Antes de salir de casa de Inoue, Ichigo aprovechó para llamar a su casa y avisar de que posiblemente no fuera a comer. Sólo pudieron decirle adiós a Yoruichi, ya que Rukia estaba muy interesada en hablar con Uruhara, y no era el momento. Se despidieron rápidamente y salieron a pasear. Durante el camino, la shinigami iba agarrada a su "cariño", comentándole lo contenta que estaba, sus planes por fin habían salido bien. Él no supo que decir, la llevó a un parque cercano, y allí decidió comenzar el pequeño interrogatorio.
-Rukia. –Tuvo que llamar su atención, ya que estaba demasiado embobada mirando un carrito de helados que pasaba cerca de ellos. Al fin centró su atención en él.- No me acuerdo de nada, de estos últimos… siete años, recuérdamelo, por favor.
-Es la primera vez que un viaje de este tipo causa amnesia, eres rarito para todo. ¿Siete años? Hace dos años que acabamos con Aizen…
-¡Yo no soy rarito!. –Le grito, ignorando el comentario de los años, ahora daba igual.- ¿Y que quieres decir con "todo"?. –Ella se reía a carcajadas, no recordaba cuanto le gustaba la risa de Rukia.- Bien, ya me lo explicarás más tarde, -dijo tranquilizándose- cuéntamelo.
-Esta bien. Hace dos años volvimos a la Sociedad de Almas, era algo provisional, ya que tu no debías quedarte allí, eres humano, y yo estaba decidida a volver contigo, en cuanto ultimásemos unos detalles. –Se puso algo roja.- ¿De verdad no te acuerdas de nada?
-No, sigue…
-A los pocos meses de llegar a la Sociedad de Almas, Inoue fue a verte, llevada allí por Uruhara. Tu te hospedabas en la mansión de mi nii-sama, en la habitación contigua a la mía. –Rukia se puso muy sería, bajó la cabeza, dejando así de mirar al muchacho para observar sus propias manos que estaban apoyadas en sus pequeñas piernas.- Se te declaró Ichigo, -dijo sin contemplaciones, apretando sus puños- y tu, con toda la amabilidad que puedes tener, la rechazaste, le dijiste que ya estabas enamorado de otra persona. Desde entonces hasta hoy, no la hemos vuelto a ver. ¿Te arrepientes? –Preguntó mirándole a los ojos.- Quizás por eso has perdido la memoria, al verla, tu…
-No, no me arrepiento, tranquila… -¿Cómo sabía eso? Fue exactamente lo que ocurrió entre Inoue y él, las fechas encajaban. Sólo fallaba el sitio. Perdieron el contacto durante un tiempo, hasta que Ishida y ella fueron pareja, en esos momentos retomaron su amistad.- Y después ¿qué paso?. –Rukia volvía a sonreír.
-Yo lo escuché todo. Pensaba hablar contigo de lo mismo esa noche, por eso lo escuché. Se me quitaron las ganas, como podrás imaginarte. Pero esa noche viniste tú a mi cuarto, y me dijiste todo lo que yo te quería decir. Y así empezó todo. –Ichigo no pudo más que sonreír, le empezaba a gustar más esa historia que su realidad.- Lo mantuvimos en secreto, mi nii-sama no iba a aceptarlo, y pensamos que la mejor opción era que tú te lo ganases. –Ambos se rieron.- Los meses pasaron, entraste a mi escuadrón para poder entrenar y estar juntos.
-El escuadrón número trece… no lo habría imaginado… -Rukia puso cara de sorpresa.
-Estabas muy contento en él. –Refunfuñó.
-No es eso, tampoco se en que escuadrón me hubiese gustado estar, pero si estabas tú, fue una buena opción.
-¡Desde luego no en el de Zaraki!. –Dijo riéndose, Ichigo también se reía, hubiese sido una locura entrar a ese escuadrón. –No se cuanto tiempo se pasó detrás tuya para que volvierais a pelear…-suspiró mientras se quitaba un mechón de pelo de la cara.- Este Kenpachi nunca pensará en otra cosa…
-Y como podrás imaginar, nunca te ganaste a mi nii-sama… así que nos fuimos a vivir al escuadrón.
