NOTA DE LA AUTORA:
Aquí está el siguiente capítulo, el siguiente regalo. Este en especial consta de una escena que creo que jamás puse cuando se publicaba en CemZoo… Así que, digamos que es un tanto exclusivo ja x) Enjoy it.
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Capítulo 9: "A La Espera De Su Oscuridad: Lo que Siento Por Ti"
En la celda…
Kagome levantó la cabeza de repente. Entraba y salía de un letargo enfermizo y tembloroso… rebuznando el silencio, y sintiendo el terror de la soledad.
Tragó saliva de nuevo, intentando calmar el ardor de su calcinada garganta. Cuánto deseaba que InuYasha estuviera ahí con ella, a su lado. Deseó oírlo, deseó volver a percibir su olor varonil, volver a ver sus ojos dorados de nuevo.
Levantó otra vez la cabeza, conciente de que se estaba quedando dormida una vez más. Miró exasperada a su alrededor, iluminado por la luz de la luna que alcanzaba a entrar por la rendija; forzó una vez más las cadenas, y gimió en su frustración. Soltó un quejido exhausto, pero finalmente dejó lánguidas las manos, suspendidas como muñecas de trapo por las cadenas. Las lágrimas corrían rápidamente por sus mejillas, y entrecerrando los ojos intentó dejar de lado el dolor.
Ese olor. Ese olor a humedad la mareaba. Aunque tuviera los ojos puestos en un hondo abismo, no veía sino sus propios pensamientos, no sentía, sino el desespero y el cansancio que languidecía su cuerpo. Se estaba comenzando a quedar adormecida de nuevo, cuando un ruido hosco la sacó súbitamente del malestar. Sintió la puerta de madera abrirse, dejando entrar un poco más de luz a su campo visual, y al entreabrir los ojos percibió una difusa claridad entre las sombras: Un borrón al fondo, de colores rojo y plateado... familiar, maravillosamente familiar.
- ¿InuYasha…? -Susurró levantando la mirada- Eres… tú…
- Shhh… No hables -Él dijo, mientras acercándose en silencio y apurado, solo para confirmar que estuviera bien. Para ella él parecía ponerse más borroso al estar más cerca. La visión le fallaba. Pestañeó, intentando despejar su visión, pero no consiguió el resultado deseado- Tranquila… estás a salvo; todo acabó, y ese sujeto no volverá a ponerte las manos encima. Yo estoy contigo, Kagome.
Kagome se invadió de un inmenso alivio al escuchar su voz de nuevo. Sintió cómo InuYasha se arrimaba a ella, e intentaba romper con las ligaduras de sus muñecas.
A pesar de no ver mucho que digamos, le agradó sentir la proximidad de InuYasha a ella; la respiración agitada cerca de su piel, el cabello plateado acariciando su rostro cuando él se sujetó a las cadenas… Se sonrojó. Pensar en eso al menos era una distracción al incomodo dolor que sentía en sus muñecas.
InuYasha maldijo con esfuerzo al mismo tiempo que las cadenas se sintieron rechinar ruidosamente, y con el sonido del metal torciéndose finalmente se hicieron trizas en un segundo, como si se hubiera detonado un bloque de acero. Kagome pudo liberar sus manos, y lo primero que hizo fue aferrarse al cuerpo de InuYasha.
- ¡InuYasha! –Exclamó entre sollozos ahogados, ocultando su rostro en los ropajes de él- Te oía gritar, podía oírte, pero no podía hacer nada por eso te llamé… -Hablaba de prisa y entre sollozos amargos pero a la vez desahogados- Inu… Yasha… ¡Gracias! No tienes idea de lo feliz que estoy de verte a salvo….
Ella levantó su cabeza levemente para verlo, necesitaba ver su rostro, sus palabras la habían tranquilizado. Lo tomó entre sus manos, tocándolo con ansiedad, asegurándose de que no se trataba de otra ilusión producto de su temor. Entonces sus ojos se llenaron de lágrimas y volvió a abrazarlo.
InuYasha la sostuvo contra él con sus brazos. Cerró los ojos, y le dijo en tono inquieto: "¿Ese hombre te hizo daño? ¿Estás herida?"
Ella se quedó inmóvil, e inconcientemente apretó el cuerpo de InuYasha más contra ella como si fuera un instinto.
