Un fantasma degenerado

Escrito por Princess Sheccid

Disclaimer:

Inuyasha y Cía. no me pertenece!!! Fue creado por Rumiko Takahashi sensei, a quien admiro mucho por haber creado a estos personajes tan graciosos, además de otras series buenísimas )

Algunas detalles para que se guíen a lo largo del relato:

------------ Cambio de escenario

N.A. : ... Notas de la autora

-.............- Diálogos

- ¨..........¨- Pensamientos

Alguna cosa que explicar

Negrita y cursiva Frases en japonés

(.............) Traducción

Espero que disfruten este capítulo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

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Capítulo cinco:

El espíritu del joven monje volvió a suspirar. Miró a su alrededor y otro suspiro volvió a escaparse de sus labios. ¡Era inevitable! ¡Desde hacía bastante tiempo estaba allí, en medio del bosque, sentado, completamente aburrido!

Había estado durante mucho tiempo pensando que podía hacer para poder regresar a su cuerpo, pero, por más que lo meditaba, no se le ocurría ninguna solución razonable. Era verdad que había intentado introducirse en su cuerpo, pero por alguna razón extraña e incomprensible para él, no había podido.

Y el motivo era que, apenas al tratar de acercarse, había aparecido un poderoso campo de energía que lo había repelido con mucha fuerza. Era imposible acercase a su cuerpo sin recibir algún daño. Después de muchos intentos, había desistido.

Tenía que encontrar algún otro método.

Reclinó su cabeza sobre su mano, mirando el césped, muy fastidiado. Luego, el firmamento. Tenues tonos pasteles comenzaban a reflejarse en el cielo, cosa que anunciaba que el amanecer estaba próximo.

¡Había pasado ya un día!

Decidió relajarse tan sólo un momento. Apoyó su cabeza contra el tronco del árbol que se alzaba detrás de él. Una mueca de sonrisa irónica se dibujó en su rostro.

Era gracioso. Hace tan sólo unas pocas horas no podía recostarse en aquel árbol, ya que si intentaba reclinarse, era como si hubiera apoyado en la nada. Se dio de bruces en el suelo. Por fin había podido (ni él sabía cómo) encontrar algo así como una manera de no traspasar los objetos.

Se puso de pie, estirándose. Dio un largo bostezo. Decidió regresar a la aldea, ir hacia la cabaña de la anciana Kaede. Sabía que no podía conversar con los muchachos (tan sólo con el pequeño kitsune), pero era preferible, por lo menos mirarlos, que andar solo por allí.

Dio unos cuantos pasos, cuando escuchó un sonido. Se detuvo un momento para oír con curiosidad. Fue algo que le llamó mucho la atención. Abrió sus ojos zafiro con sorpresa y luego con satisfacción. Una sonrisa libidinosa surcó su joven rostro.

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- Oye... Kagome...

La susodicha desvió la mirada de la tarea que estaba haciendo. Eran unos problemas de trigonometría que estaba tratando de comprender, y que en realidad, los mirara por donde los miraba, no le hallaba ningún sentido ni solución.

Al ver a la persona que le había hablado, lo único que atinó a hacer fue levantarse levemente y cederle lugar para que también se sentara a su lado. Sin embargo, sólo se puso en cuclillas, apoyando sus brazos en sus rodillas.

- ¿Tú crees que Miroku-sama vaya a volver?

Esa pregunta le sorprendió un poco, por lo que tomó el pesado libro y lo dejó a un lado suyo. Evitó su mirada, tratando de poner orden a sus pensamientos.

¿Qué si iba a volver? Pues, claro que lo haría, o no??

Lo que en verdad le preocupaba, era que a pesar de sus buenas intenciones de regresar, no pudiera hacerlo. ¿Y si se presentaba alguna dificultad para su retorno? ¿Y qué tal si se tardaba más de lo que Inuyasha había establecido de espera?

¡Sería terrible!

