Capítulo 2. De elfos insoportables.

Istara bajó las escaleras apresurada, sin mirar a ningún elfo que pasaba por allí. Se intentaba tapar con el pelo su cara pálida, que ahora estaba sonrojada. Una cosa era ir con la elfa Keylawen, y otra muy diferente… ¡ir sola! No conocía a nadie, pero eso no era todo: además llevaba un "ridículo vestido", como lo había apodado ella. ¡Se había atrasado! Caminaba con rapidez por los pasillos, hacia la música, preguntándose si su amiga habría llegado. ¿Cómo era posible que la hubiera dejado así, yendo sola por la casa de Elrond? Bufó agarrándose el vestido y continuó su trayecto con la vista baja.

De pronto, levantó la vista, pero ya era tarde, porque chocó hombro con hombro contra alguien. El fuerte choque la desequilibró y la hizo girarse, al igual que la otra persona. Era un elfo. Tenía los ojos de un azul muy brillante y el pelo rubio recogido parcialmente. Se veía elegante: vestía un traje azul con bordados, y un broche que simbolizaba una hoja. Istara estaba a punto de pedir perdón cuando el elfo habló:

- ¡Mira por donde vas! –la dijo frunciendo el ceño y mirándola de arriba abajo con desprecio.

- Lo… lo siento –titubeó ella. "Histérico. Tampoco ha sido para tanto"

- Claro… -dijo cínico- ¿qué se podía esperar de una humana? –Istara apretó los labios, de tal forma que solo formaban una sola línea.- No tenéis formas ni modales. –añadió con superioridad alzando el mentón.

Istara apretó los puños furiosa. ¿Quién se había creído que era ese elfito de pacotilla para hablarla así?

- Creo recordar que vos también os habéis chocado contra mí –respondió astutamente-. Así que… no logro entender por qué no os habéis apartado. –Istara entornó sus ojos, ahora mostrando toda la frialdad posible- Así que si me disculpáis –añadió burlona- tengo cosas más importantes que hacer que estar aquí con vos¡Y una cosa más! El único que no tiene modales aquí sois "vos".

Acto seguido, Istara se dio la vuelta con la velocidad de un rayo y continuó su camino, pisando fuertemente el suelo enfadada. Ya la noche no parecía tan bonita.

"Siempre hay alguien que lo estropea. Idiota…"

El elfo se quedó parado mirándola desaparecer con los puños fuertemente apretados y el ceño fruncido de nuevo. "Idiota", pensó también. "Siempre hay alguien que arruina la noche". Y se dio la vuelta, furioso con el mundo.

La fiesta parecía animada, y para cuando llegó Istara todos bailaban y reían. La mayoría de los presentes eran elfos, aunque también había humanos y unos Medianos que bebían y se desternillaban de la risa viendo a otro haciendo amagos de imitar a los elfos. Se pasó un mechón de pelo oscuro por detrás de la oreja, incómoda. Se sentía… fuera de lugar. Nadie parecía haber reparado en su presencia, y con el máximo cuidado bordeó y esquivó a las parejas que bailaban al son de la música y se sentó, respirando fuertemente el olor de los árboles. Nunca antes había estado en una fiesta élfica: todas las elfas vestían elegantemente y hablaban en corros. Istara se preguntó si hablarían de cotilleos.

"No. Demasiado perfectas", se dijo. Y de pronto, la imagen del elfo con el que se había chocado anteriormente le volvió a la mente y se cruzó de brazos. "Siempre hay excepciones"

El sol se estaba ocultando lentamente detrás del horizonte, y como por arte de magia, se encendieron unos faroles que iluminaron el lugar. Como pudo observar, el mago Gandalf portaba el báculo, y con una luz brillante había apuntado a los faroles y se habían encendido. La fiesta estaba situada en los lindes del bosque de Rivendel, y se encontraban unas mesas con todo tipo de comida y bebida. Istara no tardó en tener hambre, y levantó decidida. Atravesó de nuevo la pista de baile, tal y como hacían todos los que querían tomar algo, y cuando estaba a punto de alargar el brazo para agarrar un trozo de pan con una hoja alguien le llamó su atención.

