Todos los personajes de las series Inuyasha y Ranma ½ pertenecen a Rumiko Takahashi...menos Iza-chan, Kenji . Shigeru, Mamoru, Shinichi y Kaoru que son parte de nuestra imaginación enferma xp

Ai wa yasei da!
por

Freya & Sakura

Hola chicos! La semana pasada desafortunadamente esta bendita página tuvo sus fallos v.v y justamente al otro día que publicamos y por eso llegaron menos reviews pero en fin, espero que no vuelva a fallar así otra vez… estuvimos con los nervios de punta por eso durante todo un día jejeej xPP. Agradecemos a nuestros queridos reviewers por sus lindos comentarios… : ) y también estamos contentas porque cada día nos agrega más como favorito y en alerta… pero les rogamos solo una cosita… T.T pagarnos nuestro sueldo con sus comentarios! Porfis… lo que a ustedes se les ocurra… aunque sea para decirnos si les gusta como va la historia o no… lo que deseen… plzz T.T

En fin… creo que eso es todo… esperamos que disfruten de esta segunda parte de este epilogo.. ah! debemos advertirles que contiene escenas Lime.

Epílogo II Parte dos: Como derribar a un hanyou.

Simbología

"blablabla" Lo que piensa el personaje.
- …. – Lo que dice el personaje.
Cambio de escena -----------------------


Inuyasha recargaba su cuerpo contra el tronco del goshinboku disfrutando de la paz del lugar.- Por fin se durmieron un rato...- suspiró resignado - ¿No se supone que hoy vendrían Ranma y Akane? – preguntó a su mujer.

- Hai, hai… - sonrió Kagome acercándose a su compañero. La muchacha se sentó en el suelo a un lado de Inuyasha apoyando su espalda contra el árbol. – Sí… supongo que vendrán en unos minutos…- asintió. – Qué bonito día… no parece que fuera invierno – sonrió cerrando los ojos entregándose al deleitante ambiente que los rodeaba, sólo se escuchaban algunas avecillas cantar, todo era serenidad después del mediodía.

Inuyasha contempló totalmente embelesado a su mujer, se veía realmente hermosa; el sol iluminaba levemente su rostro y el viento jugaba con sus cabellos. Sin dejar de observarla se sentó a su lado – Realmente eres lo más hermoso que he visto en mi vida Kagome...-

- Ari... arigatou... – murmuró sonrojada despertando de su ensoñación al percibir el rostro de su esposo muy cerca. "Estamos solos… no puedo creerlo… tenemos que aprovechar esta ocasión..." pensó observándolo con detenimiento. Delicadamente rodeó con sus brazos el cuello del muchacho. – Inuyasha... – murmuró mordiéndose levemente el labio inferior.

- Kagome..."¡SI! por fin estamos solos...mierda ¿dónde la llevo?...aquí nos pueden ver...aunque...kuso...que diablos..." – murmuró mirando con deseo los labios de su mujer. Deseoso rodeó con sus brazos la cintura de la chica arrimándola más hacia su cuerpo.- Mmm Kagome...- soltó roncamente mirándola con claros deseos de llevarla a un lugar más íntimo y retenerla ahí por lo menos hasta el día siguiente.

Kagome miró intensamente a su esposo, apoyó sus manos en su pecho, deseosa lo hizo caer de espaldas en el suelo, sonriente se colocó a horcajadas sentándose sobre su musculoso abdomen. "Al fin… extrañaba tanto esto...". – Inuyasha... te deseo... – susurró acercando sus labios a los del muchacho, rozándolos levemente.

- Kagome...- su nombre escapó como un ronco gemido desde su garganta antes de que se unieran en un beso lleno de pasión y necesidad. Sus labios se movieron ansiosos sobre los de su mujer; luego de unos segundos comenzó a buscar mayor intimidad rozando con su húmeda lengua sus suaves labios.

La muchacha de cabellos azabaches delicadamente abrió su boca deseosa de sentir el delicioso sabor de su compañero, el muchacho inmediatamente introdujo sensualmente su lengua haciendo que la joven miko se estremeciera del placer. Con fogosidad correspondió su beso, lo deseaba, más que a nada, como si fuera la primera vez… más que eso… con el pasar de los años cada día lo amaba más, su vida estaba inexorablemente atada a la suya. Con ansias comenzó a abrir el haori de su esposo anhelante de acariciar su bien formado torso.

Las húmedas caricias que se entregaban mutuamente, segundo a segundo comenzaban a encender una abrasadora hoguera en sus cuerpos. Una de las manos del hanyou se perdió entre los cabellos de Kagome, los acarició febrilmente enredando sus dedos una y otra entre las sedosas hebras azabaches. Su lengua se movía en la cálida boca de su mujer describiendo pequeños círculos; casi de forma instintiva, ávida por adueñarse de su deliciosa esencia, de su calidez, de cada partícula de esa mujer que nublaba por completo cada uno de sus sentidos y que lo volvía completamente loco de pasión. Sin dejar de besarla deslizó su otra mano por su espalda hasta posarla sobre sus nalgas, comenzó a masajearlas despacio, dándose el placer de sentir cada parte de su excitante cuerpo.

La joven estaba totalmente estimulada por las caricias fogosas que su esposo le brindaba; rompiendo el beso gimió casi ronroneando el nombre de su compañero dirigiéndose a su pecho desnudo para lamerlo con suavidad, esperaba ese momento hace varios días, y ahora iba a aprovecharlo pasara lo que pasara. Sus cuerpos temblaban de deseo, sus corazones latían al mismo tiempo formando un apasionado compás melódico, los labios entreabiertos del hanyou cegado de la pasión al sentir los roces íntimos con su mujer, la muchacha concentrada en brindarle el máximo placer al ser amado. Todo esto en tan sólo unos segundos que los enamorados supieron aprovechar…

Segundos después una joven pareja llegó al lugar. Ambos se sonrojaron al observar la escena. Ranma inmediatamente tapó los ojos de su esposa. – No tienes que ver estas perversiones… - murmuró por lo bajo. – Oe… ya llegamos… ¿no creen que en la habitación de Kagome es un lugar más cómodo? – indicó burlonamente.

Inuyasha estaba totalmente rojo y en shock, las apasionadas caricias de Kagome lo habían hecho olvidarse por completo de todo lo que los rodeaba, se sentía en medio del más intenso de sus sueños eróticos con su mujer pero este había terminado bruscamente gracias a una conocida y desagradable voz. "Chikuso...no puede ser... ¿por qué mierda tenían que interrumpirnos otra maldita vez?...KUSO... ¿POR QUÉ TENÍAN QUE SER JUSTO ELLOS? Esto es un maldito castigo...no puede ser..." pensaba el hanyou mientras levantaba lentamente su cabeza para comprobar si efectivamente sus temores eran ciertos – Kuso...- murmuró separándose delicadamente de su esposa que estaba totalmente roja y paralizada. – TEMEE ¿Y A TI QUÉ MIERDA TE IMPORTA DÓNDE LO HAGAMOS? – gruñó colocándose de pie mientras arreglaba rápidamente sus ropas - ¿Alguna vez me he entrometido en su intimidad? –

La muchacha de cabellos azabaches se incorporó lentamente, notablemente sonrojada. Ranma destapó los ojos de su mujer antes de devolverle el grito a Inuyasha – NO ME GRITES, PARECES UN TROGLODITA – gritó mirándolo desafiante. – Pobre Kagome... tener que aguantar un tipo como este con sus perversiones en todo momento y lugar... – finalizó sonriendo mordazmente.

