CAPÍTULO 6

No podía cree lo que estaba haciendo de él. Estaba jugando con su persona como si fuera un pelele y lo peor de todo es que él permitía que lo hiciera porque le gustaba. Desde que ella había comenzado a rechazarle sentía aún más deseos de conquistarla, de que por fin se rindiera y cayera en sus brazos. Claro que también pensó que en ese momento quizá era él mismo el que estaba más impaciente por caer en los brazos de la otra persona. No podía dejar de pensar en ella, no che y día. Ya no sólo pensaba en todo lo que le haría, besos, abrazos, caricias, sino que la absurda seducción que ella estaba llevando a cabo lo estaba volviendo loco. No entendía por qué lo hacía y por qué jugaba así con él; le gustaba, pero la impaciencia le comía por dentro.

La mañana del día en la que él no pudo aguantar comenzó de manera dura para él. Creía haber superado el problema de la excitación y parecía que tenía la cabeza en su sitio. Debía centrarse solamente en lo que ella le había pedido, únicamente tenía que demostrarle que la quería; solo eso y él conseguiría lo que tanto deseaba. Esa mañana un paciente entró en insuficiencia respiratoria mientras ellos se encontraban en su habitación y tuvieron que intubarle. Para sorpresa de House tras intubarle ella se agachó sobre la cama del paciente para recoger algo que no alcanzó a ver y él observó que uno de los botones de su camisa, que normalmente estaba atado, estaba esta vez suelto, dejando entrever una buena parte de su anatomía femenina. De la misma forma el observó cómo ella levantaba la vista y se fijaba en la cara que él ponía, mientras él volteaba los ojos y dirigía la vista a otro lado. No quería pensar en ella, no quería pensar en eso con ella, aún no. A Cameron parecía divertirle el jueguecito, no se molestó en taparse ni en disimular su atrevimiento, disfrutaba con el nerviosismo que él mostraba, le gustaba verle en constante tensión, le gustaba verlo débil. Y él debía reconocer que se sentía extrañamente cómodo cuando ella le dominaba así.

Una vez repuesto del susto caminó hacia su despacho. No quería ver a nadie esa mañana, se sentía incapaz de poner en blanco su mente y descansar, nunca había pensado que conseguir a una persona fuera tan complicado y menos que conseguir a Cameron lo fuera. Ella había sido siempre tan moldeable... era la más impresionable y la más blanda de sus tres ayudantes. O eso pensaba él. Los últimos días habían hecho que pensara en que quizá ella no era tan blanda como aparentaba ser, quizá era solo bondad lo que tenía dentro, pero debía reconocer que también llevaba dentro un carácter muy fuerte. Puso en la balanza a cada una de ellas y no supo cual elegir. Pensó que le gustaría tener a la Cameron de siempre para la intimidad, cuando él necesitaba la suavidad y la ternura más que nada en el mundo y a la Cameron autoritaria para ponerle en su sitio en el trabajo. Nunca lo había hecho notar, pero le animaba y le servía de acicate que ella le llevara la contraria o le desobedeciese, incluso le encantaba que se chivara a Cuddy de todo lo que él hacía. Todo le gustaba de ella, absolutamente todo. Ahora comprendía por qué ella le contestó que "qué pregunta tan triste" en el momento en el que él le preguntó por qué le gustaba. No había razones para ello, nadie podía explicar por qué ahora él sentía una irrefrenable adoración por ella.

Cuando ella se acercó a las consultas vio que todas su horas estaban tachadas y en su lugar estaba escrito "Dr. House". Al principio no entendió qué significaba el nombre de House en sus horas de consulta, hasta que recordó el trato que los dos se traían entre manos. Él había pensado que una buena manera de demostrarle su amor era hacer sus horas de consult. Ella resopló y puso cara de circunstancia. Dejó los papeles sobre el mostrador de enferemeras y de dirigió a la consulta donde él estaba. Entró por la puerta de golpe, aliviada de que no hubiera ningún paciente dentro.

- Eres patético- le dijo en voz alta- Te doy la oportunidad de tu vida y la desaprovechas. ¿Por qué lo reduces todo al hospital? Es triste que no tengas vida más allá de estas paredes. Incluso Wilson tiene más vida que tú, viviendo entre divorcios y personas con cáncer.

- ¿No te ha gustado mi sorpresa?- preguntó él mirandola con sus ojos azules desde abajo

- ¿Sorpresa? House, me debías esas horas desde hacía meses. llevo desde que entré pasando la mayor parte de tus horas de consulta. ¿Has considerado eso alguna vez como una declaración de amor?

- No.- contestó él sin mirarla.

- Lo tuyo tampoco lo es.

- Caemron, yo...- comenzó a decir él.

- No, House. Para mí no es suficiente. Tú no me quieres, solo me necesitas para alimentar tu ego. Quieres conseguir algo para decirte a ti mismo que Gregory House se ha vuelto a salir con la suya, pero no te importo, solo soy un trofeo más en tu estantería de galardones. Me necesitas, pero no de la manera que tú crees, me necesitas para ser tú mismo.

