"Bien Rukia, bien" no paraba de repetirse mientras caminaba aprisa por las calles de Karakura, no podía tardar mucho más, sino la echarían de menos. Aunque fuera en forma de alma, evidentemente ellos podían verla, pero así corría más rápido por las arterias de la ciudad. No podía asegurar que no estuviese siendo vigilada, pero iba bien, al menos Shadow no estaba detrás suya, aunque gracias a los poderes de ese insensato pudo conseguir su propósito. Cuando lo vio en la heladería no pudo más que hacerse la enferma, para que se acercara a ella, dejara a Ichigo en paz y así poder escuchar lo que pudiera decirle, allí le cedió algo de sus macabros poderes para desquiciar a los que un día fueron sus amigos. Activarlos era fácil, demasiado fácil pensó Rukia en aquel momento, ya que sólo con tocarlos comenzaría la función. Evidentemente los efectos se hicieron esperar, ya que no era suya la capacidad de volver loca a la gente y no sabía usarla. Además, no le gustaba notar los poderes de Shadow por su cuerpo, pero era una buena opción no planeada. En cuanto entró al almacén en brazos de Ichigo comenzó su improvisado plan: fue tocando uno a uno a todos los que le interesaban, salvo Ichigo, que ya la había tenido un tiempo encima , pobre, a él le durará más que al resto. Gracias a eso, pudo despistar a Urahara y, además consiguió que la dejaran sola con el tan preciado objeto. Desde que le encomendaron la "misión" no estaba segura de poder hacerlo, y mucho menos de una manera tan fácil. Pero sabia que todo tenia consecuencias. Y las suyas se las iba a encontrar cara a cara.

Pudo entrar por la ventana que hábilmente había dejado medio abierta, del cuarto donde la habían dejado descansar. Cómo odiaba el papel de dama indefensa y en apuros ¡ella no era así! Le encantaba pelar, no depender de nadie, pero no había logrado urdir un plan mejor, era la única manera que tenía para hacer y deshacer a su antojo, malditas sean su imaginación y sus ideas.

Mientras se volvía a recostar y cerraba los ojos, recordaba con tristeza de nuevo, el momento en el que tuvo que hacerse la enferma en la heladería, realmente no quería, estaba pasando un gran momento, uno que no quería olvidar jamás, pero el inoportuno Shadow estaba rondado a Ichigo, y, entre otras cosas, tenía que sacarlo de allí como fuera. Que la llevara al almacén fue un golpe de suerte, no lo había planeado ¿cómo podía planear nada con alguien tan impulsivo como Ichigo? Era realmente difícil. No salía nada bien, todo tenía que ir de improviso… pero le encantaba. Aún no lograba asegurar cómo había salido tan bien todo, ningún percance, nadie parecía sospechar, ni Ichigo… pero sólo los años que habían pasado separados, le daba la solución a su pregunta ¿cómo se había creído su interpretación? Quizás no se la creía, sino que quería creerla. Pronto acabaría todo y no sabía bien como. ¡Qué historia se había inventado! Realmente era lo que hubiese deseado que ocurriera, pero habían cosas que le parecían tan reales a su imaginación, estaba segura que podía funcionar, ellos podían funcionar, pero a que precio… Sabía que ahora que estaba allí, todo saldría bien, tenía que salir bien, él la conocía mejor que nadie, incluso mejor que Renji, y podía y sabría comprenderla.

"Joder, Renji¿qué haces aquí tan pronto?". Pensó de repente enfadada. Era evidente que aparecería, antes o después, pero lo esperaba más después que antes, ahora era un problema, y tenía que usar artillería pesada si quería salir de esta. No le gustaba pensar en su amigo como un problema, pero era muy cabezón, aunque ella lo era aún más, y quería asegurarse de una cosa: no pensar más en él como en una complicación.

Tras aclarar en su mente el –futuro no- problema Renji. Sin solución a la vista. Se volvió a centrar en la locura de sus planes. ¿Cómo había pasado todo esto? En ningún momento planeó toda la historia paranoica de su relación con Ichigo en la Sociedad de Almas, pero no pudo remediar su reacción al verlo, tanto tiempo esperando. No pudo hacer otra cosa. Él le correspondía. Y ella no pudo creerlo en ese momento, así que tuvo que demostrárselo a sí misma. "No quiero hacerle daño" pensó, pero parecía más complicado de lo que había pensado en un primer momento, pero algo le decía que lo podía conseguir.

