los cerró casi de inmediato al sentirse sobrepasada por la sensación de esos dedos helados deslizándose de arriba abajo por su caliente intimidad. Invadiéndola, superándola… terminando con su autocontrol. Draco gemía enardecido mientras le brindaba a Ginny unas caricias y toques que jamás creyó pudieran hacerla sentir tanto, especialmente cuando los dedos del chico rubio rozaban cuanto apenas el pequeño órgano que se escondía justo ahí, deseoso de ser descubierto.
Ginny se quejaba quedamente contra los labios de Draco, y ambos parecían haber olvidado que se estaban besando. Sólo se quedaron así: apretujados el uno contra el otro; boca contra boca exhalando gemidos de placer que chocaban contra el aliento del otro... y Draco, inventando esas caricias que estaban desquiciando lenta pero inexorablemente a Ginny Weasley.
La mano de Draco la abandonó. Y cuando abría los ojos para averiguar por qué, sintió más que vio, al chico sobre ella otra vez. Si separar sus labios, Draco se las ingenió para subir sobre su cuerpo de nuevo, usando sus propias piernas para abrir las de ella. Ese gesto rudo y brusco le gustó, y le demostró la necesidad y el deseo que el chico sentía por ella. Cierto era que Draco ya había soportado pacientemente por mucho tiempo y, venciendo su miedo, la chica Weasley se dejó arrastrar al encuentro de su primera vez.
Sin dejar de besarse con casi furia, Ginny sintió a Draco buscar y encontrar, al percibir algo húmedo y duro tocando su también mojada cavidad. Gimió pero ahora de expectación, percibiendo como su miedo se esfumaba y en cambio, la necesidad de experimentar la maravilla de ser penetrada por alguien a quien deseaba tanto la inundaba... había oído decir incontables ocasiones que el hacer el amor era lo mejor de lo mejor, y realmente no podía creer que estaba por experimentarlo por fin. Y lo mejor, lo infinitamente mejor... que era con Draco Malfoy.
Draco usó sus manos sostenidas en la cama a ambos lados de la cadera de Ginny para acomodar su cuerpo sobre el suyo, irguiéndose y haciendo una pausa mientras respiraba con agitación. Pudo sentir cómo ese miembro totalmente erecto comenzaba la lenta intromisión en su cuerpo, y de pronto le pareció que eso sería materialmente imposible y aterrador... Ella se sentía tan estrecha... ¿cómo podría albergar en su interior algo así...?
Muerta de miedo, cerró los ojos con fuerza, y presa de un impulso colocó sus manos en el pecho de Draco, como si le pidiera que se detuviera. Y efectivamente, el chico detuvo su avance, y por unos largos segundos sólo el respirar agitado de los dos fue lo único que se escuchó. Temblando, Ginny se atrevió a abrir los ojos, y se sobresaltó cuando descubrió que Draco la estaba mirando, con un gesto tan impropio de él… parecía completamente asustado, como si no supiera qué hacer. –Tengo miedo –susurró ella despacio.
-Lo sé –le respondió él, -confía en mí, pequeña. No te lastimaré –Ginny entrecerró los ojos ante el apelativo usado por Draco para llamarla, y enternecida, por ello y por la promesa de que no la lastimaría, suspiró con fuerza armándose de valor. Relajó sus músculos, retirando sus manos del pecho de Draco y abrazándolo por la espalda, haciendo que el chico bajara más sobre su propio cuerpo.
Y como por arte de magia, sus labios vaginales se abrieron cual capullo de flor a los rayos del sol... Arrugando el entrecejo y conteniendo la respiración, Ginny sintió la manera en que Draco se dejó caer despacio y tenuemente sobre ella, permitiendo que, centímetro a centímetro, el chico encontrara camino dentro de su cuerpo. Se sorprendió de lo poco que dolía, había creído que sería peor. Todo lo contrario, fue hermoso… una sensación indescriptible en su bajo vientre que la estaba haciendo sentir plena y feliz.
