Un fantasma degenerado

Escrito por Princess Sheccid

Disclaimer:

Inuyasha y Cía. no me pertenece! Fue creado por Rumiko Takahashi sensei, a quien admiro mucho por haber creado a estos personajes tan graciosos, además de otras series buenísimas ) A ella también debemos de que estemos disfrutando de esta serie tan divertida!

Algunas detalles ya conocidos:

Cambio de escenario

N.A. : ... Notas de la autora

o ...- Diálogos

o ¨...¨- Pensamientos

Negrita y cursiva -Frases en japonés

(...) Traducción

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Espero que disfruten este capítulo! Y ojalá perdonen esta atroz demora... n-nU

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Capítulo ocho:

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Ya no podía resistir tanta pena en su corazón.

Sango sentía sus mejillas tibias y empapadas de tantas lágrimas. Su kimono azul, adornado con bellas flores de diversos colores, también yacía húmedo por aquellas perlas cristalinas que reflejaban su tristeza. Cerró los ojos, y apartó algunas de éstas.

De pronto, sintió algo demasiado extraño.

Un frío que hacía presión sobre sus labios, de una manera muy suave.

Ella se sobresaltó y se separó asustada, retrocediendo ante cualquier amenaza. Abrió mucho sus ojos castaños, que trataban de ver algo por completo invisible a la visión de un humano cualquiera.

Miroku, sin pensar ni recordar su estado espiritual, trató de calmarla.

o Tranquila, no debes temer por nada. –el espíritu bajó la mirada, triste- Sólo soy yo, quien no ha podido resistirse el besar tus dulces labios. Te pido perdón, si es que te he molestado en algo, Sango.

La chica abrió sus labios en sorpresa y en sus ojos titilaba el miedo. Trató de retroceder más, cosa que le fue imposible, porque detrás de ella estaba la pared. Su rostro, que siempre mostraba un leve carmesí en sus mejillas, se había puesto notablemente pálido.

Ante aquella acción, los ojos de Miroku resplandecieron llenos de incredulidad.

o Sango... ¿Puedes oírme? -silencio. Un silencio que pareció durar siglos. El chico suspiró derrotado.- No debí hacerme ilusiones. Él único que puede oírme es Shippou, y nadie más. –deseó con todo su ser el que ella pudiera verlo y oírlo, así como lo hacía el zorrito.- Ya no tiene caso. Será mejor que me vaya.

Se puso de pie, con el sentimiento de decepción aún latente dentro de sí. Dio tan sólo unos pasos, porque una suave voz lo detuvo.

o Excelencia... –la chica se levantó, sintiendo que sus piernas temblaban.- ¿En verdad es usted? -vio que el espíritu asentía débilmente, por completo perplejo- Por favor... –renovadas lágrimas empezaron a caer de sus ojos- No se vaya... –apoyó su mano en sus labios, tratando de suprimir los sollozos.

o Sango... yo... –se acercó a ella y la abrazó de tal manera como si nunca quisiese separarse de ella. La muchacha sintió un gran frío envolverla, pero no le importó, porque él estaba a su lado.

Cuando hubieron calmado sus sollozos, la acompañó hasta su futón. En la habitación continua esperó a que ella se cambiase. Cuando sintió que ella volvía de nuevo, volteó a mirarla. La encontró con la vestimenta de siempre, con aquella que iba siempre en los viajes.

o Excelencia... –la muchacha miraba la habitación que parecía vacía.- ¿Todavía está aquí? -lo pudo distinguir al fondo, sentado.

o Hai.

Se acercó hacia su figura, todavía un poco impactada ante su presencia.

Notaba su mirada azulada fija en ella, cosa que hacía que su corazón lleno de regocijo apurara el latido. Sin embargo, en esa mirada notaba cierto brillo de melancolía, lo cual le daba mala espina... Como si él le fuera a decir algo que heriría su alma.

Suspiró con resignación y algo de pena.