- Go... gomen ne... chicos... – murmuró Kagome sonrojada mirando al suelo. "Creo que lo que más amo de ese "troglodita" es ese aspecto que señalaste… mm... diablos... no escuché los pasos… no sentí nada… sólo la respiración de Inuyasha... y todo lo que estaba a nuestro alrededor desapareció… demo... debemos tomar precauciones... podríamos haber sido vistos por los pequeños... pero es que… ¡rayos! cuando estoy junto a ese medio demonio no me importa nada… solo sus labios... sus ardientes caricias… Inuyasha... me pregunto si tendremos otra oportunidad como esta..."

- Maldito humano...- masculló Inuyasha, comenzando a murmurar luego una completa variedad de groserías por lo bajo.

- No...no te preocupes amiga...- murmuró Akane levemente sonrojada – no pasa nada, discúlpanos a nosotros por llegar tarde...- el rubor en las mejillas de la chica aumentó. – etto...nos dormimos... ¿ne Ranma? –

Kagome soltó una risita al observar el sonrojo de su amiga "Akane-chan… no te creo ni una sola palabra... ¡jeje!". – Daijoubu Akane-chan – sonrió. – Inuyasha… por favor ¿puedes ir por mi mochila y los niños? –

- Hai...- musitó el hanyou mirando aún con el ceño fruncido a Ranma, rápidamente se dirigió hacia la casa.

- ¿De qué te ríes? Por lo que alcance a ver, realmente parecía que estabas violando a Inuyasha, amiga...- murmuró Akane por lo bajo para ser escuchada sólo por la otra mujer.

- Um... etto… ¿yo? – murmuró Kagome sonrojándose furiosamente mientras volteaba. – ¿Qué lindo está el día… ne? "Diablos... ¿realmente era yo la violadora...?" – afirmó nerviosamente tratando de cambiar el tema.

- Oe Kagome... deberías controlar a ese sujeto… van a terminar llenando la cabaña de pequeños mocosos… ¿ne Akane? – sonrió de forma burlesca el muchacho de la trenza.

- Ellos quieren tener diez hijos...por eso lo intentan tanto Ranma...hay que comprender que quieran aprovechar cualquier momento...- comentó Akane sonriendo traviesamente.

En ese momento, para salvar a una Kagome totalmente sonrojada se escucharon gritos de voces infantiles que se dirigían corriendo hacia ellos:

- ¡Oba-san, oji-san!... ¡Los extrañé! – exclamó Izayoi radiante mientras llegaba apegándose a la pierna de la muchacha de cortos cabellos azulados.

- ¡Ranma!.. ¡Ranma!..¡Oba-san! – exclamaron los chiquillos al mismo tiempo mirando con admiración al muchacho de la trenza.

Akane sonrió tomando en brazos a la pequeña – Nosotros a ustedes...¡pero que linda estas hoy Iza-chan! Seguro ya debes tener a muchos chicos interesados en ser tu novio –

- Nov... novio... – murmuró la niña levemente sonrojada mirando al suelo.

- ¡Je! si hasta te sonrojas pequeña… seguro debe gustarte alguien… pero no se lo dices a tu padre por qué es un salvaje¿ne? – sonrió Ranma agachándose a la altura de los pequeños. – Hola... Mamoru, Shinichi… - saludó el muchacho. "Estos mocosos son iguales a Inuyasha… son un poco fastidiosos… pero conmigo son geniales… ¡je! prefieren imitarme a mi que a ese troglodita… era obvio que me encontraran fascinante… así somos los Saotome...".

- Iie… ¡otou-chan no es un salvaje!... – afirmó Izayoi con el ceño fruncido. – Sólo creo que no le agrada que los niños se acerquen a mi… - finalizó con resignación.

- No le hagas caso Iza-chan...- comentó Akane mirando con el ceño levemente fruncido a Ranma - ...tu tío Ranma será igual o peor que tu papá el día en que tengamos una hija...los hombres son muy celosos...- sonrió mirando a la niña.

Ranma pensativo murmuró algunas maldiciones por lo bajo. "Diablos… no había pensado en eso… si tuviéramos una niña yo mataría al imbecil que quisiera acercársele… maldito… ningún estúpido me robará a mi hija..."

Kagome soltó una risita. – No te preocupes Iza-chan… cuando te guste alguien yo distraeré a tu padre para que puedas salir... "Y vaya que tengo muchas maneras de conseguir distraerlo… es una tarea muy fácil... ¡jeje!" – sonrió guiñándole un ojo a la niña. – Claro que primero debo conocerlo... – rectificó mirando seriamente a la niña.

- Oka... ¡oka-chan! – exclamó la pequeña notablemente sonrojada.

En ese momento un cargado Inuyasha llegó hasta el lugar, su rostro expresaba una clara frustración y algo de molestia - ¿Salir dónde, Kagome? – preguntó mientras dejaba la pesada mochila de su esposa en el piso - ¿por qué estas tan roja preciosa? – preguntó dirigiéndose a su hija.

- Nandemonai... nandemonai... – sonrió con inocencia Kagome moviendo su mano en señal de que no debía prestarle importancia. - ¿Nos vamos? –

- Hai...vamos...-contestó el hanyou volviendo a tomar la mochila de su esposa, mientras le dirigía una curiosa mirada.

Unos minutos después los cuatro muchachos y los niños se encontraban en el Sengoku-jidai aprovechando el hermoso día, las jóvenes conversaban animadamente sentadas en el pasto junto a una Izayoi completamente compenetrada en alimentar a su muñeca. Cerca de allí los muchachos con los gemelos jugaban con una pelota.

En un momento Kagome dejó de contestarle a Akane, ésta la miró con curiosidad notando que su amiga estaba levemente sonrojada mirando fijo a su esposo.- Es increíble como babeas mientras miras a Inuyasha amiga...- río abiertamente Akane.

La muchacha de cabellos azabaches se sonrojó furiosamente. – ¿Tan... tan notorio es? – murmuró contemplando el suelo apenada. – Es que con los niños... tú sabes… hace tiempo que no hemos tenido tiempo para ambos… me refiero a… cinco días… - indicó sonrojándose aún más. – Mm... etto… para lo que estábamos acostumbrados.. eso es mucho tiempo... – aclaró mirando hacia otro lado, avergonzada.

