A las once y cinco de la noche, una figura sentada en la puerta del almacén de Uruhara miraba nervioso a la calle. Ni un alma. Nadie paseaba a esas horas por la ciudad y nadie había aparecido a su llamada. Se negaba a creerlo ¿aquellas eran esas personas de las que se despidió hace unos años? Sí que habían cambiado, mucho más de lo que él se hubiese esperado nunca. Seguramente les había pedido demasiado, tantos años desaparecidos, y ahora esto… ¿Estaba pidiendo demasiado? Ir, verla, hablar con ella… no pedía mucho más. Serian horas o días… Aún así Renji todavía tenía esperanzas de que alguien apareciese.

-¿No ha venido nadie? –El tendero apareció de la nada y sacó un abanico de su manga, sentándose al lado del muchacho pelirrojo que cada vez estaba más nervioso. –Era de esperar, –continuó como si nada- son muchos años, Abarai-san. Bien, vamos, esta todo listo.

Y se levantó seguido de Renji, ambos entraron a la tienda, cerrando la puerta a su paso. Era ya demasiado tarde, tenía que volver o alguien sospecharía. Dejó dicho a Uruhara que si alguien atendía a su llamada que lo mandara a la Sociedad de Almas de inmediato, él se encargaría de todo una vez estuvieran allí. Pero eso, tal y como sospechaba el tendero, nunca llegó a ocurrir.

El viaje se hizo de la manera más sigilosa posible, y al llegar, el Teniente, no perdió tiempo y fue directamente al cuartel del escuadrón número trece. Sabia que el Capitán lo esperaría para conocer situación, que no era nada favorable.

-¿Cómo sigue Ukitake-Taichou? –Preguntó Renji, nada más abrir la puerta de la habitación en donde se encontraba Rukia.

-Peor, hoy se ha vuelto violenta, le hemos dado unos calmantes y, ahora como ves, duerme. –Salió de la habitación, dejando a Hanatorou en ella, y esperando a que el muchacho de los tatuajes le siguiera. Así, entró a una habitación contigua, para conocer las noticias.- Y ahora dime tu ¿cómo fue todo?.

-Mal, ninguno ha venido.

-¿Ninguno? –preguntó con cara de sorpresa, no era esa la respuesta que esperaba.- Te mandé sin permiso del Capitán Kuchiki, esperando que así pudiésemos averiguar algo. Espero que no se haya enterado.

-Por mi parte no.

-Lo se, Abarai. Ahora sólo nos queda esperar, no parece que la situación vaya a mejorar.

-¿Hoy ha visto alguien más a Shiba Kaien?

-No, hoy no.

-¿Y la familia Shiba? ¿Saben ellos algo?

-Están tan sorprendidos como nosotros, no saben que pensar. Fue una triste noticia que alguien usara así la memoria de su hermano.

-Entiendo. –Respiró hondo.- Bien –se levantó y se dirigió a la puerta- vuelvo a mi división, me estarán esperando.

¿Agresiva? ¿Rukia agresiva? La última vez que la dejó, simplemente decía sandeces y no paraba de mirar por la ventana. Con su mirada perdida, le señaló un árbol, preguntándole si le veía, por instante le pareció ver una silueta, pero de mujer, así que se despidió sin más de su amiga, pensando que estar tanto con ella le iba a volver loco. No podía imaginarse a esa Rukia pegando a nadie, estaba tan tranquila, en paz, hasta parecía contenta, y sólo había estado unas horas fuera, no llegaba a un día ¿cómo era posible ese cambio?. Durante el paseo no paraba de pensar en Ichigo y en los demás, no entendía sus razones, pero ellos no la habían visto así, hablando sola… perdida…

Una alarma le sacó de su pensamientos, venía del escuadrón número trece. Rukia…

-Un helado de guisantes con nata y nueces por encima. –El dependiente de la heladería se quedó algo perplejo- otro de chocolate, y un café. –Se giró para chillar a la mesa, ya que se encontraba en la barra.- ¡Chad! ¿De verdad que no quieres nada?. –El muchacho negó con la cabeza.- Bien, eso es todo, a esa mesa, por favor.

