El teniente entró en el bunker observando en derredor. La parte de abajo estaba desierta, asi que subió las escaleras hacia el siguiente piso. Los arqueros estaban en los salientes de las ventanas del segundo piso, observando la oscuridad de la noche en busca de alguien o algo amenazante. Al subir al segundo piso salido al humano que estaba al mando de aquel bunker, que se cuadró al verle. Se hallaba al lado del pendón de la Alianza, y al lado de este se encontraba una orca herida y maniatada tendida en el suelo.
- ¿Qué hacéis aquí, teniente?- le pregunto el humano, pero el aludido no respondió. El gobernante de Icewing observo un brillo extraño en los ojos de su compañero pero no supo interpretarlo. El elfo avanzó hacia el humano, le rodeo un par de veces mientras este le seguía con la mirada y le repetía una y otra vez la pregunta.
De improviso, el elfo le asestó un tremendo golpe en la cara con uno de sus escudos que le reventó la nariz y lo dejó inconsciente en el suelo mientras la orca le miraba sombrada. Después el elfo salió a donde se encontraban los arqueros y la orca oyó varios golpes secos. Supuso que se trataba del escudo de aquel elfo traidor estrellándose contra las cabezas de los arqueros de Stormpike.
Mientras el elfo se encontraba en el exterior del edificio aparecieron por las escaleras un tauren y un no-muerto que buscaban en el interior de la estructura alguna amenaza. Ascendieron por las escaleras hasta llegar a donde estaba el humano noqueado y la orca y el no muerto ató al humano al pendón mientras que el tauren desataba a la orca y atendía sus heridas superficialmente con algunas vendas de paño rúnico que tenia en su bolsa.
El elfo volvió al interior lanzándole una mirada de odio a los hordas que allí se encontraban. La orca estuvo apunto de gritar para advertirles pero el no muerto se encaró frente al elfo con calma, como si no supusiera ninguna amenaza para él. Acto seguido le abrió la garganta. El elfo nocturno cayó al suelo revolviéndose y expulsando sangre a borbotones tanto por la boca como por la enorme brecha que le había hecho el asesino en el cuello hasta que murió desangrado.
- Hoy he derramado mucha sangre… me siento bien.
- Demasiado fácil.- dijo el tauren ayudando a la orca a levantarse.
- ¿Quiénes sois? ¿Sois de Frostwolf?- pregunto la orca recién liberada.
- Si, el equipo de demoliciones de Drek'thar. ¿Y tu eres…?- respondió bromeando el tauren dejándola de pie y sacando algunos cartuchos de dinamita del bulto más grande.
- ¿Demoliciones? Yo soy la Comandante de Ala Guse- se presentó la orca.
- ¿Guse?- preguntó el brujo subiendo por las escaleras con su guadaña ensangrentada en la mano- Se te dio por muerta hace unos días al volver tu quimera sin ti.
- Me alegro de que mi quimera este bien.- fue a dar un paso pero perdió pie y de no ser por la ayuda del no muerto hubiera caído por las escaleras.
- Tranquila comandante, esta aun muy herida. Espere un poco a que terminemos nuestra misión aquí y os llevaremos con nosotros.- le dijo el no muerto ayudándola a sentarse en los escalones.- Por cierto- dijo dirigiéndose al brujo- ¿y la sacerdotisa?
- Extrayendo viales de sangre de los arqueros muertos. Creo que me ha dicho que alguien de la aldea se los ha pedido. Aunque me pregunto para que. Ahora sube.
- ¡Eh!- les llamó el tauren a ambos- ¿Qué hacemos con este?- se refería al humano aun inconsciente y de nariz sangrante que estaba atado al pendón.
- Fácil, nos lo llevamos como rehén- contestó el asesino.
- ¿Desde cuando los Frostwolf toman rehenes?- la sacerdotisa subió los escalones con firmeza pero con cierta gracia también, sus ropas estaban llenas de sangre, bastante menos que las del brujo.
- ¿Desde cuando usamos sangre de Stormpike? Y lo mejor, ¿para que?- respondió el brujo como siempre, sin mostrar emoción alguna.- Un rehén, a parte de darnos ventaja diplomáticamente hablando, podría proporcionarnos mucha y valiosa información con los incentivos… adecuados- dijo clavando sus ojos verduzcos en el humano.
- Bueno, haced lo que queráis con él. Yo ya he terminado aquí. Todos los cartuchos colocados y listos para hacer pum.
- Sacerdotisa, a ver si podéis ayudar a la comandante Guse a recuperarse.
- Comandante de Ala.
- ¿Guse? Os dimos por muerta- dijo la sacerdotisa mientras se acercaba a ella.
- Ya me lo han contado, pero estoy vivita y coleando, aunque me duela cuando coleo mucho.- el tauren se rió en el piso de abajo cuando oyó a la comandante. La sacerdotisa comenzó a rezar en voz baja mientras en sus manos se iba concentrando una luz dorada. Cuando concluyó el rezo lanzo aquella luz hacia la comandante y sus heridas empezaron a cicatrizar a ojos vista y a recuperar las fuerzas perdidas.
- ¿Todos listos?- pregunto el brujo.
- Id delante con la comandante de ala, yo me quedare para ver si detonan o no.- dijo el tauren desde abajo.
Todos bajaron y comenzaron a alejarse del lugar por el mismo camino que habían recorrido para llegar hasta él. El brujo, que se había quedado el último se volvió hacia el tauren.
- No hagas locuras, ya perdimos a uno, no deseamos perder a otro.
- Descuida, y no te preocupes, no es propio de ti.- respondió despidiéndose con un gesto de la mano. El brujo cargó al humano totalmente atado en su hombro y se marchó con los demás. El tauren se volvió hacia el bunker, toqueteo un poco el bulto de la dinamita y pensó en voz baja.- Voy a colocar unas pocas más… para asegurarme.
