IMPORTANTE LEER TODO:
NOTA DE LA AUTORA: Gracias por sus reviews. Aquí estoy, sigo viva, sobreviviendo muchas gracias UoU, y sinceramente MUY emocionada, no solo por este nuevo reto en el que estoy metida, sino también porque veo que están reaccionando positivamente a mi fic. De todo corazón: ¡Gracias por leer!.
Hoy tengo UNA ADVERTENCIA: Este capítulo puede ser un tanto explícito en cuanto a temas de violencia o,o y todo el fic en sí, pero eso lo sabrán más adelante. Así que por adelantado les diré que si son muy susceptibles a estos temas, por favor no lean aquellas partes. Y si la curiosidad no los deja ignorarlos, que sea bajo su propia responsabilidad, yo ya cumplí con informarles.
Una última cosa: Es aquí cuando comienzan a darse cuenta de que lo que le sucedió a Kagome pasa a segundo plano, cuando se traten temas más importantes, "reales" y tristes, según yo u,o. Ese fue el pedal para que sucediera lo demás. No por nada esta historia se llama: "Aquellos Afortunados" y lo averiguarán dentro de poco.
Capítulo 4: La Noche Maldita y la Aparición del Nigromante.
El joven zorro pestañeó sorprendido.
- ¿Cadáver? –Preguntó con miedo- ¿Dices que el aire huele a cadáver? –De pronto se encontró olfateándolo también con su fina nariz-
- También se siente una enorme presencia maligna… -Dijo el monje detrás de InuYasha, apretando el sello de su mano derecha, como preparándose para lo que los esperaba afuera-
- Miroku ¿También la sentiste?
- Por supuesto, es difícil de ignorar. Fue lo que nos despertó a Sango y a mí... Este ambiente produce una sensación aterradora.
- Es verdad… -Dijo ella, saliendo de entre las sombras, se había puesto su armadura de Tajiya, y estaba terminando de atársela- Es una energía maligna impresionante.
- ¿Creen que pueda ser Naraku? –Preguntó Shippo-
- No, ya habría sentido el repugnante olor de ese mal nacido. –Respondió InuYasha, volviendo a mirar por la ventana. Todo parecía estar normal sin embargo- No hay manera de que sea él.
- ¿Y si es uno de sus enviados? –La Tajiya se amarró la máscara a su rostro, mirando al hanyou-
- Pues qué hacer… Lo mismo de siempre: Les patearemos el trasero a todos y seguiremos el rastro. –Dijo de nuevo InuYasha, en un intento por animar la situación, a lo que todos sonrieron-
- Sango, espero que no pongas en peligro tu vida como la última vez –Le advirtió el monje, recordando cuando la exterminadora intentó protegerlo con su cuerpo del ataque del último demonio al que se enfrentaron. El que tenía un fragmento en el abdomen-
Le hubiera costado la vida, de no haber sido por las flechas de Kagome que lo habían atravesado desde atrás.
- Excelencia… –Respondió ella serenamente- Sabe bien que no puede pedirme algo así...
El monje sonrío, mirándola tiernamente, y ella también le devolvió la sonrisa, entrecerrando los ojos. InuYasha los miró a ambos con los ojos muy abiertos, pensando en lo ridículos que se veían, y soltó un "¡Feh!" (Obviamente no ha visto su propia cara cuando se encuentra cerca de Kiky- ¡Ahem! u,ú).
- ¿Qué sucede? –Todos se vuelven hacia aquella voz. Kagome estaba de pie detrás de ellos, mirándolos muy confundida y asustada-
InuYasha corre hacia ella y poniendo sus manos en sus hombros la obliga a sentarse de nuevo sobre su futón.
- Kagome –Le dice muy seriamente, mirándola a los ojos- Quiero que permanezcas aquí adentro ¿Está bien? Esa energía es demasiado poderosa.
- ¿Por qué? …¿Qué es lo que sucede?
- No preguntes tonterías. Simplemente has lo que te digo…
Repentinamente, se escuchó un grito, y después muchos más. Gritos de auxilio… Gritos de terror… Gritos de hombres, niños, y mujeres… Sonidos de galopes acompañados de relinchos infernales. Golpes secos contra el suelo de tierra húmeda, y el filo de acero de una espada atravesando cuerpos.
Y luego, un olor a sangre…
- ¡Kirara! –Llamó a la pequeña gatita- ¡Quédate aquí y protege a Kagome y a Shippo!
