Apretó sus puños, esta vez sí. Lo iba a conseguir, nadie se lo iba a impedir. Tomo aire, y se recostó por ultima vez en la pared, antes de iniciar su camino, de nuevo el mismo camino. Volvió a pensar en las palabras que le iba a decir, parecían realmente convincentes. Abrió la puerta, el mismo pasillo que veía a diario, andaba por el todos los días, observaba las mismas ventana, pero esta vez, por su nerviosismo, no se paró a mirarlas como hacía normalmente. Había llovido. Los árboles comenzaban a florecer, tras el inmenso frío, el suave calor de una tímida primavera comenzaba a notarse. Pero hoy no, hoy el ambiente era asfixiante, nada le apretaba más que su propia garganta. Tras pasar rápidamente por, lo que parecían, cientos de ventanas, se paró en seco, la estaban esperando, llegaba tarde.

-Ukitake-Taichou.

-Kuchiki Rukia.

-¿Estamos solos? –Preguntó con curiosidad.- Yo quería pedir oficialmente…

-Lo se, lo se. Siéntate y tranquilízate. Toma un poco de te. Quiero hablar contigo. –La muchacha se sentó, no pudo seguir las órdenes de su capitán, y estaba más intranquila que antes.- Se a que has venido. Es lo de siempre ¿no es cierto?

-Sí, pero ya no aceptaré más negativas, Taichou. Estoy cansada, si tengo que dejar mi puesto como teniente, lo haré, sí me castigáis huiré, ya no puedo esperar más. –Le temblaban las manos, pero estaba decidida.

-No te precipites Kuchiki, no hay que llegar tan lejos. ¿Cuánto tiempo llevas con este asunto? –Reflexionó unos instantes.- Hace ya mucho tiempo, y no obtienes resultados ¿nunca te has planteado de donde vienen esas negativas?

-Yo… -Agachó la cabeza, tenía sus sospechas, sus dudas. Desde que Ichigo y los demás fueron a la Sociedad de Almas, había pasado mucho tiempo, las cosas habían cambiado mucho. Las normas también se habían modificado: un Shinigami sustituto, ryokas admitidos como personas muy importantes para el equilibrio del mundo. Aizen Sousuke y su guerra. Habían cambiado tantas cosas, que no entendía porque a ella, quién había iniciado todo esto, no se le dejaba volver a verlos. Estaba vigilada y lo sabía, la primera vez que intentó mandarles un mensaje, fue el momento en el que supo que el escuadrón número dos, le seguía e informaba de sus movimientos. Despertó de sus pensamientos al escuchar al Capitán contándole una historia que ya sabia.

-Es por eso que la familia Kuchiki es tan importante, ellos son los principales seguidores de las buenas costumbres y las leyes de la Sociedad de Almas. Admitirte fue difícil, pero con los años se han alegrado de ello, eres la pequeña de esta familia, y sienten un gran aprecio por ti, Rukia.

-Pero¿Qué tiene que ver esto con volver al mundo de los humanos?

-Mucho. –La miró complaciente¿Cómo no podía verlo?.- Has venido ya demasiadas veces a pedir lo mismo. La primera vez te dije que no había ningún problema, pero al poco tiempo te denegué tu ida. ¿Nunca te has preguntado la razón? –Rukia asintió con la cabeza.- El problema era tu hermano: Kuchiki Byakuya. Siempre que iniciaba una petición, se me denegaba por su culpa, tiene demasiado poder. Yamamoto le tiene un profundo respeto, y todas las negativas venían de él mismo. ¿Entiendes ahora? Hasta se llegó a oponer a tu ascenso, pero nada podía hacer, no se puede meter en el nombramiento de ese cargo.

-Claro… pero no entiendo que me cuente esto ahora.

-Yo no puedo hacer más Rukia. Sólo te queda una opción.

-Entendido.

