RECUERDOS DEL FUTURO

Por Haruko Sakuragi

CAPÍTULO 2

No bien habían dado las siete de la mañana, y Rukawa ya estaba en pie. Y no porque no tuviera sueño, puesto que la celebración por la victoria se había prolongado hasta las tres de la mañana, y la velada se había prolongado un par de horas más que él estuvo haciendo el amor con Amber, una de las porristas del equipo.

Afortunadamente para él, la fiesta había sido den casa de Brian Watson uno de sus compañeros, y Amber de seguro estaría dormida allá mismo.

Se sirvió una taza de café y, con pereza, arrastró los pies hasta la sala. Suspiró antes de dar el primer sorbo, y recordó lo sucedido durante la noche. Había bebido muy poco, y estaba plenamente consciente cuando se acostó con Amber. Si había de ser sincero, la mujer le había gustado desde el principio; y a ella, por supuesto, él no le resultaba indiferente. Además, hacía más de un mes que Kaede no tenía relaciones, y Amber le había propuesto cero compromisos y una noche inolvidable. ¿Cómo negarse?

Y, efectivamente, la noche había sido muy buena.

Kaede dio un sorbo a su café, amargo como siempre, y suspiró otra vez. Recorrió el departamento con la mirada. Era pequeño pero, aparentemente, acogedor. Pero él sabía que le faltaba vida… Desde que se marchó de Japón y empezó a vivir ahí, no hubo un solo día que no extrañara a cierto chico pelirrojo que, después del primer Campeonato Nacional, se hizo muy amigo suyo. Y es que inspirarle que lo insultara, que lograra decir más de dos palabras seguidas dirigidas a él, ya era ganancia. Pero a finales de la preparatoria incluso asistían a fiestas juntos…

Kaede hasta llegó a llevarse bien con Haruko, la novia del pelirrojo. Incluso alguna vez la pareja intentó presentarle a Mikado, una prima de Haruko. Era una chica muy bonita e inteligente, pero, sencillamente, no era lo que Rukawa buscaba…

La última vez que supo algo de ellos fue cuando les comunicó que se marchaba a Estados Unidos, casi siete años atrás.

Y desde entonces, nada…

Dio un sorbo más a la taza de café. Suspiró desde lo más profundo de su pecho, y prefirió dejar de recordar.

Lo cierto era que su vida había sido triste desde siempre. Su padre, Hiroshi Rukawa, era un abogado muy prominente y exitoso, por lo que siempre estuvo ocupado trabajando para darle una buena vida a su familia. Megumi, la esposa del señor Rukawa, era una mujer hermosa y refinada, que hacía perfecto juego con su esposo, ambos admirados y alabados por el resto de la sociedad. En resumen, una pareja de apariencias, nada más. Se querían, era cierto, pero se preocupaban mucho por ser la familia modelo. A Kaede no le gustaban las mentiras, y la beca para Estados Unidos fue la perfecta excusa para salir del país con la idea de no volver, o, si lo hacía, que no fuera a la casa de sus padres.

Rukawa terminó su café acompañado de los recuerdos de su solitaria juventud… Solitaria hasta que llegó a la preparatoria… Y conoció a Hanamichi Sakuragi…

El pelirrojo le había parecido un completo idiota, sobre todo porque se atrevió a golpearlo la primera vez que se vieron, y por culpa de la chiquilla que le profesaba admiración en esa época. Pero, conforme el tiempo pasó, conforme se dio cuenta de sus capacidades y del empeño que ponía en los entrenamientos, se interesó en él poco a poco. Y, sin darse cuenta de cómo ni de cuándo, se enamoró.

Ese amor nunca pudo ser, porque Hanamichi se declaró al final del primer año, y Haruko le correspondió. Kaede se limitó a continuar como su amigo. Se propuso olvidarlo, e incluso intentó ser hostil con él cuando empezó a salir con Haruko, pero no pudo hacerlo… Hanamichi no lo merecía, y nadie le había dicho que se enamorara de él… Así que optó por permanecer como su amigo el tiempo que estuvieran cerca. Pero la noche en que Hanamichi le contó que había hecho el amor con Haruko por primera vez, Kaede se prometió a sí mismo esforzarse y hacer lo imposible por marcharse de Japón, porque el que consumaran su amor físicamente era el indicador de que había perdido la batalla.

Y Kaede Rukawa era un buen perdedor que no se humillaría pidiendo oportunidades ni suplicando. Así que actuó con dignidad el tiempo que le restó cerca de ellos. Pero, cuando se marchó, se prometió no volver.

En eso estaba pensando, cuando escuchó el sonido del teléfono. Le pareció extraño, puesto que eran las siete treinta de la mañana del sábado, y él no solía recibir muchas llamadas nunca, ni a esa hora.

Sin embrago, decidió contestar.

—¿Diga? —su voz se escuchó sin mucho ánimo.

Moshi moshi —escuchó con sorpresa: alguien le hablaba en japonés—"Hola, Rukawa" —era una voz femenina.