Miroku tomó su báculo, Sango su boomerang, y ambos salieron lo más rápido que pudieron de la cabaña, llamando a InuYasha en el trayecto.
Kagome entró en pánico: "¿Qué produce esos sonidos? …¿Y… Y a donde irás?" –Le preguntó a InuYasha, alarmada, y él ejerció más presión sobre sus hombros-
- No quiero que nos sigas… Ni se te ocurra seguirnos, Kagome ¿Me oíste? –Ella lo miró inmóvil, con miedo, y él la movió bruscamente haciéndola reaccionar- ¿KAGOME, ME OÍSTE?
- Si… Te oí… -Su voz se escuchó entrecortada, y su mirada se clavó suplicante en la suya-
- Esto es peligroso… -Le susurró intranquilo- Por favor, no importa lo que oigas o sientas, no quiero que salgas. Eres demasiado importante para mí como para permitir…
Se silenció. Una lágrima había resbalado por la mejilla de Kagome… Él acercó su mano y la limpió delicadamente. Al sentirlo en su mejilla, ella la tomó con la suya, y la estrechó contra su rostro, cerrando los ojos con fuerza y dejando escapar un sollozo.
InuYasha mordió su labio inferior al sentir su propia mano humedecerse por las lágrimas que ella estaba derramando, afectado por el gesto que inevitablemente produjo la aceleración de su corazón.
- Kagome, mírame… –Le susurró, acariciando su mejilla con la mano que ella tenía atrapada- "Maldita sea, mírame… Muéstrame tus ojos bonitos… No los ocultes debajo de esas lágrimas."
Los abrió, aunque no quisiese. Al hacerlo, él movió sutilmente sus orejas para ella y le sonrío. Ella dejó escapar una bocanada de aire, pero no le devolvió la sonrisa, sólo entrecerró angustiosamente sus ojos, y nuevas lágrimas salieron de ellos.
- Escúchame con atención –Le dijo señalando su mochila amarilla- Dentro están los fragmentos de Shikón. Si algo llegara a pasarme, o si el agresor llega a descubrir tu ubicación, quiero que los tomes, que corras lo más rápido que puedas hacia el pozo, y que te vayas a tu época. Y de ahí no deberás moverte hasta que yo vaya por ti.
- ¿Nada malo va a sucederte, verdad? –Le preguntó, sintiendo como si su corazón lo estuviese apretando un puño de hierro- ¡No puedes dejar que nada malo te suceda!... ¿Entiendes? …¡No puedes hacerme eso!
La miró en silencio. Entonces sonrió nostálgico, y con su mano libre peinó el cabello de ella fuera de su rostro. Kagome se quedó inmóvil.
Él se acercó y besó su frente...
- Por favor, cuídate –Fue lo último que le dijo antes de deslizar su mano fuera de la de ella, y alejarse-
Kagome sintió el vacío en su mano y la apretó fuertemente en el aire observando cuando InuYasha se puso de pie, se dio vuelta y salió rápidamente de la cabaña.
El pequeño kitsune saltó sobre su regazo y se aferró a su cintura. La joven lo sintió, pero no dejó de mirar la puerta.
- Tenemos que estar quietos, Kagome –Le dijo suavemente el pequeño- Tenemos que hacerle caso al idiota…
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InuYasha salió del lugar, sólo para encontrarse con la aldea hecha ruinas. Los aldeanos estaban huyendo. Por todo el lugar retumbaba el eco de herraduras y relinchos, pero no habían rastros de los agresores.
Corrió lo más rápido que pudo hacia el centro de la aldea, y entonces localizó a la anciana Kaede, Sango y a Miroku. La devastación estaba llegando a ese lugar, venía desde el otro extremo, y la gente parecía ser movida por un terror ciego, corriendo por todas partes. Luchando por sus familias… Rescatando lo poco que les quedaba… Madres desesperadas llorando la pérdida de sus señores o sus hijos… Inclusive muchas personas insistían en volver a sus hogares a rescatar algo que se hallase dentro…
Sus amigos estaban llevando a los sobrevivientes fuera de la aldea lo más rápido que podían. InuYasha los veía entrando y saliendo de las distintas cabañas, cargando con niños y mujeres. El monje le ayudaba a la anciana sacerdotisa a sacar a 4 niños de una casa en llamas, y llevarlos a salvo hacia el bosque. Ella le gritaba que la aldea vecina no estaba muy lejos, y que debía ir y advertirles de la amenaza, así mismo como debía poner a los habitantes a salvo en ella.
