Alma Sentenciada
Segunda parte.
O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O
Los días que siguieron a la visita de Genzai no fueron más fáciles por tener la información sobre Kaoru, como esperábamos. A decir verdad, todo se vino cuesta arriba. Su estado anímico empeoró y si antes simplemente estaba callada, ahora estaba mucho más sensible y descuidada de su persona. Prácticamente no se peinaba ni se ponía ropa. Andaba todo el día en yukata deambulando por la casa y por eso un día, después de discutirlo con el niño, decidimos bañarla.
A Yahiko le daba demasiada pena verla desnuda, pero teníamos que hacerlo. Por eso él se ofreció a acarrear el agua y a encender el fuego para el cuarto de baño y me dejó a mí con la difícil misión.
-Quizá debamos aletargarla para que no te golpee.- me dijo él. Era una buena idea, pero negué con la cabeza.
-Hasta ahora hemos podido cuidar de ella sin necesitar de los calmantes.- acoté, con cierta esperanza de que eso significara que podíamos mejorarla sin ayuda de medicamentos.- No es necesario usarlos en este momento. Y espero no tener que hacerlo.
-Pero el doctor dijo que debíamos dárselos.-
-Aunque lo haya dicho Genzai, creo que si estamos cuidándola todo el tiempo como hasta ahora, no será necesario hacerlo. Kaoru es fuerte y puede superar esto con ayuda de nosotros.
La llevé al cuarto de baño y allí comencé a desnudarla. No fue tarea fácil, más por mis nervios que por alguna reacción de ella. Me sentía mal por lo que estaba haciendo, pero a la vez sabía que era algo bueno por Kaoru. En un momento ella reaccionó, justo cuando la estaba metiendo a la tina.
-Puedo hacerlo sola.- me dijo avergonzada, al percatarse del extremo al que estábamos llegando con ella.
-Lo siento, señorita Kaoru… pero es necesario que se bañe. Dice el médico que eso es bueno para la salud y que el agua caliente relaja.
Sentada en la tina, con las piernas juntas y los brazos cubriendo sus pechos, asintió.
-Está bien. Pero déjame sola. Te avisaré cuando esté lista.
Obedecí, aún sintiendo mis mejillas como si quemaran por lo que me había atrevido a hacer. Me quedé fuera del cuarto de baño, cerrando los ojos y notando el silencio del lugar, buscando calma. Percibí el sonido de los leños al quemarse, al romperse… al ser acomodados por Yahiko. Y fue asi que noté también que algo estaba mal.
Porque no escuchaba el sonido del agua al agitarse, propio de alguien que se está aseando.
-¡Maldición…!-
Corrí la puerta y una Kaoru sumergida en el agua me hizo proferir maldición tras maldición contra mi persona. ¿Cómo pude ser tan descuidado? La saqué del agua de inmediato y la extendí sobre el piso helado. Yahiko apareció a mi lado y al notar la desnudez de la joven, cubrió su cuerpo con alguna toalla mientras yo le daba respiración boca a boca.
-No te vayas, no te vayas.- dije entre respiro y respiro, olvidándome de los honoríficos y todo eso. –No puede ser… la dejé sola dos minutos y hace esto.-
-El doctor dijo que esto podía pasar.- me recriminó Yahiko.- Te dije que la sedáramos pero no quisiste. Para Kaoru ya no queda otro camino. Tuve que haberte acompañado en el baño…-
Separé mi boca de la de Kaoru en el momento en que ella vomitó agua. Le puse la cabeza de lado y ella siguió tosiendo, y respirando.
Respirando…
Yahiko se abalanzó sobre ella, desesperado.
-¡No lo vuelvas a hacer, tonta!- le gritó.- ¡Porque si tú te mueres, yo lo haré contigo!.-
Con Yahiko acabamos de bañarla entre los dos, soportando su silencio. La vestimos y la llevamos a su cuarto. No nos miraba. Parecía que estaba enfadada con nosotros y era comprensible. En ese momento pensé que era porque la habíamos visto desnuda y tocado, sin su consentimiento. En verdad me equivocaba…
Mucho rato después, llegó la hora de cenar.
-Ustedes no entienden que necesito descansar.- dijo ella de repente.-Que quiero descansar.
-Pudo haber muerto… - le dije un tanto brusco. Es que no podía entender lo que pasaba por su cabeza y estaba enfadado con ella por tratar de hacer una cosa tal.
