RECUERDOS DEL FUTURO
Por Haruko Sakuragi
CAPÍTULO 4
La puerta de la cocina se abrió, dando paso a la mesera pelinegra y joven que sostenía una charola llena de platos en las manos.
Se dirigió hacia una mesa rodeada por hombres jóvenes y atractivos: uno rubio, otro de bigote y barba, uno gordo y de gafas, uno más de pelo negro y liso, y el último pelirrojo y muy escandaloso.
Llegó hasta su destino, y, antes de servir los platos a los comensales, alcanzó a escuchar vestigios de la conversación:
—Ya deja de hacerte del rogar, Hanamichi —dijo el gordo miope, dirigiéndose al pelirrojo.
—Sí, Hanamichi —apoyó el rubio—. Ya deja el suspenso, por favor.
—Sus platos, señores —interrumpió la mesera, augurando que la charola iba a caerse de sus manos si no le quitaba peso de inmediato.
Entregó los platos a cada hombre: teriyaki al rubio, odem al de bigote, ramen al gordo, y tempura al pelinegro y al pelirrojo.
—Servidos —dijo la muchacha, haciendo una reverencia.
—Gracias —dijo el pelinegro. El resto de sus compañeros ya engullían sus alimentos.
El hombre admiró el excelente apetito que sus amigos aún conservaban, y se disponía a imitarlos, cuando la pregunta que se había hecho desde hacía cinco días volvió a hacerse presente en su cabeza.
—¿Qué pasa, Hanamichi?
La pregunta pareció instalarse también en los rostros de los otros tres hombres, que abandonaron sus alimentos por un momento.
—Sí —agregó Noma. Takamiya seguía con los palillos entre su plato y su boca—. Me llamaste el martes y dijiste que era de suma importancia.
—Además tú nos invitaste —descubrió Okusu.
—Eso implica que vas a pagar —Takamiya abandonó su comida por un segundo para aportar un comentario trascendental.
–Algo importante te sucede —concluyó Youhei, expresando el pensamiento de todos los presentes.
Hanamichi dejó su plato sobre la mesa. Era cierto: aún no había hablado.
Llamó por teléfono a todos sus amigos de la preparatoria el martes, citándolos el domingo en Tatsumi's House, un restaurante de comida típica, ubicado en la municipalidad de Kawasaki, como a treinta minutos del hogar del pelirrojo. Llevaban ahí ya treinta minutos, y él no había dicho nada más después del saludo y los abrazos.
—Pues verán, amigos…
El pelirrojo inició sin saber si era momento de hablar ya.
—Ya habla —indicó Noma, impaciente, más por volver a prestarle atención a su platillo que por verdadero interés en lo que su amigo tendría que decir.
—Yo quería que todos estuvieran presentes para decirles que…
—Dilo ya, Hanamichi —interrumpió Takamiya, distrayéndose de sus palillos por un momento.
—Déjalo hablar, gordo —masculló Okusu.
—Dinos, amigo —alentó Youhei, tan sereno como siempre.
Hanamichi los miró a cada uno, tratando de comprender si lo iban a dejar hablar de verdad.
—Bueno… Haruko está embarazada…
Un silencio inundó el ambiente de la mesa. Ninguno habló de inmediato.
Y el silencio seguía. Hanamichi los miraba alternadamente.
Y nadie hablaba todavía.
—¡DIGAN ALGO, MALAGRADECIDOS! —gritó, finalmente— ¡Estoy considerándolos y les comparto algo tan importante, y ninguno dice nada!
El pelirrojo estaba enojado: ninguno de sus amigos lo felicitaba porque se convertiría en padre. Estaba un poco decepcionado, más de Youhei, que siempre había sido como un hermano para él.
—Es… ¿Es en serio, Hanamichi? —el mismo Youhei fue el primero en intentar articular algo.
—Sí… —pronunció el aludido, ya con desgano y cruzado de brazos.
Los cuatro hombres se miraron unos a otros, comprendiendo la magnitud de la confesión de su amigo pelirrojo.
