Sakura no había podido dormir en toda la noche. Los recuerdos del día anterior la habían mantenido despierta. Convocando en su mente, una y otra vez, el tacto de los labios de Tomoyo contra los suyos. Las suaves caricias sobre su piel. Un ahogado suspiro se escapó de su boca, cubriendo su rostro de un leve rubor y acelerando su corazón.

Quería verla de nuevo. La necesitaba desesperadamente. Mirar sus lindos ojos, sus brillantes cabellos. Besar otra vez esos dulces labios.

Había llegado muy temprano a la escuela y esperaba impacientemente ver cruzar a Tomoyo por la puerta del salón. Lentamente comenzaron a llegar las otras estudiantes. Pero nada que Tomoyo llegaba.

Solo cuando llegó el profesor, Tomoyo entró detrás de él. Rápidamente se dirigió a su puesto sin siquiera saludar a Sakura e ignorándola por completo. Quiso hablar con ella pero el comienzo de la clase lo evitó.

No podía concentrarse en lo que decía el profesor. Solo miraba a Tomoyo esperando ver su rostro y conseguir alguna respuesta a sus sentimientos. Pero Tomoyo hacía lo posible que no verla, de evitar sus ojos y esa sonrisa que tanto adoraba.

Tomoyo sentía que si la miraba a los ojos perdería el control. Esa cálida sensación que emanaba de su pecho, era tan abrumador que dolía. Dolía tanto que desgarraba su alma con cada latido. El dulce sentimiento de ayer había sido reemplazado por un ahogado quejido.

No podía evitarlo. Temblaba incontrolablemente al notar la mirada de Sakura sobre ella. El tiempo parecía detenerse y solo quería que esta tortura terminara.

Por fin el timbre que marcaba la hora de receso. En ese momento Sakura se levantó para buscar a Tomoyo pero ella rápidamente salió corriendo del salón dejando a una confundida Sakura atrás. Un pequeño momento de duda y cuando la intentó alcanzar ya la había perdido de vista.

Sin embargo estaba casi segura a donde había ido. Al único lugar que era solo para ellas. Pero una vez allí no la encontró. No había nadie. Caminó hasta el pie de la estatua donde siempre solían sentarse y pasar el tiempo. Y esperó. Esperanzada de que aparecería.

Muy cerca de allí a solo unos pocos metros, detrás de uno de los arboles que rodeaban aquel hermoso jardín, Tomoyo observaba en silenciosa admiración a la niña de cabello castaño. Quería correr hasta donde ella estaba y abrazarla con todas sus fuerzas. Besarla como si fuera a morir sin ellos.

Otra vez ese dolor en su pecho la doblegó y calló de rodillas al suelo. Tenía miedo. Miedo de lo que pudiera pasar. Miedo de volver a perderlo todo. Como cuando murieron sus padres. Era más de lo podía soportar.

Sakura estaba ansiosa. Quería hablar con Tomoyo, pero nada que aparecía. Pensando en que pudiera estar en otro lado abandono aquel lugar y se dispuso a buscarla. No encontró ningún indicio de ella en ningún lugar. Entonces vio a su grupo de amigas más adelante caminado por uno de los pasillos. Tal vez ellas la habían visto.

"¡Amigas! ¡Esperen!" – Gritó Sakura para llamar su atención.

"Pero miren chicas. Sí en nuestra "amiga" Sakura. ¿Qué pasó? ¿Perdiste a tu novia?"

Sakura sintió un escalofrío recorrer su espalda ante la mención de esa palabra.

"¡¿Hoe?! ¿N... n... novia?" – Tartamudeó nerviosa. – "¿A quien te refieres?"

Las niñas rieron al ver a Sakura ponerse nerviosa y ruborizarse hasta las orejas.

"Ahhh Sakurita. Obviamente nos referimos a Tomoyo."

"Pero porque dicen que es mi novia." – Exclamó, comenzando a sudar frío.

"¿Por qué? ¿No es obvio? Sakura, desde que la conociste pasan todo el tiempo juntas. Prácticamente nos hiciste a un lado y ya casi ni nos saludas." – Explicó con tono burlón. – "Además tus ojitos brillan como borreguito a medio morir, siempre estas radiante y cuando Tomoyo te mira te pones más torpe de lo normal y eso es mucho decir."