Tras la conversación, corrió hacia el cuartel del sexto escuadrón, quería pedir explicaciones, y las iba a tener. Su enfado era tal, que no vio a Renji como le chillaba, y le seguía, sólo pensaba en una cosa: aclarar las cosas con su hermano. Abrió rápidamente la puerta del despacho. Vacía. No había nadie dentro. En ese momento apretó su puño fuertemente, pero no notaría el dolor hasta momentos más tarde.

-Si me hubieses escuchado, te hubiera ahorrado el viaje. –Dijo Renji con voz burlona y haciéndose el interesante.

-¿Dónde esta, Renji? –Preguntó mientras su mirada seguía fija en el escritorio vacío.

-No te lo pienso decir, sino me dices qué te pasa.

-No estoy para bromas, Abarai Fukutaichou. Dime donde esta tu Capitán. –Esa respuesta heló al muchacho, pocas veces la había visto tan seria.

-En una reunión con otros capitanes¿Qué ocurre Rukia? Me asustas.

-Problemas familiares. –Se giró y comenzó a andar alejándose nuevamente, pero Renji no la iba a dejar escapar y agarró su brazo.

-Me lo vas a contar, quieras o no.

-Esta bien, sígueme.

Rukia no articuló palabra hasta llegar a su cuartel, a su despacho, allí se sentaron y le contó toda la conversación que había tenido con su Capitán. Renji escuchó callado, no le extrañaba nada lo que estaba escuchando, había escuchado rumores sobre todo lo que estaba contando su amiga, pero nunca se los quiso contar, al fin y al cabo, era su hermano.

-… y la razón por la que no te lo quería contar era porque son problemas familiares, entre mi hermano y yo. Nada más.

-No son solamente problemas familiares Rukia. Yo también he querido volver al mundo de los humanos, y al igual que a ti me han rechazado la proposición¿o acaso no te acuerdas de todas las veces que lo hemos pedido juntos?

-Sí, pero esto es diferente.

-No, a mi también me incumbe, yo también estoy metido en esta historia. No deberías excluirme, como has hecho últimamente con todo. –La muchacha se sorprendió al escuchar los reproches, y su tono se tranquilizó.

-Renji. –Dijo quedamente.- Yo no te excluyo de nada.

-Desde aquella conversación, no has vuelto a ser la misma. Creo que lo aclaramos todo, sino es así, acláramelo tu ahora.

-No quiero volver a discutir eso. –Abarai no quedó conforme, pero respetó su decisión.

-¿Qué piensas hacer ahora?

-Hablar con mi nii-sama. Y sino entra en razón, tomare cartas en el asunto. Esto no se va a quedar así.

Renji se fue, tenía que asimilar mejor toda la información. Rukia pasó todo el día en su despacho terminando unos informes para su Capitán. A media tarde decidió ir a la mansión Kuchiki, y esperar allí a su hermano. Cuando entró un criado le indicó donde se encontraba, en una pequeña salita donde solía leer. Al entrar, comenzó directamente a interrogar a su hermano. Sus contestaciones no fueron lo que ella esperaba, ya que realmente no le dio ninguna.

-Nii-sama, es la última vez que te opones a una de mis decisiones. –Dijo firmemente.- No volveré a estar en esta casa hasta que te replantees la situación y entres en razón. Sabes que no haría esto sino fuera importante para mí. Volveremos a hablar cuando hayas recapacitado. –Se levantó, hizo una reverencia y salió por la puerta sin mirar a un Byakuya atónito.

Enfadada, decidió dirigirse al campo de entrenamiento de su división, tenía que desfogarse, pensar. Estaba decidida, su hermano no regiría más su vida, ya no era una niña a la que debían proteger. Durante el camino, ni tan si quiera observó dos figuras que la seguían atentamente. Al entrar en el campo de entrenamiento notó un fuerte en golpe en su cabeza, y justo antes de desmayarse, vio algo que nunca soñó que pudiese ver otra vez.

-Kaien-dono. –Musitó antes de desvanecerse. Y el aludido sonrió complacido.