- Estoy… bien –Le susurró tratando de sonar calmada- Desperté hace poco y me encontraba en este horrible lugar –Mintió. Haciendo el esfuerzo de esbozar una sonrisa-
InuYasha soltó una bocanada de aire, estrechándola aún más: "Eso me tranquiliza. Ya no te preocupes más por él, yo mismo me encargué de aniquilarlo".
Se quedaron unos segundos así: inmóviles, en silencio, sin apartarse ni desacoplarse el uno del otro; ambos respirando aliviados de que nada peor hubiera sucedido. Los ojos ambarinos de InuYasha se entreabrieron, mostrando un ligero destello de luz en aquella oscuridad.
- InuYasha… -Susurró ella- Pude recordar… Finalmente pude recordarte… ¿Lo sabes, no?
Él cerró los ojos, que parecieron temblar por un segundo, y su corazón se aligeró dentro de su pecho.
- Si… Lo sé… Lo supe en cuanto dijiste mi nombre… antes de que este bastardo te llevara consigo…
Kagome inhaló hondo.
- Si, en ese momento… No sé cómo, ni por qué… pero en ese momento todas mis memorias vinieron a mí, y pude… –Sonrió estrechándose más contra él- recordarlo todo… Y también… sigo recordando las cosas que te dije, allá en el campo de girasoles.
Abrió delicadamente los ojos y lo miró a los suyos...para luego posar una de sus finas manos en el rostro de él... y él… él solo la veía fijamente… con el ceño algo fruncido… con un ligero rubor en sus mejillas… con un recuerdo fresco en su memoria, de una jovencita que en un campo de girasoles le había dicho que lo quería…
- Kagome…
- Todo lo que te dije fue cierto… Y lo mantengo… -No deseaba que él la dejara de nuevo… que la abandonara con la incógnita en su mente… con la duda de si él sentía lo mismo por ella, tal como ese día- Sabes… que lo único que deseo en esta vida es poder estar contigo…
-"Toda una vida… conmigo" -Se repitió mentalmente a sí mismo-
- No importa lo que suceda. Yo siempre querré estar a tu lado, InuYasha…
"-Todos los seres que amas se irán, porque tú mismo los has puesto en ese peligro… Y lo más interesante es esa energía de Youkai que domina tu sangre, y que no puedes controlar. Si sigues así… Si sigues ilusionándote con que puedes tener personas que te amen a tu alrededor, te equivocas, porque esa energía de demonio que traes no diferencia entre aliados y enemigos… Y muy pronto terminarás por asesinarlos a todos."
InuYasha entrecerró los ojos, sin saber qué decir o hacer. Sabía que estar con ella lo debilitaba y lo extasiaba de una manera que jamás… jamás había experimentado. Pero… no podía. Simplemente nada de eso podría ser.
Quizás por las palabras del Nigromante… Admitía que nunca lo había pensado tan seriamente como en ese momento… Quizás tenía razón…
Permaneció un momento sin moverse. Todos sus propósitos se habían derrumbado de golpe con las palabras del brujo, le parecía como si en su interior todo se hubiera volcado. No podía… simplemente no podría hacerle eso a Kagome. Ella no podría pasar ni un segundo de su vida al lado suyo sin que corriera peligro.
"La verdadera esencia de los seres nunca podrá llegar a ser totalmente destruida..." le había dicho Kikyou una vez, en aquel valle de lirios donde a veces se localizaban, justo antes de expresarle su opinión sobre la transformación con asistencia de la perla "… sólo puede modificarse, a voluntad, si se tiene el corazón sincero para hacerlo"
"Pero…. Seguirá teniendo la misma naturaleza después de todo" Pensó para sí mismo InuYasha "No puedo cambiar lo que soy… y desde el momento en que nací me vi rodeado de inminencias y riesgos…. ¡No puedo acceder a que la vida de Kagome peligre por algo que ni siquiera debió haber existido! Ella es lo único preciado que me queda…" La observó por un momento "…y casi la pierdo hoy"
Si, ella era lo único que le quedaba… Ni siquiera Kikyou, ella ya había dejado en claro que no le pertenecía a nadie, hace algún tiempo... Y sin embargo él ya la había perdido hace más de 50 años…
Kagome se separó de él, levantó la cabeza, y miró sus intensos ojos dorados, entreabiertos, que a pesar de la sombras seguían reluciendo como luminares. Buscaba una respuesta, una aclaración… una sonrisa. Pero le desilusionó ser respondida por el silencio.