- Con razón casi lo estabas violando debajo del goshinboku – sonrió traviesamente Akane – mm...de todos modos si es mucho tiempo "demasiado tiempo...con Ranma no soportaríamos tanto sin estar juntos" – su rostro se sonrojó levemente gracias a sus pensamientos – si quieres en la semana podemos cuidar a los niños con Ranma...ya sabes nuestros padres siempre están en el dojo, ellos nos ayudarían...-

- ¡Je je! lo sabía… ustedes no se quedan atrás, además... Akane-chan, tú no me engañas... hace un rato también estabas mirando a Ranma-kun muy concentrada… y eso que llegaron tarde porque se quedaron durmiendo… mm - sonrió maliciosamente Kagome codeando a la chica. Inmediatamente cambió de expresión al percibir lo que su amiga había dicho: - ¿Hontou¿Puedes cuidar a los tres niños por una noche¿No sería mucha molestia? – sonrió esperanzada.

- Hai, claro que puedo cuidar de los tres – sonrió Akane sonrojada por las palabras de su amiga – ya sabes que a Ranma le encanta jugar con ellos...- comentó mirando embelesada a su esposo – me encanta mirarlo amiga... bueno aún estamos celebrando nuestro aniversario...esa fue la verdadera razón de nuestro retraso.-

- Lo sabía... – sonrió Kagome. La muchacha volvió a prestar atención a su esposo, a su bien formado cuerpo, sus cabellos semirecogidos revueltos por el juego, un poco de sudor en su perfecto pecho… de repente el medio demonio pateó con todas sus fuerzas el balón hacia Ranma, el muchacho lo esquivó fácilmente para evitar que lo golpeara y perder en el juego haciendo que cayera en medio de las chicas.

Akane murmuró algunas maldiciones por lo bajo - ¡Tengan más cuidado par de idiotas! – gruñó mirándolos con el ceño levemente fruncido - ¿la quieren de vuelta? – preguntó con una fingida sonrisa.

- ¡Keh!...¿Tú que crees? – contestó Inuyasha mirándola de forma burlona. – Ve tú por ella...es tu mujer...- murmuró para ser escuchado sólo por el otro hombre.

- Etto... de acuerdo… - murmuró Ranma algo inseguro para Inuyasha. Luego cambiando de semblante se dirigió a su esposa. – Lánzala, seguro que con sólo una mano podré atraparla – afirmó sonriendo con seguridad mirando intensamente a la joven.

Akane se sonrojó levemente, por unos segundos se deleitó recorriendo con la mirada el perfecto cuerpo de su esposo, pequeñas gotitas de sudor se deslizaban por su cuello y pecho descendiendo por este con una lentitud agobiante; la chica no pudo evitar recordar ciertos momentos, inevitablemente su rubor aumentó. Movió rápidamente su cabeza al sentirse observada – Ya veremos...- contestó mientras, se agachaba para coger la pelota, luego la lanzó con todas sus fuerzas hacia su esposo, totalmente segura de que no podría atraparla sin perder el equilibrio.

El muchacho de un rápido movimiento saltó atrapándola en el aire. Triunfal se acercó a su esposa. – ¿Creías que no lo lograría?... nos conocemos hace muchos años koishii… ya deberías saber que no hay reto que supere a Ranma Saotome... – sonrió guiñándole un ojo mientras volvía a lanzar el balón para continuar el juego.

- Engreído...- murmuró quedamente Akane – "diablos pero como me encanta cuando eres así de seguro...se me hace tan sensual...mmm Ranma...comienzo a tener demasiadas ganas de seguir celebrando nuestro aniversario por muchos días...y noches..." suspiró totalmente roja.

Kagome sonrió divertida por la situación. – ¿Akane-chan? – llamó a su amiga, la joven no respondía, estaba totalmente embobada siguiendo los pasos de su esposo. Kagome se acercó más a la chica pasando su mano frente del rostro de ésta. – ¿Estas aquí?... ¿Akane-chan? – preguntó riendo alegremente.

-¿Eh?...ha...hai...- balbuceó Akane -¿qué pasa? –preguntó evadiendo la divertida mirada de su amiga.

- ¿Ya extrañando a Ranma-kun? – sonrió traviesamente.

- Eh...etto...no sé de que hablas...- contestó sonrojada Akane, inevitablemente su mirada volvió a su esposo, quien en ese minuto era perseguido por los dos gemelos que intentaban arrebatarle sin éxito la pelota – "¿Cómo sería si tuviéramos hijos Ranma?...creo que comienzo a desear tener bebés...jejeje me gustaría tanto que tuvieran tu misma mirada...tal vez deberíamos hablar sobre esto..."- suspiró, pero antes que Kagome pudiera volver a molestarla se sentó al lado de Izayoi - ¡Que linda es tu muñeca Iza-chan¿puedo jugar contigo? – le sonrió

- Hai... hai – sonrió alegre la niña entregándole la muñeca a la joven. – Ayu-chan… te presento a oba-san, oba-san te presento a mi hija – afirmó orgullosa la niña.

Las orejas de Inuyasha se movieron al escuchar la vocecita de su princesa decir "mi hija" "Kuso...esta niña está creciendo muy rápido...maldición si las cosas siguen así ni siquiera me voy a dar cuenta cuando un maldito degenerado se la lleve de mi la..." un fuerte pelotazo frenó en seco los pensamientos del hanyou enviándolo directamente al piso.

Ranma sonriente se acercó a él. – ¡Baaaka¿En qué estabas pensado? – preguntó sonriendo victoriosamente. Inmediatamente dejó de prestar atención en el derrotado medio demonio para contemplar a su mujer jugar y reír alegremente con la pequeña Izayoi. "Realmente se ve hermosa… seguramente será la mejor de las madres… a pesar de lo que he dicho sobre los niños, me encantaría tener algunos con Akane… si fuera varón lo entrenaría enseñándole todas mis técnicas, y si fuera niña me gustaría que sea igual a Akane… su cabello… su hermosa piel… claro que preferiría que su carácter fuese un poco más dulce… ¡y que no heredara el mal de la cocina¡Je!" sonrió Ranma enternecido con la imagen de su esposa y la niña.

El hanyou se levantó rápidamente, sonrió de forma burlesca al ver a Ranma totalmente embobado mirando a su esposa, sigilosamente tomó la pelota y con velocidad la lanzó dándole de lleno en la cabeza - ¿En qué estabas pensando idiota? – preguntó sonriendo triunfalmente.

Ranma se sobó la cabeza, levemente adolorido por el golpe - A ti que te importa, baka... ¿POR QUÉ ME GOLPEASTE? – preguntó bastante irritado.

- ¡Keh! debilucho...y ¿QUÉ CULPA TENGO DE QUE TE DISTRAIGAS MIRANDO A AKANE¡BAKA! – Inuyasha le devolvió ampliamente el grito.

Antes de que los dos hombres pudieran continuar con su discusión un niño de aproximadamente siete años, pasó rápidamente por su lado dirigiéndose directamente hacia donde estaban las tres mujeres.

