Capítulo 11: Todos los pensamientos antes del final.

Lo que en antaño fueron sus queridos recuerdos aún seguían intactos, su memoria reciente también, sin embargo veía las cosas desde otro punto de vista. Todo lo que había vivido, todo lo que había hecho le parecía absurdo ¿sufrir por algo que pasó en el pasado? No entendía cómo pudo ser así antes ¿sacrificarse por los otros? Otra tontería, cada uno debía labrarse su propio futuro y luchar por él mismo, no esperar a que alguien le solucionase los problemas. Ahora se miraba en el reflejo de aquellos cristales, limpio de aquella sangre roja que no era suya, con aquella especie de toga y aquel collar lleno de los símbolos de los Doom, formaba parte de su familia y por ello su símbolo era el que colgaba de la parte central en su cuello, se miró altivo y orgulloso de saber que pertenecía a algún lugar. Todo aquel tiempo de búsqueda en la tierra había acabado, pensando quién era, a dónde pertenecía, ahora podía decir que estaba con los suyos.
-Shadow.- Le llamó la profunda voz que había sido su única guía esos días. –Mañana será un día importante ¿estás preparado?
-Sí, Dark Doom.- Shadow hizo una leve reverencia respetuosa pero sin perder su aire altivo.
-¿Te preocupa algo?- Preguntó la vieja y cansada voz.
-Se acercaron demasiado ese grupo de humanos.- Se quedó pensativo. –Rouge escapó.
-¿Aquella murciélago?- Se acercó Dark Doom. -¿Era amiga tuya?
-En el pasado colaboramos juntos en alguna ocasión, en otra nos enfrentamos, pero no recuerdo haberla llamado "amiga" en ninguno de nuestros encuentros.- Miró hacia Dark Doom. –Mi memoria es ahora incluso mejor que antes y no recuerdo haber llamado a nadie "amigo" en estos últimos dos años.
-Tu memoria es mejor porque desperté tu gen Doom, lo que hizo posible que accedieses a los poderes de nuestra familia.- Le aclaró Dark Doom.
-¿Gen Doom? Hum.- Shadow soltó una risita. -¿Así lo llamáis? Sí que me he dado cuenta de mis nuevos poderes, recuerdo haberlos visto por mano de Black Doom.- Shadow se miró una mano abierta, luego la cerró formando un puño.
Había hecho ese gesto como aceptando ese poder, haciendo saber que le agradaba esa sensación de no tener rival. A su vez aquel gesto le pareció conocido, fue un flash en su cabeza, y como había dicho Dark Doom fue gracias a sus poderes de acceder a la memoria como si de una computadora se tratase, vio en su mente de nuevo aquello, justo antes de bajar de ARK había hecho ese mismo gesto intentando retener la imagen de sus compañeros. Se sintió estúpido pensando que había querido proteger a aquellos compañeros, como bien había dicho a veces se enfrentaban por estar en bandos opuestos, el bando de ellos de proteger a los débiles seres de ese planeta y el bando de los aliens invasores que querían un nuevo hogar, recordaba haber cambiado de bando varias veces en el pasado, ahora simplemente había vuelto a escoger. Se preguntaba por qué sólo Dark Doom tenía ese poder de despertar el gen Doom y por qué había esperado tanto para usarlo, le pareció que quizá era un viejo nostálgico que hacía las cosas más guiadas por planes que por simples impulsos ambiciosos como hacía Black Doom.
-¿Shadow?- Le vio Dark Doom muy metido en sus pensamientos.
-Mañana los nuestros tendrán un nuevo hogar.- Sonrió el erizo negro. –Todo el universo se rige por la misma regla, los fuertes son los que vencen siempre, por eso mañana ganaremos.
