NOTA DE LA AUTORA: ¡AAAH! ºOº (gritico) Gracias por sus respuestas ;0; Aprecio mucho todo lo que dicen. Por cierto, Minue, consideraré tu petición º -º Sería interesante ver cómo reaccionaría InuYasha si perdiese le memoria, y quizás algún día me proponga escribir un fic así, donde todo se base en ese punto. Gracias por opinar, y aquí les traigo el capítulo de hoy º 0º

Capítulo 5: El Resguardo Del Vidente del Sur. La Ira del Hanyou.

El nigromante sonrío.

- ¿Qué te parece…? Tus amigos te verán morir…

- ¡Cierra la boca maldito y acaba de una buena vez!

Tomó impulso y se dispuso a descargar todo el peso de su cuerpo en la garganta del hanyou.

De repente una flecha atraviesa el ambiente, y choca impetuosa contra la espada del brujo, arrancándosela de sus manos y llevándola a unos metros lejos de él.

- ¡INUYASHA!

Él reconoció esa voz, movió sus orejas bruscamente hacia la dirección de la que provenía, y entrecerró los ojos sin poder ver bien. El nigromante abrió grandemente los suyos, y se volvió hacia el responsable del lanzamiento de aquella flecha.

Y ahí estaba ella, con su vestido roto y sucio de tierra, descalza y agitada. Venía corriendo hacia el lugar sosteniendo con una mano su arco, y con la otra estaba sacando una segunda flecha.

- ¿Kagome?... ¡KAGOME! –Gritó desesperado InuYasha, tratando de incorporarse rápidamente. Sango y Miroku se volvieron para ver- ¡Te dije que no salieras, TONTA!

El nigromante sonrió con maldad, entonces tomó su espada y se subió rápidamente al corcel negro.

- ¡Lamentaras haberme retado, imbécil! -Agita las riendas y el caballo comienza a galopar con fuerza hacia Kagome-

Ella se detuvo en seco, apuntó yrealizó el segundo lanzamiento. Pero el nigromante utilizó el poder del fragmento que llevaba consigo y creó un campo de energía lo suficientemente poderoso. La flecha se introdujo en aquel campo, pero acto seguido salió disparada de él, cargada con energía maligna, en dirección al arco que la lanzó.

- ¡KAGOME! –Gritó InuYasha-

- Ese brujo devolvió la flecha -Murmuró Miroku-

Ella empuñó rápidamente su arco, y se protegió. La flecha llegó a él, y un estallido se escuchó acompañado de un resplandor encandilador. Kagome gritó, soltó el arco, y se cubrió con sus brazos, protegiendo sus ojos de la luz.

- ¡NO! –Gritó Sango- ¡Kagome aléjate!

Apenas la luz se comenzaba a disipar, el nigromante se aproximó sin previo aviso hacia ella y la agarró de un brazo, llevándola consigo.

- ¡No! –Se quejó ella, forcejeando, pero su fuerza no era nada comparada con la de aquel sujeto- ¡Déjame, maldito!

Enseguida puso sus manos alrededor del cuello de su raptor, y una enorme descarga pasó a través de sus brazos hasta llegar a él. Destellos y partículas de luz volaron en aquel contacto, y comenzaron a enardecer la piel alrededor de su garganta. Sin embargo el nigromante la miró, sin mostrar siquiera algún signo de dolor.

- ¡Por qué no te derrites, miserable? –Gritó Kagome- "¡Eres energía maldita!... ¿POR QUÉ NO TE MUERES?"

Él agarró ambas muñecas de la jovencita con su mano, inmovilizándola, sacando de ella un gemido de dolor. En su cuello quedó una marca oscura, como una quemadura, pero sorprendentemente comenzó a extinguirse hasta haber desaparecido. Kagome heló.

InuYasha comenzó a correr con desesperación, tambaleante, intentando alcanzarlos. Pero de pronto el nigromante volvió su mirada a él, y sin detenerse rió...

