RECUERDOS DEL FUTURO

Por Haruko Sakuragi

CAPÍTULO 5

La mujer abrió los ojos y se desperezó con parsimonia. No recordaba qué día de la semana era, y no tenía intenciones de averiguarlo en ese momento. Rodó sobre la cama, con los ojos cerrados, buscando a su compañero de lecho, pero no lo halló. Abrió los ojos para ayudarse en la búsqueda, y la cama estaba vacía. Se incorporó, dejando que las sábanas resbalaran sobre su pecho y lo dejaran descubierto. Pero de inmediato las subió otra vez, cubriéndose.

—¿En dónde te metiste? —murmuró, recordando esa maña que el muchacho tenía por levantarse temprano y no permanecer mucho tiempo en la cama, desnudo y abrazándola por la espalda.

Se levantó de la cama y buscó algo para cubrir su desnudez y lo único que encontró fue una bata de baño dos tallas más grande. Se la puso y salió de la habitación, llamando al hombre con el que había dormido la noche anterior.

—Kaede… —recorrió el pequeño pasillo que lucía solitario, y llegó hasta la sala de estar.

Kaede Rukawa estaba acostado, aparentemente dormido, sobre el sofá más grande.

—Aquí estabas… —murmuró— ¿Por qué no quieres amanecer a mi lado? —se preguntó en voz muy baja, en tanto se acercaba al sofá. Se arrodilló y acercó su rostro al del hombre, que no se inmutó.

Poco a poco, el hombre abrió los ojos. Lo primero que vio esa mañana fue el rostro de su amante.

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"El número que usted marcó no está disponible o se encuentra fuera del área de servicio. Por favor, intente más tarde."

El hombre estuvo a punto de lanzar el aparato telefónico lejos de ahí. Pero lo descolgó nuevamente y marcó otro número.

Esperó a que diera el tono.

Sonó una vez…

Dos veces…

Tres veces…

Cuatro veces…

Cinco, seis y siete…

—"Hola. Si escuchas esta grabación significa que no estoy en casa. Deja el mensaje y me comunicaré en cuanto pueda."

—¿Otra vez? —era la quinta vez que la contestadora respondía. Escuchó el tono y decidió grabar el quinto mensaje de la semana… Cuando a penas era miércoles— ¿Ayako? Soy yo, Ryouta. Escucha… La fecha de la reunión anual se acerca… Se supone que la organizaremos tú y yo… ¿En dónde estás? No me avisaste que te ibas… Bueno, no importa. Sólo llámame en cuanto puedas, ¿si? Adiós.

Miyagi depositó el auricular en su lugar. Consultó el reloj de pared y decidió que era hora de marcharse.

Trabajaba en un laboratorio clínico desde que se tituló como Ingeniero Bioquímico, cuatro años atrás. No estaba casado. No tenía hijos. No tenía novia o alguna relación seria. Y tampoco tenía a Ayako. Vivía solo en el centro de Kanagawa. Y, de hecho, era de los pocos que aún vivían ahí. Frecuentaba a Mitsui, Kogure y Ayako, que a veces coincidían con él: Mitsui era director técnico del equipo de Shohoku, kogure era botánico investigador en la Universidad de Kanagawa y Ayako vivía en donde lo había hecho desde los diez años.

Era una tradición, desde la generación de Sakuragi y Rukawa, que los antiguos miembros del equipo de básquetbol de Shohoku se reunieran una vez al año. Y al final de cada reunión se rifaban los nombres de los dos organizadores del año siguiente. El año anterior lo habían hecho Mitsui y Kogure. Y en esa ocasión les correspondía a Ayako y Miyagi.

Ryouta caminó con desgano hasta el ascensor. Esperó con las manos en los bolsillos hasta que las puertas del artefacto se abrieron delante de él. Entró y marcó el botón de PB. Al llegar el vigilante esperaba bebiendo café. Miyagi casi siempre era el último en abandonar el edificio. El vigilante hizo una reverencia, que el hombre respondió con otra. Caminó hasta el estacionamiento y halló su vehículo con facilidad.