- Oba-sama...es un verdadero placer verla...realmente su belleza hace este día más hermoso...- sonrió Kenji mientras tomaba entre sus manos una de las de Kagome, su mirada se dirigió hacia Akane y velozmente se acercó hacia ella, mirándola directamente a los ojos le dijo: - Hermosa Akane-sama...sé que soy muy joven y que para mi desgracia usted se encuentra casada...pero no puedo evitar decirlo...¿desearía tener un hermoso hijo conmigo cuando yo sea mayor y su esposo ya no pueda hacerla feliz? – dejó a una perpleja Akane para sentarse al lado de Izayoi – demo...no te preocupes mi preciosa Izayoi ya que sólo me casaré contigo...-

- TEMEE...MALDITO MOCOSO... ¡DEJA EN PAZ A MI BEBÉ! – Inuyasha se acercó rápidamente a Izayoi para tomarla en sus brazos – eres igual de pervertido que tu padre... ¿dónde demonios está el maldito bonzo? –gruñó.

Ranma sonrió burlonamente mientras se acercaba. – Nah... Kenji-CHAN… no te preocupes, siempre voy a hacer feliz a mi esposa... – rió victoriosamente tomando de la cintura a su mujer.

- La edad no se detiene para nadie Ranma...-comentó Kenji con una mirada de fingida inocencia- mi padre y el resto de mi familia también venían hacia acá...Oji-san deberías resignarte...algún día me voy a casar con Iza-chan y te vamos a dar muchos nietos – afirmó con una mirada soñadora.

- Morder...Kenji...atacar...- murmuró por lo bajo Mamoru para ser escuchado sólo por su hermano.

Shinichi asintió decidido, ambos cachorros aprovecharon la distracción del pequeño hijo de Miroku para saltar sobre él y morderlo con fuerza en su pierna.

El orgullo paterno se reflejó claramente en los ojos de Inuyasha, nunca se imaginó que lo que les había enseñado con tanto esfuerzo a sus dos hijos fuera llevado a cabo con tanta perfección por ellos - ¡jejeje! Eso es niños...demuéstrenles todo lo que les he enseñado...- proclamó con profundo orgullo.

Kagome asesinó con la mirada a su compañero mientras acudía en ayuda del pequeño ojiazul. – Niños, dejen en paz a Kenji, y no obedezcan lo que dice Inuyasha… - afirmó con severidad mientras tomaba ambos pequeños en brazos. Frunciendo el ceño miró a su esposo: – Te comportas como niño Inuyasha… no sé quien es la criatura aquí, si nuestros hijos o tú… - murmuró para ser escuchada por el hanyou. - ¿Estas bien, Kenji-chan? –

- Keh...se lo merecía...- masculló Inuyasha ignorando las palabras de su mujer mientras volvía a dejar a Izayoi en el piso junto a su muñeca.

- Ha...hai...- mintió un bastante maltrecho Kenji.

En ese momento llegaron los demás, Miroku y Sango caminaban tomados de la mano, el monje coquetamente le decía algo a su esposa y Sango asentía muy sonrojada, en la delantera iban Kaoru y Shigeru.

- ¡Konnichiwa! – saludó Shigeru amablemente a todos, inmediatamente se acercó a la pequeña de ojos dorados que jugaba animadamente con la muñeca. – Iza-chan… te ves muy linda… te sienta muy bonito el vestido azul que llevas – sonrió el niño hincándose a la altura de la pequeña.

- Konnichiwa, Shigeru-san... ari... arigato... – sonrió levemente sonrojada Izayoi evitando mirar de frente al chico.

- Konnichiwa – saludó sonriendo Akane, luego le murmuró por lo bajo a su esposo – no sabía que un niño de siete años te daba celos anata...- sonrió traviesamente.

- Oe… no estaba celoso… sólo le indicaba que los Saotome tenemos energía hasta el último momento de nuestras vidas... – refunfuñó el chico levemente sonrojado.

- Oh… veo que están con visitas… ¿cómo están todos? Largo tiempo sin vernos, Akane-sama, Ranma… – sonrió Miroku acercándose.

- Konnichiwa Miroku-sama, Sango...- contestó Akane con una sonrisa – sí ha pasado tiempo...Kenji-chan en esa época sólo quería casarse y tener hijos con Iza-chan – comentó mientras una gotita de sudor comenzaba a formarse en su frente.

- ¡Miroku¿Cuántas veces te he dicho que no les enseñes tus malas costumbres a nuestros hijos? – regañó Sango a su esposo mirándolo con el ceño fruncido – Que vergüenza...- murmuró mirándolo de reojo antes de sentarse cerca de la otra pareja.

- ¡Keh! ya deberías estar acostumbrada Sango...agradece que Shigeru se parece a ti – comentó Inuyasha con una media sonrisa mientras se sentaba cerca de Ranma – ¿Kaoru aún no muestra a quién se parece? Porque físicamente es calcada al padre...- afirmó mirando a la pequeña de casi tres años que jugaba con su hija.

- Tu hija es hermosa Sango-chan, no escuches a Inuyasha… – sonrió Kagome para luego mirar recriminadoramente a su esposo. Luego giró para observar a los gemelos jugar alegremente en el pasto.

- Todavía no sabemos si ha heredado mi excelente carácter, pero estaría muy orgulloso si así fuera… - sonrió calmadamente el monje. – Todavía estoy intentando que Shigeru aprenda algunas mañas de su padre... – susurró el monje a la miko para evitar ser escuchado por su mujer.

La pequeñita de ojos azules y negros cabellos dejó de jugar con Izayoi, curiosa recorrió con la mirada a los adultos, se detuvo cuando algo o alguien llamó poderosamente su atención. Se puso de pie para caminar lentamente hasta llegar frente a Inuyasha y Ranma, se sentó frente a ellos y los contempló levemente sonrosada.

- ¿Eh?...- balbuceó Inuyasha mirando con curiosidad como la niña los observaba totalmente cautivada.

Ranma miró a la pequeña con un signo de interrogación en su mirada. - ¿Qué sucede? – preguntó.

Kaoru pestañeó un par de veces sin dejar de mirar a los hombres - Kawaii...Inu-sama kawaii...- contestó sonriendo sonrojada, luego su mirada se posó en Ranma – Kawaii...Ranma-sama kawaii...-

Kagome escuchó la vocecilla delicada de la pequeña y estalló en una carcajada al observar a los dos muchachos de piedra, totalmente sorprendidos.

- ¡Ja, ja, ja, ja! – Akane se unió a su amiga divertida con la situación – ja ja ja...no puedo creerlo...kawaii Ranma-sama...conquistaste a una niña de tres años ja ja ja -

- ¡Kawaii! – sonrió Kagome acercándose a la niña. – Debemos tener cuidado con esta preciosura… quizás hasta perderemos a nuestros esposos – rió Kagome acariciando la cabeza de la chiquilla.

- Eposos...para Kaoru-chan – sonrió la niña ignorando a Kagome y mirando aún más sonrojada al par de hombres que con cada una de sus palabras se traumatizaban cada vez más.

- ¡Esa es mi pequeña! – sonrió orgulloso el monje dejando escapar algunas lágrimas de felicidad. Feliz tomó a su hija en brazos elevándola para festejar las palabras de la pequeña. – ¡Lo sabía! Mi hermosa hija va a seguir mis enseñanzas… - los ojos del houshi brillaban intensamente.