Algo debió notar su acompañante en su rostro preocupado, que decidió no preguntar más. Kagome ya tenía suficientes problemas con el ir y venir de una época a otra, y el sufrimiento que le causaba el ver a Inuyasha y a Kikyou juntos (aunque ya no era tan a menudo), como para venir y atormentarla con problemas ajenos.

Se puso de pie, y sacudió sus vestimentas, más como una forma rápida de terminar con esa situación incómoda, que como si se hubiese ensuciado. Se dispuso a marcharse, todavía con la cabeza gacha. La voz de su amiga la hizo parar en seco.

- Pues... Yo creo que sí va a volver.

La chica la miró, con una sensación que le oprimía el pecho y le cortaba la respiración. Lentamente, se sentó a su lado. La joven de cabellos azabache se volvió a mirarla, con una sonrisa llena de dulzura.

- No debes dudar de ello Sango. El monje Miroku ha salido de muchas situaciones difíciles, y ésta no será la excepción. Ya verás que muy pronto lo tendremos de nuevo con nosotros.

- Pero... –una tono triste se vislumbró en su mirada- Lo que me preocupa, es que no pueda regresar, que no pueda hacerlo en el plazo que ha fijado In...

- ¿Inuyasha? ¿Ese perro tonto? No le debes hacer caso Sanguito, ya verás cómo nos hacemos cargo de él. – un recién llegado Shippou la miraba desde el hombro de Kagome, con sus ojitos esmeralda brillando, los cuales transmitían ternura- Además, en este mismo momento, Miroku debe estar buscando algún método para poder regresar.

Sango le sonrió dentro de su pena, mientras Kagome le seguía animando con sus palabras. El pequeño suspiró, cruzándose de brazos y negando con la cabeza.

- ¨ Debe estar haciendo eso, si es que alguna de sus malas costumbres no lo está distrayendo... ¨

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El fantasma del joven monje, se acercó con cautela. A medida que iba avanzando, más fuerte se hacía el sonido. Y más amplia se hacía su sonrisa. Cruzó algunos arbustos y pasó varios árboles antes de llegar a su destino.

Se escuchó el suave pasar de las aguas por las rocas pulidas del río y el sonido de risas femeninas que se divertían. Como forma de ¨ prevención y seguridad ¨ fue a ver que todo estuviese en orden, y que ninguna corriera peligro. ¬¬U Si con las justas el agua les llegaba a las rodillas

Y las vio. A pesar de que era muy temprano, aproximadamente la siete, dos bellas jovencitas se encontraban al otro extremo del riachuelo, en las orillas. Cada una cargaba un jarrón de cerámica, seguramente, para recoger agua del río.

Miroku avanzó hacia las orillas, y cruzó el pequeño riachuelo, hasta llegar a unos pocos metros de distancia de las jóvenes aldeanas. Ellas conversaban animadas.

- ... ¿Sí? ¿Y qué te dijo?

- Pues, su excelencia... –sus mejillas se sonrojaron levemente- me pidió que tuviera un hijo suyo.

- ¡¿En serio?! -la chica la miró sorprendida, y luego con una sonrisa pícara en su cara- Y dime, ¿era apuesto?

- Hai. –Miroku hinchó su pecho orgulloso. Por fin, después de tanta búsqueda, cachetadas y golpes, había encontrado a la futura madre de sus hijos. Se reiría cuando viera la cara espantada del hanyou, quien siempre aducía que ninguna chica querría tener a su descendencia.- Era bastante guapo.

- ¿Era? ¿Por qué dices eso?

- Ajá. Lo que sucede es que, cuando estaba a punto de darle una respuesta, apareció una muchacha, una taiji-ya, deduzco por sus ropas, que estaba bastante molesta, por no decir furiosa. Le dio un golpe a su excelencia con un boomerang gigante, y a decir por lo que le dejó medio desmayado, era muy fuerte.

