Un fantasma degenerado
Escrito por Princess Sheccid
Disclaimer: Inuyasha y Cía. no me pertenece!!! Fue creado por Rumiko Takahashi sensei, a quien admiro mucho por haber creado a estos personajes tan graciosos, además de otras series buenísimas =)
Algunas detalles para que se guíen a lo largo del relato:
------------ = Cambio de escenario [N.A. : ...] = Notas de la autora -.............- = Diálogos - ¨..........¨- = Pensamientos Negrita y cursiva = Frases en japonés (.............) = Traducción
En fin..................... Espero que disfruten esta historia!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
El grupo se encontraba descansando en la cabaña de la anciana Kaede, después de la larga batalla con el monstruo que había aparecido de manera repentina. Gracias al Kaze no kizu (Viento Cortante) de Inuyasha, habían logrado derrotarlo, y además de ello, encontraron un fragmento más de la preciada joya.
En los últimos días, el ambiente se notaba menos tenso. Era raro en esos días encontrar un monstruo rondando por la zona; en realidad, había una calma inusual.
Tampoco se habían dado noticias de Naraku, ni se había notado su presencia, no desde que Inuyasha lo atacó desprevenido en su castillo. Había salido huyendo como siempre, el muy cobarde...
De Kikyo, no había ni sombra de ella. Era por ello que Kagome estaba tranquila, feliz, aunque, algo de desesperanza reinaba en su corazón, ya que dudaba que Inuyasha, a pesar de la ausencia de la sacerdotisa, fuera a confesarle algún sentimiento oculto por ella...
---------------------------------------------------------------------------- ----------------------------
Inuyasha -el aludido volteó a mirar un momento al monje con algo de desconfianza ¬.¬
¿Qué quieres Miroku? -éste sólo lo miró con inocencia.
Tranquilo, tan sólo quería decirte que la señorita Kagome...
¡¿Eh?! -el hanyou movió sus orejitas al escuchar el nombre de su amada y se sonrojó un poco- ¿Qué pasa con ella?
No lo sé en realidad... –el joven lo miró extrañado- Es que su rostro refleja que algo le preocupa... ¿Por qué no vas y le preguntas qué le sucede?
¿Y por qué yo? -volteó su mirada hacia la susodicha, quien se encontraba sentada en una roca con la vista perdida en el vacío. Otro sonrojo se hizo presente en sus mejillas.
¡Quién mejor que tú Inuyasha! Ella parece confiar más en ti que en cualquiera de nosotros, seguro a ti te lo contará... Anda... ¿No querrás verla triste, verdad?
Cuando acabó de decir esto, la muchacha apoyó sus brazos en sus rodillas y su mentón sobre éstas. Su cabello le cubría parte del rostro, y desde la distancia donde se encontraban el monje y cierto hanyou, no podían apreciarle ni adivinarle su expresión.
El muchacho empezó a sentir remordimiento, culpa... Si es que ella llegaba a ponerse triste, todos lo culparían de sus penas [N.A.: A decir verdad, esa es la excusa que él se había ideado para negar su preocupación por ella]. No quería verla sufrir de nuevo, por ello...
- ¡Ay, está bien monje! ¡Cómo molestas! -el joven orejitas
de perro puso una expresión de desdén en su rostro y se fue saltando
hacia donde estaba la bella joven.
Detrás de él, dejaba a un monje complacido y muy sonriente ante su
actitud.
-----------------------------------------------------------------------
-------------------------------
Al llegar hasta ella, se acercó con sigilo y con algo de nerviosismo plasmado en su rostro. Un débil temblor en su mano se manifestó mientras ésta se acercaba a su hombro con el fin de llamar su atención. Su corazón se aceleró más de lo querido, tanto, que sentía que se le iba a salir del pecho.
¡¿Tanto poder tenía sobre sí aquella humana?! ¡¿Tanto que sus sentidos se agudizaban ante cualquier movimiento repentino en el ambiente para protegerla?!
Su dolor, lo sentía como propio, su sonrisa llenaba plenamente su ser... Ninguna de estas actitudes las demostró jamás ante Kikyou... Quizás, lo que sintió por ella, tan sólo fue una ilusión. Ese sentimiento, que nacía directamente de su corazón, no tenía nada de parecido con lo que experimentó en el pasado...
