Un fantasma degenerado

Escrito por Princess Sheccid

Disclaimer:

Inuyasha y Cía. no me pertenece!!! Fue creado por Rumiko Takahashi sensei, a quien admiro mucho por haber creado a estos personajes tan graciosos, además de otras series buenísimas ) A ella también debemos de que estemos disfrutando de esta serie tan divertida!!

Algunas detalles para que se guíen a lo largo del relato:

------------ Cambio de escenario

N.A. : ... Notas de la autora

-.............- Diálogos

- ¨..........¨- Pensamientos

Alguna cosa que explicar

Negrita y cursiva Frases en japonés

(.............) Traducción

Espero que disfruten este capítulo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

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Capítulo seis:

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El nuevo día se anunciaba luminoso y sin ninguna pequeña nube en el cielo azul.

El astro rey ya se alzaba en todo su esplendor, infundiendo generoso la vida a todo lo que en la tierra habitaba. Se manifestaba como un día tranquilo, en el sería imposible que ocurriría algo fuera de lo normal...

- ¡¡¡¿¿ NANI ??!!!

Cientos de pajarillos salieron volando de sus nidos asustados, ante el grito de tal magnitud.

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Tal vez, no sería un día tan normal...

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Un hanyou muy enojado y con una visible vena en su frente, pegó un golpe con su puño en el suelo de madera, dejando un marcado hoyo en ella.

- ¡¿Por qué no dijiste eso ayer Kagome?! ¡¿Por qué esperaste hasta hoy?!

La chica se frotó las sienes cansada.

Abrió sus grandes ojos avellana, recorriendo con la mirada a los presentes, un poco molesta. Frente a ella, un hanyou de ojos dorados la miraba con el entrecejo fruncido y gran irritación. Su mano, que en ese momento no cesaba de golpear la madera del suelo, la ponía más nerviosa aún.

- Quería esperar hasta hoy, porque pensaba que ese suceso sería algo temporal. ¡No creía necesario inquietarlos más de la cuenta! Demo... –su rostro demostró profunda preocupación- No ha habido ningún cambio y eso no es para nada una buena señal.

Los muchachos se sumieron nuevamente en aquel incómodo silencio.

La taiji-ya miró angustiada a su amiga, y luego su vista bajó de manera lenta hasta fijarla en sus manos que retorcían intranquilas su kimono. Su larga cabellera castaña caía sobre su hombro derecho.

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¿Cómo había sucedido aquello?

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Apretó la tela que tenía sujeta muy fuerte, todavía sin levantar la mirada. Tanto, que sentía la presión de las uñas sobre sus palmas. Además de ello, notó que sus manos se habían puesto heladas, ante tal noticia.

Todo estaba ocurriendo de modo tan inesperado...

Sin darse cuenta siquiera de sus movimientos, se puso de pie y sin decir nada a nadie, salió de la pequeña cabaña. Los dos chicos se quedaron inmóviles y un tanto tristes ante su acción, sin embargo, ninguno trató de detenerla.

La bella joven caminó unos cuantos pasos, alejándose lo suficiente de la cabaña, hasta llegar a una pequeña colina que descendía a un pequeño río. Se sentó en el mullido césped y abrazó sus rodillas, clavando su mirada castaña en las piedrecillas que eran arrastradas por la corriente. La suave brisa, no logró apaciguarle los ánimos.

Sintió de repente algo inexplicable en su pecho, como si de repente le hubieran estrujado el corazón. Sus ojos empezaron a nublarse por las lágrimas, e hizo aparición ese fastidioso cosquilleo en la garganta que siempre se hacía presente cuando de manera irremediable iba a llorar.

La diferencia de aquellas otras veces, era que ahora no iba a estar esa persona que le secaba las lágrimas en sus momentos de dolor, aquella que siempre lograba siquiera arrancarle una pequeña sonrisa.

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Ni en ese momento, ni nunca más...

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Las lágrimas empezaron a desbordarse de sus ojos, una a una, siendo acompañadas por bajos sollozos. Pequeños mechones de cabello castaño empezaron a adherírsele a sus mejillas húmedas. Escondió su rostro entre sus brazos, dándole una apariencia completamente indefensa.