Inició el camino de regreso a casa. Pero, justo esa noche, no tuvo muchas ganas de llegar al departamento vacío que siempre lo aguardaba. Así que salió por una desviación de la carretera y tomó otra dirección.

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Hisashi Mitsui acababa de sacar una cerveza del refrigerador para acompañar un vaso de sopa instantánea.

—Una cena para un rey —murmuró sonriente. Se acomodó frente al televisor, con cerveza y sopa en manos, y encendió el noticiero de las nueve.

"Y en los deportes… Les informamos que Kaede Rukawa le ha otorgado otra victoria a su equipo, los Lakers, con un marcador 118-99. Hasta la mitad del segundo tiempo el puntaje fue muy reñido. Pero el jugador japonés determinó todo en los últimos quince minutos del partido…"

—¿Otra vez Rukawa? —refunfuñó Mitsui con la boca llena de fideos.

En ese momento, el timbre de la puerta se escuchó y Mitsui se apresuró a atender.

—Hola —saludó Ryouta, serio. Entró sin esperar invitación porque sabía que no la necesitaba.

—Qué tal, Ryouta —sonrió el ex-tirador de triples—. ¿Por qué la cara larga?

—No he logrado contactar a Ayako y faltan tres semanas para la reunión.

—Oh… ¿Este año la organizan los dos?

Miyagi asintió con gesto triste.

Ambos hombres se dirigieron a la cocina. Mitsui le pasó una cerveza a su invitado y le ofreció una ración de sopa instantánea. Miyagi no era afecto a la comida precongelada o deshidratada, y declinó la invitación a pesar de no haber ingerido bocado desde las tres de la tarde. Los dos pasaron a la sala de estar.

—¿Qué ves? —preguntó Miyagi para hacer plática.

—Las noticias —respondió el aludido con la boca llena de fideos y sin apartar la vista de la pantalla—. Rukawa es más famoso que nadie. Esta es la tercera vez que lo veo en la semana.

"Y nos han dicho que pronto tendremos noticias frescas de la estrella del básquetbol. En exclusiva, el editor del periódico 'Tsukime' nos informó que ha enviado a una de sus mejores reporteras del deporte a Estados Unidos para hacerle una entrevista muy completa a Kaede Rukawa. La reportera estudió con él en la preparatoria y su nombre es Ayako…"

Miyagi se quedó estático y Mitsui mantuvo la boca abierta: ¿Ayako en Estados Unidos?

—¿Desde cuándo Ayako tiene una buena relación con Rukawa? —preguntó Mitsui.

—¿Desde cuándo mi Ayako pasa varios días en Estados Unidos con ese novato? —Miyagi estaba al borde del llanto. ¿Así que por eso la antigua entrenadora no respondía las llamadas ni tenía el celular disponible?

Ryouta se sintió inconsolable. Nadie le había dicho nada y él no lo sabía, pero tenía miedo de que Ayako no deseara volver después de esa entrevista…

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Kiminobu Kogure estaba sumamente concentrado frente a una enorme inflorescencia con forma de cono invertido, un espádice de metro y medio de alto y que desprendía un olor muy desagaradable, anotando observaciones en una bitácora y murmurando cosas que nadie que lo escuchara entendería. Tan concentrado, que ni siquiera se percató de que el laboratorio ya estaba ocupado.

Cuando por fin sintió la presencia de los estudiantes, se ruborizó de súbito pero mantuvo la compostura y habló con firmeza:

—Buenos días —comenzó con una sonrisa de disculpa.

Eran las ocho de la mañana del viernes. Llegaba el grupo de segundo año de biología botánica, su grupo favorito. Y no por las estudiantes o por los afectos, sino porque era el grupo que ponía mayor interés en la asignatura, el más dedicado y el más dispuesto a trabajar.

—Lamento esto, chicos, pero los mecanismos de polinización de Amorphophallus titanum son impresionantes. Aún más en cautiverio.

De los quince estudiantes que lo observaban, siete cayeron al suelo de espaldas, y al resto les resbalaron gotas de sudor por la frente.

