NOTA DE LA AUTORA: Hola, he aquí el siguiente o0o Y si, sigo aunque no haya recibido muchos reviews esta vez T-T Pero… en fin XD Me encanta escribir y blahblahblah, así que aquí les dejo este capítulo, que espero que les guste.
Capitulo 7: "Frágiles"
La oscuridad en ese lugar era casi absoluta.
Un olor a humedad desagradable invadía el encierro, y aparte de zumbidos en su oído, lo único que se oía era el sonido de gotas de agua chocando contra un suelo de piedra. El esfuerzo de abrir sus ojos era grande, pero ella necesitaba hacerlo.
El aire era estancado y concreto, olía a desperdicios, y el calor era sofocante.
Kagome parpadeó, pesada y lentamente, como despertando de un sueño de cien años. Miró a su alrededor, aunque fue poco lo que pudo apreciar en aquella oscuridad; paredes grises y trágicas, húmedas y frías, con la única luz existente que se colaba por la diminuta rendija en lo alto del muro. Intentó moverse, pero algo se lo impedía… Un sonido de cadenas, y un entumecimiento en sus muñecas…
Un momento ¿Cadenas? Tiró con fuerza sus brazos sólo para confirmar que ambas muñecas seguían rodeadas por las pesadas cadenas prendidas a la pared detrás de ella en aquel cuarto húmedo. Mientras cambiaba de posición para aliviar el dolor de los músculos tensionados, intentó recordar los últimos acontecimientos. El movimiento causó cortes pequeños en sus muñecas, y se marcaron por un hilo de sangre; maldijo en silencio, al borde de las lágrimas.
Si, había perdido el conocimiento estando en ese mismo lugar, después de haber sido atada por el brujo… y después de escuchar esas cosas que dijo él.
- InuYasha… -Murmuró con un hilo de voz, mirando hacia la rendija en lo alto del muro- Por favor ten cuidado… Protégete de ese hombre…
Gimió en la incomodidad, buscando una especie de alivio a sus muñecas maltratadas, sin conseguirlo y con el eco como respuesta a sus quejidos. Tenía la garganta en llamas, escaldada por una sed devoradora. Su vestido hecho casi harapos, húmedos y fríos, se pegaban a su espalda tibia... Qué sensación más desagradable. Volvió a parpadear, desde sus ojos una claridad lechosa bañaba la oscura habitación y sus contornos… Por Kami, sentía como si nunca hubiese dormido, y es que consideraba que era poco el tiempo que llevaba inconciente ahí. Se sentía desfallecer.
Recordó nuevamente las palabras que escuchó decir al nigromante, y a su cuerpo entero lo recorrió un escalofrío intenso. En su mente el reflejo de muchas interrogantes opacaba alguna explicación lógica a todo esto que estaba pasando… Parecía irreal… De hecho, la realidad misma parecía un papel arrugado desde su perspectiva, deforme y sin sentido.
Y una vez más, miró hacia la escasa luz que se colaba desde arriba, y susurró con angustia el nombre de la persona que ocupaba su mente.
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El canino frente a él dio un poderoso paso, y sus ojos centellantes se iluminaron por un extraño fulgor escarlata. InuYasha lo atacó una vez más, sin darse por vencido a la paliza que había recibido momentos antes, cuando la batalla entre estos dos seres había comenzado con un impertinente impulso del joven de cabello plateado.
Otro zarpazo en el aire, y estrelló al ahora transformado InuYasha contra el suelo, a algunos metros de donde se levantaba la imponente figura del nigromante bajo la apariencia de un can del infierno.
- Creí que eras más fuerte… -Rió él con voz ronca y bestial, apoyando su poderosa pata sobre el cuerpo atontado sobre el suelo-
InuYasha gruñó desesperadamente, retorciéndose como un animal herido bajo el peso del can. Pero a pesar de que movía furiosamente sus garras, no podía lastimar al inmenso animal en que se había transformado el Nigromante. Era salvaje. Ya no tenía control sobre sí mismo, solo buscaba pelear. Pelear y aniquilar a su adversario, sin importar que eso lo llevase a la muerte. Sin embargo anteriormente su imprudencia lo había llevado a golpear una y otra vez el robusto cuerpo del animal a pesar de las heridas que ya le había causado, cansándolo y debilitándolo.