Su mundo lleno de esperanzas se había derrumbado de nuevo.

- Sango... no llores... –la chica alzó su mirada, aún con el rostro lleno de lágrimas.

Una pequeña florcita de una bonita tonalidad rosada, era extendida por un pequeño kitsune que la miraba con sus ojitos apenado. La chica pasó el dorso de su mano por sus mejillas, secando todo rastro de que hubiese llorado. Aceptó la flor, posando ahora su mirada en ella.

- Ya verás que todo esto se solucionará, que muy pronto las cosas irán mejor.

La chica no hablaba, sólo miraba entristecida la flor. Silenciosas lágrimas empezaban a bajar de nuevo de sus ojos, sin que ella hiciera intento alguno de detenerlas.

- Es que... –soltó un suspiro- ...todo esto ha sucedido de manera tan repentina. –la chica volteó su mirada al pequeño, cuyos ojitos esmeralda la veían con zozobra.- En un momento todo parece estar bien, y luego, así de improviso, todo tu mundo parece derrumbarse sin remedio... –dirigió de nuevo a su mirada al riachuelo, reflejando en su rostro una sonrisa irónica- Supongo, que será mejor que empiece a acostumbrarme a este tipo de vida...

- No digas eso... –extendió su manito y la apoyó en su hombro- Sé que la situación se ha complicado bastante, demo... –el pequeñuelo habló con más ánimo- ...siempre hemos salido airosos de situaciones difíciles, y te aseguro, que ésta no será la excepción. Te prometo que haré hasta lo imposible para que ese monje mañoso vuelva con nosotros. –una pequeña sonrisa salió de los labios de Sango.

- Arigatou, Shippou-kun... -pasó su mano por sus mejillas y las secó. Abrazó con gran cariño al kitsune- ...por preocuparte por mí y ser tan bueno conmigo. –lo miró y sonrió, ya más animada- Y dime: ¿Cómo piensas hacer regresar a su excelencia?

El pequeño adoptó una posición al estilo Inuyasha al momento de sentarse y mostró una actitud solemne. Con una gran seriedad empezó a hablar. Aquel modo de actuar, le hizo mucha gracia a Sango, quien soltó una risita por lo bajo.

El zorrito imitaba muy bien a Miroku.

- Verás: -levantó su índice, como si fuera a dar una explicación de suma importancia- en estos días, he estado conversando con... –antes de que llegase a completar la frase, una masa de pelo de color crema saltó a la cabeza de Shippou y le hizo perder el equilibrio.

El kitsune, que no se esperaba esto, dio un grito asustado y luego empezó a rodar cuesta abajo durante unos segundos, para terminar cayendo en el riachuelo. La causante de ello, saltó unos segundos antes de que el pequeño llegara a su destino.

La pequeña mononoke de ojos rubí lo miraba ahora desde el césped, meneando sus colitas. Emitió un maullido, cuando la exterminadora llegó a ayudar al empapado kitsune.

- ¡Kirara! ¿Por qué has hecho eso? -le regañó su dueña, mientras ayudaba al pequeño a salir.- En estos días te has estado comportando muy extraño... –el pequeño recién notó lo que estuvo a punto de decir y se puso nervioso.

- Eh... Sango, descuida, no ha sido nada... n-nU

- Sango tiene razón Shippou. Ustedes dos se han comportado de una manera muy sospechosa en estos días... –Inuyasha estaba allí, con Kagome a su lado. Shippou se preguntó en qué momento habían llegado esos dos.- ¿No estarán ocultando nada, ne?

- Iie. ¿Me crees capaz de eso, Inuyasha? -Shippou alzó las cejas, como dando por seguro de que él no mentía. El chico lo inspeccionó, pero no halló otro reflejo que no sea de seguridad en el pequeño.

- ¡Feh! Olvídalo. Total, no veníamos a hablar contigo. –se cruzó brazos. Luego volteó a mirar a la joven de cabellera castaña- Sango...

