La Pequeña Kaoru

La noche ya estaba mucho más que entrada y Battousai andaba lentamente por la calle, expresando claramente una molestia, seguramente debida al pequeño bulto de su espalda.

-Maldita conciencia mía…

Llevaba musitado eso desde que 10 minutos antes la pequeña se quedara dormida en su espalda, rodeando con sus pequeños bracitos su fuerte cuello, mientras se dirigían al domicilio de la niña para devolverla a su abuelo, o quienquiera que fuese el responsable de la niña y decirle un par de cosas sobre los lugares en los que debía dejar a la jovencita.

-F-L-A-S-H-B-A-C-K-

-Y… dónde vives, Kaoru?- preguntó Kenshin, intentando calmar a la joven con una media-sonrisa y consiguiéndolo.

-En el Dojo Kamiya.

Sabía donde quedaba ese sitio, había pasado por allí para llegar hasta el lugar en el que se encontraba.

-Quieres que te lleve?

-Gracias…- respondió ella, esbozando una pequeña sonrisa, que emocionó inexplicablemente al duro samurái.

-F-L-A-S-H-B-A-C-K-

Y ahora se encontraba cargando a la señorita hasta su casa y como le viera Sano… No, mejor no pensar en esa remota posibilidad.

Cuando por fin llegó al domicilio de la pequeña, tocó en la puerta varias veces y, como nadie abría, optó por empujar la puerta que, para su sorpresa, se encontraba abierta, sin ningún tipo de candado.

Silenciosamente, Battousai entró en la casa y se sorprendió al no notar ninguna energía en toda la zona, cosa poco común teniendo en cuenta que en aquella casa debía de vivir alguien que se hiciese cargo de esa niña y, una persona de esas características, jamás dejaría sola a una niña pequeña, a menos que… no existiera esa persona, pero eso era algo imposible, ya que algún amigo debía de tener su padre para que se hiciera cargo de la pequeña en su ausencia. El joven, considerando la posibilidad, remota, de que su sexto sentido fallara, dejó a la pequeña en lo que parecía ser un salón-comedor, poco común aunque existente, y recorrió la casa en busca de quienquiera que se encargara de la pequeña, pero no había rastro de ninguna otra persona, aparte de la pequeña, ya que sólo había un futón en toda la casa y era de tamaño reducido, aparte de estar deshecho, así que volvió al salón-comedor, de donde cogió a Kaoru y la llevó a su cuarto, depositándola suavemente en su futón.

Estaba a punto de irse, cuando una sensación nueva y extraña le oprimió el pecho: cariño. Se había encariñado con la niña en esos 15 minutos que llevaba con ella y ahora su maldita conciencia le decía que debía quedarse con ella y velar su sueño.

Rodeó el futón, se apoyó contra una de las paredes y se dejó caer, apoyando su espalda contra la misma y su katana reposando sobre su hombro. Por una noche fuera del cuartel, no pasaría nada, no? Además, seguro que Katsura-sensei le entendía.

Durante un rato más, concentró sus pensamientos en otros asuntos hasta quedar final y profundamente dormido, como no lo había hecho en mucho, mucho tiempo.

A la mañana siguiente

La durmiente Kaoru, cansada ya de tanto rodar en la cama, comenzó a desperezarse lentamente y, mientras realizaba esa tediosa acción, un curioso olor a comida llamó su atención, consiguiendo que se acercara rápidamente a la cocina, ya que el doctor Gensai estaba de viaje y Megumi, Ayame y Sasume, solían despertarla antes de ir a cocinar, para así poder hablar más con ella, así que tenía que ser otra persona…

Cuando llegó a la cocina, intentó ser tan sigilosa como pudo y comenzó a observar como un samurai pelirrojo cocinaba algo que, sinceramente, tenía un olor que daba hambre.

-Entra, chica- dijo él, sin volverse- el desayuno estará enseguida

A pesa de su dulce voz, Kaoru notaba que no era uno de esos hombres que sonreían a menudo y cuya vida se regía por el azar y el acero, o lo que es lo mismo: era un samurái.