Sintió a Draco sisear sobre sus labios, eso parecía tan placentero para él como lo estaba siendo para ella también. El tiempo pareció detenerse en ese instante, y Ginny creyó que Draco nunca terminaría de recorrer el tramo que faltaba para sumergirse totalmente dentro de su interior. Al pensar en eso, Ginny se enterneció y emitió un pequeño sollozo. Draco estaba dentro. Dentro suyo. Eran uno.
Uno.
Aparentemente, el recorrido finalizó, pues el chico se detuvo y como si estuviera exhausto, se dejó caer sobre ella, sumergiendo el rostro en su cuello. Ginny lo sintió estremecerse, y al acariciar su espalda se dio cuenta que estaba empapado de sudor. Ella suspiró entrecortadamente, tratando de acostumbrarse a esa extraña sensación... a la impresión de sentir a alguien en su interior. Era tan extraordinario, era diferente a todo... era excepcional. ¡Por Merlín bendito que todos los que decían que el sexo era bueno tenían razón! Ginny se sintió plena, llena... en todos los sentidos. Ese trozo de Draco que albergó en su cavidad la hizo sentir más unida a nadie de lo que había estado jamás... ¡Cómo deseó que en ese momento se detuviera el tiempo y pudiera sentir a Draco dentro de ella para toda la eternidad!
Se quedó estática por un largo rato, jadeando al igual que Draco. Como si ninguno de los dos se quisiera mover, como si aquello se pudiera esfumar o desaparecer. Demasiado bueno para ser verdad, para poderse creer.
De pronto, él levantó la cabeza y buscó sus ojos. Abrió la boca y levantó las cejas, pero parecía no poder hablar. Ginny le sonrió en una muda manera de agradecerle su gentileza, y entonces él le preguntó: -¿Todo bien? –ella asintió y Draco cerró los ojos, antes de devorar su boca con renovada pasión. Ginny gimió y sintió cómo el chico se levantaba, de modo que su erección abandonó casi con totalidad su húmedo rincón. Pero entonces ocurrió algo que no se esperaba: si el simple hecho de tener a Draco dentro de ella era suficientemente bueno, la sensación que le produjo el rozamiento de su miembro al salir de ella fue mucho mejor.
Ansiando sentir más de eso, jaló a Draco por la espalda... de nuevo, la sensación fue terriblemente irreal, mitad dolor y mitad placer. Draco emitió un sonoro quejido, como si fuera de sufrimiento... Ginny también ahogó un gemido al sentir un latigazo de dolor cuando Draco terminó su recorrido.
No deseando que Draco se diera cuenta que la lastimó, controló su reacción y levantó sus caderas, como si le pidiera al chico que continuara con aquello. Draco volvió a subir, ayudándose de sus brazos y sus piernas, saliendo casi en su totalidad de su cuerpo y de inmediato, bajando de nuevo sobre ella, penetrándola hasta el casi dolor. Ahora ella también gimió junto con Draco, perdiendo el total control sobre los sonidos que su boca emitía sin siquiera cuestionarse.
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Escucharla emitir esos sonidos perturbadores fue lo último que Draco pudo soportar. Totalmente desquiciado, perdido en la sensación que le causaba estar entrando a un cuerpo virginal y tan anhelado por primera vez, no pudo aguantar más el hecho de ir tan despacio. Tenía que acelerar el paso, tenía que… No resistiendo más, sintiendo un calor y bienestar jamás experimentados en su vida, aceleró su ritmo, saliendo y entrando de la chica con mayor seguridad.
Ginny jadeó y abrió los ojos azorada, pero no dijo nada... Ninguno de los dos emitió palabra, pues de inmediato Draco comenzó a moverse sobre ella, apoyándose a los lados de la muchacha y entrando y saliendo con frenesí. Ginny volvió a cerrar los ojos, jadeando pesadamente y levantando las piernas para enroscarlas alrededor de las caderas de Draco.