- Resultaste ser más fácil de aniquilar en ese estado… -Habló con una voz grave y ronca, apoyando más su peso en la pata. Pronto la tierra debajo de InuYasha comenzó a resquebrajarse, a crujir. Acto seguido, el enorme animal abrió su enorme hocico, y una inmensa nube negra salió disparada hacia su victima…-
Un zumbido atravesó los oídos de InuYasha, agudo y doloroso, como si un panal se hubiese levantado en sus sienes, agrandándose cada vez más. Con la rapidez de un relámpago, aquella nube negra cayó sobre InuYasha, rodeándolo por todas partes. Acorralado, él gruñó y se retorció debajo de la bestia intentando soltarse de su agarro; pero luego lo paralizó un furioso ardor atravesando su hombro izquierdo, lentamente y sin prisa.
Lanzó un alarido desgarrador. El dolor fue simplemente lo más insoportable que alguna vez había sentido, incluso en ese estado. Y es que aquella no era una simple nube, sino que estaba conformada por miles de insectos agrupados en un mismo sitio y moviéndose coordenadamente como si fueran uno solo.
Se sacudió de nuevo moviendo sus brazos para alejar a los insectos, cortando en dos a algunos en su movimiento, y cerró los ojos con furia. Aquel estridente zumbido no se alejaba aun, y no tenía intenciones de hacerlo. Le golpeaba por dentro, formando espirales en sus sienes, martillándolo con golpes secos y constantes. Por un impulso animal cerró los puños y se apretó su cabeza entre ellos, queriendo comprimir aquel ruido…
Su cabeza… Su brazo… El ardor y el desespero… Sentía como si lo estuvieran comiendo vivo… Como si se hallara en el mismísimo Infierno…
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Kagome alzó la cabeza de repente ante un llamado familiar, e instintivamente la giró hacia la rendija.
- ¿InuYasha…? –Intentó incorporarse, tensando las cadenas que la sujetaban, obligándola a mantenerse quieta- ¡¡InuYasha! –Gritó-
Lo oía quejarse, lo podía escuchar perfectamente, y un miedo la llenó por completo. Sentía escalofríos. Un grito de dolor llegó desde la lejanía, y se quedó resonando en las paredes del claustro. Ella desesperó… "Lo va a matar…" Pensó para su propio horror. Estrechó los ojos, se puso de pie con dificultad; y a pesar del dolor que ejercían las cadenas a sus ya lastimadas muñecas, ella intentó acercarse lo más posible a la rendija. Empezaron a sangrar, y un dolor intenso recorrió todo su brazo.
- No… Resiste… -Murmuró con esfuerzo, tensando cada vez más las cadenas. Entonces, tomó todo el aire que pudo y gritó con todas sus fuerzas- ¡¡INUYASHA!
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Un grito lejano con su nombre llegó a sus oídos, y los zumbidos fueron opacados por aquella voz. InuYasha de pronto se paralizó, y abrió de golpe los ojos con la vista hacia arriba, como siendo hechizado por una fuerza extraña. Sus labios se abrieron y susurró un único nombre...:
"Kagome…"
El enorme can se inmovilizó sorprendido, y la nube de insectos se esfumó en la inmensa nada. Miró atónito a InuYasha. De pronto... su cuerpo había empezado a palpitar, una y otra vez, fuertemente...
"Kagome..."
- Su sangre… de nuevo está cambiando... –Pensó para sus adentros, desconcertado- ¿Es por esa mujer?… ¿Es… Es posible que la sienta de esta forma?...
La esencia de la perla Shikón no puede activarse sin la presencia de una energía que la dirija, sea maligna o benigna. Y la relación entre aquel hanyou y aquella sacerdotisa le resultaba enteramente familiar a eso –Pensó el nigromante-… Ambas esencias se atraen y se necesitan al mismo tiempo… Ambas funcionan mejor cuando se encuentra la otra cerca… Y eso era exactamente lo que estaba sucediendo en aquel momento.
InuYasha cerró sus ojos con incomodidad, para volverlos a abrir con una expresión totalmente diferente a la que tenía momentos antes. Miró fijamente a la criatura sobre él.
- Increíble… -Pensó el nigromante mirándolo también- Es increíble el parecido que existe…
- Mal nacido…–Murmuró con odio- ¡Quítate de encima!… ¡Garras de acero!