La risa de Dark Doom en ese momento no sonó sarcástica, ni profunda, ni siquiera sonó maliciosa, era una risa interior exteriorizada como la de cualquier abuelo escuchando los planes de su nieto para el futuro. Por ello, esa carcasa decrépita despojada de toda luz, por un momento volvió a sentirse joven cuando sus descendientes eran aún crías que batallaban en su planeta por demostrar ser los dignos herederos su su poderoso clan.
-Eres lo único que queda de nuestro clan.- Pensó en voz alta Dark Doom. –Y mañana no sólo te consolidarás como miembro de nuestra gran familia, sino que heredarás mi poder, mi reino y este mundo.

Con los datos que habían recibido del mensaje de Rouge, GUN también preparaba sus planes de ataque, algunas modificaciones necesarias en sus rutas y retoques de última hora en el nuevo juguete del comandante.
-Esta vez sí que acabaré contigo...- Pensó en voz alta el comandante.
-¡Comandante!- Le llamó un soldado que venía corriendo. –El presidente por el trasmisor.
Con algo de desgana, el comandante se acercó y cogió el trasmisor.
-Al habla el comandante.- Esperó contestación.
-Soy el presidente.- Se identificó. –Los terroristas acaban de mandar un aviso para que la raza humana se someta a su dominio o de lo contrario atacarán al amanecer.
-Justo como estaba previsto.- El comandante sabía que tarde o temprano mandarían ese aviso. –Pero, con el debido respeto, presidente... no son terroristas, son alienígenas invasores.
-Da igual de donde vengan, siguen siendo terroristas.- Siguió en sus trece el presidente.
Y lo dejó pasar porque ya habían tenido esa conversación en otra ocasión de una manera menos formal y no había logrado hacerle entender la situación.
Tras intercambiar alguna información colgó.
-Señor.- Le llamó uno de sus oficiales. -¿Falta mucho para las elecciones?- Bromeó. –Quizá deba usted presentarse.
-Ese comentario, sargento.- Le llamó la atención. –Podría acabar en consejo de guerra.
-Lo siento, señor.- Se puso firme. –No ha sido adecuado.
-De todas formas.- Le quitó importancia el comandante. –No serviría para estar tras una mesa arreglando el papeleo, mi lugar está aquí, junto a las tropas.
-Pero, señor.- Otro oficial se entrometió. –No debería estar en primera línea de fuego.
El comandante no le respondió, ya lo sabía, su deber realmente era estar algo más atrás y dirigirlos a todos, pero no sólo por sus piques personales con Shadow, sino porque de verdad quería estar ahí con sus hombres y proteger con sus propias manos su planeta. Nunca lo aceptaría, pero en el fondo él y Shadow no eran tan diferentes después de todo.
-Muy bien, pequeño.- Le habló el comandante a su meca nuevo. –Mañana veremos qué eres capaz de hacer.
Y bajo la luz de aquellos focos de la base secreta subterránea relució el "Son of Liberty" grabado en uno de los costados de aquella gran máquina. Con la cabina de control reforzada esta vez no sería su punto débil, el tiempo de carga de sus ataques también había sido reducido y su forma más aerodinámica procuraba una mayor velocidad. Puede que Shadow no fuese su enemigo real, pero para él siempre había sido un enemigo, el simple hecho de pensar que fue por él por quien murió Maria ya le hacía odiar al erizo negro, aún aceptando que fue uno de GUN quien la mató realmente, fue por él y eso no se lo iba a perdonar nunca por muy héroe que se hubiese convertido, por muchos fans que tuviese ahora, para él siempre sería el enemigo que le arrebató a aquella que consideraba como una hermana mayor. Quizá nunca supiese cómo ocurrió todo en realidad, cómo Shadow intentó protegerla a ella y a la colonia, pero a veces el dolor de una pérdida cegaba a los humanos hasta el punto de no creer las verdades ocultándose en esos sentimientos de odio.

La tarde no había acabado y sin embargo todos parecían prepararse para la batalla que se avecinaba, no todos realmente. -Pero ¿Cómo se puede ser tan ignorante?- La voz de Eggman retumbó por la sala. –Está claro que eso no es un tumor.