- Kagome, tú sabes que en estos momentos… Digo, la perla Shikón… Y ahora… -Habló apagadamente, sin saber realmente adonde quería llegar. Maldijo entre dientes, no encontraba palabras para revelar todo eso en que estaba pensando ¿Cómo decirle lo que sentía? O quizás era el propio temor el que le impedía contestarle todas sus preguntas… el que le impedía… dar el siguiente paso-
Ella suspiró: Yo… creo que entiendo… -El tono de su voz era triste, melancólico... Entonces volvió a mirarlo, y le ofreció una sonrisa nostálgica- ¿Puedo preguntarte algo…?
InuYasha bajó la mirada, y escuchó atentamente. Kagome se sonrojó, frotando con las manos sus muñecas dolientes y lastimadas. Él vio sus dedos juguetear con sus muñecas, la sintió mirar hacia otro sitio para darse tiempo de hablar, tomando fuerzas para que su voz no se quebrara, esperando a que el corazón descendiera su ritmo.
- ¿Alguna vez has oído… que un beso puede asegurar una promesa? –Preguntó insegura- Como algo que se espera cumplir algún día….
InuYasha también se sonrojó, pasó saliva y desvió la mirada. Parecía vacilar, pero aún así confesó con un claro "Si". Ella suspiró, esta vez mirándolo a los ojos.
- Bueno, en ese caso… yo… yo sólo quiero… -Intentaba darse valentía para hacerlo. Se acercó un poco a InuYasha y lo miró muy de cerca- Sólo quiero…
Él pasó saliva una vez más, y miró como Kagome tomaba fuerzas dentro de ella… para acercarse a él…
Ella se apoyó sobre las manos en el suelo, y se aproximó nerviosa y lentamente a su rostro. Él se paralizó, abrió grandemente sus ojos dorados, y su corazón heló al sentirla cerca… Insistentes y tormentosos recuerdos inundan su mente, mantenía una lucha sin sentido en contra de sus sentimientos. Razón contra pasión, mente contra corazón… Pero no hizo nada para frenarlo, de hecho… ni siquiera pensó en impedirlo.
Parecía como si su corazón se hubiese precipitado a su estomago, pero al mismo tiempo como si se albergara en su garganta, sintiendo el pulso firme a través de su piel.
Volvió a pasar saliva.
"Kagome… ¿Qué estás haciendo, mujer?"
Ella tendió titubeando su mano para acariciar la mejilla de InuYasha, mirando sin ver en realidad.
"Tus manos… están tan frías…" –Pensó el joven Hanyou de las mejillas enrojecidas, posando su propia mano sobre la de ella-
Kagome se acercó más… Y sus labios se detuvieron…
Miró a InuYasha, hallándose a pocos centímetros de poderse tocar, con sus respiraciones acariciando las bocas de cada uno, avivando pasiones furtivas y lazos afectivos. La mirada de él no se apartaba de sus labios, los miraba con deseo, con una sed infinita de poseerlos y hacerlos suyos, y ella lo sabía… había aprendido a conocerlo muy bien en esos dos años de viaje. Pero ahora que deseaba acercarse más, sentir el calor que emanaba de él… un miedo la aterrorizaba, miedo a moverse, miedo a que él se apartara de ella…
Soltó una respiración nerviosa, y descansó su frente contra la del joven, quien cerró los ojos y respiró profundamente el aroma a Jazmín que ella despedía. No sabía qué le estaba pasando… ¿Por qué de repente sus impulsos no podía controlarlos más su mente?… ¿Por qué le excitaba tanto sentir el aliento de ella chocando contra su boca?… ¿Por qué sentía la necesidad de aspirarlo hasta su ultima molécula como si su vida entera dependiera de ello…? Por Kami, podía incluso sentir levemente su sabor en la lengua.
