Capítulo 7.

-¡Pero por qué debo sentir eso¡Lo odio, pero a la vez¡me gusta! – Hermione iba reflexionando esto después de su encuentro con Draco, ya en el salón.

¿Por qué sentir esto? Esa tarde, cuando Draco la besó en la biblioteca, sintió la gran ansia de cariño que buscaba desde hacía mucho tiempo. Esa sensación de libertad, de hadas volando dentro de su cuerpo, de desahogo, que tal vez jamás sentiría junto a Ron.

Lo quería, lo amaba con toda su fuerza... pero tal vez él sólo la veía como amiga. Pero¿por qué reaccionó así cuando se enteró de que Draco la había besado? Igual había actuado cuando fue Viktor Krum quien le pidió que fuera su pareja de baile.

Eso no era común en Ron. Si se peleaban a cada rato, no concordaban en sus opiniones, sí, pero, sentía hasta antes de lo de Draco, y unos momentos después, una conexión muy fuerte con su amigo, como si estuvieran unidos por un hilo muy fuerte e invisible. Ya después, ese cursito se hizo frágil, poco a poco, y se terminó rompiendo. ¿Por qué? Por la indecisión y la timidez de los dos, para poder estar juntos.

Tan poca atención puso a la clase tratando de arreglar sus enredos, que nunca se enteró que la profesora McGonagall le hablaba para preguntarle la historia de un hechizo complicadísimo.

Cuando tocó la campana, como se había quedado distraída, no sintió el ruido fuerte que el instrumento lanzaba por todos lados, y la profesora McGonagall se acercó a ella.

-¿Señorita Granger? – le preguntó la profesora sentándose a sus lado.

-Mándeme profesora – respondió Hermione dando un respingo y saliendo de su pensamiento sumiso.

-¿Le pasa algo? Últimamente ha estado distraída en mis clases, casi no participa... y casi ya no se le ve junto a Potter y Weasley. – le dijo la profesora McGonagall.

-De Weasley, no me hable – le respondió la chica molesta de que el pelirrojo haya tenido lugar en su conversación.

-¿Por qué? –

-¿Eh? – Hermione se había sorprendido de la pregunta de la profesora. Era poco común que la mujer se acercara a los alumnos y mucho más cuestionarles la razón de sus problemas.

-Estás en confianza, Hermione. Soy la cabeza de Gryffindor, y mi deber es ver por todos ustedes¿no? – Le sonrió. – Platícame¿qué tienes? –

-No va a entender. – Hizo una pausa. – Malfoy... Ah, Malfoy me besó. – respondió la chica al fin, agachando la cabeza en señal de vergüenza.

-¿Cómo? Si eso es una barbaridad, Hermione. – le contestó la profesora muy sorprendida de lo que acababa de oír. No lo podía creer.

-Sí, y Weasley se sintió con el descaro de reclamarme cuando se enteró. – añadió la chica.

-¡Pues el señor Weasley tiene razón en reclamarle¡El señor Malfoy es Slytherin, ya sabe la vibra que proviene de esa casa! – respondió la profesora McGonagall a su alumna.

-Pues sí – le respondió Hermione queriendo decir "Sí y ¿qué?", resignándose.

-No, no, esto se tiene qué hablar largo y tendido. – Tras una rápida cavilación, continuó. – Bien, la espero en mi despacho. – le dijo la profesora a la castaña.

-Bien. Hasta mañana – se despidió de su profesora, tomando lentamente sus desperdigados útiles.

-No, Hermione, esta noche – y, seguido esto, la profesora le sonrió, para que su alumna entrara en confianza.

-Sí – respondió Hermione.

Y salió del aula cavilando en aquella breve plática con su profesora. Los pasillos se encontraban vacíos, y sus pasos resonaban en un eco.

Ahora se hallaba como en un círculo vicioso: Malfoy se encontraba... "enamorado", por así decir de ella. Ron dejaba de hablarle y McGonagall le pedía que debía tener cuidado. Un problema más grave se sentía venir dentro de poco.

En lugar de bajar al Gran Comedor, resolvió irse hacia su Sala Común, la cual se hallaba apenas llena: Varios alumnos que reconoció de tercer año jugaban un pequeño torneo de ajedrez. Y quedó parada... Ajedrez ... No debía pensarlo. Subió a su dormitorio y mientras sacaba sus útiles y libros de su bolso no dejaba de darle vueltas al embrollo en que se había colado sin querer, sin pensar. Era de por sí una situación rara y caprichosa, pero debía hallarle una pronta solución.