- La sacerdotisa es todo lo que necesito –Le dijo dándole una última mirada antes de alejarse a gran velocidad-

Las ánimas alrededor del Monje y la Tajiya se desvanecieron como vapor en el aire; y los cadáveres sencillamente se desplomaron sobre el suelo y se desintegraron. El campo dejó de forjarse, el monje se tambaleó y cayó sobre sus manos y rodillas, respirando dificultosamente. La Tajiya lo ayudó, evitando que cayera desmayado.

- ¡No!… ¡NO! –Gritó desesperadamente el hanyou, y comenzó a correr más y más deprisa, boqueando por el esfuerzo y con los puños totalmente cerrados- ¡KAGOME! …¡KAGOME!

Pero ellos habían desaparecido… Como un reflejo en el desierto…

- ¡NO! –InuYasha gruñó con todas sus fuerzas, deteniéndose- ¡MALDITO! …¡MALDITO BASTARDO! …¡REGRESA!

Se dejó caer de rodillas el suelo, ahogando un gemido ronco de su garganta, con los colmillos fuertemente apretados, y enterró sus garras en la tierra húmeda.

- ¡MIERDA! –Gritó hasta sentir su garganta desgarrarse-

Asestó un puño contra el suelo. Y otro más… Y otro más… Sus nudillos comenzaron a sangrar, la tierra a resquebrajarse, y sin embargo no se detenía. "Kagome… ¡Kagome!" No dejaba de repetirse tortuosamente en su cabeza.

La Tajiya se arrodilló a su lado, y agarró su mano con la suya.

- ¡Inuyasha, ya basta! –Le pidió- Detente, ya.

- ¡Maldición, Sango! –Le dijo rudamente quitándose la mano de encima- Se la llevó… Se llevó a Kagome y no pude hacer nada...

Sango se hizo a un lado y guardó silencio.

- Le dije que no saliera… ¡Mierda! Se lo dije… -Se reprimió a sí mismo- Y no estuve ahí… nuevamente no estuve ahí…

- Siempre estuviste ahí, InuYasha –Le dijo Sango- Siempre estuviste al lado de ella, hiciste todo lo que pudiste, y esto no es culpa tuya.

- Aun podemos alcanzarlos... -Se apresuró a decir Miroku, caminando detrás de ellos. Con una mano en su pecho, como si le doliera respirar- ¿No quedó algún rastro suyo?

- Sólo su repugnante olor –Le contestó apagadamente InuYasha- Vamos. No descansaré hasta ver de nuevo a Kagome.

- Sabes que nosotros tampoco -Le dijo Miroku- La rescataremos.

- ¡InuYashaaaaa! –De repente una voz infantil se hizo escuchar en el ambiente, y los tres voltearon a mirar de quién de trataba-

- Shippo –Susurró Sango- ¿Estás bien?

El kitsune llegó sobre Kirara transformada en demonio, llevaba la mochila de Kagome sobre su lomo.

- Se llevó a la señorita Kagome y los fragmentos que traía consigo –Le dijo Miroku-

- ¿QUÉ? –Gritó el pequeño-

- Shippo, debes ir a la siguiente aldea con la anciana Kaede y ¡Quedarte ahí!

- ¡Perro tonto¡Si crees que me voy a quedar sin hacer nada mientras Kagome peligra, pues estás muy equivocado!

- InuYasha tiene razón, Shippo. Tienes que hacer caso. Un nigromante no es un oponente fácil, no queremos arriesgar mas vidas, comprende –Le dijo el Monje-

Shippo permaneció en silencio mirando desafiante a InuYasha, y este le devolvió la expresión, dándole a entender que hablaban en serio. El kitsune parpadeó, notando la increíble aflicción en los ojos del hanyou, que lo miraban recelosos y a la vez proteccionistas. Sabía que le decía esas cosas para protegerlo, así no habrían distracciones para ir y salvar a Kagome de dondequiera que estuviese.

- De acuerdo... -Suspiró- Iré con Kaede.

InuYasha dio media vuelta y comenzó a caminar en la dirección donde habían desaparecido, sin decir más.

- Sango… -La llamó Miroku al verla quedarse atrás- Vamos.