- ¡Houshiiiiii-samaaaaaaa! – soltó Sango con un frío tono de voz mientras se acerca a su esposo quien rápidamente atinó a dejar a la niña en el piso - ¿QUÉ FUE LO QUE LE ENSEÑASTE A NUESTRA HIJA? ...¡que vergüenza!...- gritó mirándolo de forma amenazante.

Los muchachos en shock volvieron en sí al observar a la furiosa mujer gritando a un monje con expresión de pánico. Curiosos observaron la escena.

- Kaoru-chan aprende eso ella sola...- sonrió inocentemente la niña mientras veía como su madre se ponía pálida y volvía a sentarse en el piso con la mirada perdida. Su mirada se fijó en los hijos de Inuyasha – Mamoru kawaii...Shinnichi kawaii...- comentó alegremente antes de ponerse de pie para correr tras los gemelos.

- Creo que te cambiaron por alguien más joven Ranma...- comentó Akane haciendo grandes esfuerzos por controlar sus carcajadas.

- Oe.. – murmuró Ranma con el ceño levemente fruncido. – No te burles de Ranma Saotome… ¿ya ves? Hasta una niña pequeña se da cuenta que soy el mejor... – sonrió egocéntricamente acomodando su cabello.

Akane arqueó levemente una de sus cejas – ¿Supongo que es parte del magnetismo de los Saotome no? –

Mientras tanto, los dos pequeños gemelos huían presas del pánico al ver que la niña con mirada libidinosa los perseguía, rápidamente se cobijaron con su madre, tomando cada uno una de sus piernas.

- Mis bebés... – murmuró Kagome algo enfadada al ver a la chiquilla acercarse. Como madre posesiva que era con sus pequeños tomó a sus cachorritos en brazos observando amenazante a la niña. – Ve a jugar con Iza-chan… Kaoru-chan... – sonrió fingiendo amabilidad. "Kuso… y pensar que estaba enamorada de esta niña... pero con mis pequeños... NUNCA…"

- Hai...- contestó la niña sonriendo alegremente mientras se dirigía a jugar con Iza-chan.

- Shinichi… y… oka-chan… amo a oka-chan – sonrió el pequeño abrazando el cuello de su madre restregando su mejilla contra la de la joven, afectuoso. Kagome enternecida llenó de besos a sus chiquillos. – Oka-chan también los ama... – contestó dulcemente.

- ¡Keh! que exagerada eres mujer...la mocosa no iba a hacerles nada...ni que te los fuera a quitar...- comentó Inuyasha mirando un tanto celoso como Kagome llenaba de besos a los pequeños.

- Es extraño, pero creo que estoy de acuerdo con Inuyasha, son muy pequeños amigas – sonrió Akane. – nunca imagine que fueras una madre tan posesiva...pobrecita de la mujer que te tenga como suegra.-

- A mí nunca me ha celado de esa forma...- murmuró por lo bajo un resignado Inuyasha.

- Escuché lo que dijiste… - sonrió fríamente Kagome dejando a los pequeños en el suelo. – No me hagas recordarte algunas cosas… ya sabes… tu eterna indecisión… y todo lo que pasó con… ya sabes quién… ¿cuánto tiempo escapándote y dejándome preocupada? – susurró para el muchacho levemente molesta mientras colocaba sus manos en sus caderas claramente enfadada.

- ¿De qué demonios estas hablando? – contestó el hanyou poniéndose rápidamente de pie. Kagome lo miraba intensamente, su expresión se asemejaba bastante a la de una fiera a punto de atacar a su presa – Kagome..."diablos se ve tan sensual..."- susurró mirándola con deseo. Notó como su mujer estaba a punto de contestarle, antes de que pudiera hacerlo y olvidándose por completo de que estaban siendo observados atentamente por las otras parejas, la tomó con uno de sus brazos por la cintura atrayéndola con fuerza hacia él y antes de que la mujer pudiera decir o hacer algo selló sus labios con un apasionado beso.

Kagome, al principio sorprendida por la iniciativa de Inuyasha, se quedó estática, pero al sentir la ardiente lengua de su esposo rozar en sus labios abrió delicadamente la boca deseosa de llenarse del placer que provocaban las caricias de los besos de su fogoso compañero. Rodeó con sus brazos el cuello del muchacho pegando sus pechos contra su torso correspondiendo con igual intensidad su beso.

Los pequeños disgustados al ver a su padre tan pegado a su amada madre comenzaron a tironear del hakama del hanyou. – ¡Baka oyaji!...¡¡Baka, baka, baka!! – exclamaron los pequeños a coro notablemente irritados y celosos.

- Oigan… - sonrió Miroku maliciosamente. – Kagome-sama… Inuyasha… si quieren cuido de los pequeños para que puedan ir al bosque a satisfacer sus necesidades… no se preocupen… – sonrió libidinosamente levantando un poco la voz para llamar la atención de los muchachos, que furiosamente sonrojados se separaron. – Amigos… nos conocemos de hace tanto tiempo… que no les de pena – rió tranquilamente.

- ¡Cierra la boca! NO SOY UN DEGENERADO COMO TÚ – gritó Inuyasha observando con el ceño totalmente fruncido a Miroku. – KUSO ¿QUÉ NO PUEDO BESAR A MI MUJER? –

- Claro… pero parecías una bestia hambrienta devorando a su presa... – agregó mordazmente Ranma riendo divertido.

- No tengo la culpa de que tú no sepas besar de esa forma a tu mujer imbecil...pobre Akane apuesto que debes ser muy aburrido como pareja...- comentó irónicamente Inuyasha dando de lleno en el orgullo de Ranma.

- ¡BAKA! Temee… ¿tú que sabes? – exclamó el muchacho indignado. – Los Saotome no conocen la palabra aburrimiento, mi esposa jamás dijo algo así... – afirmó totalmente orgulloso. – Sólo que no soy tan exhibicionista como tú… degenerado troglodita... – finalizó sonriendo triunfal con su respuesta.

- ¿Podrían dejar su infantil discusión? – preguntó Akane con el ceño levemente fruncido – Ranma tranquilízate...- ordenó mirando con seriedad a su esposo – además tú sabes muy bien lo que pienso de tus besos anata...- susurró por lo bajo para ser escuchada sólo por Ranma mientras tomaba discretamente su mano.

- Ya la escuchaste Ranma, obedece...ya sabemos como te domina tu mujer...- sonrió Inuyasha de forma burlesca.

- Inuyasha… - murmuró Kagome tomando fuertemente de la mano al chico. – Deja de decir tonterías… - susurró amenazante para su esposo.

- ¿Y los niños? – preguntó Miroku sonriendo divertido con la escena.

- Hace un momento estaban aquí – comentó Sango recorriendo con la mirada el lugar.- ¿dónde se habrán metido? – preguntó con evidente preocupación.

- Kuso...malditos mocosos...vamos a buscarlos – sugirió Inuyasha comenzando a recorrer el lugar.

Los demás siguieron al medio demonio preocupados de que los pequeños se hubiesen perdido en el bosque con tantos youkais peligrosos. El miedo se disipó en los adultos cuando vieron a Izayoi contemplando levemente sonrojada a Shigeru que le ofrecía una flor. Por otro lado Kenji se reía divertido al observar a su hermana persiguiendo al par de gemelos aterrorizados con la niña.