-Sólo quería no pensar.-
Soltamos los palillos con Yahiko. No podíamos creer lo que estábamos escuchando.
-No tienen una idea de lo que es aguantar este infierno, aquí dentro. Y aún cuando duermo, me persigue, no se detiene… si tienen algo que lo acalle, por favor, dénmelo… -
Yahiko fue por los sedantes y las medidas que anotó el doctor en un papel, para administrarle las dosis. Pero lo detuve cuando llegó de vuelta con nosotros.
-No, Yahiko… Genzai dijo que ella vivirá posiblemente con esto y por eso debe aprender a controlarlo. – Luego me dirigí a Kaoru.- Kaoru. Yo sé que usted es fuerte. Tiene entrenamiento como kendoka y por lo mismo está familiarizada con la autodisciplina. Debe dominar su mente para superar esto que le pasa.
Kaoru me miró y luego al niño.
-Yahiko, por favor… dame la medicina. La necesito.
Una vez más me interpuse entre ellos.
-¿Acaso no somos suficiente para retenerla aquí?... ¿Acaso no nos quiere lo suficiente como para luchar contra eso que tiene? Pensé que usted era más fuerte.
Kaoru se largó a llorar.
-¡Tú no me entiendes, Kenshin! Ya no quiero pensar, ya no quiero sentir estas cosas… y sí, soy una cobarde, una débil, porque estoy cansada de luchar y porque necesito algo que me haga descansar. ¡¡Lo estaba logrando y tú me sacaste del agua!!… -
Me levanté enojado, sabiendo que luego ella tomaría la medicina. Estaba desilusionado al notar que yo no era suficiente para evitarle eso que sentía, para rescatarla de sus pesadillas diurnas, al notar que yo no podía hacer nada más. Pienso que quizá por eso descargué esa frustración en ella y le impedía tomar sus medicinas. Tenía la esperanza de ser capaz de salvarla como ella había hecho conmigo pero mis intenciones no eran suficientes.
O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O
Sus gritos me despertaron, a lo que siguieron sus sollozos. Yo dormía en su mismo cuarto, para vigilarla.
No necesité encender la luz para encontrar su cuerpo tibio porque de inmediato acudió a mis brazos.
-Ya está bien. Está bien. Ya terminó.- le susurré, con el fin de calmarla. Estaba aterrorizada y se ovillaba contra mí. Yahiko llegó a los segundos.
-Kenshin… - me buscó, preocupado.
-Estoy aquí, al lado de ella. No te preocupes, vete a dormir.
Lo sentí quedarse quieto unos momentos, como si estuviera evaluando la situación. Después sentí sus pasos avanzar por el pasillo hacia su dormitorio.
Ella no había vuelto a tomar los calmantes aunque Yahiko se los ofrecía. Intentaba mantenerse distraída y aceptaba nuestra ayuda. La sacábamos a pasear, le conseguíamos libros y Tae junto a Tsubame la visitaban constantemente. Habíamos recibido hacía poco una carta de Megumi en la que contenta, nos comentaba que acababa de encontrar a uno de sus hermanos y por eso, con Yahiko decidimos no contarle lo de Kaoru, porque sabíamos que vendría a ayudar y no era justo que se separara de su familia recién encontrada.
Con respecto a sus baños, eran en presencia mía. No la dejaría sola nunca más. Y las pesadillas, eran una constante casi diaria.
-¿Se siente mejor, señorita Kaoru?- pregunté al cabo de un rato, cuando noté que sus sollozos habían terminado.
-Si. Un poco. Era una pesadilla espantosa. – murmuró.
-Entonces volverá a su camita.- dije, tratando de sonar animado.
-¿No podemos quedarnos así un rato más?- me preguntó un tanto infantil.
-Claro. Si usted quiere.-
Siguió un largo momento de silencio. Al rato me preguntó:
-¿Y tú quieres estar así?
Me tomó por sorpresa.
-Si está bien para usted, para este hombre también lo será.- respondí. La escuché suspirar; me soltó y regresó a su futón. Quedé un poco shockeado con esto, sabiendo que algo andaba mal.
-Vete.- me dijo.
-Sabe que no puedo dejarla sola.-
-Ya lo has hecho. Vete. Ándate.-
Yo no entendía nada de lo que decía. Me acerqué a la lámpara para encenderla.