- Si, enseguida –Contestó arrodillándose en el suelo y abriendo un pequeño hoyo con sus manos en la tierra-

InuYasha la miró de reojo, y al comprender de qué se trataba, se detuvo a esperarla.

- Sango ¿Qué haces? –Preguntó curioso el kitsune, prestando total atención a sus acciones-

Una vez destapada la tierra, la tajiya tomó la muñeca de su cinto y la introdujo ahí; dándole un último vistazo antes de volver a cubrir aquella tumba en miniatura que había creado. Se puso de pie en ese momento y observó nuevamente la aldea… Miroku levantó sus dos dedos a la altura de sus labios e hizo unos cuantos rezos...

La aldea de Kaede… Aquella que los había acogido durante dos largos años, ahora estaba destruida, y tomaría tiempo volver a sanarla… Volver a restaurar la vida… y olvidar las pérdidas. Eso sólo se lograría con el tiempo... y aquello era algo con lo que desgraciadamente no contaban en esos momentos.

- Muy bien –Dijo Sango, con renovado ímpetu, caminando hacia InuYasha- Vamos.

Él asintió.

Los tres se alejaron del terreno baldío, estéril y destruido, despidiendo a Shippo moviendo sus manos...

Él tristemente los miró. Estaba algo frustrado por no poder ser participe de su búsqueda, pero en cierta manera sabía que era lo mejor, considerando su edad y poca experiencia… Él comprendía eso muy bien. Sabía que esa batalla requería de guerreros hábiles... Y que Kagome dependía de ellos...

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El tiempo parecía pasar lento y sin piedad, cada vez recargándose más y más sobre aquellas tres espaldas cansadas, y aunque no hubiese pasado mucho desde que dejaran la aldea el esfuerzo era más de lo que sus cuerpos podían soportar.

- ¡Mierda! –De nuevo aquella dichosa palabrita-

Gruñendo, InuYasha olfateó el aire molesto, mientras Sango y Miroku intentaban jadeantes mantener su paso detrás de él.

- ¿Perdiste el sendero de nuevo? –Preguntó el hombre apoyándose pesadamente en su báculo, intentando recuperar aliento-

Las orejas de InuYasha tiraron hacia atrás y furiosamente lo enfrentó…

- No hay sendero… ¡El aroma de ese brujo termina AQUÍ!

Sango lo miró con preocupación. Si ellos no encontraban a Kagome pronto… algo terrible podría sucederle. Se estremeció tan solo de pensar en lo que el nigromante sería capaz de hacer con ella y los fragmentos.

Ellos habían visto la terrible mirada en sus ojos apagados. No tenía presencia propia, ni vida, nadie pudo haber previsto su llegada con mucha anticipación. Había tomado a todos por sorpresa… incluyendo a Kagome.

- ¡Si ese maldito se atreve a tocarla yo..! –Murmuró entre dientes y con furia-

Sango mordió su labio. La ira de InuYasha podía sentirse a su alrededor y causaba mas presión de la que ya había…

- Esto es muy extraño… Si su aroma simplemente desapareció, significa que el nigromante la transportó a alguna otra parte –Consideró Miroku- O… se fue volando -.-

- ¿Pero para qué la quiere a ella? –Preguntó Sango-

- Los fragmentos de la perla que traía consigo debieron despertar su naturaleza oscura y su ambición. Son necesarios para él para algún cometido en especial…

-¿Acaso la quiere para incrementar sus poderes, excelencia?

Alguien a lo lejos regresaba, y pudieron escuchar su voz... El hanyou nunca imaginó sentir más fastidio que el que sentía en ese momento al reconocer aquella voz chillona e infantil. ¿Qué demo...?

- ¡Esperen¡Por favor esperen!

- ¡Maldita sea! –InuYasha se dio vuelta y miró al cielo, localizando al kitsune en el aire- Zorro necio ¡Te dije que te quedaras en la aldea con Kaede!

Shippo descendió, junto con Kirara, pero sin tocar el suelo. La mochila seguía ahí, detrás de ellos… Significaba que ni siquiera había ido con la anciana.

