Capítulo 7: El hermano de Draco
Pasaron algunos días. Yo iba a ver siempre a Draco. Le contaba de cosas que pasaban en el colegio, él me contaba de cosas que le sucedían en el hospital... Y le daba algunas clases. Entendía rápido y practicaba mucho todo lo que Harry le decía que hiciera. Se llevaban muy bien, eran casi como amigos. Cuando Harry iba conmigo a verlo para darle alguna clase "extra", reían y bromeaban mucho. Yo los miraba sonriendo, feliz de que por fin se llevaran, aunque me entristecía recordar el motivo por el cual las cosas eran así. Draco aún no me recordaba... Pero habíamos avanzado, ya que le había llevado unas fotos que tomamos ese día del accidente en el parque y me dijo que recordaba algo de eso entre sueños muy vagos.
Bueno chicos, me voy, debo hacer mis tareas. Dijo Harry por fin después de una hora.
Bien hermano. Nos vemos en casa... ¿O te irás ya a Hogwarts? Pregunté.
Mmmh... Debo regresar al colegio, sabes que solo salgo para poder darle las clases a Draco.
Está bien... Entonces... Mándale saludos a los chicos.
De acuerdo. Adiós. Me dio un beso en la mejilla, se saludó de la mano con Draco y se fue.
Oye no es tan difícil como yo lo creía... Entiendo bien lo de Pociones y Transformaciones. ¿Crees que podré pasar?
Pues... Si te dan pronto de alta y vuelves al colegio, quizás sí... Yo por mi parte ya logré salvar mi año. Le dije pensando por todo lo que había tenido que pasar... Clases aparte, estudiar hasta tarde, ir y venir de aquí para allá, pero había tenido un buen resultado todo eso.
Entonces me pondré en campaña para hacerlo. Sonrió.
Bien. Le sonreí. – Ahora, veamos... Busqué en mi mochila unos libros y comencé a explicarle unas cosas sobre Runas Antiguas, luego Aritmancia y Defensa contra las artes oscuras. Dos horas después ya habíamos terminado. - ¿Entendiste todo?...
Sí. No es difícil... Solo... ¡Largo! Exclamó mirando el pergamino de 4 metros de largo que debía estudiar para Runas Antiguas. – No estoy seguro de poder pasar Sil... Dijo preocupado.
No te preocupes Draco, sé que si le pones un poco de empeño lo lograrás.
¿Segura? ¿Crees en mí?
¡Claro que sí! Me acerqué hasta él y le di un beso en la mejilla.
¿Y eso? Dijo algo sonrojado.
Te lo mereces. Le sonreí. – Bueno... Miré mi reloj. – Ya debo irme. Es tarde. Comencé a recoger mis cosas.
Quédate... Por favor... Dijo algo entristecido.
¿Enserio deseas que me quede contigo?
Claro... Mis padres no vienen a visitarme ya a estas horas, y mi hermano tampoco... Tú eres la única que todos los días está aquí a la hora que promete, nunca me abandonas.
Nunca lo haría Draco... Te lo prometí hace mucho, y no romperé mi promesa. Tomé una de sus manos entre las mías. – Te quiero...
Yo también te quiero Sil. Se sentó en la cama y besó mi frente. - ¿Te quedarás? Por favor...
Está bien, déjame llamar a casa para avisar...
Gracias.
No hay nada que agradecer. Respondí.
Llamé a casa. Hablé con mamá y le expliqué la situación. Me dijo que estaba bien, que podía quedarme, así que colgué el teléfono y regresé al cuarto. Me encontré con una sorpresa. Allí estaba Malcom.
Hola Malcom. Saludé alegremente. – No te esperábamos por aquí.
Vine desde Durmstrang para ver a mi hermano... ¿No los molesto, verdad?
No. Respondí.
Hermano, ¿la conoces? Preguntó Draco.
Claro que sí tonto, me la presentaste tú en El Caldero Chorreante hace 1 mes. Dijo dándole un pequeño golpe en la cabeza.
Ah... ¡No me golpees! Dijo Draco. – Le diré a mamá que eres malo conmigo.
Hay sí tú "le diré a mamá". ¡Bebé! Exclamó Malcom haciéndole burla a su hermano.
Malcom, no creo que deberías molestarlo... Dije sentándome a su lado.
Es solo una broma. Sonrió. – Y dime Sil... ¿Qué haces aquí tan tarde?
Hoy se queda conmigo. Respondió Draco rápidamente.