Un bebé…
Tal vez un niño… O una niña…
Un bebé al que podrían enseñar a pelear, a burlarse y a correr…
Un bebé… El primogénito de Hanamichi Sakuragi…
—¡FELICIDADES, HANAMICHI! —gritaron los tres, haciendo que Hanamichi se fuera hacia atrás sobre la silla. Incluso Takamiya había dejado de comer.
Hanamichi sonrió. Por primera vez, las serpentinas y cornetas no caían sobre él por un rechazo amoroso, una expulsión o un fracaso.
Y se sentía muy satisfecho.
x X x
Serían cerca de las tres de la tarde cuando Haruko Sakuragi escuchó que llamaban a la puerta de su casa.
Se cercioró de que la estufa estuviera apagada y salió de la cocina para dirigirse a la puerta principal.
Al asomarse por la mirilla, sonrió: hacía quince minutos que las esperaba.
—¡Hola! —saludó feliz, abrazando a las dos mujeres, contemporáneas suyas, e invitándolas a entrar en su hogar.
—Disculpa la tardanza, Haruko. Ya sabes que la Señorita Puntualidad nunca llega tarde —ironizó una de las dos mujeres. Era de cabello castaño y tenía los labios gruesos.
—Ya basta, Matsui —se quejó la mujer. Usaba el cabello corto y tenía la voz suave y queda. Luego se dirigió a Haruko—. Perdóname, Haruko. Youhei también salió y la niñera se retrasó.
Haruko sonrió: no estaba molesta. Además, ahora comprendía, con justa razón, la preocupación de su amiga Fujii por no dejar solo a su hijo Yasuki.
—Sólo hay pretextos contigo, Fujii —se quejó Matsui, mirando de reojo a la aludida.
—Pero Yasuki sólo tiene dos años —se justificó Fujii—. No puedes dejar a un niño de esa edad solo. Y Youhei está de acuerdo conmigo: llamamos a su madre y al final ella se quedó cuidando al niño.
Matsui bufó pero no dijo nada más.
Ambas mujeres miraron a Haruko, que las invitaba a sentarse en la sala de estar.
—Traeré té —sonrió la anfitriona. Se dirigió a la cocina y, dos minutos después, volvió con una charola que sostenía una tetera y tres tazas, más los contenedores de la crema y el azúcar.
Colocó todo sobre la mesita de centro y procedió a servir el té entre sus amigas de la preparatoria.
—Hubiéramos llegado antes, Haruko —volvió a empezar Fujii—. Yo no sé por qué Youhei hizo un compromiso precisamente hoy.
La mujer se cruzó de brazos y no se dio cuenta de que Matsui y Haruko la observaban. Matsui aún se preguntaba cómo había sido que su amiga, casi igual de distraído que Haruko, había terminado por formar un hogar con Youhei Mito, el mejor amigo del esposo de Haruko. Aún se sentía mal por ser la única de las tres que no se había casado todavía.
—¿Y entonces por qué nos llamaste, Haruko? —Fujii parecía haber cambiado el tema, finalizando sus quejas con respecto a las niñeras ineficientes actuales.
—Sí —Matsui pareció recordar de pronto su propia curiosidad—. Te escuchabas muy ansiosa por el teléfono ayer, Haruko.
La aludida sonrió, dejando su taza con parsimonia sobre la mesita de centro.
—Aproveché para invitarlas a venir hoy porque Hanamichi está en Kawasaki, reunido con unos amigos…
—¿En Kawasaki? —repitió Fujii— Ahí está Youhei.
—Está con Hanamichi y con el resto del ejército —sonrió la futura madre.
—¿Y por qué se les ocurrió hacer reuniones por separado el mismo día? —preguntó Matsui, intuyendo que se trataba de una noticia importante.
—Es que tenemos una noticia importante que comunicarles, pero debía ser por separado.
Ninguna de las dos invitadas supo a lo que Haruko se refería, pero su sonrisa y su mirada de felicidad les parecieron extrañas.