El rostro de Sakura estaba totalmente rojo. Nunca se le había pasado por la cabeza lo mucho que había cambiado desde la llegada de Tomoyo. Todo le había parecido tan natural.

"Entonces ¿es cierto? ¿Sientes algo por Tomoyo?" – Preguntó su amiga.

Sakura hizo un gesto afirmativo con su cabeza y sus ojos se llenaron de lágrimas.

"No tienes de que avergonzarte Sakura." – Exclamó mientras la abrazaba. – "Admito que es algo... extraño, pero también es tan romántico que me da algo de envidia. Además tengo que admitir que tienes muy buen gusto, Tomoyo es muy linda."

Sakura se sintió morir ante ese último comentario y le lanzó una mirada asesina a su amiga, quien rió divertida.

"No deberías decir esas cosas." – Reclamó Sakura aún totalmente ruborizada.

Entonces sonó la campana que marcaba el final del receso y el comienzo de la segunda ronda de clases.

Caminó despacio. Totalmente confundida. Se sentía al borde de un abismo. Una vez estuvo al frente y a unos pasos de la Estatua de la Virgen María cerró sus manos en plegaria, esperando conseguir alguna respuesta.

"María te pido que me digas que hacer. Ayúdame por favor. Siento que voy a morir. Todo sucedió tan inesperadamente... me alegra haberla conocido, me dio alivio y seguridad cuando más la necesitaba. ¿pero es solo por eso? ¿Es solo por eso que siento esto? ¿Que me muero por besarla, por abrazarla... por estar con ella? Dime por favor, María que hago con este corazón, con este sentimiento que no me deja respirar. ¡Por Dios! ¡Solo tenemos 10 años! ¡Y ambas somos niñas! Pero... pero... cuando pienso en ella, cuando pienso en sus sedosos cabellos, en sus brillantes ojos, en su delicada piel, en su contagiosa sonrisa, en ese cálido y hermoso corazón... me siento morir en sus brazos... hace que mi corazón se acelere y me ponga nerviosa... después de besarla solo puedo pensar... solo puedo desear estar con ella, en sentirla cerca de mi... y no... y no se que hacer ¡NO SE QUE HACER! ¿Acaso esto esta mal? Ayúdame... por favor... sálvame... Sakura."

El lamento de Tomoyo se había convertido en un llanto desesperado. Había caído de rodillas ante la estatua. Llorando desconsoladamente buscando una respuesta... esperando una respuesta. Alguna palabra que la guiara, que le dijera, que le mostrara un camino... una salida. Mientras su corazón se destrozaba en mil pedazos.

Lloró y lloró hasta agotar sus lágrimas. Hasta quedar dormida en el mismo lugar donde su historia y su relación con Sakura había comenzado.

Escribió el nombre de ella en su cuaderno. Pero algo estaba mal y frunció el ceño. Entonces escribió su propio nombre un poco más arriba. Seguía mal. Entonces adornó sus nombres rodeándolos con un gran corazón y la letra & entre sus nombres. Sonrió y se ruborizó. Sentía su corazón saltar de alegría. Era verdad. Se estaba enamorando de Tomoyo. No era ningún error o ilusión.

La amiga que estaba al frente escuchó a Sakura reírse y se giró para ver cual era el motivo. De reojo alcanzó a ver a una muy sonriente Sakura. Entonces notó su cuaderno y lo que había escrito en él. Entonces le quitó el cuaderno.

"Muy lindo Sakura."

Una muy aterrada Sakura intentó recobrar su cuaderno pero ella lo arrojó a otra de sus compañeras. También lo leyó y rió. Volvió a pasar el cuaderno a otra de sus compañeras.

Sakura solo podía ver impotente como su cuaderno rotaba por todo el salón, al menos solo lo habían tomado sus amigas. Finalmente el cuaderno terminó en manos de la niña que se sentaba detrás de ella quien le regresó el cuaderno.

"Estas preocupada por ella, ¿verdad?"

Sakura miró al asiento vacío al lado suyo. No había vuelto a clases después de acabarse el receso. Por su puesto estaba preocupada por Tomoyo.

"Entonces deberías ir a buscarla."

