Al acabar la comida, nadie estaba realmente seguro de querer ir. Sí, Rukia era su amiga, pero muchos sentimientos encontrados se volvían en contra de volver a la Sociedad de Almas. Ichigo no dijo ni una sola palabra desde el relato de Renji –al igual que Chad-, hasta que se despidió, junto a él, en la puerta de Inoue. El resto de amigos se quedaron en casa de la muchacha para deliberar la situación.

-Vamos, tengo que hablar contigo. –Dijo el chico de los tatuajes.

-Bien, ¿A dónde?. -Contestó el pelirrojo.

-A tu casa, si decides venir, cuanto antes mejor.

Durante el camino, Renji preguntó a Ichigo sobre su vida durante este largo tiempo, ninguno quiso tocar otro tema hasta estar seguros de que no les escuchaba nadie. Ambos tenían demasiadas cosas que contarse, pero en el fondo sólo les importaba una, siempre habían sido protectores con Rukia, y ella les preocupaba, quizá más de lo que recordaban. Aún así intentaron contarse en el breve camino a casa lo más relevante de estos siete años –según las inexactas cuentas de Kon- de separación. Una vez llegaron, saludaron y se instalaron, empezó la conversación que tanto había esperado Kurosaki.

-Ella querría que supieras esto Ichigo. –Se sentó en el suelo de la habitación del muchacho, apoyado en su armario, sin ánimo para mirarle directamente a la cara.- En todo momento quiso volver, ver como os iba. Pero las constantes negativas le desanimaban, sobre todo, por saber que no podría quedarse aquí, ella no pertenece a este mundo, y quizás su vuelta, durante un tiempo reducido hubiese sido peor.

-¿Qué razones os daban para no dejaros, Renji?

-Excusas, simples y puras excusas, ambos sabíamos quien se encontraba detrás de todo: Kuchiki Byakuya.

-Claro… siempre seremos enemigos para él.

-No creo que sea eso, hace tiempo que te tolera, es el hecho de dejar a Rukia en peligro lo que más le preocupa –"o eso espero" pensó Renji- tras su vuelta a la Sociedad de Almas, se negó a que ascendiera a Teniente, pero no lo pudo evitar. Ella me comentó que sólo quería evitarle riesgos, que no había más intención en sus actos. Pero era desesperante.

-Estoy convencido de que algo podríais hacer. En algún momento podríais habernos mandado un mensaje, algo… Si no pudo paralizar el ascenso de Rukia a Teniente, ¿cómo pudo hacer para que no pudieseis venir? No tiene sentido Renji, y lo sabes. –Se levantó nervioso-. No quiero más excusas, dime…

-No te puedes imaginar su estado actual, Ichigo. -El Shinigami le interrumpió, se notaba su preocupación, no paraba de apretar sus manos. Por fin pudo mirarle directamente a los ojos, y sin más se levantó y se decidió a contarle todo lo que sabía.- No he querido contarlo todo delante del resto, no se cómo racionarían al saber el verdadero alcance de la situación. –Se paró un instante, buscando las palabras adecuadas.- Para empezar, sólo el Capitán Ukitake sabe que estoy aquí, decidimos que era una buena opción, ya que, por el estado de Rukia, siempre hay alguien a su lado, este despierta o dormida. Pero hace unas noches, todo cobró un extraño sentido para nosotros, no era lo que esperábamos… -Continúo con su narración.- El Capitán del escuadrón número trece estaba junto a ella, no es lo habitual, pero ¡menos mal que estaba él y no otra persona!. –Suspiró mientras se rascaba la cabeza.

-Como Kuchiki Byakuya.

-Desde luego, pasa mucho tiempo con ella, pero de noche siempre suele haber alguien de su escuadrón, o Hanatarou que también esta muy pendiente, le han asignado este caso, creo que lo pidió él, aprecia mucho a Rukia.

-Bien, pero ¿qué paso esa noche, Renji?. –Preguntó Ichigo muy interesado.

-Entre sueños, pareció decir que había venido a verte, no sabemos si deliraba o si era verdad, pero mantenía una conversación contigo, estaba agitada y empezó a gritar que volvería que no te dejaría más, ni a ti, ni a los demás. El Capitan Ukitake tuvo que despertarla para que nadie más se enterara de ese sueño, y desde entonces, sólo Hanatarou duerme con ella, es de confianza. –En ese instante cogió al muchacho del cuello de la camiseta.- ¿Ha venido? ¿Es cierto? .

-No. –Contestó mientras se separaba bruscamente del hombre tatuado.- Tu mismo lo has dicho, deliraba. Desde que os fuisteis, nunca más la he vuelto a ver. Sólo fue un sueño Renji, una pesadilla.