—¿De qué se trata, Haruko? —Matsui empezaba a impacientarse.
—Es que… —comenzó— Hanamichi y yo…
—Habla ya —pidió Matsui. No le gustaba andar con rodeos.
—Vamos a ser padres…
Lo soltó así, sin preámbulos ni contemplaciones. Ninguna de sus amigas lo esperaba.
—Estás… ¿Estás embarazada? —Fujii fue la primera en reaccionar.
—¿Estás segura? —continuó Matsui, recuperándose de la impresión.
Haruko asintió ante ambas preguntas. Su sonrisa continuaba imborrable.
—Tengo dos meses ya —se enorgulleció.
—Pero… ¿Te imaginas? —a Fujii se le iluminaron los ojos ante la idea de que su amiga sería madre.
—¿Qué tal si se parece a tu hermano, o a Sakuragi? —a Matsui le horrorizaba la idea de un hijo de Haruko con cara de gorila o de mono.
—Pues si se parece a Hanamichi, será un niño muy bonito —sonrió Haruko. Fujii la apoyó con ojos soñadores.
—Si tú lo dices…
Fue lo último que Matsui dijo, antes de que Fujii se adueñara de la palabra el resto de la tarde.
—¿Y cómo te sientes, Haruko? —fue su primera pregunta. Ella había disfrutado tanto de su embarazo, que el sólo saber que su mejor amiga experimentaría la sensación la entusiasmaba.
—Bien. Sólo he estado comiendo un poco más de la cuenta… —se ruborizó la futura madre.
—¿Y los mareos? ¿Las náuseas?
—Nada de eso.
—¿Vas con regularidad al médico?
—Sí.
—¿Sakuragi te cuida?
—Bastante.
La tarde se les fue en preguntas acerca del estado emocional de Haruko, el aumento de peso, los malestares de los siguientes meses, la hipersensibilidad y todo lo que conlleva un embarazo. Lo único que Fujii, por tranquilidad para su amiga, omitió, fue lo doloroso del parto, iniciando por las contracciones (que a ella le había durado cuatro horas antes de que su hijo naciera) y terminando por el llanto del bebé.
A eso de las seis de la tarde, Fujii se excusó, diciendo que extrañaba a su hijo y quería llegar antes que su esposo a casa, y Matsui resolvió dejar a Haruko sola, no fuera a ser que lo sentimental le saliera y empezara a hacer remembranzas de Shohoku, o peor: que Sakuragi llegara.
x X x
El reloj marcaba las siete treinta cuando Youhei Mito entró a su hogar. Su esposa lo esperaba en la habitación, jugando con su hijo Yasuki.
Nada más verlos, el moreno corrió hacia ellos, besó a su esposa en los labios y a su hijo en la frente. El niño sonrió, mostrando sus dientes del frente. Fujii le sonrió, mirándolo de forma extraña.
—¿Qué te pasa?
Youhei se sentó en la cama, muy cerca de su familia.
—¿Por qué no me dijiste nada, Youhei?
—¿Nada de qué?
—De que ibas a ver a Sakuragi.
Youhei no se percató de que su mujer no le sonreía.
—Pues… Pensé que lo había hecho, Fujii.
No mentía. Pero sabía que su emoción por ver a sus amigos reunidos era tanta que ni siquiera reparó en que no había dado mayores explicaciones de la reunión.
Fujii se levantó de la cama, llevando en brazos a Yasuki. El niño estiró los bracitos hacia su padre por un momento, pero su madre no lo acercó.
—Voy a acostar al bebé.
—Espera —la detuvo Youhei—: lo haré yo.
No esperó la aceptación de su esposa, y tomó al niño en brazos. Salió de la habitación con él.
Youhei y Fujii contrajeron matrimonio cuando ella tenía tres meses de embarazo. Y no era que se hubieran casado por la obligación, porque, de hecho, mucho antes habían planeado vivir juntos. El único contratiempo fue que los planes de tener hijos se les adelantaron, y la familia de ella no aceptó un hijo fuera del matrimonio.