Era más de lo que él había esperado. Más de lo que había imaginado. Jamás, jamás creyó que en ese acto se pudiera sentir así. No pudo evitar cotejar, recordando fugazmente sus experiencias anteriores... y por todos los Dioses que no había punto de comparación. Porque lo que estaba sintiendo con esa niña era completamente diferente... y por unos segundos, antes que su cerebro se derritiera ante las sensaciones de su cuerpo, Draco se preguntó por qué.
Primero quiso engañarse pensando que había pasado mucho tiempo sin tener sexo, y que por eso su fisonomía estaba tan impaciente y necesitada. Pero de inmediato supo que sólo se estaba justificando... Que no era por eso, que era por algo que sólo esa chica tenía y la hacía especial.
Pudiera ser que su incorrupta cavidad estaba estrecha como ninguna, y que albergaba a su miembro con una calidez que quemaba y lo hacía perder el control. O tal vez era el hecho que la muchacha era muy hermosa... mucho más bonita que cualquier chica que hubiera compartido esa cama con él. O por la manera en que era, valiente y arrojada, como nadie que Draco hubiera conocido en su mundo de chicas aristócratas y presumidas.
O por el modo que su cuerpo se sentía suave pero firme debajo de su desesperado abrazo, por cómo él podía estrujar sus juveniles senos sin que ella se quejase, porque podía acariciar ese rostro pecoso que había sido protagonista de tantos sueños embriagantes, por poder enredar sus manos entre el cabello más rojo y sedoso que hubiera tocado jamás...
O porque simplemente, lo que él sentía por Ginny Weasley era algo más. Mucho más que simple deseo carnal.
Movió la cabeza queriendo deshacerse de ese pensamiento... ya tendría tiempo de pensar después... ahora y en ese momento, tenía que vivir, que disfrutar. Incrementó la velocidad y la profundidad de sus penetraciones, escuchando cómo Ginny gemía ruidosamente por ello... En alguna parte muy profunda de su mente se preguntó si la estaría lastimando, pero cierto es que no le importó. Después de todo, la miró a los ojos, y lo único que vio fue pasión y entrega en esos castaños vidriosos. Completamente desbordado, cerró los propios, creyendo que pronto le llegaría el final... pudo percibir al placer arremolinarse en todo su ser, y correr por su cuerpo hacia un solo punto: su bajo vientre y el miembro que salvaje se introducía una y otra vez en la chica Weasley.
Suspirando, se controló... aún no quería terminar, todavía no. Eso era tan bueno que no quería que finalizara ya. Además, Ginny todavía no conseguía su meta... Abrió los ojos y la miró de nuevo. Era tan hermosa, una visión angelical.
Un rostro arrebolado y de gesto apretado, frunciendo tanto los ojos como la boca en medio de las embestidas de Draco. Su cabello brillando tanto cómo el fuego mágico convocado detrás de ellos, y su cuerpo esbelto y suave, de piel tersa y cubierta de pecas. Tan salvaje. Fuerte y luchadora, valiente como leona. Que lo aceptó sabiéndolo Mortífago y leal al Señor Oscuro. Tan traidora a la sangre, pero a la vez... tan sensual. Irresistible. Por primera vez, anheló ver el rostro de ella contorsionado por la magia de un orgasmo. Verla embargada en su placer. Grabarse su imagen en el alma.
Jamás se había preocupado por una compañera como ahora. Por un momento le sorprendió que se estuviera esperando a que Ginny también disfrutara de su propia culminación antes de dejarse terminar él mismo... Dejando sus pensamientos a un lado, trepó un poco por el cuerpo de la chica, buscando un ángulo dónde él sabía ella obtendría más fricción y aceleró la cadencia de las penetraciones, intuyendo que eso la llevaría por fin a terminar... Y resultó.
Ginny se arqueó hacia él, gimiendo cada vez más alto. Levantando sus caderas al mismo ritmo que seguía Draco, golpeando su pelvis contra la de él y cerrando los ojos con fuerza, perdida en su conmoción. El muchacho sintió las manos de la chica abrazarlo por la espalda, rodeándolo en un apretado abrazo que hizo que su miembro se hundiera aún más.
