Un fantasma degenerado
Escrito por Princess Sheccid
Disclaimer:
Inuyasha y Cía. no me pertenece!!! Fue creado por Rumiko Takahashi sensei, a quien admiro mucho por haber creado a estos personajes tan graciosos, además de otras series buenísimas =)
Agradezco a quienes estén leyendo esta historia y más a quienes me han dejado un review! Vamos les sigo animando, a que dejen su opinión sobre esta historia...
De verdad que sus comentarios e ideas me ayudan mucho!!!!!!!
Este capítulo va dedicado a Kyrara-chan, quien me ha dado muchísimos ánimos para subirlo... Domo arigatou!!!!!!!!!!!!!!
Ahora sí, los detalles que siempre doy para que se guíen a lo largo del relato:
------------ = Cambio de escenario
[N.A. : ...] = Notas de la autora
-.............- = Diálogos
- ¨..........¨- = Pensamientos
[ ] = Alguna cosa que explicar
Negrita y cursiva = Frases en japonés
(.............) = Traducción
En fin..................... Espero que disfruten este capítulo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Tercer CapítuloMiraba sus manos apoyadas en sus rodillas.
Se encontraba en ese momento apoyado en el árbol sagrado, en el cual había permanecido sellado Inuyasha durante cincuenta años. Era realmente majestuoso...
Y brindaba una sombra fresca ante el calor irradiado por el sol.
No sabía cuánto tiempo había estado en ese lugar. Quizá algunos minutos, quizás, algunas horas... Eso ya no lo sabía. Había perdido la noción del tiempo.
Lo único de lo que estaba consciente, era que estaba allí, sentado como un cobarde, como un perfecto tonto, por no haber podido evadir un simple ataque. Era por ello, que uno de sus mejores amigos había tenido que sacrificar su vida por la de él.
Miroku...
Golpeó con su pequeño puño el suelo, sintiendo las lágrimas de rabia e impotencia recorrer su rostro.
¿Cómo era posible que se haya detenido a descansar en ese momento?
Empezó a llorar de nuevo, cubriendo su carita con sus manos. Se sentía el real culpable de todo lo sucedido. Era seguro que sus amigos estarían furiosos con él y lo echarían del grupo.
- Kagome, Inuyasha, Sango, Miroku... –sollozó el pequeñuelo- Lo siento tanto... Demo... –apretó sus ojitos con fuerza, lleno de furia- aunque me disculpe, no lo podré traer de nuevo a la vida...
Empezó a llorar, lleno de angustia y pena. Se acurrucó más contra el árbol y abrazó sus piernas, apoyando su frente en sus rodillas. Sus lágrimas mojaban su vestimenta, pero no le importaba. Ya nada de eso le importaba.
Era su culpa, el que uno de sus mejores amigos haya muerto. Nunca se lo perdonaría, ni él ni ninguno de los otros. Era mejor que se alejase del grupo: lo único que hacía él era atraer las desgracias, ser golpeado por Inuyasha [Le daba de coscorrones cuando lo sacaba de quicio], ser una carga para Kagome...
No sabía nada más que dar problemas a los de su entorno... Tomó esa decisión, que no le agradaba para nada, pero que era lo mejor para todos los demás.
Estaba a punto de ponerse de pie, cuando escuchó algo familiar a su lado. Apartó las manitos de su rostro acongojado y volteó la mirada hacia el dueño del soniquete. Se sorprendió mucho.
- ¡Kirara! ¡Eres tú! -la gatita maulló ante el sonido de su nombre, mirándolo con sus grandes ojos rubí.- ¿Qué pasa Kirara? ¿Por qué has venido?
Ante aquella pregunta, la gatita mordió una parte de su traje y lo empezó a jalar, hacia la dirección por donde había llegado.
Shippo vio sus intenciones y se apartó de una manera un poco brusca de ella, algo enojado. La gatita se quedó sentada en su lugar, mirándolo sin lugar a duda, con una expresión de profunda extrañeza.
- ¡No Kirara! ¡No voy a regresar con ellos! Ya les he causado bastante daño... –susurró.
Empezó a sollozar de nuevo, cubriendo su rostro y sentándose de golpe en el suelo. La gatita lo miró y se acercó con lentitud, tratando de no recibir una respuesta violenta por parte de él. Una vez a su lado, se sentó junto a él y lo observó llorar...
¡ Tan sólo era un pequeño, por Kami, y ya le había tocado enfrentar una difícil prueba desde que perdió a sus padres!
