Esclavo

Cap 2 conociéndose

By:Jul-Tao

Pasaron las horas y nuestro príncipe al fin despertó. Le dolía la cabeza y aún no entendía que pasaba pero todas las señales daban a que había sido capturado.

-Veo que ya despertaste-

Levantando la cabeza frente a él, estaba el general de pelo azul mirándolo sigilosamente. Y un rubor apareció en sus mejillas al darse cuenta que estaba desnudo, y se tapó con la cobijas que tenía encima de esa improvisada cama.

-Señor-Entraron unos soldados con un gran recipiente que contenía agua y un pequeño balde que también tenía agua dentro. Len aún abochornado, como el felino que parecía nada escapaba a su mente, en vez de preguntarse ¿para que será el agua? Veía ya la forma de salir de allí sin que lo detectaran. Pero necesitaba conocer mejor el lugar, un par de días serían suficientes.

-Muchas gracias, pueden retirarse-Dijo Horo y los hombres dieron un saludo propio de los de Asakura y se retiraron no sin antes ver una vez más al pequeño que se cubría.

-Vaya, vaya...-Habló Horokeu sobresaltando a Len, que aún en su mente detallaba sus pormenores de su próxima huída- Pero que pudoroso es nuestro príncipe-Se burló con sarcasmo.

-Vaya, vaya, pero que estúpido es nuestro general- Le contestó y el dichoso general tuvo que aguantar las ganas para no golpearlo, pero debía llevarlo sano y salvo a aquel mocoso donde el rey.

-Con que burlón me saliste, insisto no deberías cubrirte-Se acercó más y poco a poco fue jalando las cobijas. Len tenía miedo, no se resignaría a ser tomado otra vez, esta vez lucharía, aunque eso le costara la vida. Pero grande fue su sorpresa que cuando lo descubrió, prácticamente un baldazo de agua fría le hizo cerrar la boca. Y después sólo se escuchó la carcajada de Horo.

-Es hora de tu baño, aquella es agua caliente metete allí, que estás extremadamente sucio- Len aún sorprendido se levantó y aún con aquella vergüenza se metió al recipiente.

-No te piensas ir?- Preguntó molesto por la mirada serena de aquel molestoso y odioso hombre.

-No, es mi carpa. Bueno, a parte tengo que explicarte muchas cosas-Dijo sentándose en el colchón que hacía de cama-Primero: te desmayaste porque te pusiste las ropas de un muerto y olor putrefacto que traías te mareó. Segundo: Soy el general Horokeu Usui y desde ahora estás bajo mi cargo. Y Tercero: acostúmbrate a este colchón pues dormirás aquí conmigo-

Lo último hizo que Len se pusiera pálido, y volteó a mirar al sonriente hombre, y viéndolo así detenidamente era tan diferente a como era con los demás soldados, esa expresión de niño y esa voz, no eran para alguien que ha vivido tanto, ni siquiera para Len.

-¿Por qué debo dormir contigo?-Preguntó.

-Pues, porque YO estoy a tu cuidado, sólo existen estas carpas, no hay más colchones ni cobijas, y si durmieras solo o con alguno otro, no quisiera decirte tu suerte. Yo te tengo que cuidar, pues aquí todos te querrán matar, son extremadamente patriotas- E hizo una mueca de hastío muy divertida.

Pasaron unos minutos en los que Len empezó a refregar su cuerpo con el agua, y para Horo era una visión gloriosa, aquel chiquillo lograba ponerle los pelos de punta y hacía que pensara lo que el denominaba estupideces, su piel blanca que empezó a analizar con cuidado, sus pelo, su cuello, su espalda con aquel signo, sus caderas...sus piernas blancas. De repente volvió su mirada y se dio cuenta que su respiración estaba algo agitada y que algo entre sus piernas se abultaba, si ese chico llegaba a enloquecerlo, pero lo que nuestro sonrojado general no sabía era que lo ojos de Len habían visto cada una de sus reacciones.

"Con que le excito eh, bueno, veamos que pasa." Sus ojos tomaban un toque seductor y al analizar sus palabras se enojó mucho, acaso quería aquello? Ni que estuviera loco, estaba bien que el tipo lo deseara pero ahí a desearlo ÉL no, no y mil veces no, no era un tonto, imbécil como para querer semejante cosa.