Haciendo gala de todo su autocontrol, Draco mantuvo la velocidad de sus acometidas, sin saber a ciencia cierta cuánto más podría soportar sin llegar... Pero pronto pudo sentir unas uñas enterrarse desesperadas a la piel de su espalda, mientras la chica se inmovilizaba completamente y balbuceaba palabras que el cerebro del chico no pudo registrar.
Y después, la sintió desfallecer... derretirse prácticamente en sus brazos. Y supo que lo había logrado, que por primera vez había conseguido llevar a una chica a la cima antes que él mismo. Sintiéndose muy orgulloso y pagado de sí, ahora si se dejó perder. Dejó de aguantar, de controlar. Y tal como lo hubiera creído, su orgasmo llegó y fue... fenomenal.
Se desplomó sobre el cuerpo tibio y sudoroso de Ginny, enterrando de nuevo su cara en el recoveco de su amado cuello; mientras que liberaba su esencia dentro de ella, en varias descargas que parecieron durar una eternidad... Haciéndole creer que no existía nada en el mundo más que ellos dos, enredados el uno con el otro en magnífica armonía, en ese momento en que eran sólo uno.
Uno.
Pero cuando todo terminó y después de un par de minutos su mente volvió poco a poco a la realidad, se llenó de temor. Sin decir nada y sin moverse, se quedó tendido sobre la chica, con el rostro sumergido en la curva que dejaban su hombro y su garganta. Ella también parecía paralizada y sólo daba señales de vida por su agitada respiración. Ninguno emitió palabra.
Él no le dijo que eso había sido lo mejor que le había pasado en su corta y joven existencia, y que si por él fuera, lo reviviría una y otra vez, cada día que el destino le regalara de vida. En vez de eso, sólo apretó las mandíbulas, sintiendo aún las manos de Ginny aferradas a su espalda sudorosa, como pidiéndole sin hablar que aún no se levantara... que se quedara así un poco más.
Draco no sabía que pensar. Tenía terror de que esa hubiera sido su primera y única vez juntos. Había sido tan increíble, y había sentido cosas que jamás había sospechado le tocarían vivir... pero. ¿cómo decírselo a ella sin doblegar su dignidad?. ¿Qué tal si a ella no le había gustado igual?. ¿O simplemente no querría repetir la experiencia con él y prefería intentar con el imbécil de su maldito novio-que-no-la-merece Gryffindor?
Ese pensamiento le provocó un escalofrío, y de inmediato su cuerpo se tensó. Ella pareció notarlo, porque dejó de acariciar con sus dedos la espalda de él.
-¿Pasa algo malo?... ¿Draco?
La manera en que ella pronunció su nombre acabó con las pocas fuerzas que le quedaban al muchacho. Había sonado tan desesperanzado, tan lleno de miedo, que no supo que pensar... El pánico lo acorraló, y como un animal salvaje, reaccionó atacando a su vez.
-¿Lo disfrutaste? –le preguntó en un tono helado, sin mirarla a la cara y aún dentro de su estrecha calidez.
Ginny tardó unos segundos en responder. –Mucho, fue algo... –se interrumpió. -¿Tú no? –preguntó con voz quebrada.
Draco no le contestó. No podía. No debía. No iba a decirle que sí, que lo había gozado con toda su alma, y que le dolía de un modo indescriptible tener la certeza de que eso no se repetiría jamás.
En vez de eso, se levantó de ella, evitando mirarla directamente a los ojos y sacando su miembro con rudeza de la tibia y ahora húmeda cavidad que con tanta pasión lo había cobijado un momento anterior.
-Quiero que de hoy en adelante me dejes en paz. Esto no volverá a repetirse... Nunca.