Tenía que admitirlo: amaba a esa muchacha, y nada haría que cambie ese sentimiento por ella...
Ante ese breve lapso metido en sus pensamientos, regresó a la realidad. Trató de tranquilizar su agitado corazón sin mucho resultado y, por lo menos, calmó ese temblor en su mano. Tragó saliva y apoyó su mano en el hombro de ella. La muchacha ni se inmutó.
1. Eh... ¿Kagome? -preguntó con algo de temor. Temor a que la muchacha
estuviera deprimida y él fuera el causante. La chica no levantó la
mirada.
El muchacho algo aturdido volteó a mirar a Miroku, quien, sonriente, le hacía señitas con la mano. Se encontraba sentado en ese pequeño descampado donde lo había dejado. Lo estaba animando a que siguiera intentando, probablemente.
1. Oye... –movió su hombro con suavidad. Nada.
Un segundo después, la chica pareció voltear su rostro al lado opuesto del joven: lo estaba ignorando. El muchacho suspiró resignado.
- Está bien, si no quieres hablar, entiendo perfectamente.
-Se sentó a su lado en el suelo, mirando la dirección donde estaba
dirigida la mirada de la adolescente. - Eh... -Volteó a ver a
Miroku, quien seguía haciéndole señitas- ¿Sabes? Vine aquí porque te
vi sola y parecías preocupada por algo... ¿Quieres... quieres
contármelo?- Silencio- Ara (Vaya), comprendo...
Hubo un instante de quietud, únicamente interrumpido por el suave susurrar del viento. A lo lejos, tan sólo perceptible para el sensible oído del hanyou, se escuchó de forma vaga la conversación y las risas de Sango, Shippo y la anciana Kaede.
1. Kagome –dirigió su mirada a su rostro aún oculto entre sus cabellos
azabache. No notó su expresión. Sintió algo de angustia, pero logró
reprimirla, en caso de que ella notara su mirada. Le tomó con dulzura
una mano y sonrió- No debes preocuparte por nada, porque nos tienes a
todos y te estaremos apoyando pase lo que pase. Watashi mo (Yo
también)... Especialmente a ti... mi querida Kagome. –apretó su
mano, sin lastimarla, tratando de infundirle mediante esto, apoyo y
confianza.
El muchacho seguía embelesado con la belleza de la joven, que ni notó ni llegó a darse cuenta de que lo había dicho. Estando así, acercó la mano de la muchacha contra su mejilla y después, depositó un beso en ella.
Metros más atrás, un joven monje veía la escena enternecido y a punto de llorar. U
El chico soltó su mano con delicadeza y pasó una mano por sus cabellos. La joven no reaccionaba ante sus caricias. El muchacho empezó a preocuparse. Con suma delicadeza, empezó a apartar la cortina de cabello que cubría su rostro y cayó de bruces.
El monje, extrañado, se acercó hasta quedar junto a la pareja. Y él, en lugar de caer como su compañero, se quedó con una cara de anonadado y con una enorme gota de sudor sobre su cabeza...
¡Si la chica había estado dormida todo ese tiempo!
El hanyou estaba sentado en el suelo y tenía una cara digna de verse. Su rostro competía en color con el de su haori. Se veía verdaderamente apenado. Había declarado sus sentimientos a la dueña de su corazón, y ésta ni se había enterado...
El monje consolaba al hanyou dándole algunas palmaditas en la espalda, cuando, de manera imprevista, el suelo empezó a estremecerse. Se escucharon unas fuertes pisadas que se aproximaban al lugar. Algunos árboles empezaron a desplomarse delante suyo. Un monstruo se aproximaba.
Ambos se pusieron alertas al instante. El monje con el báculo a su lado y el hanyou desenvainando su poderosa espada. La miko también despertó debido al escándalo producido. Se agachó hacia su mochila y sacó arco y flechas. La exterminadora y el pequeño kitsune llegaron volando en Kirara.
Todos esperaban expectantes la llegada de esa poderosa presencia... Estaba tan sólo a unos metros de distancia... Cuando, así tan rápido como se sintió su llegada, se fue. Esperaron unos segundos, pensando que quizá aparecería y los agarraría desprevenidos. Pero nada más ocurrió.