Kogure continuó:

—Ahora díganme… —inició mientras abandonaba la bitácora junto a la planta y se dirigía a la pizarra— ¿En qué nos quedamos la sesión anterior?

Una chica de baja estatura, cabello negro y ojos azules levantó la mano:

—Nos habló de los tejidos de nutrición vegetal, sensei.

Kogure se rascó la barbilla y entornó los ojos. Luego sonrió:

—Gracias, Hiromi.

Kiminobu dirigió la vista a la pizarra y pensó dos segundos. Luego comenzó a dibujar esquemas referentes al tema. Pensó que Hiromi, la muchacha que le había recordado el tema de la última sesión, era una de las estudiantes más brillantes que cursaban esa asignatura en el semestre.

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A las ocho de la noche en punto, la campanilla de la puerta se escuchó y a la cafetería entró un hombre alto y de cabello castaño que usaba gafas de armazón circular. Recorrió el lugar con la mirada hasta que encontró a la persona que buscaba y se dirigió a la mesa desde la que él le hacía una seña con la mano.

—Buenas noches —sonrió el hombre de cabello negro que daba muestras de haberse impacientado un poco en la espera—. Ya estaba pensando marcharme.

—Lo siento —se disculpó Kogure—. Me quedé un poco más en la investigación y perdí la noción del tiempo.

—Sí. Ya sé cómo te pierdes cuando observas tus plantas.

—Es que tú no sabes lo fascinantes que son, Hisashi —se excusó Kiminobu. Mitsui lo miraba embelesado y orgulloso de la dedicación que ponía en lo que hacía.

Una mesera se acercó a los hombres, interrumpiendo su conversación.

—¿Gustan ordenar? —preguntó con coquetería, mirando con especial interés a Mitsui.

—Yo quiero un café —pidió Kogure, algo incómodo por la situación.

—¿Estás seguro? Sospecho que aún no has comido —inquirió Hisashi, sin prestar atención a la mujer.

—La verdad es que no lo he hecho… —admitió avergonzado al sentirse descubierto.

Mitsui sonrió por la reacción de su acompañante.

—Queremos dos emparedados de queso y dos Coca Colas.

—Sí, señor.

La mujer se fue, contoneándose más de lo que lo había hecho al llegar a la mesa.

Un silencio incómodo se instaló entre los dos. Y Mitsui no dejaba de contemplar a Kogure. El castaño se sintió observado y rompió el silencio.

—¿Por qué no has cambiado, Hisashi?

—¿A qué te refieres? —Mitsui se fingió ofendido.

Kiminobu mostró una bella sonrisa y continuó.

—Sigues siendo el mismo casanovas que eras en preparatoria.

—Yo no soy un casanovas —se cruzó de brazos, molesto—. Además…

—Aquí está lo que pidieron, señor —la mesera sonó sugerente y se arrimó un poco más a Mitsui cuando dejó los platos sobre la mesa. El moreno notó la duda en la mirada de Kogure.

—Gracias —respondió sin mirar a la mujer, y luego volvió a dirigirse a Kogure—. Te decía que lo que siento por ti, lejos de cambiar, se ha fortalecido, Kimi.

Kogure sintió un violento sonrojo en el rostro. Los dos hombres notaron la turbación de la mesera, que se excusó y se retiró del lugar.

Hisashi sonrió satisfecho por su acción, y Kogure posó la vista en el plato.

—¿Qué te pasa, Kimi? —preguntó el moreno al notar la mirada decepcionada de su acompañante.

Kiminobu no respondió. Pero Mitsui adivinó su pensamiento.

—Kimi… —le llamó, obligándolo a mirarlo. Acercó su mano hasta rozar la de Kogure y continuó mirándolo a los ojos— Es cierto. Te quiero más que en la preparatoria.

Kogure sonrió ruborizándose.

—Anoche Ryouta me visitó —comentó el moreno, notando la situación de su compañero.

—¿De verdad?

—Sí. Pero se siente decepcionado.

—¿Por qué?

—Ayako está en Estados Unidos.