Mientras seguía acostada en la cama, debía escuchar los gritos de las histerias que estaban pasando las personas de la habitación de al lado o idear un plan para la repentina llegada de del Teniente de la división sexta, pero no. Estaba más inmersa en sus pensamientos, y en todo lo acaecido desde que estaba, por fin, en el mundo de los humanos. "Cuantas ganas tenía de volver a verte, has cambiado, pero no mucho –pensaba-. Sí, ha merecido la pena todo el esfuerzo".

Ya no se escuchaban gritos. Era el momento de aparecer. ¿Dónde estaba Shadow? Seguramente maleando, no se esperaba nada bueno de él. Se levantó bruscamente y a consecuencia se ganó un dolor de cabeza, tampoco le venía mal para seguir interpretando su papel. Lo odiaba. Antes de abrir la puerta que le conduciría de nuevo a su propio circo, suspiró hondo. No sabía si estaba realmente preparada, pero allá iba.

Parar a los dos locos con espadas fue más difícil de lo que se podía pensar en un primer momento, ya que la mayoría de los presentes habían caído en la cuenta de que no estaban en su sano juicio, pero no todos en que llevaban armas. Ya que la locura transitoria de Ishida, Inoue, Chad, e incluso Renji, ya había acabado, sólo faltaba Ichigo, pero a juzgar por las circunstancias hubiera reaccionado igual loco o cuerdo. Así que cuando Urahara entró en la estancia y vio a ambos shinigamis con las zapakutous liberadas se echó las manos a la cabeza ¿en que estaban pensado?. Tuvieron que reducirlos entre, el siempre servicial, Tessai, el propio tendero y Yourichi. Al poco tiempo, uno a uno, fueron reaccionando satisfactoriamente, y volviendo a su estado normal, algunos avergonzados y otros cabreados y con más ganas de pelea.

Urahara decidió que tras el incidente, sería mucho mejor hablar a solas con Rukia e Ichigo, para los demás tenía bastante claro que deberían hacer, pero Renji se negó a perderse la conversación. Al poco tiempo de quedarse solos y aclarar unas pocas cuestiones, la chica despertó.

-Rukia¿estás bien?. –Preguntó Ichigo al verla entrar por la puerta, mientras se levantaba e intentaba ayudarla a sentarse, se veía algo mareada.

-Claro que estoy bien, sólo me estoy acostumbrando a este cuerpo. –Respondió tranquilamente, pero dejó que el muchacho la ayudara y se sentó a su lado. Mientras se tocaba la cabeza por culpa del improvisado mareo, que no cesaba. Fue entonces cuando centró su atención en- ¡Renji! –se hizo la sorprendida.- Sí has venido para llevarme de vuelta a la Sociedad de Almas, esta vez te costará algo más. –Dijo poniendo una fingida cara de pocos amigos.

-Yo… no… -¿Qué iba a contestarle ahora?.- Claro que no Rukia, soy tu amigo, he venido por otras cuestiones.

-Me parece demasiada casualidad¿cómo se han tomado nuestra ida? –En el fondo era divertido verles las caras, pero eso nunca lo confesaría.

-Extrañamente bien.

-¿Y mi nii-sama?

-Ya tendréis tiempo para hablar de eso más tarde. Kuchiki-san, me han dicho que tenías ganas de verme¿Qué ocurre?

-Urahara, -le respondió- necesito un gigai algo especial… cómo el que me diste la primera vez.

-Pero, Kuchiki-san, es peligroso…

-Lo necesito, -en su voz se podía notar un pequeño matiz de desesperación que sólo el tendero atisbó a escuchar- es muy importante.

-Claro, pero tardará un poco.

-¿Cuándo podrá estar?

-En unos días, no más. –Sonrió aliviada la pequeña morena al escuchar esas palabras, todo se iba arreglando.- Abarai-san, –el tendero cambió completamente de conversación- ¿piensas quedarte aquí unos días o vas a volver a la Sociedad de Almas?

-Renji… -"Piensa Rukia, piensa. No puede volver a la Sociedad de Almas, no puede quedarse aquí, tienes que vigilarlo… Piensa, Rukia, piensa…"- ¿Por qué no vienes a casa de Ichigo con nosotros? –Preguntó sonriendo la muchacha. "Sólo se te ha ocurrido eso, estúpida, no querrá", pensó nada más formular la pregunta.