El muchacho con orejas de perro se fue a inspeccionar enfadado, dando grandes saltos. Revisó detrás de cada arbusto, de cada rama: podría haberse escondido. Después de estar varios minutos allí, regresó junto al resto de sus amigos.
- Y... ¿No encontraste nada? -preguntó la joven miko con
cara sorprendida.
1. Iie. He revisado muy bien, de eso estoy seguro. Supongo, que ya no
hay por qué alarmarse... Demo... –se llevó la mano al mentón, en
posición pensativa.
1. ¿Sucede algo malo? -preguntó la bella exterminadora con el pequeño
sobre su hombro.
1. Lo más extraño de todo -miró a sus amigos con rostro demostrando
preocupación y duda- es que en todo el lugar que revisé, no hallé ni
una sola huella del supuesto monstruo.
1. ¡¿Nani?! -el pequeño youkai emitió una voz llena de miedo.
1. Así como lo oyes Shippo. Y, en cuanto a los árboles caídos...
1. ¿Qué sucede con ellos? -preguntó curioso el monje.
1. Pues... La verdad, es que esos árboles se han derrumbado por el
tiempo, no por ningún monstruo o cosa parecida.
1. ¿Estás seguro Inuyasha? -la voz de la linda sacerdotisa se hizo de
nuevo presente.
1. ¡Ya dije que sí! ¡¿Qué parte de todo lo que he dicho no has
entendido?! -preguntó con la voz algo elevada y cansada el hanyou.
1. ¡No soy sorda! ¡No me grites! ¡¿Me entendiste tonto?! -la joven se
había enfadado y empezaban a aparecerle venitas.
1. Hay no... Éstos ya empezaron de nuevo -dijo Miroku suspirando,
mientras Sango, Shippo y Kirara negaban con la cabeza, concordando
con él.- Vamos, chicos, paren de pelear.
1. Los adultos sí que son difíciles de entender... –dijo Shippo
alejándose un poco de allí.
Se alejó del grupo de jóvenes, con sus manitos en su cabeza. Iba caminando apenas unos pasos, con sus ojitos cerrados, cuando cayó una especie de rayo frente a él.
1. Shippo, ¡Cuidado! -el pequeñuelo escuchó el grito de la linda
sacerdotisa, quien ya había parado de discutir con el hanyou. Su voz
estaba llena de pánico.
El pequeño la miró un momento pero no tuvo que estar mucho tiempo así, porque de pronto cayó otro rayo a su costado. Empezó a correr con desesperación. Inició una nueva lluvia de esos rayos, cada vez, de manera más cerca y certera.
El pequeño escuchaba atrás suyo a Inuyasha gritando al vacío que quien fuera que estaba ocasionando eso, se mostrara y no se ocultara como un cobarde. Kagome lanzaba flechas sagradas a los rayos, que se desvanecían al menor contacto con éstas. Así mismo, Sango y Kirara lanzaban, una su boomerang y la otra, una llamarada de fuego, que acababa con los ataques que estaban cada vez más cerca del pequeño.
Shippo se detuvo un momento a tomar una bocanada de aire, mientras se agachaba un poco apoyando sus manos sobre sus rodillas. Estaba realmente agotado, pero debía seguir escapando, porque de lo contrario unos de esos ataques lo alcanzaría y luego...
- Shippo, ¡¡¡¡¡¡No!!!!!! ¡¡¡¡¡¡ Huye !!!!!!
Demasiado tarde. El pequeño kitsune se quedó atónito mirando como uno de los rayos se acercaba a él a gran velocidad. Lleno de terror, lo único que hizo, fue tratar de cubrirse con sus bracitos del vigoroso ataque y esperar el golpe final...
... Pero no sucedió. Aún lleno de miedo, retiró sus manitos y miró. Pero eso, lo dejó aún más impactado.
Protegiéndolo del certero ataque, se encontraba el monje Miroku, quien se había lanzado, ofreciendo como escudo hacia el pequeño, su propio cuerpo. Todo pareció verse en cámara lenta: el cuerpo del joven monje cayendo, sus amigos llegando a toda carrera y muy preocupados...