-No la enciendas, Kenshin. Sólo vete. Déjame sola.-
-Pero dígame de qué esta hablando al menos… -
-No lo entenderías…-
-Si me lo dice lo entenderé.- le supliqué, levantando un poco la voz. La verdad es que estaba un poco asustado.
-No quiero que me cuides por compasión o por agradecimiento. Eso es todo.
Me quedé en silencio, sin saber qué decir. Por eso ella prosiguió.
-Hace tiempo sentí que me besabas. Y por eso yo creí… que sentías realmente algo por mí. Ya no cariño, sino amor. Por eso yo… esperé algún gesto tuyo que me lo demostrara.
-Señorita Kaoru, claro que siento algo por usted. La estoy cuidando.-
-Al igual que Yahiko, que Tsubame, que Genzai… no es nada nuevo lo que me dices, porque viniendo de ti, esperaba algo más, porque yo te quiero. Pero has sido muy frío conmigo. No quiero que seas mi doctor. Quiero que seas algo más, mi compañero, pero no porque te sientas responsable de mí sino porque te nace hacerlo. -
-No me compare con ellos.- exploté, un poco hastiado de que todos pensaran que estaba en esa casa por agradecimiento.- Porque yo si la quiero mucho, pero no por los argumentos que usted me da.- Buscándola a tientas, avanzando en cuatro patas, di con uno de sus brazos que con cuidado tiré hacia mí. Ella se sentó en el futón y nuevamente pude abrazarla. –No sabe lo difícil que es mantener la compostura cuando se encuentra mal. Y por lo mismo, si he sido frío con usted, es porque no he querido aprovecharme de su estado, señorita Kaoru.
-¿De verdad me quieres?
-Mucho.
-¿Me amas, Kenshin?
No respondí.
-Yo te amo.- dijo ella minutos después.- Y por eso he hecho algo estúpido, Kenshin.
Noté su voz decaída y quise decirle lo que quería escuchar, pero lo cierto es que no salía de mi boca.
-No me he tomado mis medicinas, por ti. Para que sientas que te quiero lo suficiente como para luchar contra esto así, sin medicamentos. Para que veas que por ti puedo ser valiente como querías… pero ya no puedo más. Tengo mucho sueño todo el día, pero no quiero dormir porque tengo miedo de soñar de nuevo… y durante el día me cuesta mucho pensar en algo positivo. Me duele el estómago, paso tanta angustia que lo que cocinas para mí me cae mal.
Yo estaba atónito… no podía creerlo.
-Kaoru, debe ser fuerte, dominarse, no llorar, pero hágalo por usted, no por este hombre.- le insistí.
-No vuelvas a pedirme eso, porque tú no entiendes lo que me pasa… es mi alma la que está enferma. ¿Pedirías a alguien que está enfermo de la garganta que se pusiera a cantar? No podría hacerlo. ¿Pedirías a un cojo que corriera? Tampoco lo haría, porque su pierna está enferma. En mi caso es mi alma la que lo está, atormentada con estas pesadillas que no acaban y así y todo he hecho el esfuerzo, por ti, que eres lo que más quiero. Pero ya no doy más, Kenshin. No me sigas pidiendo que sea valiente o que sea fuerte, porque por más que lo intento, más me angustio al saber que no puedo más.- terminó, llorando de un modo que remeció mi corazón.
Finalmente la entendí. Genzai lo había dicho, y yo lo sabía, pero me negaba a aceptar que un alma pudiera romperse.
Había sido tan injusto con ella, exigiéndole. Y ella una vez más, sin pedir nada a cambio, había tratado de ofrecerme su valentía y su lucha silenciosa contra sus demonios internos, para tenerme satisfecho. Nunca en mi vida me había sentido más amado. Nunca en mi vida me había sentido tan egoísta como en aquél momento.
Porque pensando en preservar a la Kaoru que yo conocía, a la que quería, le había exigido tanto, hasta el límite de sus fuerzas sin notar que ella no intentaba cambiarme. Y descubriendo así mismo que esta nueva Kaoru era la misma del abrazo aquel día bajo el árbol, después de la visita de Genzai, la misma que me siguió a Kyoto, la que fue cautiva de Enishi. Ella siempre fue valiente y aún ahora, cuando no podía, lo era.
