Zuko Alone: Hearts Beating

Desperté al amanecer y me acerque de nuevo a observarlos; pero lo que vi fue algo que me asombro mucho. Azula hablaba con la niña ciega; de repente y sin que nadie pudiese evitarlo, la atrapó en una jaula de hierro que usan para los maestros tierra. Al principio pensé que no sería nada importante, pero luego me di cuenta de que ella tendría control sobre el Avatar mientras esa niña estuviera en su poder; no lo iba a permitir.

Tomé lo único que aún llevaba conmigo, mis espadas y mi máscara del Blue Spirit y decidí buscar a esa niña sin que supiese mi identidad. Primero observé la situación desde un árbol, para saber cuando y como atacar; o en el mejor de los casos evitar enfrentamientos. La niña estaba dentro de la jaula muy cerca del árbol donde me encontraba; Azula hablaba con ella

-quien eres?!, que quieres!?- dijo la niña

-no estas es posición de hacer preguntas, solo quiero que te unas a mi; tendrás buena paga y mejor destino que la muerte, si decides no aceptar- dijo Azula con su fría y falsa sonrisa de siempre

-nunca!-

-vamos a analizar, se supone que no te unes a mi porque yo soy la mala del cuento; pero... déjame preguntarte algo, si mis suposiciones son correctas, la chica del agua puede curar... entonces porque nunca te curo la ceguera?-

-yo no quiero ser curada!, así nací y no me hace falta nada más; aunque... ella nunca me dijo sobre ese poder-

-entonces me dirás que nunca has querido ver los colores, el cielo en el que tanto paseas, el mar, los paisajes y tu propio rostro reflejado en un espejo; y no volver a escuchar a nadie que se burle de ti?-

desgraciadamente todo eso haría dudar hasta a el guerrero más fuerte y eso fue lo que ella dijo... nada, llorando quizás tanto de rabia como de tristeza.

-ahora piénsalo, Aang te derrotó frente a todos, sin importarle nada mas su propio propósito que es ser el más poderoso de todos; que si nos ponemos a reflexionar eso es exactamente lo que quiere el Señor del Fuego, osea que no son tan diferentes como él quiere que crean todos-

despúes de una pausa donde solo se oian las lágrimas al caer del rostro de aquella niña Azula terminó su escena de tortura con una simple frase

-piensa bien quienes son los verdaderos malvados de todo esto; yo. como representante de la nación del fuego te ofrezco la verdadera amistad y que nunca más oirás las burlas de la gente, ni su lástima; y te podrás vengar de aquellos que te han hecho tanto mal-

Azula se retiró dejándola sola, es ahora o nunca; rompí el candado de la jaula, guardé mis armas y la tomé del brazo para alejarla de ahí ya que no veía ninguna reacción luego de ser liberada.

-suéltame!!, no quiero irme!; Azula tiene razón ellos son los verdaderos enemigos!

Y aunque mi sentido común me decía que no hablara, tenía que buscar la manera de llevármela o Azula tendría al Avatar.

-ella se equivoca, el Señor del Fuego es totalmente diferente a Aang; él te salvó a ti y a mí también en una ocación, el Señor del Fuego no tiene misericordia con nadie. En lo demás tu tienes que decidir en que creer, en lo que has vivido o en lo que Azula te ha dicho-

La puse sobre mi hombro y la lleve a un lugar seguro, tanto para ella como para mi sin oponer resistencia. En un momento se puso a golpearme con sus manos sin dejar de llorar; luego se cansó y se recostó en mi pecho a llorar aún con más fuerza y me dio... un abrazo, algo que desde hace mucho tiempo no sentía... desde el día en que mi madre nos dejó. Me alejé de ella y antes de irme me dejó saber su nombre, era Toph. Salí de ese lugar; estaba demasiado confundido para seguir con eso.

Al caer la noche vi al Avatar mientras se iba; demonios!, esto es lo que me gano por perder el tiempo en tonterías. Lo seguí lo más que pude; corrí hasta la mañana siguiente y de un momento a otro me desmayé. Desperté bajo la sombre de un árbol; me levanté y escuché una voz muy familiar

-no te vas a ir tan pronto o si?-