La fuerza cortante de su ataque consiguió su objetivo, y a pesar de que no le hizo gran daño, fue suficiente como para hacer a la gran bestia retroceder sorprendida. No se esperaba aquello...
InuYasha se puso de pie con algo de esfuerzo y examinó por encima su brazo lesionado. Las ropas que lo cubrían estaban desintegradas, y en la piel se podía evaluar una gran herida muy profunda. Miró un poco más, buscando su arma… Pero… ¿Su espada? Necesitaba a Colmillo de Acero… ¿Dónde estaba? Debió haberla perdido cuando su sangre de demonio invadió su cuerpo, puesto que no podía recordar qué había sucedido con ella luego de aquello…
- Tú… -Murmuró el hanyou, cubriendo su hombro con la mano opuesta- Hijo de perra…
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En aquella oscuridad opresiva, Kagome se recostó hacia la pared, cansada y sumamente intranquila. Intentó estirar los brazos y las piernas, que tenía entumecidos, y notó que le dolía la garganta de tanto gritar. También le dolía parte de la espalda, y tenía empapados la ropa, el cabello y la piel.
- InuYasha…. –Sollozó en silencio, mirando al suelo- Por favor… que no le hay pasado nada malo…
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El Nigromante sonrío, en aquel cuerpo monstruoso.
- Vaya… Volviste a ser el mismo idiota de siempre. Me impresionas, hibrido, al parecer esa mujer es tu razón para seguir gastando aire.
InuYasha miró aquella formidable figura, y entonces más allá de donde se encontraba, pudo visualizar una espada clavada en la tierra… ¡Colmillo de Acero!
- Miserable… - musitó ladeando su mirada a la fiera - Ahora las pagarás caro…
El nigromante salió de su impresión, y cambiando el semblante lo miró.
- Patético hibrido, apenas puedes ponerte de pie. No me digas que de verdad esperas poder vencerme en ese estado.
InuYasha apretó el puño -¡Cierra la boca y pelea! –Gritó con todas sus fuerzas-
El animal abrió sus enormes fauces, y una vez más salió de él aquella nube de insectos dirigiéndose a InuYasha. Él aguardó… No mucho… Lo suficiente… Mientras ellos alcanzaban su objetivo…
1 metro de distancia, e InuYasha saltó hacia atrás y luego se impulsó hacia delante, por encima de la bestia. La nube de insectos se estrelló y desparramó contra la tierra, sin volver a levantarse.
Él descendió sobre sus talones, detrás del brujo convertido en bestia, y antes de hacer nada se apresuró a alcanzar su arma. El enorme animal se volvió hacia él y gruñó mientras lo veía correr por Colmillo de Acero.
- ¡¡Solo prolongas tu muerte, patético idiota! –De repente sus ojos se tornaron de un color rojo sangre brillante. A su alrededor, y de la nada, aparecieron vacilantes incontables figuras fantasmales. Por todas partes comenzaron a acercarse aquellos cadáveres con armaduras destrozadas de guerreros, blandiendo espadas fragmentadas y punzantes. No eran espíritus, tampoco estaban exactamente muertos… Pero una fuerza sobrenatural los mantenía de pie.
Eran aquellas ánimas causantes de la destrucción de la aldea…
InuYasha agarró la empuñadura de su espada, y en el momento en que la sacó de la tierra, se transformó en Colmillo De Acero. Él la observó con precaución, y entonces una sonrisa satisfecha enmarcó su rostro. Miró al animal, y empezó a correr hacia él.
Rápido como un relámpago, InuYasha posicionó horizontalmente su espada y sin bajar la velocidad alcanzó a las ánimas. Sin vuelta atrás… Aunque los cadáveres intentaban lastimarlo por todos los medios que les permitían sus cuerpos putrefactos, InuYasha no fue rozado siquiera por uno. Mientras avanzaba entre ellos, su espada iba cortando sus cuerpos a la mitad con tremenda facilidad, sus torsos resbalaron de sus piernas y cayeron al suelo casi al mismo tiempo en que él los pasaba.