- Seguro era su novia. Y por lo que me cuentas, una chica bastante celosa, y al parecer, violenta, ¿no lo crees?

- Hai. Pero se nota a kilómetros, que cuida mucho de él. Es por ello también, que decidí no involucrarme con ese joven monje, ya que no querría tener problema alguno con su novia. –el pecho de Miroku se desinfló como un globo vacío- Me da escalofríos el recordar el golpe que le propinó.

- Es verdad. –se mantuvieron un momento en absoluto silencio, mientras terminaban de llenar el último jarrón- Oye, ¿y qué pasó con...?

El mundo de ilusiones y proyectos para el futuro de Miroku, estalló como una pompa de jabón en su rostro. La bella chica había desistido a último momento sus ideas de concebir con el joven monje.

Esta desilusión lo llevó a alejarse de las dos muchachas y centrarse de nuevo en sus pensamientos. Ya muy atrás escuchaba el murmullo alegre de sus charlas, y ese sentimiento de desaliento que tenía, hizo interpretar esas risitas como burlas hacia él.

Se marchó irritado nuevamente por donde había venido, se alejó hasta que ya no escuchó el susurro de sus voces.

Se detuvo de golpe. Se dio cuenta de algo, que debió aprender hacía mucho.

¡Se estaba comportando como un completo idiota! ¿Por qué se dejó llevar por las palabras de aquella aldeana?

Había recibido muchos no como respuesta por parte de cientos de aldeanas ante sus proposiciones, y aún seguía intentando, con la esperanza de que por fin la suerte le sonreiría.

¿Y por qué le habían afectado de ese modo sus palabras?

Sobre todo, lo que más le había molestado de sus frases, era el tono de cómo se habían referido a la bella exterminadora y el calificativo que le habían aplicado.

Ellas no la conocían lo suficiente para emitir un juicio sobre ella, ni convivían con la chica día a día. ¡No tenían ningún derecho para juzgarla de ese modo!

Ella era todo lo contrario a lo que ellas decían. Era tierna y muy dulce, siempre y cuando no la molestasen, además de valiente y fuerte para cada ocasión que lo requería.

No lo negaba: le gustaba mucho su forma de ser y actuar, todo, absolutamente todo en su persona.

Se había enamorado hace mucho de ella.

Es por ello que se sintió muy mal, cuando aquel terrateniente le propuso matrimonio y con el corazón roto cuando creyó que ella lo había aceptado como prometido.

Pero ello no llegó a suceder nunca. Ella había decidido permanecer a su lado.

Sintió que todo el enojo que había acumulado al oír aquella plática de las muchachas, se iba esfumando poco a poco. Su ser se llenó de inmensa paz.

Así, con ese sentimiento en su interior, reinició su camino hacia la aldea donde habitaba la anciana Kaede.

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Shippou se hallaba jugando con un trompo. Kirara lo miraba atenta.

Estaba así desde el amanecer, quietito en ese lugar. Parecía concentrado en su juego a simple vista, pero estaba pensando en una forma de ayudar a Miroku. Por más que lo pensara, no hallaba solución. Y es que nunca le había tocado vivir una situación así.

Entretanto, los muchachos seguían dedicados a sus actividades rutinarias. Inuyasha por allí, conversando con la anciana Kaede, mientras que ésta recogía hierbas medicinales. Kagome repasaba sus lecciones de la escuela un poco alterada porque los exámenes estaban muy cerca; además de ello, le había dicho terminantemente a Inuyasha que si la interrumpía o molestaba durante su estudio, la daría osuwaris hasta romperle la columna O.O

Shippou ahora los miraba al mismo tiempo que ellos hacían sus quehaceres, en verdad se veían muy ocupados. En especial Kagome y la anciana Kaede, a quien Inuyasha le estaba conversando de cosas sin importancia, mientras que ella trataba un poco de ignorarlo y concentrarse en su labor. Y Sango estaba...

Un momento... ¿Dónde estaba ella?