- Arigato... Shigeru-san... – sonrió la niña tomando la flor, deleitándose con el delicado aroma que desprendía.

- Chikuso...maldita sea Miroku... ¿qué demonios hace Shigeru con mi bebé? – murmuró Inuyasha.

- Que ternura...los dos están sonrojados ahora...- susurró Akane mirando enternecida a la parejita.

- Shigeru es tan amable...- comentó con orgullo Sango.

- Sango… ¿por qué tu hija persigue tanto a mis bebés? – murmuró Kagome totalmente frustrada.

- Ese es mi hijo… ahora sólo intenta distraerla para poner tus manos en acción… yo sé que muy escondido tienes los genes de tu padre… - agregó Miroku emocionado juntando sus manos en un gesto de súplica.

- ¡Je! creo que muy pronto vas a ser abuelo Inuyasha... pero que precoces... – comentó divertido el chico de la trenza.

Los comentarios fueron interrumpidos cuando Izayoi distraída caminando en busca de algunas flores casi cae en un pequeño pozo de muy poca profundidad, Shigeru, que estaba a su lado, inmediatamente la jaló hacia él evitando que la pequeña se lastimara.

- ¿Daijoubu, Iza-chan? – preguntó alarmado separándose de la niña.

- Ha... hai.. – sonrió radiante Izayoi por la preocupación del chico. Lentamente acercó su rostro al del niño para besar delicadamente su mejilla. – Arigato... Shigeru-san... – susurró apenada sonrojándose levemente.

Inuyasha al borde de las lagrimas musitó – Mi bebé besó a un hombre...-

- Iza-chan tiene tu personalidad amiga...- sonrió Akane

- Kagome-chan...a tu hija le gusta mi bebé...- comentó con una sonrisa Sango.

- ¡Kawaii! Se ven muy tiernos juntos… ¿ne Inuyasha? – sonrió enternecida Kagome a un Inuyasha totalmente ido.

- Bien… y ahora que están muy cerca... el último movimiento... tu puedes hijo... – agregó el monje alentando a su hijo en voz baja.

- Creo que preferiría tener sólo hijos hombres… - murmuró Ranma. - ¿Qué te pasa Inuyasha¿Te comieron la lengua los ratones? – sonrió perspicazmente.

Los muchachos atentos dejaron de hablar cuando vieron que la pequeña decidida tomó una de las manos del niño, nerviosa lo miró a los ojos tratando de juntar coraje para decirle algo.

- Shi... Shigeru-san… ¡daisuki! – exclamó la chiquilla con las mejillas furiosamente encendidas.

Shigeru notablemente sonrojado por la confesión de la pequeña sonrió. Con ternura la abrazó en un gesto de protección. – Iza-chan… siempre voy a estar a tu lado para protegerte…pase lo que pase… - murmuró estrechándola entre sus brazos con dulzura. – ¿Sabes una cosa? Desde que eras bebé me gustaba tu sonrisa… y ahora... ahora puedo decir… - murmuró levemente nervioso. – ¡Suki da yo...Izayoi...! – finalizó totalmente sonrojado.

- Shigeru… - murmuró la pequeña correspondiendo el abrazo sonriendo feliz.

Kenji observaba frustrado como su preciosa Izayoi abrazaba a su hermano – Naze da..." de todos modos aún me quedan muchas amigas que están locas por mi...no voy a dejar que Shigeru las conozca..."- murmuró totalmente deprimido

Inuyasha estaba paralizado, sentía perfectamente como era observado por todos los demás – "kuso...maldito mocoso...el ataque vino de donde menos lo esperaba...al menos le gusta el que sacó los genes decentes de Sango, pero chikuso...es mi bebé...no me la va a quitar no aún.." KUSO...- gruñó antes de correr rápidamente hacia donde estaban los niños, al llegar a ahí tomó en sus brazos a su hija, juntó a él llegaron Sango y Miroku quienes tomaron a toda su prole y escaparon velozmente antes de que el hanyou hiciera algún escándalo.

Inuyasha observó a su bebé, la niña seguía muy sonrojada y se veía bastante feliz – Preciosa... ¿era en serio lo que le dijiste a ese mocoso? – preguntó esperanzado.

Los demás se acercaron al hanyou para escuchar la respuesta de la pequeña:

- Ha... hai.. me gusta Shigeru… otou-chan… ¿me dejaras casarme con él algún día? – preguntó la niña sonriente como si se tratara de algo muy común a su edad.

Inuyasha se puso pálido, delicadamente dejo a su hija en el piso "Chigau...chigau...¡chigau!...esto es una pesadilla, apenas va a cumplir cuatro años esto no está pasando...es imposible...chigau...chigau..."

- Kagome-chan...creo que Iza-chan le dió un golpe muy duro a Inuyasha – comentó Akane sonriendo traviesamente.

Shinichi y Mamoru jalaban las ropas de su padre una y otra vez tratando de llamar su atención, pero el hombre parecía estar muy lejos.

- Oe… tranquilízate… son cosas de niños… no te preocupes – sonrió Ranma nervioso con una gotita en su frente mientras palmeaba la espalda del hanyou. "Rayos… por primera vez entiendo a este sujeto… si mi hija me dijera algo así no podría soportarlo... kuso..."

- Shimatta...si que está afectado, es increíble lo celosos que pueden ser los hombres – comentó Akane mientras pasaba su mano frente al rostro del hanyou tratando de traerlo de vuelta a la realidad pero sin lograr ni un resultado positivo. – Nee Kagome-chan... ¿tú estas tan afectada como él? – preguntó mirando a su amiga quien lucía radiante.

- Soy feliz…- sonrió Kagome. – Shigeru-chan es perfecto para mi hija… yo sabía… desde pequeños había notado esto... – agregó emocionada, sus ojos brillaban intensamente. – Inuyasha… ¿te pasa algo? – preguntó extrañada.

- ¿Tú...tú quieres que nuestra bebé se case con ese mocoso? – preguntó Inuyasha cada vez más deprimido.

- Hai… - afirmó radiante la chica. - ¿Tú no? – preguntó.

Inuyasha no respondió, sólo miró a su mujer sintiéndose totalmente derrotado mientras se dejaba caer sentado en el piso.

- Creo que Inuyasha piensa que Iza-chan se va a casar mañana – comentó Akane divertida con la situación.

- ¿Creo que mejor vamos a la cabaña, ne? ya es tarde... – alegó Ranma arrastrando al hanyou para llevarlo. Las muchachas y los pequeños lo siguieron.

Una vez instalados, Inuyasha se recostó en el futón totalmente devastado.

- Cuida de otou-chan y se buena niña, preciosa… voy a acompañar a Ranma y Akane a la actualidad… - indicó Kagome acariciando la cabecita de la chiquilla.

- Hai… - sonrió la pequeñita. – ¡Sayounara Oba-san, oji-san! -

- ¡Sayounara Iza-chan! – sonrió Akane – y no te preocupes por tu padre, él está exagerando – comentó antes de partir.