Me levanté y la dejé sola por unos momentos. Al rato regresé con agua, para darle algo que le permitiera descansar como tanto quería. El sueño la alcanzó estando aún entre mis brazos y por eso, acostado junto a ella, me negué a soltarla durante toda la noche.
Y la que siguió… y la que siguió.
O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O
Aletargada, sentada en el dojo, miraba a Yahiko practicar junto a dos niños más que habían asistido a clases. Apenas se movía, pero a juzgar por la sonrisa que tenía en el rostro, a pesar de su cansancio, yo sabía que la medicina estaba surtiendo efecto, alejando esas pesadillas que decía tener porque al parecer detenía eso que atormentaba su alma, y aunque ella misma se movía muy poco y su energía estuviera baja, yo sabía que por dentro se sentía bien. Más tranquila.
Suspiró al terminar las clases y se levantó con pesadez. Le indicó a Yahiko un par de tareas más por hacer y salió al patio, donde se encontró conmigo, que lavaba ropa.
-Gracias.- me dijo.
Sabía a lo que se refería. Ella consideraba que la había liberado. Que finalmente la había dejado ser ella misma, con sus virtudes y demonios.
Sus ojos aún tristes me miraron de cerca. Dejé mi cubeta con ropa en el suelo y la observé fijamente. No podía comprender del todo esa Tristeza Extrema de la que me hablaba Genzai y tal vez nunca la entendería, pero aún con eso, yo estaba seguro de que quería a Kaoru.
Más que quererla, la amaba.
Por eso se me hizo natural tomarla de los brazos, acercarla a mí y besarla en los labios. Ella lentamente correspondió a mi beso mientras yo la abrazaba y le decía que mirara hacia arriba para que notara que detrás de las nubes que corrían en el cielo, se encontraba el sol.
El tiempo siguió su curso y poco a poco Kaoru comenzó a mejorar. Su ánimo se elevaba, sus llantos eran más espaciados y las pesadillas hacían su retirada.
Nunca antes un invierno se me había hecho tan bonito. Ella volvía a sonreír, a pesar del frío, de la lluvia y de los problemas que podíamos tener.
Pude regresar a mi cuarto porque Kaoru ya no volvería a cometer una tontería (como aquella ocasión en que se levantó mientras yo dormía para darse una dosis triple de calmantes, obligándome a Yahiko y a mi a cambiarlos de escondite cada tres días) y porque me parecía lo más correcto. Esa misma noche la sentí llegar a mi cuarto.
-¿Pasa algo?- le pregunté.
-No me dejes sola allí de nuevo.- dijo.
Me preocupé.
-¿Volvió su pesadilla¿Tiene miedo?-
Ella asintió.
-La soledad es la que ha venido. Y no la quiero.
La miré unos momentos. Ella empezó a retirarse, apenada.
-Lo siento. No te puedo obligar a entenderme, Kenshin.
Esta vez mi mano la tomó de la muñeca.
-No malinterprete mi silencio, porque ha sido de sorpresa. Señorita Kaoru, esta vez la comprendo, porque me siento igual. Y no me puedo explicar cómo es posible extrañar a alguien que duerme en la pieza del lado y a quien vi durante todo el día.-
-Kenshin… -
-Si esto no es estar enamorado, no sé qué será.-
-Kenshin… ¿hablas en serio?- ella empezó a sonreír y yo pensé que era imposible que alguien como ella se pusiera tan triste de repente.
-La amo, Kaoru. – fue mi respuesta.
La de ella fue abrazarme.
Permanecimos así un rato y ella rompió el silencio.
-Kenshin… hace tiempo que esperaba me dijeras esas palabras. Y estaba dispuesta a prometer que yo te ayudaría a sobrellevar tu carga… pero después de lo que ha pasado, tengo miedo de ser incapaz y…
Calló cuando puse un dedo sobre sus labios porque era mi turno de dejar que hablara el corazón.
-He pasado mucho tiempo solo, sin atarme a nadie.- comencé, acariciándole el cabello.- Estoy acostumbrado a llevar mi carga y soportarla sin quejarme. Al conocernos, usted me ayudó mucho con ella aunque ninguna de esas culpas le correspondía y descubrí que era agradable hacer ese canje, a pesar de que usted salía perdiendo porque yo me quedaba con sus risas y a cambio, le dejaba mis silencios e inseguridades.