Oh ya veo... Me miró. – Mmmh... ¿Quieres ir a tomar algo?
No lo sé... Yo le prometí a Draco que... Lo miré.
No, está bien... Vayan... ¿Volverás? Me preguntó.
¿Estás seguro que quieres que vaya con tu hermano?...
Claro, mientras te traiga sana y salva. Dijo sonriendo. – La cuidarás, ¿verdad?
Sí. Respondió Malcom.
Bien, vayan entonces.
¿Necesitas algo?
No, estaré bien. Dormiré un rato. Dijo Draco. – Ya váyanse.
Está bien... Malcom y yo salimos. - ¡Adiós! Dije.
Malcom me invitó a tomar un helado, pero como hacía algo de frío, mejor nos fuimos a una confitería que estaba en el centro, a tomar un café o algo caliente.
Al llegar a "Friends", nos atendieron enseguida. Él pidió un café y yo un chocolate. Estuvimos un largo rato sentados ahí, junto a la ventana, charlando. Me hizo varias preguntas sobre mi relación con Draco, cómo nos habíamos conocido, cuándo, y muchas cosas más. ¿Para qué quería él saber todo eso?... Y yo que sé... En fin... Luego fuimos a dar un paseo por la ciudad. Esa noche estaba muy linda, aunque hacía algo de frío, y yo no tenía abrigo...
Mejor volvamos, ¿sí? Tengo frío.
Oh pobrecita. Dijo. Se quitó la campera y me la pasó.
¿Qué haces?
No quiero que te enfermes. Dijo sonriendo. – Póntelo. ¡Vaya! Este chico era tan caballero como su hermano.
Gracias Malcom. Me puse la campera y seguimos caminando un rato más.
Un poco antes de llegar al parque, decidimos volver. Pero antes me detuvo justo en el puente que estaba sobre el riachuelo y me abrazó. Eso... Fue algo raro, pero sin embargo no me pareció que tuviera malas intenciones... Hasta que luego... Trató de besarme cuando volvíamos al hospital.
¿Qué rayos crees que haces? ¡Aléjate!. Lo empujé. Me miró sorprendido.
¿Qué té pasa? Soy igual a Draco y ¿no quieres darme solo un beso?. Alzó ambos brazos en señal de "qué demonios tienes".
¡No eres igual a él!
Claro que sí hermosa. Me tomó por la cintura y me besó a la fuerza. Lo empujé una vez más, y ésta, calló en el suelo.
No lo eres. Draco es dulce, tierno y comprende cuando alguien no quiere saber nada de su existencia. Tú eres manipulador y crees que a la fuerza lograrías que alguien te amara. Puedes ser igual o casi igual a Draco por fuera, pero interiormente, eres muy distinto de él. Hubo un momento de silencio... – Además... Le prometí que nunca lo engañaría.
No tiene por qué enterarse... Aparte, por lo que sé, él te dejó cuando te enteraste de que no te recordaba.
Puede ser, pero yo le pertenezco solo a él. Se paró y me tomó nuevamente por la cintura.
Mi vida, Draco no es para ti... Tu mereces algo mejor. Alguien con estilo, romántico y muy apasionado... Soy lo que necesitas. Me besó nuevamente a la fuerza. Lo empujé otra vez.
¡Eres un imbécil Malcom! Me quité su campera y la tiré al suelo. – Me arrepiento de haber dejado solo a Draco en el hospital por salir contigo. ¡Adiós! Le dije. Comencé a correr hacia el centro.
Una vez segura de que Malcom no estaba cerca, saqué mi varita de la cartera y, escondida en un callejón desierto, murmuré.
¡Aparición!
De pronto estaba en el cuarto de Draco, junto a su cama. Me quedó mirando con los ojos como dos huevos.
Vaya... Linda forma de llegar.
Me meteré en problemas por usar ese hechizo... Comenté guardando la varita en la cartera.
¿Por qué?
Porque hay que tener licencia para aparecerse... Además hay que pasar un examen... Yo no pasé el examen ni tengo la licencia. Pero debía huir de tu hermano. ¡Qué imbécil!
¿Qué pasó? ¿Te hizo algo? Dijo parándose rápidamente.
Quiso besarme a la fuerza... En realidad... Lo logró... Dije mientras me limpiaba la boca con la manga de la remera.
¡Qué patán! Dijo Draco furioso.
Sí... Lo sé... Pero... Draco, acuéstate... No te preocupes.
Te juro que si aparece por aquí, lo mato.