Ya no sabía que más, aparte de todos los sucesos acontecidos en esos últimos días, pudiera herirla nuevamente. Lo miró una vez más y un leve rubor adornó sus mejillas. Ya no tenía caso seguir parada allí. No se enteraría de nada si es que no conversaba con él.

Empezó a caminar hacia él, todavía sin poder creerse que él se encontrara en aquella habitación, después de los interminables días que le parecieron su ausencia.

A cada paso que daba, le invadía el temor a que si se acercaba demasiado al espíritu, éste se desvaneciera así sin más y que la dejara nuevamente sola. O que toda aquella visión fuera producto de su imaginación, un engaño de su corazón cuyo más ardiente deseo era poder volverlo a ver.

Al estar a su lado, se sentó. El espíritu sólo la miraba, sin decir palabra alguna, como metido un poco en sus propias cavilaciones. Sango, bajó la mirada a su falda, notando allí como sus manos nerviosas retorcían de nuevo la tela.

Aquel silencio la estaba torturando.

o Houshi-sama... –levantó tímida la mirada. Él seguía impasible, con la mirada fija en ella.- Usted... –la joven mordió su labio inferior un poco aturdida ante aquella insistente mirada fija en ella. Además, tenía demasiadas preguntas rondándole por la mente, y no sabía por cuál comenzar- puede... ¿puede explicarme por qué...?

En aquella habitación se hizo un silencio aterrador.

El rostro de la joven de un momento a otro se puso azul. Sus ojos castaños se abrieron de par en par y sus labios se abrieron en un grito mudo. Detrás de ella, una fría mano espectral se deslizaba suavemente bajando por su espalda hasta posarse en su...

o Monje hentai!

La chica saliendo un poco de su sobresalto y con gran coraje, de manera inmediata alzó su mano (como siempre solía hacer cuando debía dar su merecido al monje) y trató de golpear la mejilla del que en ese momento se encontraba a su lado.

Pero, olvidó un pequeño e insignificante detalle: él era un espíritu.

Ella notó cómo su mano se dirigía al rostro del espíritu a gran velocidad y cómo de la misma manera lo atravesaba. Cuando lo hubo traspasado, miró su mano con una expresión de confundida.

A su lado, el monje miraba lo ocurrido con gran perplejidad y con una expresión todavía un poco asustada, pues esperaba con gran seguridad esa bofetada. Al notar que traspasó a su destino, toda aquella angustia, se transformó en gran diversión.

Trató de contener, sin mucho resultado, una carcajada, aún con la mano sobre las posaderas de ella.

o ¨ Este estado, a pesar de ser algo cansado, está empezando a gustarme... ¨ -en su rostro apareció una sonrisa malévola.

Un segundo después, notó que ella bajaba la mirada y que su flequillo le ocultaba los ojos. En ese momento se preocupó. Y más aumentó esa preocupación cuando vio que ella fijaba su mirada en los ojos azures de él. En su interior, el espíritu rogó porque aquellos bellos ojos almendrados mostraran de nuevo algo del cariño anterior.

o ¿Así que incluso en la situación en la que se encuentra no puede parar con sus tontos jueguitos, verdad? -un aura de fuego empezó a rodearla. En el rostro de Miroku se reflejaba una sonrisa floja n-nU- ¡Debería preocuparse por buscar una manera de salir de ese estado! -los puños de la chica se habían cerrado y tanta era su presión, que los nudillos se le habían puesto blancos.- ¡No debe estar haciendo estupideces!

o Pero Sango-chan... Yo... –la chica se puso de pie y empezó a caminar a la puerta de salida- Ya te dije que mi mano tiene vida propia y... –la joven se volteó y le dirigió una mirada que hubiera sido capaz de mandarlo al otro mundo en ese mismo instante si hubiese estado vivo. si las miradas mataran... o.oU- Demo Sango, yo he estado intentando poner en práctica algunas ideas, y...

