RECUERDOS DEL FUTURO

Por Haruko Sakuragi

CAPÍTULO 8

—¡Bienvenida! —saltaba la castaña, emocionada por el regreso de su amiga.

—Vaya… No me habían celebrado tanto desde hacía años.

—Es que está un poco sensible —murmuró el pelirrojo al oído de la mujer de rizos.

—Ya lo veo… —respondió Ayako, en tanto una gota de sudor le resbalaba por la frente.

—Me da mucho gusta que hayas regresado, Ayako —lloró Haruko, abrazándose a su amiga—. No tienes idea de cuánto te extrañamos.

—Yo también los eché de menos, Haruko —la antigua entrenadora respiraba con dificultad ante el fuerte abrazo de la futura madre.

—¿Cómo te fue? ¡Cuéntanos! —y Haruko se empeñaba en no soltarle el cuello.

—Cariño, por favor: deja respirar a Ayako —pidió Hanamichi, tomándola de los hombros con suavidad y logrando así que soltara a la mujer.

—Es que estoy muy sensible —se disculpó Haruko, sonrojándose.

—No te preocupes, Haruko —sonrió Ayako, y luego continuó—. El artículo sale pasado mañana. Al editor le gustó mucho. Dijo que capté justamente lo que quería dar a conocer: el lado humano de Kaede Rukawa.

Ayako hablaba sumamente orgullosa de su trabajo. Ese viaje no había sido precisamente lo que ella había imaginado antes de marcharse. Pero, al final, su artículo le había dejado satisfecha. Y, por lo visto, al editor también.

—¿Le dijiste que Hanamichi y yo seremos padres? —saltó Haruko, con la sonrisa enorme y los ojos brillantes.

El pelirrojo dio un respingo: no había pensado en que probablemente Ayako le había comentado algo al respecto al moreno.

Nadie notó la reacción del pelirrojo.

—Pues… En realidad Rukawa y yo no hablamos mucho.

—¿O sea que no se vieron más que para lo indispensable? —preguntó Haruko, curiosa.

—La verdad es que él no me permitió quedarme en el hotel que me habían reservado —sonrió Ayako algo ruborizada—. Y toda la semana la pasé en su departamento.

—Entonces sí debes haber hablado con él. ¿Le dijiste?

Haruko no se dio cuenta de que Haruko rememoró todos esos momentos que pasó en compañía de Rukawa, que no fueron precisamente conversaciones.

—Pues en realidad sólo le mencioné que seguíamos viéndonos, pero él pareció interesado y me preguntó si seguían juntos.

—Será por la amistad que tú y él hicieron después del primer Campeonato Nacional —Haruko se dirigió a Hanamichi, pensativa—, ¿no, cariño?

—De seguro sí —dijo el pelirrojo, pero procuró poner atención en lo que Ayako continuaba contando.

—Y, honestamente, me sorprendió tanto que él se interesara en ustedes, que le conté con detalles la boda, y todo lo que lo habíamos extrañado aquí. Ni siquiera le mencioné lo del bebé.

—Qué lástima —suspiró Haruko—. Yo quería que lo supiera para que viniera a visitarnos en la reunión de este año.

—¿Reunión? —repitió Ayako.

—Sí. ¿No lo recuerdas, Ayako? Este año les corresponde a ti y a Miyagi organizarla, ¿verdad, cariño?

Hanamichi no le respondió de inmediato. Su pensamiento se quedó en el momento en que Rukawa se había interesado en la boda.

—¿Hanamichi?

—Lo siento… Estaba distraído.

—Se nota, Hanamichi —aseveró Ayako.

—Le decía a Ayako que recién hablaste con Miyagi, y él sí recuerda que deben organizar la reunión de este año.

—Es cierto. Ayer Ryouta dijo que había estado tratando de hablar contigo, pero no estabas en casa ni contestabas el celular.

—Es que… Ni siquiera le avisé que me iba a América.

—Y eso lo entristeció mucho —aseguró Hanamichi—. En las noticias comentaron que a Rukawa lo acompañaba una reportera, y fue así como Ryouta se enteró de que no estabas en el país.