Sango fue la última en salir aquella cabaña en llamas, tosiendo un poco a pesar de llevar la máscara que la protegía de inhalar aquel humo tóxico.
- ¡InuYasha! –Le grita ella a lo lejos en cuanto lo ve- ¡Ánimas¡Están acabando con los aldeanos!
- ¿Cómo que "ánimas"? –Preguntó él viéndola acercarse caminando con apuro, parecía estar afligida por algo, ya que sus ojos mostraban un cierto enrojecimiento-
- Espíritus, ánimas… Eso fue lo que afirmaron ver muchos de los aldeanos. Parecen que están siendo manipuladas por alguien… -Tosió de nuevo-
- ¿Manipuladas por alguien? …¿Por quién?
De pronto Sango se detuvo, antes de llegar, y fijó su vista en un punto específico del suelo. Abrió los ojos con tristeza, e InuYasha descubrió lo que le estaba robando su atención… Debajo de algunos escombros se hallaba una pequeña muñeca japonesa de trapo, hecha a mano. Tenía los ojos negros pintados como dos puntos fijos en su cara, y una sonrisa irónicamente triste… Muy triste… También estaba rota en los costados; sucia, de tierra… y de sangre…
Sango se arrodilló y la sujeto con sus manos. Se quedó viéndola por un momento, y entonces sus ojos se cristalizaron al tiempo en que apretaba los dientes.
- ¿Sango…? –Preguntó perturbado el hanyou al ver a su amiga ponerse de pie, sosteniendo todavía la muñeca en sus manos temblorosas- ¿Qué sucede, Sango?
- Dentro de aquella cabaña de la que salimos… -Entrecerró los ojos, mirando fijamente el juguete en sus manos- Encontramos a una niña muerta… La menor de 5 hermanos…-Comenzó a decir mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas- Ella estaba acurrucada en un rincón, abrazando sus pequeñas piernitas y… -Para este punto ya se le había ido la voz más de una vez, y había empezado a llorar en silencio-
InuYasha se estremeció… Una niña muerta…
- No debía pasar los 7 años, InuYasha… –Limpió sus lágrimas con el dorso de su mano, intentando contenerse- Uno de sus hermanos nos dijo que ella había regresado a la cabaña en llamas buscando una muñeca de trapo que le había obsequiado su madre… Y bueno, esta parece ser…
- Pero… ¿Qué mierda me estás diciendo? –InuYasha apretó sus colmillos y puños, sintiendo la ira adueñarse de sus sentidos- "¿Cómo es posible…?" Aquellos hijos de perra que están atacando la aldea son los responsables de este y otros crímenes…
Sango levantó su cabeza, volviendo a limpiar sus lágrimas. Estrechó una vez más la muñeca entre sus manos… Fuerte… Más fuerte… Más fuerte todavía…
"La maldad y la injusticia no hacen diferencias entre raza, género, estrato, ni edad. Y también pueden venir de cualquiera que desee lastimar.
Cuando llegan, llegan con el único propósito de dejar rastro de que existen, y de que puede hacer lo que se les venga en gana con la vida de los seres."
Relajó la mano, suspirando, y le dio un último vistazo a la pequeña muñeca antes de guardarla bajo el cinto de la armadura que envolvía su cintura.
- InuYasha… -Le dijo viéndolo a los ojos, y un destello de luz encendió su mirada- Vamos a mandarlos al infierno…
De repente el suelo se sacudió con fuerza, haciendo a ambos guerreros tambalearse, y el eco de guerra se hizo aún más potente, ahogando el pueblo. El mal se avecinaba rápidamente…
- ¡Sabe que estamos aquí! –Exclama el monje arribando al lado de la joven exterminadora. Su rostro estaba brillante por el sudor y el esfuerzo- ¡Su ejercito es condenadamente grande!
- ¿Los has visto, Miroku? – Inquirió InuYasha- ¿Vienen armados?
- Míralo por ti mismo…
Grandes nubarrones de humo rojo y negro comenzaron a acumularse en el cielo, y avanzaban cada vez mas rápido hacia ellos, mientras que se escuchaban los lamentos de los muertos aproximándose… Los tres permanecieron inmóviles, observando aquel espectáculo que había salpicado la tan silenciosa noche.