La nombrada, al oír su nombre se sobresaltó levemente. El que Inuyasha le hablara en aquel tono serio y que le mirara de una manera tan penetrante, no le daba buena espina.

- ¿Eh? -la chica le miraba un poco vacilante. Sin embargo, el joven no suavizó ni una pizca su mirada, que se mostraba ceñuda- ¿Qué sucede? -notó que el chico desviaba rápidamente la mirada ante su pregunta. La bella miko de ojos almendrados jugueteaba con sus manos, como si fuese lo más interesante del mundo.

- Verás... –Kagome le dio un leve empujón para que se adelantara más- Bueno... Nosotros sólo veníamos a decirte, que hemos tomado una decisión. –Inuyasha recibió un puntapié y una mirada cargada de frialdad de parte de la miko- Está bien, está bien, no debes ser tan agresiva conmigo... Fue mi decisión, ¿contenta? –suspiró y se cruzó de nuevo de brazos- Debido a lo que ha ocurrido, tan sólo esperaremos dos, máximo tres días más. –al ver el rostro turbado de la exterminadora, trató de dar rápidas explicaciones- De verdad lo siento Sango, pero... es que no podemos retrasar más la búsqueda de los fragmentos, y además, Miroku ya no... bueno... es decir... yo...

En verdad se estaba haciendo un lío para expresar aquello. Y no era para menos: ello le chocaría de nuevo a la muchacha.

- No te preocupes. –el chico se quedó estupefacto. Esperaba otra clase de reacción, una muy distinta, de su parte- Lo comprendo a la perfección. –la chica empezó a caminar hacia Inuyasha, dirigiéndose luego por su costado. Allí se detuvo.- Lo único que te pido, es que tengas un poco de paciencia en estos últimos días, y no me hagas perder la poca esperanza que me queda a mí también... ¿de acuerdo? -la chica le vio, mostrando en sus ojos profunda melancolía.

- De acuerdo... –murmuró por lo bajo el chico, con la cabeza gacha.

Luego, la chica se alejó.

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La bella taiji-ya se dirigió de nuevo a la pequeña cabaña. Decidió empezar su rutina de asear el cuerpo del monje. Como lo acostumbrado, se dirigió al pozo a sacar agua y juntó las cosas que necesitaría.

Entró con cautela a la cabaña y se dirigió a la habitación donde reposaba el cuerpo inanimado del joven. Se acercó a él y con cuidado posó las cosas en el suelo de madera, a un lado suyo. Lo observó con detenimiento.

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Parecía mentira, que hacía sólo unas horas, la energía vital del monje había disminuido en casi su totalidad.

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----- Flash back ------------------------------------------------------------------------------------

La muchacha se examinaba con atención en el espejo que tenía en su delante.

Peinó con minucia su largo y sedoso cabello, para luego proceder a atarlo. Se aplicaría después un poco de... -¿cómo dijo Kagome que se llamaba?... veamos... ¡Ah, sí!- 'maquillaje' y quedaría lista.

Había puesto especial cuidado en arreglarse, porque la joven sacerdotisa le había dicho el día anterior por la mañana, que sólo era cuestión de horas para que su excelencia despertase. Según ella, había notado cambios muy favorables en las energías vitales del joven monje, lo que aseguraba su pronta venida.

Sonrió ante la imagen que le enviaba de vuelta el espejo. Y luego soltó un suspiro aliviado, juntando las manos hacia su pecho. Creía firmemente en las palabras de su amiga, de ello no había duda. Y se sentía tranquila, pues parecía que por fin la situación no pasaba a mayores.

No había terminado bien de atar su cabello, cuando una voz venida de la pequeña habitación continua, la hizo salir de sus cavilaciones. Trató de escuchar con atención. Pronunciaba su nombre, y además, notó que la voz estaba... ¿angustiada?

Muy extrañada se dirigió allá.

Y fue en esos minutos, de esa breve pero incómoda charla, que todos sus sueños, que todas sus ilusiones se fueron al suelo, como si se desbaratara un castillo hecho de naipes.