Sus amigos estaban alrededor del cuerpo del monje, quien ahora respiraba de forma débil y con mucha dificultad. Los ataques habían cesado de nuevo, de manera repentina y misteriosa. Pero eso ya no importaba: la vida del chico peligraba.
Sango, la bella taiji-ya, se acercó a él presurosa y se sentó a su lado. Recostó la cabeza del monje en su regazo y le acariciaba los cabellos. Sus manos estaban temblorosas y heladas del terror y la angustia . Sus ojos estaban llenos de lágrimas.
Inuyasha y la joven miko estaban a su costado. Kagome buscaba desesperada en su mochila, rogando que encontrara algo que le fuera útil para aquella situación. Shippo se acercó lleno de terror al grupo de jóvenes, quienes no le prestaron demasiada atención. Miraba el cuerpo del joven, con todas las imágenes del suceso ocurrido en su mente, con el remordimiento carcomiéndole las entrañas... Kirara lamía la mano inmóvil del monje.
- ¡Vamos Miroku reacciona! ¡Tú nunca te dejas vencer de forma tan rápida y fácil! ¡¿Me oíste?! -Inuyasha gritaba con los nervios alterados, viendo como la vida del joven suspendía de un hilo. Lo agarró de las ropas, moviéndolo un poco- ¡Anda! ¡Reacciona! Si no nunca te lo perdonaré... –murmuró con la voz ya casi quebrada...
La exterminadora al oír esas palabras empezó a llorar más. No quería que nadie más se fuera de su vida, no quería que nadie más muriera de una manera tan horrible y cruel. No esa persona, a quien, a pesar de esos malos ratos y vergüenzas que le hizo pasar, amaba con todo su corazón.
- Por favor Miroku, -una lágrima cayó en la mejilla del
monje, cuya respiración se volvía más lenta- tienes que despertar...
-se agachó más a él y le besó la frente- No me dejes sola...
Ante la sorpresa de todos, el chico levantó su mano con dificultad y abrió los ojos un poco. Estaba muy débil. No tenía heridas, ni emanaba sangre de ningún lado. Sólo se notaban esos signos de los últimos minutos debido a su mortal palidez.
1. Vamos... Sango-chan... No quiero verte llorar. Una sonrisa queda
mejor en ese lindo rostro -le acarició su mejilla, y bajó la mano
rápidamente, la cual cayó pesada sobre su pecho.- Sango,
Koishite´ru... (Estoy enamorado de ti).
Después de eso, cerró sus ojos para no volver abrirlos. Sango se inclinó hacia él y lo abrazó, descargando todo su dolor ante la pérdida del ser amado. Kagome empezó a llorar también, e Inuyasha la abrazó, tratando de confrontarla.
Él también se sentía devastado: le habían arrebatado a su mejor amigo. Se juró a sí mismo que encontraría al culpable de ello, y lo haría pagar con su propia sangre. Pero, aunque lograra ello, no lograría traer devuelta al monje.
1. ¡ Maldita sea! -gritó furioso, ante la impotencia de no saber quien
era el culpable.
El pequeño, no lloraba. Miraba en shock a todos a su alrededor, aún no podía asimilar bien lo que había pasado. Lleno de furia consigo mismo, empezó a correr, no sabía a donde, pero sólo quería correr y correr. Dejó atrás aquel horrible espectáculo...
.............. Continuará ............................................................................ ........................
Notas de Princess Sheccid:
Konnichiwa mina-san!!!
Aquí estoy de nuevo, subiendo a esta página un proyecto diferente, que en verdad espero sea de su gusto Ésta sería la segunda historia que subo a esta página, claro que la primera es de CardCaptor Sakura. (Amo ambos animes!!!... -)
Esta historia será un SangoMiroku, y un poquito de InuyashaKagome, puesto que adoro ambas parejas ,,.,, Claro que en ésta última, hay cierta sacerdotisa muerta que sobra... ¬¬
Vale, ahora sí me despido. No quiero aburrirlos con más tonterías...
Matta ne!!!!!!!!!!