- Aquí vienen… -La Tajiya aprieta sus dientes y fija su mirada en el horizonte, por donde su instinto le decía que debían de llegar los enemigos-
Entonces aparecen al fondo de la aldea en llamas, y armadas con largas espadas, las siluetas de las ánimas pertenecientes a difuntos guerreros y, como un espejismo, sus imprecisas imágenes se acercan a gran velocidad. Detrás de ellos, se encontraban los cadáveres putrefactos, moviéndose tambaleantes y literalmente cayéndose en pedazos, blandeando espadas de acero resquebrajadas en una mano, y en la otra: Antorchas encendidas, con las que iban quemando todo a su paso.
Finalmente, y montando un corcel negro de ojos color escarlata, había un hombre encapuchado; del que solo podían verse sus manos pálidas y huesudas sujetando las riendas de la bestia endemoniada.
- Prepárense.. No cualquier persona puede manipular las almas de los cadáveres –Habló el monje Miroku sin apartar la vista-
- He oído de ellos, solamente los nigromantes tiene los medios necesarios para este tipo de trabajos ¿No es verdad, excelencia?
- ¿Qué dices? …¿Nigromantes? –Preguntó InuYasha. En su vida había oído de ataques de nigromantes… Nunca -
- Son las personas que practican la adivinación por medio de la invocación de espíritus. Sin embargo algunos son tan poderosos que son capaces de controlar a su antojo las almas de los muertos, incluyendo sus propios cadáveres –Respondió Miroku, quien de pronto hace una mueca con sus labios y señala algo moviéndose entre las ánimas- ¡Miren eso!
Su sangre se congeló al contemplar con sus propios ojos cómo un pobre hombre no mayor de 30 años corría exasperadamente para salvar su vida, vociferando palabras que no alcanzaron a oír claramente mientras era seguido por aquel ejército. Sin embargo antes de que pudiesen siquiera hacer algo para impedirlo, uno de los cadáveres se adelantó, blandió su espada, y rápidamente describió un arco en el aire que terminó por arrancarle la cabeza y parte del hombro derecho.
Los tres abrieron los ojos, horrorizados y repugnados, viendo como la cabeza aterrorizada y los trozos de aquél aldeano resbalaron de su cuerpo, se desplomaron pesadamente al suelo, y fueron aplastados por el ejercito que pasó por encima, indomable.
InuYasha injurió en silencio tener un sentido del oído tan perfeccionado. Su cuerpo entero se estremeció al alcanzar a escuchar el crujido de las costillas y de los pulmones reventados, igual que todos los demás órganos.
- ¡Esos mal nacidos! -InuYasha volvió su vista hacia el grupo de fantasmas que se aproximaba, entonces empuña a Colmillo de Acero y espera a que estén a pocos metros de su alcance-.
- ¡Hay que derribar al jinete! –Gritó Sango, dando un paso al frente y lanzando su boomerang con todas sus fuerzas. Ella no podía aguardar a que estuvieran cerca… Tenía que verlos derrotados ahora mismo-
El arma voló a toda velocidad en dirección al nigromante, sin embargo este detuvo el caballo y forjó rápidamente un campo de energía maligna. El boomerang rebotó contra este y se estrelló contra la tierra...
InuYasha se puso frente a Sango, sirviéndose de su cuerpo como escudo mientras la Tajiya se apresuraba a recoger el arma.
- ¿Quién demonios eres? –Preguntó el hanyou con un gruñido-
El hombre encapuchado levantó la cabeza, sin dejar ver ni un milímetro de su cara. Su voz profunda y apagada finalmente se escuchó.
- Tan sólo eres un hanyou, no serás reto para mi... –Entonces levantó su mano e hizo que el entero ejército se detuviese por completo y bajara las armas. El hombre se bajó del caballo- Esto sería entretenido, pero no puedo perder el tiempo con un ser como tú. La única razón por la que estoy aquí es por los fragmentos de la perla Shikon...
Se paralizó totalmente. "Kagome..." pensó para sus adentros… Recordando que en su mochila se hallaban los fragmentos de la perla.
- Juh, así que puedes hablar… -Sonrío arrogante InuYasha- Y yo que te creía una cáscara vacía…
- ¿Eres tú, híbrido, quien posee los fragmentos? –Pregunta con voz sagaz. Entonces mete su mano en sus ropas, y saca de ella un fragmento oscuro, entre rojo y negro-
Una gran batalla se libraba dentro de aquella fracción de la perla. Los ribetes negros y rojos se movían desordenadamente dentro de este, inquietos, mientras que uno más claro se hacía notar justamente en el centro de ellos.