Ginny se quedó tumbada en la pequeña cama, levantando una ceja en un gesto de desconcierto. Pero eso no duró más que una pequeña fracción de segundo, porque de inmediato se recompuso y haciendo un mohín de desprecio, se levantó del lecho y buscó sus ropas, comenzando a vestirse con una sobriedad digna de una reina. Dándole la espalda a Draco, quien desolado se sentó al borde de la cama y la miraba sin decir palabra. De pronto, la chica murmuró con voz impasible:
-Está bien. Ése era el acuerdo. De cualquier forma, yo... –terminó de colocarse todo y buscó por último su viejo y deslucido abrigo. Draco pensó por un segundo en regalarle uno nuevo para la próxima navidad, pero de inmediato casi se pateó él mismo por imbécil. No habría próxima navidad. No en Hogwarts. No para él. Y menos cerca de la Weasley.
Sin voltear a verlo, Ginny se encaminó a la salida de la cueva y se despidió con voz imperturbable: -Adiós... Malfoy.
Recordando algo, Draco la llamó antes de que abandonara el lugar: -¡Weasley!... Espera.
Ginny se giró lentamente, con la esperanza brillando en sus ojos cafés. Por un momento, Draco deseó aprovechar aquella excusa para retenerla, y hacerle el amor de nuevo, pero... Dándose una bofetada mental para mantener el control, le susurró con su característica frialdad: -Acércate. Necesito darte algo –Ginny se encaminó hacia él, con pasos decididos mientras Draco sacaba su varita de entre su abrigo.
Por un momento, ella lo miró con temor, como si creyera que él la iba a hechizar malignamente. Draco sonrió sarcástico. –No temas, niña. Sólo voy a protegerte. Tú sabes, control de la natalidad y esas cosas –levantó la varita, al tiempo que Ginny lo miraba entendiendo todo, pero mostrando un gran gesto de decepción. –Atocium –susurró apuntando hacia el vientre de la chica.
Ella bajó la vista un momento, recibiendo en su cuerpo el encantamiento de Draco con el rostro descompuesto, en una mezcla de sufrimiento y desilusión. Pero al levantar los ojos, de nuevo le regaló al chico su mirada fría e inalterada, lista para cubrir cualquier signo de perturbación. –Bueno, terminado tu trabajo... –ironizó, -Mejor me voy.
Sin decir más, salió con rapidez y sin mirar atrás. El muchacho se quedó sentado en la cama por tanto tiempo que no se dio cuenta cuando el fuego mágico que había invocado se apagó... Mirando sin ver a la entrada de la cueva, deseando internamente que la chica volviera... Que le pidiera, aunque fuera, una sola vez más a su lado.
Pero ella no regresó. Cuando las luces que se filtraban por entre las plantas de la entrada le indicaron que ya pasaba del mediodía, decidió vestirse por fin. Tenía el cuerpo helado y entumecido, y le costó trabajo colocarse cada prenda. Mientras lo hacía pensó en ella, pensó en eso que acababa de pasar y de cómo lo había estremecido en medio de sentimientos desconocidos para él hasta ese momento. Y recordó el regalo de Ginny: los tatuajes que, a su salud, se había hecho en el cuerpo. Cerró los ojos y trató de visualizar los signos que le había mostrado en el antebrazo izquierdo...
Cuando creyó que ya los tenía, tomó su varita de nuevo y los dibujo mágicamente en la pared de la cueva, como si fueran luces rojas de neón... Abrió los ojos y los observó. Entonces, apuntó otra vez con su mágico instrumento y susurró un hechizo traductor que había aprendido tiempo atrás para poder leer los prohibidos libros de magia oscura que había en la biblioteca de la Mansión Malfoy... Encantamiento que le había ayudado a traducir del latín al inglés, y que esperaba también funcionara con el hindi...
Y así, esos garabatos sin significado aparente se movieron en su sitio, formando unas palabras que ahora sí tenían sentido para él. Parpadeó varias veces al leer aquello, asombrado. Y entonces, sonrió.
