-Van a estar así durante un buen rato. Es mejor que les dejemos solos, Yoruichi-san. –Ambos se levantaron y fueron a la habitación donde descansaba Rukia.

-¿Se encuentra mejor? –Preguntó la mujer.

-No se ha movido. –Contestó la niña con los cabellos en la cara que trabajaba en el almacén.

-Ururu puedes marcharte, y dile a Tessai que me traiga el frasco, él sabe a lo que me refiero. –Le ordenó Urahara. La pequeña asintió con la cabeza y se fue corriendo.

-¿Para que vale exactamente "el frasco"? –Preguntó Yourichi, con una voz un tanto interesada.- En lo que trajo Renji de parte de Soi Fong no ponía nada.

-Olvídate de esos informes, están manipulados. Voy a intentar que Kuchiki-san vuelva a ser la de antes. Es complicado, ya que posiblemente este demasiado tiempo expuesta y pueda perder parte de la memoria. –Recapacitó.- O también podría pensar que toda esta historia es verdad… Los resultados son impredecibles. Ya que nunca lo he usado antes.

Ururu volvió a la habitación con una pequeña botella redonda, de color amarillo brillante, transparente, parecía cristal. A su alrededor se podía observar una pequeña luz anaranjada que lo recorría de lado a lado infinitamente y sin rumbo estable. Estaba cerrado con un tapón naranja opaco con forma de lágrima. Tenía un aspecto tan frágil que cualquier persona hubiese podido pensar que se rompería con casi tocarlo, o que para abrirlo habría que ser extremadamente delicado. Parecía vacío. Pero las apariencias engañan. Urahara lo depósito en el suelo cerca de Rukia, y le pidió a la pequeña niña que se marchara.

-¿Vas a hacerlo ya? Quizás deberíamos hablar con ella antes, para intentar sacarle más información. Debemos admitir que Ichigo no es muy bueno interrogando.

-No le subestimes Yourichi-san, él ha preguntado por lo que le interesaba. –Miró a Rukia y se dispuso a tocarle la frente, pero algo le paró.- Además, todo lo que nos pueda decir ahora, será sólo fruto de su imaginación, o de la imaginación de otra persona. Nos interesa más cuerda.

En el momento en que Urahara se disponía a despertar a Rukia de su locura, Abarai Renji liberaba su espada para pelearse con Kurosaki Ichigo que ya estaba en forma de shinigami y zapakutou en mano con ansias de luchar, en la pequeña salita, donde poco tiempo antes tomaban tranquilamente té. El resto de observadores de la escena seguían discutiendo alegremente, sin darle mayor importancia al numerito que estaban causando los dos. Con todo ese ruido, era imposible hacer nada. El tendero salió corriendo a parar a ambos locos con espadas, mientras Yourichi le seguía, no quería perderse el espectáculo.

Llegaba reptando, tranquilo, y meditando lo bien que le había salido su último golpe. La mayoría picaron, pero la estúpida Kuchiki no tocó a todos los que la rodeaban, así que no pudo causar el caos que le hubiese gustado. Aún así, esperaba que hubiese valido para algo. "Sin mi esta misión no sería nada, no nos podemos fiar de esa necia", pensó Shadow. Siempre vestía con la misma túnica negra, su nombre no era causalidad, tenía la facultad de fundirse con las sombras, pero los malditos shinigamis podían verle, por culpa de la maldita energía espiritual que emanaba cuando se unía con ellas. Iba a reunirse en un lugar seguro con quien es y será siempre su jefe, él le dio los poderes, le sacó del Rukongai, y aunque a veces aborrezca la vida que le ha tocado llevar, ahora estaba contento, por fin actuaba, por fin podía demostrar quién era y todo lo que podía hacer. Lo único que se interponía en su camino era esa nueva aliada que habían decidido incorporar a un equipo que siempre debería haber sido de dos.

Shadow, había vivido placidamente en el distrito tres del Rukongai Sur, una zona maravillosa para vivir. Llegó teniendo apenas tres o cuatro años –ese difícil estimar su edad exacta-, y lo crió una amable "familia" que aceptaba a un sinfín de niños perdidos del lugar. Una vez hubo crecido su única aspiración fue entrar al Instituto Central de Técnicas Espirituales, nunca lo aceptaron, por más que lo intentase y por más que su fuerza creciera. Él nunca seria un shinigami. Así que su admiración por ellos se convirtió en una profunda animadversión. Fue en ese preciso momento cuando su vida cambio. Abandonar a su "familia" y al resto de personas que había conocido no le suponía más que un pequeño precio por todo lo que le habían prometido, por todo lo que iba a ver, conocer y tener.

-¿Se han tragado la pantomima de Kuchiki Rukia? –Preguntó un hombre alto, moreno, de tez singular, algunos dirían que es plateada, y otros que con rasgos azulados. Por el lugar húmedo en el que se encontraban tenía casi todo el cuerpo cubierto, y la cabeza encapuchada. Sus brillantes ojos azules, fríos y penetrantes, miraban inquisitorialmente a cada momento, no descansaban, parecía que nada se le podía ocultar.

-Todos salvo Urahara y esa mujer que siempre le acompaña. –Contestó Shadow situado bajo sus pies. De negro, siempre vestía de negro, de ese color era su pelo, y sus ojos, y su tez morena. No había sido siempre así.

-Yourichi-san. –Le recordó, y asintió con la cabeza el hombre cetrino, siempre había sido muy malo para los nombres, por eso los repetía una y otra vez al hablar.

-Si fuera por los humanos, nuestro plan habría salido a la perfección. –Se jactó.

