-Renji… despierta… -Le susurraba lentamente.- No te asustes, soy yo, Rukia.

-¿Qué pasa? Es muy temprano. –Contestó con muy pocas ganas, aunque a decir verdad el sofá de casa de los Kurosaki no era tan cómodo como pensó en un primer momento, tampoco estaba tan mal comparado con otros lugares en los que había dormido.

-Tengo que hablar contigo, es importante.

-¡Por dios Rukia¿Qué co... –La muchacha le tapó la boca, ya estaba gritando, no había manera de despertarle sin que hiciera un drama.

-No chilles, por favor. Duermen en el piso de arriba. –Dijo mientras señalaba con el dedo, de la mano que le quedaba libre, hacía el techo, y al mismo tiempo intentaba hacer aún más hincapié con los ojos, que le reprochaban el griterío.

-Lo siento. –Contestó justo cuando la shinigami le quitó la mano de la boca.- ¿Qué pasa?

-Renji, tienes que ayudarme. He hecho una gran estupidez.

-Cómo si eso fuese raro. –Comentó mientras se sentaba, se estiraba y bostezaba. Cuando ya se puso cómodo recordó la situación, Rukia estaba enferma y tenía su propia historia en la cabeza.- ¿Te refieres a que Ichigo y tu os fugaseis de la Sociedad de Almas? –Odiaba que le despertaran temprano, odiaba que le despertaran a mitad de la noche, pero sobre todo odiaban más aún ser despertado para hablar de tonterías, ahora soportaría una charla absurda sobre la relación de los dos shinigamis.

-Olvídate de eso, lo recuerdo todo perfectamente. –El muchacho se sorprendió de sobremanera.- Eso es parte de mi estupidez. Por favor no te enfades. Debes entenderme, tú eres el único que sabe por todo lo que he pasado.

Le contó lo más rápido posible toda la historia, Renji no creía reconocer a la mujer que tenía delante. Un shinigami no tiene ese tipo de sentimientos, un shinigami no puede poner en peligro la vida de otras personas por intereses propios. Tuvo que admitir para sus adentros que su Capitán tenía mucha razón, Rukia ya no era un shinigami, era casi humana.

-¿Y todo eso por el niñato de Ichigo¡Por Dios Rukia! –Le miraba totalmente incrédulo, sabía que ella no le mentía, de eso estaba seguro, pero no entendía bien sus razones.- ¿En qué demonios estabas pensando?

-Sí, he hecho todo eso por un niñato que luchó con toda la Sociedad de Almas para salvarme. –Renji no se esperaba esa contestación.- Y estaba pensando en vivir una vida mejor que la que llevaba. –Suspiró, había sido muy dura con su amigo.- Además, lo pienso arreglar todo.

-Sí¿y cómo?

-Me he dado cuenta de todos los errores uno por uno. Se que es muy tarde, pero desde que me secuestraron la primera vez, debo admitir, que no razonaba bien. No me volví loca como ellos hubiesen querido. Pero, sin que sirva de excusa, tampoco estaba bien del todo. –Le miro directamente a los ojos.- Debes ayudarme, mantén mañana a Ichigo todo el tiempo que puedas en el almacén de Urahara. Yo iré a verlos e intentaré acabar con todo esto.

-No voy a dejarte ir tú sola ¿Y si te pasa algo?

-Cuida de él. –Se levantó, ya era tarde y debía descansar.- Mi nii-sama ya no te lo impedirá más.

-Pero, Rukia, no deberías ir sola.

-Tengo que arreglarlo yo. –Se dirigió a la puerta, y sin mirarle le dijo.- Yo me he metido en este lío y yo debo salir. Cuídate Renji, cuida a Ichigo, y no me falles, por favor. –Le miro antes de cruzar el umbral de la puerta.- Espero que sea el último favor que te pida. –Susurró antes de subir las escaleras.

Renji ya no pudo dormir en toda la noche, sabía perfectamente qué se proponía su amiga, y sabía que era una gran estupidez. Pero no sabía bien qué hacer: hacerle caso a Rukia, o avisar a Ichigo e impedirle actuar. Pero, tampoco tenía pruebas de todo lo que pensaba, era descabellado.

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Tras la intensa conversación, Ichigo se quedó durmiendo placidamente abrazado a Rukia, pero la muchacha no podía dormir, había tomado una determinación. Aunque, mirando al shinigami que tenía la lado, le costaba mucho trabajo estar lejos de él. Y mucho menos pensar en hacerle daño, y menos aún despedirse de él.

-Ichigo… -Le susurró. El muchacho se agarró más fuerte a ella hundiendo su cabeza entre la almohada y los cabellos de la shinigami. Ella se giró, no se iba a dar por vencida. Frente a frente, le volvió a llamar.- Ichigo…

-¡Joder Rukia¡Hoy no me vas a dejar dormir! –A todo el mundo le molestaría ser despertado cuando sólo llevas un par de horas durmiendo.

-Tengo que preguntarte algo.

-Dime, total, si hoy parece que no voy a poder dormir. –Aunque en el fondo no le molestaba tanto como quería hacer ver.