Él la miró, y ella también sin necesidad de decir nada, como pudiendo ver a través de sus ojos lo que pensaban. El silencio se hizo eterno entre los dos, sin apartarse las miradas. Se acercó un poco… hasta que sintió que pudo rozar sus labios… Lo miró fijamente una vez más, ambos ojos brillantes… Y enseguida supo que él también lo deseaba…
Así que simplemente cerró los ojos…
-Baboom… Baboom…-
Dudosos, los labios de ella acariciaron los de él, y cosquillearon cerca de su boca que permanecía entreabierta. InuYasha sintió el contacto, y se apresuró a tomar los de ella entre los suyos. Respiró nervioso su dulce aroma, y ella suspiró, acercándose más a él y poniendo la mano libre en su pecho… Bajo su palma podía sentir el corazón del Hanyou latiendo sin control -el suyo posiblemente estaría palpitando así de vertiginoso-. Pronto empezó a mover sus labios, y a cambiar la inclinación de su cabeza. Un beso delicado fue en lo que se tornó; aunque inseguro y pequeño era plácido… Sólo con sus labios cerrándose una y otra vez sobre los de ella, prensando sutilmente y volviendo a soltar. Atrayéndose a veces, y otras solo dejándolos juntos e inmóviles por unos segundos.
Sus labios eran tan dulces y dóciles como él siempre creyó que serían, no hubo necesidad de pensar en nada más…
Sintió su sangre calentar su cuerpo, y con ella el deseo de ir más allá… De superar la delicadeza de ese primer beso…
Se atrevió a tocar el rostro de ella, como explorando un terreno seguro, y la sujetó delicadamente por la barbilla separándola un poco. Ella se dejó manejar, y se mantuvo con la mirada baja y fija en aquellos labios varoniles que de pronto se volvían a acercar. La mano de él hizo fuerza hacia arriba para que ella subiera un poco la inclinación de la cabeza.
Él abrió su boca con hambre, y cubrió con ella los labios de Kagome, invitándola a ahondar el beso… pasando por ellos su lengua… sintiendo la tersa suavidad de su boca... Respiró con fuerza y se apretó contra su rostro… percibiendo como abría su boca para dejar entrar su lengua.
La tensión iba aumentando, el anhelo, el deseo de sentir más, de tocar más… Kagome sintió que el cuerpo de InuYasha la empujaba hacia atrás, hasta que finalmente advirtió la fría pared sobre su espalda. Se dejó llevar y soltó un gemido al tiempo en que sus lenguas comenzaban a acariciarse sensualmente. Los dedos de él soltaron su barbilla, y ahora la tomaban de la nuca, obligándola a echar la cabeza más hacia atrás y recibir enteramente aquel beso sediento.
- Kagome… -Respiró soltando sus labios, y dando pequeños besos alrededor de ellos y en sus mejillas- Kagome…
- InuYa… -Susurró delicadamente cuando todo su cuerpo se estremeció al sentir los colmillos de él rozando su piel- sha…
Todo iba demasiado rápido. "Todos estos años deseándote… Y ahora te tengo a mi merced" InuYasha agarró las manos de Kagome por las muñecas y las elevó, sosteniéndolas contra la pared por encima de su cabeza "No, Mierda… Detente… ¡Detente mientras puedas!" La voz de su conciencia le repetía en su mente, pero su instinto no parecía querer reaccionar, pues nuevamente su boca se encontraba sobre la de ella, sacándole pequeños gimoteos de la garganta, explorando la cavidad, saboreando su sabor "Le harás daño, la vas a lastimar ¿Eso es lo que quieres?... ¡Detente ahora!".
Nuevamente Kagome suspiraba, esta vez con mayor intensidad que antes, lo que lo descontrolaba aún más… Lentamente, todos sus sentidas iban dominando esa parte racional d su cerebro que le pedía a gritos que se detuviera. Su mano libre comenzó a recorrer su cuerpo, desde la cintura hasta las costillas, y la otra la mantenía firme aprisionando las muñecas de ella contra la pared. Aquellas acciones sólo parecían provocarle más placer a Kagome, su cuello se había arqueado en más de una oportunidad en los últimos segundos…
Gruñó profundamente, empezando a lamer el cuello de la jovencita, sacando pequeños estremecimientos de su frágil cuerpo, aspirando de un modo más intimo aquel delicioso aroma que desde siempre lo había atraído, provocándole pensamientos que sólo pertenecían a la dueña de éste. De pronto liberó las muñecas de ella… Las manos del medio demonio se colaron debajo del vestido que llevaba, ese vestido roto y sucio de tierra y sangre con el que había llegado al Sengoku mientras sufría de amnesia. Kagome soltó una bocanada de aire, rodeó su cuello y se aferró a su larga melena plateada.