-No me extraña. Siempre me verá como un extraño. Por cierto, -Rukia le miró expectante- ¿Cuánto tiempo estuvo Zaraki detrás mia?
Mientras ellos dos reían, y volvía la complicidad que tenían antes, una persona estaba buscándolos contenta, el tendero había realizado una buena labor avisando a todo el mundo al que le pudiera interesar. Cuando al fin los vio corrió hasta ellos con una gran sonrisa.
-¡Ichi-nii!.- Ambos giraron la cabeza. Yuzu corría hacia ellos con unas bolsas, se abrazó a su hermano, y le susurró al oído.- Uruhara nos ha contado todo.
-Yuzu-san. –Dijo Rukia, la hermana pequeña de Ichigo se separó de él y se le abrazó.- ¡Cómo has crecido!.
-Para haber pasado sólo dos años. –Dijo rápido el muchacho, sabía que su hermana captaría enseguida el mensaje.
-¡Tenéis que venir a comer a casa! Papá y Karin están desando que vayáis. Compraremos algo de camino.
A Ichigo no le gustaba nada la idea de tener que meter a su familia en todo este embrollo, pero Uruhara ya lo había hecho por él. Maldito Uruhara. Mientras la pequeña de la familia Kurosaki estaba en la tienda comprando, los dos muchachos acordaron no decir nada de su "relación" hasta que fuese el momento oportuno. Al salir Yuzu estaba radiante, apreciaba mucho a Rukia, y sabía perfectamente lo que sentía su hermano por ella, aunque era un muchacho taciturno, sus hermanas sabían comprenderlo muy bien.
Al llegar a la casa de los Kurosaki, Ichigo pidió a Rukia que esperase en la puerta, quería ver a su familia un momento a solas, ella lo comprendió bastante bien. ¿En qué mundo surrealista se había metido en pocas horas? Se había despertado siendo una persona normal –sin contar el pequeño detalle de shinigami sustituto-, y ahora, resultaba que había pasado unos años en la Sociedad de Almas, y se había enamorado de otro dios de la muerte. ¿Estaba loco? ¿o lo estaba el resto del mundo? Ya no sabía que pensar. Tenía que existir algún complot que, desde años, estaba atacando a su salud mental, no cabía duda. Le explicó a su padre y a Karin la situación tan rara que se había producido en algunas horas. Su padre estaba encantado de tener a Rukia en casa, pero su hermana no estaba tan convencida de seguir este loco juego, pero aceptó a regañadientes, ya que parecía algo muy importante para su hermano mayor.
Mientras todos saludaban a la recién llegada shinigami, Ichigo quiso subir rápidamente a su cuarto. Kon seguía atado. Pero lo más importante era que Rukia estaba abajo y el peluche se volvería loco, tenía que avisarle antes de que pudiera echarlo todo a perder.
-¡Kon!. –Grito, antes de abrir el armario. El pequeño león de peluche estaba de un humor de perros, así que Ichigo decidió contarle todo antes de desatarlo.- Rukia esta aquí, pero no esta bien, tienes que seguirnos el juego, Kon. –Escuchó pasos en las escaleras, alguien subía, posiblemente la muchacha.- Los dos hemos estado fuera, dos años, ¿lo entiendes?. –Cómo pudo el león movió su cabecita, y por fin lo desataron. La puerta se abrió de golpe.
-Ichigo… -Una bola naranja, que se le tiro a abrazarla, cortándole en seco la frase.- ¡¡Kon!!.
-¡¡Nee-san!! ¡¡Nee-san!!. –Ella no pudo apartarlo.
En contra de todas las expectativas y de todas las posibles apuestas al respecto, Kon no metió la pata, estaba tan embobado con Rukia, que ni tan siquiera pudo hacerlo. Al poco tiempo, les llamaron para comer y el peluche se volvió a quedar solo, pero infinitamente más contento, ya no se acordaba de que había estado bastantes horas atado en el armario.