- Son lembas. –dijo con voz suave a su lado. –Pruébalas, seguro que te gustan.

Istara se distrajo un momento y levantó la vista. Ante ella había una mujer muy bella. Tenía unos rasgos muy suaves, unos ojos azules que reflejaban las estrellas y el pelo castaño cayendo por su espalda. Al ver que Istara la miraba extrañada, sonrió.

- Mi nombre es Arwen. ¿Tú te llamas Istara…?

- Así es. Sois hija de Elrond¿no es así? –dijo Istara poniéndose más erguida para causar buena impresión -y para ser más alta también (nota de la autora: xD, pobre, si es menudita que se le va a hacer)- , lo que provocó que Arwen riera.

- En efecto. Mi padre me habló de ti. Pero ven, vamos a sentarnos.

En ese momento, Istara agarró el pan de lembas que había dicho Arwen y fue apresurada tras ella, provocando de nuevo la risa en la elfa. Se sentaron en el mismo banco que había estado ella antes.

- Espero que mi doncella Keylawen os haya servido bien.

- Oh! Más que bien. –respondió afirmando Istara con la cabeza- Es muy buena, y además me ha enseñado vuestra casa. Se ha convertido en una buena amiga mía.

- ¡No sabes lo que me alegra eso! –Respondió Arwen alegre- Debe haber sido duro no recordar nada sobre lo anterior…

- Bueno, sí. Pero sobreviviré.- inquirió Istara riendo, disimulando su tristeza-. Tampoco creo que me haya perdido mucho si no lo recuerdo…

Arwen rió y negó con la cabeza.

- ¿Conoces ya a alguien? –preguntó escrutando entre la gente.

- Solo a Keylawen y a vos.

- Oh… llámame simplemente Arwen, tutéame. Ya tengo a suficientes que me tratan como princesa.

Istara se sonrojó levemente, pero asintió.

- Está bien… Arwen.

- Mira¿ves a esos de allí? –Señaló hacia los Medianos- Son hobbits, la fiesta se celebra en su honor, como ya sabrás. Y allí está Boromir de Gondor, humano también, deberías hablar con él.-Boromir se encontraba hablando con otros humanos y elfos, mostrando orgullo. – ¡Oh! Y allí está Legolas Hojaverde, hijo de Thranduil y príncipe del Bosque Negro.

Istara miró distraída y cuando posó sus ojos en él, se sobresaltó.

"No puede ser… ¡otra vez él!", pensó disgustada. "Y de príncipe no tiene nada"

- ¿Te ocurre algo? –preguntó Arwen mirándola extrañada.- ¿Ya os conocíais?

- Digamos que tuvimos un encuentro en los pasillos. –respondió cruzándose de bazos y entornando los ojos.

Arwen no pareció notar el gesto, y si lo notño no hizo ningún comentario y sonrió.

- Como ves, tiene mucho éxito con las elfas más jóvenes. –inquirió riendo. Y era cierto, porque aunque hablaba con un humano, muchas elfas le miraban con los ojos brillantes y sonrojadas. Cuando por casualidad se encontraban con los ojos de él se daban la vuelta y se reían, mientras él seguía indiferente y alzaba las cejas, disgustado.

- Sí, ya lo veo. ¿Y sabes una cosa? No entiendo por qué.

Volvió a mirarle descaradamente como si quisiera matarle con la mirada mientras algunas elfas que le observaban seguían lanzando risitas. De pronto, se giró y sus ojos se cruzaron con los de ella. Istara retiró la mirada, molesta, mientras bufaba de exasperación.

- Oh, y a su lado está Aragorn… Trancos, si lo prefieres. –Istara volvió a mirar, omitiendo la mirada de Legolas, y se encontró con otro humano. Tenía los ojos verdes y el pelo oscuro, y sonreía mirando hacia las dos chicas. Saludó con la cabeza y Arwen se levantó de su asiento.- Vamos, tengo que presentártelo.