- Un fragmento… –Exclamó Miroku- Y está totalmente maldito…
- Ya veo… -Sonrío el hombre- Conocen esa gema tan valiosa… -Vuelve a esconder el pedazo de la perla entre sus ropas- Entréguenme los que traen consigo, y a lo mejor les perdone la vida.
- ¡Despreciable gusano¿Por qué estás tan seguro de lo que dices? –Le gritó el hanyou- No te los daremos.
El nigromante rió con un resoplido. Entonces hizo un movimiento con su mano, y las ánimas se pusieron en posición de combate, levantando nuevamente sus espadas…
Sango permaneció erguida, con su boomerang apoyado sobre su espalda, mirando fijamente aquel atemorizante escenario.
- Van a atacarnos con todo, Inuyasha… - Musitó acercándose a su lado-
- Eso ya lo sé… -Dijo sacudiendo bruscamente sus orejas hacia atrás- Pero por nada del mundo dejaremos que se acerquen a Kagome ¿Está bien? Trataremos distraerlos, al menos hasta que yo consiga acercarme para degollar a ese hijo de perra.
Hubo un momento de silencio. El viento comenzó a soplar de una manera escalofriante, el cielo oscuro envolvió a ambos grupos preparados para la batalla. En ese momento, el nigromante quitó la capucha que lo cubría, dejando al descubierto una cabeza sin cabello… un rostro pálido y huesudo… Y unos ojos sin vida… Como los de un agónico.
- Característica apariencia de un ser que no posee alma –Dijo la exterminadora, flexionando un poco las rodillas y dejando el boomerang recargado en su brazo izquierdo- Muy bien, aquí vamos…
El nigromante río. "Mátenlos a todos…" -Dijo en un susurro casi inaudible. Y enseguida, los espíritus tomaron sus armas y se lanzaron al ataque con el único objetivo de asesinarlos…
- ¡Háganse a un lado! –Gritó Miroku mientras sujetaba su mano-
- ¡No lo haga excelencia! –Sango sujeta rápidamente su muñeca derecha, impidiéndole continuar- ¡Es demasiada energía maligna para usted¡Además ese hombre tiene un fragmento!
- Lo sé, pero…
- Maldita sea ¡No pierdan el tiempo! –Gritó Inuyasha adelantándose y desenvainando su espada- Yo me encargaré de aniquilarte…
Él avanzó rápidamente a través de las animas, con la esperanza de cortarlas con su espada; pero esta las traspasaba... como si fuesen una simple ilusión. Sin embargo no se detuvo, y es que su objetivo era llegar hacia el nigromante, quien también lo esperaba con una especie de sable en su mano...
- Eres más imbécil de lo que creía, hanyou... -Empuña su arma y la agita con velocidad increíble en frente de InuYasha, quien paró en seco, y ésta pasó rápidamente cerca de su garganta, cortando algunas hebras de su cabello platinado-
- ¡Mierda!
Sin embargo el nigromante no se detuvo ahí, y se adelantó al mimo tiempo que InuYasha para agitar nuevamente su espada en dirección suya. El hanyou se dejó caer al suelo para librarse del sable que lo habría tajado por la mitad, y saltó hacia atrás con un gruñido.
- ¡InuYasha! –La exterminadora intenta ir a ayudarlo, pero se encuentra con el ejercito de animas cerrándole el paso- ¡No estorben, miserables! –Grita batiendo su boomerang, sin embargo este las traspasó a las delanteras, dándole a los cadáveres vivientes detrás de ellas- ¿Eh…?
- ¡No los toques con tu cuerpo! –Advierte Miroku, y se pone enfrente de ella sosteniendo su báculo para forjar un campo de energía alrededor de ellos. Las ánimas comienzan a golpearlo con sus espadas- Si llegan a tocarte se llevarán tu alma...
- ¿Qué dice? …¿Entonces InuYasha...?
- Él está hecho de un material más duro y resistente que el nuestro, Sango. –Le dijo sonriendo- Además no creo que las ánimas se interesen en él. Estás ánimas únicamente robarán espíritus de humanos, debido a que ellos en vida lo fueron...
El nigromante apunta a InuYasha con su espada y ríe.