----- Fin del Flash back ---------------------------------------------------------------------------

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Lo observó con mayor atención ahora, tratando de fijar detalladamente en su memoria, cada unos de sus rasgos. Y lo vio bastante pálido, sin vida.

Con mucha dificultad, y por personas que poseían poderes espirituales, habría sido notada la baja energía que presentaba ese cuerpo. Cualquier ser humano normal hubiera dado por seguro que aquel cuerpo carecía de vida alguna.

Ahora, en ese momento, comprendía porque el día anterior al caer la tarde, la linda miko le había dicho a ella, que esa noche cuidaría del cuerpo del joven, aduciendo, que ella debía recuperar esas fuerzas perdidas. Ella aceptó, un poco extrañada al igual que el hanyou, quien además miraba al monje con recelo.

Cogió un paño y humedeciéndolo un poco, comenzó a pasarlo por ese rostro pálido, cuyos ojos azules y vivaces hacía dos días que no abría y que extrañaba demasiado. Sus labios, que siempre la llenaban de lisonjas y a veces, de proposiciones indecorosas, mostraban apenas un rosa poco perceptible.

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¡Pero si el día anterior tan sólo parecía dormir!

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Apartó sus cabellos azabache de su rostro límpido. Dejó el paño a un lado suyo, sobre la cubeta de agua. Despacio, volteó su mirar hasta la figura del chico. Lo quedó mirando un largo rato. Luego, tomó una de sus manos entre las suyas y la observó con pena: era aquella en la que aún permanecía la maldición del kazaana.

De pronto, miró de lado a lado la pequeña habitación. No había nadie. Ni siquiera se escuchaban voces cercanas a la casa.

Un deseo, que hacía tiempo se manifestaba en su corazón, se hizo presente justo en ese momento. Algo que tenía guardado desde hace mucho. Se mordió el labio inferior, mirando otra vez al joven.

- ¨ Nadie se daría cuenta. Demo... ¨ -allí reaccionó- ¨ ¿En qué demonios estoy pensando?¨ -sacudió fuerte la cabeza, completamente sonrojada, para apartar esos pensamientos de su mente- ¨ Me estaría comportando igual que ese monje depravado... ¨ -pero... el corazón pudo más que la razón- ¨ Y sin embargo... ¨ -miró al chico.

La joven se comenzó a inclinar hacia el chico, poco a poco, como si aún dudara un poco de sus actos. Se fue acercando cada vez más a su rostro. Estando ya solo a unos centímetros, cerró los ojos. Rozó levemente sus labios y...

El espíritu del joven monje hacía un buen rato que caminaba por el bosque, dirigiéndose a la cabaña de la anciana Kaede.

En todo su trayecto, no había visto ni oído nada fuera de lo común. Bueno, nada fuera de lo normal, si es que no contaba el extraño e imprevisto vuelo de cientos de pájaros de las copas donde anidaban.

Aquel suceso lo llevó a pensar, que el culpable de ello tuvo que ser algún monstruo cercano, o simplemente alguna demostración de su ¨ buen humor ¨ de cierto hombre mitad bestia.

Sonrió, recordando que su amigo perdía la paciencia con suma facilidad, lo cual le llevaba a tomar rápidas (y muchas veces erradas) medidas drásticas.

Unos minutos después de arduo recorrido, se vio fuera de la espesura del gran bosque. Estaba dirigiéndose a la cabaña dispuesto a comentarle a Shippou la última idea que se le había ocurrido para regresar a su cuerpo, cuando a lo lejos observó a una chica que estaba sentada cerca a las orillas del río.

Sintió una gran alegría para sus adentros. Quizás y si ella lo escuchaba, sería presa fácil. Es decir (u.uU), sería la futura madre de sus hijos (claro, si es que podía regresar nuevamente a su cuerpo...)

Se acercó con lentitud a la muchacha, pudiéndola distinguir mucho mejor que de lejos. Tan sólo podía ver su espalda y su delgada y delicada silueta, además de su largo cabello castaño, demo...

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¡ Vaya si era preciosa!

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A medida que se acercaba, lograba notar con más claridad a la joven. Estaba tan sólo a unos tres metros de ella cuando pudo reconocerla finalmente.