La estaba tocando…
Un olor diferente alcanzó su nariz… Un olor que jamás había tenido tan cerca… Un olor que provenía de la entrepierna de ella… Un gruñido gutural escapó de su garganta, acariciando la tersa textura de sus piernas con desenfreno… Quería sentir cada milímetro de su cuerpo juvenil… Sin embargo, una lucha interna y sin sentido estaba llenándolo por dentro, sin poder decidirse sobre cuál voz tenía la razón, a medida que la adrenalina iba controlando su cuerpo…
-"Ella… Sabe tan condenadamente bien…"
- "Vas a herirla… Ella no tiene ni idea de lo que sucede"
- "Quiero tocarla… Deseo tocarla…"
- "La matarás si no acabas con esto a tiempo. Te está controlando el deseo, debes detenerte ahora"
- "Pero quiero probarla, sentirla, quiero estar dentro de ella, quiero hacerla mía…"
-"Prometiste protegerla, dijiste que la protegerías de todo mal ¿Y no puedes protegerla de ti mismo?"
Abrió los ojos de golpe y se separó de Kagome. Él retrocedió un poco, con la respiración agitada. Ella, por un momento, se fue un poco hacia delante, embriagada de él, añorando ya el calor que sus labios le habían dado; pero permaneció inmóvil, entre hipnotizada y desconcertada mirando al Hanyou frente a ella.
- ¿Inu…Yasha…?
- Tú no entiendes… No entiendes… -Dijo él limpiándose la boca con la manga de su ahori-
- ¿Qué no entiendo? –Preguntó confundida, arreglando con sus manos el vestido, pues todavía estaba con las piernas descubiertas-
InuYasha contrajo en entrecejo, recorriendo con su mirada a la jovencita asustada frente a él. Deteniéndose en el rubor intenso de sus mejillas, en los labios sonrosados y húmedos… Ambos respiraban con la boca semiabierta… Kagome se incorporó, sobre sus rodillas y apoyándose con sus manos en el suelo comenzó a acercarse; él echó un poco su cuerpo hacia atrás en un frustrante intento de alejarse de ella. Pero finalmente lo alcanzó, esta vez con renovado ímpetu para cruzar la línea de sus espacios y quedar a pocos centímetros de su rostro. Lo miró, un silencio absoluto había invadido el lugar… y apoyó su frente contra la de él.
Sólo se escuchaban sus respiraciones…
- InuYasha –De repente sus ojos se habían cristalizado, sin comprender el por qué de su comportamiento… Si hace tan solo unos segundos se había sentido por primera vez en toda su vida tan… amada… tan necesitada por alguien ¿Qué pretendía él al arrebatarle ese sentimiento tan abruptamente y sin misericordia?-
Un leve sollozo llegó a sus oídos, el olor a agua salada apunto de ser derramada llegó a su sensible olfato y supo al instante que Kagome estaba apunto de llorar… Aún con sus frentes apoyadas, conservaban la mirada baja. InuYasha divisó sus labios, rosados por el beso, y se sonrojó aún más. Kagome le acarició su mejilla, limpiándose al tiempo con la mano libre las lágrimas que empezaban a salirse, y alzó la mirada a sus ojos. Se quedaron así sin que ninguno de los dos comentara nada.
- Kagome, yo… -Intentó finalmente hablar-
- ¿Por qué no puedo tenerte…? –Susurró melancólicamente, casi para ella misma-
- …
- ¿Por qué no puedo tenerte?... ¿Por qué no me dejas quererte?
- Calla… -Susurró él- No se trata de eso…
Kagome cambió el rumbo de su mirada, todavía apoyada en la frente de él.
- Mi corazón te pertenece, y lo sabes. Con esto que ha pasado… Con este beso… Con estas caricias, te hago una promesa… -Se silenció por un momento- Soy tuya hoy y por siempre. Y prometo demostrártelo de… de otra forma, algún día… Cuando tú me lo permitas a mí…
InuYasha paralizó. No se aventuraba a verla a los ojos. Mordió su propio labio, y deseó poder hablarle… decirle de una buena vez por todas lo que sentía, lo que le había dicho el brujo. Pero… recordó las palabras de la perecida Kikyou, y luego volvió a las del Nigromante… ¡Por Kami, cómo le habían afectado sus palabras! Trajo a la mente su propia vida… Maldita sea, él tan solo era un niño pequeño, él no planeó su propio destino.