- Malditos bastardos –Pensó describiendo un arco con su espada a las últimas hileras de cadáveres, esparciendo su sangre en el terreno baldío y salpicándose a sí mismo por ella; con la imagen de aquella muñeca de trapo japonesa en su mente, perteneciente a una de sus tantas victimas de ese día-
Entonces se detuvo en seco levantando una nube de polvo con sus pies, y observó el campo desagradable hecho con los cuerpos en mitades de los cadáveres. Nada se movía ya. No era un muy bello escenario de presenciar, considerando no sólo las muecas espantosas que edificaban cada rostro cadavérico y gris. InuYasha se volvió jadeante hacia la enorme bestia a unos cuantos metros de distancia, ambos se miraron.
- No resultaste ser tan débil, después de todo... –Dijo visiblemente sorprendido-
- Cállate de una buena vez… ¡Este será tu fin! -Murmuró al mimo tiempo en que Colmillo De Acero empezaba a brillar, convocando y recogiendo los vientos huracanados que precedieron a un poderoso ataque…
El Nigromante heló, y desencajó los ojos de sus cuencas, por primera vez en toda la batalla.
InuYasha apretó el puño de su espada con fuerza, hasta que pudo ver la misma energía de ambos chocando entre sí, y el punto de abertura iluminado por una potencia brillante.
Ya está…
- ¡Viento Cortante! –Gritó a todo pulmón agitando su espada una sola vez y con poderosa fuerza. Uno solo… Un solo movimiento, y el poderoso ataque salió desenfrenado y persiguiendo desesperadamente la esencia del brujo, alcanzándolo sin darle tiempo siquiera de reaccionar.
Un alarido bestial fue lo único que se pudo distinguir en aquel mar de vientos fuertes, luces centellantes y humo negro. InuYasha apoyó la espada en la tierra, sosteniéndose de ella para no caer, mientras miraba asombrado aquel espectáculo tenebroso.
No duró mucho…
El humo se fue disipando, y en vez del canino monstruoso que hace tan sólo unos momentos se encontraba de pie frente a él, ahora solo quedaba la figura delgada y pálida del brujo inicial, incorporándose del suelo, como despertando de un sueño.
Le sorprendió que no hubiera muerto con ese ataque, pero entonces recordó lo que era notable… No podía morir, las almas en su cuerpo no sólo eran las suyas propias, y su única fuente de vida era alimentada por el fragmento negro que traía consigo.
Un momento… El fragmento. Tenía que recuperarlo, debía arrancárselo de su poder… Sólo así sus almas escaparían libremente de su cuerpo, y este se destruiría… No le daría tiempo a ese brujo de ni siquiera reaccionar.
InuYasha levantó a Colmillo de Acero hasta el hombro, y corrió hacia el Nigromante. Él, aunque aturdido y débil, sacó su propia espada y se defendió. Mierda, aún tenía energía suficiente para pelear…
- Aún no termino contigo, maldito engendro… -Dijo con notable esfuerzo, sosteniendo la espada-
Giró furiosamente al Nigromante, que regateó cada paso mientras echaba comentarios arrogantes a su adversario. InuYasha lanzó una cuchillada vertical apenas pudiendo esquivar los ataques que arremetían contra su cuerpo. Se alejó.
El Nigromante lo miraba con sus ojos hundidos e infernales, sosteniendo su espada con una mano. ¿Estaba sonriendo? Si… Metió la mano libre entre sus ropas, y sacó de ellas el fragmento maldito de la original Perla Shikón. Lo sostuvo entre sus dedos.
Repentinamente su sonrisa se borró, y con expresión desconcertante apretó el fragmento, como esperando algo que debiera suceder…
- ¿Qué pasa? ¿Por qué no me das más fuerza…? –Parecía murmurar desconcertado- Vamos…
- ¿Qué demonios estas haciendo? ¡Pelea!
El fragmento comenzó a brillar con una luz oscura. El Nigromante abrió sus ojos.
De pronto una voz distinta a la de los dos presentes sonó en el aire, sin provenir de un cuerpo material, como un eco de la nada. Era una voz profunda y grave, que enseguida InuYasha pudo reconocer.
- Fracasaste… -Dijo la voz en un tono aterradoramente calmo- Fracasaste terriblemente, mi estimado hechicero.
- Esa voz… -InuYasha se alarmó ante aquel imprevisto, y buscó a su alrededor el causante de ese comentario- No… No puede ser…
"Naraku…"
CONTINUARÁ…
Espero que les haya gustado º-º Gracias por leer.