Demasiado tarde: la chica, completamente furiosa, había salido a paso rápido de la habitación, sin querer escuchar sus palabras. La esterilla que servía de puerta le cayó delante de la cara, dejándole claro que era mejor que permaneciera en aquella cabaña, si es que no quería enfrentar la furia de la exterminadora.

Y la chica tenía justas razones: el que el monje haya querido propasarse con ella y que haya logrado su cometido sin haber recibido su castigo, no era cosa para celebrar. La ponía de pésimo humor además, el imaginar las cosas que haya estado haciendo durante sus días de ausencia.

En el interior de la vieja cabaña de madera, a cierto espíritu de un monje se le había ocurrido una magnífica idea...

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o ¡Inuyasha¡Espera, onegai ! -la chica se escuchaba agotada y hablaba entre jadeos.

Y no era para más: el hanyou que era conocido por el nombre de Inuyasha, había hecho que ésta corriera detrás de él por lo menos un kilómetro sin parar y con una mochila algo pesada a cuestas. A su lado, al igual que ella corriendo, un pequeño kitsune llevaba en su espalda el arco y el carcaj de flechas pertenecientes a la adolescente.

o ¿Es que acaso no has escuchado perro tonto¡Kagome te está hablando!

Y sin embargo, no hacía caso de sus llamados, que cada vez se escuchaban más débiles.

Segundos después, cuando creía haberlos perdido de vista al fin, empezó a aminorar el paso. Sonrió de manera orgullosa. El adelantarlos fue algo demasiado fácil gracias a su increíble velocidad.

Suspiró con una gran sonrisa.

Por fin tendría algo de paz, silencio, calma y podría desc...

Osuwari !

El chico mitad demonio cayó de bruces al suelo, obediente siempre al collar de cuentas negras. Golpeó el suelo con el puño, por completo fastidiado. Había olvidado por completo el estúpido conjuro.

De manera lenta, empezó a despegar el rostro del duro suelo, ya rendido. No tenía otra opción que esperar a que Kagome llegara, porque de lo contrario, se llevaría un par de sentadas más, sin importar la distancia a la que se encontrase (al final, sus gritos siempre los oiría).

Trató de avanzar un poco hacia la sombra de un árbol, pues el sol empezaba a calentar mucho a esa hora del día. En su interior resurgió la idea de empezar a correr de nuevo al escuchar los reiterados llamados.

Detuvo en seco sus pasos al escuchar el enésimo llamado de la linda miko. Ya agotado de tanto griterío por parte de ella y del pequeño zorrito, decidió desistir en su renovada idea de escapar.

Al fin y al cabo...

¿De qué servía seguir discutiendo de eso?

Ya no le veía ningún caso. Pero ellos insistían tanto hablando los dos al mismo tiempo, que sus pobres oídos no habían resistido más. Además, su cabeza había empezado a dolerle de manera terrible...

Los vio acercarse exhaustos.

La chica de cabello azabache se detuvo frente a él y apoyó las manos en las rodillas doblando ligeramente su cuerpo, tratando de tomar aire. El zorrito, que había dejado el carcaj y el arco en el suelo, subió al hombro del muchacho y luego procedió a darle un golpe en la cabeza, enojado.

o ¡ Perro tonto! -en la cara del pequeño se podía notar su cansancio- ¿Por qué nos hiciste correr así?

o ¡Feh! -giró la cabeza a un lado muy enfadado- Todo ha sido su culpa. Ya me tenían hartos Kagome y tú: ella con sus horribles gritos y tú con tus escandalosos chillidos. –se cruzó de brazos.- Además, ya les aclaré que no... –fue interrumpido por una voz.

o ¿Así que yo grito horrible? -el bonito rostro de la adolescente se contorsionó de manera rápida en uno lleno de furia. Inuyasha se aterrorizó: ya sabía qué era lo que le seguía- ¡Osu...!

El chico, en un intento desesperado por evitar su fatídico destino, se acercó a la miko de bellos ojos almendrados y la abrazó fuertemente. La muchacha parpadeó confundida unos segundos, tratando de procesar lo que había sucedido.

o ¨ Inuyasha... me-me está abrazando. ¨ -casi sin pensarlo, instantes más tarde, ella le devolvía el abrazo con la misma fuerza.