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Algunas horas después Akane y Ranma se preparaban para dormir, él ya estaba recostado totalmente abstraído en sus pensamientos. Akane entró a la habitación vestida con una camisola con pequeñas hello kittys estampadas que le llegaba hasta la mitad de los muslos. La mujer se recostó junto a él, lo observó con curiosidad al notar que Ranma ni siquiera se había dado cuenta de que ella ya se había metido a la cama.

- ¿En que estas pensando? – preguntó mientras se abrazaba a él.

Ranma volvió de sus pensamientos al observar a su mujer junto a él. – Nada importante koishii... – respondió abrazando a la chica. "No dejo de pensar en como sería si tuviéramos una niña… y si tuviera que enfrentar una situación como la de hoy... kuso..."

- Te conozco hace muchos años como para creerte eso...cuéntame – sonrió dulcemente Akane mirando a los ojos a su esposo.

- Etto… me dio un poco de lástima ver a Inuyasha tan traumatizado por lo que pasó con su hija… - comentó Ranma.

- Inuyasha es muy exagerado, actuó como si Iza-chan fuese a casarse y dejar la casa mañana mismo – comentó Akane; volvió a observar la expresión de su esposo – ¿pensaste en qué te pasaría a ti si tuvieras que pasar por algo así no? – preguntó con una traviesa sonrisa – no lo creo...estas preocupado por una hija que ni siquiera hemos pensando en tener aún anata...-

Ranma un poco alterado y levemente sonrojado contestó: - Ha... hai… ¿a ti no te afectaría si nos pasara algo así? – preguntó afligido. – Criarla día a día… con todo tu amor… y que de repente aparezca un mocoso intentando arrebatarla de tu lado… -

- No, si se enamoran... realmente no puedes hacer mucho, supongo que es normal. ¿Te consideras como un mocoso que me arrebató del lado de mi padre? – preguntó Akane mirando juguetonamente a su esposo.

- Pero... es que con nosotros fue distinto… ya éramos adolescentes… pero ellos apenas son niños... – protestó Ranma levemente sonrojado por la expresión de la muchacha.

- Nos comprometieron antes de nacer ¿ya olvidaste eso¿por qué estas tan rojo? – sonrió Akane mirando a los ojos a Ranma – no deberías preocuparte por cosas así mi amor...quien sabe tal vez cuando decidamos tener hijos sólo tendremos niños y ...mmm... – la expresión de la mujer cambió dejando ver algo de preocupación en su mirada.

- ¿Sucede algo? – sonrió complacido Ranma al observar la mirada de pánico de su esposa. - ¿Qué pasaría si fueran niños? – preguntó juguetonamente notablemente interesado en conocer su respuesta.

- Nada...- contestó Akane fingiendo tranquilidad- si fueran niños sería mas preocupante...los hombres suelen caer muy fácil en las garras de cualquier desvergonzada... pero no voy a dejar que ni una maldita bruja se robe a uno de mis hijos...- murmuró con el ceño levemente fruncido.

- Veo que no soy el único afectado con el tema... – sonrió satisfecho. – Creo que serías incluso más celosa que yo... – agregó observando traviesamente a su esposa.

- No son celos...es sólo que...- se detuvo al observar la sonrisa de Ranma.- Oyasumi...- masculló Akane separándose de él, rápidamente se giró hacia el otro lado para darle la espalda.

El muchacho de la trenza sonrió al notar que estaba en lo cierto por la actitud de la chica. Tanteó sin mirar con una de sus manos para apagar la luz del velador. Luego de unos segundos, después de acomodarse en la cama abrazando nuevamente a su mujer murmuró: - Aunque… me está empezando a gustar la idea de que varios pequeños me persigan llamándome oyaji... –

De un rápido movimiento Akane encendió la luz, se separó con rapidez del muchacho para luego empujarlo suavemente y sentarse a horcajadas sobre él - ¿hablas en serio? – preguntó visiblemente emocionada.

- Hai... – sonrió ampliamente Ranma. - ¿Quieres intentarlo? – sonrió seductoramente mientras con agilidad cambiaba de posición quedando sobre su mujer.

- Hai quiero que tengamos hijos - contestó Akane - ¿Me estas preguntando si quiero comenzar a practicar ahora? ...pero te advierto que aún no dejo el tratamiento y que todavía faltan algunos días para llegar a mi período más fértil – sonrió mirándolo a los ojos con intensidad antes de dejarlo nuevamente bajo ella de un rápido movimiento.

- No importa… tendremos muchas ocasiones para practicar...pero lo mejor es empezar ahora mismo… – afirmó el muchacho sonriente dejando de nuevo a su mujer abajo. - ¿No crees? – murmuró seductoramente depositando un pequeño beso en su cuello.

Akane mordió levemente su labio inferior – Mmm...estoy de acuerdo...- susurró casi gimiendo mirándolo deseosa – vamos a practicar mucho ...anata...- murmuró antes de unir sus labios en un febril beso que ambos sabían marcaría el inicio de una agitada noche.

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Kagome sonrió al contemplar los angelicales rostros de sus bebés durmiendo. Los pequeños cachorros dormían en la misma camita pequeña, desparramados soplando levemente, estaban bastante agotados con todo lo que habían corrido al jugar y por qué no... también por escapar de la pequeña hija de Miroku, que era demasiado afectuosa para el gusto de los chiquillos.

Izayoi yacía en su cama con una sincera sonrisa en su rostro abrazando con fuerzas su osito de peluche. – Kawaii… - murmuró la muchacha arropándolos y besando la frente de cada uno de sus hijos. "Son mi vida… no sé que haría sin ellos o Inuyasha… vivir y despertar cada mañana con el hombre que amo a mi lado… los pequeños corriendo a nuestro alrededor… es lo que hace que mi vida tenga sentido… mis niños.. mi Inuyasha…". la muchacha sonrió traviesamente "¿Todavía seguirá pensando en lo ocurrido hoy con Iza-chan?... no lo he escuchado desde que regresé de la época actual para regresar a Ranma y Akane…" – Creo que voy a investigar.. – murmuró para sí misma sonriendo pícaramente.

La joven luego de tomar un ligero baño se colocó una camiseta color blanca que llegaba hasta después de sus nalgas y una pantaleta del mismo color rebajada en la parte de atrás con pequeñas florcitas color rosa. El ambiente en la cabaña era cálido. Se acercó al dormitorio y no lo encontró allí, luego se dirigió a la cocina para servirse un poco de agua y tampoco, finalmente fue hacia la entrada y lo encontró afuera apoyando su espalda en la fachada de la cabaña totalmente perdido en sus pensamientos.

- ¿Inuyasha? – murmuró Kagome curiosa moviendo sus manos delante del rostro de su esposo. – ¿Daijoubu ka? – preguntó.

- Hai...- suspiró el hanyou resignado sin mirar aún a su mujer – pero sólo es una bebé...no quiero que me roben a mi bebé – murmuró por lo bajo.

Kagome sonrió con ternura mientras acariciaba el rostro de su esposo. – Inuyasha… son muy pequeños… Shigeru a pesar de tener el doble de edad que nuestra hija sigue siendo un niño… y no creo que pretenda robártela… creo que deberías preocuparte por eso en unos quince años más… - afirmó Kagome colocándose frente al hanyou.

