Capítulo 8.
Rápidamente llegaron a la biblioteca del colegio. "Cómo no recuerdo estar aquí", se decía Harry observando la sala con lividez. Era como si se encontrara en un museo de colecciones exóticas: Rara e impresionante, imposible de tocar.
Le estaban ocurriendo cosas extrañas. Y en este caso su vista era la más afectada. En la sección de libros que hablaban de transfiguraciones sintió cómo un bichuelo se volvía pluma. Adivinación, esa molesta materia. Una pequeña y vacía bola de cristal le anticipaba una dormitada segura. Y eso solamente en su mundo. No. Ahora mismo se dormía.
-Harry. ¿A qué estás esperando? – Antes de que exhalara alguna respiración contenida, la pelirroja ya lo llevaba tomado del antebrazo por las estanterías del lugar. Y su pensamiento se hallaba inmerso en la sabiduría que desprendería el salón. Ahí comprendió que por eso Hermione los hostigaba con frecuencia de pasar una tarde ahí. En ese momento juró hacer siempre caso de sus recomendaciones.
-Buenas tardes jóvenes. – Saludó la señora Pince, con su misma actitud de siempre. – ¿Qué se les ofrece por aquí? –
-Verá, Madame Pince... – Le fue descubierto al pelinegro la habilidad que poseía la muchacha para dialogar con personas difíciles, ya que, mientras sacaba un permiso que alcanzó a ver firmado por su jefa de casa, logró convencer a la mujer de agilizar la búsqueda que llevaban.
-Sí, muchacha. Iré a buscar ese libro y te lo traeré. – Acto seguido Pince se perdía en las telarañas de libros que se entretejían dentro de los libreros. Su paso era veloz.
Y él seguía sin entender nada. Tomaron asiento, invitados por él, y esperaron. Él se entretuvo observando las verdaderas telarañas que existían saliendo por las estanterías. El hilo que formaban las arañas eran sí interesantes...
-Toma. Es prestado por una semana. Después de ese lapso deberá ser entregado o si no ocurre así habrá una infracción. – Se fue sin ver las reacciones.
Pero no les importó. Bueno, al menos a Harry sí. Su interés dejó asomarse aún más mientras leía por título del bien conservado libro "Pociones para todos gustos".
-Ginny, no entiendo. ¿Qué pretendes con esto? – Pero fue cortado por el silbido de dos muchachas que, a parecer de quien la viera, se encontraban celebrando una fiesta. Y qué coincidencia: la más chiflada de Ravenclaw y la más loca de Gryffindor.
Luna se hallaba junto a Poly, una Gryffindor en sí impopular, pero era conocida por los pocos que habitaban el día en la Sala por las locuras que solían emanar de su malhablada lengua.
-Hola, Ginny. – Volvió hacia Harry. – Creo que a ti ya te saludé. – y recobró la mirada en el libro que se encontraba abierto en la página II. Para variar, en el Índice. –¿Qué haces con ese libro? – Preguntó sosteniéndolo con una cara que parecía que tenía la suerte de poseerlo en sus brazos.
-Vamos, Luna. – Lo retiró de sus brazos y volvió a posarlo en la mesa. – Harry y yo estamos buscando algo. –
-¿Algo solamente para ustedes dos? – preguntó Poly escuetamente. Sus ojos brillaban.
-No exactamente para nosotros dos: Es para una amiga. – explicó Harry.
-No es necesaria tanta explicación, Harry. – Y tras haber buscado en el índice dio en unos segundos con la página anhelada. – Aquí está.
El moreno entrecerró los ojos, leyendo en voz alta (y sorprendida) el nombre de la poción buscada, seguida de una vuelta perpleja hacia la mirada de su compañera:
-¿Filtro amoroso? –
-Sí. ¿Qué no lees? – dijo Luna señalando con su mano el nombre. Su collar de corcholatas producía mucho ruido, y era más molesto en la biblioteca que en cualquier otro lado.
La pelirroja, sin escuchar, se volvió hacia la lectura y comenzó:
Filtro amoroso.