Hundió el rostro en su pecho, sintiéndose completamente feliz de estar en sus brazos.

Al verse envuelta en ese cálido abrazo, Kagome sintió que la voz se le había quedado en algún lugar recóndito de su garganta y que sus mejillas se le llenaban de un ardiente rubor.

Todo su enfado se alejó como una voluta de humo soplada por una fuerte ráfaga de viento.

Inuyasha, aún teniéndola abrazada contra sí, esperaba nervioso esa fatídica palabra. Aunque, se imaginaba que no la diría, pues ella también se vería afectada por aquel conjuro.

Después de unos segundos, nada sucedía. Con curiosidad, bajó la mirada hacia el rostro de ella.

Mala decisión.

La chica, en un intento de ver la expresión del mitad demonio, también había levantado la mirada. Ahora sus rostros apenas eran separados por escasos centímetros, que, a medida que pasaban los segundos, parecían querer eliminar aquella larguísima distancia.

Ambos sintieron que sus corazones aumentaban de manera alarmante los latidos y que sus respiraciones empezaban a hacerse una sola. Acercaron sus rostros, cada vez más, hasta que...

o ¡INUYASHA¡KAGOME!

Se separaron bruscamente. Se miraron a los ojos y sintieron cómo toda la sangre del cuerpo se les iba al rostro.

Kagome miraba al suelo por completo avergonzada e Inuyasha, muy sorprendido ante lo que iba a hacer y que por muy poco no llegó a ocurrir, sentía que su corazón, por un milagro, no se le escapaba del pecho.

Delante de ellos, el zorrito tenía los ojos abiertos de par en par y su rostro estaba demasiado azorado. Con su dedo índice, todavía señalaba la escena que por causa suya, no se llegó a consumar.

o Eetto... –Kagome no se atrevía a mirarlos: por vergüenza de tener que hablar del incidente con Inuyasha y por vergüenza de confesarle a Shippou de que se había olvidado de que él todavía se encontraba allí.- ¡Regresemos a la aldea!

La chica, de manera torpe, cogió el arco y el carcaj que todavía tenía el zorrito en sus manos y empezó a avanzar hacia una dirección. Una sonrisa muy nerviosa se podía apreciar en sus labios.

Avanzó un poco, a bastante velocidad. Al no escuchar los pasos detrás de ella, se giró hacia ellos.

o ¡Vamos! No se queden allí. La anciana Kaede debe estar muy preocupada por nosotros. –aceleró el paso.

Inuyasha y Shippou la miraban como si estuviese completamente loca.

o Kagome. –Shippou subió al hombro del hanyou, quien ni siquiera se inmutó ante su acción. El pequeño la miraba con gran inocencia.- Ese no el camino. El que deberíamos tomar es aquel que está detrás de nosotros.

La chica sentía que su rostro quemaba en rubor. Con la mirada baja y sin decir palabra, se giró y pasó a ambos de largo, adelantándose. El zorrito negó con la cabeza y alzó los hombros en señal de no comprender.

o ¨ Los adultos sí que son extraños... ¨

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La muchacha de largo cabello azabache llegó casi corriendo a la cabaña.

Con toda la vergüenza que había pasado, se olvidó totalmente del cansancio que se manifestaba en todo su cuerpo y del enojo para con el joven mitad demonio.

Se paró frente a la entrada un poco ya más calmada. Con cuidado y sin hacer gran alboroto, se quitó los zapatos que en ese momento calzaba y los dejó a un lado de la entrada. Levantó la esterilla e ingresó a la pequeña habitación.

Dentro de ella, pudo notar el especial esmero que Sango había puesto en su trabajo de limpiar la habitación. Un suave olor a perfume que emanaba de un incienso llegó hasta su nariz. Sonrió enternecida al ver toda aquella preocupación por la persona que amaba.