—¿Ayako?

Sin querer un esbozo de sonrisa se dibujó en su rostro: Ayako le llamaba. Hacía mucho que no tenía noticias de ella. Y saber de ella era saber de Japón, de Kanagawa y del resto de sus antiguos compañeros de Shohoku.

Al menos no me has olvidado —dijo la mujer.

—No lo haría Ayako.

Permanecieron en silencio unos segundos. Fue Ayako quien rompió el silencio.

Hemos escuchado tu nombre en las noticias muy seguido por aquí —dijo la mujer.

—Ya deben estar hartos —escupió él. En realidad le fastidiaba ser receptor de tanta atención.

No lo creas. En realidad nos sentimos orgullosos de ti.

Kaede sonrió sin querer y su corazón se aceleró.

—¿Quiénes? —lo preguntó sin pensar. Lo que quería saber era si él se sentía orgulloso.

Hoy hablé con Hanamichi Sakuragi. Estuvimos comentando tus logros.

Kaede reparó en el "hoy". Pero luego recordó la diferencia de horarios entre Japón y Estados Unidos.

—¿Sigues viendo al torpe?

Trabajamos en el mismo periódico. Hoy coincidimos en un pasillo y fuiste el tema principal.

No quiso parecer muy obvio, así que no preguntó más.

Bueno, yo te llamo por una razón —Ayako cambió el tema de súbito—. Soy escritora de deportes, y de alguna forma mi jefe se enteró de que tú y yo fuimos juntos a la escuela, así que me ha enviado a entrevistarte. El periódico me pagará la estancia por una semana en Los Ángeles, para que lleve un trabajo de lo más completo.

—¿Entrevista?

Para que no me malentiendas, Kaede, te aviso que iré a visitarte. Y durante una semana seré tu sombra. Así que espero puedas ir por mí al aeropuerto martes. Llego a las tres de la tarde, tiempo de allá...

Ayako le dio los pormenores de su vuelo a Kaede.

A continuación, se despidieron y colgaron.

Rukawa permaneció un largo rato contemplando el aparato telefónico, con cierta nostalgia en la mirada. Hacía muchos años que no veía a Ayako, aunque, de hecho, era ella con quien mayor contacto había tenido desde que salió de Japón.

—Pero no tenía idea de que trabajara en un periódico, y menos que todavía se encontrara con el torpe.

x X x

Haruko salió de la cocina con una charola en las manos. Llevaba un par de tazas y una tetera. Ayako la esperaba en la sala.

—Pues no sé cuál haya sido la urgencia de que me citaras, Haruko —se quejó Ayako—. Te dije que estoy apurada preparando el viaje.

—Pues por eso —respondió Haruko, sentándose en el mismo sofá que su amiga—. No puedes irte sin que te diga una cosa.

Haruko se dio a la tarea de llenar las dos tazas con el té que había preparado, en tanto Ayako observaba su casa. Estaba decorada al estilo occidental, muy en orden, y siempre lucía acogedora.

—Si sólo me voy una semana, Haruko.

—Sí. Lo sé. Pero quiero contarte de todos modos.

Haruko sonrió. Ayako debía aceptar que desde hacía varias semanas su amiga lucía distinta.

Bebieron el té unos minutos sin decir nada. Incluso Ayako se tranquilizaba en esa casa. Llevaba un ritmo de vida acelerado, pero ahí siempre se sentía tranquila.

—¿No te he dicho? —Haruko recordó algo— Mi hermano viene de visita.

—¿De verdad? —sonrió la entrenadora. Hacía mucho que no coincidía con Takenori Akagi.

—Sí. Y vienen también Yasumi y Rumiko —continuó Haruko, refiriéndose a su cuñada y sobrina, respectivamente.

—¿Y a qué se debe? La última vez que estuvieron aquí fue hace un año, en la reunión de ex –alumnos del equipo.

—Mi hermano quiere cerciorarse de que Hanamichi y yo estamos bien.

—¿Y por qué no lo estarían? —se indignó la antigua entrenadora. Respetaba mucho a su superior, pero a veces lo consideraba exagerado si de Hanamichi Sakuragi se trataba— Hanamichi tiene un excelente trabajo, y tú también. No sé por qué debería preocuparse.

—Es que… Yo dejaré mi trabajo en un par de semanas —murmuró Ayako, algo avergonzada.

—¿Pero de qué hablas, Haruko?

Ayako no lo creía: Haruko se sentía muy orgullosa de su trabajo. ¿Qué motivos tendría para dejarlo?

—No me digas que Hanamichi se ha vuelto uno de esos machos que quieren que se haga lo que ellos dicen. Oh, voy a darle una paliza a ese…

Pero antes de que siguiera pensando mal de su esposo, Haruko la interrumpió.

—No, Ayako. Hanamichi no me ha pedido que deje mi trabajo. Es decisión mía.

La aludida abrió muy grandes los ojos: ¿cómo que era decisión de ella?