Al bajar todo estaba dispuesto como una comida más. La familia de Ichigo siempre había apreciado a Rukia, salvo Karin, que la veía a veces como una pequeña amenaza en la relación con su hermano. Sin duda alguna, ella siempre había comprendido más al pelirrojo que ningún otro miembro de su familia, pero la shinigami le había quitado ese protagonismo, y lo odiaba. Aún así, y aunque su hermano lo hubiese negado mil y una vez, sabía todo lo que significaba en su vida, y por eso y sólo por eso la toleraba. En cambio, Yuzu, sentía a Rukia como una hermana mayor, le gustaba la complicidad que había tenido con ella, y sobre todo como era su hermano cuando estaba a su lado, estuvo esperando este momento con mucha impaciencia, pero no se lo confesó a nadie. Por su parte Isshin había decidido permanecer ajeno a los tejemanejes de su hijo, sabía que a él no se los iba a contar, pero era todo fachada, apreciaba a la pequeña mujer de pelo negro y estaba dispuesto a hacerle pasar un mal rato a su hijo. Pero pensaba, que era la única manera que tenía de que ese testarudo diera realmente un paso adelante.
-Sentaos, sentaos. –Dijo sin más preámbulos.- Queremos saber todo lo ha pasado en este tiempo.
Ninguno era ajeno a la existencia de la Sociedad de Almas, a su organización, ni a lo acaecido con Aizen, así que las explicaciones de Rukia no tenían que extenderse demasiado. Sus historias en ningún momento hablaban de la recién conocida relación, ella era demasiado reservada en ese aspecto, pensaba que era un tema que debía comentar Ichigo. Al fin y al cabo, era su familia.
-¡Así que viviendo un tiempo en casa de un noble!. –Exclamó Isshin.- Volver aquí debe ser chocante, Ichigo. –No pudo remediar reírse para sus adentros.
-Pero eso fue temporal ¿No Rukia?. –La muchacha asintió.- Después nos trasladamos al escuadrón número trece.
-¿Los dos?. –Le dio un codazo a su hijo.- ¿Qué pudo ocurrir para que ambos os fueseis de un sitio tan lujoso?.
-Discrepancias con su hermano. –Le devolvió el codazo, pero mucho más fuerte a su padre.
-¿Y se puede saber la razón?. –Preguntó dándole un puñetazo en la cara a su hijo, aprovechando que no estaba comiendo.
Y así continuaron los dos, preguntándose mutuamente y como única respuesta codazos, puñetazos o patadas. Mientras, las tres muchachas comían tranquilas, Rukia ya se esperaba algo así. En cambio Yuzu y Karin, en el fondo, estaban contentas, hacía mucho tiempo que Ichigo no se peleaba con su padre. Era su manera de comunicarse, pero en los últimos tiempos el muchacho había estado muy ocupado con la Universidad, los exámenes, sus entrenamientos, sus amigos… casi nunca pasaba mucho tiempo en su casa. Las aguas volvían a su cauce. Pero Karin estaba ya cansada de la discusión, era ya mayorcita como para no saber lo que estaba ocurriendo.
-¡Parad ya!. –Gritó sin quitar su vista del plato, y señalándoles, continúo.- ¡Tú deja de interrogar a Ichigo! ¡Y tú! ¡Contesta ya a las preguntas!.
-¡No hay nada que responder!. –Dijo enfado y siguió comiendo. Rukia se entristeció un poco, pero era su decisión y tenía que respetarla, durante un tiempo no habló demasiado, algo le apretaba la garganta.
Al poco tiempo Isshin pidió a su hijo que le ayudara a llevar cosas a la cocina, y dejar así a las muchachas solas. Una vez en la allí, lo primero que hizo fue pegarle un puñetazo a su hijo.
-¿Y esto porqué? Yo no he hecho nada.
-Por que estás despistado. –Se puso serio.- ¿Sabes que todo esto no es real, verdad?. –Ichigo asintió con la cabeza.- No te sobrepases con ella, no se bien que le pasa, pero esto no es real. –Volvió a repetir.- No te ilusiones, que ahora esté así no significa que sienta eso por ti.
-¡¿Pero que dices?!
-¿De verdad piensas que no nos hemos dado cuenta?. –Se rió.- Cuídala y ten cuidado con lo que haces. Y esta noche venid a cenar, le hará ilusión a Yuzu.
Ichigo asintió, y antes de llegar al salón esquivó un patada de su padre, que cayó al suelo.. Mientras él se apoyaba en el marco de la puerta, viendo la escena de sus hermanas riendo al lado de Rukia.
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