Sakura dudo un momento pero tenía toda la razón. Quedarse allí la estaba martirizando y sin tomar conciencia de que estaba en plena clase salió corriendo del salón sin decir nada.

"Pero que tonta. Al menos pudo haber dicho que iba al baño o algo así."

Sakura corrió hacia el jardín de María. Estaba completamente segura que Tomoyo estaría allí. Al cruzar los arbustos la vio. Deja Vu. Igual que unas semanas atrás. Recordó que en ese entonces había reconocido que era ella la que dormía y que se había distraído con lo bella que se veía y que por eso se había tropezado y derramado el refresco sobre ella.

Y ahí estaba de nuevo. Dormida al pie de la estatua de María. Se veía como un ángel de negros cabellos y radiante piel blanca. Se acercó lentamente hasta que estuvo a su lado.

Acarició gentilmente su rostro. Eran visible los varios caminos que habían dejado sus lágrimas sobre sus mejillas. También rozó sus suaves labios y sonrió. Se acercó lentamente a ellos hasta que estuvo muy cerca.

"No quiero verte llorar de nuevo Tomoyo. Te prometo que protegeré tu corazón con el mío."

Y la besó con cariño. Trasmitiendo en él todo lo que su corazón sentía por ella. Casi inmediatamente sintió que su beso era correspondido. Suave y gentilmente. Llenándose de nuevo con las sensaciones que había sentido el día anterior. El cariño, la dulzura y la amabilidad de Tomoyo llegando a ella como un maremoto.

Una calidez llegaba a sus labios y se reflejaba en su corazón haciéndolo latir con rapidez. Prolongó aquella agradable sensación deseando que nunca acabase. Pero al igual que le producía gran felicidad también llegó aquello que había estado sintiendo. Miedo. Tomoyo se separó rápidamente tomando por los hombros a Sakura y empujándola con brusquedad.

Los ojos de Tomoyo se encontraron con los de Sakura. Estaba sorprendida de verla allí. Y más sorprendida estaba con el hecho que la hubiera despertado con un beso. Se ruborizó con la idea, despertada por un beso de Sakura... que suerte.

"¿Qué haces Sakura?" – Preguntó Tomoyo confundida.

Sakura solo le sonrió sin dejar de mirarla a los ojos. La miraba con amor y dulzura. El peso de esos ojos cohibió a Tomoyo y tuvo que desviar la mirada mientras se le subían los colores al rostro.

Sakura tomó gentilmente la barbilla de Tomoyo y la atrajo hacia ella.

"Regálame una sonrisa Tomoyo. Tu rostro es más lindo con una sonrisa."

La dulce suplica de Sakura tuvo un efecto unmediato sobre Tomoyo que sonrió instantánea y naturalmente. La angustia que había estado sintiendo lentamente desaparecía bajo la brillante luz del corazón de Sakura.

Sakura volvió a besar con cariño a Tomoyo. Tomoyo solo se dejó llevar por aquel cálido sentimiento que la inundaba. Ya no tenía dudas, estaba enamorada. Amaba a la niña enfrente de ella, la adoraba, lo mejor, era completamente correspondida.

Tomoyo lentamente se separó de Sakura y recostó su cabeza sobre las piernas de ella. Sakura acaricio con ternura los negros cabellos de su amada y al mismo tiempo limpiaba aquellas lágrimas que surcaban su lindo rostro. Por su parte Tomoyo también comenzó a acariciar las piernas de Sakura de la misma forma que lo había hecho el día anterior.

"¿Sabes que nos podemos meter en problemas por esto, Sakura?"

"¿Problemas?" – Replicó Sakura algo confundida.

"Hay personas que no aceptaran que nos queramos de esta forma."

"Ellos no me importan. A mí me importas tú. Solo quiero que seas feliz, no quiero verte llorar de nuevo porque te amo."

Tomoyo se levantó y miró a los ojos a Sakura. Allí estaba la respuesta que buscaba. El amor no es un pecado, es algo hermoso que se da desinteresadamente y que no se puede controlar. ¿Por qué renunciar a algo tan lindo por lo que puedan pensar los demás?

Se acercó al rostro de Sakura, tan cerca de sus labios a punto de besarla.

"Te amo mi hermosa Sakura"

"Yo también te amo, Tomoyo."