Decidió entonces que ella haría la cena. Era lo mínimo que podía hacer.

Sango había tenido demasiadas atenciones para con el cuidado del cuerpo del monje, además de sus constantes desvelos. Era cierto que ella era una persona muy fuerte, pero aún así, seguía siendo humana, alguien que necesitaba descanso y cariño por parte de otras personas.

Con esa idea en mente, salió de la habitación. Se dirigió al pozo de la anciana Kaede con el fin de sacar un poco de agua para ponerla a hervir. Una vez logrado su objetivo, caminó de nuevo hacia la cabaña.

No había dado ni diez pasos de ese lugar cuando una mano, detrás de ella, sostuvo su brazo de manera firme, impidiéndole avanzar. La miko, extrañada de esa acción y a punto de pedir explicaciones, se giró. Y al hacerlo, el balde de agua que cargaba se le cayó de las manos, regando todo su contenido en el suelo.

o ¡I-Inuyasha! Eh... yo... –bajó su mirada hacia el balde caído y observó tristemente como el agua que había sacado del pozo era absorbida de manera rápida por el suelo.

El chico, un poco atontado y apenado por lo acontecido, se disculpó con ella muchas veces y le prometió que él se encargaría de sacar todos los baldes de agua que necesitase y quisiese ella. La linda adolescente asintió con la cabeza.

Aún así, él se seguía disculpando, de seguro atemorizado por una nueva sentada.

o Ya Inuyasha, deja de disculparte. –la moza sonreía complacida ante su acción- Tan sólo ha sido un accidente. No es nada importante. Venga, ayúdame a llenar nuevos cubos con agua¿vale?

o De acuerdo Kagome. –cierto brillo se pudo notar en sus ojos ámbares. El chico de manera muy dulce le sonrió. Ella sólo sentía que un intenso rubor se reflejaba en sus mejillas. Alzó su mirada hacia él, notando que él todavía le sonreía.

Él se estaba comportando de modo muy extraño. ¡Jamás le había sonreído de esa manera! Además, esa sonrisa le recordaba a...

Tratando de sacar esa tonta idea de su mente, le llamó.

o Vamos Inuyasha, que ese almuerzo no se va a preparar solo. –el muchacho de ojos dorados parpadeó confundido.- ¿Qué sucede?

o Eh... yo... –se puso una mano en la cabeza, y miró a su alrededor algo desorientado. Comenzó a caminar hacia la pequeña cabaña. Kagome pudo ver que murmuraba algo y luego negaba con la cabeza. Ella decidió seguirlo, muy extrañada.

Al llegar junto a él (quien estaba sentado en el suelo del recibidor, mirando quién sabe qué punto), lo miró preocupada. Se sentó a su lado.

o Inuyasha¿qué te sucede? -puso la mano en su frente, tratando de comprobar su temperatura. Ante esta acción, el muchacho se sonrojó notoriamente y su rostro se puso tenso.- ¿Acaso te sientes mal?

o Kagome... yo... quiero... decirte... um... –de un instante a otro, el sonrojo desapareció de sus mejillas y en su rostro se pudo notar decisión. Nuevamente, aquel brillo apareció en sus ojos.

Tomó las manos de Kagome entre las suyas, de manera rápida. La chica sintió que casi se le paraba el corazón, mientras que su rostro competía en color con el haori del hanyou.

o Kagome, sé que debí decirte esto desde hace mucho, muchísimo tiempo. –bajó la mirada. Cuando la levantó, se pudo notar una sonrisa dulce en el rostro del chico.- Pero no he podido, debido a mi estúpida cobardía e inseguridad... Pero hoy, querida Kagome, decidí dejar de lado mi orgullo y pedirte que me permitas ser esa persona especial en tu vida, ser aquel hombre que ocupe tu corazón...

La hermosa muchacha sintió que su corazón dejaba de latir en ese instante. Su cerebro trataba de descifrar el significado de las que consideró las mejores palabras que hubo escuchado en su vida.