Y por fin, se dirigió a donde se encontraban sus amigos, no sin antes escuchar murmullos sobre el helado de guisantes con nata y nueces, lo tenían en la carta, pero nunca habían puesto uno, ahora tenían que buscar un helado de guisantes como fuera.

Ichigo se sentó en la mesa a escuchar la conversación que mantenían Inoue e Ishida, algo acerca de un examen. Eran los únicos que habían escogido la misma carrera: enfermería. Se le hacía raro imaginar a Uryuu con bata y siendo amable con los pacientes, era algo que no quería perderse. Cuando al fin la conversación terminó, les trajeron todas las cosas a la mesa, Ichigo se preguntó de donde habían sacado el, según Inoue, riquísimo helado de guisantes. Nunca lo sabría.

-Yo quería invitaros a un helado, para hablar de Kuchiki-san. –Dijo rápidamente Inoue, continuando igual de rápida, estaba nerviosa. –No se si tomamos la mejor decisión.

-Inoue…-Balbuceó Chad.

-Ya te lo he dicho muchas veces, la decisión fue la correcta, hace siete años que no sabíamos nada de ellos, y ahora quieren nuestra ayuda. No se la merecen.

-Ishida, ya fuimos a buscarla una vez a la Sociedad de Almas y…

-Y decidió quedarse allí, sí, volvió y durante un tiempo estuvo con nosotros, hasta que se volvió a ir. Lo mires por donde lo mires, ya no es parte de nuestra vida. A mi ella ya no me importa, sólo es una complicación más. –Poniendo énfasis en la última frase, decidió mirar de reojo a Ichigo.

-Pero yo no la puedo dejar así, me arrepiento. Abarai-kun dijo que intentó volver con nosotros pero no la dejaron, cumplía ordenes, ya no era una simple shinigami, era Teniente, no la puedo culpar. –Triste empezó a comer su helado de guisantes, al probarlo sonrió, estaba muy bueno, para ella.

-Que se hubiese escapado. –Le interrumpió algo enfado Ichigo.

-Kurosaki-kun.

-No le importó que lucháramos con toda la maldita Sociedad de Almas para rescatarla. Ahora que es Teniente, más razón para poder venir, podrá tomar alguna decisión, el Capitán Ukitake le hubiese dejado venir, si lo hubiese intentado realmente. –Agachó la cabeza y miró directamente al suelo, con las manos en los bolsillos.- Nos olvidó Inoue, para ellos ya no éramos nadie, sólo cuando nos necesitan nos cuentan historias, pero ya no les creo.

Tras la conversación, cada uno se dirigió a su casa, todos conformes, salvo la muchacha, qué, aunque se había comido un exquisito helado, no dejaba de pensar que estaba mal, todo estaba mal. Ella no podía dejar las cosas así.

Ichigo descansaba en su cama, tras otra discusión con Kon, lo había encerrado en el armario, y le había tapado la boca, últimamente no lo soportaba, sólo sabía decir: "¿Dónde esta nee-san?" o "ve a buscar a nee-san". Insoportable. El sueño tampoco le fue favorable esa noche… otra pesadilla, de las que nunca recordaba. Se despertó repentinamente, hacía algún tiempo que no las tenía. Al abrir los ojos, un figura estaba apoyada en su ventana, mirando al exterior. Era una mujer, pero no eran ni Yuzu, ni Karin ¿cómo había entrado?.

-¡Eh! ¡Tu! No son horas de molestar, mientras duermo no trabajo, mañana te haré un entierro del alma, espérate calladita hasta por la mañana. –Y se dio la vuelta, intentando conciliar el sueño de nuevo.

-¿Es que no te alegras de verme?

El muchacho se incorporó rápida, e instintivamente le dio a la luz que tenía a su izquierda. Ahora lo tenía claro. Quien sino podría estar en su cuarto a esas horas de la noche.

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