Al grito de "Despierta, Benihime", se pararon todas las absurdas discusiones, una a una todas las personas presenten centraron su atención en el ex Capitán del escuadrón número doce. A su vez, el ex Teniente de la misma división, se preparaba socarronamente para atacar con una espada, en apariencia, parecida a la que en su momento había usado el desparecido Shadow. Ambos comenzaron a pelear, tras la mirada de cuatro espectadores.
-Yo pensaba que Urahara se refería a otra persona cuando me dijo que detrás de todo esto estaba el ex Teniente de la División doce… -Continúo explicando Yourichi para sí misma, pero todos lo escucharon y todos comprendieron el comentario.- Ahora entiendo mejor que no quisiera que la Sociedad de Almas interviniera en este asunto. Es algo personal para Kisuke y ellos tienen un extraño concepto de la justicia. –Se giró para mirar al shinigami de cabellos largos y pelirrojos.- Abarai, ¿podrías no comentar nada de eso?
-Lo intentaré, tengo que mantener demasiadas cosas en secreto. –Contestó mirando, a su vez, a Rukia.
-Tienes razón. –Sonrió Yourichi.- No podemos pedirte más de lo que ya has hecho. Gracias por intentarlo. –Y asintió con la cabeza, para volver a observar la actual pelea.
Urahara Senzo había desarrollado una técnica que sólo podían dominar los integrantes de la Orden de la Luciérnaga Azul, que consistía en determinados ataques con reiatsu desde diferentes direcciones, así que el escudo de sangre que podía hacer Urahara Kisuke con Benihime en determinadas ocasiones parecía insuficiente. Pero nadie corrió a socorrerlo, no estaba perdido, al contrario, el combate estaba demasiado igualado, parecía depender de un pequeño fallo de alguno de los dos.
-Yourichi-sama. –Rukia estaba muy interesada en la historia, ya que, al fin y al cabo, había sido ella quien había propiciado esa situación.- ¿Por qué ese odio? ¿Qué impulsó todo esto? –Al hacer todas esas preguntas sólo miraba esa extraña pelea, en ningún momento se atrevió a mirar ni a su interlocutora, ni a los Renji, ni al shinigami sustituto, quizás a ese menos que a ninguno.
-Nunca se habían llevado bien, pero tampoco creí que fuera para tanto. –Cruzó los brazos y comenzó a relatar.- La madre de Kisuke también era una shinigami, al igual que su padre, pero tenían una relación algo turbulenta. Así que los hermanos crecieron separados y algo enfrentados.
Lo que Yourichi no quiso explicar es que los hermanos no tuvieron contacto durante años, ya que Urahara Kisuke realmente se crió con ella y con su familia. Y no tuvo ayuda real de la suya propia ni para entrar a la Academia, ni para la mayoría de decisiones en su vida. Ésa era una de las explicaciones que le daba la muchacha a su forma de ser. Los hermanos se volvieron a encontrar en la Academia de shinigamis, pero normalmente actuaban como dos desconocidos. Fue en aquella época, justo cuando Kisuke ingresó en la división doce, cuando la familia estuvo más unida, y también en aquella época murieron sus padres en una misión en el mundo humano. Y Senzo culpó a su hermano de ello, ya que el tendero también había sido envidado pero sobrevivió.
-Fue algo extraño que Senzo entrará al mismo escuadrón que Kisuke. La verdad es que siempre nos sorprendía con sus decisiones. Y hoy aún sigue sorprendiéndome.
-Desde luego. –Afirmó Rukia.
-Cuando Senzo fue Teniente de Kisuke, hubo un gran accidente en su división. Pensamos que había muerto. –Continuó diciendo Yourichi.- Hubo un error de cálculos en unos experimentos y todo el edificio explotó.
La mujer había decidido contar la historia más bien de forma escueta, ya que estaba desvelando hechos del pasado de su amigo que no eran nada agradables. Y Urahara adoraba esa imagen misteriosa que daba. La decisión que tomó Kisuke de hacer a su hermano Teniente sorprendió mucho a Yourichi, ya que ni tenía el nivel, ni la experiencia suficiente, pero sí un gran rencor a su hermano que no se acabaría con un simple nombramiento. Pero el mayor de los hermanos Urahara se sentía culpable por haber sobrevivido, y al fin y al cabo él también ingreso a su escuadrón porqué era el mismo de sus padres, ascendió a Capitán rápidamente, y decidió darle una inmerecida oportunidad al pequeño de la familia.
-¿Y cómo es que Urahara no murió en el accidente? –Preguntó Ichigo, que instintivamente tenía a Rukia abrazada, para protegerla.
-Él no se encontraba allí, no había autorizado esos experimentos, Senzo sin su permiso los había comenzado, y por su culpa murieron más de una docena de shinigamis. –Recordó al actual tendero en aquella situación, fue una de las peores situaciones que había vivido.- Entiendo que se hiciera el muerto, pero por él echaron las culpas a Kisuke y él las aceptó en nombre de su hermano. Fue la primera vez que tuvo problemas reales con el Capitán General.
Al escuchar toda la historia, Rukia se sintió aún peor por lo que había hecho, tenía que explicarle muchas cosas a Urahara, pero para eso tendría que sobrevivir, y parecía bastante evidente que no quería matar a su hermano, pero que Senzo sí estaba dispuesto a correr ese riesgo.
-Pero aún no entiendo ese odio a su hermano, si el accidente fue culpa suya… -Continuó diciendo Ichigo.
-Senzo culpa a Kisuke de demasiadas cosas, y hasta el día que lo dimos por muerto, había acumulado demasiado rencor hacía él, entre otras cosas…
La conversación y la pelea se paró en seco, cuando decenas de luces azules comenzaron a aparecer dentro del almacén abandonado donde se encontraban. Como una lluvia de estrellas, destellos celestes caían del techo salidos de la nada. Los dos hermanos se separaron y se quedaron mirando. Y los cuatro observadores se levantaron de inmediato poniéndose en guardia. Renji sacó a Zibimaru, Yourichi se puso en posición de combate, Ichigo agarró a Zangetsu.
De todas las luces azules, una a una, comenzaron a surgir figuras similares en aspecto a Urahara Senzo, pero totalmente distintos en pequeños detalles. Pero hubo una, la que llegó la última, tenía un color más profundo y brillante, de ella surgió una mujer de cabellos blancos y tez morena, era totalmente diferente al resto.
-La orden de la Luciérnaga Azul. –Susurró Urahara Kisuke.
Sin más preámbulos, envolvieron a la oveja descarriada de su orden, y desaparecieron de la misma manera que aparecieron: como destellos azules en la noche. Yourichi corrió a sujetar a Urahara, que de verse rodeado del reiatsu de la orden, casi al completo, se encontraba algo mareado.
-¿Estás bien Kisuke? –Preguntó la mujer, tanto físicamente, como anímicamente.
-Así es como debía ser… así es como debía ser… -Repitió el Tendero, mientras se apoyaba en su amiga.
-¿Dónde está el Amai? –Preguntó Yoruichi, mientras Urahara sacaba el pequeño frasco de su bolsillo y sonreía abiertamente.
