CAPÍTULO 3

Las noches se le hacían eternas. La oscuridad y el silencio reinaban en su habitación, pero no podía dormir. Si antaño el dolor de su pierna le quitaba el sueño ahora se lo robaba su propio pensamiento. No era capaz de racionalizar, de pensar con claridad, siempre daba vueltas a lo mismo y su preclara mente científica había desaparecido de la noche a la mañana. Se dejaba guíar por el sentimiento y, cuando conseguía adormilarse, la veía tumbada junto a él en la cama y, estirando un brazo, la estrechaba contra su pecho; hasta que abría los ojos y ella se había esfumado. Creía verla hora tras hora entre los rayos de luna que entraban por la ventana, pero al ir a acariciarla desaparecía.

Una de esas noches en las que la agonía pudo con él, en las que el deseo le sobrevino decidió abandonar la lucha. ¿Para qué? Llevaba días, más de una semana intentándolo. Ni la música, ni las persianas bajadas, ni la vicodina, ni el whisky le ayudaban. Si no iba a poder quitársela de la cabeza, ¿por qué no aprovechar el sentimiento?

Por un momento creyó volverse loco. Lo había jurado, nunca volvería a dejar que le dañaran. Nunca volvería a darse a nadie hasta el extremo de permitir que sus sentimientos estuvieran a total merced de otra persona. Pero, a la vez, deseaba tanto... lo deseaba tanto... la deseaba tanto. Con ese pensamiento cayó en un profundo sueño, aliviado, como quien termina una pelea a pesar de haberla perdido.

Ella se encontraba en el cuarto de médicos guardando sus cosas en la taquilla. House había esperado hasta la última hora del día para hablar con ella, no quería estropear el día ni que nadie les estropeara el momento.

¿Qué hay?- preguntó él mientras entraba por la puerta y veía cómo ella se arreglaba frente al espejo.

¿Mmmmm- respondió ella sin demasiado interés.

Cameron, quiero hablar contigo... de algo...- tosió

Ella no contestó, únicamente le miró a los ojos dándole permiso para que empezara a hablar, daba igual lo que tuviese que decirle, ella parecía no mostrar curiosidad por lo que él tenía que decirle.

¿Te gustaría tomar algo por ahí? O comer... si es que comes.- sonrió él mientras esperaba una rendición, que ella saltara a sus brazos, que le preguntara por qué había tardado, que lo besara apasionadamente mientras le decía que ya era hora y que cómo podría decirle que no.

No.

¿Te estoy pidiendo que salgas conmigo y me contestas que no?

Aja.- respondió ella asintiendo.

¿Pero qué coño le pasaba? Llevaba tres años detrás de él, el primero de ellos como una adolescente, siguiéndole por los pasillos y venerando todo lo que hacía. El segundo de ellos fingiendo que no le importaba, que había superado su rechazo hacia ella y la vuelta de Stacy. Lo que llevaba del tercero plantándole cara para hacerse valer, para demostrarle que también ella estaba allí. Y de repente todo se había esfumado.

¿Qué he hecho mal, Cameron?- preguntó House en voz baja y mirando al suelo. Tras unos segundos continuó la frase.- Wilson dice que te quiero.

¿Eso dice? ¿Y tú qué dices? Quiero saberlo.

Yo no digo nada. Yo solo quiero que me digas que sí. Es todo lo que puedo dar por ahora. Tú me...- cortó él la frase.

Te odio, ¿recuerdas?- le abrumó ella- Ya te lo dije una vez y te lo vuelvo a decir: te odio.

El la miró perplejo. Aquella vez no le creyó, cuando le dijo aquello de "te odio como todos los demás", pero ahora su mirada parecía sincera.

Te odio por todo lo que me has hecho. Te odio por ser como eres. Te odio porque adoro como eres.

Del amor al odio solo hay un paso.

Ella dejó de hablar un momento. Su semblante cambió en segundos y, levantando una ceja, se acercó a él y dijo en voz baja:

¿Has visto Gilda, House? ¿Recuerdas lo que Rita Hayworth le dice a Glenn Ford antes de besarse?

Ella se acercó aún más a él hasta que sus labios casi se rozaron. Se aseguró de que su cintura rozara contra su entrepierna deliberadamente y de que su respiración chocara contra la dura piel de la cara de él.

El odio es una emoción muy excitante.- parafraseó ella las palabras de Gilda mientras hablaba- ¿No lo has notado?Muy excitante. Yo también te odio, Johnny. Te odio tanto que...creo que eso me va a matar.

Suspiró junto a sus labios y, arrancándole la esperanza pasó por su lado y se dirigió hasta la puerta de salida. Antes de marcharse se paró en seco y le dijo alto y claro, para que no quedara ninguna duda:

Me he cansado de esperarte. Simplemente no tengo fuerzas para más. No acabes conmigo, House.

Y desapareció por la puerta dejando a House con su mano apretada alrededor del mango de su bastón. Sentía un profundo dolor, como quien pierde lo único bueno que tiene en la vida y teme no volver a conocer nada parecido nunca más. Vio su silueta alejarse por el pasillo. Estaba seguro que ella no le odiaba, Cameron era incapaz de odiar a nadie; pero sí le rechazaba. Sentía repulsión hacia todo lo que él significaba, la había dañado, él mimso había matado ese sentimiento en ella. Él era el único responsable de la desgracia de los dos. Joder, él.

Llegó a casa poco tiempo después y entró en la sala de estar. Pocas veces en su vida se había sentido tan mal, estaba abatido y triste. Por primera vez sintió la culpa crecer en su interior y pensó en qué había hecho las cosas mal, se había equivocado, había esperado demasiado tiempo para actuar. Era tarde.

Se sentó al piano y abrió una botella de whisky. Rozó las teclas con los dedos y comenzó a tocar lentamente. Imaginó cómo sería enseñarle a Cameron a tocar el piano, con sus manos bajo las suyas, él guiando sus dedos, enseñándole a mantener la cadencia que exigía un instrumento así. Imaginó las sensaciones de escuchar música junto a alguien y compartir lo que le brindaba la música con ella. Queía compartir su piano con ella y quería comartirse él mismo. La tristeza le llevó a acabar con la botella de whisky y a avanzar por el pasillo dando tumbos hasta llegar a su habitación.

Aun y todo, aún resurgió un destello de cordura cuando, al tumbarse en la cama abrió los ojos y se dijo para sí:

Wilson. Hablaré con Wilson. Él siempre tiene una solución para todo.