Dubitativa, Kaoru entró en la estancia y se situó a un lado de la pequeña mesa del comedor, esperando a que el samurái sirviera la comida. Instantes después, el pelirrojo se volvió y depositó frente a ella un cuenco de arroz, un pequeño pescadito asado y otro cuenco, pero con sopa, para ayudarla a bajar la comida.

Kaoru esperó unos instantes, mientras rezaba en silencio una plegaria de agradecimiento por los alimentos y, después, comenzó a comer, emitiendo sonidos que indicaban que le había gustado bastante la comida. Cuando ya casi había acabado, se fijó en que Kenshin no había comido y le preguntó:

-Señor Samurái, porque no come?

-No tengo hambre- respondió serio, deseando que la niña acabase para así poder irse de allí.

-Pero, debería de comer algo, si no, se quedará usted tan flaco que no podrá con su espada…

-Ya comeré cuando tenga hambre, pero ahora no tengo y por eso no como.

Kaoru, aún deseando hacer más preguntas, prefirió callar y acabar su comida. Cuando lo hizo, notó como el espadachín se disponía a irse y entonces notó algo en él y, curiosa, le preguntó:

-Disculpe, qué le pasó en la mejilla?

-No es de tu incumbencia, niña.

-Pero…

Kenshin ignoró la respuesta de la pequeña y siguió su camino hasta la puerta, cuando cayó en la cuenta de un ligero detalle…

-Niña, vive alguien contigo?

Kaoru, pensando que si le respondía se alegraría y contestaría a sus preguntas, le respondió:

-Pues no… pero Gensai oji-chan, viene mucho y la doctora Megumi viene todos los días para las comidas y siempre viene con Ayame-chan y Sasume-chan.

En cuanto oyó el nombre de Megumi, Kenshin palideció.

"No, no es posible, tienen que haber muchas doctoras Megumi en todo Tokio, es imposible que ésta sea la novia de Sano… es imposible…"

-Y, cuál es su nombre, Señor Samurái?

Kenshin estaba dándose la vuelta para partir sin responder a la niña, cuando la puerta se abrió, dejando ver a una muchacha de unos 20 años, acompañada de dos niñas pequeñas, escondidas tras la falda de la mayor, que miraba a Kenshin con cara de asombro.

-Himura!- exclamó ella, tapándose la boca con la mano.

-No es lo que parece, Megumi, todo tiene una explicación…- respondió él, agitando las manos nerviosamente frente a él mismo.

"La que se me viene encima…"- se dijo a sí mismo el pobre Himura, al darse cuenta de todo lo que estaba por ocurrirle.

Notas del Autor: Ey, qué tal? Bien, vale, lo reconozco, he tardado muchísimo en actualizar, pero en el momento en el que mi madre me devolvió el ordenador, me dispuse a subir todos los capítulos que les debía, pero me di cuenta de que ya no estaban en mi PC.Exacto, le había entrado un virus apesar de tener su McAffe así que... a reescribirlo toca. Para paliar un poco la espera, publiqué Mi Heroína, que la tenía moriéndose de risa en alguna carpeta de mi PC y que me parece que no ha tenido demasaidoéxito, ya que sigue con 0 reviews, a pesra de que ha sido leída por 36 personas ya... bueno, ahora me dispongo a responder a sus reviews y a pedirles que por favor esperen a que acabe de reescribir todos los caps. Gomen.

CiNtHiA: Muchas gracias por todo, jeje y espero que te guste el 2º cap.

skaevan: Cuánto tiempo! Muchas gracias y lo siento si he tardado demasiado. Espero que te guste.

liana: Muchas gracias y aquí te dejo la continuación que espero disfrutes

Ane Himura: Muchas gracias y espero que te guste, jeje.

Maat Sejmet: Muchas gracias y sí, tienes razón, porque si lío ahora a Ken con Kao, será un poco pedofílicay... eso no me gusta nada, así que ya encontraré algo para unirlos, no te preocupes, jeje.

Kaerii Himura: Muchas gracias y, ya que lo pides con tantas ganas, lo sigo, jeje.

Muchas gracias a todos los que leen esto y no reviewean y también a los que lo hacen, ya que espero reviews de ambos grupos en este 2 cap, pliiiiiis, o si no no lo sigo... ustedes veran.

Volviéndoles a pedir que lean Mi Heroína, para así tener alguna opinión

se despide

michel 8 8 8