—¿Te sientes mal?

Haruko le sonrió con ternura.

—Estoy embarazada.

Ayako se quedó muda. ¿Cómo que embarazada? ¿Y desde cuándo? No lo podía creer. Cada vez que hablaba con Hanamichi él le decía que Haruko aún no deseba agrandar su familia. Y ahora así, sin previo aviso… ¿Embarazada?

—¿Estás… segura?

La castaña asintió con un movimiento de cabeza y sin borrar la sonrisa de sus labios.

Recobrando la conciencia, Ayako procesó la información: su amiga de la preparatoria estaba embarazada por primera vez, y lucía feliz y satisfecha.

—¡FELICIDADES, HARUKO! —se levantó de súbito, haciendo que Haruko la imitara, y se lanzó sobre ella en abrazos y felicitaciones.

La tarde transcurrió rápido. Y la noche cayó, haciendo que Ayako se marchara.

—¿Ves por qué no podías marcharte sin venir a visitarme? —preguntó Haruko, acompañando a su amiga hasta la puerta del jardín.

—Sí. Gracias por avisarme, Haruko.

—No podía hacer otra cosa. Sabes lo importante que eres para Hanamichi y para mí.

Ayako sonrió ante las palabras de Haruko.

—¿Quién más lo sabe?

—Hasta ahora, mi hermano, quien supongo ya le habrá dicho a Yasumi y a Rumiko. Te dije a ti. Y Hanamichi verá a Youhei y a los demás el sábado para contarles.

Ayako sonrió.

—Pues yo me voy el martes a América y justo anoche…

La charla fue interrumpida por el sonido de un motor. Era Hanamichi que llegaba a casa.

En cuanto estacionó el vehículo en la cochera, se dirigió hacia las dos mujeres. Depositó un beso en la frente de Haruko y abrazó con efusividad a Ayako.

—Supongo que Haruko te contó la buena nueva.

—Sí —Ayako le guiñó un ojo—. Me da mucho gusto por ustedes, Hanamichi. Ahora más vale que sepas ser un buen padre y educar correctamente a tu hijo o hija.

—¡Por supuesto que sí, Ayako. Será idéntico o idéntica a mí!

Ayako deseó en se momento tener a la mano su abanico de papel para golpear a Hanamichi en la cabeza.

—¿Interrumpí? —preguntó el pelirrojo al notar la mirada que le dedicaba la chica de rizos.

—No —dijo con sarcasmo Ayako—. Sólo le decía a Haruko a anoche hablé con Rukawa y le dije que fuera por mí al aeropuerto el martes.

—¿Lo verás? —se apresuró a preguntar Haruko. Estaba tan feliz con su embarazo, que quería asegurarse que cualquiera que la conociera se enterara.

Pero Hanamichi se había quedado muy serio.

—Sí —dijo Ayako. Parecía no haber notado el cambio de expresión de Sakuragi—. Me enviaron del periódico a entrevistarlo y estaré allá una semana.

—Disculpen, por favor —interrumpió Hanamichi—. Me duele un poco la cabeza —se excusó—. Nos veremos a tu regreso, Ayako.

La mujer asintió sin darle mucha importancia. Haruko siguió conversando con ella quince minutos más. Pero Hanamichi entró a la casa. Se dirigió al baño de su habitación y se encerró en él.

Rukawa…

No entendía por qué, pero el sólo escuchar su nombre le resultaba triste.

Antes de que Haruko entrara a la habitación, Hanamichi ya se había metido a la cama.

Fingió dormir para no tener que verla a los ojos. Ella adivinaría lo que sucedía en su corazón, y él no se atrevería a hacerle nada que pudiera lastimarla.

La sintió meterse entre las sábanas, junto a él, y depositar un beso sobre su mejilla. Pero no abrió los ojos.

Sospechaba que las cosas iban a cambiar.

x X x

Notas de la autora:

Aquí traigo el segundo capítulo de esta historia, que bien que mal ahí va.

Paso directo a contestar reviews, que me parece una grosería no haberlo hecho nunca antes. Pero ahora sí lo haré.

Elena: sí, es un triángulo, pero aquí no van a rodar cabezas ni va a ser tan deprimente como Trampas del corazón (que por cierto sigue pendiente… prometo ponerme a trabajar en él a la brevedad posible). Gracias por el review, y sigue leyendo.

Hipolita: a riesgo de perder una lectora como tú, me temo que debo informarte que este fic es yaoi… Tal vez te consuele saber que Haruko no va a salir lastimada, porque todo va a ser interno, sólo Hanamichi y Kaede lo van a sentir. Con decirte que ni siquiera Ayako se va a enterar… Perdona si te decepciono de alguna forma, pero no puedo cambiar el curso que tengo elegido para esta historia. Te envío un saludo y espero que continúes leyendo.

Sólo dos reviews… Me deprime un poco, pero espero que este número vaya mejorando conforme avance el fic.

Les envío saludos.