Istara sientió como el pánico se apoderaba de su cuerpo. Si Arwen pensaba que iba a ir donde estaba Legolas, lo llevaba claro. "¿Por qué no? Es hora de la segunda vuelta de miradas matadoras", pensó con malicia.

- ¡Vamos! –la apremió Arwen. Las dos bordearon la pista de baile hacia los dos hombres. Aragorn miraba a Arwen con una media sonrisa, y Legolas estornó los ojos de hielo escrutando a Istara.

- Hola. –saludó Aragorn. Legolas se limitó a asentir forzando una sonrisa a Arwen.

- Os presento a Istara. Llegó hace varios días a Rivendel. –Istara agradeció que no mencionara nada sobre en qué condiciones había llegado, ni que no se acordaba de nada de su pasado.

- Hola.-respondió Istara sonriendo a Aragorn y omitiendo a Legolas, que rodó los ojos con fastidio. ¿Qué le pasaba a ese elfo?

Después de las debidas presentaciones, Istara pudo intuir que "algo" sucedía entre Aragorn y Arwen.

"Algo, jeje", pensó con malicia. Aunque se empeñaran en ocultarlo, sus miradas les delataban, al igual que el leve rubor que había aparecido en las mejillas de la elfa.

- ¿Y de dónde eres, Istara? –preguntó Aragorn una vez Arwen se había marchado, pues su padre la había llamado.

- Eh… pues, yo soy… de… -"¿de donde soy?"- De un sitio muy lejano… no creo que lo conozcáis... –Aragorn sonrió de medio lado, pero no dijo nada.

- ¿Y cuál es? Porque yo he viajado mucho, y es posible que lo conozca. –inquirió Legolas abriendo la boca por primera vez en toda la noche.

"No hablas… pero cuando lo haces es para pegarte un puñetazo.", pensó Istara al borde de la desesperación."No recuerdo de donde procedo…"

- Del pueblo… Verde. –respondió Istara al borde de la risa deseando que nunca hubiera oído hablar de él.

Legolas apretó los labios con furia. Esa mujer le estaba haciendo quedar mal. ¿Por qué perdía los estribos así, tan fácilmente?

- No. Me temo que no lo conozco. –respondió sospechando y no dejando traslucir ninguna emoción.

- Tal vez deberíais visitarlo un día, mi señor Legolas. –dijo Istara triunfal poniendo especial ímpetu en las últimas tres palabras.

- Quizás algún día lo visitaremos. –Dijo Aragorn-. Creo que voy a coger algo de comer. Enseguida vuelvo.

Istara le contempló alejarse hacia la comida, y se dio la vuelta furiosa al encontrarse a solas con el elfo.

- ¿Qué? Ahora que tu amigo se ha ido… ¿no tienes nada que decir, elfito de pacotilla?

- Trátame con más respeto. Como sabrás soy un príncipe, y exijo que me trates como tal.

- Ah¿si¿Te crees muy bueno por ser quien eres? Pues déjame decirte que te trataré como yo quiera, no eres diferente de nadie aquí. Es mas, me pareces repulsivo para ser un príncipe que al menos debería tener modales.

- Entonces, si así te lo parezco,… ¿por qué sigues hablándome? –dijo Legolas con una media sonrisa satírica.

- Es deberías preguntártelo tú. ¿Por qué hablas a alguien inferior?

- Eres una estúpida, no sé por qué pierdo mi tiempo contigo.

- Tranquilo, tienes todo el tiempo del mundo. La que no debo perderlo soy yo, que cada minuto cuenta.

- No quiero ensuciarme la vista con alguien como tú. –Replicó fríamente Legolas.- Así que ya puedes marcharte.

- ¿Ahora me tengo que marchar yo? No, guapito.

Legolas pareció desconcertado un momento, y apretó los labios con fuerza, un gesto muy típico que desde que había conocido a esa mujer repetía constantemente. Y eso que solo llevaban hablando unos minutos.