¨ pedirte que me permitas ser esa persona especial en tu vida... ¨ ¨ ser aquel hombre que ocupe tu corazón...¨

Kagome sintió que sus ojos se le inundaban de lágrimas y que su corazón empezaba a latir de nuevo, esta vez, más lleno de vida, con nuevas esperanzas para el futuro...

Sintiendo una felicidad inundar todo su pecho y sentidos, se tiró hacia él y lo abrazó, soltando todas esas lágrimas que estaba tratando de reprimir en ese momento.

Inuyasha, satisfecho, correspondió a ese abrazo. Pasó un mano suavemente por su espalda, tratando de consolarla.

o Tranquila, ya no llores. –la apartó un poco de sí, para mirarla a los ojos- A partir de ahora estaremos juntos, y nadie impedirá eso.

La volvió a abrazar y ella no se negó.

De manera suave y con cariño, le alisaba los cabellos que le llegaban a la cintura. Ella dejaba poco a poco de llorar, sintiendo con esa caricia, que una gran paz le inundaba el cuerpo, alejando así, las tristezas que pasó noche con noche al ver partir a su amado Inuyasha en visita de la sacerdotisa muerta Kikyou.

Se hubiera quedado para siempre en esos brazos, sino hubiera sido por...

... una rápida y ágil mano que descendió más de lo debido al acariciar sus cabellos, situándose en sus posaderas y acariciándolas con total descaro.

Kagome tardó en reaccionar. No se esperaba para nada aquello.

Le dio un empujón al chico delante de ella, quien pareció reaccionar y ahora le miraba con total confusión plasmada en el rostro.

o ¡INUYASHA! -la chica abría y cerraba la boca, todavía incapaz de creer lo que el muchacho acababa de hacer. Su rostro estaba furiosamente rojo y ahora ella ardía en enojo.- ¿CÓMO TE ATREVISTE¡Eres un maldito pervertido, eres igual que el monje Miroku!

o Kagome... ¿De qué diablos estás hablando? -el chico la miraba confundido y desubicado- ¿Qué hago aquí? Hace un momento, yo... -miró el rostro lleno de furia de la adolescente- ¿Qué hice yo para que te enojaras de esa manera?

o ¡Ah¡Y todavía te haces el inocente! Quizás un par de sentadas te lo haga recordar... ¡OSUWARI¡OSUWARI¡OSUWARI¡OSUWARI¡OSUWARI!...

Se escuchó como las maderas crujían ante los golpes, hasta que se despedazaron. Aún así, la muchacha de ojos cafés le siguió dando de sentadas hasta que sintió que recuperó un poco la cordura. Luego se marchó enfadada, hacia quién sabe que lugar.

Detrás de unos árboles bastante cercanos, Miroku veía como Kagome se alejaba.

o Vaya, creo que no todo marchó como lo esperaba... –el espíritu del joven monje acarició su barbilla, pensativo.- Todo lo hice bien al principio. Quizás no debí usar a Inuyasha para lo último. A la señorita Kagome no le hizo mucha gracia que digamos... –suspiró derrotado u.uU- Tal vez no fue el mejor método para unirlos más...

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... Continuará ...

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Notas de Princess Sheccid:

Konnichiwa minna-san!

Lamento mucho, muchísimo (aunque... pensándolo bien... sólo un poco n-nU) la tardanza...

Y respondiendo a Miroku's wife:

Actualicé! XD

Pues, agradezco muchísimo tus comentarios nn. A pesar de ser mi primer fic de este anime (y no creo que sea el último n-n), he recibido muy buena crítica por parte de los que me dejaron review.

Y sí, he leído algunos de tus fics y me han parecido bastante interesantes (lo que pasa es que el tiempo es mi peor enemigo y no me deja poner comentarios a todas las historias que leo... Y.Y)

Bueno, eso es todo, por ahora. Me despido de ustedes, esperando su linda opinión a este capítulo...

Matta ne!