-Pero no siempre podré reír para ti. Por eso tengo susto… -
-No debería decir eso. –dije, abrazándola más fuerte.- Porque a través de sus lágrimas me ha enseñado mucho.-
-¿Yo?-
Sonreí y dejé un beso en su frente. Me sentía muy contento.
- Cuando usted estaba triste, yo no podía comprender el por qué. Y estaba muy frustrado por eso, imponiéndole condiciones que no podía cumplir y enfadado conmigo mismo por ser incapaz de ayudar. Pero un día descubrí que usted tampoco entendía del todo lo que siento yo y sin embargo me aceptó tal cual, sin imposición alguna. Así, como soy.
Yo siempre creí que amar se trataba de cuidarla, sonreírle para sentirnos bien y fingir siempre que todo estaba en orden para evitarle preocupaciones. Pero querer es más que eso. ¿Es compartir todo, verdad? Las alegrías y las penas. Es curioso, pero siempre había escuchado esa frase y ahora, por fin he sido capaz de comprenderla. Usted hizo bien en mostrar su tristeza, porque así entendí que al ocultar la mía le hago más daño que enseñándosela. Porque ahora que estuve del otro lado, del que mira al ser amado llorar sin poder hacer nada, pude darme cuenta de ello.-
Kaoru restregó suavemente su mejilla con la mía. Ella entendía todo lo que le decía y me escuchaba respetuosamente. Eso me animo a seguir.
-No quiero a otra mujer que no seas tú para ser mi esposa.
Ella se incorporó de pronto, sorprendida.
-Kenshin… -
Tomé sus manos entre las mías y la miré a los ojos.
-Cásate conmigo, Kaoru Kamiya. Cásate y comparte todo lo que te pase, conmigo. Quiero estar ahí aunque sea para tenderte el pañuelo si vuelves a tener ganas de llorar. Y si tienes ganas de reírte, nada me gustará más que ser el causante de ello.
Noté sus lágrimas a la luz de la vela, pero al verla sonreír me tranquilicé enormemente. Tomó mi cara con sus manos y acarició mi nariz con la punta de la suya.
-Tonto, tonto, rurouni tonto. Basta que me mires así, como ahora para que yo te sonría. Te amo, Kenshin… y creo que tú también debes quererme mucho si fuiste capaz de soportarme.
-Y quiero soportarte el resto de mi vida, si puedes hacer lo mismo conmigo.
-Pero me pondré mal, ya viste que puedo hacer tonterías… Kenshin, quizá lo mejor es que no te ates a alguien como yo.
Ella no podía estar diciéndome eso. Pero lo hacía. ¡Cómo entendí su frustración cuando yo hacía y decía lo mismo!
-Kaoru… Kaoru, si tú estás conmigo, yo no tendré miedo de lo que pueda pasarnos. Kaoru¿recuerdas el cielo y sus muchas estrellas? el cielo es hermoso… y si se me cayera encima no me importaría si te tengo conmigo. Si se me cayera la montaña, si viniera la noche y no me dejara, Kaoru… por sentirte cerca yo no tendría miedo y lucharía contra eso hasta encontrar la luz sólo para dártela si es necesario. Si no puedes andar yo te llevaré y sé que tú harías lo mismo por mí.
Siguió llorando, enterrando el rostro en mi cuello, sin soltarme por mucho rato. Pero era un llanto diferente… no el de alguien que sufre, sino el de alguien que expresa su alegría mediante lágrimas. Y cuando pudo hablar, me dio el "si" que yo tanto esperaba.
O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O
No sé por qué me acordé de estas cosas justo en este momento. Con Kaoru llevamos mucho tiempo de matrimonio según el calendario, aunque a mí se me ha hecho poco. Tenemos a nuestro hijo y hemos llevado una vida relativamente tranquila.
Ha seguido padeciendo de la "Tristeza Extrema" al menos una vez por año. Ha tenido episodios leves y otros más fuertes. A veces me ha dado mucha rabia por eso, pero nunca la he dejado sola y trato de mantenerme firme para que pueda apoyarse en mí cuando su propia alma le falla de ese modo.