-Esto… yo… -Balbuceó el aludido.

-¡Ni hablar! Me niego. –Respondió Kurosaki por el Teniente.- No se queda en mi casa.

-Ichigo. -Respondió dulcemente Rukia con los ojos más lastimeros que pudo poner. Pero el muchacho no tenía pinta de cambiar de opinión.- Venga, es nuestro amigo, nos ayudó mucho a sobrellevar estos años en la Sociedad de Almas. –Que mal mentía, esperaba en su foro interno que eso no desentonara con la fantástica historia que le había contado en el parque. "Antes se coge a un mentiroso que a un cojo" pensó, pero no tenía más opciones.

-No. –Contestó tajantemente. Esa noche tenían cena con su familia, y quería un tiempo libre para estar con ella y no le apetecía nada tener a Renji dando vueltas por allí… en su casa… definitivamente no.

-Pues si no va él, no voy yo. –Sentenció la muchacha morena, que era más cabezona si cabe. Los allí presentes no entendían muy bien esa escena, pero Renji se estaba divirtiendo de lo lindo, le gustaba esa faceta de Rukia.

-Esta bien, esta bien… -Cedió, sí, cedió. ¿Qué mas podía hacer?. Tendría al pesado de Renji dando vueltas por su casa. Suspiró, pero en ese momento la pequeña shinigami se le abrazó fuertemente, parecía que al final su esfuerzo merecía algo la pena.

Ya se habían marchado todos del almacén que regentaba Urahara. Cada uno al lugar donde le correspondía. El propio tendero y Yourichi cenaban solos y en silencio, pensando en mil cosas a la vez. Hasta que alguien interrumpió sus pensamientos.

-Urahara-san, no encontramos el frasco con el que quería despertar a Kuchiki-san. –Dijo avergonzado Tessai.

-No te preocupes, no te preocupes. –Dijo afablemente el tendero.- Ve a cenar tranquilo, se me olvidó decirte que ya no lo tenemos, lo hemos "vendido". –El hombre asintió con la cabeza y se fue a tomar algo, llevaba un buen rato buscando, pero no le molestaba el despiste de su jefe.

-¿A quien has vendido ese frasco Kisuke? No ha venido nadie esta tarde. –Preguntó Yourichi.

-A Kuchiki-san, prácticamente sólo vino para eso.

Eran las tres de la mañana y mientras todos dormían en la casa de los Kurosaki, alguien se despertaba sorprendido. Una figura se levantaba sigilosamente de la cama de la habitación del hijo mayor de la familia. "Me he quedado dormida" pensó Rukia, miró a su derecha y observó al muchacho que hasta hacía poco tiempo la tenía abrazada, dormía tan tranquilo, que no parecía él. Siempre estaba preocupado, alterado, con esa cara de enfado perenne. Pero ahora no, estaba sereno y relajado. Tanto como Kon, que había estado vigilando a la pareja todo el rato, hasta quedarse dormido en el suelo, al lado de la cama. Tenía que levantarse sin despertar a los dos, si ya era difícil quitarse del lado de Ichigo sin despertarlo, la cosa se acrecentaba, teniendo al peluche en el suelo. No se levantaba por gusto, sino porque no quería que la familia del muchacho la encontrará así después de haberle acomodado, tan amablemente, una cama en la habitación de las chicas, debía dormir allí. Y además tenía algo más que hacer.

Pudo salir de la habitación, con mucho trabajo, parecía que al final iban a tener el sueño más profundo de lo que parecía. Antes de irse a dormir a su cama, decidió hacer una parada. Bajó lo más sigilosamente posible las escaleras, y llegó al salón. En él dormía Renji, al ser tan repentina la noticia de que se iba a quedar allí, no pudieron más que ofrecerle un sofá, al día siguiente le encontrarían un lugar mejor donde dormir.

La muchacha abrió la puerta, decidió no cerrarla para hacer menos ruido, no corría aire por la casa, así que no había razones para dar portazos. Se acercó lentamente al shinigami, y se arrodilló frente a él para despertarle silenciosamente, no quería asustarlo y que despertara a toda la familia Kurosaki. Se acercó lentamente y acariciándole el cabello le susurró lentamente su nombre.