Ella sabía que le estaba hiriendo con sus palabras, al igual que él lo hizo aquella vez con ella. Él sentía que lo estaban bombardeando por los cuatro costados y no podía evitar desear huir de allí. Ella era consciente de que sus palabras harían mella, le estaba diciendo que no la quería, que la necesitaba. Era cierto que la necesitaba, ella lo sabía, y sabía que la necesitaba tanto como ella a él, pero no era necesario que él lo supiera aún. Ella estaba segura de que no solo la necesitaba para llenar su ego, para alimentarlo, sino que ella le completaba como persona, que hacía que Gregory House estuviera completo al 100, porque ella era la versión femenina de Wilson. Ellos dos eran dos piezas de puzzle que casaban a la perfección. Y ella también sabía que él la completaba como nunca nadie lo había hecho.

- Lo siento... Cameron. No valgo para esto. Lo dejo, no puedo contigo.

Ella lo miró sorprendida. No esperaba que sus palabras tuvieran ese efecto en él. Ella quería ser dura, pero nunca había previsto que él se diera por vencido. Nunca había pensado que él se diera por vencido ante nada.

- Has ganado, Cameron. No te quiero, ya lo ves. No soy capaz de demostrelo, ergo no te quiero- él sonrió levemente al acordarse de cuántas veces utilizaba la palabra "ergo" en sus conclusiones. Parecía que esto era el final de otro caso más. Cuestión resuelta. Él comenzó a andar hacia su despacho dejándola a ella sin saber qué decir ni qué hacer.

Volvió a su despacho abatido. Se había rendido y no se arrepentía. Se sentía completamente deshauciado, no tenía fuerzas para seguir. Había dado todo de sí mismo y nada había dado resultado. Estaba cansado. Ni siquiera por ella quería seguir. ¿Para qué? Para él era ya un caso perdido.

En ese momento Cameron entró por la puerta de su despacho. Se agarraba el cuello con ambas manos y respiraba con dificultad.

- House...- dijo ella con respiración entrecortada- No puedo respirar...

Él se levantó de un salto de la silla y la sentó en su pequeño sillón. Las persianas estaban bajadas, por lo que nadie podía verles en tal situación. Rápidamente él cogió un estetoscopio de encima de su mesa y se lo puso en los oídos. Mientras tanto ella se desabrochó la camisa hasta dejar ver todo su busto. Él acercó el aparato a su pecho con preocupación y comenzó a escuchar; no oía nada anormal.

- Cameron, estás bien.- dijo él mientras tragaba con fuerza.

- ¿Tú crees? Me estaba ahogando

- No hay murmullos ni sibilancias. No te cuesta respirar.

- Habrá sido un error- contestó ella con disimulo

- La próxima vez asegúrate de que de veras te estás ahogando.

- Te veo asustado, House. ¿Acaso has temido por mi vida?

Él volteó los ojos mientras ella sonreía ansiosa por ver su siguiente reacción. Él tosió y apartó la vista.

- ¿Es que no te ha gustado el regalo que te he preparado? Quizá no vuelvas a verlo.

Él supo en ese mismo momento a qué se refería ella, la había visto prácticamente sin camisa y él solo pudo pensar en auscultarla para salvarle la vida. En ese momento se dio cuenta y no pudo evitar llevar su mirada hacia el pecho de ella, seguía descubierto, con la camisa echada a los lados. Supuso que su cara lo dijo todo cuando la oyó reír a gran volumen, una carcajada que nunca había oído de su boca mientras se tapaba y se ataba la camisa.

- ¿No te lo esperabas, verdad, House? Quizá tu Cameron no es tan buena como tú te imaginabas. Quizá nunca llegues a comprobar lo buena que soy. ¿Temes eso, House?

Ella se levantó y se dirigió hacia la salida, dejando a House de pie sin saber qué hacer. Estaba totalmente vencido, ya no sabía qué hacer con ella, le estaba ganando en todos los frentes y por primera vez estaba sin ideas. Tenía que pensar en algo pronto, la incertidumbre de encontrarse a la deriva le abrumaba, SIn saber muy bien por qué se oyó a sí mismo gritando hacia la puerta:

- ¡Ehhhh!- le gritó

Ella se dio la vuelta sorprendida.

- ¿Por qué lo haces?- le preguntó mientras caminaba cojeando hacia ella

- ¿El qué?

- Ya vale de juegos, Cameron. Somos mayores ya para esto. ¿Por qué lo haces?

Ella levantó las cejas disimulando no entender nada de lo queé hablaba.

- Sabes de qué te hablo. ¿Por qué? ¿Por qué lo haces si sabes que me duele?- al decir estas últimas palabras él estaba prácticamente a su altura y sus escasos centímetros separaban sus caras.

Ella respiraba a su lado, podía sentir su calor y la duraza de toda su piel, de su barba, su fría y áspero tacto. No podía evitar desearle allí mismo, su deseo era arrojarse en sus brazos y decirle todas aquellas cosas que había soñado en decirle tantas veces. Se moría por confesarle todas las veces que había soñado con él, ahora que ella sabía que él le pertenecía. Pero él no había cumplido su trato, aún no había hecho nada realmente valioso para convencerla.

- Para poder... -comenzó a responder ella- decirte que no.

Y con esas palabras se giró y se marchó por el pasillo, dejando a House más desconsolado y decepcionado de lo que él mismo podía creer.