La medicina ha progresado y por lo mismo tenemos nuevos calmantes para darle. Han hecho buen efecto. Genzai ya no está con nosotros pero Megumi lleva su caso y desde luego que nos mantiene al tanto de cada avance médico en ese campo. A veces Kaoru me dice que ella quiere estar sedada cuando le pasa eso para no hacer ninguna tontería ni preocuparme de más. De todos modos, yo sigo pensando que mi apoyo es fundamental para ella aunque sigo sin entender del todo su enfermedad porque Kaoru me ha dado tanto que todo lo que pueda hacer por ella se hace poco en comparación. Han pasado muchas cosas, la hemos pasado bien en realidad y hemos hecho frente a los momentos duros. No sé si esto era lo que yo quería para mi vida, pero ciertamente es mucho más de lo que pedí. Estoy seguro que debo tener una deuda grande en el Cielo que quizá deba pagar en otra vida porque esta se me está haciendo poca.
-Me da mucha vergüenza tener esto.- me dijo esta tarde.- y darte tantas molestias. Me da vergüenza ponerme tan tonta y tan mal y ni siquiera saber la razón.-
-Mi amor… a estas alturas ya no importa la razón de lo que te pasa. Lo que importa es que es una prueba, y esas son sólo para quienes tienen el valor de superarlas. Estoy orgulloso de ti por el simple hecho de que has sido capaz de seguir con vida cuando no has tenido ganas y estar a mi lado. No sabes lo valioso que es eso para mí.- le respondí.
Nos quedamos sentados mirando el cielo estrellado. Estaba hermoso.
-¿Y si lo hago un día¿Me odiarás?
La pregunta me tomó por sorpresa, hasta que entendí lo que quería decir. Era una posibilidad en la que no quería pensar.
-No te odiaría. Te daría las gracias por haberte quedado tanto tiempo sólo por mí. Pero si lo haces, no esperes que yo sea fuerte y no haga lo mismo. Estoy seguro que yo te seguiría.
Ella se quedó en silencio un rato, meditando en mis palabras.
-No me quiero morir. Quiero seguir aquí contigo.- sentenció, apoyándose en mi hombro.- Ya llegará el día en que yo pueda descansar de esto. Pero quiero aprovechar todo lo pueda en tu compañía.
Después de decir eso, nos acostamos y dormimos abrazados. La verdad yo había quedado un poco triste con la conversación y no quería soltarla. De hecho, se acerca la aurora y aún no he querido hacerlo.
Porque si ella se fuera… si realmente lo hiciera… Kaoru me dijo una vez que eso se le venía a la mente de un momento a otro y era un pensamiento que se le quedaba fijo mucho rato. Que no era algo que planeara con antelación. Por eso, cuando se pone mal, debo ser muy cuidadoso con ella y evitar que se quede sola, a toda costa. A pesar de sus protestas.
Tanto pensar en eso de verdad me ha puesto muy triste. Quizá por eso he recordado todo lo que ha pasado con la Tristeza Extrema.
Ella debe haber percibido que algo anda mal conmigo, porque se ha despertado. De hecho, está girando hacia mí.
-¿Qué te pasa? – me pregunta. Yo no me había dado cuenta, pero estaba llorando. -¿Qué te pasa? – me insiste. No sé si debo contestarle.
-No quiero que te vayas.- sale de mis labios.
-Kenshin, lo siento, lo siento tanto… no quería ponerte triste.- me dice ella al comprender.-Hablé sin pensar.-
-Sólo dijiste lo que sientes en verdad. Pero… yo no quiero que te vayas.- Vuelvo a decir.- Porque si tu te vas, voy a volver a ese lugar oscuro y no quiero estar solo allí de nuevo. Kaoru, por lo que más quieras, no lo hagas… eres todo lo que tengo.-
Ella me abraza esta vez.
-Juré estar contigo hasta que la muerte nos separe, Kenshin. Y será ella la que decida cuando llevarme. No lo haré yo.- hace una pausa para suspirar.- Además, no puedo dejarte solo porque no quiero hacerlo. Pero tienes que entender que cuando tengo ganas de morir, realmente no soy yo, porque mi ánimo está enfermo. Si es necesario que me dejes inconciente para que no haga alguna locura, hazlo… sálvame, por favor.
-Claro que si, mi amor. Tal como lo has hecho conmigo. Yo te salvaré, te cuidaré y te querré tanto que la muerte se compadecerá de este hombre y no te apartará nunca de él.-
-Bien, pero ya no te pongas triste. – me seca los ojos con la sábana y me besa. – En estos días la Tristeza se ha ido, pero sabemos que volverá tarde o temprano a molestarnos, porque es un hecho que estoy sentenciada a tenerla. De todos modos, debemos aprovechar estos momentos para disfrutar de la vida y encontrar ese paraíso que siempre buscamos.