Efectivamente, acto seguido el Dr. House en la serie de televisión dijo algo parecido.
-Dr. Eggman.- Le llamó uno de sus robots desde la puerta de la sala. –Ha empezado a moverse.
-Llámame dentro de 10 minutos...- Agitó la mano Eggman.
-Pero...- Se quedó quieto el robot. –Dijo que le avisásemos cuando el punto azul en la pantalla variase de coordenadas.
Con un gesto de fastidio, Eggman tuvo que desapoltronarse de su cómo gran sofá para vigilar lo que el robot llamó "punto azul" ya que realmente sí quería vigilarlo.
-Es un poco temprano...- Miró al robot. -¡Qué haces ahí parado!- Le gritó. -¡Todos a vuestros puestos!
El robot dio un saltito y salió corriendo conjuntamente con otros más que al chocarse cayeron al suelo, se levantaron alterados y se dirigieron a sus puestos.
-Debería volver a fabricarlos con ruedas en vez de piernas mecánicas...- Pensó en voz alta Eggman. –Eran más funcionales... quizá retome la serie E-100... si recuerdo porqué número me quedé.
Las máquinas de la nave se pusieron en marcha, aquellos grandes motores que ya funcionaban a la perfección rugieron con fuerza rompiendo la tranquilidad del cielo disipando nubes y espantando a las aves cercanas. Dentro de la nave, largas hileras de robots armados estaban preparados para la batalla del día siguiente, pero el doctor tenía algo importante que hacer primero.

Se sentía ofendido, indignado, ya era fácil alterarle con comentarios tontos en su estado normal, ahora no soportaría una broma absurda sin reventarle los morros al pobre que se le ocurriese tal distracción. De todas formas había dejado a cargo de Tails el convencer a Amy de quitarse del medio y a Sonic de ir a luchar con ellos. Por su parte Knuckles debía ir a prepararse, se levantó del sofá en el que estaba esperando y se estiró un poco, tenía su propio plan dentro del que Tails había preparado y aunque su parte ya era difícil de por sí esperaba poder sobrepasar las expectativas, no quería creer que al final nada iba a funcionar, que todo sería en vano, no lo había comentado con los demás pero era consciente del gran poder del enemigo, de lo buen estratega que era Dark Doom, del resurgimiento de aquel oscuro ejército de aliens y de la fuerza real de un Shadow que no temía su propio poder.
Había bebido agua y estaba dejando el vaso sobre la repisa justo cuando escuchó a Tails correr hacia él diciendo que ya estaba todo arreglado, que él se adelantaba porque Sonic ya había salido y que si no se daba prisa se iba a quedar atrás. Knuckles refunfuñó algo sobre que se iban a enterar como le dejasen atrás pero calló de golpe cuando vio a Amy corriendo tras Tails ¿iba a ir ella también? Aunque fue sólo un momento le había visto la cara, tenía los ojos rojos de llorar pero no parecía triste, seguramente era la determinación de que si no podía retener a Sonic a su lado como ella quería, entonces debía aceptarle tal y como es y ayudar en todo lo posible.
Inmediatamente dejó de darle importancia, tenía algo más importante en mente, o mejor dicho en su mochila, al dirigirse a la entrada para cogerla le pareció escuchar algo, en ese momento pensó que estaba solo, y es que había olvidado qué había pasado con Rouge, que ella seguía ahí, hacía rato que no la veía y ya que antes se había gritado con Amy le extrañó que no saliese ella a decirle algún comentario ofensivo de los suyos al respecto.
Con mucha curiosidad se acercó con ya la mochila en su mano a lo que parecía una pequeña habitación que Tails solía usar de oficina extra, al asomarse por la rendija de la puerta vio a Rouge sentada frente al escritorio, recordaba claramente lo que había pasado aquella mañana en la cueva, cómo Rouge malinterpretó todo lo que Knuckles decía o hacía, le tachaba de pervertido y acababan en una graciosa persecución.