El único efecto que produce es que la persona quien lo bebe se enamora del que la creó.
-Pero creo que esto no sería. Es muy poco. Además es imposible que ella esté enamorada. – Parecía que Ginny y Harry se hablaban en un idioma diametralmente diferente al de las otras dos chicas. La reacción era más que simple. – Mejor continúo con la variación de esta poción. –
Amortentia
Esta poción es la más conocida dentro de las variaciones del filtro amoroso. Tiene un brillo muy nacarado que lo distingue, se eleva en una espiral peculiar y su olor es diferente para cada persona a la que se le dará a probar. Las consecuencias que conlleva, a diferencia de la Poción o filtro del amor, es una gran obsesión capaz de afectar en primer grado a quien la produce (cabe mencionar que si es preparado por un fabricante certificado no ocurre nada, ya que está bajo protección de un hechizo) y a quien la bebe.
Sus ingredientes son:
-Huevos congelados de Ahwinder
-Algo distintivo de quien tomará la poción...
-Creo que es más que suficiente. – Los dos Gryffindor tomaron sus libros, incluido el mencionado antes y partieron sin decir nada más.
-¡Regresen, que quiero saber más de la poción! – Poly corría como vieja loca, estirando los brazos y su voz resonaba como alarido. La Ravenclaw desapareció tras doblar cierta esquina, sin decir más. Definitivamente pensaba que Harry y Ginny estaban locos de atar.
• • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • •
Y el viento lo acompañaba tras los suspiros que él se robaba sin pedir permiso. Los bufidos de indignación habían quedado atrás, bastante lejanos. Ahora solamente le restaba seguir observándola a lo lejos, sin sentir cerca su presencia y sus ajetreados llamados. La estridencia con la que le ordenaba mayor disciplina se quedaba en un viejo recuerdo. Y su cabello enmarañado detrás de él quedaba como fotografía: Sí, igual que la memoria que el tiempo estampó de un vistazo.
Sí, Ron, la perdiste. Tienes qué aceptarlo sin más ni más.
Y preguntas por qué. En lo que aún no caes directamente en su cuenta: Es difícil, como ser humano, aceptar los errores que se han cometido. Y los errores los provocaron los dos. Lo más difícil es que ninguno quiere aceptarlo.
Ella sólo está ahí, desconcertada tras el fuego, pensando en su vaga figura. Y tú se lo recriminas, igual que lo harías a un traidor a nuestro bando. Pero ella sólo hace lo que su parte interna le manda, por que si más no me equivoco, a esa parte vaga no se le puede ordenar ni controlar de ningún modo. Y tú intentas exactamente eso: Que sus pensamientos y sus oraciones estén encaminados hacia ti. Que sus recuerdos más tristes y sus triunfos sean compartidos solamente contigo. Por que a ti, crees, te debe solamente amar.
Sin embargo no puedes hacer nada más. Cada alma es diferente. Y debes resignarte a su figura escondida tras del sillón, escribiendo mil y un palabras de pasión adquirida de forma ventajosa.
Ni un perdón bastará. Olvídala, olvídala. ¡Olvídala!
Bien dicho por Harry, no podría hacer más. Sus esfuerzos serán totalmente en vano. El viento surcaba su cabello de fuego, encendido con el toque de la furia. Aún así, lo dejaría todo como está ahora, por que la ha perdido.
Los deberes estaban a la espera. Sentía cómo debía completarlos, y decidió ir a atenderlos. Sin su ayuda podría mejorar más, estaba seguro.
• • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • •
Pocas veces eran las que había pasado en aquel cuarto con un repugnante aroma. Si más no recordaba el único asunto que le había concernido con relación a ese lugar eran las cartas que su padre le enviaba de vez en cuando, relacionadas con lo que acontecía en relación a la cruzada contra los sangre – sucia. Ahora ese pasaje quedaba en la profundidad de sus recuerdos, por que si luchaba junto a ese ideal colectivo, estaría contra ella, y eso no lo quería.
