17. Corre, Ichigo, corre.
Rukia y Yoruichi se encaminaban al lugar donde se encontrarían con sus oponentes, encontrarlos no fue tan sencillo como podrían haber imaginado en un primer momento, habían escondido bien su poder espiritual. Ellas a su vez también lo habían hecho, ya que pensaban que el factor sorpresa actuaría de su parte. Tras hablar largo y tendido del frasco que robó Rukia, al que Yourichi llamaba Amai, llegaron a la conclusión de que debían ir cuanto antes a buscarlo, había sido una estupidez por su parte no haberlo hecho antes.
Tardaron varias horas en llegar al lugar, no por lo alejado que estaba de la ciudad, que lo estaba, sino por la dificultad de la búsqueda. Se encontraban a las puertas de un almacén aparentemente abandonado, la puerta estaba cerrada con una gran cadena y un candado. Pero una de las ventanas del segundo piso del edificio estaba rota, ésa sería su entrada. Sin demasiado problema escalaron hasta llegar y entrar de la forma más sigilosa posible. Una vez dentro se encontraron una escena dantesca. Ryotsu se encontraba haciendo algún tipo de experimento con un plus, y Shadow simplemente miraba divertido la cara de desesperación del espíritu.
-Todavía no han logrado utilizar el Amai.- Yourichi se refería al famoso frasco. Comenzó a observar a su alrededor, buscando el mejor sitio por donde atacar.
Mientras, en el piso de abajo, Ryotsu estaba cada vez más enfadado, pensaba que podría dominar el Amai en pocas horas, pero no había sido así. Shadow ya le había traído cinco espíritus antes que este, pero con ninguno había podido activarlo. El enfado que llevaba consigo hizo que se quitara la capa, dejando a la vista totalmente su apariencia.
-No puede ser. –Susurró Yoruichi.- No puede ser…
-¿Qué ocurre Yourichi-sama? –Preguntó Rukia al verla tan sorprendida.
-Él es… Urahara Senzo.
-¿Quién?
-Tengo que avisar a Kisuke. –Se levantó rápidamente pero algo se interpuso en su camino.
-¿Avisar a quien? Yourichi-san. –El hombre que hasta hace poco tiempo estaba haciendo experimentos con un plus, estaba ahora enfrente de ella.- ¿No me dirás que mi querido hermano se dirige hacía aquí?
-Senzo. –Fue lo único que Rukia pudo escuchar de la mujer, antes de que ambos usaran el shunpa para desaparecer. Comenzaron a pelear de una manera tan frenética, que hasta a la shinigami morena le costaba trabajo seguirles el ritmo.
Abajo Shadow, también observaba la escena, pero centrando más su atención en la shinigami que en otra cosa, ella era su oponente y a ella era a quien debía matar. Lo haría con mucho gusto. Pero antes debía deshacerse del molesto espíritu que temblaba arrodillado en una esquina. Acabaría antes con ese patético insecto, después se ocuparía de su otra preocupación.
Por su parte, Rukia, ya había centrado su atención en el plus que estaba abajo temblando, tenía que ayudarlo, hacer un entierro del alma ahora era más que imposible. Entonces vio a Shadow acercarse lentamente al espíritu, tenía que ayudarlo. Y sin más se lanzó hacia el suelo, cayó apoyándose en una rodilla situándose delante del plus, para que no pudieran hacerle nada.
-Rukia-Chan. ¿Quieres morir tu primero? –Sonrió mientras un reiatsu negro comenzaba a rodearle. Su poder espiritual estaba creciendo.- Será un placer.
-¡Huye! –Gritó la shinigami volviendo la cabeza hacia el plus, y éste le hizo caso de inmediato.-
-Eso no le servirá de nada, después de ti, irá él.
La muchacha hizo ningún gesto, pero un aura blanquecina comenzó a envolverla. Shadow le lanzó una bola negra que ella paró con su zampakutou sin ningún problema. Se levantó lentamente y comenzó a acariciar la hoja de su espada desde la empuñadura hasta el filo, mientras un lazo comenzaba a salir del mango convirtiéndose toda la espada en un precioso conjunto blanco.
-Arremolina, Sode no Shirayuki.