Mientras intentaba tomar su pluma, su antebrazo derecho chocó con el tintero, provocando que diera un vuelco y ensuciara los pergaminos y una parte del suéter de la muchacha.

-¡Demonios! – exclamaba molesta. – ¡Esto me pasa por pensar en ti, Malfoy! –

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Hastío. Un sentimiento llamado hastío lo inundaba como si de playa se tratara.

Un fuerte coraje por sentir desmoronar una amistad de tanto tiempo, que parecía fuerte.

Harry reflexionaba esto tumbado en el pasto frente al Lago. Tiraba las piedras que le incomodaban la posición, y arrancaba de poco en poco el pasto delgado que adornaba el lugar.

Sí, cómo no. Malfoy enamorado de su mejor amiga. Genial. Increíblemente genial. No se creía aquel cuento, sabiendo a la perfección que él era capaz de hacer cualquier cosa para lograr sus objetivos.

Mientras cavilaba, reparó en levantarse e irse de ahí.

El sol brillaba como si fuera un día de galardón. Claro, cómo no. Galardón a la escena más ridícula, perteneciente a ese odioso, estúpido y pretencioso Slytherin.

-¡Harry¡Harry! – Sí, ese aroma de flores se acercaba cual pajarillo en situación de peligro.

-Ah, hola Ginny... – Saludó sin mucho afán. Ella se acercó al pelinegro y lo tomó del brazo.

-Vamos, Harry. No estás bien. ¿Por qué no nos vamos a la Sala Común, al Gran Comedor o a donde sea, y me cuentas lo que te pasa? – propuso la pelirroja.

Pensó en que tenía razón, y se encaminaron hacia el Gran Comedor.

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-Ron está cada vez más raro. –

-¿Tú crees? Yo lo veo igual. – El pelirrojo platicaba en la entrada del Hall con Luna Lovegood, quien cargaba su revista del Quisquilloso al revés, como era su pasatiempo de costumbre: resolver los misterios de runas que alguna vez había dejado pendientes. Era en sí extraño por que alguna vez manifestó que la locura de la rubia era sumamente contagiosa. Pero de un tiempo a acá se le veía más seguido en compañía de la Ravenclaw.

Para su sorpresa, Hermione no se hallaba ahí. Tenían muchas razones por la cual deseaban hablar con ella.

Harry y Ginny habían diseñado un plan para poder sacarle a la castaña la razón de su enamoramiento repentino, de los sentimientos que manifestaba hacia Malfoy. Por que en sí era más que insólito.

Pero pararon cuando Ron llego ahí. Sus ojos mostraban el color de su alma, los cuales se posaron en la vacía madera de la mesa.

-Ah... Hola. No los vi, disculpen. –

-¿Por qué tendrías qué disculparte...? Ese error de no ver a tus vecinos de mesa lo comete cualquiera – argumentó su mejor amigo como si fuera lo más sencillo.

-Vamos, que no me siento bien. – Argumentó el muchacho jugando con los tenedores que en un principio se hallaban a los lados de su plato.

-Sí... Hermione... –

-¡No me molesten con eso! –

-Vamos... no era esa intención... – Pausa sustancial e incómoda. El resquebrajo de los cubiertos puestos en los trastes eran como música para sus oídos, ya que los alumnos abandonaban la mesa.

-Bien, Ginny y yo disponemos a retirarnos. Tenemos muchas cosas qué hacer. – El pelirrojo volvió a verlos extrañado.

-Luego te explicamos. Nos vemos. – Y los dos se alejaron juntos para resolver aquel lío del cual no planearon una pronta solución.

Pensaban que el amor de Malfoy hacia Hermione no era normal. Y estaban dispuestos a descubrir lo que planeaba la serpiente. Hallarían la solución a como diera lugar.


Hola.

Como yo (No, yo Luna no. Su nick así lo dice) me estuvo insistiendo en que actualizara, aquí dejo el capítulo 7. No tienen título. Espero lo leas, por que de nada me sirve estar invirtiendo tiempo en una historia que a casi nadie le importa¿de acuerdo?

Agradecimientos a yo, connyhp y Jass Weasley por sus reviews. Serán contestados.

Saludos.