En esta ocasión tocó a la puerta antes de pasar, quizá demasiado seguido pero al menos lo había hecho. Ella estaba sentada de espaldas con la luz del flexo a su lado, no se la veía bien pero parecía que no esperaba que hubiese aún alguien en la casa pues se sobresaltó un poco al oír a Knuckles.
-¿Qué quieres?- Sonó algo forzada su voz.
Knuckles guardó silencio un momento, luego le dijo que se habían puesto en marcha todos ya. Ella alzó un brazo y le hizo un signo como que se fuese, que ella iría luego. Aunque no estaba muy convencido, el equidna se giró y se dispuso a continuar su camino, hasta que la oyó y eso hizo que se detuviese en seco, no era su voz, era un pequeño gimoteo que intentaba ocultar.
-¿Estás bien?- Giró su cara hacia ella.
-¡Vete ya!- Le gritó Rouge.
Y su voz quebrada más que echarle hizo que se acercase más sin entender qué pasaba.
-¡Déjame en paz!- Giró su cara Rouge ocultándola a Knuckles.
Había parecido antes tan fuerte y despreocupada cuando llegó que no entendió su actitud de ahora, pero los rasguños seguían ahí y su ropa seguía rota, parecía estar deshecha en lágrimas que aunque no las veía sí la estaba escuchando llorar.
-¿Por qué lloras?- Empezó a preguntar Knuckles. -¿Qué pasó cuando te encontraste con Shadow?
-¡Nada!- Se tapó la cara con las manos Rouge. –Estoy bien.- Intentó calmarse.
-Pero... estás llorando.- Knuckles recordó lo mal que se sintió cuando era él el que lloraba.
-No es asunto tuyo.
-¿Estás herida?
-No.
-¿Te han hecho algo?
-¡No!
Aquel "no" le cortó un poco, conociéndola quizá se había imaginado lo que no era, pero Rouge no estaba para pensar en esas cosas precisamente. Se puso en pie enfadada encarándose a él con sus lágrimas.
-¿Es que no lo entiendes?- Parecía enfadada. -¿Es que ya no recuerdas que iba con un pequeño grupo de GUN?
Knuckles sí lo sabía pero no entendía por qué tenía que recordarlo ahora.
-¿Está tu equipo herido?- Arqueó una ceja.
Rouge bajó la cabeza, no quería hablar de eso con él, aunque sí que necesitaba decirlo en voz alta.
-Todos... todos están muertos.- Se miró las manos. –Los mató a todos en un momento sin ni siquiera pestañear.
-¿Quién los mató?- Preguntó Knuckles sabiendo ya la respuesta.
-Shadow.- Sus lágrimas cayeron mojando sus manos, alzó la vista. –Se ha vuelto muy poderoso y no le importa la vida de los demás.
-Maldito.- Echó la mirada a un lado Knuckles apretando los puños.
-No, él no es el maldito, está así por culpa de Dark Doom.- Apretó ella también los puños con muchas ganas de gritar, y lo hizo. -¡Maldito engendro oscuro!- Realmente necesitaba desahogarse. -¿Cómo va a volver ahora a ser el Shadow de antes? Maldito cretino... tras esto ¿cómo podrá volver?- Se echó a llorar de nuevo.
Knuckles empezó a entenderlo mientras la abrazaba para consolarla, en principio pensó que lloraba por culpa de Shadow, pero ahora veía que no era por su culpa sino por él ya que ella era quien mejor le conocía y quien mejor entendía el largo camino que había recorrido Shadow. Sabía que Shadow hasta ahora nunca había matado a ningún humano, siempre se detenía antes del golpe final, pero ahora ese Shadow era completamente distinto, parecía no tener sentimientos ni escrúpulos, por ello ¿cómo iba a volver a ser el Shadow que ellos conocían? Era la verdad ¿cómo iba a soportar Shadow despertar y ver sus manos manchadas de sangre? No era la primera vez que Shadow deseaba desaparecer por el peso de sus recuerdos.