"Nadie escoge bajo qué condiciones nacer…"
Existió con los humanos de un lado persiguiéndolo por ser un engendro, un maldito mestizo, y con los demonios del otro lado intentando aniquilarlo por tener… sangre sucia, infectada. Su vida entera había estado marcada desde el día en que respiró por primera vez. Su madre lo sabía, todos los sabían… nunca pertenecería a ninguna parte, siempre sería acosado por ambos bandos…
Y Kagome no merecía eso…
"La verdadera esencia de los seres nunca podrá llegar a ser totalmente destruida..."
"Es imposible llegar a destruir la identidad…" -se recordó a sí mismo. Esa es la razón por la que los Hanyous son escasos… No logran procrearse a tiempo, ya que a la gran mayoría los liquidan sin siquiera darles una oportunidad misma para vivir…. Para amar.
InuYasha reconocía la naturaleza de esas cosas, era consciente de eso porque él mismo lo vivió en carne propia desde muy anticipada edad. Era su propia naturaleza, toda su vida estaría corriendo peligro… y más que por él mismo se alarmaba por Kagome; esa no era la vida que ella podría merecer a su lado. ¿Cómo despertarse cada mañana pensando en que ese día podrían o no quitarle la vida a esa persona por causa tuya?
Él abrió la boca, e intentó pronunciar palabras de las que simplemente no disponía aún… ¿Por qué no podía decírselo? ¿Por qué tenía ese nudo en la garganta que le impedía expresar lo que pensaba? Era acaso… ¿Temor? ¿Temor a decirle la verdad? Maldita sea… ¿Por qué temía?...
Kagome sonrío tristemente, e intentó reír, separándose de él
- Obviamente… no va a ser pronto. –Expresó alejándose hacia atrás, y luego poniéndose de pie con algo de dificultad- Pero ten por seguro… que yo esperaré el tiempo que sea necesario…
- Kagome… perdona, yo sólo… -Se maldijo a él mismo, por esa costumbre de no decir nada y conformar a la gente con lo más minúsculo de sus palabras-
- No te preocupes… -Le susurró en voz baja- Está… bien así.
- "¿Por qué me sonríes? Maldición… ¿Por qué eres tan buena y me haces sentir tan culpable…?" –Alejó su mirada de ella, herido-
Kagome indicó la puerta entreabierta.
- Deberíamos irnos ahora… No quiero estar un segundo más en este lugar –Le habló en voz baja y conservada- Además… Sango, Shippo y Miroku deben estar sumamente preocupados por nosotros.
InuYasha asintió afligido, y se puso de pie junto con ella. Al hacerlo, ella pudo notar la herida en su brazo, y la sangre que emanaba de esta. Se acercó, bajo la mirada inquisitiva de él, y tocó su brazo.
- Estás herido… ¿Ese hombre fue el que te hizo esto? –Le preguntó, sin moverse y con la mirada fija en su brazo-
- No es nada. Sabes que para mi solo es un simple rasguño –Le dijo en tono presuntuoso- No tienes de qué preocuparte.
- En cuanto lleguemos a algún lugar seguro me encargaré de curarte –Recorrió su brazo con sus dedos delicados como seda, en tono reconfortante-
InuYasha sintió aquel tacto suave, y luchando contra su propio deseo, alejó su brazo de ella. No, no era posible… Ella no merecía una condena como la de seguir al lado de un Hanyou. Por más que le doliera en el alma, tenía que alejarse de Kagome… por su bien.
Debía alejarse de ella…
- Sabes que eso no es necesario –Intentó decirle lo más fríamente que pudo- Yo puedo recuperarme solo…
- Y tú sabes que no impedirás que lo haga de todas formas –Le dijo sonriendo-
InuYasha la miró fijo: "Maldita seas, mujer… No estás haciendo las cosas fáciles para mi" –Pensó para sus adentros, descarriando la mirada de ella…
Les esperaba un camino largo, en busca de sus amigos…
Continuará…
Les deseo a todos y con todo mi cariño un Feliz Año Nuevo, que todos sus deseos se hagan realidad ) Nos veremos muy pronto con otro capítulo.
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