- No... No entienden... -Se inca un poco- Pensé que sería importante que supieran que en la mochila de Kagome... encontré los fragmentos de la perla... El nigromante no se los llevó

- ¿Qué dices? –Exclamaron todos al unísono-

- Ustedes me dijeron que el nigromante se la había llevado junto con los fragmentos, pero ella nunca los tomó de su mochila cuando salió de la cabaña.

- ¡Eso es imposible! Si no se robó los fragmentos ¿Entonces por qué tomó a Kagome? –Dijo InuYasha-

- Maldición… -Murmuró el monje, mirando fijamente el suelo-

- ¿Excelencia?... ¿Qué sucede?

- Por alguna razón, su motivo exige una sacerdotisa para él solo… Algo lo atrae… -Mira a InuYasha a los ojos- Por el momento está inactivo, InuYasha. Pero él quiere su poder de sacerdotisa, sin necesidad de usar los fragmentos... Y eso puede significar una de dos: O lo que desea es hacer un sacrificio humano, o… la desea a ELLA.

InuYasha se paralizó con terror. Miroku maldijo entre dientes deseando no haber dicho en voz alta las ultimas frases…

- ¿Es decir... que únicamente quería a Kagome para...? –La tajiya cubrió su boca con su mano-

- ¡Yo lo mataré!... Me encargaré de enviarlo al infierno –Gruñó con frustración. Se dejó caer pesadamente de rodillas y cerró de golpe sus garras en el suelo-

- InuYasha… -Susurró Sango, sintiendo su dolor. Ya era demasiado para él… Para todos… ¿Qué pasaría ahora?-

Los sentimientos de InuYasha por Kagome eran notables, muy obvios para todos. Para todos… excepto para él; quien con su corazón aun dolido no podía aceptarlos. Sango tragó saliva y desvió su mirada hacia otro lado…

Fue entonces cuando lo vio..

- ¡Miren eso! –Gritó señalando una distorsión en la atmósfera, que vaciló por unos momentos enfrente de ellos-

InuYasha se irguió y miró con asombro la extraña oscilación del aire… de la energía, de la cual salían diminutas chispas. Era como si un remolino transparente hiciese un vértice en el ambiente. Por unos segundos desapareció, pero regresó de nuevo como un espejismo huidizo de vapor. InuYasha dio un paso al frente

-¿Qué es eso? –Preguntó fascinado Shippo, sin dejar de ver aquella pantalla huidiza y transparente-

- ¡Es un portal! –Exclamó Miroku- ¡Alguien ya había abierto un portal aquí!

- No todos los seres pueden crear uno.! Solamente aquellos que tiene poder para manipular energías y… -Sango observó minuciosamente a Miroku- Y ya sabemos de quién se trata...

Al escuchar esto, InuYasha no esperó ni un segundo mas y comenzó a correr hacia la oscilación. Cerró su puño en el mango de su espada, y la accionó de inmediato, se preparó a saltar. Miroku y Sango se apresuraron por alcanzarlo, dejando a Shippo y Kirara, pero el hanyou estaba demasiado decidido como para esperarlos o dar marcha atrás

- ¿Qué tiene pensado hacer? Una espada contra un portal ¿Lo que intenta es mantenerlo abierto?

- Eso es imposible, Sango… A menos que…

InuYasha saltó hacia el frente y sobrepuso su espada. Sin embargo en el momento en que el arma tocó el portal, se desprendió una fuerte luz que consumió su cuerpo…

La Tajiya y el Monje se detuvieron en seco al ver ese resplandor, y se cubrieron con sus manos.

Luego desapareció…

No habían rastros de InuYasha… Ni del portal.

- Increíble… -Susurró el monje dando un último vistazo a su alrededor- La espada lo protegió y le permitió avanzar a través del portal.

- ¿Significa que no hay nada que podamos hacer, excelencia?

- Así es –Levanta la cabeza al cielo- Nada, más que esperar. InuYasha debe apresurarse y traer de vuelta a Kagome… Antes de que sea demasiado tarde

- Perro tonto… -Murmuró el pequeño, mirando al suelo- Tráela… Tráela de vuelta…

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Un olor a muerte llegó hasta sus fosas nasales, haciéndolo toser.