-Yo ya encontré el mío.- digo besándola con premura. Ella se acomoda bajo mi cuerpo, para acariciarme con una calma que la verdad, a mí me vuelve loco. Esta noche no dormiré, de eso estoy seguro. Y me encargaré que ella tampoco. Total, no parece molestarle la idea.
Antes yo pensaba que mi destino era llevar mi carga en solitario, dar con mi respuesta, ser olvidado y morir para descansar. Pero he cambiado de parecer. Creo firmemente que estoy sentenciado a amar a esta mujer. A buscarla, a protegerla y me encanta tal sentencia con sus claros y oscuros. Tanto así que espero, en otra vida quizá, repetir tal condena.
O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O
Fin segunda parte.
Diciembre 29, 2006.
Notas de Autora.
Muchas gracias a…
Itzel Minami
Emina-dono
Okashira Janet
SolitaryNeko
Kaoru86
Misao-hx
Kaoruluz
Silvi-chan
Mer1
Kagomekaoru
Kay250
Yuki-ona
Kaoru-pretty
Michel 8 8 8
Lilac.Kitsune
Kaorumar
HwhOaRanG GiRl
SerenaTsukinoChiba
Gabyhyatt
... por haberme dejado constancia de que leyeron la historia. Un abrazo y un beso enormes a todos.
Empezamos como siempre dando las gracias por sus reviews, sus palabras de ánimo y todo el cariño que me envían vía e-mail.
Hum, tengo tanto que comentarles relativo a la historia o quizá a la depresión misma o Tristeza Extrema. Como verán, la que intenté describir es la que hoy se conoce como endógena, que da por periodos y con la que uno debe aprender a vivir. Afortunadamente, en la actualidad existen buenos tratamientos para ella, y lo importante es que el que la padece sea metódico en sus exámenes, toma de medicamentos y todo eso, ya que éste es un mal un tanto engañoso porque de pronto pasa mucho tiempo en que uno se siente bien y feliz y alegre con todo el mundo y por eso deja el tratamiento diciendo "si ya estoy bien" y de pronto, zas!, que se pone a llorar de la nada.
Hace tiempo leí que el 10 por ciento de la población sufre algún trastorno de este tipo y por eso no se me hizo extraño el que algunos de ustedes conociera a alguien que tiene esto. Como dice Genzai en el primer capítulo, uno comprende todo lo que le dicen pero es incapaz de actuar de acuerdo a ello. Podemos escuchar muchas palabras de aliento en esos días pero lo cierto es que somos incapaces de mirar el mundo con optimismo como en un momento más "estable" y como dice Kaorumar, nada de lo que le digan a uno le hace mucha gracia e incluso nos podemos poner peor. A veces lo mejor, creo yo, es no decir nada y simplemente estar ahí, muy atentos, por cierto.
Yo entiendo que es muy difícil ver a alguien que uno tanto quiere ponerse así, llorar "de la nada" y estar apático. Al menos en mi caso yo también me sentía muy mal por hacer sufrir a mis papás y muy, pero muy avergonzada por todo eso. La autoayuda es muy difícil (no imposible) pero lo cierto es que es el alma de uno lo que se enferma, creo que son las mejores palabras para definirlo y por eso las comparaciones con el estar enfermo de la garganta o de los pies me parecieron buenas para dar a entender el por qué uno no puede poner buena cara.
En verdad, la idea de una depresión es triste pero hay que reconocer que también es romántica. Y de verdad creo que alguien que tiene una pareja en ese estado y que la apoya y quiere es alguien muy valioso. Tú sabes que hablo de ti, por eso espero que las cosas con tu novio salgan bien. También un beso a todos quienes ha sufrido la Tristeza Extrema en cualquiera de sus variables, y a quienes están cerca de alguien que la padece.
Quizá más adelante, cuando me ponga al día con las tareas pendientes me decida a retomar el concepto. Por ahora no digo más, porque creo que todo lo he dicho a través de Kaoru, de Kenshin y sus acciones. Por otra parte decidí no incluir lemon porque me pareció que la historia podía sostenerse sin recurrir a esos elementos.
Un beso a todos y que tengan unas felices fiestas.