Rukia jadeaba arrodillada en el suelo, acabar con Shadow le había costado mucho más de lo que ella había pensado en un primer momento. Pedacitos de ese inútil inundaban la estancia, ya que había logrado congelarlo con la primera danza de su espada, y después lo había convertido en pequeños pedacitos, le odiaba tanto que vencerle de una manera tan sencilla le parecía, como poco, irritante, hasta al morir la iba a poner de mal humor. Pero en ese instante, los pequeños trozos de hielo se comenzaron a resquebrajar y un reiatsu negro comenzó a componerse. Shadow no estaba acabado del todo.
-Oh Señor, Máscara de Carne y Hueso, -comenzó a decir Rukia antes de que su oponente volviera a tener todo su poder- toda creación, batir de alas, aquellos que llevan el nombre de hombre, verdad y temperamento. A través de este muro sin destino de sueños desatados pero con la leve ira de tus garras. –Gritó finalmente alargando su mano.- ¡¡Hadou 33:Soukatsui!! –De sus dedos surgieron unos rayos azules que chocaron directamente con su oponente, pero no fue el ataque mortal que ella esperaba.
Consiguió algo de lo que se proponía ya que Shadow se recompuso pero muy debilitado, algo cansado comenzó a formarse alrededor de su mano y gracias a su reiatsu, una espada, de la cual, donde debería haber una hoja, emanaba una extraña energía equiparable a un fuego negro. Y sin pensárselo dos veces fue a atacar a Rukia, que también estaba algo cansada. La muchacha pudo evitar la envestida a malas penas, y consecuencia de ello fue una herida que comenzó a emanar sangre de su cara. La espada de Shadow quemaba, al parecer si hubiese llegado a ser shinigami, hubiera tenido una zampakutou de fuego.
Se separaron, Rukia tenía que volver a tomar fuerzas para atacar de nuevo, la mayoría de sus ataques se basaban en el kidoh, aunque no se le daba mal el manejo de la espada. Tenía que esperar pacientemente hasta verse preparada para volver a contraatacar. Sin embargo, pudo parar el siguiente ataque de Shadow, aunque éste no se dio por vencido, y apareció justo a su espalda para propinarle otra embestida que la shinigami paró a duras penas, su brazo izquierdo salió mal herido.
El fuego de Shadow le había inutilizado el brazo, pero no del todo. Ya que en una de las pruebas de lealtad que tuvo que pasar Rukia cuando decidió ayudarles, fue robarle a su nii-sama Kenseikaan, y para conseguirlo tuvo que usar un poco del poder de su actual oponente, y al parecer, algo de su reiatsu todavía corría por el suyo propio, no sería algo permanente, pero estaba durando algo más de lo que se habían imaginado inicialmente. Consecuencia de ello, la espada de Shadow no afectaba completamente a la shinigami, no podía volverla loca para después matarla, pero si había hecho una profunda herida en su brazo.
Pero ella seguía pacientemente esperando que su reiatsu se compusiera para poder atacar más fuertemente, él seguía atacando como un loco, no era un buen guerrero, no sabía usar bien sus habilidades, siempre había estado a la sombra de su jefe y ahora que por fin, podía hacer valer sus poderes, no estaba usándolos al máximo. Pero por fin, la shinigami vio su oportunidad.
-No puedes hacer nada contra mí, tu espada de hielo no será suficiente. Rukia-Chan. –Dijo jadeante, a pocos metros de ella.
-Sode no Shirayuki, no es "sólo" una espada de hielo, y no se dejará vencer tan fácilmente. –Se tomó un momento para después decir.- Siguiente danza: Hakuren.
La segunda danza de la espada de Rukia dejó a Shadow completamente congelado, era una danza mucho más fuerte y liberarse de ella le iba a ser mucho más difícil que de la anterior, y además, aunque a la shinigami no le quedaban ya fuerzas comenzó a recitar las palabras del Hadou 63: Raikouhou, aunque sabía que no tendría toda la fuerza necesaria para acabar con Shadow, al menos lo dejaría bastante debilitado como para acabar con él en otro ataque, pero una voz hizo que parara su cántico.
-¡¡Getsuga Tenshou!! –Se escuchó con un grito, y todo rastro del siniestro personaje congelado fue destruido en poco tiempo. Esa batalla había terminado.