Princess Sheccid
P.D. Dejen reviews o sino un mensaje a mi
para saber que tal va quedando, o de lo contrario, lo tomaré
como que está quedando pésimo.... U.U
Escrito por Princess Sheccid
Disclaimer: Inuyasha y Cía. no me pertenece!!! Fue creado por Rumiko Takahashi sensei, a quien admiro mucho por haber creado a estos personajes tan graciosos, además de otras series buenísimas =)
Algunas detalles para que se guíen a lo largo del relato:
------------ = Cambio de escenario [N.A. : ...] = Notas de la autora -.............- = Diálogos - ¨..........¨- = Pensamientos Negrita y cursiva = Frases en japonés (.............) = Traducción
En fin..................... Espero que disfruten esta historia!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
El grupo se encontraba descansando en la cabaña de la anciana Kaede, después de la larga batalla con el monstruo que había aparecido de manera repentina. Gracias al Kaze no kizu (Viento Cortante) de Inuyasha, habían logrado derrotarlo, y además de ello, encontraron un fragmento más de la preciada joya.
En los últimos días, el ambiente se notaba menos tenso. Era raro en esos días encontrar un monstruo rondando por la zona; en realidad, había una calma inusual.
Tampoco se habían dado noticias de Naraku, ni se había notado su presencia, no desde que Inuyasha lo atacó desprevenido en su castillo. Había salido huyendo como siempre, el muy cobarde...
De Kikyo, no había ni sombra de ella. Era por ello que Kagome estaba tranquila, feliz, aunque, algo de desesperanza reinaba en su corazón, ya que dudaba que Inuyasha, a pesar de la ausencia de la sacerdotisa, fuera a confesarle algún sentimiento oculto por ella...
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Inuyasha -el aludido volteó a mirar un momento al monje con algo de desconfianza ¬.¬
¿Qué quieres Miroku? -éste sólo lo miró con inocencia.
Tranquilo, tan sólo quería decirte que la señorita Kagome...
¡¿Eh?! -el hanyou movió sus orejitas al escuchar el nombre de su amada y se sonrojó un poco- ¿Qué pasa con ella?
No lo sé en realidad... –el joven lo miró extrañado- Es que su rostro refleja que algo le preocupa... ¿Por qué no vas y le preguntas qué le sucede?
¿Y por qué yo? -volteó su mirada hacia la susodicha, quien se encontraba sentada en una roca con la vista perdida en el vacío. Otro sonrojo se hizo presente en sus mejillas.
¡Quién mejor que tú Inuyasha! Ella parece confiar más en ti que en cualquiera de nosotros, seguro a ti te lo contará... Anda... ¿No querrás verla triste, verdad?
Cuando acabó de decir esto, la muchacha apoyó sus brazos en sus rodillas y su mentón sobre éstas. Su cabello le cubría parte del rostro, y desde la distancia donde se encontraban el monje y cierto hanyou, no podían apreciarle ni adivinarle su expresión.
El muchacho empezó a sentir remordimiento, culpa... Si es que ella llegaba a ponerse triste, todos lo culparían de sus penas [N.A.: A decir verdad, esa es la excusa que él se había ideado para negar su preocupación por ella]. No quería verla sufrir de nuevo, por ello...
- ¡Ay, está bien monje! ¡Cómo molestas! -el joven orejitas
de perro puso una expresión de desdén en su rostro y se fue saltando
hacia donde estaba la bella joven.
Detrás de él, dejaba a un monje complacido y muy sonriente ante su
actitud.
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Al llegar hasta ella, se acercó con sigilo y con algo de nerviosismo plasmado en su rostro. Un débil temblor en su mano se manifestó mientras ésta se acercaba a su hombro con el fin de llamar su atención. Su corazón se aceleró más de lo querido, tanto, que sentía que se le iba a salir del pecho.
¡¿Tanto poder tenía sobre sí aquella humana?! ¡¿Tanto que sus sentidos se agudizaban ante cualquier movimiento repentino en el ambiente para protegerla?!
Su dolor, lo sentía como propio, su sonrisa llenaba plenamente su ser... Ninguna de estas actitudes las demostró jamás ante Kikyou... Quizás, lo que sintió por ella, tan sólo fue una ilusión. Ese sentimiento, que nacía directamente de su corazón, no tenía nada de parecido con lo que experimentó en el pasado...