—Oh…

—Ayer le dije que ya habías vuelto.

—Entonces mi contestadora estará saturada de mensajes suyos —sonrió Ayako, pero en el fondo ella misma sabía que, al llegar a casa esa noche, en su contestadora no habrían mensajes de su eterno enamorado.

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Ryouta Miyagi llevaba como cuarenta minutos dentro de su auto aparcado en el estacionamiento de la Universidad en donde Kogure era profesor. Había terminado el trabajo muy temprano y decidió salir antes, para esperar a su amigo antes de que Mitsui pasara a recogerlo…

¿A quién quería engañar? La verdad era que quería abordar a Hiromi antes de que Kogure y Mitsui le propusieran llevarla a casa.

Consultó su reloj de pulso y vio que ya eran casi las ocho de la noche. Hiromi debería estar por salir. Y él, caballerosamente, la alcanzaría y le pediría que le permitiera escoltarla hasta su casa. Ella aceptaría, y ya en casa le preguntaría si deseaba pasar a conocer a su familia. Por supuesto, él aceptaría, y los padres de ella, cuando él se retirara, le dirían que era un excelente partido para el matrimonio, y la alentarían para que lo aceptara.

A Miyagi se le había dibujado una sonrisita idiota en los labios. Cuando despertó de sus fantasías, encendió el motor e inició la marcha hacia la salida de la facultad en donde Kogure y Hiromi laboraban. Pero fue tarde: cuando él aproximaba el auto, Kogure le abría la puerta trasera a Hiromi para que entrara al auto.

Ni Kogure ni Hiromi notaron a un Ryouta Miyagi con la mirada de decepción. Pero, por el retrovisor, Mitsui sí lo hizo.

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Al entrar a su departamento, encendió las luces y lanzó las llaves sobre una mesita que había colocado a la derecha de la puerta.

Arrastró los pies hasta la sala de estar y encendió la televisión sin la intención de ver algo en particular. Se tiró en el sofá y cerró los ojos. Cuando estaba quedándose dormido, el sonido del teléfono lo despertó. Sin embargo, no se movió de su posición. ¿Quién lo llamaba? Tal vez era número equivocado.

Hola, Ryouta. Soy Ayako.

Miyagi se sobresaltó. ¿Ayako llamándolo? En la pausa que la voz hizo, él trató de correr hasta el teléfono. Pero Ayako, creyendo que no habría llegado a casa, continuó:

Bien… He regresado de Estados Unidos, y pensé que debíamos vernos. Tú sabes: la reunión debe hacerse dentro de dos semanas, y no hemos reservado lugar ni preparado lo demás. Por favor, llámame en…

—¡Ayako! —gritó Ryouta en cuanto alcanzó el teléfono.

Hola Ryouta. Creí que aún no llegabas a casa.

—Pues… Vengo entrando recién. Escuché que estabas dejando un mensaje.

Sí. Tú sabes, lo de la reunión.

—¿En serio? No lo recordaba —mintió el hombre. Pero él mismo sabía que Ayako no le creía.

Claro… ¿Qué te parece si paso por ti al trabajo mañana? Podemos ir a cenar y ahí empezar a planearlo.

—¿Ir a cenar?

Claro. Yo invito.

Miyagi guardó silencio unos segundos.

Vamos, Ryouta. No me digas que tienes una cita —rió ella—. Si le explicas a la chica, seguro que hasta puede acompañarnos.

Miyagi se sintió ofendido ante la burla de la mujer que por tantos años había idolatrado.

—Mejor yo te llamo mañana, Ayako. Tengo cosas que hacer en la oficina.

¿Qué?

—Escucha, debo levantarme temprano. Nos vemos después.

Acto seguido, sin esperar a que la mujer se despidiera, Miyagi cortó la comunicación.

Contempló el aparato telefónico unos segundos y suspiró. No pensaba que incluso Ayako se burlara de él de ese modo.

Tomó una determinación: buscó su chaqueta, guardó las llaves del auto en la bolsa del pantalón y salió del departamento.