Se preocupó un poco. El zorrito se puso de pie y fue en su búsqueda. La buscó cerca de los muchachos, y por el huerto de hierbas medicinales, pero no se encontraba allí. Y decidió ir a un lugar específico: la cabaña de la anciana Kaede. Era seguro que estaba en aquel lugar.

Corrió hacia allá, con Kirara detrás de él. Al llegar, ingresó rápidamente y...

Nada.

No había nadie en ese lugar, nada más que el cuerpo inmóvil del joven monje. Era extraño.

¿Adónde pudo haberse marchado la bella exterminadora si no estaba en esa cabaña?

De pronto, comenzó a olfatear el aire, tal y como lo hacía Inuyasha para detectar a sus enemigos. Sintió ese aroma a flores frescas y recién cortadas que desprendía la joven.

Ella iba en ese momento hacia ese lugar.

Se sentó, resuelto a esperar su llegada, cerca del cuerpo del houshi, que descansaba en ese momento en su lecho. La gatita se sentó a su lado.

En efecto, en ese momento ingresaba la exterminadora, llevando una cubeta con agua tibia en una mano y algunos paños en la otra. Llevaba también una larga tela blanca, la cual le dificultaba caminar. Shippou, muy atento, corrió a su encuentro y tomó la cubeta de agua, disminuyendo el peso de su carga.

- Arigatou, Shippou -le sonrió y le acarició su cabeza con la mano ya libre.

Se agachó, arrodillándose junto al cuerpo del monje. Lentamente, cuidadosa ante su tarea, agarró un paño y lo humedeció un poco en el agua de la cubeta. Acercó la mano al rostro de su amado y con suavidad, como si en cualquier momento el cuerpo fuera desvanecerse, empezó a pasarle el paño por su rostro, limpiando cualquier rastro de suciedad. Apartó su flequillo con una caricia y continuó su labor.

Shippou la observaba admirado ante la delicadeza y el amor que ponía en su tarea. Ella mostraba una sonrisa tranquila en su rostro. De vez en cuando, acomodaba los mechones castaños que caían por su rostro. Cuando hubo terminado, se detuvo.

Shippou la miró con atención y algo de curiosidad. El rostro de la joven mostraba un poco de indecisión y estaba un poco sonrojado. Como obedeciendo una orden por parte de su organismo, procedió a lo que faltaba.

Con mucho cuidado y lentitud, empezó a despojar al monje de la túnica malva que cubría su traje. Sobre sus faldas se encontraba aquella larga tela blanca que había traído consigo, que había resultado ser una túnica que le había dado la anciana Kaede.

El pequeño zorrito notó que sus mejillas se habían puesto el doble de sonrojadas. Él, en su inocencia, no sabía que la chica se encontraba en ese estado por la vergüenza que le causaba el cambiar de vestimenta al muchacho.

Para él, el cambiarse de ropa era algo muy normal. Entonces... ¿Por qué estaba así la exterminadora?

Negó con la cabeza. Era definitivo que nunca llegaría a entender a los adultos.

Cuando hubo terminado de colocar la túnica al monje, Sango se levantó, aún sonrojada. Tomó sus materiales de trabajo con suma rapidez y se alejó, saliendo de la pequeña habitación.

Shippou miró una vez más el cuerpo del monje, que reposaba tranquilo sobre el futón, y luego salió de la habitación. Quería encontrar al espíritu del joven monje para contarle los acontecimientos del día.

- Pobre Miroku... –dijo el pequeño kitzune mientras caminaba- Ser un espíritu y no poder hablar con nadie, debe ser realmente tedioso. –se dirigió hacia la aldea, que encontraba un poco más allá de la cabaña de la sacerdotisa- Me pregunto qué estará él en estos momentos.

Una voz lo sacó de sus cavilaciones.

- Pues, por ahora no estoy haciendo nada interesante Shippou. Estoy muy aburrido.