Tenía que admitirlo: amaba a esa muchacha, y nada haría que cambie ese sentimiento por ella...
Ante ese breve lapso metido en sus pensamientos, regresó a la realidad. Trató de tranquilizar su agitado corazón sin mucho resultado y, por lo menos, calmó ese temblor en su mano. Tragó saliva y apoyó su mano en el hombro de ella. La muchacha ni se inmutó.
1. Eh... ¿Kagome? -preguntó con algo de temor. Temor a que la muchacha
estuviera deprimida y él fuera el causante. La chica no levantó la
mirada.
El muchacho algo aturdido volteó a mirar a Miroku, quien, sonriente, le hacía señitas con la mano. Se encontraba sentado en ese pequeño descampado donde lo había dejado. Lo estaba animando a que siguiera intentando, probablemente.
1. Oye... –movió su hombro con suavidad. Nada.
Un segundo después, la chica pareció voltear su rostro al lado opuesto del joven: lo estaba ignorando. El muchacho suspiró resignado.
- Está bien, si no quieres hablar, entiendo perfectamente.
-Se sentó a su lado en el suelo, mirando la dirección donde estaba
dirigida la mirada de la adolescente. - Eh... -Volteó a ver a
Miroku, quien seguía haciéndole señitas- ¿Sabes? Vine aquí porque te
vi sola y parecías preocupada por algo... ¿Quieres... quieres
contármelo?- Silencio- Ara (Vaya), comprendo...
Hubo un instante de quietud, únicamente interrumpido por el suave susurrar del viento. A lo lejos, tan sólo perceptible para el sensible oído del hanyou, se escuchó de forma vaga la conversación y las risas de Sango, Shippo y la anciana Kaede.
1. Kagome –dirigió su mirada a su rostro aún oculto entre sus cabellos
azabache. No notó su expresión. Sintió algo de angustia, pero logró
reprimirla, en caso de que ella notara su mirada. Le tomó con dulzura
una mano y sonrió- No debes preocuparte por nada, porque nos tienes a
todos y te estaremos apoyando pase lo que pase. Watashi mo (Yo
también)... Especialmente a ti... mi querida Kagome. –apretó su
mano, sin lastimarla, tratando de infundirle mediante esto, apoyo y
confianza.
El muchacho seguía embelesado con la belleza de la joven, que ni notó ni llegó a darse cuenta de que lo había dicho. Estando así, acercó la mano de la muchacha contra su mejilla y después, depositó un beso en ella.
Metros más atrás, un joven monje veía la escena enternecido y a punto de llorar. U
El chico soltó su mano con delicadeza y pasó una mano por sus cabellos. La joven no reaccionaba ante sus caricias. El muchacho empezó a preocuparse. Con suma delicadeza, empezó a apartar la cortina de cabello que cubría su rostro y cayó de bruces.
El monje, extrañado, se acercó hasta quedar junto a la pareja. Y él, en lugar de caer como su compañero, se quedó con una cara de anonadado y con una enorme gota de sudor sobre su cabeza...
¡Si la chica había estado dormida todo ese tiempo!
El hanyou estaba sentado en el suelo y tenía una cara digna de verse. Su rostro competía en color con el de su haori. Se veía verdaderamente apenado. Había declarado sus sentimientos a la dueña de su corazón, y ésta ni se había enterado...
El monje consolaba al hanyou dándole algunas palmaditas en la espalda, cuando, de manera imprevista, el suelo empezó a estremecerse. Se escucharon unas fuertes pisadas que se aproximaban al lugar. Algunos árboles empezaron a desplomarse delante suyo. Un monstruo se aproximaba.
Ambos se pusieron alertas al instante. El monje con el báculo a su lado y el hanyou desenvainando su poderosa espada. La miko también despertó debido al escándalo producido. Se agachó hacia su mochila y sacó arco y flechas. La exterminadora y el pequeño kitsune llegaron volando en Kirara.
Todos esperaban expectantes la llegada de esa poderosa presencia... Estaba tan sólo a unos metros de distancia... Cuando, así tan rápido como se sintió su llegada, se fue. Esperaron unos segundos, pensando que quizá aparecería y los agarraría desprevenidos. Pero nada más ocurrió.