InuYasha abre sus ojos y parpadea; intenta ponerse de pie pero se tambalea un poco, viéndose obligado a apoyar su peso sobre su espada…

- ¿Qué me sucedió? –Se pregunta a sí mismo recobrando sus sentidos y su último recuerdo del lugar donde estaba- ¿Dónde están Sango y los demás?

En ese momento siente un olor familiar, y a pesar de que el lugar apestaba a cadáver pudo reconocerlo fácilmente en medio de lo repugnante. Ese olor llegó como vino dulce, como miel, como… jazmín. El inconfundible aroma a jazmín mezclado con el aroma de mujer. Era la mezcla simplemente más exquisita que existía…

Kagome…

Él mismo pudo sentirlo en su garganta, era ella, sin duda. Se encontraba en ese infierno. La habían llevado a ese infierno de nadie… Que apestaba a muerto, a tristeza, a cenizas… a todo lo degradante.

Comienza caminar con paso firme hacia delante, olfateando el aire sutilmente, intentando guiarse por el aroma de la mujer. Intentando encontrar la dirección de donde provenía, mientras observaba el lugar que le llevaba toda la contraria.

Era espeluznante aquel valle siniestro. Una intensa bruma oscura lo envolvía todo a su alrededor, dificultándole la vista. A lo lejos se escuchaban los agonizantes gemidos de las almas cautivas, y el suelo despedía un olor a sangre humana, a huesos y a carne vieja.

InuYasha se tambaleó un poco, ese olor bloqueaba sus sentidos y le impedían concentrarse plenamente. Pero aun así continuó avanzando, hasta que poder divisar una pequeña entrada al fondo... y el olor de Kagome se intensificó ahí.

Se disponía a entrar, pero algo lo hizo detenerse... Escuchó una voz alrededor suyo…

- Veo que tuviste el atrevimiento de irrumpir aquí…

Una silueta familiar avanza a paso lento, mientras que la poca luz le iba iluminando su pálido rostro

- Tú… -Gruñe con ira- ¿Dónde está ella?

- No cabe duda de que esa joven te estima mucho... -Sonríe con maldad el brujo saliendo de entre las sombras- No dejó de pronunciar tu nombre ni un solo segundo.

- Gusano, tú querías los fragmentos… -Da un paso al frente, empuña su espada- ¿ENTONCES POR QUÉ TE LLEVASTE A KAGOME?... ¿QUÉ TIENE QUE VER ELLA EN TODO ESTO?

- La perla es poderosa, eso es verdad. Pero... -Entrecierra sus ojos y lo mira desafiante- Esa joven... el poder que desprendía esa joven es aun mas grande que el de la perla misma...

- ¿De qué estás hablando…?

- ¿Para qué necesito la perla cuando tengo a una sacerdotisa que podría superar sus poderes? -Se da vuelta y camina arrogantemente unos cuantos pasos- Es inexperta todavía, no tiene ni idea de cómo manipular la preciada joya. Cuando desarrolle todo su poder, la perla no me será suficiente, pero con esa sacerdotisa lo obtendré todo...

- ¿Lo obtendrás todo? -Aprieta su espada- ¿Qué demonios quieres decir con eso?

- Una joven como ella no puede desperdiciarse en vano en un hanyou como tú... -Sonríe de nuevo- Pero a mi me serviría mucho poseer una joya tan valiosa... y hermosa, en un futuro. Tan sólo imagínate en lo que me convertiría si utilizo a esa joven como mi aliada… Ya no tendría que alimentarme de almas cada segundo para poder seguir respirando, sería un ser omnipotente y completo.

InuYasha permaneció escuchándolo atentamente, repugnando sus palabras.