- Estás bastante decidido a acabarme ¿Qué es lo que tanto intentas proteger que no te importa arriesgar tu propia vida? –Ladeó un poco la cabeza, sacando un tronido de entre sus vértebras- ¿Son acaso los fragmentos… o es algo más?
Él hombre era realmente sabio, conocía exactamente cómo introducirse en la mente de su adversario tan sólo analizando los movimientos. Era cómo si supiese de memoria lo que significaba cada acción humana… Inclusive ¿Cómo podía luchar contra Inuyasha y controlar a todo el ejército al mismo tiempo? Ese esfuerzo era prácticamente inhumano, de no ser por el poder del fragmento.
InuYasha tragó saliva.
- Cierra la maldita boca -Aprieta el mango de su espada y se lanza de nuevo al ataque-
El nigromante recibió a InuYasha con su espada y resistió su golpe con ella.
- Qué manera más miserable de morir quieres…
- ¡Haré que te comas tus palabras, imbécil! –Gritó empujando más su espada hacia delante, puesto que el brujo estaba reteniendo el golpe con la suya, de lo contrario podría clavarla perfectamente en su cuello-
El hechicero tomó fuerzas y golpeó fuertemente a Colmillo de Acero; esta se escapó de sus manos, salió volando y se clavó en el suelo a algunos metros de donde estaban ellos...
InuYasha lo miró sorprendido. ¿Como había sido capaz de ganarle a Colmillo de Acero¿Acaso usaba otro tipo de espada?
- ¿De qué tipo de arma te sirves, monstruo? –Preguntó él, escrutándolo fijamente-
El nigromante suelta una carcajada.
- Aparte de necio, también eres ignorante... -Avanza un paso- No es el arma la que hace a un hombre, sino sus capacidades para manejarla. Así que acepta que no eres digno oponente mío, no tienes ni idea de lo que soy capaz de hacer.
- No me hagas reír ¡Tu única habilidad especial es apestar como un bastardo!.
- Tienes una gran boca, híbrido.
De pronto el brujo da un salto hacia delante, y velozmente golpea a InuYasha en el estómago con el mango de su espada. Él cayó de espaldas al suelo, pero se impulsó inmediatamente hacia arriba antes de que el hombre cayera para clavar su espada en él.
- "La energía de este miserable me desconcentra... y ese horrible olor a sangre y a cadáver me marea..." –Pensó para sus adentros, aterrizando nuevamente a la tierra- "No puedo continuar así…"
- ¿Ya te diste por vencido? –Preguntó él sacando la espada de la tierra-
- ¡Eso quisieras, idiota! –Corre hacia él y extiende sus garras- ¡Yo no necesito de armas para ganarte!
InuYasha salta hacia arriba y agita una vez sus manos en el aire gritando el nombre del poderoso embate, desprendiendo la potencia de sus garras. El nigromante se protege con un campo de energía oscuro, y esta rebota contra él, generando un estallido de luz y polvo.
Al disiparse, InuYasha atraviesa la cortina de humo y le asesta un puño en la cara, intentando quitarle su espada con la otra mano. Sin embargo este la sujeta con fuerza y retrocede ágilmente...
- ¡Excelencia! –Exclama Sango al ver cómo el campo de energía disminuye cada vez más y más alrededor de ellos- ¡Nos están acorralando!
Ahora tanto las ánimas como los cadáveres estaban alrededor de ellos dos, golpeando con fuerza las barreras que los separaban con sus espadas.
- Hago lo que puedo –Dijo entre dientes debido al esfuerzo, y se apoyó espalda contra espalda con Sango-
- ¡InuYasha! –Grita al verlo- Necesita ayuda.
- ¡No podemos hacer nada, Sango! –Responde con afán- ¡De lo contrario te juro que ya habríamos salido de aquí!.
- Excelencia… ¡Ah! –De repente se sobresalta al sentir el impacto de una de las espadas sobre ella que, de no haber sido por el campo, la habría decapitado. Se estrechó más contra la espalda de Miroku-
- Maldición… -El monje empujó el báculo hacia delante, sin éxito, las barreras seguían cediendo más y más- ¡Maldición!
Las ánimas seguían avanzando… y el campo disminuyendo…
Sango tocó a la muñeca de trapo en su cinto, y la sostuvo con su mano; bajó la mirada para observarla con tristeza. Alguien siempre debe llevar las de perder… Suspiró profundamente, observando a los ojos vacíos que los observaban desde allá afuera con sed de sangre…
- Excelencia… -Dijo ella suavemente, dándose cuenta de que probablemente esa sería su tumba- No quiero morir… -Susurró apretando la muñeca entre sus manos- No quiero morir aquí.