-Pero en varias ocasiones se ha vuelto a repetir, cada vez menos, eso es cierto, pero no tenemos otra pista acerca de lo que le pasa. Así que por eso estoy aquí, quizás viéndoos reaccione. –Ichigo no se movió, no hizo ningún movimiento, ningún signo que le decantará. Renji no lo soportó más.-¡Quiere volver por ti! ¿No te das cuenta? Y ahora está… ¡Y tu sigues pensándote si ir con ella o no! ¡Que estúpida ha sido! ¿Cómo pudo pensar que tu la ibas a estar esperando?. –No parecían palabras de reproche, sino algo que había estado pensado durante mucho tiempo y por fin salía a la luz. Sin más, se dirigió a la puerta. –Te espero en el Almacén de Uraharaa las once, como ya os he dicho antes, sino aparecéis lo sentiré mucho, sobre todo por Rukia.

Y se fue, dejando a un Ichigo perplejo, que se tumbó en su cama, pensativo, no podía imaginar a Rukia en ese estado. ¿Qué le había pasado? Taciturno y desconcertado miraba al techo sin saber bien que hacer. "Son muchos años" se repetía, "pero es Rukia" se volvía a decir, "tengo otra vida, donde ella ya no cabe", le reprochaba su conciencia, "pero yo quiero que entre"….

-¡Ichigooooooooooooo! –Kon se tiró encima de él como una plancha y se sentó en su pecho.- ¿Hablabais de nee-san? –El pequeño peluche se había escondido en su armario, escuchando toda la conversación.

-Sí, Kon. Hablabamos de nee-san.

-¿Vas a ir verdad? ¡Yo quiero ir y ayudar a nee-san! ¡Seguro que me ha echado de menos!. -Los ojos de Kon brillaban entusiasmado.

-No se que voy a hacer Kon, pero aunque fuera, tu no puedes venir, te quedarías aquí, para que nadie sospechara.

-¡Yo salvaré a nee-san! Y tú no podrás impedirlo. –Gritó Kon señalando a Ichigo, mientras éste se limitaba a darse la vuelta e ignorar al león de peluche.- ¡Yo quiero a nee-san! ¡Yo quiero a nee-san!. -Kon se quejó durante un rato, hasta que vio que era imposible hacer cambiar de opinión al muchacho, se cansó y se tumbó en el suelo pensativo.

A las ocho y media, Ichigo tuvo una llamada de Inoue, todavía estaban todos en su casa y sólo faltaba él. Aún no habían tomado una determinación y querían saber que opinaba. Se dirigió sin pensar mucho a casa de la muchacha, por el camino no paraba de pensar en lo que le había dicho Renji.

-Bienvenido Kurosaki-kun. –Inoue abrió la puerta, pero no tan contenta como de costumbre.

Al pasar, todos le miraron expectantes, le ofrecieron algo de beber, se sentó en el suelo junto a Chad, y esperando a que alguien rompiera ese desagradable silencio, comenzó a beber algo que no acertaba adivinar bien que era.

-Bueno Kurosaki, ¿tu que has decidido? –Ishida preguntó, mientras se ponía bien sus gafas.

-Aún nada claro ¿y vosotros?.

-Kurosaki-kun, parece claro que nos necesitan, Abarai-Kun no fue muy explícito, no se realmente que vamos a hacer otra vez en la Sociedad de Almas, pero yo sigo diciendo que Kuchiki-san es mi amiga, y yo sí iría, aunque sólo fuera a verla. –Había pasado el tiempo, y ya estaba todo más o menos aclarado, Inoue seguía mirando con los mismo ojos a Ichigo, cosa que, evidentemente, a Ishida le ponía de los nervios, ya que llevaban un año saliendo. Pero lo que él no lograba entender es que para Inoue, Kurosaki, siempre sería alguien especial.- Quiero volver a verla, esta… ¿enferma?

-Inoue, si tu vas yo voy, pero aún no entiendo que hago yo allí, no es justamente un lugar al que quiero volver. Rukia es un shinigami, y por lo que a mi respecta, no es nadie tan importante. –Un Quincy siempre es un Quincy, pensó tristemente la muchacha.- Hace tanto que no la vemos, ¿quién sabe si todo esto es verdad? Y si simplemente se olvidó de nosotros y ahora nos necesitan y la usan a ella. Uno no se puede fiar de ellos, de su extraña justicia y de su extraña forma de pensar. –Sí, un Quincy siempre sería un Quincy, a nadie le cabía la más mínima duda.

Todos se miraron, y ese incómodo silencio se convirtió en miradas de complicidad, Ishida no sabía mentir, nunca aprendería. Pero una cosa estaba clara: él no quería ir, pero esa no eran las razones. Y tampoco quería que fuera Inoue, también estaba claro, la seguiría al fin del mundo, con tal de que no pasara tiempo a solas con el pelirrojo. En todo este tiempo Chad no dijo nada, haría lo mismo que Ichigo, no cabía la menor duda al respecto, su amistad y su promesa estaban ante todo.

Siguieron deliberando hasta pasadas las diez de la noche, cuando al fin, tomaron una decisión, satisfactoria para unos y poco gustosa para otros, no existía el punto medio en este asunto. Entre olvidar y no olvidar se encontraba todo. Hacía ya demasiado tiempo que sus vidas pasaron a ser muy complicadas, y la mayoría no había aprendido de sus errores.

5