El pequeñuelo volteó raudo hacia la dirección de donde había provenido la voz. Había una sonrisa de oreja a oreja iluminando su carita.

- ¡Miroku!

- El mismo de siempre. –el monje sonrió enternecido al ver la cara de felicidad del pequeño. Se dio cuenta de que estaba solo. Miró en todas las direcciones, pero no veía a nadie- ¿Dónde están los demás?

- Están muy ocupados, andando de aquí para allá. –el pequeñuelo abrió mucho los ojos- Kagome está estudiando mucho porque dice que es muy importante para su futuro ingreso a la ¨ unimersidad ¨. Por eso le ha dicho a ese perro tonto que si la molesta, ella lo castigará muy duro.

- Ya veo... –dijo con una enorme gota de sudor sobre su cabeza. Se imaginó a Kagome gritando tantos osuwaris hasta quedarse sin voz- ¨ No me gustaría para nada estar en el lugar de Inuyasha... ¨ -Entonces notó la ausencia de la taiji-ya- ¿Y Sango?

- No lo sé. –apoyó una manito sobre su barbilla, pensativo. Al decir verdad, cuando había salido de la habitación, tampoco la había visto.- Hace un momento salió de la cabaña de la anciana Kaede hacia no sé qué lugar. –luego, agregó muy sonriente- ¿Sabes? Ella se preocupa muchísisimo por ti. Desde que ha amanecido, se ha ocupado de cuidar tu cuerpo. Por la noche, te ha abrigado bien... ¡Ella casi no durmió nada por velarte! Además, hoy...

El monje no escuchó más de lo que dijo Shippou, no porque no quisiera hacerlo, sino porque su cerebro no procesaba bien las palabras que acababa de oír.

¿Sango se había preocupado por él? ¿De verdad ella había renunciado a su sueño por cuidarlo a él?

Miroku se quedó mudo. El silencio sólo era interrumpido por el alegre parloteo de Shippou, quien además enumeraba los hechos con sus deditos.

Ella se encontraba al cuidado de él. Y lo hacía sin ningún reclamo, sin ninguna queja.

Es más, lo hacía con todo gusto. Fragmentos de la conversación de las aldeanas se le vinieron a la mente.

- Seguro era su novia. Y por lo que me cuentas, una chica bastante celosa...

- Hai. Pero se nota a kilómetros, que cuida mucho de él...

¿Así era cómo los veían las demás personas? ¿Cómo una pareja de novios?

En realidad, todo concordaba con lo dicho por las aldeanas. Ambos se preocupaban más que nadie el uno por el otro, y se protegían mutuamente.Se ilusionó mucho con la idea, y de que, en el futuro, la preciosa exterminadora pudiera ser la madre de sus hijos.

- ¨ Lo primero que debo hacer, es confesar mis sentimientos por ella. Y para lograr esto, debo salir de este estado. ¨ –miró al zorrito que seguía hablando, imparable. Una sonrisa apareció en rostro, que fue rápidamente desvanecida por la preocupación- ¨ Dudo que el impaciente Inuyasha quiera esperar tanto tiempo mi regreso, así que es seguro que querrá tomar alguna medida drástica... Tengo que encontrar un método para salir de esto, y pronto. Debo darme prisa... ¨

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Continuará ..............................................................................................................

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Notas de Princess Sheccid:

Konnichiwa!!

Gomen, gomen, sé que me he tardado, pero el cerebro se me secó, con esto de los exámenes finales... . Y lo malo es que aún no terminan!!!

Que odioso es esto...

En fin... Qué les ha parecido el capítulo?? Ojalá les haya gustado, he estado un poquitín corta de ideas... Y muy atareada en el cole... (Tareas... Quién las quiere ¬¬)

Ah! Este capi va dedicado a Kyrara-chan, que desde el principio me ha animado a seguirlo. Muchas, muchas gracias por tu apoyo amiga!!!

Ahora sí... Eso es todo.

Matta ne!!!!

R

E

V

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S