Aquella mañana transcurrió como de costumbre, clases y más clases. Al salir de la universidad sus amigos le estaban esperando, habían programado una comida, ya que la mayoría eligió una carrera diferente, no podían verse todo lo que ellos quisieran. Le esperaban en un banco del jardín, casi todos se reían de alguna tontería, salvo Chad que estaba pensativo, tan pensativos como él. Hoy se cumplían siete años, según las cuentas de Kon, pero no eran muy fiables, ninguno lo había olvidado, pero ninguno quería hablar de ello. En el parque le esperaban Inoue, Ishida y Chad, todos tenían sus facultades cerca, y quedaron antes para ir juntos al restaurante donde les esperaba el resto del grupo.

Se detuvo un instante al ver una silueta conocida, hacía tanto tiempo que no la veía que guiñó los ojos para no equivocarse. Tenía razón, inconfundible como siempre, estaba allí mirándolo directamente a él. Así que decidió acercarse a sus amigos y preguntarles si estaba loco, o si debería tomar menos café. Pero no hizo falta, ya se habían dado cuenta de quien se encontraba a tan pocos metros de ellos.

-¿Es…? –Preguntó a cualquiera que quisiera contestarle.

-Sí. –Respondió un muchacho con gafas que apretaba fuertemente una carpeta.

-Pues vamos. –Dijo mientras, se acercaba a la figura que cada vez se hacía más nítida, todos le siguieron, como hipnotizados, la mayoría ya habían perdido la esperanza de volverle a ver y otros, simplemente parecían despertar a una pesadilla.

-Hola. –Secamente y sin esperar un caluroso saludo. –He esperado hasta que vosotros me vierais, no sabía bien como sería este ¿reencuentro?. –El muchacho del pelo rojo, estaba lleno de tatuajes, muchos más de los que ellos recordaban.

-Renji…

-Cuanto tiempo sin veros. ¿Cómo os va la vida?.

-¿Cómo que "como nos va la vida"? hace años que esperamos una noticia vuestra, un aviso, algo. –Dijo Ichigo, con un puño amenazando al chico de los tatuajes.

-¡No es culpa mía! Yo sólo sigo ordenes. –contestó abalanzándose como un loco al muchacho.

Una discusión absurda continuó ante los ojos del resto del grupo, la mayoría pensaban "siempre igual" o "no han cambiado". Siete años y todavía se comportaban como chiquillos.

-¡Basta! – Ishida los separó sin contemplaciones. –Renji, explícate ¿para que has venido?.

-Aquí no puedo, ¿podríamos ir a un sitio más apartado? A un lugar tranquilo.

Decidieron, a regañadientes, ir a casa de Inoue, nadie quería ir, ya que ella, muy amablemente había decidido hacer la comida, y ni los años, ni la experiencia, podían hacer mejorar su sentido del gusto. Así, Renji, Ichigo, Ishida y Chad se encaminaron a casa de Inoue. Llamaron para disculparse con el resto de sus amigos que les esperaban para comer. La conversación era demasiado privada. Y el enfado no se hizo de esperar ¿qué era tan importante para que ellos no pudieran ir?

Pasaron por un supermercado para que Inoue comprará lo que ella creyera conveniente, y para desgana de todos fueron cosas demasiado dispares. En silencio pagaron, y en silencio se dirigieron a su casa. Cada uno pensaba en la situación, tan atípica, tan poco esperada.

-¡Judías verdes con mantequilla, guisantes y una base de bizcocho, es rápido y una de mis especialidades! Que lástima que no hubieran caracoles… –grito entusiasmada la muchacha- Pero, no importa. ¡Os va a encantar! –La mayoría asintió con la cabeza, pero ella estaba tan entusiasmada por tal número de comensales que no se percató de la desgana general.

Comieron poco y mal, dirigiéndose en escasas ocasiones la palabra, sólo Inoue estaba encantada con sus manjares. Hasta que llegó la hora del café, cuando ya por fin era tiempo de saber qué había pasado.

-¿Y bien?.-Rompió el hielo Ishida, mirando al shinigami de los tatuajes.

-La situación, -Renji suspiró antes de continuar y miró su taza acordándose de algo- es complicada. Cuando volvimos a la Sociedad de Almas, todo parecía volver a la normalidad, la mayoría de los Tenientes de los Capitanes fugados ascendieron salvo Hinamori, estaba tan afectada, que nunca ha vuelto a ser la misma. Me ofrecieron el puesto de Capitan de la quinta división, pero lo rechacé. Rukia ascendió a Teniente de su división. Y todo volvía a la ser igual que antes. –En ese instante miró a Ichigo, que estaba muy interesado en la conversación.– Luego me gustaría hablar contigo a solas.- El muchacho asintió con la cabeza, y sin más continuó la narración.- No se bien cuantas veces pedimos volver aquí, con vosotros, y otras tantas nos lo denegaron, éramos Tenientes y nuestro trabajo estaba allí, no había nada tan importante como para volver –suspiró.- Pero una noche, hace menos de seis meses, tras volver del campo de entrenamiento de la división trece Rukia desapareció, estuvo perdida durante días. No hubo rastro de ella durante ese tiempo, parecía que había desaparecido sin dejar huella. Pero una tarde volvió, con heridas, y balbuceando cosas extrañas.

-¿Kuchiki-san se encuentra mejor? –Interrumpió asustada Inoue.

-No sabría decirte bien, ahora está… ausente… dice cosas incoherentes, sobre Shiba Kaien, el anterior Teniente en su puesto. Las cosas han empeorado, desde que varias personas han dicho verlo merodeando la casa de los Kuchiki y por las dependencias de Rukia en la división trece. Todos sabemos que tiene que ser mentira, o una alucinación. Pero los testimonios son de personas respetadas, no se puede dudar de ellos abiertamente.

-¿Exactamente para que has venido Renji?.- Preguntó Ishida, sin saber bien para que los necesitaba.

-Para que volváis a la Sociedad de Almas.

3