Era verdad que Inuyasha y Kagome prácticamente habían ocupado el lugar de sus padres perdidos, pero el dolor siempre queda allí, en algún resquicio del corazón...
Ahora cargaba con la culpa de la muerte del joven monje... Estaba sufriendo mucho...
La gatita maulló. Shippo la quedó observando. Ésta, como muestra de consuelo y, seguro apoyo, le lamía la mano. En verdad, ésta quería que regresara de nuevo con el grupo y además, le daba a entender con su arrumaco de que, como ella, el resto no le guardaría ningún rencor.
Shippo le acarició la cabeza en forma de agradecimiento ante su gesto, pero aún estaba indeciso si debía irse y alejarse de sus amigos...
Estaba muy aburrido desde hacía bastante rato.
Nadie lo podía ver ni oír. Había intentado hacerle señas y hablarle a Inuyasha, pero éste ni se había inmutado. Había pasado las manos por su rostro, pero él seguía en sus cavilaciones, sin hacer menor movimiento.
Igual había sucedido con Kagome, quien había parecido darse cuenta de su presencia por su andar hacia donde estaba él. Miroku se emocionó mucho, porque pensó que con ello había encontrado una nueva forma de comunicárseles, pero sólo se había acercado para recoger la ropa limpia de los cordeles.
Suspiró una vez más, algo vencido.
Hacía unas horas les había escuchado que Sango se encontraba en la cabaña de la anciana Kaede, descansando. Que se encontraba desecha con lo acontecido. Él se preocupó mucho y fue a verla.
No fue necesario abrir la puerta, porque con toda facilidad podía atravesar las paredes. Ya había empezado a acostumbrarse a su nueva forma de vida. O mejor dicho, de muerte...
La halló recostada en su futón, durmiendo. Sus ojos se encontraban algo hinchados y en sus mejillas había rastro de lágrimas. Se le encogió el corazón al verla así. Le escuchó sollozar y pronunciar su nombre entre sueños, luego volvió a tranquilizarse.
El suceso la había afectado notablemente, más que al resto de sus compañeros de viaje.
A los demás sólo los había notado muy tristes, pero a ella...
Despacio, como si pudiera haber sido escuchado, se acercó a ella y le besó una mejilla. Ella se movió un poco, entre sueños, pero nada más que eso. Se separó y, mirándola una vez más con ternura, salió de la habitación, dirigiéndose al exterior.
Necesitaba meditar alguna manera de cómo poder regresar a su cuerpo. Y aquello requería paz y silencio para poder encontrar una buena solución a ese problema.
- ¡¡¡¡ Excelencia!!!! -la muchacha se levantó sobresaltada y con los ojos castaños muy abiertos.
Gotas de sudor le recorrían el rostro y su respiración era agitada. Poco a poco, el ritmo de sus latidos volvían a normalizarse. Se llevó una mano al pecho, tomando una bocanada de aire. Luego, la otra mano se la llevó a la mejilla.
Juraba que había sentido algo, una especie de frío en su mejilla...
¿ O tan sólo había sido su imaginación?...
El fantasma del joven monje, se dirigió al bosque.
La paz de la naturaleza le ayudaría a relajarse de las tensiones y olvidar por un momento lo ocurrido. Apreció la belleza del paisaje, como nunca antes lo había hecho.
Se maravilló ante lo frondoso del bosque y la variedad de plantas que allí se podían encontrar. Era algo que nunca había tenido tiempo de contemplar, debido a los constantes viajes en busca y recolección de los fragmentos de la Shikon no Tama.
Iba en aquellas cavilaciones, cuando estuvo cerca del pozo que conectaba ambas épocas: aquella y la del futuro. Sonrió para sí mismo. Gracias a éste, habían tenido oportunidad de conocer a Kagome...
Se encontraba preguntando cuándo Inuyasha dejaría de una vez su estúpido orgullo y le confesaría sus sentimientos a la miko, cuando escuchó una voz no muy lejos de allí. Intrigado, se dirigió al lugar de donde provenía.
Era el claro donde se encontraba el árbol sagrado, lugar en el que el hanyou había permanecido sellado por la flecha de una sacerdotisa llena de rencor y odio.
Estando allí, se sorprendió.
Se encontraba el pequeño Shippo junto a Kirara. Éste con cara triste y a la vez enojada, le decía al animalito que no regresaría con los demás, que ya les había causado mucho daño...
