RECUERDOS DEL FUTURO

Por Haruko Sakuragi

CAPÍTULO 3

Miró su reloj por tercera vez: las tres en punto. Llevaba ahí sentado ya quince minutos. ¿Se habría equivocado? La aerolínea solía ser puntual. ¿Y si algo había salido mal y el vuelo se había retrasado? O, peor aún, ¿qué tal si el avión se había derrumbado en pleno vuelo y ella no llegaba…?

Decidió expulsar todas esas ideas de su cabeza.

Kaede Rukawa no era una persona nerviosa. O al menos nadie sabía que lo era. Pero Ayako estaba por llegar, y hacía tanto tiempo que no la veía…

No quería admitirlo, ni para él mismo, pero tenía miedo. Miedo de lo que iba a ocurrir en cuanto se vieran. Miedo, porque hacía mucho tiempo que habían hablado de frente por última vez. Miedo porque ni siquiera de ella se había atrevido a despedirse antes de salir de Japón. Eso le dolió incluso a él mismo. Pero no consideró lo suspicaz que era la mujer, y poco más de un año después de su partida recibió una llamada emocionada de Ayako, que le contaba de un nuevo empleo en un periódico, de lo hermosa que había sido la boda de Haruko y Hanamichi, y de lo mal que todos se habían sentido cuando él se marchó sin avisar.

—Es que es muy inteligente —suspiró el muchacho. Debía admitir que Ayako siempre conseguía lo que se proponía…

No en vano lo había conseguido a él.

Consultó el reloj otra vez, que marcaba las tres y cinco.

Rukawa se exasperó y siguió sacando probables conclusiones del motivo del retraso de su antigua entrenadora.

"Japan Airlines anuncia la llegada de su vuelo número 3251, procedente de Yokohama"

"Por fin", pensó Rukawa, con alivio. Pero en ese momento los nervios empezaron a apoderarse de él. ¿Cómo la saludaría? ¿Qué le diría? ¿Qué haría ella cuando lo viera?

No tuvo mucho tiempo de responderse todas las preguntas que surgían en su cabeza a velocidades sorprendentes, porque la voz de la mujer le llegó hasta los oídos.

—¡Kaede Rukawa!

Eso bastó para que su mente se pusiera en blanco y su cuerpo mucho más erguido de lo habitual.

—… —trató de saludarla, de decir algo, pero no pudo. Se quedó mudo cuando la contempló: esbelta, de piel blanca y sus ojos grandes. Usaba sombra y delineador. Su cabello estaba suelto, hasta la altura de las orejas. Vestía una falda corta negra y un suéter blanco que dejaba al descubierto sus hombros.

—¿Qué pasa contigo, Rukawa? —preguntó la chica entrecerrando sus ojos y llegando hasta quedar frente a su antiguo compañero. Llevaba sólo una valija que se deslizaba con rueditas y el consabido bolso a juego con las botitas de tacón.

—A-Ayako… —fue lo único que Kaede pudo articular.

—Bueno… —la mujer puso las manos en sus caderas— No esperaba ese recibimiento tan efusivo después de tantos años de no vernos —ironizó con una sonrisa pícara. Lo disimulaba, pero estaba consciente del efecto que causaba en el más joven.

—Perdón —Kaede dio un respingo—. Permíteme ayudarte con el equipaje, Ayako.

—Gracias —la mujer accedió, entregándole la correa de la valija a Rukawa. Pero al hacerlo rozó su mano suavemente.

Empezaron a caminar, ella delante de él, contoneándose.

El muchacho carraspeó tras un sonrojo notable. Pero Ayako fingió no darse cuenta, y empezó a buscar algo en el bolso.

—¿Qué haces? —preguntó Rukawa con fingido desinterés. Pero Ayako lo conocía y lo miró de reojo.

—Busco una dirección.

Kaede intuyó que se trataría del hotel en el que debería hospedarse.

—Aquí está —sonrió Ayako, sosteniendo una pequeña tarjeta blanca en la mano derecha.

Kaede se detuvo, quedando frente a ella.

—Es la dirección del hotel —sonrió.

—No te quedarás en un hotel —pronunció Kaede, olvidando los nervios iniciales. No iba a permitir que Ayako se quedara en un hotel de quién sabe qué categoría y quién sabe dónde.

—¿Qué dices? Es lo que el periódico patrocinará.

Kaede, en un impulso, tomó la mano derecha de Ayako, que aún sostenía la dirección. La apretó con suavidad un par de segundos y notó la turbación de Ayako. Acto seguido, y antes de que los nervios se apoderaran de él de nueva cuenta, le quitó la tarjetita.

—Te quedarás en mi departamento —determinó. No era una pregunta, y Ayako se ruborizó al comprenderlo.

Sin esperar una respuesta, Kaede avanzó de nuevo, y Ayako se vio obligada a seguirlo.

x X x

El auto avanzaba a una velocidad moderada. Era un Toyota azul, del año, automático y recién salido del autolavado.