El muchacho con orejas de perro se fue a inspeccionar enfadado, dando grandes saltos. Revisó detrás de cada arbusto, de cada rama: podría haberse escondido. Después de estar varios minutos allí, regresó junto al resto de sus amigos.
- Y... ¿No encontraste nada? -preguntó la joven miko con
cara sorprendida.
1. Iie. He revisado muy bien, de eso estoy seguro. Supongo, que ya no
hay por qué alarmarse... Demo... –se llevó la mano al mentón, en
posición pensativa.
1. ¿Sucede algo malo? -preguntó la bella exterminadora con el pequeño
sobre su hombro.
1. Lo más extraño de todo -miró a sus amigos con rostro demostrando
preocupación y duda- es que en todo el lugar que revisé, no hallé ni
una sola huella del supuesto monstruo.
1. ¡¿Nani?! -el pequeño youkai emitió una voz llena de miedo.
1. Así como lo oyes Shippo. Y, en cuanto a los árboles caídos...
1. ¿Qué sucede con ellos? -preguntó curioso el monje.
1. Pues... La verdad, es que esos árboles se han derrumbado por el
tiempo, no por ningún monstruo o cosa parecida.
1. ¿Estás seguro Inuyasha? -la voz de la linda sacerdotisa se hizo de
nuevo presente.
1. ¡Ya dije que sí! ¡¿Qué parte de todo lo que he dicho no has
entendido?! -preguntó con la voz algo elevada y cansada el hanyou.
1. ¡No soy sorda! ¡No me grites! ¡¿Me entendiste tonto?! -la joven se
había enfadado y empezaban a aparecerle venitas.
1. Hay no... Éstos ya empezaron de nuevo -dijo Miroku suspirando,
mientras Sango, Shippo y Kirara negaban con la cabeza, concordando
con él.- Vamos, chicos, paren de pelear.
1. Los adultos sí que son difíciles de entender... –dijo Shippo
alejándose un poco de allí.
Se alejó del grupo de jóvenes, con sus manitos en su cabeza. Iba caminando apenas unos pasos, con sus ojitos cerrados, cuando cayó una especie de rayo frente a él.
1. Shippo, ¡Cuidado! -el pequeñuelo escuchó el grito de la linda
sacerdotisa, quien ya había parado de discutir con el hanyou. Su voz
estaba llena de pánico.
El pequeño la miró un momento pero no tuvo que estar mucho tiempo así, porque de pronto cayó otro rayo a su costado. Empezó a correr con desesperación. Inició una nueva lluvia de esos rayos, cada vez, de manera más cerca y certera.
El pequeño escuchaba atrás suyo a Inuyasha gritando al vacío que quien fuera que estaba ocasionando eso, se mostrara y no se ocultara como un cobarde. Kagome lanzaba flechas sagradas a los rayos, que se desvanecían al menor contacto con éstas. Así mismo, Sango y Kirara lanzaban, una su boomerang y la otra, una llamarada de fuego, que acababa con los ataques que estaban cada vez más cerca del pequeño.
Shippo se detuvo un momento a tomar una bocanada de aire, mientras se agachaba un poco apoyando sus manos sobre sus rodillas. Estaba realmente agotado, pero debía seguir escapando, porque de lo contrario unos de esos ataques lo alcanzaría y luego...
- Shippo, ¡¡¡¡¡¡No!!!!!! ¡¡¡¡¡¡ Huye !!!!!!
Demasiado tarde. El pequeño kitsune se quedó atónito mirando como uno de los rayos se acercaba a él a gran velocidad. Lleno de terror, lo único que hizo, fue tratar de cubrirse con sus bracitos del vigoroso ataque y esperar el golpe final...
... Pero no sucedió. Aún lleno de miedo, retiró sus manitos y miró. Pero eso, lo dejó aún más impactado.
Protegiéndolo del certero ataque, se encontraba el monje Miroku, quien se había lanzado, ofreciendo como escudo hacia el pequeño, su propio cuerpo. Todo pareció verse en cámara lenta: el cuerpo del joven monje cayendo, sus amigos llegando a toda carrera y muy preocupados...