El monje, comprendiendo sus palabras, se acercó más a ellos. En ese momento el pequeño lloraba, cubriendo su rostro, mientras la gatita lo miraba. Luego, ésta le lamía una mano, tratando de calmar su llanto. Ahora el zorrito le acariciaba la cabeza, sonriendo dentro de su tristeza.
El monje, olvidando su estado de ser espiritual o de que nadie podía verle ni oírle, le dijo, tratando de infundirle ánimos:
- Tranquilo Shippo, tú no tienes la culpa de nada. Si me lastimaron, fue error mío. Pero no me arrepiento de nada, con tal de que tú estés a salvo... ¿Comprendes? No debes sentirte mal por ello.
De pronto, el kitsune, quien había estado con la cabeza gacha, la levantó aterrado. Su cuerpito temblaba como loco. Había agarrado a Kirara y la apretaba contra sí.
- ¡¿Quién está allí?! -miró a su alrededor, buscando inútilmente con la mirada.
La pequeña gatita erizó el pelo de su lomo y se separó de él, saltando al suelo cubierto de hojas secas. Se transformó en aquella gata gigante, que solía transportar a Sango en los viajes. Ocultó al pequeñuelo tras de sí, de forma protectora.
- ¡Vamos! -su voz temblaba, pero trataba de mantenerla firme- Salga de allí quien quiera que sea... –empezó a gemir- ¿Por qué imitas la voz de Miroku? -se frotó con una manita las lágrimas tratando de mantener la compostura- ¿No es suficiente con el que yo me aparte del grupo? -por último, gritó enojado, mientras las lágrimas bajaban copiosamente por su rostro- ¡Ya tengo bastante con saber que fue mi culpa de que haya muerto!
Empezó a correr adentrándose cada vez más al bosque. Kirara volvió a transformarse en aquella dulce gatita, gruñó una vez más hacia donde había provenido la voz y echó a correr detrás del zorrito.
Miroku no perdió un segundo. Comenzó a correr también detrás de Shippo, quien iba tan sólo unos metros más adelante, llorando aún.
El pequeño había preguntado hacia donde estaba él, por qué imitaba la voz del fallecido...
¡Entonces era probable de que si pudiese oír su voz, que pudiese ayudarle!
Con los ánimos renovados, el joven empezó a correr con mayor rapidez. Algo que no fue muy necesario, ya que el kitsune tropezó con una rama que sobresalía de un árbol y cayó al suelo. Parando un poco su corrida, se acercó a él, quien aún estaba en la tierra, lleno de polvo y sollozando. No se había movido ni un poquito de su posición.
Se acercó a él con sigilo y procuró no asustarlo más de lo que ya estaba. Se puso de cuclillas a su lado y puso la mano sobre el hombro del pequeño zorrito.
La gatita dirigía su mirada hacia un lado de Shippo, como si supiera con exactitud de que el joven monje se encontraba allí. Meneó sus colitas [ Puesto que Kirara es una gata de dos colas ] e inclinó su cabecita hacia un lado. Emitió un maullido.
Parecía haberlo reconocido.
El zorrito levantó su mirada, dejando de llorar. Miró al vacío, puesto que él no podía ver al monje. Se sentó en el suelo, todavía con su mirada fija en ese lugar. La mano de Miroku había permanecido en su lugar, con la esperanza de que él pudiera sentirle.
En verdad, él sí había sentido un frío, cierto peso en su hombro. Shippo se encontraba algo sorprendido. Sólo una persona le ponía la mano en el hombro de esa manera, tan paternal, cuando se encontraba triste o asustado.
- ¿Miroku? -sus ojitos trataban de verlo, aunque sabía que sería inútil intentarlo- ¿Eres tú? ¿En verdad eres tú?
El muchacho no cabía en sí de felicidad. Por fin alguien había podido oírlo.
- Hai, Shippo, soy yo. Summimasen, por asustarte hace un momento. En verdad yo no quería... De veras lo siento.
El muchacho lo cubrió con sus brazos de forma protectora. El pequeño sintió cierto frío envolverlo. Entendió que el joven lo había abrazado. Con ello se puso triste de nuevo.
- Yo... Lo siento mucho Miroku. ¡Todo ha sido mi culpa! -el pequeño apretaba su ropa con fuerza, con la mirada baja.
- Ya... ya... tranquilo. Ya te dije que no te preocuparas por ello. –le miró con simpatía- En verdad, es algo que nunca antes había experimentado, algo que supongo disfrutaré mientras dure... Será estupendo... –ciertos pensamientos pasaron por su cabeza, haciéndolo sonreír con satisfacción...