- Pero de todas maneras… -siguió diciendo Istara- Me voy yo, estoy malgastando mi saliva al hablar contigo. –hizo una pausa y continuó:- Mas bien, al discutir contigo.

- Pues márchate.

- Muy bien.

- Vale.

- Perfecto.

- Bien. ¿A qué esperas?

Istara se dio la vuelta furiosamente sin percibir la expresión triunfal en el rostro del elfo. Esa chica le ponía furioso. Ella empezó a andar pisando fuerte hacia el bosque. Vio como Legolas se encaminaba hacia la casa de Elrond, sin prestar atención a todas sus admiradoras, y le apareció una sonrisa malévola. Se volvió, pensándoselo mejor. No le apetecía internarse en el bosque… quería volver a su habitación.

Se agarró el vestido para no tropezarse y empezó a correr disimuladamente. Vio la figura esbelta de Legolas caminar tranquilamente hacia la casa de Elrond, y nada más acercarse a él le dio con su hombro y pasó de largo, con la cabeza bien alta. Legolas se paró donde estaba. ¿Cómo se había atrevido a tocarle de nuevo? Le miró como si fuera un bicho raro desaparecer subiendo las escaleras y negó con la cabeza con aprensión.

…….

Istara se tiró a la cama riendo. Ese elfo se lo tenía bien merecido.

"Principejo…", se dijo con una sonrisa triunfal. Podía imaginarse su cara.

Se incorporó hasta quedar sentada en la cama, y movió la mano, como si espantara de su pensamiento a Legolas. Bostezó y se levantó, estirándose, y entonces cayó en la cuenta de que no había visto a Keylawen en el rato que había estado en la fiesta. ¿Dónde se habría metido? Abrió la puerta de su habitación, preocupada, y tras cerrarla corrió por el pasillo hacia la supuesta habitación de la elfa. Llamó insistentemente varias veces, pero nadie abrió. Volvió a llamar, pero al no ver ningún resultado, hizo un aspaviento y se marchó por donde había venido.

"Estará en la fiesta…", se dijo a sí misma. "No tiene por qué haberle pasado nada malo"

- ¡Istara! –una voz femenina la llamó desde atrás.

- ¡Arwen¿Qué haces aquí¿No deberías estar en la fiesta? –preguntó Istara extrañada.

- Acabo de venir del puente y estaba haciendo unas cosas.-Arwen tenía los ojos brillantes, y no llevaba un colgante que Istara había observado cuando la conoció momentos antes.

- ¿Del puente? Estuve allí con… Keylawen… -de pronto, cayó en la cuenta.- El puente… ¡Claro! Arwen, lo siento, debo marcharme, hay algo que tengo que hacer.

- Vale. Ya nos veremos.

- Sí. Adiós.

Istara salió corriendo de allí. ¿Era posible que su amiga estuviera allí? Empezó a esforzarse por recordar los pasos que habían seguido esa misma mañana cuando Keylawen le había enseñado la Casa de Elrond. Todas las imágenes se aparecían en su mente. Bajó unas escaleras, cruzó el pórtico, llegó a la plaza y corrió hacia el bosque. La fiesta se hallaba en el otro lado, y la música apenas se percibía. Tomó un camino no muy corto y allí, al fondo, vislumbró los cabellos dorados de la elfa.

Se acercó esta vez caminando mirándola fijamente. Estaba sentada en un banco elegante y sostenía una flor blanca entre sus dedos. Estaba vestida para la fiesta y tenía la cabeza gacha, mientras las lágrimas se deslizaban por sus mejillas.

- Keylawen… -dijo con un susurro Istara.- ¿Estás bien¿Qué te ocurre?

- ¡Istara! No te había oído llegar… -dijo con la voz quebrada.-Y eso es difícil, porque haces un ruido… -respondió bromeando en un amago de sonrisa.

La humana se sentó a su lado y la cogió de una mano. La elfa levantó los ojos enrojecidos y sonrió, sintiéndose avergonzada.