- ¡Keh! Saber eso no me tranquiliza...-masculló Inuyasha - prefiero no seguir pensando en ese tema mujer...- por primera vez dejo de pensar en su hija para reparar en la chica que tenía enfrente – Mmm ¿Kagome?...."diablos se ve tan sensual...seguro que debajo de esa camiseta no trae nada...diablos..." – su mirada recorrió el cuerpo de la mujer de arriba a abajo - por lo que más quieras dime que los monstruos están dormidos...-

Kagome sonrió entendiendo el mensaje de su compañero. – Hai… hace un rato los arropé y dormían como angelitos… ¿en qué estas pensando? – preguntó coquetamente retrocediendo algunos pasos.

- En hacerte gritar de placer toda la noche...- soltó roncamente mientras la miraba de forma febril casi desnudándola con la mirada. – en cobrarme en este minuto por todos los días en que nos han interrumpido...estoy pensando en hacerte muchas cosas realmente deliciosas mujer...-

Kagome se sonrojó notablemente al sentir la voz ronca de su esposo y sus intensas miradas, un escalofrió recorrió todo su cuerpo, haciendo que su piel se erizara y sus pezones reaccionaran haciéndose notar a través de la camiseta que llevaba puesta. Paralizada miró intensamente a esos ojos abrasadores que la devoraban. Lentamente se acercó nuevamente a éste, rodeó con sus brazos el cuello de su hombre rozando suavemente con sus pechos su fuerte torso. – Mm… ¿y qué esperas para comenzar? – gimió ronroneando mirándolo sugestivamente.

Inuyasha le sonrió seductoramente, con uno de sus brazos rodeó su cintura para arrimarla aún más contra su cuerpo – Mmm por un segundo pensé que escaparías como una gatita asustada...- su otra mano subió lentamente por la espalda de su mujer hasta perderse entre sus sedosos cabellos.-...si lo hubieses hecho...- susurró casi pegado a sus labios – créeme... te hubiese perseguido por todo el bosque...hasta hacerte mía...una y otra vez...- jadeó antes de besarla de forma hambrienta casi aplastando sus labios, ardiendo en la necesidad de sentir su sabor, de acariciarla, de sentirla totalmente suya.

La muchacha correspondió el apasionado beso de su esposo, sus manos recorrieron su espalda, ávidas de acariciarlo una vez más, totalmente excitada presionó con sus dedos la piel tibia del muchacho. Sus manos descendieron a medida que el beso aumentaba la intensidad. Finalmente éstas llegaron al final de la espalda del medio demonio, poseída por la lujuria pellizcó con deseo el sublime trasero del hanyou. – Inuyasha… - gimió agitada entre los besos. – Tómame… -. Aprisionó sus senos aún más contra el pecho del joven abrazándolo con locura, delirante, deseando que en ese momento todo desapareciera y solo fueran ellos dos para siempre.
En ese momento un relámpago iluminó el cielo, y algunos truenos sonaron. Unos segundos después comenzó a llover torrencialmente.

- Kagome...Kagome...- gimió roncamente el muchacho; comenzaba a enloquecer al sentir su excitante cuerpo casi pegado al suyo, su aroma se volvía aún más enloquecedor mezclado con el de húmeda hierba y la fragancia de las flores. Fijó su mirada en la de su mujer – te deseo...me enloqueces mujer...- sin dejar de observarla deslizó sus fuertes manos sobre su tersa y húmeda piel – mi Kagome...- murmuró antes de comenzar a lamer de forma insaciable su cuello y escote. La mano que tenía en la cintura de la chica descendió hasta perderse por debajo de la camiseta que traía puesta; excitado comenzó a masajear sus firmes nalgas.

Una serie de fuertes truenos hizo que el resto de los habitantes de la cabaña, llegaran en menos de un segundo hasta puerta.

- ¡Otou-chan! – gimoteó la pequeña. – Me dan miedo las tormentas… ¿podemos dormir con ustedes? – preguntó.

Los pequeños abrazados a su hermana temblaban asustados. – ¡¡Oyaji!!... ¡¡Kowaii yo.. oyaji!! – exclamaron mirando a su padre.

Inuyasha se separó de su esposa lentamente, no pudo evitar sonreír al ver la expresión de sus hijos – ¡Keh!... ¿Cómo es posible que mis hijos le tengan miedo a una tonta tormenta? – preguntó mientras se acercaba a los niños mirándolos con una media sonrisa. – Está bien...está bien...pueden dormir con nosotros – suspiró con resignación mientras los hacia entrar de nuevo en la casa. – ¡Oe Kagome! No te quedes ahí parada mujer...ya deberías estar acostumbrada a estas pequeñas interrupciones...-

Kagome asintió mientras su esposo y sus hijos entraban a la cabaña. "Diablos… no puedo creerlo… ¿por qué siempre nos ocurre algo?... kuso… creo que voy a aceptar la propuesta de Akane de dejarles los niños una noche… esto empieza a ser frustrante...". La muchacha se quedó pensativa debajo de la lluvia unos minutos con una expresión de notoria desilusión en su rostro.

Continuará

Notas de las autoras:

¿Y qué tal? Pasamos a algunas aclaraciones… :- P

- Primero que nada, el tema del "amor" entre Izayoi y Shigeru… aunque es un tema que los niños no conozcan con exactitud, para nosotras existe esa ternura infantil… además…, por otra parte, los niños de hoy cada vez son más adelantados.. xD puedo citar por varios ejemplos… a mi compañera Freya, que de niña, a los cinco, un niñito le pidió a su mamá que le dijera a la mamá de ella que si podían ser novios xDDD, también está el caso de mi pequeña sobrina de seis años que tuvo un novio y se "divorció" hace poco o.o y su hermanita menor de cinco que ya los niños la rondan y ella no quiere saber nada xDD… también mi sobrinito que un día anduvo hablando del tema de los novios el año pasado (tenía 3) y cuando mi hermano le mencionó el nombre de una compañerita se puso todo rojo..!! ahí pueden ver que lo nuestro no es exagerado ni forzado.. realmente sucede! xD además que… no me pueden decir que Iza-chan y Shigeru no son lo más kawaii que existe, ne? T.T. Ah, debo mencionar que Freya se estresó tanto como Inuyasha al ver esa pequeña escena de los pequeños jejej xPP

¿No creen que a Kagome la lluvia le sirvió de algo? xD pobres muchachos.. : -P ¿Cuándo podrán llegar a estas a solas¿ocurrirá el milagro? xD no dejen de leer los próximos capiss.. :- P

Ah… y como saben… dejen sus reviews y más pronto, más rápido actualizamos.. :- P (seh, somos chantajistas… ¿y? xDD)


Palabras en japonés utilizadas en este capítulo:

Hontou: Realmente , Verdad
Daisuki :
Me gustas
Naze da:
¡Por qué!
Chigau:
"Eso no es verdad" o "Eso es mentira", "No es verdad".
Daijoubu ka?:
¿Estas bien?
Kowaii yo:
Tengo miedo