Youhei no tuvo dudas al respecto nunca, y Fujii, a pesar de haber tenido que abandonar proyectos y oportunidades, no dudó ni un momento sobre el nacimiento de su primer hijo con el hombre que amaba.
Así, Yasuki fue un niño deseado desde el momento en que se supo de su existencia. Sus padres de hablaron durante el embarazo, lo amaron y lo esperaron con ilusión. Y, al nacer, resultó una alegría enorme por su tremendo parecido con Youhei. A pesar de eso, tenía los ojos de Fujii.
—Que descanses, hijo —Mito sonrió con ternura en tanto depositaba al bebé en su cunita. El niño lo contempló con los ojos bien abiertos y le sonrió.
El hombre observó a su primogénito por unos momentos y sintió un profundo orgullo al saberse precursor de ese pequeño ser.
Apagó la luz, salió de la habitación y emparejó la puerta tras de sí, para dirigirse a su propia pieza. Al entrar en ella, Fujii lo esperaba con la ropa de dormir puesta, sentada de su lado de la cama y hojeando una revista.
La mujer no le dirigió la mirada, y Mito se dirigió al armario para buscar su ropa de dormir. Cuando se hubo cambiado, se aproximó a su lado de la cama y destendió las sábanas y el edredón, acomodándose debajo de ellos.
—¿Estás molesta? —preguntó a su esposa, quien le daba la espalda.
Fujii viró y acomodó las sábanas, para meterse entre ellas.
—No —respondió.
—Perdona por no darte los detalles de hoy, Fujii —empezó Mito en tono conciliador—. Hanamichi nos pidió a los muchachos y a mí que nos reuniéramos, pero no quería que alguien más supiera.
Fujii por fin le dirigió una sonrisa.
—Él y Haruko serán padres —Youhei esbozó una sonrisa de felicidad sincera, y esperó la reacción de su mujer.
—Lo sé —confesó Fujii.
Mito parpadeó sin comprender.
—Haruko me llamó anoche —explicó—. Nos pidió a Matsui y a mí que fuéramos a visitarla. Y nos contó que tiene dos meses de embarazo.
—Hanamichi luce muy feliz —comentó Mito.
—Y Haruko se ve muy bien —completó Fujii.
Mientras charlaban, se acomodaron muy cerca. La mujer se recostó sobre el pecho de su esposo, y él la abrazó protectoramente.
La pareja se sentía feliz por sus amigos de la preparatoria. No eran las mismas circunstancias, cierto, pero un hijo era un hijo, y en cualquier etapa de la v ida el ser padres, según ellos, era motivo de felicidad.
x X x
Notas de la autora:
Hola!
Lo siento. Sé que he demorado un poco para actualizar, pero comprenderán que es cierre de semestre y he tenido exámenes y trabajos finales por entregar.
Creo que no hay mucho qué decir de éste capítulo. Aquí ya no hay tanto "todo va a cambiar", sólo es la notificación del embarazo a los amigos cercanos.
Paso a contestar reviews, puesto que ya es la una de la mañana y yo debo levantarme a las seis para irme a la escuela.
HIPOLITA: Me alegra que le des otra oportunidad al fic. Sigue leyendo, que esto se desaburrirá. Ya antes había pensado en unir a Rukawa y Ayako (¿has leído Una fiesta más? Es el primer fic yuri en español de Slam Dunk. Pensé darle continuación, y la única pareja que se me ocurrió fue esa); Ayako es la única persona que me ha parecido capaz de entablar algún tipo de relación sana con Rukawa, y me pareció un buen ambiente el de éste fic. Saludos y gracias por el review.
Elena: Te digo que Ayako es la única mujer que me parece capaz de tener una relación sana con Ayako… Igual a la primera lectura está difícil de asimilar, pero es algo así como la pareja de Ayako con Sendoh (Heridas abiertas, de Khira). Aquí se trata de experimentar, ¿no? Gracias por el review, y no dejes de leer.