Era Sango.

Sin embargo, debido a aquel kimono azul con flores de diversos colores, no había podido reconocerla. Además de esa larga trenza que sujetaba su cabello...

Al estar a unos pasos de ella, logró escuchar sus sollozos y ver esas lágrimas, cual perlas caían por su rostro. Aquello, le dolió en lo más hondo. Y se sintió el ser más miserable de la tierra al recordar los bajos propósitos por los cuales se acercó.

Quería apoyar su mano en el hombro de ella y susurrarle cosas que sabía que la harían feliz. Quería apartar aquellas cristalinas lágrimas que le destrozaban el alma y decirle que todo estaría bien. Que daría hasta su propia vida por apartar el sufrimiento de ella. Y sin embargo no podía. Porque simplemente nadie podía escucharlo y ya sus días estaban contados.

Pero su inmenso deseo por reconfortarla, fue asumido por un pequeño kitsune que se acercó a la chica y le regaló una bonita flor. Y además le regaló lindas palabras para aliviar su gran pena. Se sintió más tranquilo, al ver esa hermosa sonrisa embellecer el rostro de la muchacha.

Pero todo ese alivio se fue de inmediato, cuando escuchó la pregunta de Sango. Y la inmediata respuesta del pequeño zorrito.

Aterrado de que ella se enterara del secreto, cogió a la pequeña mononoke de dos colas que pasaba por allí y la lanzó con fuerza a la cabeza de Shippou. Lo siguiente que sucedió le causó mucha gracia, pero el kitsune se lo tenía bien merecido por querer hablar de más.

Vio después cómo el hanyou llegaba al lado de la bella sacerdotisa. Se veían preocupados. Esperaron que la exterminadora pusiera al zorrito sobre el césped y se acercaron a ella.

Las palabras que brotaron de sus labios antes de llegar donde la exterminadora, le cayeron como una baldazo de agua helada. Murmuraban algo así, como que las energías vitales del houshi habían disminuido casi en su totalidad, y que por más intentos que hizo Kagome por recuperarlas, fue imposible. El chico terminó diciendo que no esperaba que ese cuerpo durase más de dos días y que sería mejor darlo como un caso perdido.

El espíritu del houshi retrocedió por completo aterrado. Con esas palabras, Inuyasha había anunciado su muerte inminente. Su cuerpo sería cremado, y por más que hallase después solución al problema del regreso a su cuerpo, sería demasiado tarde.

Retrocedió unos pasos más, como dispuesto a emprender la huida. Lo último que vio antes de alejarse, fue como el hanyou y la sacerdotisa se acercaron a una turbada exterminadora y le anunciaron su decisión. Después, ya no vio más....

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Y ahora se encontraba allí, sentado, completamente solo. Sin saber siquiera qué pensar, y tratando de darse ánimos así mismo, para no rendirse en su objetivo.

Su mirada estaba fija en el suelo, con los bríos en el mismo lugar. Sus brazos estaban cruzados. Levantó su vista azur y la dirigió con nostalgia a su báculo, que solía llevar en todas sus aventuras.

Trató de tomarlo con una mano, pero fue inútil: sólo lo traspasaba. Y es que no podía sujetar las cosas cuando se hallaba demasiado molesto, desconcentrado o triste. Y en este caso, padecía de las tres cosas.

Soltó un largo suspiro. Apoyó las manos en su rostro, sintiéndose bastante frustrado. Se refregó los ojos con enorme cansancio. Finalmente se puso de pie. Dirigiendo una última mirada melancólica a su cuerpo, decidió marcharse.

No había dado ni cinco pasos cuando escuchó llegar a alguien a la habitación donde él se encontraba. Le invadió un poco la curiosidad y resolvió quedarse unos segundos más, para saber quién era la persona que estaba entrando.

Y al verla entrar, tuvo la firme determinación de quedarse a su lado hasta que no saliera de la habitación. Llegaba cargada de cosas, haciendo equilibrio para no resbalarse y caer. Le enterneció el verla así, preocupándose y trabajando tanto para que su cuerpo estuviese bien cuidado, sin saber que éste, quizás, ya no pudiese volver a ser utilizado y que todas aquellas horas de trabajo se hayan hecho en vano.