- Ojalá me equivoque, pero con lo que me acabas decir, me estás dando a entender que ya hiciste planes para con tu nuevo estado... –el pequeño ¨ miraba ¨ hacia donde estaba el fantasma, quien se rascaba la barbilla con ilusión.
- Eso y quizás más Shippo... –sonrisa algo lujuriosa. Cambió el tema ante la mirada del pequeño y cierta gatita- Eh... –tosió, tratando de que olvidaran lo dicho- Bueno, escúchame Shippo... Tienes que ayudarme a volver a mi cuerpo. Aunque me agrade estar así, tengo deseos de regresar con ustedes...
- ¡Claro que te ayudaré Miroku! ¡Será un gusto! -volteó a mirar a la gatita- ¿Y tú también, verdad Kirara?
La gatita asintió con su cabecita, dando a entender que estaba con ellos.
- Muchas gracias Shippo. Intenté hablar con los otros, pero al parecer, tú junto con Kirara son los únicos que pueden oírme... Demo, su ayuda me será muy necesaria para lograrlo. ¿Están conmigo?
- Sí, señor -Shippo adoptó una graciosa pose militar, llevándose una mano a la sien.
- Muy bien -sonrió Miroku ante el acto de Shippo- Entonces, creo que será todo por ahora, ¿vale?
- De acuerdo Miroku. –asintió el zorrito. Luego preguntó preocupado- Pero, ¿tú adonde te irás?
- Descuida, no estaré muy lejos de ustedes... Y te mantendré al corriente si es que llego a avanzar en algo con esto. No te preocupes por ello... –estaba avanzando ya para irse, cuando recordó algo- Eh... Shippo...
- ¿Sí? ¿Qué sucede Miroku? -preguntó el pequeñín con curiosidad
- Te pediría, por favor, que regresaras con los chicos. El bosque es muy peligroso para pequeños como tú... ¿Entiendes?
- Demo, Miroku... ¿Cómo supiste que no quería regresar con ellos? -dijo el zorrito bajando la mirada al suelo. Lo habían descubierto.
- Te oí hace unos minutos. Perdona... –volvió a alzar el tono de su voz- Sin embargo, espero que acates lo que te he dicho. Todo esto es por tu seguridad.
- Está bien Miroku, iré con ellos.
- ¡Ah, sí! Olvidaba lo más importante: no le comentases nada de esto a Inuyasha o a Kagome, ¿Queda claro? Es mejor que nadie sepa todavía que he hablado contigo... Yo ya te avisaré cuando puedas decirles...
- ¿Por qué Miroku?
El joven monje comenzó a alejarse. Su voz, que se iba perdiendo, sonaba algo triste y melancólica.
- Porque sino ellos se lo dirían a Sango, y ya no quiero que sufra más por mi culpa... –dijo finalmente un poco más alegre- Bueno... ¡Hasta entonces, Shippo! –la gatita maulló algo molesta- Disculpa... ¡Adiós Kirara!
Y así el monje desapareció. Y dejó a un lindo kitsune con el corazón alegre y con nuevas esperanzas de poder volver a su amigo...
.......... Continuará ..............................................................................................................
Notas de Princess Sheccid:
Konnichiwa, mina-san!!!!
Cómo están???
Aquí yo estoy atareada con mis adorados exámenes ¬¬, pero me estoy un tiempo y subo este nuevo capítulo...
Bueno, no diré mucho, ya que el tiempo ahora no alcanza para nada... U.U Ni siquiera para hacer una despedida decente...
En fin, he aquí algunas aclaraciones del capítulo 3:
Según tengo entendido, los gatos y los perros pueden ver a los fantasmas o espectros... Entonces... ¿Por qué Kirara no podría? U
Y en cuanto a Inuyasha... extrañamente no podía sentir su presencia... ¿Por qué será? Sigan leyendo que tengo una que otra sorpresa para el siguiente capítulo
Mmm... Creo que no se me ha pasado nada sin explicar... Pero, por si las dudas, dejen reviews, que encantada estaré en responderles... =)
Por último: Sonará chantajista, pero sólo he recibido 2 reviews (que agradezco profundamente a aquellas personas que se tomaron la molestia de dejarlo ;-; ), y de verdad necesito saber si es que lo están leyendo, porque de lo contrario, dejaré la historia hasta allí (sólo enviaría la continuación a quien me lo solicitara).
Así que espero sus opiniones.... Matta ne!!!