Kaede conducía con tranquilidad y usaba unas gafas para sol que cubrían sus ojos azules. Ayako, que se había colocado el cinturón de seguridad aún antes que el conductor, cerraba la ventana del lado del acompañante: el viento hacía que los rizos se le esponjaran.

—¿Tu departamento está muy lejos? —preguntó la mujer, acomodándose el cabello con los dedos.

—A cuarenta minutos —respondió él, sin mirarla.

La chica no había reparado en las gafas oscuras.

—¿Y esas gafas? No me dirás que eres alérgico al sol —ironizó.

Kaede no volteó a mirarla. Respondió, escueto:

—No quiero que me reconozcan.

Rukawa no bromeaba. Si Ayako recordaba las escenitas que se presentaban frente a sus ojos cada vez que Kaede aparecía en algún lugar durante la época de Shohoku, debía intuir que algo como tres o cuatro veces mayor acontecía con las mujeres americanas.

No dijo más. Puso la vista en la autopista nuevamente. Kaede conducía con cuidado, debía reconocerlo. Luego volteó el rostro hacia la derecha y empezó a contemplar el paisaje. Tenía mucho sueño, por la diferencia de horarios y eso, pero no iba a dormir mientras Rukawa conducía: quería aprenderse el camino que tomaban. Si no hubiera estado tan ensimismada y tan al pendiente del paisaje fuera del Toyota, se habría percatado de las miradas fugaces que Kaede le dirigía a través del retrovisor.

No tardaron mucho en llegar.

El departamento estaba ubicado en una zona exclusiva, con edificios lujosos y áreas vedes en perfecto estado.

Cada edificio poseía un estacionamiento subterráneo. Rukawa se adentró en el que le correspondía y condujo hasta el piso más bajo. Se estacionó y sacó la valija de Ayako de la cajuela. Activó la alarma del auto y se dirigió al ascensor, siempre con la mujer detrás suyo.

Ayako se recargó en la pared mientras el ascensor llegaba. Miró fijamente a Rukawa, que aún no se había quitado las gafas oscuras, y le pareció gracioso.

—¿Te lastima tanta luz? —se burló.

—… —Rukawa no le respondió.

Ante el silencio, Ayako decidió ayudarle a su antiguo compañero. Dirigió su mano hasta el armazón de las gafas y las retiró con sumo cuidado, rozando la mejilla de Kaede en el acto. El simple roce hizo que el muchacho se crispara, pero lo disimuló.

Ayako se colocó las gafas ella misma, coquetamente, y se acercó al chico. Era difícil, pero se paró sobre sus puntas hasta quedar lo más alto que su estatura y sus zapatos le permitieron.

—¿Por qué sigues siendo tan callado, Kaede? —preguntó, mirándolo detrás de los cristales oscuros.

Rukawa le devolvió la mirada.

—¿De qué quieres hablar?

Ayako suspiró y bajó la vista: Kaede Rukawa no era un hombre fácil.

La puerta del ascensor se abrió. Ayako entró y después Rukawa. Éste último marcó el piso 23, y las puertas se cerraron delante de sus ojos.

No lo admitiría ni permitiría que alguien se diera cuenta, pero estaba muy nervioso.

Ayako estaba detrás de él, recargada sobre su espalda, mirando el interior del ascensor. Ella no se sentía como él. Y eso lo hizo entristecer. ¿Acaso no recordaba nada? ¿No estaba en su memoria todo lo que habían tenido hacía siete años? ¿O esos siete años bastaron para que olvidara tanta pasión, tanto interés…?

—Te he extrañado —se atrevió a decir. Ayako no lo esperaba de Kaede, y mucho menos después de tanto tiempo. Pero sintió un vuelco en la boca del estómago.

—¿De verdad? —ella se le quedó mirando con curiosidad. ¿No se había atrevido a despedirse de ella, y ahora le decía que la había extrañado? De verdad que no entendía a los hombres.

La campanilla que anunciaba el final del camino los interrumpió. Las puertas del ascensor se abrieron, y Rukawa salió sin esperar nada más. Ayako lo siguió sin invitación.

Entraron al departamento. Era amplio y lucía ordenado. Tenía grandes ventanales que dejaban entrar toda la luz posible. Las paredes estaban pintadas de blanco y la decoración se reducía a algunos cuadros desconocidos.

—Esta es la sala de estar —dijo Rukawa, como si no hubiera hablado en el ascensor—. La cocina está hacia allá —señaló—; hay una barra que sirve de desayunador y comedor —siguieron avanzando—. El baño está ahí y te quedarás en esa habitación.

Ayako entró al lugar. Era una pieza grande, con una cama individual sin sábanas, cortinas blancas y un armario con un par de suéteres unisex abandonados.

—Es un lugar muy bonito, Rukawa —dijo Ayako con sinceridad. Acomodó su maleta sobre la cama y se sentó junto a ella.

Kaede la observó y luego corrió las cortinas para que la luz entrara.

El silencio era ensordecedor. Ayako se atrevió a romperlo.

—Yo… También te extrañé.

Kaede la miró por unos segundos. Intentó sonreírle, pero no lo consiguió.