-Al menos.- Dijo Knuckles. –Tú estás viva.
-Me tiró por un acantilado, supongo que tuve suerte.
Aunque dijo eso, ella realmente deseaba que Shadow en verdad intentase salvarla de sí mismo tirándola en vez de matarla directamente como hizo con sus compañeros.
-Rouge.- Le llamó suave la atención. –Te estoy abrazando ¿no te molesta?
-Por esta vez... te lo dejo pasar.- Se acurrucó un poco en él. –Puede que no vivamos un mañana para arrepentirnos.
-¿Por qué dices eso?- Siguió como estaba Knuckles.
-Después de lo que vi, no creo que podamos con ellos.
Knuckles pensó "no digas eso" pero no fue capaz de exteriorizarlo.
-Quizá debí dejar que me matase a mí también.- Sonó su falsa risa.
-Calla.- Sonó floja la voz de Knuckles.
-Así me ahorraría estar como ahora.
-Cállate.- Dijo un poco más fuerte Knuckles.
-Es verdad, a lo mejor me dejó viva a propósito para que me recomiesen los recuerdos de ver cómo mataba a esos chicos que no eran ni profesionales.
Para hacerla callar la otra vez le bastó con acorralarla y tapar su boca con una mano, pero sabía que ahora eso no bastaría, una mano no podía llegar más lejos de sus labios hasta la parte de su corazón que estaba herida. Odiaba ver tanto dolor y tanta vulnerabilidad en ella, despreciaba ese reflejo tan degradante en alguien que siempre había considerado fuerte. Era como si al abrazarla le estuviese trasmitiendo de su corazón al de él mismo esa tristeza, por ello tenía que hacer algo que frenase en seco esos sentimientos, por ello deseó más que nada en el mundo borrar esos recuerdos de ella, y fue por ello por lo que la besó.
Al principio se cerró en todo, que en cierta forma cumplía con su cometido de cerrarle la boca, pero aunque su boca y sus ojos se habían cerrado su corazón se había abierto, no como si aquello le hiciese ver claro sus sentimientos por él sino que la calmó de su propia ira interior, su dolor y su pena desaparecieron y se tranquilizó hasta el punto de dejar de forcejear y disfrutar del beso.
Cuando separó su cara de la de ella sólo pudo haber un pequeño silencio que Rouge no pudo evitar romper.
-¿Por qué has hecho esto?- No parecía alterada como normalmente estaba tras algo así.
-Estabas histérica.- Respondió Knuckles sin cambiar su expresión. –Siempre dices cosas negativas y esperas que diga yo algo positivo.
-Pero...- Rouge puso su mano en los pectorales de Knuckles. –Esta vez no lo decía por eso, realmente pienso que no habrá un mañana.
Se sintió confundido, normalmente no captaba las indirectas de Rouge pero ahora le parecía que se le estaba insinuando.
-Quizá no haya un mañana para arrepentirse.- Repitió y recalcó Rouge.
-Vale, vale, ya lo pillo.- Dijo Knuckles acercando su cara a la de ella de nuevo.
La volvió a besar, ahora con más fuerza y rabia, empujó hasta hacer que apoyase su espalda en el escritorio, puso sus manos una a cada lado de la cabeza de Rouge separándose.
-Te... te prometo...- Comenzó a decir Knuckles con la cabeza baja. -¡Conseguiré un mañana!- Sonó fuerte y desesperada su voz. –Prometo traerte un mañana para que te puedas arrepentir si quieres. Rouge se sorprendió ante aquella declaración, su expresión fuerte, decidida y dulce, se sintió afortunada de conocerle. Subió sus manos hasta la cara de él, le acarició y le atrajo hasta ella de nuevo.

continuará...