- ¡No vamos a morir, Sango! –La reprendió sosteniendo con fuerza su báculo- ¡Te prohíbo que pienses algo así!
- Pero es que…
- Sango, entiende… Yo no voy a dejar que mueras, y mucho menos en un lugar como este –Avanzó un paso hacia delante, dando un poco más de espacio a sus cuerpos- Falta mucho por vivir… y además… ¡Todavía debemos tener los 20 hijos que prometimos! –Le dice sonriendo pícaramente, exhausto sin embargo-
Sango dejó escapar el aire de sus pulmones, y sus ojos se llenaron de lágrimas. Aún recordaba aquella promesa que se habían hecho hace ya más de dos años… Una promesa simplemente exagerada… Pero era el único compromiso de que estarían juntos…
- Usted… es un Maldito… –Le susurró tenuemente, delicada como la seda- Y además está loco...
- Así es. Mira lo que me causas, Sango –Le respondió con una sonrisa- Todo es por ti…
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- Juegas sucio, hanyou. –El nigromante lo mira sonriente- Eso me gusta… ¡Lastima que ya se acabó el juego! -Sujeta el mango de su espada con su mano derecha y el filo con la izquierda. Entonces recita un conjuro y la sacude una vez y con fuerza-
InuYasha lo observó perplejo.
De la espada salió una ráfaga de viento negro que se dirigió hacia InuYasha y lo golpeó con fuerza. Él cayó al suelo pesadamente y con una herida en su estómago.
- ¡Veneno! –Maldijo al sentir el humo tóxico quemarle la garganta y los pulmones- ¡Hijo de...! -De repente algo lo golpea de nuevo y lo vuelve a dejar a ras de la tierra, de espaldas-
Cuando el viento se disipó, InuYasha logró ver al nigromante mirándolo desde arriba, con la espada apuntando directamente a su garganta. Lo tenía acorralado.
- Resultaste ser más débil sin armas –Se río él- Ahora averigüemos si los hanyous mueren más rápido que los humanos al ser decapitados.
- ¡Vete al infierno! –Le gritó, casi inmovilizado por el veneno de hacía rato, y definitivamente mareado por el olor que aquel repugnante ser emanaba de su cuerpo-
- Ahí me esperarás, híbrido… ¡Y morirás sabiendo el por qué! -Entonces levanta sus brazos por encima de su cabeza- Muere…
Sango abrió los ojos al presenciar eso.
- ¡INUYASHA! –Gritó con todas sus fuerzas-
Su grito fuerte atravesó la distancia, hizo eco contra las casas destruidas, repitiéndose una y otra vez mientras avanzaba rápidamente a través de la madera de la cabaña y se incrustaba en los oídos de la joven sentada dentro de ella.
Kagome reaccionó con un gimoteo al escuchar aquel nombre. Aquel nombre… que podría jurar que nunca lo había oído, pero que en ese momento logró despertar algo dentro de ella.
- ¿Kagome? –Preguntó Shippo-
Colocó una mano en su pecho y apretó con fuerza su ropa, su corazón comenzaba a latir demasiado rápido...
-Baboom… Baboom… Baboom…-
- ¿Inu... InuYasha? -Tartamudeó con ansiedad, echando un vistazo hacia el frente-
Millones de imágenes al principio borrosas comenzaron a pasar por su mente a gran velocidad. Imágenes y voces.. Le pertenecían… Estaba ella en ellas… Estaba la Tajiya... El monje… El kitsune… La anciana Kaede… La antigua sacerdotisa Kikyou… Naraku… Y… Y…
InuYasha…
Su tiempo… El pasado… Los sentimientos…Las sensaciones… Las batallas… Los reclamos… Las muertes.. Las lágrimas… Las risas... Todo estaba irrumpiendo de golpe y con fuerza su memoria, acompañado de miles de voces familiares en sus pensamientos, imágenes ya vividas, que la obligaban a recordar... a recordarlo. Todo… Todo… en menos de una insignificante décima de segundo…
InuYasha…
Luego... las voces en su mente callaron, y ella abrió los ojos...
Se puso de pie, tomando su arco y sus flechas.
- Eres tú… Te recuerdo… -Dijo la joven- InuYasha…
Continuará…
Ya está XD ¡Opinen mucho! Es mi sueldo.