-Pero ese no es nuestro objetivo, Shadow, y ni tampoco es el tuyo. No deberías haber estado allí. Aún así, dime que viste.

-Tal y como pensábamos, el inútil humano pelirrojo es el punto débil. Se lo ha creído todo. Aún así, debo repetir que dejar esta parte sin aclarar y al libre albedrío, me parece una insensatez.

-Lo se. –Intentó cortar sus quejas.- Me lo has dicho una y mil veces, y lo hemos discutido. No lo hemos dejado al azar. –Le repitió por enésima vez, como el padre que le repite a su hijo porqué tiene que tomar verduras. Decidió seguir preguntando, no le hubiese soportado esa actitud a nadie más que no fuera Shadow, él era diferente.- Continúa con los humanos ¿cómo son?

-Son tan vulnerables, manejables, tan crédulos…

-Tan idiotas. –Apuntó una voz femenina, que apareció sigilosamente en escena, no la esperaban tan pronto.- Ellos serán la parte más fácil, sin lugar a dudas.

-Rukia-san, así que ya estás de vuelta. –La muchacha asintió con la cabeza.- Por lo que veo todo bien. –Sonrió la figura encapuchada.- Cuéntame ¿qué tal tu primer día en el mundo de los humanos sin vigilancia shinigami?. –Preguntó de un modo muy familiar.

-Perfecto. ¿Shadow no ha informado?

-Sólo desde que te encontré, -contestó molesto el aludido- me costó trabajo¿quién iba a decir que estarías en una heladería tonteando con un humano, cuando deberías estar en el almacén de Urahara?, -se deslizó al lado de la muchacha- ¿qué paso antes Kuchiki-san?

-Piensas que no te vi, me seguiste todo el tiempo –susurró-, no soy estúpida. Dime Shadow –alzó la voz- sí tú me perseguías a mi ¿Quién vigila la Sociedad de Almas?

-No has de preocuparte por la Sociedad de Almas, Kuchiki-san. –Intentó sonreír, pero lo único que podía era atisbar una mueca de lo que un día sí fue una verdadera sonrisa.- Sólo fui a advertirte: el nuevo shinigami, Abarai, creo que lo conoces. Es el enlace con la Sociedad de Almas, no he podido impedir que llegasen los informes, es más fuerte de lo que yo pensaba.

-Renji… -musitó- No se pasará más información, yo me encargaré. –Sentenció.- Pero por si acaso, vigila y estate atento Shadow, no puedo hacerlo todo a la vez. La Sociedad de Almas es tu territorio, no el mío, no puedo arreglar todos tus entuertos. –Ese comentario le había herido, así que no pudo más que intentar dañarle a ella.

-Es complicado mantener una relación ficticia con un humano y a la vez…

-No me reproches nada, tú sólo viniste a vigilarme, y yo no necesito vigilancia, mi lealtad está más que confirmada. –Interrumpió.

-Basta de estupideces Kuchiki. –Dictaminó, el hombre encapuchado, harto de tonterías.- No actuaste bien, sino llega a ser por Shadow, no hubieses conseguido…

-Lo hubiese hecho de otra manera. –Replicó.

-Eso ahora no importa, la próxima vez no quiero fallos. Dame el frasco, lo necesito. –Ordenó cansado, no soportaba las frecuentes discusiones de sus subordinados.

-Recuerda lo que me prometiste. –Le recordó Rukia, antes de entregarle lo que hábilmente había sacado del almacén de Urahara. Pero no obtuvo respuesta, ni negativa, ni afirmativa, ya que el hombre encapuchado se marchó, sin siquiera regalarle una mirada de complicidad.

-Kuchiki-san, -comenzó a decir zalamero Shadow- ¿por qué no has informado de todo?

-No tiene demasiado tiempo, no voy a importunarle con nimiedades. –Contestó la muchacha con la mirada perdida.

-A mi no me parecen nimiedades. Pero si Kuchiki-san piensa que lo son, no diré nada… por ahora –musitó.- Por cierto, lo vas a tener más fácil que yo… -sonrió- el shinigami pelirrojo con el que has estado todo el día no debe ser un problema para ti, ni tan siquiera pudo verme; en determinadas ocasiones pude hasta haberlo matado, y él no se habría dado ni cuenta. –Sabía perfectamente que eso enfurecería a Rukia.

-Déjamelo a mi, es mi trabajo, no el tuyo. Pero recuerda, a él no debes tocarlo, sabes perfectamente quien es nuestro objetivo.

-Claro, Kuchiki-san, pero si se interpone en nuestro camino…

-Nada, lo dejarás de en paz, dejarás en paz a todos, esa es mi parte, no te entrometas.

-Pero si tú no sabes hacerlo bien yo…

-¿De que parte estas, Shadow? Parece más importante para ti demostrar que soy una traidora, que nuestra misión, y sabes que trabajas…

-Para ti, pero mi lealtad es para él. –Le interrumpió.

-¿Y mi lealtad no? –Shadow se deslizó por la habitación, dándole la espalda.

-No te entretengas mucho. –Le advirtió.- Este circo no durará demasiado.

-Me voy, no tengo que levantar más sospechas. –Estaba ya cansada de ese insolente.- Tú deberías volver a la Sociedad de Almas. –Se dirigió a la puerta, y antes de salir, no pudo remediar decir.- Y no me sigas más, se apañármelas sola.

-De eso no me cabe la menor duda, Kuchiki Rukia. –Musito después de que se fuera la muchacha. No la podía dejar marchar sola, no se fiaba de ella, pero ¿Quién vigilaría la Sociedad de Almas?