Bufando por la ocurrencia de Ginny, sintió que algo se removía en su pecho... algo que le era desconocido, que le era extraño... algo que le causaba dolor y desasosiego infinito... Y que no sabía que era. No tenía la más mínima y puñetera idea.
Pero lo que sí le quedaba claro era que Ginny Weasley era especial, y por Merlín que lo que le había sugerido con el tatuaje se había hecho realidad. Había saboreado ese encuentro con ella mucho más allá de lo alguna vez alcanzó a desear.
Se retiró de la cueva, mientras a su espalda las letras rojas se desvanecían con lentitud... Y aquella frase, hasta cierto punto graciosa, quedaba para siempre olvidada en esa cueva, dónde Ginny y Draco se habían encontrado frente a frente y acompañados de una pasión sin nombre, que les había causado tanta felicidad en el pasado como dolor en el presente...
Ella le había dicho: "Svādist khānā"... o lo que era lo mismo, como ahora él lo sabía: "Buen Provecho"... Draco soltó una histérica carcajada, que resonó en el solitario bosque con un tinte de lobreguez.
La caminata de regreso al castillo fue la parte más difícil, sobre todo porque no pudo parar de reírse de él mismo todo el camino. Burlándose de su ingenuidad. De la ironía de aquella frase tatuada en el brazo de la chica, ya que efectivamente, Draco había gozado, palpado y disfrutado como nunca antes de ese encuentro, pero... ¿Qué tipo de alimento, en el nombre santo de Merlín, después de haberlo degustado te deja aún más hambriento?
Hambre. Necesidad y deseo. De la fruta más prohibida de todo el mundo mágico: la hija de los Weasley. ¿Cómo diablos iba a vivir con eso?
Notas de la autora:
Bien, aquí quedó un capítulo más. Espero que no les haya parecido tan horrible, y que de alguna manera compense la larguísima espera. Si está muy feo, yo soy la culpable total. En cambio, si les gustó, denle las gracias a la mejor beta que he tenido jamás, la crudamente honesta y versada en el tema Fire&Ice: S. Lily Potter. De hecho, más que beta, casi fue coautora de este capítulo, jaja!! Sí, a ese grado llegó su colaboración. Así que, ya sabes Lily, millones de gracias a ti, porque si no hubiera sido por tu ayuda y consejo, de verdad que no me habría atrevido a publicar.
Bueno, aparte quiero agradecer todos los reviews dejados por ustedes a lo largo de estos meses... Las hermosas personas que me escribieron fueron: Arashi 04, Hikari Katsuragi, Dark Tsubasa, Elen Grantter, Meichen-Chan, Sakura Shidou, Yo (te agradezco de nuevo tu sincero comentario, y sí tienes razón, la actitud de Ginny no será siempre la correcta, pues el amor que sentirá por Draco la cegará. Y quizá ella crea que hace bien, pero sólo se estará justificando. Y sobre el significado del tatuaje, jeje... bueno, pues fue algo bien simple como ya lo leíste. Gracias por escribirme!), Leodyn, Sakura Potter Rowling, Brinitonks (por sus dos reviews!), Rubi Malfoy, Aiosami (ya viste!! Antes de tu otro cumpleaños, jaja!! ... No tengo vergüenza XD... -espero de corazón que te haya gustado, Aio!), Chibi Haru Sama, Pily (como siempre mi niña, comentarios llenos de simpatía... muchas gracias por lo que me dices!), Karina (¿te gusta más que Polvo? En serio? jaja!! Eso sí me sorprende, pero me honra sobremanera!! Mil gracias por todo lo demás que me dices y sobre todo, por comprender mis demoras...), Nyissa, Klass 2008 (por sus dos reviews!!), Elisabeth Lupin, x-Yrena-x, Maitte Potter, Rohan Lady, Miss HP, Ruby P. Black y para finalizar: Auraws. Gracias a todos y sobretodo, gracias por esperar (digo, pues ya que otra les quedaba, verdad? jaja!!).
Un beso.