Kogure sonrió.

—Ryouta lleva muchos años enamorado de Ayako. Ya debe estar acostumbrado a sus desaires.

—En las noticias dijeron que Rukawa está acompañado de una reportera que estudió la preparatoria con él…

Kogure dejó su emparedado en el plato y miró a los ojos a Hisashi, comprendiendo la gravedad de la situación. Él conocía la relación que Ayako había llevado con Rukawa en preparatoria, y sabía que todo aquello había quedado inconcluso cuando el muchacho se fue a América. No comprendía cómo Ayako se las había ingeniado para mantener el contacto con Kaede y mantener en secreto esa relación. Miyagi nunca se había enterado, aunque sí lo sospechaba.

—¿En qué piensas? Te quedaste muy callado —escuchó que Mitsui le preguntaba.

—No. No es nada —mintió—. ¿Qué más te dijo Ryouta?

Hisashi continuó hablando hasta que la cena terminó. Pero Kogure pensó que debió haber tenido una charla muy seria con Ayako antes de que ella partiera a Estados Unidos.

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Una chica de largo cabello negro y ojos azules abrió la puerta de un departamento que la esperaba a oscuras y en silencio. Se trataba de Hiromi Watanabe.

Tadaima… —susurró con tristeza. Vivía sola desde hacía dos años, pero no le gustaba.

Encendió las luces y dejó libros y carpetas sobre un sofá. El departamento era pequeño pero acogedor, lo suficiente para ella. En la sala de estar tenía un televisor. Buscó el control remoto y lo encendió.

"Ya deben estar hartos, seguro. Pero Kaede Rukawa sigue siendo la noticia del momento."

La chica fijó su atención en las imágenes que aparecían en la televisión, mostrando a Kaede Rukawa en jugadas, en entrevistas, en partidos, en anuncios… En muchísimas facetas que muchos no le conocían.

"Como dijimos esta tarde, Kaede Rukawa se ha visto acompañado en un par de lugares público de una mujer japonesa. Su agente ha dicho que se trata de una reportera cercana a él que se dedicará, hasta el martes, a elaborar un artículo muy completo sobre la estrella, que incluirá datos de su vida antes de la fama, la escuela y hasta las intimidades, para las admiradoras interesadas…"

El presentador continuó hablando. Hiromi contempló la noticia completa.

—Hermano…

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Notas de la autora:

¡¡Holitas! Aquí estoy de nuevo, con una actualización de este fic.

Ya sé que no hay mucho sobre Hanamichi y Kaede en este capítulo, pero igual me gustan mucho los otros personajes, y su intervención aquí será importante para el desarrollo de la historia.

¿Qué les parece Kogure hablando de plantas con tanta pasión? Debo admitir que no pude contenerme y tuve que meter aquí mi gusto por la botánica, que me pareció perfecto para el cuatro ojos, a quien siempre he imaginado como un ñoño que algún día hará a un lado el básquetbol para dedicarse a la escuela por completo. Y, por supuesto, es gay y tiene una relación con Mitsui.

¿Y qué tal Miyagi de Ingeniero Bioquímico? En México esa carrera no existe como tal; en realidad primero debe uno estudiar Ingeniería Química y luego hacer una especialidad en Bioquímica, pero me ha parecido justo acortar el tiempo de la escuela para que Ryouta sea independiente más rápido.

Amorphophallus titanum es una planta de la familia de las aráceas (pariente del alcatraz, el anturio, la cuna de Moisés y el teléfono) que mide dos metros de altura y despide un olor como a podrido. Es polinizada por moscas y hormigas, que son atraídas por el hedor.

Ahora, a contestar el único review de éste capítulo:

Elena: Igual puede parecer rara una relación entre Ayako y Rukawa, pero se me hizo interesante experimentar. Por lo demás, en esta historia tiene importancia. Pero no te preocupes, que terminará. No sé en carne propia que se siente transmitir un acontecimiento como el estar embarazada, pero mi mejor amigo heterosexual ahora se siente orgulloso de su hijo de un año. Sigue leyendo, y gracias por el review.