-Bueno, tengo cosas que hacer, espérame aquí vestido, y cuando vuelva tengo que enseñarte algunas cosas del lugar-

Con paso rápido Horokeu salió sin verlo, no quería echar a perder esta misión por un simple capricho, además era un niño por dios, que todos lo quisieran en su cama no era asunto suyo, ya sea su padre, los soldados o Hao el no sería así pues nunca fue así.

Salió tomando una postura pensativa, y caminando un par de pasos un soldado llegó.

-Señor, tenemos a la gente agrupada y lista par a saber lo que le espera- Horo sabía que debía estar algo de tiempo en el antiguo reino Tao y más pensativo aún volvió a su carpa, donde otra imagen le erizó la piel: allí estaba Len desnudo con lo ojos cerrados dentro de la "bañera" con sus manos recorriendo su piel como caricia, como limpiando no se sabía bien con los labios semiabiertos.

-Len-Habló el general. De pronto el muchacho se volvió sorprendido y algo asustado.

-Me asustaste tono-Le reclamó.

-Len-Dijo de nuevo entre un suspiro-Deberás quedarte aquí más tiempo de lo que tenía planeado, por nada del mundo salgas de esta carpa, oíste.-

-¿Qué?-Preguntó fastidiándolo, queriendo verlo enojado y lo consiguió.

-QUE NO SALGAS DE AQUÍ, ES UNA ORDEN- gritó y salió cerrando la carpa por afuera, ese mocoso era un fastidio.

Dentro de la carpa sólo se podía ver a un Len sumamente divertido ante la escena, pensando "es un tipo gracioso".

Los pasos de los caballos de los soldados y sus superiores rasgaban la tierra y llegando ya a la plaza se detuvieron, la gente estaba temerosa y asustada, en sus ojos una expresión de dolor ardía fuertemente, de desesperación. Los soldados formaba un círculo y con las armas en mano amenazaban al pueblo con tratar de salir.

Horo entró en el círculo y pronto hicieron que todos le prestaran atención.

-¡Escuchen se bien que temen y que no confían pero ahora ustedes serán parte de la nación de Asakura, este pueblo seguirá siendo su pueblo, pero con otro rey. Pero no todos se quedarán algunos serán llevados presos hasta la capital!-Estas palabras hicieron que las personas se pusieran alerta-¡Serán escogidos según su profesión o cualquier cosa que pudieran ofrecer, ahora comenzará la elección!.

Los hombres fuertes fueron escogidos para los trabajos más pesados que no querían hacer los de Asakura, algunos niños serían llevados para que aprendieran algún oficio, la mayoría junto a sus madres, algunas mujeres y jóvenes serían llevados para servir de concubinos, y los ancianos y enfermos serían llevados en otro grupo para que pudieran ser cuidados, pues aquí desde entonces el nivel de vida sería inferior, para cuidarlos un médico iría con ellos, y los demás se quedarían en las tierras.

La elección duró hasta las 10:5 de la noche.

Cuando salió el general, Len ser relajó un poco en el agua hasta que se puso fría salió y se cambio con ropas mucho más simples y humildes de las que estaba acostumbrado, y empezó a revisar toda la carpa, le daba curiosidad aquel hombre con el que estaría hasta su escape o hasta llegar a la capital. Buscó y buscó y encontró algo mucho más interesante de lo que se imaginaba, un montó de hojas dentro de un forro de piel de oso que se cerraba con una cinta que tenía un colmillo como candado. Lo abrió y empezó a leer:

"Las cosas no van muy bien, ella acaba de morir, jamás perdonaré a Hao Asakura por ello. Era mi única familia, mi querida Pilika, mi hermana, las imágenes aún encuentran un momento par apoderarse de mi mente y matarme por dentro de una manera dolorosa, desde que entré hasta que salí de aquella habitación. Se que solo por el momento soy un torpe criado del palacio y ella también lo era, sólo tengo 16 años pero me parecen suficientes para odiar como odio ahora.

Recuerdo como limpiando el suelo de uno de los tantos pasillos escuché a aquel monstruo y a Pilika, le gritaba y salió de pronto con una túnica larga que mostraba su ostentosa riqueza y sus cabellos ondeando en el viento con ese hipocresía y ese orgullo macabro, sin pensarlo cuando apareció en el pasillo entré y mi hermana lloraba, la abracé más no me dijo nada, sólo me dijo que fuera fuerte si algo pasaba.