Se aproximó al sitio donde ella había tomado asiento, y procedió a sentarse él también, frente a ella. Vio cómo ella tomaba un paño, y humedeciéndolo, lo pasaba con gran cuidado por su rostro. La vio dejar la tela sobre la cubeta de agua y regresar su mirada hacia su cuerpo.

Se había quedado estática mirando su rostro y después había tomado su mano. Tan sólo allí, mirándolo. Era seguro que meditaba. Y para gran extrañeza suya, la vio agitar momentos después la cabeza con ahínco. Se había sonrojado. La notó avergonzada.

Sus labios se curvaron en una sonrisa malévola, haciéndole gracia su acción.

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La gran Sango, la muchacha que siempre le echaba en cara sus perversiones, se había sonrojado. ¿Qué estaría pasando en esos momentos por esa mentecita suya?

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No debió haber preguntado eso.

Para gran sorpresa suya, y que le dejó los ojos abiertos a más no poder, ocurrió algo que jamás hubiera esperado que hiciera la taij-ya. Vio cómo de manera lenta y como si todavía dudara de sus acciones, se acercaba a su rostro.

Sintió sus mejillas encenderse en un intenso sonrojo. Abría y cerraba la boca, incapaz de pronunciar palabra alguna.

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¡¿En verdad ella era Sango?! ¿La tímida e inocente Sango?

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Se refregó los ojos, creyendo que su vista le engañaba. Y en lugar de eso, obtuvo por respuesta, ver que la hermosa muchacha de cabello castaño se acercaba cada vez más a su rostro, y que tan sólo había unos pocos centímetros que los separaban.

Notó que la chica rozaba de manera breve sus labios y luego levantaba de nuevo el rostro. Al alzarlo, dio con la sorpresa de que fugitivas lágrimas empezaban a bajar de sus castaños ojos. Llevó las manos a su pecho y en muy suave susurro pudo escuchar:

- Excelencia... Lo extraño tanto... –apartó un mechón de cabello de su rostro- Onegai... Debe regresar sano y salvo...

Después, torrentes de lágrimas bajaron ya sin control.

El espíritu del joven monje, entristecido ante sus palabras, se acercó a ella, sin importarle atravesar su cuerpo que permanecía inmóvil en el piso de madera. Al estar frente a ella, la notó débil, indefensa... Con unos enormes deseos de ser protegida.

Se sentó a su lado. Con cuidado, apartó unos mechones castaños que tapaban su mirada, sin que ella notase un mínimo de su presencia.

Con las puntas de los dedos, acarició con delicadeza su mejilla e, inconscientemente, empezó a acercarse a su rostro, como hacía unos segundos lo había hecho ella.

Haciendo sólo, lo que le ordenaba su corazón.

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Yo quisiera salvar esa distancia

ese abismo fatal que nos divide,

y embriagarme de amor con la fragancia

mística y pura que tu ser despide.

Yo quisiera ser uno de los lazos

con que decoras tus radiantes sienes;

Yo quisiera, en el cielo de tus brazos,

¡beber la gloria que en tus labios tienes! ...

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.. Continuará ..............................................................................................................

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Notas de Princess Sheccid:

Konnichiwa minna-san!!

Ahora sí que me he tardado en subir este capítulo (por razones que ya no valdrían nada ponerlas aquí; pero, si quieren saber: academia por la mañana, a veces por la tarde, simulacros de examen los domingos, idas a la playa, mi cumpleaños n-n el 25 de este mes, etc, etc... )

Vale, vale, ya no les aburro con tanta tontería.

Los agradecimientos a:

- Mayumi-Minamino, Miroku's wife y Zaeta Ketchum, las lindas personas que me han dejado su opinión (arigatou gozaimasu amigas!!!! )

Bueno, eso es todo por ahora... Hasta el próximo capítulo!!! (Trataré no tardarme... tanto n-nU)

Matta ne!!!!!!!!!!!!

R

E

V

I

E

W

S