—Hay sábanas en el cajón —señaló el pelinegro, y abandonó la habitación, cerrando la puerta tras de sí.

x X x

Dejó que el agua tibia cayera sobre su cuerpo. Las finas gotas recorrían toda su anatomía, relanjándolo, limpiando su conciencia.

No se sentía feliz. Habría querido recibirla de otro modo. Ser más atento, mostrarle algo de cariño. Recordarle lo que habían vivido en los últimos años de preparatoria.

Pero, simplemente, no pudo…

Algo no se lo permitió. Y eso le molestaba.

Ayako lucía más hermosa que cuando tenía dieciocho. Se veía madura, atractiva, bonita… Era una mujer independiente, inteligente y capaz. Y él no había tenido el valor de decirle algo mejor que "te he extrañado" y luego callarse.

Se talló la cara con ambas manos llenas de jabón. Enjuagó rápidamente y abrió los ojos. El vapor le nublaba la visión. Pero su cabeza no dejaba de emitir la imagen de la Ayako actual. Una mujer perfecta…

Rukawa no sintió cuando la puerta del baño se abrió y la puertecilla de la regadera fue corrida. Se sorprendió cuando se encontró con un cuerpo femenino perfecto desnudo frente a él.

—Ayako… —susurró, más para él que para la mujer. Ayako estaba frente a él, desnuda, con el cuerpo húmedo, el cabello suelto y la mirada decidida.

—Te extrañé… Y no te despediste de mí, Rukawa… —susurró Ayako, abrazando al hombre por el cuello.

Nadie dijo nada más.

Rukawa cerró la llave de la regadera y, tomando en brazos a la mujer, pasó a su habitación.

x X x

Abrió los ojos y buscó el despertador digital que descansaba sobre la mesita de noche.

Eran las dos de la mañana.

Había estado haciendo el amor con Ayako hasta la media noche, recuperando el tiempo perdido en esos siete años. Y todo había sido tal y como él lo recordaba: pasión, desenfreno, cero inhibiciones...

La contempló, descansando desnuda todavía, sobre un costado. Le daba la espalda. Le gustaba ver su espalda blanca y sentirla suave al contacto de sus dedos.

Ayako era una mujer extraordinaria. Y él la había necesitado en esos años lejos de Japón. Pero su orgullo le había prohibido buscarla a ella o a cualquier otro ex-compañero de Shohoku.

Sin embargo, con la pasión recién revivida, todo volvía a comenzar...

Y Rukawa sabía que todo cambiaría en su vida.

Ayako se revolvió entre las sábanas, descubriéndose. Rukawa la cubrió nuevamente y lanzó un suspiro que se perdió en el silencio de la noche.

Todo iba a cambiar.

x X x

Notas de la autora:

Bueno… Llego aquí con el tercer capítulo de este nuevo fic que pretendo avanzar con rapidez.

La verdad es que me esperan dos largas semanas de exámenes finales, exposiciones, y trabajo de fin de semestre, así que no sé hasta cuándo podré actualizar otra vez.

Por eso intenté apresurarme con este capítulo que resulta importante para la trama del fic.

Paso a contestar los reviews:

Nikie Blue: Tienes razón: cuando hay niños de por medio las cosas son más difíciles. Esperemos que aquí no lo sean tanto… Y no puedo adelantar nada porque perdería interés y ya no dejarían comentarios. Cuídate, y gracias por el review.

Elain: Gracias por tu review, sí me alegraste la tarde cuando lo leí (es que acababa de salir de clase de Química, y siempre me deprime saber que no le entiendo mucho a mi profe). Ojalá te siga gustando el fic, y no dejes de leer. Saludos.

Shedin: Trataré de apresurar el paso para que no te desanimes en la lectura. Es interesante. Ojalá sea de tu agrado el ritmo y el tiempo en el que voy. Saludos y gracias por el review. Y ojalá que las musas no me abandonen

Kinyoubi: Sí va a ser una historia medio Angst, pero tampoco algo tan trágico como para que te sientas muy triste por algún personaje. Ojalá te guste este capítulo, y no dejes de leer.

Elena: Gracias por los ánimos. Yo sé que existe la gente que lee pero no deja review (yo soy de esas personas). Pero creo que andaba susceptible y me sentí porque no muchas personas me habían dejado un comentario. Espero que el capítulo sea de tu agrado.

Hipolita: No me ofende tu comentario. La verdad no espero siempre agradar a todas las personas con lo que escribo. Pero este fic no es sólo de que Hana vaya a estar enamorado de Rukawa (te entiendo porque yo amo muchísimo a mi novio, y si sólo de pensar que pudiera querer a otra mujer me dan ganas de llorar, imagínate si su corazón le perteneciera a otro hombre… me mato). No puedo decirte lo demás, porque revelaría por completo la historia. Pero si lees te prometo que no te desilusionarás del todo. Por supuesto que Sakuragi no es tan inconsciente como para engañar a Haruko, y menos estando embarazada. Espero que le des otra oportunidad a mi fic. Cuídate.