- Y claro… ¿Qué es un hombre sin una mujer? Yo podré no ser totalmente humano, pero sigo siendo un hombre… –El nigromante saca el fragmento de sus ropas nuevamente. Ahora las franjas oscuras parecían enroscarse casi totalmente alrededor del pequeño brillo en el medio, que ya palpitaba levemente- La perla es simplemente una joya fría. En cambio ella es… Está viva, respira, habla, se mueve…

- No hablas más que estupideces ¿Sabías? –Lo desafió con un brillo en sus ojos dorados, apuntando su espada hacia él- Todo lo que dices es lo más enfermo e incoherente que jamás he escuchado.

El brujo se volvió hacia InuYasha, como si hubiese sentido la espada a unos metros suyos, y lo encaró con una expresión maquiavélica y burlona, enseñándole el fragmento oscuro.

-¿Ves como la perla palpita? –Le preguntó levantando el cristal a la altura de sus ojos, viendo casi a través de él al hanyou en frente- Es por la presencia de ella, la siente… Reacciona a la cercanía de la sacerdotisa, y viceversa… ¿Sabes hace cuanto tiempo no veía una reacción así? Hace mucho, mucho tiempo, y solamente aquella persona del pasado podía hacer que la perla palpitara de esta manera.

- … ¿Aquella persona?... –El hanyou lo mira con el ceño fruncido, y una expresión rígida- ¿Te refieres a…?

El brujo miró la confusión en su rostro, y se rió.

- Que no te sorprenda, InuYasha… Yo también fui uno de los muchos que intentaron conseguir la perla de Shikón, que en aquel entonces era protegida por esa tonta de Kikyou. Obviamente fracasé, como todos aquellos, incluyéndote... Pero ahora tengo una nueva oportunidad de lograr mi cometido...

InuYasha gruñó: No me importa si intentaste obtener la joya, nunca te perteneció, y nunca te pertenecerá. Mucho menos Kagome. Tampoco eres NADIE para hablar de esa manera de Kikyou... Sólo eres una escoria ¿Entendiste? Una basura indeseable. Ahora deja de parlotear y enfréntame.

- ¿En verdad crees poder vencerme?Pobre iluso -Saca su espada de sus ropas, guardando al mismo tiempo el fragmento entre ellas- Yo podría aniquilarte en este preciso instante fácilmente... Pero ella sabia que eras capaz de morir con tal de salvarla... Así que por eso hizo un pacto conmigo...

InuYasha bajó su arma, sus labios temblaron.

- ¿Un pacto?

- Se entregó cuerpo y alma… con tal de salvar tu maldita alma. Pero qué mujer más ingenua...

InuYasha apretó sus dientes: Maldito bastardo… -Murmuró con la furia y el temor atenazándole la garganta- ¿Te… atreviste a tocar a Kagome?

- No... ¡Aun! Pero te sugiero que no malgastes el sacrificio que hará por tu miserable vida. Sigue siendo pura, pero eso cambiará en cuanto yo haya terminado contigo... En ese momento te aseguro que tu preciosa Sacerdotisa gritará tan fuerte que hasta en tu tumba la escucharás.

InuYasha sintió su corazón bombear sangre furiosamente por todo su cuerpo, y apretó los como lava caliente…

Su sangre de youkai…

- ¿Qué sucede, hanyou?... ¿Aun no aceptas el hecho de que esa joven será mía?

- Miserable... No será tuya… -Los latidos aumentaron el ritmo-

Baboom... baboom... Baboom

"No es de nadie... Nadie puede tocarla..."

Un gruñido profundo salió de su garganta y sus ojos se tornaron color carmesí repentinamente luego de un parpadeo.

- Vamos, atácame… Haz que clave mi espada en tu garganta… ¿Te haría gritar a tí eso?... ¿Gritarías, hijo de perra?

El nigromante parpadeó, había sentido el cambio en la sangre de su adversario… ¿Era posible?

InuYasha agachó la cabeza, dejando que su cabello ocultara su rostro, sus labios entreabiertos dejaban ver sus colmillos convulsivamente apretados. Sintió estallar su sangre en una furia ciega, el sonido de sus gritos llenaron sus oídos. Estrechó los puños, sintiendo rápidamente como perdía el control de sí mismo, lo estaba dominando ese fuerza endemoniada.