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Una sensación de tristeza le invadió el pecho cuando depositó el auricular en su lugar. No había sido su atención sonar como sonó, pero algo era cierto: había ofendido al único hombre que le había profesado un amor sincero y paciente desde que se conocieran, varios años atrás.

Al ver de nuevo a Rukawa y pasar varios días con él, se había dado cuenta de que el hombre no había cambiado. Pero más sorpresa sintió cuando se percató de que ella misma seguía siendo aquella chiquilla esperanzada que en Shohoku había deseado en secreto que Rukawa algún día le pidiera vivir juntos o al menos salir en público.

Al abordar el avión en América, había decidido no volver a acostarse con Rukawa, y tratar de arreglar las cosas con Miyagi. No lo amaba, pero creía que él podía ofrecerle la seguridad y estabilidad que con nadie podía sentir.

Sin embargo, en ese momento, sentía que ella misma había roto algo entre los dos.

Suspiró con tristeza y se dirigió a la ducha. Después dormiría hasta el día siguiente.

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Si no mal recordaba, la casa de Hiromi estaba ubicada en el barrio que empezaba en la siguiente vuelta a la derecha.

Siguió el camino que creyó sería el correcto, y se detuvo en un semáforo en rojo. Repensó la dirección: hasta ese momento todo bien. Cuando la luz cambió a verde, siguió derecho. Pero se confundió, puesto que todos los edificios eran iguales. Eran construcciones de tres pisos con ventanas pequeñas. Parecían hechos para que viviera una sola persona.

Rogó al cielo por obtener una señal que le indicara en dónde detenerse.

Y no pasaron ni dos minutos de que su petición fuera hecha, cuando una respuesta llegó al frente de su auto: de uno de los edificios, Hiromi salía con dos bolsas negras y luego las depositaba en la basura.

—¡Hiromi! —exclamó sonriendo.

Dirigió el auto a donde la chica depositaba las bolsas de basura, lo detuvo y bajó de él.

—¡Hiromi! —gritó desde el otro lado de la acera.

La chica pareció escuchar que la llamaban, y buscó con la mirada al dueño de aquella voz que se le hizo familiar.

—¡Hola, Hiromi! —saludó Miyagi ya casi llegando hasta ella.

Hiromi lo reconoció y le dedicó una sonrisa cálida y amable.

—Buenas noches, señor Miyagi —Hiromi saludó con una reverencia.

El hombre no contestó: se ruborizó al escucharla llamarlo "señor".

—Buenas noches, Hiromi —respondió un poco menos efusivo.

Se quedaron en silencio, hasta que Hiromi preguntó:

—¿Qué hace aquí?

Ryouta, en todo el camino hasta ahí, no pensó en un pretexto que justificara su visita.

—Pues yo…

No respondió de inmediato, y Hiromi lo veía con sus bellos ojos azules.

—La verdad es que… —pensó que su mejor arma siempre había sido la sinceridad, y decidió volver a utilizarla— Tenía deseos de verte.

Hiromi se ruborizó de súbito. Y permaneció en silencio, ahora ella sin saber qué decir.

—¿Quieres ir a caminar? —preguntó Miyagi, rompiendo el silencio y con una enorme sonrisa.

—Sí —respondió Hiromi, con la cabeza baja y sus mejillas color carmín.

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Notas de la autora:

Por supuesto, Hanamichi y Kaede aún no interactúan, pero ¿qué tal las relaciones entre todos los demás? Me gusta cómo vamos avanzando, y espero que a ustedes también.

Saludos.

A contestar reviews:

Shadir: ¿Qué te parece? Ryouta sí se está acercando a Hiromi. Ojalá le vaya bien. Ya noté el error que me marcaste. Saludos.

Mai Maxwell: Gracias por tus comentarios. Ojalá te guste éste capítulo. Abrazos.

Kitsunita: Todo bien, aunque estoy muy enferma. Ojalá te guste el capítulo, y yo también voto más por Hana y Kaede juntos. Te adelanto que aquí no es así. Besos.

Sakura: Ojalá te guste el capi. Sigue leyendo y dejando reviews.