Sus amigos estaban alrededor del cuerpo del monje, quien ahora respiraba de forma débil y con mucha dificultad. Los ataques habían cesado de nuevo, de manera repentina y misteriosa. Pero eso ya no importaba: la vida del chico peligraba.
Sango, la bella taiji-ya, se acercó a él presurosa y se sentó a su lado. Recostó la cabeza del monje en su regazo y le acariciaba los cabellos. Sus manos estaban temblorosas y heladas del terror y la angustia . Sus ojos estaban llenos de lágrimas.
Inuyasha y la joven miko estaban a su costado. Kagome buscaba desesperada en su mochila, rogando que encontrara algo que le fuera útil para aquella situación. Shippo se acercó lleno de terror al grupo de jóvenes, quienes no le prestaron demasiada atención. Miraba el cuerpo del joven, con todas las imágenes del suceso ocurrido en su mente, con el remordimiento carcomiéndole las entrañas... Kirara lamía la mano inmóvil del monje.
- ¡Vamos Miroku reacciona! ¡Tú nunca te dejas vencer de forma tan rápida y fácil! ¡¿Me oíste?! -Inuyasha gritaba con los nervios alterados, viendo como la vida del joven suspendía de un hilo. Lo agarró de las ropas, moviéndolo un poco- ¡Anda! ¡Reacciona! Si no nunca te lo perdonaré... –murmuró con la voz ya casi quebrada...
La exterminadora al oír esas palabras empezó a llorar más. No quería que nadie más se fuera de su vida, no quería que nadie más muriera de una manera tan horrible y cruel. No esa persona, a quien, a pesar de esos malos ratos y vergüenzas que le hizo pasar, amaba con todo su corazón.
- Por favor Miroku, -una lágrima cayó en la mejilla del
monje, cuya respiración se volvía más lenta- tienes que despertar...
-se agachó más a él y le besó la frente- No me dejes sola...
Ante la sorpresa de todos, el chico levantó su mano con dificultad y abrió los ojos un poco. Estaba muy débil. No tenía heridas, ni emanaba sangre de ningún lado. Sólo se notaban esos signos de los últimos minutos debido a su mortal palidez.
1. Vamos... Sango-chan... No quiero verte llorar. Una sonrisa queda
mejor en ese lindo rostro -le acarició su mejilla, y bajó la mano
rápidamente, la cual cayó pesada sobre su pecho.- Sango,
Koishite´ru... (Estoy enamorado de ti).
Después de eso, cerró sus ojos para no volver abrirlos. Sango se inclinó hacia él y lo abrazó, descargando todo su dolor ante la pérdida del ser amado. Kagome empezó a llorar también, e Inuyasha la abrazó, tratando de confrontarla.
Él también se sentía devastado: le habían arrebatado a su mejor amigo. Se juró a sí mismo que encontraría al culpable de ello, y lo haría pagar con su propia sangre. Pero, aunque lograra ello, no lograría traer devuelta al monje.
1. ¡ Maldita sea! -gritó furioso, ante la impotencia de no saber quien
era el culpable.
El pequeño, no lloraba. Miraba en shock a todos a su alrededor, aún no podía asimilar bien lo que había pasado. Lleno de furia consigo mismo, empezó a correr, no sabía a donde, pero sólo quería correr y correr. Dejó atrás aquel horrible espectáculo...
.............. Continuará ............................................................................ ........................
Notas de Princess Sheccid:
Konnichiwa mina-san!!!
Aquí estoy de nuevo, subiendo a esta página un proyecto diferente, que en verdad espero sea de su gusto Ésta sería la segunda historia que subo a esta página, claro que la primera es de CardCaptor Sakura. (Amo ambos animes!!!... -)
Esta historia será un SangoMiroku, y un poquito de InuyashaKagome, puesto que adoro ambas parejas ,,.,, Claro que en ésta última, hay cierta sacerdotisa muerta que sobra... ¬¬
Vale, ahora sí me despido. No quiero aburrirlos con más tonterías...
Matta ne!!!!!!!!!!
Princess Sheccid
P.D. Dejen reviews o sino un mensaje a mi
para saber que tal va quedando, o de lo contrario, lo tomaré
como que está quedando pésimo.... U.U