- Yo… siento estar así… -dijo titubeando Keylawen, con un rubor en sus mejillas.

- ¿Por qué? Llorar está bien, tus miedos salen a la luz y eso te hace sentirte mejor. Llorar no es malo, solo te limpia por dentro.

- ¿Qué…?

- ¿Me vas a contar qué te ocurre?

- Verás… es una tontería. –respondió Keylawen desviando la vista.

- Nadie llora por una tontería, amiga.

Keylawen la miró fijamente y se secó las lágrimas de su rostro, y con voz titubeante comenzó a hablar.

- Acaba de llegar un mensajero. Trae malas noticias, muy malas. –Keylawen tomó aire y continuó- Istara… Mi padre ha muerto.

- Lo siento. –respondió con los ojos inmersos en la tristeza.

- Fue asesinado. Una flecha envenenada se clavó en su hombro hace una semana cuando volvía de viaje desde Rohan. Solo había ido a investigar por orden de Elrond… ¡Solo cumplía con su trabajo! –gritó desesperada.

Istara se acercó aún más a ella y la abrazó fuertemente, mientras su amiga lloraba desconsolada.

- Keylawen, eso no es ninguna tontería. –la aludida se incorporó y se volvió a secar las lágrimas.

- Los elfos no entendemos la… muerte. –inquirió con un escalofrío.

- Mira. Seguro que tu padre está en un lugar mejor, y velará por ti siempre. Te cuidará desde dondequiera que esté.

- Lo sé. Era un hombre valiente, jefe de la guardia de Rivendel, y sé que murió tras mucha lucha. Me duele saberlo… no tengo a nadie más… solo a ti.

- Me tienes a mí. –afirmó Istara sintiendo como su alma se rompía por ver a Keylawen destrozada de dolor.

- Ya lo se. Nunca te separes de mí, Istara.

- No lo haré. Te lo prometo.

….

Tras llevar a Keylawen a su cuarto tras clamarse un poco, Istara volvió al suyo encogida, como si la mala noticia se la hubieran dado a ella. Abrió la puerta como una autómata, no sintiendo su cuerpo, y se quitó el vestido. Después se puso algo para dormir y se metió en la cama. Miró atentamente al techo pensativa, y se dio la vuelta, cerrando los ojos.

No tardó mucho en darse cuenta de que se había desvelado, y se levantó de la cama. Se dirigió hacia un balcón personal que tenía su habitación y el aire fresco del exterior la golpeó la cara y la echó el pelo hacia atrás. Abrió la puerta del balcón y salió al exterior, apoyándose en la barandilla y mirando al infinito. La música ya había cesado, y solo se oía el ruido del viento.

"Demasiadas emociones para un primer día"

Fue como si despertara, y miró hacia ambos lados, sintiéndose observada. Se adivinaba una sombra en otro balcón lejano, e Istara entornó los ojos intentando ver algo. Se encogió de hombros y pensó que sería su imaginación, que la causaba problemas, y volvió al calor de la habitación.

Se encogió sobre sí misma y se arropó bien. Después, poco a poco se fue abandonando a los brazos del sueño, sin preocupaciones ni elfos molestos que la rodearan.


¡Hola hola¿Qué tal el capítulo? Espero que os haya gustado tanto como a mí escribirlo. Es más o menos igual de largo que el primero, así que ¡espero que no os quejéis! Jajaja.

Bueno, como veis ya ha salido Legolas. Es un poco… ¿insoportable? No se si esa es la palabra adecuada jaja, pero como veis Istara no le aguanta.

Ya veis que he actualizado pronto, y espero tener el próximo capitulo en cuanto pueda. Ya sabeis… Reviews, por favor, son muy importantes para mi y me ayudan a continuar por saber que me leeis!! Gracias a PauMalfoy y a Tere por sus reviews, y a todos los que me leeis, se que estáis ahi, mwjajajaja risa malefica.

Un besazo!!

Eresse