Aquella misma noche un fue llamada a la sala principal y yo la seguí, los padres de los príncipes estaban furiosos. Supe entonces por la discusión que había adentro que ella robó un valioso collar del príncipe Hao, más y más gritos yo irrumpí en el cuarto casi llorando y defendía a mi hermana, unos guardias me agarraron y los reyes me gritaron insolente, que ambos merecíamos un castigo, y pude ver como la arrodillaban y le latigueaban la espalda y no lo soporté grité y lloré pero nadie me hizo caso, aún estaba viva cuando terminaron. Y aún recuerdo la sonrisa satisfecha de Hao.

Derramaba mucha sangre y traté de ayudarla de curarla pero se puso muy débil, aún obligáronla a trabajar y me enteré que mi hermana nunca había robado nada sino que rechazó pasar la noche con Hao y este prometió vengarse, maldito, después murió por el frío y la hemorragia que no sanaba, se que no pude haber hecho nada y me duele saberlo. Maldito idiota, lo odio demasiado por matarla. Porque él a parte de haberla castigado entró esa moche a su cuarto y con un cuchillo que clavó en el pecho la mató, yo estaba castigado en una celda por haber sido insolente y lloré y aún lloro después de dos noches sin ella, y duele demasiado y haré que a ese le duela el doble. Tengo un plan...

Vengaré a toda mi tribu que fue esclavizada por ese hombre, y vengaré a mi hermana, y me vengaré siendo parte de este lugar, escaparé y me registraré como soldado, poco a poco trataré de subir y cuando sea el momento seré el más poderoso y él me tendrá confianza y cuando menos se lo espere le arrebataré todo, sabré planearlo bien ese momento, pero por ahora sólo quiero escapar."

Terminó de leer sorprendido y dejo aquello donde lo encontró, tal vez aquel sujeto guardaba más secretos de lo que pensaba.

Como un claustrofóbico, paseaba de un lugar a otro intranquilo, tal vez por la lectura, tal vez por el encierro y decidió salir, no le costó mucho el poco seguro que tenía la carpa era insuficiente.

Caminó hasta perderse entre unos cuantos árboles, y apoyándose en uno vio la magnífica noche que estaba ahora sobre el lugar, recordó a su hermana y a su madre, tal vez dentro de él, igual que el general aquel entonces quería vengarse pues le habían quitado a su familia, una mueca de tristeza y nostalgia apareció esa noche, y tragando la saliva dificultosamente se dio cuenta que estaba ahora, realmente solo, que había perdido todo y lo que le esperara sería tal vez peor, ya sabía que no podía escapar al pueblo, a estas horas tampoco podía ir al bosque y el reino de su tío había sido invadido y su familia lejana muerta también, y volvió a pensar: "ahora realmente estoy solo".

Unas fuertes manos lo giraron, cerrando los ojos de alguna manera deseo que fuera Horo-horo pero al abrirlos se encontró con los soldados que lo habían seguido, un cuchillo amenazándolo en el cuello y unas miradas rencorosas que lo acorralaban. Volvió a cerrar lo ojos no con miedo sino con indiferencia y con una sonrisa burlona y sólo escuchó lo que decían.

-Miren lo que tenemos aquí-

-Al gran Len Tao-

-Por qué no lo matamos de una vez, su presencia me repugna-

Sentía el cuchillo más cerca, ese frío más cerca, y fue entonces cuando sólo escuchó un golpe y una caída y el cuchillo no estaba más en su cuello, el grito de alguien conocido.

-Lárguense, nadie les dijo que hicieran esto- Y escuchó los pasos alejarse y unos brazos abrazarle por la cintura, algo que lo dejó atónito y abrió los ojos, ahí estaba Horo abrazándolo posesivamente y a la vez de manera protectora y no supo que hacer. Un aliento suave le abanicaba el oído y siendo el más bajo pudo entonces como acto reflejo apoyarse en su pecho.

-Ya estas a salvo-Le susurraba pero entonces lo separó y lo miró severamente y con un golpe en el rostro lo dejó tirado en el piso con los labios sangrantes.

-Idiota, te ordené que no salieras de la carpa- Le gritó y le ofreció una mano para pararse, y Len enojado lo miró profundamente y se levantó solo diciendo:

-No eres nadie para darme órdenes- Y se dirigió a la carpa.

Ya era tarde, así que lo mejor sería por el momento dormir, pero después de todo Len Tao era realmente un chico que le ponía los pelos de punta.

Pero algo lo dejó intranquilo, aquel abrazo, cuando lo hizo un impulso le dijo que siguiera por más, que quería más, y supo con seguridad que ese chico lo atraía endemoniadamente.

Continuará...