Sintió una rara sensación mientras caminaba. Levantó su botín y pudo comprobar que había taconeado una suave masa, la cual retiró estrujando su bota en la paja que daba como suelo.
Se apoyó en un ventanal con suficiente espacio. Bajó su mirada y hurgó en sus bolsillos, hasta que halló un pergamino distintivo de su casa, su pluma y su tintero.
Rápidamente rasgó en ella un mensaje: se leía en ella una pequeña frase, la cual fue bien escrita con trazos bastante cuidados y soberbios.
-Anda, ve tras ella y entrégale esto. Lo está esperando. – El animal atendió a su llamado, salió partiendo hacia su destino. Por que sabía que le haría caso, por que sabía que esa noche podría ser la mejor de su vida. Solo junto a ella. De todas maneras, las rondas de prefectos correspondían a aquella semana a los de Gryffindor y Slytherin. Deseaba que llegara la hora acordada...
• • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • •
-¿Qué acaso es lo único que hemos encontrado? – Retiró uno de los libros releyéndolo después de sesenta veces.
-Si es lo único que produce este volumen, tenía qué estar resumido... – Después de pasar una difícil tarde en la biblioteca, parecía ser que Harry y Ginny comenzaban a cansarse de la labor impuesta por ellos mismos. El tiempo se elevaba y con ella cualquier dato posible sobre el Filtro Amoroso disminuía.
Nadie los entendía. Prácticamente a Harry era poco común vérsele estudiar, como para que esa tarde se encontrara frente a una pila bastante alta de libros, y mucho menos de Pociones.
No había visto a Hermione. Estando él en la Sala Común de su casa, sospechaba que se hallaba junto a ése, pero no. Parvati y Lavender no habían dicho nada al respecto (era bastante saber que ellas antes que nadie tenían conocimiento de los rumores más fuertes de Hogwarts), y Ginny confirmó que no había salido de su dormitorio para nada.
-Sólo está al pendiente de la ventana, esperando algo. –
-¿Cómo lo sabes? – inquirió Harry más preocupado.
-La invité para que aprovechara su tiempo libre y pudiéramos salir a los terrenos, pero insiste en no despegarse de allí. –
-Esto va cada vez más peor... –
-Y seguirá así mientras no hagamos nada por averiguar qué es lo que está pasando. Sé que hallaremos la solución así que. ¡a la marcha! –
• • •
¿Por qué se hallaba así?. ¿Por qué mejor no iba junto a sus amigos y hacía caso del consejo de Ginny?. ¿Qué era lo que estaba pasando?
Sus pupilas hacían juego a la temporada, un otoñal viento surcaba con suavidad sus revueltos cabellos del mismo tono. A veces se le ocurría que, tras esa silueta que él sabía bien esconder, podría hallarse el ser más maravilloso del planeta. Pero no: aún conociendo los sentimientos que le manifestaba, Draco Malfoy seguía siendo el mismo.
Pero un acto cambió aquel concepto. Una lechuza que no reconoció parecía llegar a chocar directo en su rostro, pero aterrizó con cuidado.
Dejó caer el pergamino que, gracias a su brillo sobresalía de entre sus útiles, opacados. El ave movía graciosamente el pico.
-Ten, gracias por traérmela. – Y sin ver cómo la lechuza partía, observó con fascinación cómo el pergamino, de un verde botella intenso, dejaba entrever una frase bellamente trazada que confirmaba lo que deseaba leer:
No me falles. Recuerda las inspecciones de prefectos de esta noche.
La guardó rápidamente en un bolsillo de su túnica y supo instintivamente que la noche prometía hasta lo inimaginable. Recordó que era la hora de cenar, y bajó en soledad queriendo observarlo antes de aquello.
---------------------------------------------------------
Hola.
El octavo capítulo ha llegado, por fin. Espero no se pierdan el próximo, que lo subiré aproximadamente la semana que entra. Gracias por sus reviews, espero me dejen en este capítulo para saber sus opiniones al respecto del fic, por que eso es mejor que el silencio eterno.
Saludos.