-¿De verdad quieres que me quede contigo¿Qué me convierta en una humana más?

-Claro, tonta. –Le acarició el pelo a la indecisa muchacha.- He esperado para estar contigo todos estos años, y ahora no me voy a echar atrás. –Ambos sonrieron.- Pero si llego a saber que ibas a ser tan pesada esta noche, hubiera dormido la siesta.

-Lo siento, pero necesitaba saberlo. –Escondió su cabeza en el cuello de Ichigo.

-No pasa nada, pero podrías despertarme para algo más interesante. –Le levanto la cabeza y comenzó a besarla.

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A la mañana siguiente Ichigo se despertó solo en su cama, Rukia ya no estaba. No se extrañó de la huida de la muchacha, él la había visto marchar. En el fondo se alegraba, ya que ahora le tocaría interrogatorio de su padre sobre: "¿Dónde ha dormido Rukia?", y sólo habían dos sospechosos, Renji y él, y sabía perfectamente que nadie pensaría en el Teniente como un peligro. Estaba condenado.

Bajó la escaleras y se encontró a Abarai desayunando con su familia, todos le miraron expectantes, quizás esperando algo más. Y ese algo más posiblemente fuera la pequeña shinigami.

-Ey, Renji. Cuando acabes de desayunar tenemos que irnos.

-¿Dónde quedó el "Buenos días, Renji"¿O qué tal has dormido en mi sofá, Renji?. –Contestó burlón, hoy a Kurosaki le iban a caer por todos lados.

-¿Dónde está Rukia? –Preguntó su padre algo molesto.

-No lo se.

-No ha dormido con nosotras. –Contestó Yuzu, antes de darle un bocado a una tostada.

-A mi no me mires. –Dijo Renji algo colorado por las miradas de la familia.

-Ha dormido conmigo. –Contestó Ichigo tranquilamente.

-¡Serás desgraciado! –El Teniente le cogió del cuello y comenzó a amenazarlo.

-¡Joder Renji¡Estás en mi casa¡Déjame en paz! –Gritó, y después se soltó bruscamente.- No ha pasado nada, sólo que hablamos hasta tarde y nos quedamos dormidos. ¡Tranquilízate! –Pero antes que se sentaran, y para hacerle rabiar, de nuevo, le susurró:- No hicimos nada que ella no quisiera.

-¡Yo te mato! –Se volvió a levantar histérico.

-¿Y ahora por qué?

Desde luego, el desayuno en casa de los Kurosaki fue más entretenido de lo normal, y mientras los dos shinigamis se peleaban, cada vez por cosas más absurdas, el resto de la familia decidió ignorarlos y seguir desayunando tranquilamente. Hasta tal punto, que cada uno se fue a hacer sus obligaciones y los dos siguieron peleándose durante un buen rato.

Kurosaki Isshin no iba a quedarse cayado sobre la aventurilla de su hijo con Rukia, ya le advirtió una vez, y no iba hacerlo dos. Esta vez le escucharía, y esperaba por su bien que no se hubiese sobrepasado con ella. Ahora no tenía tiempo, pero después de comer se lo diría todo.

Una vez hubo terminado la discusión, el café estaba frío, las tostadas también, el zumo caliente, en definitiva, el desayuno fue un desastre. Así que pronto pudieron salir camino al almacén de Urahara. Durante el camino, Renji no supo que decir ni hacer, así que decidió callarse, mejor hablaría con el tendero, parecía más razonable que Ichigo.

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Cuando Rukia se levantó esa mañana de la cama no estaba segura de qué debería hacer. Amanecía, y un despistado frío se asomaba por la ventana, tiritó, debía ponerse algo de abrigo para salir. Se volvió a levantar lentamente, esta vez si estaba segura de que Ichigo dormía. Con las luces del amanecer, se le veía tranquilamente durmiendo, esta vez no tenía duda. Lo dejó boca abajo con el pelo totalmente alborotado, y el brazo todavía en la misma posición que cuando ella estaba allí durmiendo, extendido por su lado de la cama. Decidió taparlo con las sábanas, sino posiblemente podría ponerse enfermo. Se sorprendió a sí misma reaccionando de esa manera, no estaba segura de sí podía ser así durante mucho tiempo.

Mientras se vestía llegaba a la conclusión de que era mucho más importante acabar con todo esto de una vez. Se sentía ridícula, la mujer más ridícula del mundo, ya no era un shinigami, se sentía humana, con sentimientos y actuando de forma irracional. Los últimos meses no había sido ella del todo¿cómo se había dejado llevar por ese estúpido sentimiento? "Tendría que haberlo olvidado todo, así no hubiera causado tanto daño", sus reflexiones pararon en seco cuando se giró y vio al muchacho pelirrojo plácidamente dormido. No podía dejar de mirarlo, y se repitió a sí misma: "Sí, por este niñato lo he hecho todo". Pero debía solucionarlo. Ella no podría sola, con suerte Urahara ya estaría enterado de todo para el momento en que Ryotsu apareciera, pero Shadow… ese era trabajo suyo.

-Lo siento, Ichigo, voy a hacer las cosas bien por una vez. –Susurró.