La pelea entre Senzo y Yourichi se paró durante un momento. Ambos estaban bastante cansados, pero su orgullo les impedía dejarlo ver. Así que se separaron rápidamente y observaron la situación. Urahara, Renji e Ichigo hicieron una espectacular entrada, sobre todo el último que no pudo remediar ayudar a Rukia.

-¡Ichigo! –Dijo la shinigami morena, algo entrecortadamente, estaba cansada y malherida. El aludido corrió a su lado a intentar cogerla, pero esta se revolvió enfadada.- ¡Te dije que no intervinieras! ¡Hubiera podido yo sola! –Gritó, mientras se medio tambaleaba.

-Está bien. –Kurosaki sonrió, y la sentó en el suelo junto a él, si tenía que pelear antes la protegería.- Ahora descansa, luego ya me echaras la bronca.

Renji se situó al lado de los dos shinigamis, ya que Urahara le había pedido que hiciera eso. Masculló algo sobre que ahora le tocaba a él, y se acercó a Yourichi y a su oponente. Le hizo un gesto a la mujer para que se apartara, ella sabía perfectamente que ahora el combate era familiar, hermano contra hermano. Ella ya no pintaba nada. Al final el objetivo inicial, fue y sigue siendo, Urahara Kisuke.

-Senzo-san, estás vivo. –Dijo Urahara a modo de saludo.

-Desde luego, no gracias a ti, Kisuke-nii. –Contestó con un tono de burla.

-¿Has venido desde un principio a por el Amai, o simplemente para luchar conmigo?

-Parece bastante claro, hermanito. ¿Desde cuando sabes que soy yo la Luciérnaga Azul que iba detrás de ti?

-Desde que Kuchiki-san enloqueció a todos menos a Yourichi-san y a mi.

-Chica lista. –Dijo mirando a la shinigami que estaba en el suelo apoyada en Ichigo.- ¿Y todos estos que son? ¿Tus refuerzos?

-No estaba seguro de si estabas solo o con alguien más de tu orden. ¿Quién te manda?. –Era la única duda que le asaltaba al tendero, los de su orden sólo podían atacar a alguien si se le había encomendado en alguna misión.

-Nadie, he venido por mi cuenta. –Contestó su hermano con una gran sonrisa de satisfacción en sus labios.

-No está bien que rompas las reglas, sabes que te puede costar caro.

-¿Y me lo dices tú? Kisuke-nii. –Se rió a carcajadas.- Sabes que el Amai es mio, tú me lo robaste.

-Es una reliquia familiar, y decidí cuidarla yo, tú eras demasiado torpe. –Se estaban empezando a pelear como cuando tenían cinco años, siempre se habían tratado igual.- Además, la hubieses perdido.

-¡¡Mamá me la dejó a mi!! –Gritó enfurecido Senzo.

-¿Para qué quieres algo que no sabes usar?

Y sin más comenzó una estúpida pelea sobre a quien le dejaron el Amai cuando sus padres murieron, que derivó en quién era más fuerte de los dos. Antaño siempre fue más fuerte Urahara Kisuke, ya que, a parte de ser el hermano mayor, fue Capitán de su división en poco tiempo. En cambio a Senzo le costó mucho más trabajo mejorar, ya que no tenía paciencia, y a lo máximo que llegó fue a ser Teniente, del mismo escuadrón de su hermano.

Todos los presentes estaban algo alucinados de la actitud que tenían ambos parientes, en un momento como aquel, se ponían a pelear como chiquillos. Desde luego eran familia.

-¿Qué está pasando? Yourichi-san. –Preguntó Ichigo.

-Sólo se están peleando por el Amai.

-¿El qué? –Preguntó el shinigami.

-Un frasco de la familia de Urahara que robó Kuchiki-san. –Contestó sin más preámbulos.- Que sepamos sólo tiene dos funciones. –Rukia comenzó a sacar de la nada un bloc y le enseñó a Ichigo unos dibujos que había hecho la primera vez que Yourichi le había explicado las funciones del Amai.

-¡¡Esconde eso Rukia!! –Gritó Ichigo.- ¿Qué demonios es?

-Uno es la primera función del Amai. –Contestó la aludida, señalando a la primera parte del dibujo donde se veía a un conejo con un frasco en la mano y dándose un golpe en la cabeza.- ¿Ves? –Dijo señalando al conejo.- Ha perdido la memoria y el Amai se la está devolviendo.

-¿¿Eso es un conejo?? –Ese comentario fue suficiente para que Ichigo recibiese un puñetazo de Rukia en la cara.- Esconde eso, sólo conseguirás liarme.

-¡Callate! –Y siguió señalando el segundo dibujo.- Y aquí esta el conejito metiendo agua en el Amai.

-¡¿Pero que dices loca?! Si te vas a quedar conmigo, vamos a tener que hablar muy seriamente de tus dibujos.

-Es mi arte y me expreso como quiero.

Y otros dos más comenzaron a pelear, esta vez por dibujos y conejitos. Yourichi pensó que debía haber algo en el ambiente para que todo el mundo quisiera pelearse. Según las estadísticas actuales le tocaba a ella comenzar una estúpida discusión con Abarai Renji, pero teniendo en cuenta que no había hablado con él mas de dos o tres veces en su vida, le sería algo imposible, pero bueno.

-Yourichi-sama. –Preguntó el Teniente de la Sexta división.- ¿Por qué quiere matar Urahara Senzo a su hermano?

-Es una larga historia. –Se sentó en el suelo, mientras que sus ojos no apartaban la vista del tendero. Abarai hizo lo mismo. Se sentaron mirando directamente a los dos hermanos, pero bastante alejados de ellos- Hace ya muchos años Senzo era el Teniente de Urahara.

-¿Cuándo él era Capitán del escuadrón doce?

-Sí, y yo la Capitana del segundo escuadrón. –Recordó tiempos que no eran mejores.- Siempre había habido rivalidad entre ellos. Senzo no pudo soportar lo rápido que Kisuke ascendió a Capitán. Pero su madre les calmaba de sobremanera, ella también era una shinigami, tenía mucho carácter y sabía manejarlos. –Paró de contar su historia durante un segundo, y ambos interlocutores tuvieron que girar la mirada hacia su izquierda, ya que Ichigo intentaba quitarle el cuaderno de dibujos a Rukia y estaban formando un escándalo tremendo, pero ninguno de los dos intervino.

-¿Por qué es tan importante el Amai?

-Porqué su madre siempre lo llevaba encima. –Contestó Yourichi a Renji.- Kisuke sólo sacó para intentar que Kuchiki-san recuperara la memora, nunca antes lo había usado, ya que lo tenía guardado, pero al verla pensó que era lo mejor. Él enseguida supo que su hermano estaba detrás de todo esto, y no se cómo. –Dobló las piernas y apoyó sus codos en ellas, para poder poner su cara en sus manos, estaba aburrida de ver las estúpidas discusiones que había a su alrededor.- Yo no podía imaginar que fuera Senzo, ya que yo pensaba que estaba muerto.