- Mierda… -Murmuró entre dientes con un tono de voz inhumano, intentando contener ese impulso-.

Pero ya era demasiado tarde, pronto sintió que todo a su alrededor se oscurecía hasta no verse nada… Los sonidos se perdieron… Las sensaciones se esfumaron…

La bestia había sido liberada…

- No importa qué tanto cambie tu sangre… ¿Crees que aun así serás capaz de vencerme? No estés tan seguro –Respondió tranquilamente-

De pronto, en el rostro de InuYasha se dibujó una sonrisa perversa y enseguida se irguió lentamente hasta dejar a la vista sus ojos carmesíes, entonces soltó una carcajada.

- Te equivocas, gusano… –Sonríe él con un gruñido ronco y gutural, casi salvaje- Soy mucho mas fuerte de lo que tú crees…

El nigromante abrió sus ojos... Eserepentino cambio en su sangre… Hace tan sólo unos momentos podía distinguir claramente que se trataba de un hanyou, podía reconocer los dos tipos de sangre en su cuerpo… Sin embargo ahora le hablaba un youkai completo.

- Ya veo… -Estira su mano y hace aparecer en ella un báculo negro con una calavera en la parte superior- Entonces, si es así¡Defiéndete!

InuYasha esbozó una sonrisa y se apresuró hacia él con las garras extendidas. Ya no importaba Kagome en ese momento, él estaba convertido en una bestia indomable que sentía en su interior el impulso por seguir el juego… y cazar a la presa por placer.

Cuando se lanzó hacia su cuerpo, el nigromante se agachó y lo esquivó fácil. InuYasha se dio vuelta, se lanzó de nuevo rápidamente e intentó clavar sus garras en su cuello, pero el brujo lo sostuvo con su báculo y luego lo empujó lejos con éste. El joven de cabello plateado cayó sobre sus talones y se dio vuelta para enfrentarlo, aun conservando esa sonrisa maléfica figurando en su rostro…

El nigromante ya conocía la mayoría de sus movimientos, pero esto resultaba ser un enigma para él. No solo su sangre había cambiado, si no también su comportamiento en la pelea… Era muy similar a la que tenían los depredadores con sus presas...

- ¿En qué demonios te has convertido? –Pregunta él- No pareces ser el mismo tonto de antes.

InuYasha arqueó su cabeza y lo vio de reojo mordazmente: "Soy alguien que fácilmente puede acabar con una basura como tú" –Se atrevió a decir, intentando provocarlo, hacerlo entrar en el juego-

El nigromante dejó escapar una carcajada: "¿Con que de eso se trata? Pues bien… ¡Ya lo veremos!"

InuYasha comenzó a caminar hacia él, todavía sonriendo abiertamente y con las garras extendidas. El nigromante no esperó mas, y empuñando con fuerza el báculo lo lanzó hacia él. InuYasha no se movió, y observó cómo el báculo se clavó en la tierra, a unos centímetros de él.

Enseguida, y como si fuese una fuerza invisible, el báculo comenzó a palpitar, y toda la tierra a su alrededor comenzó a sacudirse. Una ola de veneno comenzó a surgir de esta. InuYasha dio un saltó antes de que lo alcanzara el veneno y cayó sobre sus talones a pocos metros del brujo. Dejando escapar una risa de burla a través de su boca entreabierta… Observó con atención el espectáculo.

De repente, la niebla y la tierra comenzaron a tornarse de un color entre negro y rojo intenso. Nubes oscuras empezaron a agruparse en el cielo, mientras que miles de luces lo recorrían en dirección al báculo, haciendo contacto con la tierra igualmente negra. El brujo sonrío, sin apartar sus manos del báculo clavado en el suelo.

- Prepárate, hanyou… Es ahora cuando verás mi verdadero poder…

Un humo negro comenzó a formarse alrededor de él hasta cubrirlo totalmente; mientras por el cielo, empujadas por un viento impredecible y mezclándose confusamente, corrían gruesas masas de vapores negros…

Un olor más fuerte a cadáver, huesos, y cenizas, inundó el ambiente.